Olvido

Yakumo Kurama

Se revolvió durante gran parte de la noche, poniéndose y quitándose las sábanas ya arrugadas y ligeramente húmedas por el sudor, hablaba en sueños, a veces gritaba, y cuando lo hacía, una enfermera entraba a la habitación solo para intentar calmarla por unos minutos. Si insistía en los bruscos movimiento, rehusándose a despertar, entonces le suministraba el medicamento que la dejaba completamente inmóvil. Pero no tranquila. Nunca tranquila.

El olor del desayuno no necesitaba grandes esfuerzos para hacer que entre gestos despertara y, con los ojos enrojecidos, mirara toda la habitación con cuidado y detenimiento. Ya ni le preguntaban cómo había dormido, la respuesta no variaba como tampoco lo hacía el diagnóstico: permanente enferma, destinada al hospital hasta que la muerte la reclamara, pasaba los días solo entre las pinturas en las que a veces aparecía alguna gente.

— ¿Ya han regresado?— preguntó tímidamente.

—No, nadie aún, tranquila solo han pasado unos días.

—Debería ir también.

—No, el médico ha dicho que no terminarías ni el viaje, serías solamente una carga innecesaria para el equipo médico.

La enfermera a cargo era cruda, pero aunque doliera, se lo agradecía, no le gustaban las mentiras, las odiaba, casi tanto como a sí misma por lo absurdo de su situación. Recién comprendía la dimensión de su potencial, y acababa en el hospital, víctima de una de las tantas enfermedades inventadas de su madre para mantenerla en casa. Solo que esta sí era verdad, y se llevaba las fuerzas de su torpe y débil cuerpo.

Y mientras ella estaba ahí comiendo gelatina de limón, todos los ninjas de la aldea estaban atendiendo el frente, en una guerra donde todos estaban dispuestos a entregar cada gota de sudor y sangre por los suyos, para proteger a la gente débil como ella que no podía hacer nada por sí misma.

—Yo podría ayudarles mucho.

—No. No tienes entrenamiento, ni experiencia, eso es muy importante, en una guerra no se trata solo de ir y esperar lo mejor.

—Podría…

—Ya déjalo, verás que pronto regresarán y todo saldrá bien.

Bajó al cabeza y se limpió las lágrimas de los ojos con el dorso de la mano.

— ¿Quieres tus cosas de pintura?

Pensó en negarse, que no tenía derecho a estar solo con pasatiempos absurdos mientras los ninjas de Konoha se jugaban la vida en una situación que incumbía a todos, pero ¿Qué más podía hacer?

— ¿Puedo estar en el jardín?

—Supongo, no es como si pudieras escapar.

Aún podía caminar por su cuenta, y el sanatorio era en realidad pequeño, una institución privada para pacientes con enfermedades crónicas y sin parientes o familiares que les cuidasen. Kurenai pagaba la pensión, tal vez como parte de su lavado de consciencia, no lo sabía, pero ella era la única persona que tenía en el mundo, la que no permitía que quedara desahuciada en las calles.

El dinero para el material era solo por el trabajo de la propia pintura, distaba de ser una gran artista de reconocida reputación, cuyos cuadros se valuaran en millones, pero al menos podía reponer el material sin causar más molestas a la kunoichi.

Había perdido mucho peso, tanto que ya hasta le costaba trabajo llevar su propia maleta, por eso la enfermera le ayudaba a llegar al jardín donde compartía estancia con uno o dos ancianos, otros hombres y mujeres en circunstancias similares y un débil mental que pasaba la mañana mirando el agua de la fuente caer.

Encontraron un espacio con bonita vista a las hortalizas, donde los árboles de fruta solo esperaban el tiempo de dejar caer sus frutos. Pusieron la silla, el caballete, la maleta abierta.

Y seguir esperando solo por noticias, en ese rincón olvidado del heroísmo y el poder.

Al menos ya no escuchaba las voces, ya no veía monstruos y tampoco lastimaba a la gente.

—Pude haber sido una gran kunoichi.— dijo tomando con mano temblorosa el primer pincel —Sé que pude haberlo hecho.

Pero no había nada más que hacer, el legado del clan Kurama moriría en ese sanatorio.

Trazo el camino empedrado, la vereda de naranjos y manzanos. La valla blanca y sobre ella puso a un par de imaginarias aves.

Se extinguiría el talento para el genjutsu del que era heredera.

Montañas al fondo, las copas de los árboles que ocultaban casi toda Konoha en la vista a lo lejos, el cielo claro sin nubes que calmaran el creciente calor del sol.

Su vida no había tenido significado alguno, una creación de relleno para el mundo y nada más.

Para el medio día había terminado, los últimos toques fueron dados, humedeció un pincel delgado, lo untó con óleo negro y trazó su firma en una esquina, costumbre últimamente adquirida, para que al menos en la sala de alguna familia quedara un trozo de aquella que nunca pudo llegar a convertirse en ninja.


Comentarios y aclaraciones:

Naruto (Anime) episodio 148

Yakumo es uno de los personajes poderosos por los que no me gustan los rellenos, es decir, con ella y otros anexos que han salido en los rellenos y películas, creo que la guerra del manga tendría un camino diferente, muy diferente, y sin embargo, ahora solo está en el olvido, sin ser parte de la historia.

En fin

¡Gracias por leer!