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Viernes por la mañana, llevaba tres días sin emborracharse, sin acostarse con nadie y sin llegar tarde al trabajo, desde luego estaba haciendo grandes avances, seguro que Pam y Eric estaban dando saltos, y también estaba seguro de que si supieran el motivo por el que se comportaba así no estarían tan contentos…. María, ¿qué pasaba con esa chica? Había misterio en cada una de sus palabras, quería saber mucho más de ella, una cosa era que no pudiesen tener nada y lo asumiera y otra que no pudiese conocerla y saber qué le gustaba o qué había ido buscando a California.

Llegó a la oficina al mismo tiempo que ella, venía con un vestido parecido al de días anteriores, el pelo otra vez recogido, y zapatos altos de nuevo, tenía la impresión de que no le gustaba ir sobre tacones, las tres mañanas que había pasado con ella tenía la misma expresión, solo que cada vez más relajada, pero aun así cuando se levantaba y se ponía a andar ponía cara de fastidio, pensaba que nadie lo notaba pero él se fijaba en cada gesto que hacía, y a decir verdad le provocaba risa, era una mujer con mucha expresividad, estaba seguro de que si seguía trabajando con ella podría saber lo que pensaba solo con mirar los gestos de su cara.

- Buenos días María, tienes cara de cansada, ¿estás bien?

- Buenos días, sí, bueno… he dormido regular –dijo con una pequeña sonrisa-

- ¿todo bien?

- Claro, es solo que estoy de mudanza y bueno, no tengo muchas cosas pero si bastantes más de las que creía –esta vez su sonrisa fue amplia-

- Todas las mujeres decís que no tenéis muchas cosas hasta que empezáis a hacer recuento, el problema es que siempre os parece tener poco.

- Bueno, yo no soy como todas las mujeres –vaya, tenía genio-

- No sé porque, pero te creo –le dijo con una sonrisa seductora, luego carraspeo y siguió hablando, no podía ir por ahí, era una muy, muy mala idea- oye, hoy no he desayunado y no hay mucho que hacer aquí, ¿te apetece ir al café del otro día?

- Claro, vamos.

Con esas se subieron al coche y volvieron a aquel café, ocuparon la misma mesa que el miércoles, en realidad fue ella quien se dirigió hasta allí, supuso que era por las vistas, realmente había acertado llevándola allí, de haber sido una cita esa noche no habría dormido solo, o sí, con esa mujer nunca se sabía, pidieron el desayuno y se quedaron mirándose un momento.

- Y dime, ¿Cómo es que te mudas?

- Bueno, ahora que tengo trabajo estoy bien, pero unos amigos tienen una habitación libre y los gastos compartidos hacen que sea más fácil ahorrar algo de dinero.

- ¿Algo así como un piso de estudiantes? –ella se rió, la había visto sonreír varias veces pero era la primera vez que escuchaba el sonido de su risa, era hermoso-

- Algo así, solo que ninguno somos estudiantes, aunque compartimos muchas cosas, son los únicos amigos que tengo aquí.

- ¿Tienen algo que ver con ese sueño del que hablaste?

- Sí… bueno, más o menos –esa vez se puso seria, aun no era el momento de saber que había ido a buscar, bueno, seguiría insistiendo otro día, tenían muchos por delante-

- Bueno, ya sabes que si necesitas más tiempo para mudarte puedes salir antes, hoy es viernes y no hay mucho que hacer

- Te lo agradezco pero está bien, además quiero seguir adaptándome al puesto, seguro que encuentro muchas más cosas para archivar

- Seguro –ahora fue él quien no pudo reprimir la risa, era responsable y no quería que le regalasen nada, eso era bueno- pero te lo digo de verdad, no quiero ser un ogro de jefe.

- No lo eres, es genial trabajar para ti –lo dijo sonriendo y mirándolo a los ojos, realmente era preciosa-

- Gracias, es fácil ser bueno con una mujer eficiente y guapa como tu – se arrepintió al momento, eso no era lo que tenía que hacer, una cosa era halagarla y otra que pensará que su jefe quería algo más, por muy verdad que fuera-

- Bueno, gracias por el cumplido –se sonrojó- ¿puedo saber cómo descubriste este café?

