El Potterverso pertenece a J.K. Rowling. Moi solo pide prestados sus personajes un ratito para una retorcida historia que a ella no le causaría ninguna gracia. Je, je, je.
Esta historia participa en el II Festival del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black
Personajes: Draco Malfoy/Harry Potter
Género: Crimen
Advertencias: Slash/Lemon/EWE. Esta historia contiene una relación homosexual que no va a ser cursi ni buena. En serio. La probabilidad de que esto acabe de una manera increíblemente mal es muy, muy alta. Dicho está. Sobre avertencia no hay engaño.
Prompt: #39
Dulces y Pesadillas
Por:
PukitChan
Capítulo 4
Últimas decisiones
Harry mantuvo la cabeza baja mientras escuchaba hablar a los representantes de los distintas áreas del Departamento de Seguridad Mágica. Las voces pausadas y susurrantes, la tos reprimida de Goudge e inclusive los movimientos nerviosos de Will le hacían pensar que estaban celebrando una reunión secreta; una rebelión que no aún no había adquirido nombre y forma, pero que estaba comenzando a dar sus primeros pasos. Y quizá esa sí había sido la intención con la que fue organizada, pero con Harry allí (aunque ellos no lo supieran) era absurdo realizarla.
—Te-tenemos que detenerlo —exclamó alguien, uno de los rostros que para Harry comenzaban a ser más confusos—. Todos sabemos que fue Draco Malfoy quien cometió esos asesinatos. ¡Tenemos que hacer algo al respecto! Nadie se siente seguro ya... esto se está saliendo de control.
—¡No tenemos pruebas! —replicó otra persona—. A pesar de que tenemos a dos aurores vigilando sus pasos y a otro siguiendo su paso en el Ministerio, ¡no hemos conseguido nada! Al registrar la Mansión Malfoy, no se encontró nada…
—No tiene sentido indagar en los lugares que son suyos. Por evidentes razones, él lleva la ventaja. ¡Es como cazar lobos en sus territorios! Si ocultaba algo en su mansión, fácilmente pudo trasladarlo.
—Además, nunca ha tenido contacto con las víctimas… ¡estamos siguiendo cada uno de sus malditos pasos y han seguido ocurriendo asesinatos!
—¿Cómplices? —especularon—. ¡De otra manera, esto no tendría ningún sentido!
—Lo tiene —dijo una fuerte voz, y por primera vez durante todo ese tiempo, Harry levantó la vista. Neville, que era quien había hablado, poseía tanta seguridad en su mirada que no se imaginó a alguien contradiciendo sus palabras—. El veneno que se ha utilizado para asesinar solo puede obtenerse de una planta japonesa, así que alguien, muy probablemente un extranjero, debe ayudarle a conseguirla.
—Si eso que dices es verdad, debe haber registros de ello.
—No los hay —dijo Harry, logrando que todos los presentes lo miraran. Neville levantó una ceja, quizá impresionado por escucharlo hablar, pues él sabía que Harry no había sido el mismo auror durante los últimos meses—. Si entraron plantas ilegales o peligrosas al país, el Departamento de Cooperación Mágica Internacional debió haberlo registrarlo. Y allí radica el problema: hasta hace poco tiempo, Malfoy trabajaba allí: podría haberle sido fácil cambiar un nombre por otro, fingir un error o aprovecharse de un descuido. Esas plantas pudieron entrar bajo nuestras narices y no nos habríamos dado cuenta. Ni siquiera tiene sentido alguno buscar en los expedientes pasados: quizá ni siquiera existan.
Silencio. Harry había dicho las palabras que nadie quería pronunciar. Había hablado sobre darse por vencidos. Sobre aceptar que estaban con las manos cada vez más atadas, y que Malfoy cumplía su cometido, ascendiendo por el Ministerio mientras dejaba un reguero de cadáveres a su paso.
—Debe haber… una forma…
—¿Crees que la exista? —se mofó Harry, escuchando la nota estridente en su voz. En cierto modo, era bueno que fuese famoso por su mal humor al no poder lograr sus objetivos. Así, nadie podría sospechar algo—. ¡Miranos ahora mismo! Estamos realizando esta reunión, encerrados como ratas acorraladas. ¡Malfoy ha ascendido tanto que tenemos que escondernos en nuestro propio trabajo!
