Abandono

Kushina Uzumaki

Se dejó caer en el sofá del departamento escuchando cómo su estructura de madera se quejaba. Los resortes ya podían sentirse a través del maltrecho relleno y el cada vez más desgastado tapiz.

Cualquiera podría compararlo con la cama de cualquier hotel barato, pero a diferencia de esos colchones sucios que podían ser más letales que la más meticulosa trampa ninja, este era muy personal, tanto que alguna vez los perros de Kakashi durante su entrenamiento ninja, habían llegado hasta él pensando que se trataba de la kunoichi a la que buscaban.

Había pasado más noches en él que en su cama, era el sitio al que acudía cuando regresaba de cualquier misión y en el que preparaba sus cosas antes de partir.

Con su escandaloso tapiz naranja que combinaba nada con la pintura, la alfombra o en general el resto de los muebles, simplemente no había ningún otro lugar en el que quisiera estar.

Llamaron a la puerta, y víctima de una poderosa pereza solo grito que la puerta estaba abierta. Ya sabían quién era y aunque seguro le iba a dar lata con eso de los modales, tampoco se ofendería seriamente.

Mikoto entró asomando primero la cabeza.

—Debería darte vergüenza recibir visitas en esa posición — le dijo.

La joven kunoichi cerró a su espalda y como siempre se había rehusado a sentarse en ese sofá, solo se arrodillo en el piso, además, Kushina estaba recostada a todo lo largo, con una pierna en el respaldo y la otra cayendo por el borde. Si tuviera una falda, su amiga no abría dudado en saltar encima para obligarla a sentarse "adecuadamente", pero ya que llevaba pantalón, fuera de su comentario lo había dejado pasar por alto.

—Estoy molida, ttebane — se quejó la pelirroja a lo que la otra solo pudo emitir su risa infantil.

—Yo tengo grandes noticias, de verdad ni siquiera yo puedo creerlo.

Kushina arqueó una ceja y se incorporó recargándose en los codos. La expresión de la chica era radiante, se atrevía a decir que incluso sus mejillas sonrosadas no eran producto del maquillaje y sus ojos negros casi le hacían imaginar estrellas en ellos.

— ¿Te recomendaron para ANBU? — preguntó, pues ese había sido el tema recurrente en sus últimas conversaciones, luego de que recibiera su ascenso a Jōnin hacía unas semanas.

— ¿Eh? ¡No! ¡No seas tonta!

Kushina respingó en su sitio y se incorporó quedando arrodillada en su sofá naranja, tenía el ceño muy fruncido y algo en el fondo de su corazón le advirtió que lo que estaba por escuchar era algo para lo que no estaba lista.

—Mientras tú estabas en Suna llenándote las sandalias de arena, se celebró el Omiai el clan y…

— ¡Ah no! — exclamó Kushina alargando las vocales tanto como pudo — ¡Dijiste que no te interesaba participar en los rituales machistas de un clan que ni siquiera te consideraba descendiente!

— ¡Kushina! — exclamó la otra retrocediendo un poco pero sin levantarse.

—El Omiai es muy importante para lograr un matrimonio adecuado, las que no participan en él terminan casadas con peleteros y carniceros.

— ¡O con un excelente ninja de élite que no es parte del clan!

La expresión de Mikoto se endureció.

—Es importante para mi.

—Hace dos semanas, antes de irme, era importante para ti que el Hokage te recomendara para ANBU ¡Por favor! ¡El Omiai no es un sistema de apartado! ¡Una vez que se arma la pareja se espera que se case en los siguientes meses! ¡¿Y qué harás entonces?! ¡Las kunoichi Uchiha casadas no pueden seguir trabajando! ¡Es una estupidez! ¡Acaban de ascenderte a Jōnin y lo que quieres es irte a lavar las camisas de un desconocido!

Mikoto se puso de pie manteniendo las manos en puño, no dijo nada más y únicamente salió por la puerta cuidando de no cerrarla con demasiada fuerza.

