¿?: Tenía la esperanza de que no fueras tú – dijo sentándose de nuevo en su trono – Pero parece que no tengo suerte ¿Verdad Kagome? – dijo con una suave sonrisa algo melancólica mientras miraba la fotografía y acariciaba la pequeña imagen.

.-.-. (Meikai, con Kagome)

Dentro de una fría y húmeda celda se encontraba uno de los seres más poderosos del mundo. Estaba en un rincón, atada con unas esposas y cadenas, durmiendo en una posición que parecía ser muy incómoda y dolorosa para todos sus músculos.

Como siempre a esa hora uno de los guardias que le habían asignado mientras Karasu no estaba con ella estaba haciendo la ronda por los calabozos asegurándose de que todo estuviese en orden en esa zona.

Poco a poco se iba acercando hacia la puerta de la "habitación" de la joven y abriendo la puerta de un portazo la despertó.

(Kagome POV)

Después de escuchar ese portado asustada me desperté de un salto haciendo que me arrepintiese al momento por el dolor que sentí en todos mis músculos. Al enfocar mi vista vi a un apuesto demonio frente a mí tendiéndome una bandeja con diferentes alimentos.

-Será mejor que comas – dijo con una voz muy suave y dulce junto con una pequeña sonrisa.

Esa voz me era conocida, la había escuchado antes pero no podía recordar dónde ni cuándo. Por si acaso me fijé más en el aspecto, tenía una apariencia joven, con ojos de un brillante color plateado con unas motas de un gris un poco más oscuro, el pelo parecía ser tan largo como el de Sesshomaru pero atado en una cola alta con dos mechones enmarcándole el rostro y un flequillo desordenado, lo más impresionante para mí fue su color, era de un color azul muy claro y las puntas plateadas igual que sus ojos, y parecía ser muy fino y suave.

Al notar como me miraba ya que me lo había quedado viendo durante bastante tiempo y encima muy fijamente me quedé desconcertada, tenía una suave mirada que junto a su suave risa parecía quererme dar comodidad con su presencia.

- ¿Te conozco? – dije con una suave voz ya que me encontraba bastante débil y enferma por culpa del ambiente tan cargado de maldad de Meikai.

-Nunca hemos hablado, pero yo soy el encargado de hacer las guardias de los calabozos y también de cuidarte, pero eso solo es cuando Karasu no está aquí. – dijo junto con otra sonrisa que sin saber por qué hacía que confiase en él y me animara.

- Ah – dije sin saber que más decir.

-Me llamo Yakumo y soy un elemental de agua. – dijo tendiéndome una mano para ayudarme a sentarme para comer en una postura un poco más cómoda.

- Encantada, mi nombre es Kagome, aún que eso probablemente ya lo sepas. – dije la última parte casi susurrando al darme cuenta de lo estúpida que parecía. Pero a juzgar pos su cada vez más amplia sonrisa sabía que me había escuchado perfectamente.

- Encantado – dijo con su suave voz – Me alegra de que te sientas a gusto conmigo – pude deducir que lo decía ya que hablaba más que con Karasu, con quien únicamente hablaba lo justo para sobrevivir – pero será mejor que comas, necesitarás fuerzas si no quieres morir.

- Si – dije algo más animada al saber que uno de los que me vigilaban era tan amable.

Después de comer en silencio Yakumo se fue, no sin antes decir que si Karasu no volvía nos veríamos en la noche, cuando traería mi cena. Cuando estuve de nuevo sola en esa celda, me di cuenta de que al final ayer no vino Karasu en todo el día, y que por eso me lo había pasado casi todo el rato durmiendo y que ni toqué la comida, es por eso que Yakumo hoy había decidido despertarme. Seguro que estaba muy preocupado, ya que podía decir que él no había fingido en ningún momento durante nuestra conversación.

Esa misma noche volví a ver a Yakumo, esta vez empecemos a hablar de todos los demonios poderosos con los que nos habíamos encontrado en nuestras respectivas aventuras. Me explicó que antes de venir al Meikai para estar con Karasu y Toguro servía a un señor del Makai, para ser más exactos el señor del bosque prohibido del Makai. Me explicó que ese bosque es considerado la parte más peligrosa del Makai y que por eso ningún otro señor había querido hacerse cargo del bosque, donde todos los criminales huían y nunca volvían o por lo menos con vida. Me dijo como no era tan malo como lo pintaban, como su bondadoso señor acogía a todos los criminales y les daba una oportunidad para redimir sus pecados, y como su señor se veía obligado a asesinar a aquellos que no querían cambiar sus vidas y volvían a cometer crímenes para así mantener a su gente a salvo.

(Normal POV)

Después de cenar, se quedó inmediatamente dormida. No se dio cuenta de cuando Yakumo volvió para taparla con una manta y ponerla en una posición algo más cómoda para pasar la noche.

Al día siguiente cuando se despertó vio a Yakumo quien estaba entrando con una bandeja en las manos.

- Buenos días – dijo el demonio con su suave voz.

- Buenos días – le contestó con la voz ronca y con cara de dormida.

- ¿Cómo te encuentras? – preguntó al ver a la joven algo más pálida de lo que la recordaba ayer.

- Me cuesta respirar – dijo no tan animadamente como el día anterior.

- Ya veo… - Murmuró – Ten, te he traído un té hecho con hierbas medicinales – dijo mientras le tendía el vaso – Con esto mejorarás algo – dijo sonriéndole.