—Aun así… —dijo Neville, enfrentándose a su mirada—, estamos seguro que es él y debemos detenerlo. Tenemos que hacerlo.
La improvisada reunión terminó tan rápido como había comenzado. Era lógico. No podían levantar sospechas y si alargaban eso, Malfoy acabaría enterándose de todo. Tenían razón al no confiar en nada ni nadie. Pero ¿alguna vez alguno de ellos se había planteado no confiar en Harry Potter?
—¡Detén el ascensor! —gritó alguien y por instinto, Harry alzó el brazo, obligando a las puertas a esperar la llegada de Ron. Su amigo, que no había estado en la reunión, era uno de los aurores encargados de proteger a las personas que tenían un puesto superior al de Malfoy. Se había decidido poner en alerta a todos, suplicandoles que no comieran chocolate ni aceptaran regalos desconocidos. Eran medidas pobres, pero en esa situación, era lo único que les quedaba. Querían detener la muerte con sus manos.
—¿Cómo está? —preguntó de inmediato Harry una vez que Ron ingresó. Parecía cansado y sus azules y profundas ojeras lo delataban. Además, sin necesidad de decirlo, era evidente que también estaba asustado.
—Tranquila. Tal vez demasiado —gruñó Ron—. Dice que debemos preocuparnos por otras personas, que ella se cuidará y analizará con un hechizo cada cosa que consuma. ¡Maldición, Hermione, no se trata de eso! ¡¿Tanto le cuesta entender que ella puede ser una víctima al ser la Asistente Junior del Ministro de Magia?! ¡Prácticamente podría ser la siguiente en ser…!
Silencio. Ron cerró los ojos y Harry notó que tenía los puños cerrados. Intentó imaginarse la frustración que debía estar sintiendo y cuán mal debió pasarlo al escuchar a Hermione hablar sobre protegerse a sí misma. No le era ajeno: muchas veces, Harry había actuado de la misma manera que su amiga. Sin embargo, ahora estaba en el lugar de Ron: estaba intentando desesperadamente proteger a alguien. Alguien importante. Alguien a quien quería.
—Lo siento —murmuró.
Harry estaba protegiendo a Draco Malfoy.
Inclusive si eso ponía en riesgo la vida de su amiga.
Draco deslizó sus labios sobre el cuello de Harry. Había pasado los últimos veinte minutos dándole toda forma de atención posible, no solo a su cuerpo, sino también a sus sentimientos. Le había susurrado cientos de palabras llenas de amor que estremecieron su alma. Y mientras más lo quería, mientras más lo besaba, Draco más le pedía de sí mismo. Harry, poco a poco, comenzaba a comprender el patrón en esos movimientos: una caricia significaba información, un beso implicaba que le ayudara a desaparecer investigaciones, una relación sexual indicaba liberarlo de interrogatorio o eliminar pruebas que pusieran en duda su existencia… pero, ¿qué significaba eso? Si Draco lo miraba con amor, lo acurrucaba entre sus brazos y tiernamente le murmuraba un "te quiero" haciendo vibrar sus sentimientos… ¿qué querría Draco a cambio de un eso?
No tardó en descubrirlo.
Y odio haberlo hecho.
—¿Sabes, Harry? Creo que tú y tu amiga Granger deberían tomar un té juntos. ¿No me dijiste que es algo que suelen hacer juntos? Mira —murmuró cariñosamente, deslizando un frasco hasta el bolsillo de su abrigo—, hasta he hecho de miel para ustedes. ¿Ella adora la miel en su té, no? Esta le encantará. Tiene un sabor magnífico.
Harry se separó, temblando, mirando a Draco con los ojos desorbitados. No. Él no se atrevería, ¿verdad? Él jamás lo haría. Draco… Draco nunca dañaría a Hermione, ¿verdad?
