Efímera

Kurotsuchi

Con los ojos expectantes, y las manos presa de un ligero temblor producto de la casi excitación que sentía, no se atrevió siquiera a moverse del sitio donde estaba. Cobijada entre la sombra que proporcionaban dos edificios, detrás de ella un basurero y un perro callejero que no reparaba en su presencia mientras hurgaba en el contenido de las bolsas plásticas que los inquilinos de los departamentos dejaban ahí sin falta alguna todos los lunes. Frente a ella, estaba lo que debía ser la oficina postal, la única en toda la ciudad, consumiendo sus escombros en un fuego naranja que danzaba esquivo a las insignificantes gotas de lluvia.

El crepitar del papel hacía un coro suave debajo de las voces exaltadas de los vecinos que continuaban pidiendo ayuda sin hacer nada realmente. Ya habían desistido de buscar a los cinco trabajadores del edificio, la explosión no había sido lo suficientemente poderosa como para afectar edificios vecinos, pero sí para abrazar completamente lo más cercano.

El cartero justamente cerraba su bolsa con dificultad debido a que sostenía al mismo tiempo una sombrilla, estaba a solo un paso de la puerta principal, le había dado los buenos días a una mujer que iba a la carnicería, habían intercambiado comentarios respecto al clima… y simplemente sucedió.

No había necesidad de buscar a esos dos, podían encontrar algunos pedazos a lo largo de la calle y había visto volar lo que parecía un brazo hasta el balcón de una de las casas al otro lado de la calle. Adentro debería de haber más personas; uno en recepción listo para recibir las primeras entregas del día, dos en el interior clasificando los paquetes, uno más apenas recogiendo las entregas del día.

Los tres muchachos que servían de asistentes se salvaron porque entraban una hora más tarde, seguramente seguían en sus casas y no vendrían antes a menos que se enteraran de lo sucedido.

También había un perro ahora que lo recordaba. Un mestizo que servía de vigilante para las noches y parecía ser el único canino en el mundo que apreciaba a los carteros. Color arena con manchas negras en las orejas, rabo amputado y piernas largas.

Los primeros refuerzos llegaron, el sistema de control de incendios, arena y polvo químico para cortar oxigeno. Rápidamente empezaron a alejar a los espectadores, había un restaurante a un costado, pero este solo abría por las noches así que no había gente, aún así, escuchaba gritos sobre algo como la instalación de gas. No podía concentrarse, no podía siquiera terminar de asimilar lo que acababa de pasar, así como tampoco había reparado en la sangre que le había salpicado dejando un reguero de pecas rojas que pronto se volverían marrones.

La carta que sostenía en sus manos pronto se vio arrugada al cerrar los puños. Todo su cuerpo temblaba ¿Acaso había sido una bomba? ¿Una bomba en una oficina postal?

¡¿Por qué alguien pondría una bomba en un lugar donde solo trabajaban amables viejos con bolsa?!

Tragó saliva.

— ¡¿Viste algo?! — preguntó uno de los ninjas al notar su presencia ahí, tomándola por los hombros. El brusco movimiento con el que la sacudió la regresó a la realidad donde incluso la sordera inicial se disipaba y las voces cobraban mayor nitidez.

—Un pájaro…— susurró.

— ¿Un pájaro?

Solo había reparado en él porque era más grande de lo usual y volaba con demasiada rigidez. Solo vio eso después de que la mujer que iba a la carnicería, observó que el clima era raro, que esa llovizna era un mal augurio…

.

— ¡Pero no quiero hacerlo! — se quejó haciendo un puchero.

—Es bueno para ti, después de todo eres una chica, empezar por cuidar niños ajenos te ayudará para cuando cuides los tuyos. — sentenció con severidad el hombre desde su escritorio sin mirarla siquiera.

No quiso discutir mas, pero hizo un último mohín, giró sobre sus talones y salió del despacho. Después de todo, era el Tsuchikage, no creía que algo de lo que dijera fuera a hacerle cambiar de opinión respecto a la "misión" de hacer una tarde de labores en la academia con los estudiantes de nuevo ingreso, niños que no llegaban ni a los seis años pero tenían la destreza suficiente como para volverla loca.

Al legar a la calle miró al cielo. No siempre tenían días nublados, el clima en la aldea -y el país en general- era más templado, ni mucho calor, ni mucho frio. Pero el aire seco era una constante, por lo que aquella llovizna representaba una variable a considerar. Estiró la palma de la mano para sentir el agua de las minúsculas gotas que caían como la misma suavidad de plumones. Sintió el agua ligeramente tibia y frunció el ceño.

