Ira

Mito Uzumaki

Miró la forma en la que la doncella se encargaba de limpiar el piso de madera. Pero aunque sus ojos estaban en el ir y venir del paño, sus pensamientos no se encontraban ni siquiera en ese tiempo, mucho menos aún en aquella casa enorme que se había construido especialmente para ella. Podría decir que para su esposo, sin embargo, él apenas pasaba tiempo suficiente como para no ser considerado como un invitado.

El proyecto había estado a cargo de un constructor de su aldea que a la larga había acabado por realizar todo el boceto de la traza urbana que debía de tener la aldea, aunque siempre estaba sujeto a cambios debido a que el Primer Maestro Hokage de Konoha, en sus constantes viajes, siempre terminaba regresando con clanes completos que exigían una posición digna dentro de esa planificación.

—Señora — la voz de otra doncella la obligó a regresar su atención a lo que debiera de ocupar su atención: vigilar que las tareas domésticas se realizaran de manera correcta — ¿La cena de esta noche se hará con el servicio de porcelana o el de cerámica esmaltada?

La miró con serenidad, meditando las dos opciones.

"Vaya manera de perder el tiempo…"

— ¿Mito-sama?

— ¿Disculpa?

—La vajilla, señora.

—La porcelana, por favor.

Finalmente el piso estuvo listo, y aunque había otras tareas que atender, ella ya no se sentía con ánimos de mirarlas trabajar así que regresó a su habitación privada, de vuelta a los pergaminos que estudiaba y eran el único contacto que tenía con el mundo ninja desde su boda. Usualmente, las mujeres participaban también en batallas equilibrando sus tareas del hogar, sin embargo, su situación era particular, como la esposa del honorable Primer Maestro Hokage, a ella ya se le había excluido de todo contacto, en pos de protegerla.

Los clanes más importantes continuaban reclutando pequeños grupos de ninjas dispersos, la reunión de los Kages se había llevado exitosamente, al menos en el sentido de que nadie había intentado matar a nadie y se habían tomado algunas resoluciones que se habían respetado a grandes rasgos.

Pero nada estaba cambiando realmente, no existía paz, solo una pausa para fortalecerse y estallar una guerra más poderosa.

"Y tú solo te dedicas a elegir la vajilla"

Frunció el ceño y apretó la boca hasta que sus dientes rechinaron.

— ¡Mito-sama! — gritó una de las doncellas desde el otro lado de la puerta — ¡Por favor! ¡Mito-sama! ¡Es Hashirama-sama!

Se puso de pie y abrió la puerta.

— ¿Qué sucede?

— ¡Madara Uchiha regresó de nuevo, apenas Hashirama-sama lo vio corrió detrás de él!

Sintió que su corazón brincó en su pecho y se olvidó del pequeño sentimiento que la había embargado apenas unos momentos antes. Cada que esos dos peleaban, siempre había daños por todos lados, y Tobirama no estaba en la aldea, así que no había nadie más para mantener controlado el límite del campo de batalla. Recorrió todo el jardín levantando el inmenso vestido, tomó impulso suficiente y alcanzó el primer tejado sobre el que corrió sin necesidad de preguntar nada, podía sentir el viento agitarse, la tierra estremecerse y el poder incomparable de los dos hombres chocando.

Al mirarlos a la distancia, supo enseguida que esa sería la batalla definitiva.

¿Y si Hashirama moría?

Desde el momento en que fue llevada a Konoha como parte del convenio de las Cinco Grandes Naciones Shinobi, siempre se consideró la prisionera de la gran casa Senju, la cautiva personal del hombre que iba prometiendo paz y larga vida a los niños, y todos le decían que debía sentirse honrada de haberle podido dar hijos, que muchas deseaban su lugar…

El fuego y la madera chocaban, los aceros volaban y, de pronto, la tierra se estremeció desde sus entrañas y un colosal zorro fue invocado al campo de batalla.

Una vez más, sus pensamientos sobre su destino como mujer fueron completamente reemplazados por lo que estaba sucediendo en el momento.

Escuchó su respiración pesada y cada vez más rápida ¿Qué pensaba lograr al ir hasta ese lugar? ¿Correr e interponerse entre ambos?