—Draco…
—Ssssh… ¿acaso piensas despreciar mi amable regalo, Harry? Pensaba que me querías. Es mi forma de empezarle a agradar a tus amigos… ¿no puedo?
Sí puedes, Draco.
Sí puedes.
Hermione sonrió con ternura cuando Harry salió disparado de la chimenea. Ayudándole a levantarse, lo invitó a seguirla. A Harry, su amiga nunca le pareció tan guapa como en ese instante, con su bonito rostro cansado, con ese pijama larga, su cabello hecho un desastre y sus pies descalzos. Ella, probablemente notado el escrutinio, se sonrojó, pero el cariño en su mirada nunca desapareció.
—¿Sucede algo? —preguntó, guiandolo a la cocina. Era un hábito que había adoptado de los Weasley: las grandes noticias tenían que darse allí—. Por favor, no me digas que Ron te mandó. ¡Se supone que esta noche él protege a los Quadflieg! Suficiente tengo con los dos aurores que están afuera de la casa para que me digas que tú también estás vigilándome.
Mientras hablaba, moviéndose de un lado a otro por la cocina, Harry se acercó. La vio hervir agua para té cuando finalmente lo miró. Algo debía tener su rostro, porque ella cruzó sus brazos por encima de su pecho y frunció el ceño antes de decir:
—¿Harry?
Él no respondió. Simplemente tomó la tetera y la sirvió en dos tazas, las que casi siempre utilizaba Hermione cuando Harry estaba de visita. Ella pareció comprender que estaba sumergido en un dilema, porque optó por el silencio, esperando a que él decidiera confesarse.
—¿Te gusta la miel? —preguntó con suavidad, sacando un frasco de su abrigo. La miró, sonriendo cansado—. Es casera. O al menos, eso me dijeron.
—Claro —musitó extrañada. Harry abrió el frasco con calma, sacó una cucharada y disolvió la miel en el té hirviente de la taza. El dulce aroma que brotó fue tan cálido y reconfortante, que cuando las llevó a la mesa y Hermione se sentó al lado de él, Harry solo pudo cerrar los ojos y beber, con la misma expresión de alguien que se está desmoronando por dentro.
—Hermione… —comenzó a decir cuando ella levantó la taza. Aguardó a que su amiga bebiera con calma para poder continuar—. Tú siempre harías lo correcto, ¿verdad?
—¿A qué te refieres?
—Sin importar qué suceda, prométeme que harás lo correcto. Que no te detendrás.
—Harry, me estás asustando —dijo, bajando la taza de la que ya había bebido la mitad para colocar su mano en el brazo del otro—. ¿Es por el asesino? ¡¿Sabes quién es?! ¡Harry Potter, sabes que no debes hacer ninguna locura! ¡Dime qué pasa! ¡Harry!
Pero Harry no dijo nada. Bebió un último trago, besó la mejilla de Hermione y desapareció antes de que ella pudiera sujetarlo.
Draco supo que Harry había llegado mucho antes de que el elfo anunciara su presencia y lo trajera hasta su lado. Era fácil notarlo: las protecciones que rodeaban a la mansión se movían, sentían la presencia de la magia. Sin embargo, en lugar de aparecer en la cama en su habitación, como se suponía que lo haría, Harry no llegó. Tuvo que bajar por las escaleras y maldecir por lo bajo cuando vio a Potter arrodillado en el pasillo principal. Lloraba. Estaba gritando. El frasco de miel que le había dado estaba en suelo, pero no estaba roto ni mucho menos sellado: lo había utilizado. Una sonrisa afloró en sus labios y con elegancia bajó los últimos escalones. Harry, que parecía a punto de perder la cordura, levantó el rostro. Sus gafas se habían perdido, su llanto había enrojecido sus ojos y el verde de sus pupilas parecía más brillante que nunca. La desesperación le quedaba bien. La locura lo hacía atractivo. Y Draco, excitado como nunca en su vida, supo que si le ordenaba arrastrarse y besar sus pies, Harry lo haría. Después de todo, ¿no había envenenado ya a su amiga?
—Lo siento —murmuró temblando, mirando la figura borrosa de Draco con los ojos desorbitados—. ¡Lo siento! ¡No quería…! ¡Tenía que…!