—Se siente como sangre…

Agitó la cabeza.

—No digas tonterías. — se reprendió a si misma y corrió al punto donde le habían citado.

Se trataba de un pequeño parque con mucho espacio libre. La academia por si misma, no era como "la gran estructura planificada", era solo un edificio con aulas amplias, un pasillo separaba las dos secciones, contaban solo con un pequeñísimo gimnasio y el resto de la práctica se ejecutaba en distintas zonas de la aldea.

"Nada mejor que experiencias reales" decía su abuelo. Y esas experiencias generalmente eran llevadas por ninjas graduados que alternaban turnos para la enseñanza, ya que precisamente su abuelo, pensaba que si un ninja se dedicaba enteramente a la docencia, estaban desperdiciando efectivos de batalla.

Se encontró con un grupo de quince niños bien vestidos, peinados y con las narices limpias, lo que le alegró bastante aunque no lo demostró.

—Bien, pequeños aprendices. — dijo con la voz firme a la que respondieron todos quedándose muy quietos y callados, tan solo mirándola.

—Mi nombre es Kurotsuchi, y hoy seré su instructora para las lecciones básicas de combate cuerpo a cuerpo, pueden referirse a mi por mi nombre o de la forma que quieran pero no me llamen "señora" o "señorita" ¿Entendido?

— ¡Si, maestra! — exclamaron todos al mismo tiempo.

Les sonrió complacida y enseguida les ordenó hacer un medio circulo a su alrededor para recapitular un poco de teoría. No tenía ni idea de qué les había enseñado el instructor anterior, así que les habló con la jerga más simple para no confundirlos, y para su sorpresa, la mayoría ya tenia buenas nociones teóricas sobre los conceptos fundamentales. Tras una hora se dio por satisfecha y decidió empezar los ejercicios.

Ordenados por estaturas, una fila de varones y una de niñas, dio las indicaciones. Mientras las ejecutaban, decidió acercarse a la sombra de un árbol para atajarse de la molesta brizna.

—Se te da bien esto de los niños, unh. — levantó la cabeza para ver al ninja que descansaba en la rama más gruesa del árbol mientras hacía algo con las manos que no alcanzaba a distinguir del todo.

—Nuestro honorable maestro Tsuchikage dice que es para mi entrenamiento como futura madre. — respondió con sarcasmo.

—El viejo y sus ideas anticuadas, unh. — respondió haciendo un movimiento con la cabeza para quitarse de enfrente un mechón de cabello rubio que le molestaba un poco, y que ella no comprendía porqué no lo cortaba.

—No se le puede contradecir, es el Tsuchikage.

—Que todos pensemos así es lo único que le da poder, fuera de eso es un viejo artrítico y cascarrabias.

— ¡Hey! ¡Es mi abuelo!

—Lo sé, pero es verdad, uhn.

—Casi nunca te pasas por aquí y cuando lo haces, es para molestar.

—Me mandan a misiones en el fin del mundo ¿Qué quieres que haga? Acabas de decir que la palabra del viejo es ley absoluta, unh.

Hubo un momento de silencio solo interrumpido por haber levantado la voz para reprender a uno de los niños que pretendía hacer trampa para acortar la rutina.

— ¿De verdad piensas tener hijos, unh?

—En unos años tal vez, quiero salir un poco de la aldea para tener buenas historias que contar, hacerme vieja y luego contarle esas historias mis nietos y morirme, supongo.

—No deberías desperdiciar el tiempo, tal vez intentar más cosas, perfeccionar tu arte, después de todo, la vida misma es tan… efímera… como una explosión…

Miraba absorta al ninja, el movimiento de sus manos se había detenido y solo por un instante pudo ver que lo que tenía era arcilla moldeada. Siempre la llevaba con él, ella misma era una de las que tanto alababan su talento, pero en ese momento hubo algo particular que llamó su atención.

—Un pájaro…— susurró con el corazón encogido en un puño. El rubio miró hacia abajo encontrando su mirada azul con los ojos de la chica, extendió la mano y la dejó ver la figurilla que poco a poco se movía dando picotazos.

—Fuiste tú… ¡Todo el tiempo has sido tú! ¡La oficina de correos! ¡La casa del abuelo! ¡La torre del archivo! ¡El hospital!— agregó separándose del árbol.

