Existencia

Fū…

Fū podía haber significado "sello" o "método". De forma escrita pudo ser un kanji que significara "viento" y en el más curioso de los casos, Fū también era una manera de decir goma de mascar… Pero pese a todas las peculiaridades de su nombre, nadie la llamaba así, para todos era simplemente el jinchūriki del Escarabajo Rinoceronte de Siete Colas, el Nanabi.

Nada más.

Parpadeo un par de veces aunque sus ojos no lo necesitaban, apenas sentía el ambiente a su alrededor y fuera de la leve sensación entumecida, clásica al despertar por las mañanas, la resurrección del mundo impuro parecía no haber hecho mayor trascendencia en ella. De hecho, solo supuso que había revivido porque sabía que estaba muerta, de lo contrario solo sería un despertar más.

Lentamente examinó la situación extendiendo sus sentidos en el basto campo de batalla del que aún no formaba parte. Recargó la espalda en el tronco que le había estado sirviendo de soporte, golpeándose la cabeza un par de veces con insistencia, para dejar de sentir el asco que la embargaba.

El número de ninjas que habían vuelto a la vida por medio de aquella técnica y con el fin de servir a la guerra, parecía disminuirse a cada instante. Sin embargo, no podían salir todos a tropel, debían esperar pacientes que los hilos se movieran específicamente a un punto donde aguardaran personas en las que pudieran causar algún tipo de impresión, capaz de debilitar el carácter.

Los vio pasar, reunirse hermanos, maestros y alumnos, compañeros y amigos, leyendas y seguidores de estas… los miró ir a encontrarse con esos seres que fueron queridos y ahora deberían pelear a muerte.

¡Cuanto drama!

Parecía que fuera del poder que pudieron tener en vida, aquella guerra era una batalla emocional que sobrevivirían los verdaderamente curtidos.

Ellos nada podían hacer, si no se les permitía, sus cuerpos simplemente no se moverían de aquél escondrijo.

Quien estaba a su izquierda se levantó torpemente, ya había sido llamado. Momentos más tarde otros dos dejaron el sitio.

—Si serás infeliz…

La voz ahuecada de la otra mujer Jinchūriki llamó su atención por ser la primera en mostrar algo de resistencia para dejar su lugar.

—No me harás pelear contra mi gente…

El forcejeo no duro mucho, sometida por el poder de su condición de no viva, igualmente marcho al encuentro que no quería realizar.

—Yo quiero ir. — se animó a decir analizando minuciosamente esos sellos que la retenían, completamente segura de que era escuchada, o al menos sus intenciones podían canalizarse.

La respuesta negativa no se hizo esperar y brevemente le fue confirmada aquella sospecha de que no se trataba de diezmar enemigos con fuerza bruta, sino desmoralizar a aquellos que representaban la mayor amenaza usando los lazos de amistad que tanto defendían, por eso las apariciones deberían ser meticulosamente planificadas, con tal de causar el mayor impacto.

Obtuvo la libertad para gruñir su inconformidad.

Poco a poco se fue quedando vacío, dejándola sola.

—Yo los destruiré a todos. — volvió a decir entre murmullos.

Sin embargo, la renuencia a dejarle marchar directo a la batalla se mantuvo firme, prolongando el silencio monótono de su estadía en las reservas.

—Nunca llegará el momento en que, de acuerdo a tu plan, me toque salir, así que será mejor que me saques ahora.

Reiteradamente se quedó sin respuesta, perfectamente inutilizada.

Afuera había mucho ruido, muchas batallas librándose en medio de un enloquecedor y muy incitante eco de explosiones, choque de aceros… los chakra de diferentes tipos se encontraban unos con otros desplegando todo su poder, y con los que se apagaban, se encendían otros, no obstante el suyo seguía sellado. De realmente quererlo, podía hacer salir su bestia para liberarse y salir por su cuenta, pero decidió aguardar ¿Qué prisa tenia?

Tarde o temprano no quedarían más refuerzos que ella… nadie la esperaba… nadie.

La tensión de su cuerpo se libero en una evidente invitación a salir que ella no tardó en aceptar.

— ¡Cuidado! ¡Es otro jinchūriki!

"Otra" en femenino sería más correcto ¿Pero qué podía realmente esperar de ellos si nunca intentaron siquiera acercarse?

No se equivocaba en sus pensamientos, nadie conocido había salido a su encuentro, nadie sabía siquiera que el Nanabi tenía un contenedor femenino, nadie sabía su nombre y mientras los otros eran llamados por sus amigos, maestros y compañeros… No había lazos con ella, no había ninguna anécdota sobre la cual llorar, no había un sentimiento que frenara el ataque en su contra. Porque aunque sabía que vivió, realmente no dejo nada que pudiera dejar una marca, un recuerdo en alguien.

Como si no existiera.

Como si fuera invisible.

Tal como pasó en realidad, indiferente a las personas que conocían lo que había dentro de ella, la aberración que preferían ignorar.

Dejo escapar toda su furia, los rencores acumulados se volvieron una ola de destrucción que varios grupos buscaron sofocar.

Y tal vez nadie jamás lo sabría, terminaría la guerra y nadie hablaría del último contenedor del Escarabajo Rinoceronte de Siete Colas por la simple razón de que nadie sabía de ella…

Nadie…


Comentarios y aclaraciones:

Ni Kishimoto, pobre, hasta el momento ni siquiera es seguro que sea mujer, pero se me ocurrió esto porque es la única de la que no tenemos nada de historia y según esto tampoco era muy popular, y ya que la saga de zombis habla de reencuentros, sería algo posible… creo.

KUNOICHI2518 preguntó (en general todo mundo lo hizo) sobre el cap de Inaho, Inaho es mujer, de verdad que es chica, de pelo cortito pero es mujer. Cierto, Loliss y KUNOICHI2518, también era de Konoha la situación es que, como dije al principio, es un caso particular que aplica a una generalidad, es decir, me reserve el vergonzoso derecho de bifurcar en un leve AU otra vez.

Del cap 30, si, es Uruchi Uchiha y en su ficha de datos dice que nunca tuvo hijos y consideraban a Sasuke como su hijo ¿Por qué no tendrían hijos? bladz-liska tiene una razón, yo otra.

¡Gracias por leer! ¡Por su comprensión y su infinita paciencia!