Llanto
Karui
Las pelirrojas son de mala suerte.
Eso había dicho su padre cuando nació y una mata de cabello tostado apareció en la cabeza de su hija.
También lo llegó a comentar algún maestro de academia, vecinos no faltaban y la interminable burla de sus compañeros fue algo con lo que debió lidiar, e incluso considerando que había más de un candidato apto para ser la comidilla de la clase, siempre había espacio para "el tomate llorón". Porque siempre terminaba llorando ¡Y a saber que mórbido placer encontraban los demás al verla agazapada en un rincón tirando de su cabello como si se lo quisiera arrancar ella misma!, lo que fue en muchas ocasiones lo mejor que se le ocurrió.
Y cada vez luchaba con más fuerzas contra lo acuoso de sus ojos, se mordía los labios para no gimotear y se frotaba con el dorso de las manos hasta dejarse colorada la piel ¿Por qué tenía que llorar por todo? Ni siquiera a medida que pasaba el tiempo podía decirse que se fortalecía en ese aspecto, al menos hasta que le asignaron equipo una vez graduada, que fue cuando consiguió periodos más distanciados para sus lágrimas.
Por su propia voluntad había convenido que llorar estaba bien para un niña, una aprendiz, pero nunca para una kunoichi y menos de Kumogakure. Debía pues, llevar con orgullo y dignidad apropiada la banda en su frente.
Casi lo lograba el objetivo, ¿Pero cómo permanecer inmutable ante tal noticia? ¿Cómo fingir que todo seguirá con calma tras saber que un cretino con aires de grandeza acababa de arrebatarle una gran persona al mundo? Una reprimenda, algún comentario y luego nada, su maestro simplemente ya no estaba.
—No te veía llorar desde la academia…
Ni siquiera se molestó en mirar a la persona que irrumpía su lapso meditativo de lágrimas. Pasó la mano por sus mejillas pero ya no había más que el rastro seco. No quedaba siquiera el hipo, se había obligado a controlarse así se le fuera el día en ello.
—Y no lo volverás a ver.
— ¿Por qué no?
— ¡Una kunoichi no debe llorar! ¡Ahora cierra la boca!
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¡Llorar es para niñas tontas!
¡Tontas y estúpidas!
El muchacho rubio no ponía resistencia alguna, y la tipa de cabello rosa seguía en llanto como si ella fuera quien estuviera recibiendo la golpiza.
¡Las kunoichi no lloran por quien no vale la pena!
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—Creí que no te vería llorar otra vez…
Ni siquiera se molestó en responderle con las palabras que se le ocurrieron, si lo hacía el nudo en su garganta iba a estallar viéndose más ridícula de lo que estaba ya en esos momentos. Había perdido la batalla contra su llanto y la humillación, pero eso era más grande que su molestia con el compañero de equipo que se sentaba a su lado jugando con la eterna paleta de su boca, chocando el caramelo contra sus dientes.
— ¿Por qué ella lloró? — preguntó ahogando el gemido con sus propios brazos — ¡¿Por qué esa estúpida niña lloró?!
Él no respondió aunque se sacó el dulce de la boca como si lo fuera a hacer. La respuesta era obvia y enfatizárselo solo la pondría peor.
—Llorar está bien de vez en cuando…
— ¡No! ¡No lo es! ¡Se supone que somos guerreros! ¡Que somos fuertes!
—Pero también somos personas…
— ¡Entonces llora tú! ¡Yo ya estoy harta de ser siempre la que termine llena de mocos!
El silencio volvió a hacerse presente entre hipos de la kunoichi.
—Además llorar hace que alguien siempre sienta ganas de abrazarte, tal vez por eso lo hizo ¿Viste la cara del rubio?
Por respuesta a eso recibió una patada esquivada con facilidad.
—Vale, te dejo, no quieres un abrazo…
— ¡Idiota!
Pasó un rato desde que la había dejando, tal como había anunciado que lo haría.
Llorar por un idiota, llorar porque una idiota lloró por un idiota ¿Quién era más idiota entonces?
Poco a poco se tranquilizó, toda la frustración que había quedado atenazada en sus puños al no poder terminar de moler a golpes al niño aquél, se desvanecía poco a poco dejándole una sensación tibia, como cuando salía de bañarse antes de irse a la cama.
Existía la posibilidad de que su maestro estuviera vivo…
Solo hasta ese momento fue capaz de albergar en el pecho la sensación de emoción con la noticia bien fundamentada que le habían dado, y que aunque escuchó en su momento, había algo que no le había permitido recibirlo con la alegría que supondría ello.
Se acomodó mejor en la bolsa de dormir del campamento que habían montado ya de regreso a su aldea. Alguien además de ella debería llorar de vez en cuando ¡Pero por algo que valiera la pena! ¡No cualquier tontería!
Ya ni quejarse y jurarse que sería la última vez que sucumbiera al escozor de los ojos, porque a final de cuentas volvería a hacerlo. Y si alguien decía algo, entonces le rompería los dientes, para el caso golpear a alguien era igual de liberador.
Comentarios y aclaraciones:
Naruto (Manga) capítulo
Naruto (Anime) episodio
Bueno, ya que el pasado fue Samui, decidí meter de una vez a Karui. Una cosa que me llamó mucho la atención de ella precisamente fue que llorara, y a la vez fuera una persona de carácter tan duro, por eso me la imagine que se enojaba consigo misma por llorar, que al final, en realidad no es malo.
¡Gracias por leer!