— ¡Lárguense de aquí! — chilló con todas sus fuerzas hacia los niños mientras sacaba un cuchillo de su bolsa. Los estudiantes, sobresaltados, no recibieron una segunda llamada, salieron corriendo sin hacer preguntas.

—No se de qué hablas, unh…— dijo el muchacho bajando del árbol.

— ¡En la ofician postal vi ese maldito pájaro! — exclamó manteniendo alta la defensa.

—Entonces ni siquiera podía llamarse pájaro, su vuelo era sencillamente una aberración y su explosión tan pobre… pero mira este, es perfecto…

y su explosión tan pobre…

tan pobre…

— ¡Murieron seis personas ¿Y a eso llamas pobre?!

Con los ojos ciegos por la furia y las lágrimas, se lanzó sobre él, que la recibió con su propio cuchillo.

—La muerte por si misma no es bella, es miserable y solitaria ¡Yo la he vuelto arte!

Ella gritó, pero no supo si hubo palabras, tan solo notó un dolor agudo recorriendo su cuerpo cuando él se dignó a devolver los ataques. Sintió que chocaba contra el árbol que antes les hubiera acogido durante su conversación.

— ¡¿Pero qué saben ustedes, desdichados, sobre lo que es el arte?!

El pájaro voló. No pudo evitar seguirlo con la vista mientras se elevaba en el cielo. Su vuelo era infinitamente más grácil, incluso mejor que el de una ave viva…

La explosión… la oscuridad…

.

Abrió los ojos con pesadez teniendo algunas dificultades para habituarse a la luz.

— ¿En dónde estoy?

—En el hospital provisional…— respondió su padre sentado en una pequeña silla a su lado.

— ¡El pájaro! ¡Deidara-nii!

—Escapó. Claro, antes pasó a llevarse a algunos de los nuestros, pero ya está marcado como desertor… los niños corrieron a avisar que empezaste una pelea, sobreviviste de milagro a esa explosión.

—No fue milagro hacer mi cúpula de tierra a tiempo.

—De cualquier forma…

—Hay que capturarlo.

—Sí, pero…

—Para eso tengo que hacerme más fuerte ¿No?

—En esencia.

El hombre soltó un suspiro y acarició su cabeza.

—Lamento que hubieras sido tú quien le descubriera y debiera entregarlo… debe de verlo como una traición de tu parte.

—No me hubiera gustado que fuera de otra manera… yo tal vez no lo hubiera creído si alguien más me lo decía.

—Aún hablas de él con afecto.

Giró un poco la cabeza para hacer con tacto visual, sentía el cuerpo adolorido y el movimiento le costó más de lo que había pensado en un principio. Aún así fue capaz de emitir una pequeña sonrisa. Se mantenía serena, con esa calma contemplativa a juego con su carácter positivo.

— ¿Odiarlo me dará fuerza para vencerlo? ¿Hará que lo encuentre más rápido? Perdí esta batalla porque lo odie y ese odio me dejó ciega a cualquier cosa mejor que hacer. — confesó. Pero no esperó respuesta, se acomodó en la cama, dormiría un rato para calmar la punzada de su cabeza que aún escuchaba el eco de la explosión.

—La vida es efímera, así que no voy a malgastar mi presupuesto emocional en eso.

Cerró los ojos.

—De cualquier forma no nos debemos nada. Yo jamás seré una traidora, por como lo quiera ver, en realidad no les he dicho nada a ustedes, se delató él mismo. Además, habría sido más imperdonable traicionar a Iwa… eso diría el abuelo. Tengo mucho que trabajar si quiero encontrarlo y pelear de nuevo contra él.

Se quedó callada dando la conversación por terminada y soltando un suspiro de cansancio. Pensó, muy para sus adentros, que realmente sería muy extraño entrenar sola…


Comentarios y aclaraciones:

Bueno, esta chica ha aparecido muy poco, tuvo su momento de atractivo cuando se sospecho que era "hermana" de Deidara, pero ya fue todo.

Pienso, a lo poco que se vio, que es una mujer prudente, dudo que solo por ser nieta la hayan escogido de escolta, y evidentemente no se toma las cosas a pecho, la forma en la que habló de Deidara demostró una expectativa pero no una obsesión. El otro factor determinante que escogí fue su abuelo y aldea de pertenencia… un poco ortodoxos respecto a roles.

Espero sus opiniones al respecto.

Por cierto, me resisto terminantemente a ver los rellenos, así que mis fundamentos de carácter son exclusivos del manga.

¡Gracias por leer!