Cap. 9

Ya habían pasado las vacaciones de verano, durante ese tiempo Kagome y Hiei se habían tenido que volver a marcarse ya que al desaparecer del sengoku la marca de apareamiento desapareció, Kuwabara, Shizuru, Genkai, Souta y Kagome entrenaban sus poderes espirituales además Kagome le enseñó a Keiko como hacer barreras para estar a salvo durante las luchas en las que se viera afectada, también le enseñó a curar pero le dijo que solamente debía utilizarlo en situaciones extremas ya que consumía demasiada energía y se agotaría rápidamente. Kagome viviría en el templo de Genkai, para que así tanto Yukina como Genkai la ayudaran mientras Hiei estaba de misiones o ayudando a Mukuro.

Habían pasado ya dos semanas desde el fin de las vacaciones de verano, durante estas dos últimas semanas Hiei estuvo ayudando a Mukuro, aun que el no quisiera separarse de su familia no tenia opción ya que le debía mucho a Mukuro, gracias a ella pudo aumentar lo suficiente su poder como para proteger a sus seres queridos. Estas dos últimas semanas fueron horribles, cada vez había más demonios que querían pasar al ningenkai, probablemente para buscar a su mujer y a su hija por eso se había esforzado más que nunca en su labor de vigilar los portales que unían los dos mundos. Después de deshacerse de un gran grupo de demonios decidió ir con su familia, al llegar vio a Yukina y Genkai tomando el té mientras vigilaban a su hija que jugaba en el patio del templo, al ver que su mujer no se encontraba con ellas ni tampoco la sentía en los terrenos del templo decidió preguntar donde estaba:

- ¿Yukina, donde está Kagome? – preguntó mientras cogía a Aiko en brazos

- Hiei, ya has llegado – dijo su hermana un poco sorprendida por la inesperada aparición de Hiei – Kagome ha quedado con unas amigas, si no recuerdo mal habían quedado en el parque de los cerezos.

- Hn - dijo desapareciendo con su hija.

-.-.- (Con Kagome)

- Oye Kagome, ¿Cómo que no has traído a tu hija? – preguntó Yuka

- Cuando me he ido Aiko estaba profundamente dormida, me daba lastima despertarla. – respondió con una sonrisa sabiendo cuanto adoraban sus amigas a su hija

- Es verdad, cuando duerme se ve lindísima, pero eso debe de ser porque nunca la vimos despierta y por eso no sabemos cómo se ve mejor. – Comentó Ayumi

- Para mi se ve hermosa de todas formas, pero eso puede ser porque es mi hija jeje. – comentó más feliz que nunca haciendo que sus amigas sonrieran al verla así.

- Kagome, quiero hablar de una cosa muy seria – comenzó a decir Eri, al ver que tenía toda la atención de la joven sacerdotisa se dispuso a decirle la cosa por la cual habían quedado con ella – Verás, nos preocupamos mucho por Aiko y por ti, vemos que cada vez estás de mejor humor y queríamos decirte que pensamos que no debes estar sola, criar a un bebé siendo tan joven no debe de resultarte nada fácil.

- Es que…yo no estoy sola…. – no pudo terminar ya que Yuka la interrumpió

- Si, ya sabemos que tu familia te apoya, pero hablamos de que Aiko necesita una figura paterna, deberías de aceptar los sentimientos de Hojo, no muchos chicos estarían dispuestos a salir con alguien que haya tenido un hijo con otro chico y que encima lo quiera educar como suyo, no debes dejar escapar esta oportunidad – una vez más Kagome intentó explicar que ella ya tenia a alguien, el padre de su hija, pero Hojo apareció de la nada dificultando todo un poco más.

- Higurashi, ¿Cómo estás? – preguntó el joven con un leve sonrojo al ver a la chica de la cual llevaba enamorado tanto tiempo.

- Hola Hojo, bien ¿y tú? – respondió esta algo nerviosa sabiendo que el chico nunca entendía sus indirectas.

- Bien – viendo como las amigas de Kagome se alejaban dándole la intimidad que el buscaba decidió declararse. – Se que es un poco precipitado pero ¿Quieres casarte conmigo? – eso dejó a la joven sin habla, Hojo interpretó su silencio como si dudara y para que decidiera pasó su brazo por la cintura, la atrajo hacia él y se dispuso a darle un beso cuando de la nada un chico apareció y se la arrebató de los brazos mientras agarraba fuertemente el brazo de Hojo.

-.-.- (Hiei POV)

Al llegar al parque vi como un imbécil le preguntó a mi mujer si se quería casar con él, en ese instante noté como mi bestia interior me exigía matar a ese infeliz, pero todo empeoró al ver como le pasaba el brazo por la cintura y se disponía a besarla mientras atraía su cuerpo hacia él, en ese momento no pude más y salí directo hacia ese desgraciado que se atrevía a tocar algo que me pertenecía, se la arrebaté de los brazos, dejé a Aiko en los brazos de mi pareja ya que supuse que estaría más segura que en los míos en caso de que el humano se revelara, agarré fuertemente el brazo de ese estúpido humano y vi como su cara de sorpresa se contraía en una mueca de dolor.

- No vuelvas a tocar a mi mujer – dije con una voz que era capaz de hacer que el mismísimo Sesshomaru temiese.

- ¿T-t-tu mujer? – dijo ese estúpido humano viendo sorprendido como mi pequeña Aiko parecía también con ganas de matarlo

- Si, y la madre de mi hija, así que si no quieres morir será mejor que te vayas de inmediato – sin necesitar que le dijera nada más se fue corriendo del parque, después me fijé que tres chicas se acercaban poco a poco, cuando Kagome me dijo que esas eran sus amigas relajé ligeramente mi postura.

- Kagome, ¿Quién es tu amigo? – dijo la chica con el pelo hasta los hombros de color negro y una diadema, mientras la otra hunana con el pelo aún más corto y castaño me miraba temerosa y la otra jugaba con Aiko y nos miraba de reojo a mi pareja y a mí.

- Es el padre de Aiko ¿Verdad? – preguntó esta última con una sonrisa en sus labios.

- Si. – respondió mi pareja.

- ¿Por qué no nos has dicho nada? – preguntó la humana de pelo castaño.

- Llevo toda la mañana intentando deciros que vivo en el templo de esta zona con él, su hermana y la dueña del templo.

-.-.- (Normal POV)

Mientras les explicaba que después de que el acabara las cosas que hicieron que se separaran vino a por ella y supo sobre Aiko retomaron su relación y se fue con él, Hiei leía las mentes de esas chicas, tanto la que se llamaba Yuka como la que se llamaba Eri no le agradaban del todo porque todavía pensaban que estaría mejor con el inútil del humano que huyó anteriormente, pero aun así vio que realmente les importaba Kagome, la que más le agradó fue esa tal Ayumi, ya que ella solo les deseaba lo mejor y no le importaba la apariencia que el tuviese mientras ella viera esa sonrisa en su mujer, y encima sabia por sus recuerdos que ella jamás quiso que Kagome tuviese algo con Hojo si ella no quería tenerlo.

Después de eso Kagome le presentó formalmente y se despidieron, agradeció cuando se fueron del parque ya que así podían estar solos los tres.

- Hiei, ¿Estás enfadado? – Al ver que no le contestaba siguió – No te enfades, no sabia que querían quedar para eso.

- No estoy enfadado contigo, solamente tengo ganas de matar a ese humano que quería tocarte. – finalizó el apuesto demonio.