- ¿De verdad no lo recuerdas? ¿Ya te has olvidado de mí y de nuestras promesas? – preguntó mirando hacia el cielo junto con una risa de resignación.
- ¿Es que acaso nos conocemos? – preguntó haciendo que voltease a verle a la cara.
- ¿El nombre de Shouma te dice algo? – preguntó mirándole fijamente a los ojos.
- ¿S- Shouma como mi padre? – Dijo palideciendo – N-no, ¡Eso no puede ser, mi padre murió hace mucho! – dijo mientras se le saltaban las lágrimas.
- Daichi-sama, hemos recibido un mensaje de Yakumo, necesitan ayuda. – dijo una de las sirvientas
- ¿Daichi? – Preguntó secándose las lágrimas - Pero si me acabas de decir…
- Es una larga historia que cuando vuelva estaré encantado de explicarte, hasta entonces descansa. – Dijo con una suave sonrisa – Kanade, te la dejo en tus manos.
- Entendido.
-.-.-.- (Con Yakumo y Shiori)
(Yakumo POV)
- Escapa Shiori. – dije lo suficientemente alto para que tan solo ella me escuchara.
- ¿Pero y tú? – me preguntó algo sorprendida - No me lo perdonaría jamás si algo te llegara a suceder.
-No te preocupes por mí, soy más fuerte de lo que parezco, y yo tampoco podría perdonarme que algo te llegara a pasar, eres mi mejor amiga y la compañera en la que más confío. – Le dije intentando tranquilizarla mientras mandaba un mensaje para que nuestro Señor nos ayudara.
Analicé a todos nuestros enemigos, nos habían perseguido todos los que se encontraban en el despacho de ese crío. Había una posibilidad de que Shiori huyese, tan solo debía de retener al prohibido, ya que el resto no eran tan veloces ni tenían al dragón de llamas negras, que era lo único que tendría posibilidades de romper la barrera de Shiori. Además parecía que algunos aún creían en la inocencia de mi compañera, cosa que podríamos usar a nuestro favor ya que nunca la dañarían. Así que realmente yo era el único que corría peligro, por lo menos hasta que el señor Daichi llegara en mi ayuda.
(Shippo POV)
Sé que Shiori jamás sería capaz de dañar ni matar a ningún ser humano, y mucho menos a quien en el pasado le ayudó tanto, por lo tanto lo que Koenma ha dicho no tiene sentido, pero por otro lado no entiendo por qué ella está del lado de estos sujetos que no nos dejan rescatar a mi madre.
- ¡Hiei cuidado! – exclamé al adivinar el plan de Yakumo.
- Ya no sirve de nada – dijo empezando a atacar con un dragón de agua dando una oportunidad a Shiori para escapar.
Vi como Kurama se disponía a hacer que las plantas de su alrededor detuviesen a Shiori, pero justo antes de que pudiese hacer nada una flecha hecha a partir de youki aterrizó justo delante de sus pies haciendo que saltara hacia atrás para evitar ser dañado con la explosión de energía liberada al tocar el suelo.
- Daichi-sama… - escuché como susurraba sorprendida.
- Shiori, Yakumo, id inmediatamente hacia el castillo, enseguida estaré de vuelta.
(Normal POV)
Inmediatamente después de que Daichi dijese esas palabras Yakumo cogió en brazos a Shiori y desapareció de la vista de todos.
- No servirá de nada. – Dijo al ver que trataban de dividirse para entrar una parte de ellos en el bosque – El bosque está protegido con una barrera que se mantiene gracias a varios cristales hechos a partir del youki de los demonios más poderosos de todos los tiempos, por lo que todos los que vayan hacia allá con intenciones de luchar saldrán malheridos.
Cuanto más rato pasaba más nervioso se ponía Hiei, el solo pensaba en estar junto a su mujer e hija en un lugar donde ellas pudiesen estar siempre seguras. Ante los pensamientos de su sacerdotisa en peligro su energía se hizo visible y su dragón de llamas negras a descontrolarse.
- Donde está – Dijo con un tono de voz bajo y amenazante apretando fuertemente los puños.
- Está a salvo, y eso es todo lo que debéis saber, así que marchaos, a Kagome no le haría gracia que os pasara nada.
- ¿Cómo quieres que acepte eso? – pregunto Kurama de una forma algo oscura dando un paso al frente.
- Tranquilos – les dijo al paralizarlos para que no se acercaran más - Sé que la queréis ver, por eso podréis ir a mi palacio siempre y cuando no seáis ninguna amenaza para los míos.