- Oh, eso fue algo de lo más normal, Pam es amiga del dueño, así que un día nos trajo a comer y la verdad es que me encantó, vengo cada vez que puedo desde entonces, además no es excesivamente caro.

- Es un sitio genial, yo no conozco muchos sitios aquí, normalmente no salgo a comer fuera, y si lo hago es en la calle, antes de tener trabajo fijo no podía dedicarme a tirar el dinero, en realidad ahora tampoco –rió- pero bueno, estoy un poco más suelta.

- Si te entiendo, antes de tener el bufete he sido estudiante, eso sí, yo conozco muchos cafés, discotecas y zonas de por aquí, así que si alguna vez te apetece salir pídeme consejo, seguro que te mando a un buen sitio. – y si era con él de acompañante mejor que mejor, genial, otra vez estaba excediéndose, decidió dar por finalizado el desayuno antes de seguir metiéndose en arenas movedizas- bueno, es hora de volver al trabajo.

- Claro, vamos, y gracias por el ofrecimiento, si alguna vez estoy interesada en conocer más restaurantes o locales te lo diré.

Volvieron a la oficina y se pusieron a trabajar, en un momento dado ella se levantó y se dirigió a la estantería cuando el tacón se le rompió

- Joder que mierda.

- Tranquila –se rió, era la confirmación de que los odiaba- voy a avisar a Pam, seguro que tiene algún arreglo.

- Está bien.

Salió del despacho y fue al de Pam

- Hola reina, oye, María tiene un problema, se le acaba de partir un tacón

- Hola, vaya, voy a ver qué número tiene, seguro que tengo algo guardado por aquí, a ver si le sirve

- Vamos

Cuando llegaron al despacho María estaba quitándose los dos zapatos, se agachó a recogerlos de espaldas a él, su trasero se marcó a través de su vestido y su entrepierna respondió enseguida, mierda, eso no era bueno, tenía que salir de allí antes de que Pam notara algo, iban a matarlo si descubrían que acababa de excitarse.

- Te encargas tu Pam, yo tengo que ir a resolver algunas cosas

- Claro, ve tranquilo

Salió y las dejo allí, fue a la puerta, cogió aire e intento relajarse, no podía ser, María era eficiente, era su secretaría, y además ella le había dicho que iba a mudarse con unos amigos, tal vez uno de ellos era algo más, aparte él no quería nada serio, y no quería hacerle daño, no quería que nadie le hiciese daño.

Cuando se relajó subió de nuevo, Pam le había prestado unos zapatos que tenía guardados y estaba radiante, así que se sentó a su mesa y rogó para que el día terminara rápido.

A la salida quedó con Eric en pasar por casa después de comer para estar con él y Sookie, quería ver a su hermana, acostumbrado a verla cada día se le hacía raro pasar apenas una semana sin verla, así que la tarde del viernes fue tranquila, por la noche se fueron a tomar unas copas los tres y una vez en el local se les sumó Pam, rieron, bailaron y después de unas horas se fue a casa, solo, eso se estaba convirtiendo en costumbre, era un hombre y tenía sus necesidades, y más acostumbrado como estaba a tanto ajetreo, pero no paraba de pensar en ella… le gustaba, le gustaba mucho y no podía ser, a momentos casi odiaba que fuese su secretaria, desearía haberla conocido en un café o en la calle, quizá hubiesen tenido algo más serio, ahora nunca podría saberlo, ella era intocable… y eso él tenía que asumirlo.

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¿Jason? Dijo al tiempo que se asustaba y notaba una mano en su hombro, cuando se giró allí estaba Marco, había entrado con la llave que le dejó el día anterior, asustado porque no contestaba el teléfono, genial, ahora iba jodidamente tarde, y aun así se veía casi incapaz de levantarse, entre el trabajo en el bufete, el baile y la mudanza estaba casi muerta, al menos era viernes, cuando acabase el día tendría el fin de semana para reponerse y descansar, lo necesitaba, estaba encendiendo la cafetera cuando llamarón a la puerta.