—Está bien, Harry —dijo Draco cariñosamente, agachándose para abrazarlo y besar su frente, su cicatriz—. Hiciste lo correcto. Ella solo quería interponerse entre nosotros. Está bien, Harry, eres maravilloso… —Levantó el rostro lloroso de Potter y sonrió satisfecho. Desquiciado.—. Gracias por matarla, Harry, eres perfecto… te amo. Te amo, Harry.
¿Qué harías por un "te amo" de sus labios? ¿Qué serías capaz de hacer por quedarte por siempre al lado de la persona que más amas? ¿...qué harías para que nadie la lastimara?
—Lo siento, Draco. ¡Te amo tanto! ¡Lo siento!
Entonces lo abrazó con tanta fuerza que Draco comenzó a respirar con dificultad. La visión se nubló, y de pronto comprendió, mientras Harry sollozaba histéricamente sus disculpas, lo que estaba pasando: Harry no lo tenía abrazado con fuerza, pues apenas conseguía estrecharlo. Se separó para verlo a los ojos y de pronto recordó el té que Harry le había ofrecido. Sabía dulce. Muy dulce. ¿Sabía a miel...?
—¡¿Qué hiciste, Potter?! —gritó, cubriéndose la boca, sintiendo que su garganta se cerraba. No podía respirar, no podía. Estaba ahogándose, estaba palideciendo.
Estaba muriendo envenenado.
—Te amo, Draco —musitó Harry, lloroso—. Te amo tanto, que te prometí protegerte. Prometí que nadie te mandaría a Azakaban. ¿No lo entiendes, Draco? Ahora eres para siempre mío. Ahora nada ni nadie podrá dañarte. Te amo.
Pero Draco ya no lo escuchaba.
Draco en unos cuantos segundos había dejado de escucharlo.
Draco Malfoy estaba muerto, y aferrando a su cadáver, besándolo, abrazándolo y amándolo, estaba Harry Potter.
Susurros. Rumores. Miedo. Terror. Desolación.
¿Harías lo correcto, Hermione? Dime, sin importar qué pasara, ¿seguirías el camino correcto?
—La planta que contenía la sustancia tóxica con la que fueron asesinadas tantas personas fue encontrada en la casa de Harry Potter, luego de que Hermione Granger intentara encontrarlo. También los chocolates. Después de dos días buscándolo, fue encontrando en la mansión con el cadáver de Draco Malfoy pudriéndose entre sus brazos.
—Harry Potter, se le condena a cadena perpetua por el homicidio de siete funcionarios del Ministerio de Magia…
Harry, ¿hasta dónde llegarías por ese ser que amas? ¿Qué harías para protegerlo? ¿...cargarías con su pecado?
—¿Quién es? —preguntó un joven brujo, asomándose por la rendida de la celda. El viejo hombre, chasqueó la lengua al ver cuál era el prisionero y negó con la cabeza.
—Alejate. Podrías enloquecer al verlo. Es Harry Potter.
—¡¿Él es Harry Potter?!
—Sí, pero no intentes nada. Es violento y además, solo sabe decir dos palabras.
Draco Malfoy.
Te amo, Draco.
Siempre, siempre serás mío.
FIN
Autora al habla:
Desde el inicio, siempre supe que Harry acabaría asesinado a Draco. Creanme, pudo ser mucho peor. Y dije que esto no era bueno. Sobre todo, quiero que entiendan algo: esto NO ERA un amor sano. Para nada. Draco manipualaba a Harry y lo usaba de la manera más cruel. No es algo bueno y no piensen que fue lindo, porque sabemos que es horrible lo que pasó aquí. ¡UF!
Este fic es fuerte, y traté de moderarlo lo más posible. ¡Gracias por traumatizarse conmigo! :D Son increíbles. Y muchas gracias a La Noble y Ancestral Casa de los Black por haber organizado el festival.
¡Muchas gracias por leer y más gracias si les nace un review para esta historia!
Espero podamos encontrarnos en una más dulce situación;
hasta entonces...
¡TRAVESURA REALIZADA!