- ¿Qué te hace pensar que aceptaremos lo que propones? – preguntó Shippo
- No lo pienso, sé que lo aceptareis al saber que su vida corre peligro si no tiene mi protección, hasta que no encuentren lo que quieren.
- ¿Y qué tiene que ver ella con esa joya? – Pregunta de nuevo el avatar mientras ve como ese sujeto se le acerca cada vez más quedando a escasos centímetros de él y mirándolo directamente a los ojos.
- Tiene mucho que ver. – Dijo dándose la vuelta después de sonreírle y adentrándose en la barrera – espero que penséis bien que responder a mi propuesta, si aceptáis venid dentro de una semana. – dice acabando de desaparecer entre la espesura del bosque.
(Al día siguiente, palacio de Daichi (Kagome POV))
Al final ayer no pude hablar con Daichi, el señor de estas tierras ya que cuando volvió tuvo una importante reunión con varios de los guardias y de sus ayudantes hasta bien entrada la noche, yo, al no sentirme con mucha energía decidí pedir la cena antes para así poder irme a dormir rápidamente.
Estuve varias horas dando vueltas en la gran y cómoda cama de mi enorme habitación sin poderme quitar de mi mente la conversación que habíamos tenido antes de que Daichi se marchara del palacio, y ahora que al fin me había despertado, mi mente volvía a aquello.
Antes de nada tendría que asearme, un buen baño relajante sonaba bien, sin darme tiempo para entrar en el baño, escucho que alguien llama a la puerta.
- Adelante – digo asegurándome de que mi blanco yukata esté bien cerrado
- Buenos días – veo que entra Kanade poco a poco – he venido a ayudarle en su baño – me dice con una sonrisa.
- Ah, n-no hace falta – digo algo nerviosa al no estar acostumbrada a esas atenciones después de vivir en un sencillo templo.
- Insisto, me gustaría ayudarle – dice guiándome hacia la puerta del baño y empezando a preparar la gran bañera.
- Wow aquí cabrían cinco adultos – digo sorprendida haciendo que Kanade se ría levemente de mi comentario mientras me ayuda a meterme al agua.
- Si me disculpa iré a prepararle la ropa y accesorios - dice seguramente notando mi incomodidad a ser atendida de esa forma.
Una vez sale del baño empiezo a relajarme, pero no del todo ya que empiezo a pensar en mi familia, como estaría Aiko, era la primera vez que estábamos separadas por tanto tiempo, ¿y Hiei?, no podía ni imaginar cómo se habría puesto al enterarse que había desaparecido, ¿Se culparía?, ¿Pensaría que me he vuelto débil?.
Sin darme tiempo a pensar en mucho más noto como Kanade viene de nuevo junto con unas toallas y la ropa que debía ponerme.
- La ropa de hoy será más formal ya que nuestro señor espera visita, por lo tanto usted debe estar presentable. – dice la joven demonio acabando de prepararme la ropa mientras me seco y me pongo la ropa interior.
Una vez he acabado se gira hacia mí y me empieza a vestir con un elegante kurotomesode con unas rosas azules y un dragón bordado de plateado todo en la parte inferior de este.
Después de eso voy hacia la habitación y me siento frente al tocador, donde mientras Kanade me hace un recogido dejándome mechones enmarcándome el rostro yo me maquillo ligeramente los labios con un brillo algo rojizo que de los que me ha traído la joven demonio y me delineo un poco los ojos.
Una vez ya he acabado, salgo de mi habitación seguida por Kanade, quien al llegar frente a Daichi deja de escoltarme. Una vez frente a él, quien está sentado, veo como levanta su mirada de su regazo hasta mí y como una sonrisa se plasma en su cara.
- Estás preciosa – dice levantándose y acercándose a mí.
-Gracias – digo sin saber porque siento que puedo confiar el él o más bien que debo confiar aún que todavía no me haya dado una explicación sobre lo de ayer. – me han dicho que hoy tendríamos visita.
- Eso creo – dice haciéndome que me extrañe por esa respuesta – estoy seguro de que vendrán - siento que dice más para él que para mí.
Sin saber cómo pedirle que continúe con la conversación de ayer, me lo quedo mirando fijamente, intentando pensar en cómo decírselo sin quedar mal.
- Tranquila, cuando lleguen nuestros invitados hablaremos de lo de ayer – dice adivinando mis pensamientos, pero ¿nuestros? me pregunto a lo que se refiere con eso de nuestros.