- Buenos días, quería saber si te vas a ir hoy mismo o mañana, porque si te vas hoy yo tengo el fin de semana para preparar el piso a su nuevo inquilino –genial, el casero cabron, justo lo que necesitaba esa mañana-

- Bueno, déjeme hacer unas llamadas y si puedo me voy esta misma tarde, hasta luego.

Y con las mismas le cerró la puerta en las narices, no estaba de humor para un tira y afloja con él, se dio una ducha, se tomó el café y quedó con Marco, él iba a coger esa tarde libre y podrían llevar todas las cosas a casa, al menos algo salía bien, se puso otro vestido y unos tacones aún más altos de lo que acostumbraba, si los días anteriores se sentía como un pato andando lo de esa mañana era casi como ir borracha, con el primer sueldo que tuviese compraría ropa y zapatos nuevos, estaba decidido.

Llegó a la oficina al mismo tiempo que Jason, por increíble que pareciese, ayudaba mucho que Marco la hubiera llevado en coche, cuando la vio lo primero que le dijo fue que tenía mala cara, le contó por encima que estaba de mudanza, él bromeo un poco con ella y luego la invitó a desayunar de nuevo en aquel café del primer día, no se lo pensó a la hora de aceptar, la verdad era que le gustaba ese sitio, además tampoco tenía mucha cabeza para ponerse a pensar en documentos, y si su propio jefe la invitaba a evadirse un poco no iba a ser ella quien se negara.

Cuando llegaron vio que la mesa del primer día estaba libre y ella misma se dirigió allí dando por hecho que a él no le importaba sentarse en el mismo sitio, era el mejor de toda la terraza, cuando pidieron el desayuno él le preguntó por la mudanza y ella le explicó por encima el porqué se iba de su piso, le hizo gracia que comparase su nuevo hogar con un piso de estudiantes, realmente era muy parecido, solo que ninguno estudiaba ya, Marco en el restaurante de sus padres, Adrien era mecánico y Alexia siempre estaba con trabajos temporales pero no pasaba demasiado tiempo parada, todo eso tampoco se lo explicó, se limito a sonreír y explicarle a rasgos generales que compartían muchas cosas y eran sus únicos amigos allí, entonces el volvió a preguntar por ese sueño suyo… no podía, no quería explicarle lo que era, se puso seria, ella estaba en el bufete para trabajar y estaba convencida de que si supiesen lo que hacía en su tiempo libre no la mirarían igual, mucha gente la miraba mal, a ella o a sus amigos, pensaban que eran algo así como una banda callejera, era verdad que a veces iban a competiciones ilegales, pero los premios de las apuestas eran suculentos y el dinero nunca venía mal, claro que explicarle eso a un abogado no era muy buena idea, el pareció captar su seriedad de pronto porque cambio el tema y le ofreció salir antes para terminar con su mudanza, la verdad es que no le vendría nada mal ese tiempo de más, pero de todas formas Marco no podía ayudarla hasta las cuatro más o menos, y ella tampoco quería empezar faltando a su trabajo el tercer día, así que supuso que negándose ganaba algún punto a favor, no debía olvidar que estaba a prueba.

- Te lo agradezco pero está bien, además quiero seguir adaptándome al puesto, seguro que encuentro muchas más cosas para archivar.

- Seguro –sonrió, puntos para ella, había acertado con la contestación- pero te lo digo de verdad, no quiero ser un ogro de jefe.

- No lo eres, es genial trabajar para ti –no pudo evitar sonreírle, era verdad, normalmente los jefes eran serios, estrictos y viejos, este era todo lo contrario y daba gusto trabajar con el ambiente que eso creaba-

- Gracias, es fácil ser bueno con una mujer eficiente y guapa como tu –eso sí que no lo esperaba, ¿acababa de hacerle un cumplido por su físico? Se puso nerviosa y no supo que decir, era raro, estaba más que acostumbrada a los cumplidos, o más bien tiros directos de Marco y siempre tenía alguna respuesta que darle, pero con Jason se ponía nerviosa, le gustaba que la viese guapa, básicamente porque él estaba muy bueno y que se fijara en ella siendo diez años más pequeña y más bien normalita teniendo en cuenta las mujeres que seguramente tendría a sus pies, era un halago -

- Bueno, gracias por el cumplido – era mejor cambiar de tema rápidamente así que preguntó lo primero que se le vino a la cabeza- ¿puedo saber cómo descubriste este café?