Kushina se giró presionando su rostro contra el poco relleno que quedaba y gritó.

Simplemente no podía creer que acababa de escuchar eso en voz de la única mujer con la que tenía una buena relación, y por despecho, decidió que tenía que salir a encontrarse con un muñeco de entrenamiento al que pudiera golpear a gusto.

.

La cabeza de madera salió volando, golpeó contra el tronco de un árbol y rebotó a un par de metros para después rodar un poco más.

Minato la detuvo con el pie.

—Tengo miedo de preguntar — fue todo lo que dijo porque no se animó a continuar debido a su mirada furibunda.

—Mikoto se va a casar — respondió luego de un momento de silencio.

Minato se sonrojó levemente.

—Sí. Algo escuché… vaya, lo siento… no creí que consideraras dejarme por ella…

El ninja pudo evadir por poco la patada a su cabeza.

— ¡No seas idiota!

Lo que había empezado como una sola patada pronto se convirtió casi en una coreografía.

—No va a morir — dijo.

— ¡Claro que lo es! ¡Qué clase de vida es esperar la hora de la cena para servir a su marido!

—Empiezo a creer que estás en contra del matrimonio.

— ¡No! — dijo arremetiendo con un puñetazo —. Yo estoy en contra — continuó diciendo usando cada espacio entre palabras para un nuevo golpe — ¡De desperdiciar talento convirtiéndote en ama de casa!

Minato pudo desviar la última patada, de modo que pudo acercarse hasta ella tomando sus puños con sus manos y detener la pelea.

No insistió en el tema sobre Mikoto, solo la miró a los ojos y dijo lo que había ido a decir desde que se armara de valor hacía unos días.

—Cásate conmigo.

Los ojos de Kushina se abrieron tanto como le fue posible, el pelo le caía desordenado sobre el rostro pegándose a su piel sudorosa. El moretón de su pómulo aún se veía como una mancha oscura contrastando con su piel pálida, los labios resecos por la deshidratación a la que se había sometido durante su marcha forzada de la última misión.

A medida que los segundos pasaban no podía evitar el sentirse cada vez más ofendida por las suaves manos de Minato, siempre bien cuidadas, sosteniendo las suyas que sabía tenían las uñas mordidas y con padrastros.

—Eres un idiota — le dijo bajando las manos con tal brusquedad que él debió de soltarla.

—Lo estoy diciendo en serio, Kushina

Ella lo miró por encima de su hombro.

—Yo también.

.

De acuerdo con las reglas, se requería de un mínimo del 70% de los Jōnin activos para poder realizar las votaciones para Hokage. Se habían escuchado rumores sobre que Orochimaru era candidato, tenía el apoyo de los altos mandos, y bastante popularidad entre algunos grupos de médicos y miembros de inteligencia. Hasta entonces, solo se había podido confirmar la presencia de poco menos de 60% de ninjas para votar, pero en cuanto el nombre de Minato Namikaze se hizo público como candidato, súbitamente había subido el número de registros a 87%, y Kushina empezaba a sospechar hacia dónde se inclinaban las estadísticas.

Arrojó el kunai hacia la diana dando justo en el centro, tal como era necesario.

No sabía cómo sentirse exactamente después de saber que su nombre ni siquiera había figurado como una posibilidad, y se preguntó qué hubiera pasado si el maestro Hokage la hubiera considerado también como candidata para las votaciones.

Una mujer Hokage sonaba extraño, no solo para Konoha, sino para el mundo ninja en general, sobre todo cuando se consideraba que las mujeres eran un minoría, tanto como para que ni siquiera pudiese haber una en todos los equipos formados.

Y si graduarse ya era todo un logro, ni siquiera quería mencionar la poca frecuencia con la que se lograban las promociones.

Ella misma había conseguido avanzar a Chūnin en dos intentos, pero lo de Jōnin le tomó más de lo que le hubiera gustado.