Probablemente Madara ni siquiera sabía cómo se llamaba y no tendría mayor reparo en atravesarla para llegar hasta Hashirama, y su marido probablemente sí trataría de evitarla, pero al intentar protegerla, no sería más que un estorbo y tal vez le costaría la batalla.

Se arrodilló, tan solo mirando.

Finalmente hubo un vencedor, el cuerpo de Madara yacía inerte sobre la tierra y a su lado Hashirama solo tenía la frente contra el suelo, en silencio. Se acercó despacio pero sin ocultar su presencia, no necesitaba mucho para saber que estaba llorando, como no lo había hecho desde hacía tiempo.

Torció los labios, quería decirle que fue su culpa dejar que el Uchiha llegara a esa locura. Si le hubieran hecho caso a Tobirama, las cosas habrían sido diferentes. Pero no tenía sentido el "hubiera", solo estaban las decisiones que debían de tomar en presente, y él ya había decidido poner a Konoha por encima de sus sentimientos.

En ese momento dejó de sentirse tan molesta con él. Visto desde donde estaba ella, solo había un hombre que estaba dispuesto a sacrificarlo todo por lograr un bien mayor, y no un ninja idealizado al que las mujeres acercaban a sus bebés para que los sostuviera un instante, creyendo que con eso serían tan fuertes como él.

Finalmente escuchó un gemido desdichado, y el sentimiento de ira con el que había vivido todo su matrimonio hasta ese momento fue atenuándose.

Aquél hombre había asesinado a su mejor amigo para proteger un sueño en el que creía con todo su corazón: Konoha.

Desvió la mirada hasta la gran cúpula de madera que mantenía prisionero al zorro, aún adormilado, pero el efecto no duraría por siempre.

Pensó en esos mismos niños a los que a veces el mismo Hokage ponía nombre a petición de las madres, y el accedía por saberse responsable de que fueran viudas, y esos niños huérfanos. Pensó en esa casi obsesiva necesidad de proteger a todos, de cumplir sus promesas de que los niños no tendrían que ir a la guerra y de que algún día alcanzarían la verdadera paz.

Puso su mano sobre la corteza medio calcinada de la improvisada prisión.

—Retírala — susurró.

— ¿Qué haces? — preguntó el hombre apenas levantando los ojos llorosos del suelo.

—Este es mi propósito.

El zorro empezaba a despertar y el ninja comprendió que la barrera de madera sería insuficiente, y no estaba listo para otra batalla. Bajó las raíces descubriendo el cuerpo de la criatura y miró a la mujer acercarse hasta la inmensa cabeza.

—Esto es lo que puedo hacer, para que ese sueño se haga realidad. Entonces, la muerte de Madara no será en vano, porque lo habremos detenido de verdad.

A medida que el sello surtía su efecto, sentía como la ira volvía a invadir su cuerpo, la ira de la bestia que se convertía en prisionera, pero mantuvo su voluntad fuerte hasta que el zorro estuvo completamente sometido.

Supo que, con un demonio dentro, finalmente había recobrado la alegría de vivir, y que todos los sentimientos que había albergado durante ese tiempo, no eran nada comparados con todo lo que quería lograr a partir de ese momento.


Comentarios y aclaraciones:

Mito, la ignorada esposa de Hashirama Senju, tan ignorada que ni su marido se acuerda de ella y solo sabemos que existe por Kushina.

Quedan dos chicas, respecto a la lista final, todo lo que podía decir de la madre de Ino, lo dije en un corto llamado "La boda de la Princesa", sinceramente no puedo hacer nada más con ella, así que no será incluida en esta lista.

Las madres de Neji y Hinata tienen un proyecto propio que está en la lista de pendientes para empezar a publicar en cuanto tenga algunos fics ya finalizados.

El caso de Sarada, Chōchō y Himawari tampoco van a estar aquí (aunque Sarada ya apareció, de cierta manera), pero no se alteren público, ya habrá tiempo para todo, solo que quiero dejar esta colección como las kunoichi de Naruto clásico, porque si incluyo a la niñas de la nueva generación, tendría que seguir el conteo por todo el material que surja a partir de la historia de Boruto que, sospecho, no se va a conformar con una película.

¡Gracias por leer!