Este capitulo está dedicado a C paz, por inspirarlo.
Fiesta de Halloween, Hogwarts
Sostenía la copa de whisky mientras veía como su querido tío segundo, véase Sirius Black, apretaba su propio vaso fuertemente. Bebió un sorbo para evitar que los asistentes notaran su sonrisa. Era taaannn divertido. Tenía la mandíbula tan apretada que debía estar a punto de rompérsela. Incluso podía oír todos los insultos y maldiciones que pasaban por su mente. Ay, padrino! lo tienes comiendo de tu mano, no pudo evitar pensar.
Suspiró.
Siguió la mirada del moreno y vio a su querido padrino hablando con su asistente. Podía apostar toda su fortuna a que estaban hablando de pociones y no perdería ni un knut. También podía adivinar que Severus no tenía ni idea de las intenciones del pobre chico, por mucho que éste le mirara con carita de adoración. Por mucho que le pese, Severus sólo tenía ojos (o maldiciones) para Sirius.
Suspiró, de nuevo.
Volvió a observar al animago y descubrió a un hombre muy familiar junto a él. El mago vivo más poderoso, también conocido como Harry Potter (su marido), conversaba (o lo intentaba) con su padrino. A Draco no le molestaba en absoluto. Su tío era de las pocas personas a las que soportaba. Tienen bastantes cosas en común pero, la más importante de todas es, que ambos odian a Lucius Malfoy.
De repente, Potter siguió la mirada de Sirius y esbozó una sonrisa. Oh! mi buen Merlín, esa sonrisa. Vio a cámara lenta, como su marido se inclinó sobre el otro mago y le susurró algo al oído. En ese momento, Black giró rápido su cabeza hacia Potter dándole toda su atención.
Por Morgana! Los observó hablar rápidamente, ambos gesticulando más de lo normal. Estaban planeando algo, eso era seguro. Miró de nuevo a Severus pero él estaba de espaldas escuchando atentamente a Mc Gonagall. Su siguiente impulso fue levantarse e ir a parar lo que pudieran estar acordando pero, en el momento de dar el primer paso, Harry levantó la cabeza mirando en su dirección. Cuando sus miradas se cruzaron, alzó una ceja al más puro estilo Snape y lo dejó clavado en su lugar.
El mago de ojos verdes, negó ligeramente y Draco decidió no meterse en asuntos ajenos. Al fin y al cabo, no quería dormir en el sofá (es un decir, el jamás haría algo tan plebeyo), le encantaba dormir enroscado en su Griffindor, muchas gracias.
Así que, resignado, levantó la copa hacia su padrino. Que Merlín, Circe, y cuanto bruja o mago poderoso conozcas; se apiade de ti Severus Snape. Lo vas a necesitar.
Ocho días más tarde, Hogwarts
Sirius estaba nervioso. Iba a llevar a cabo su plan. Bendito fuera su ahijado y su mente medio Slytherin. Es decir, si hubiera hecho lo que él tenía en mente (una gran gran gran broma) Severus habría sabido que él era responsable. Pero… con la ayuda de Harry…
Ahogó una risa bajo el agua de la ducha. Sólo tenía que esperar el momento oportuno, y hoy las circunstancias eran las oportunas. Mmmmm iba a disfrutarlo y nadie iba a culparlo, pensó el mago regodeándose en sus pensamientos.
Salió de la ducha y tras secarse, se dirigió a la habitación de Severus a buscar algo de su ropa. Realizó un Tempus y esperó con la toalla aún en sus manos.
En el salón contiguo a su habitación, el maestro de pociones, preparaba un par de libros que su asistente le había pedido. Al terminar las clases el chico, Robert White, le comentó que necesitaba un par de volúmenes con urgencia y él se ofreció a acercárselos durante la cena, pero el joven lo rechazó y le aseguró que no le importaba acercarse a sus habitaciones. No sería la primera vez, cosa que molestaba a su pareja, chucho celoso. Snape accedió ya que su pupilo parecía casi desesperado. Le pareció algo extraño pero lo achacó a su paranoia de ex espía y lo dejó pasar.
Así que a la hora acordada, unos golpes en la puerta le informaron de que el muchacho había llegado. Con los libros en la mano abrió la puerta para encontrar a Robert mirando al suelo y algo nervioso, cambiando el peso de un pie a otro.
- Buenas tardes profesor - saludó levantando la cara.
- Buenas tardes - alargó los libros - Tome señor White, los volúmenes que me pidió -
- Oh! Muchas gracias! - dijo efusivamente - ¿Le importa darme un vaso de agua? He tenido que correr un poco para llegar a tiempo, se como le molesta la impuntualidad - murmuró rápidamente el chico, buscando una excusa para entrar.
- Por supuesto, pase - contestó Severus y se adentró en sus aposentos guiando al joven.
Ahora, pensó Sirius y cruzó los dedos mentalmente. Susurró un pequeño hechizo apuntando a la toalla y esta desapareció para aparecer justo en el suelo, en medio del salón. La reacción de Severus fue automática. Cuando vio aquella cosa mojada en el suelo gritó:
- Black! Maldita sea! - la furia le impidió ver la cara asustada de Robert - Cuántas veces debo decirte que no dejes tiradas las toallas cuando acabes de ducharte?! - reprochó el pocionista sabiendo que su pareja podía oírle perfectamente. – Como vuelva a encontrar…
La puerta del dormitorio se abrió y un falsamente arrepentido Sirius Black apareció por ella. El hombre llevaba unos pantalones y se estaba acabando de abrochar la camisa. Iba descalzo.
- Pero Sev, aún no he terminado de vestirme, no me ha dado tiempo a… - contestó el animago - Oh! Tenemos visita? - preguntó haciéndose el sorprendido.
- No, el señor White ha venido a por unos libros y ya se iba - contestó después de hacer desaparecer la dichosa toalla con un hechizo – y tú… - amenazó señalándole y acercándose peligrosamente – será mejor que te comportes o dormirás solo lo que queda de curso – terminó furioso Snape.
El muchacho en cuestión se había quedado helado viendo la conversación de ambos hombres. Perecía que no era la primera vez que ocurría. Parecían… una pareja!. Robert tenía la boca graciosamente abierta, a opinión de Sirius.
Refunfuñando contra perros estúpidos y caprichosos, Severus se adentró en su habitación sin despedirse de su pupilo, pero Black no dejó pasar la oportunidad.
- Bien chico, creo que deberías irte - comentó mientras se dirigía hacia la salida - Voy a tener que esforzarme mucho y trabajar muy duro para que se le pase el mal humor… - bromeó el adulto.
White lo miró horrorizado captando el doble sentido de la frase, mientras el otro mago le sonreía con chulería y mantenía la puerta abierta para que se fuera. El joven mago salió de allí aún en estado de shock.
- Oh! No me mires así, seguro que ya habías oído los rumores, no? – dijo Black mientras Robert se giraba a encararlo.
- Pe-pe-pero… - tartamudeó saliendo de su interrupción mental.
Y sin dejar que acabara aquel intento de frase, le cerró la puerta en las narices. Ahora debía calmar a su Sev, pero en eso tenía sobrada experiencia.