Arrancó el cuchillo de la diana, lo metió en su bolsa y decidió que era tiempo de irse, que tenía que presentarse a las votaciones si es que no deseaba que el siguiente Hokage cambiara el símbolo de la hoja por el de la serpiente y fueran de nuevo a la incesante guerra.

Iba caminando sin prisa, aún era demasiado pronto como para que cerraran la oficina, y el bullicio de la calle no le irritaba tanto como para decidirse a ir por los tejados. Todos la conocían, era una persona difícil de confundir debido no solo al color de su pelo, que llevaba largo y orgullo, sino también por su vestido amarillo.

"¡Hey, Kushina-chan, prueba esto, es de la costa!"

" ¡Mira, ya ha llegado la mercancía nueva, de seguro quieres verla!"

" ¿Vendrás a cenar hoy? ¡Tenemos tu favorito a precio especial!"

— ¿Kushina-chan?

Giró la vista sin esperar a otra persona que a Mikoto.

Se sintió casi ofendida al verla con el horrible delantal que cubría todo su vestido, también horroroso, pero no se podía ser exigente con la ropa de maternidad. La recodó con un mejor conjunto, cuando aún era activa como militar, lo pronto que ella había ascendido, y se preguntó si ella hubiese llegado a tener un alto cargo en la aldea si no se hubiera casado.

Hacía mucho tiempo que no hablaba con ella, desde que le anunciara su matrimonio hacía unos años, el trato se había enfriado y poco se frecuentaban, además de que las responsabilidades de una y otra eran ya tan diferentes que nada las unía.

—Hola. Ha pasado tiempo, ttebane — le dijo.

Mikoto se sonrojó un poco, era perfectamente consiente de los sentimientos de la chica, pero no podía hacer nada al respecto, salvo esperar que el tiempo le hiciera comprender lo que ella había decidido.

— ¿Iras a las votaciones? — preguntó mientras cambiaba de mano la bolsa de su compra.

Kushina asintió.

—De verdad… de verdad siento mucho que Sandaime Hokage no te considerara como candidata.

La pelirroja desvió la mirada, ella también lo sentía.

—Lo siento — repitió Mikoto —. Es que ni siquiera te puedo decir que quizás la próxima vez seguro estarás como candidata porque… bueno… ya sabes.

—Si ya sé, realmente no espero que Minato muera en dos o tres años, ttebane.

—Yo también votaría por él — le dijo.

Kushina asintió nuevamente y sonrió con debilidad.

—Creo que es lo mejor que puedo hacer por la aldea, y probablemente lo más productivo que podré hacer en un rato — sintió el impulso se acercarse a ella, pues se encontraba a un absurda distancia para tener una charla con una antigua amiga.

Mikoto no dijo nada, sabía que Kushina no había terminado de hablar pero solo continuaron mirándose por un momento.

—Mikoto-chan…

La joven pelirroja desvió la mirada, pero enseguida buscó de nuevo el contacto visual. Se sintió sonrojada, sonrió mientras mantenía el dedo índice en sus labios.

—Estoy embarazada.

Oficialmente, era la primera persona a la que se lo decía, ni siquiera se lo había dicho al padre del bebé y expresar en voz alta aquél hecho que había descubierto hacía unas semanas, no sintió en absoluto que estaba abandonando nada. Por primera vez desde entonces, se sintió más libre, más entusiasmada, porque la idea de ser Hokage se había vuelto pequeña, después de todo ella ya tenía lo que más deseaba: un hogar.


Comentarios y aclaraciones:

Creo que ya sabían quién tocaba.

De verdad me alegro mucho de haber llegado hasta punto, e incluso en honor a este capítulo, quise celebrarlo con una actualización masiva, ya saben, que no se pierda esa bonita costumbre de saturar la bandeja de entrada del correo de quienes me tienen en alerta de autor.

Sin embargo, realmente no fui capaz de escribir tantos capítulos como fics pendientes que tengo, pero tampoco quería dejar pasar desapercibido este final.

¡Gracias por leer!