Dos

Samui

Abrió la puerta sin anunciar su llegada, nunca lo hacía, era obvio que sabrían de su presencia desde varias cuadras antes por el simple hecho de pertenecer a una familia ninja, además, la sala estaba frente a la puerta principal. Todos los que conformaban la familia estaban escuchando a su hermano hablar sin descanso sobre ese primer día "profesional", ya que él, a diferencia de ella, no había desaparecido del salón en cuanto terminó la ceremonia de graduación.

Ella solo asintió cuando le preguntaron por su día, se encogió de hombros, negó resignadamente cuando le preguntaron si había novedad y no dijo más nada ni aún cuando la interrogaron, cediendo sus palabras al otro muchacho que retomaba los detalles de quién, cómo y dónde se reunirían con sus nuevos mentores.

Ya era hora de la merienda, hora de realizar el corte definitivo de su vida de niños, el último pastel de cumpleaños con velas y otras niñadas que coincidieron en fecha con la obtención de su Hitai-ate. La mitad tenía betún azul y la mitad betún rojo, tal como acostumbraba su anciana abuela.

No con más ánimos que los que tenía durante el interrogatorio, realizó el procedimiento anual, comió su porción agradeciendo escuetamente, se despidió y subió a su habitación. Una vez arriba, cerró la puerta con seguro y se dejó caer en la cama.

¿Era mucho pedir que los festejaran por separado? No esperaba ciertamente una fiesta exclusiva en rosa, con amigas de voces chillonas, pero ni siquiera tenía cada uno su propio pastel. Aunque pensándolo fríamente ya no tenía sentido decirlo, no habría más cumpleaños.

Resopló y armó su maleta, primer día, primera misión fuera. Se dispuso a dormir una hora que era lo que faltaba para encontrarse con su nuevo equipo…

Miró inquisitivamente a los dos miembros de su equipo, ellos le devolvieron el gesto sin dejarse intimidar por el hielo de sus ojos, la pelirroja resultaba algo más huraña que el muchacho desinteresado que mascaba sin clemencia la parte metálica de un lápiz cuya goma yacía hecha pedazos en su boca. Comprendiendo que era imposible una reasignación, se limitó a soltar un suspiro y esperar por el Jōnin.

Los otros equipos debían ya también estar en sus puntos de reunión, y tal como ellos, estaban conformados igualmente en triadas, solo que había una pequeña gran diferencia del resto de esos equipos con el suyo: la mayoría eran hombres o en todo caso, solo había una mujer por equipo, pero en el suyo que eran dos, ella misma y la pelirroja masculina.

¿Cuál era la necesidad de tener dos chicas en un solo equipo habiendo más combinaciones posibles? Incluso le resultó extraño que no la pusieran con su propio hermano luego de que todo el tiempo de entrenamiento básico forzosamente hacía pareja con él.

Aquella mañana cuando inició el pase de lista para el agrupamiento, Atsui, que iba primero fue colocado con otros y sí, la sorprendió bastante, pero cuando llegó su turno enseguida al de él, la chispa de emoción de poder ser un uno se esfumó al reconocer que Karui, pese a todas sus extrañas manías, era también una chica.

Pasó el primer día de compañía profesional más frustrante de toda su vida ¿Qué clase de misión había sido esa? Con una escueta despedida más por cortesía que por convicción amistosa, dejó a su peculiar nuevo maestro y sus dos compañeros para ir de regreso a su casa.

Y de nuevo la cena…

Su madre sonreía complacida, mirando a sus hijos regresar tras su primer día como ninjas graduados, y eso a ella no le hubiera molestado si no insistiera en que usara el uniforme… porque se veía más parecida a Atsui.

¿Gritar? ¿Enojarse? ¿Exigir que ya reconociera su individualidad a los diez años? ¡Toda la vida los vistieron iguales aunque su hermano era varón y ella una chica! ¡Y ahora había en su equipo una chica con un nombre que sonaba igual!

— ¿Quieres que me tiña el pelo? — preguntó su hermano de repente, percibiendo con claridad los pensamientos que la inundaban.

—Pienso que rojo me vendría bien. — agregó encogiéndose de hombros y metiéndose a la boca un trozo de carne.

—Anda hermana, no te aflijas, en unos años, tal vez cinco ya no tendrás ningún problema…

Ella le miró con una ceja arqueada pero sin emitir palabra, negó con la cabeza, ese idiota no sabía de qué hablaba.

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Componer rimas a partir de los diálogos de sus compañeros no era su idea de planeación de batalla.

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Una hora de descanso por tres de trabajo era excesivo.

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Una rima más conjugando su nombre con el de Karui y al demonio que fuera hermano del Raikage.

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Si ella fuera como las otras chicas, seguramente estaría sonrojada, o tal vez le habría azotado la puerta con tal fuerza que le tiraría los dientes. Pero, por el contrario, había accedido a usar su consejo con cierto descaro que le asustó. Sin fijarse mucho si la miraba o no, acomodó sus senos luego de colocarse la malla y la casaca del uniforme reveladoramente abierta.

Miró cuidadosamente tras su hombro, Atsui silbaba con la vista al techo.

Si él fuera como los otros hermanos, le estaría exigiendo que se cubriera, o tal vez se burlaría de ella aludiendo comportamientos y razones bobas. Pero, él había ofrecido la solución a su problema de individualización desde mucho antes, aunque ella no lo entendió.

— ¿No queda perfecto? — preguntó de repente —Yo soy varón, naturalmente que nunca me veré así, y Karui es demasiado tosca, es curioso también porque ella es morena y pelirroja, no veo donde estaba tu enfado hermana, como tú no hay dos… afortunadamente…

Un momento de silencio, como una conversación inaudible para el mundo pero perfectamente clara entre ellos, Atsui entendió que los pechos grandes habían llegado mucho después de lo necesario, Samui era ya capitana de su equipo, y segura estaba de que lo consiguió por habilidad y talento, diferenciándose no solo de sus compañeros de equipo, sino de todos los ninjas de la aldea.

—Como quieras hermana, solo es un consejo.

—Lo tomaré. — sentencio con seguridad acomodando su flequillo —En vista de tu fracaso por ser hombre, deberé ser yo la que se diferencie.

Atsui cerró los ojos sin atreverse a reprochar esa fría crueldad con la que atacaba sus facciones finas y sedoso pelo ¡Cómo si fuera su culpa compartir carga genética!

La dejó mirándose al espejo.

Ya no le irritaba la poca individualidad, porque aquello no era verdad para ella, había nacido como una unidad de dos y al fin entendía que no por eso eran la misma persona, había sido asignada a una unidad de cuatro, pero no le molestaba ya, los lazos que la unían a ellos no eran ataduras.

— ¡Hermana! — Atsui volvió a entrar corriendo pero sin la expresión risueña de siempre.

— ¡Bee-sama!...


Comentarios y aclaraciones:

Naruto (Manga) capítulo 417

Naruto (Anime) episodio

Es oficial que son hermanos, no que sean gemelos, pero me gustaba la idea para trabajar el tema. Samui es una chica seria que muy feliz muestra la talla de su busto, alguna razón había de tener.

¡Actualización antes del año! ¿No les da gusto?

¡Gracias por leer!