Dos minutos.

"…entonces el aire está integrado por un veinte por ciento de oxigeno y ochenta por ciento de nitrógeno aproximadamente, aunque también están presentes otros gases como el argón, pero es tan mínimo que vendría siendo un uno por ciento, digamos."

Concluye. Los labios de Gokudera dejan de hilar aquel monologo que aspira a ser un repaso básico del curso de química, única salvación de Tsuna antes de los exámenes finales; El tutor del castaño ha sido claro: no le dará tregua las vacaciones enteras aun así la carga de trabajo sea doble, la responsabilidad de aprobar recae única y completamente sobre los hombros del -negado- futuro jefe de Vongola.

Y pese a que el joven italiano que tiene sentado frente a sí haga todo lo posible por lograr que su compañero retenga el mínimo de información, la verborrea anterior no parece haber ayudado ya que aun no ha obtenido ninguna clase de contestación. A él en realidad no le importa hacerla de asesor personal, seguir simplificando términos y parafraseando el libro de texto de la primera a la ultima pagina con tal de hacerlos elementos de fácil "digestión" a las neuronas del jefe. Mas el tiempo nunca está a favor de nadie por lo que, naturalmente, la tarde se ve fenecer.

La biblioteca se percibe completamente vacía, los ojos del guardián viajan de la ventana hasta el otro muchacho y se ve obligado a llamarlo, porque el silencio se ha dilatado tanto que Gokudera se pregunta si por equivocación ha estado haciendo uso de su lengua materna sin percatarse de ello para haber logrado que los expresivos ojos de Tsuna sigan fijos sobre él como si fuese prioridad descifrar a la tormenta antes que a la composición del aire.

Se entreabren los delgados labios del más pequeño, y al único presente se le figura el despertar de un lapsus casi eterno. En realidad según el reloj de pared solo han transcurrido dos minutos, intervalo en el que Tsuna se decide a hablar.

"Bésame."

Es ese murmullo, tan suave como inesperado, el que le crispa los nervios al portador de las gafas de pasta. Aun procure evitar cualquier distracción, interpreta aquello como una orden, quiere tomarlo así para no tener que negarse.

Se levanta con las palmas sobre la mesa, el cuello estirado, apega los propios a aquellos labios de ensueño. No es la primera vez que lo hace, por algo la petición es, contradictoriamente, tan natural como extraordinaria.

El Decimo ha sido singularmente exigente y osado, sonríe con ligereza, culpa a las ansias que le ofuscaban al ver esa boca tan empapada de tecnicismos y tan vacía de sí.


Trate de no hacer nada angst ya que en la mayoría de los casos he comprobado que de mi horrible persona solo emana la idea de hacer sufrir a los personajes. Tampoco quería nada fluff, a veces abuso con la miel y nunca es bueno. Quiero aclarar que la idea era colocar a Tsuna y Gokudera en alguna especie de relación ya más o menos bien cimentada para que la interacción entre ambos no fuera tan tensa ni llena de dudas como pasa comúnmente, aclaro eso porque siento que de no hacerlo el drabble podría malinterpretarse como un espantoso occ mas execrable de lo que es por el simple hecho de ser concebido (¿?)

No quiero extenderme más, así que me detendré aquí.

Muchas gracias al que se atreva a leerme, mas aun si de casualidad cae algún comentario.