- Gracias – dijo aceptándolo y bebiendo poco a poco esa infusión.

- Eres demasiado confiada, ese té podría estar envenenado.- le comentó sinceramente

- Lo sé, siempre me lo dicen. – Dijo haciendo una pausa para beber - pero sé que no eres una mala persona y que si mataras a alguien lo harías de frente no con sucios trucos, además reconozco el olor de esta planta, esta es la que la anciana Kaede me daba cuando me intoxicaba. Es como un antídoto general, es bueno cuando no tienes el específico para el veneno, lo frena pero no te cura del todo. Solo hace que la salud del que lo tome mejore un poco.

- Veo que sabes mucho sobre remedios.

- Sí, al fin y al cabo soy una sacerdotisa – dijo junto con un suspiro de resignación.

- Debe de haber sido duro – dijo el demonio con una triste sonrisa – Un día eres una joven normal y corriente y al día siguiente la vida de todo el mundo depende de ti. – se explicó al ver su expresión de desconcierto.

- La verdad es que al principio pensé eso, pensaba en la mala suerte que tuve, el destino tan duro que me esperaba. – dijo riendo suavemente de forma algo divertida. – pero a medida que pasaba el tiempo, durante la búsqueda de los fragmentos me di cuenta de que en verdad era la chica más afortunada del mundo. No solo me enteré de la existencia de los demonios y como ayudar a personas a protegerse y ayudar a sanarlos como la sacerdotisa que soy, sino que conocí a mucha gente que me demostraba lo dura que eran sus vidas, pero que aun así luchaban y eran felices junto a sus amigos y familias. Hice muchos amigos a los cuales a la mayoría llegué a querer como mi segunda familia. Y lo más importante conocí al amor de mi vida gracias a esa aventura.

- Me alegro que lo veas de esa forma. Espero que cuando salgas de aquí lo veas también como una experiencia positiva.

- Estoy segura de que lo veré así, ya que te he conocido. Soy muy afortunada de tenerte, sino en estos momentos estaría mucho más debilitada de lo que estoy.

Después de que comiera y se bebiera el antídoto volvió a dormirse y solo se despertó para el resto de comidas, esa tarde Yakumo volvió a darle otra taza del antídoto para que actuara más rápido. Por la noche, volvió a traerle la comida, vio que Kagome estaba dormida y dejó la bandeja en el suelo, al lado de la chica y se fue acercando poco a poco.

- Kagome, Kagome… - dijo mientras la movía suavemente intentándola despertar. – Despierta, tienes que cenar. – dijo viendo como abría lentamente los ojos y la ayudaba a sentarse.

- Gracias – dijo casi en un susurro.

- De nada – dijo el demonio. Estuvieron casi cinco minutos en silencio hasta que éste se decidió a romper el silencio. – Kagome

- ¿Si? – le preguntó esta

- Una vez escuché como mi señor le explicaba una historia a uno de los niños del pueblo, según él era una historia humana que aprendió hace mucho tiempo. Era la historia de un niño que nació de un melocotón y que posteriormente fue creciendo fuerte y valiente, la historia explicaba cómo fue a la isla de los Oni para recuperar Todas las riquezas que tenían escondidas y fue acompañado de un perro, un faisán y un mono. Y que al final consigue ganar y es considerado un héroe. – explicó mientras ella comía

- Ah, te refieres a la historia de Momotaro. – dijo dando el último bocado.

- Sí, creo que ese era el nombre.

- Si, puede ser, esa es una historia muy popular entre los niños, mi padre me la solía explicar, era mi historia preferida. Mientras mi padre me la explicaba solía soñar en que yo era la protagonista, que yo vivía todas esas aventuras. – dijo con una sonrisa al recordar a su ya desaparecido padre.

- Al final tuviste tu propia aventura. – dijo sonriendo.

- Si, y no con uno sino con dos perros. – dijo riendo y por eso acabó tosiendo. – Si quieres te puedo explicar una historia, no es tan buena como la de Momotaro pero también me gusta. – dijo una vez se le pasó la tos.

- Me encantaría. – dijo emocionado.

- Es la historia de Urashima el pescador,…

Una vez finalizada la historia Yakumo se lo agradeció y despidió diciendo que esperaba que confiara en él ya que al día siguiente necesitaría toda su confianza. Una vez cerrada la puerta Kagome empezó a dormir teniendo un sueño que hacía años que no tenía, exactamente desde la muerte de su padre, ella estaba en la piel de Momotaro, pero esta vez había un pequeño cambio, el perro era plateado y tenía el nombre de Inuyasha.

(Makai, Castillo del Bosque prohibido)

- Señor, no he podido contactar con Yakumo, parece que está al cargo de la sacerdotisa. – dijo Tsuyoshi

- Bien, todo marcha según lo previsto. Será mejor que mañana reforcéis la seguridad, cuando sientan a la sacerdotisa en nuestras tierras sus aliados vendrán a por ella sin importarles que sea el bosque prohibido.

- ¡Si señor! – le respondió

-¿?: Y tendrás que darles la orden de no dejar entrar a nadie que no sea de los nuestros, ni al señor del Makai.

- Entendido – contesto sabiendo que esto era muy serio viendo la expresión de su señor tan seria.

- Ya te puedes retirar, mañana será un día muy duro.