El se lo explicó, hablaron un poco sobre los cafés y locales para salir por allí y se ofreció a darle consejo cuando quisiera salir a tomar una copa o comer por aquella zona, acabaron de desayunar y volvieron a la oficina.

Estaban trabajando cuando ella se levantó y fue a la estantería a coger de nuevo el diccionario, que manejara bien el idioma no quería decir que entendiese la jerga del derecho americano ni mucho menos, no había dado dos pasos cuando el maldito tacón se partió y dio un traspiés

- Joder que mierda –no pudo evitar la expresión, sabía que esos zapatos le darían problemas y estaba cansada, Jason estaba de pie a su lado sonriendo-

- Tranquila –dijo mientras reía, vería gracioso que estuviese medio coja y con cara de cabreo, a ella no le hacía tanta gracia la situación- voy a avisar a Pam, seguro que tiene algún arreglo

- Está bien

No dijo nada más, el salió por la puerta y ella solo quería que la mañana terminase, a decir verdad quería que el día acabase, estaba de mal humor y aun tenía mil cosas que hacer, eso era lo que le faltaba para rematar estado de ánimo, se agacho y se quitó los dos zapatos, al menos estaría cómoda sin tacones durante dos segundos, aunque eso implicase estar descalza en el despacho, mientras se los quitaba Pam y Jason entraron por la puerta, el se excusó y fue hacía la puerta mientras la dejaba allí con su jefa

- Tengo un par de tacones de repuesto en la oficina, ven conmigo y pruébatelos a ver si te van bien, no creo que eso tenga mucho arreglo

- Está bien, gracias –le dijo mientras sonreía, no le extrañaba que Pam tuviese zapatos de repuesto en la oficina, siempre iba impecable, se notaba que le encantaba la moda-

- De nada, me gusta cambiarme de zapatos a veces, y si surge alguna reunión de urgencia es bueno tener repuesto

- Me imagino, te los traeré el lunes sin falta

- No te preocupes, no hay prisa.

Se los puso y se dispuso a terminar su día de trabajo, cuando Jason volvió ella ya estaba más calmada, el resto de la mañana fue tranquila.

Al salir fue a su apartamento lo más rápido que pudo, mientras cogía el metro y se plantaba allí era casi la hora en la que había quedado con Marco, no tenía mucho más que hacer pero quedaban algunas cosas por empaquetar y quería tenerlas listas, en esas estaba cuando sonó el timbre.

- Hola corazón, ¿nos vamos?

- Sí, termino de guardar algunas cosas, pero todas estas cajas ya puedes cargarlas al coche –le señaló el mini salón, no era mucho realmente, no era una compradora compulsiva, casi todas las cajas iban llenas de zapatillas de deporte, era lo que más tenía-

- Genial, mientras tu terminas yo voy bajando todo esto

En apenas una hora le había dado las llaves a su casero y estaba en el coche dirección a su nueva casa, al llegar al piso Adrien y Alexia habían preparado algo de comer, eran como las seis de la tarde y supusieron que no había comido nada, Marco se enfadó y le echó en cara que había prometido invitarlo a comer.

- Venga va, hacemos una cosa, hoy organizamos todo esto y mañana te dedico a ti todo el día – él sonrió satisfecho, era como un niño pequeño-

- Está bien, entonces acepto ser tu esclavo de mudanza unas horas más.

Todos soltaron una carcajada y se sentaron a la mesa a comer, la verdad es que era un acierto ir a vivir con esos tres locos, lo pasaban de muerte juntos, y no solo por los intereses en común, cuando alguno tenía un problema los otros tres procuraban volcarse hasta el punto de sentir ese problema como propio, era algo muy raro encontrar amigos así en una ciudad tan grande, se sentía afortunada por tenerlos.

Terminaron de comer, organizaron su habitación entre los cuatro y para la hora de cenar ya estaba todo listo, comió algo ligero y se fue a dormir, sabía que Marco iba a despertarla temprano, si había prometido darle un día entero él lo aprovecharía al máximo.