Tras escuchar el gritó que México había pegado, la mayoría de los estados decidieron por bajar, pues la verdad es que ya hacía hambre desde hacía rato.
Por la escalera venía Yucatán, seguida de Puebla y de Nayarit, quienes se sentaron primero en la mesa y esperaron por los demás. Las siguientes en bajar fueron Quintana Roo, Coahuila y Chihuahua, quienes se sentaron al otro extremo de la mesa.
—¿Acaso no piensan bajar los demás? —Se quejó México, quien solo suspiró y se levantó— Bueno que ellos se sirvan si les da hambre
Antes de irse notó como Colima y Aguascalientes bajaban al mismo tiempo y se sentaban cada uno al lado de su silla, por lo que él quedaría en medio. Sonrió y siguió su camino a la cocina, donde tomó la olla llena de mole y también se llevó el pollo, para que cada quien se sirviera.
Al entrar a la habitación notó que Jalisco, Oaxaca y Tlaxcala también se hallaban ahí.
Dejó las cosas en el centro de la mesa y juntó sus manos.
—Muy bien, hora de cenar —Al momento en el que dijo eso los estados presentes se lanzaron a agarrar comida de las ollas y llenar sus platos con ella.
—Está muy rico —Comentó Coahuila mientras comía
—Lo está porque lo hice yo —Respondió México con una sonrisa, halagándose a sí mismo por eso.
Nadie más hizo comentarios, pero se rieron con lo que México había dicho.
En toda la cena no había bajado nadie más mas que Tabasco, las gemelas Baja California, Sonora y Veracruz.
Todo transcurría tranquilo y pronto llegó la hora de que se fueran todos a la planta alta a dormir, pues mañana tendrían un día pesado, según México.
Puebla bostezó discretamente mientras entraba a su habitación, en donde ya se encontraba Querétaro, con su pijama puesto y unas papas en su mano.
—¿Quieres una? —Le ofreció el Queretano con una sonrisa en el rostro, la cual se le quitó al ser completamente ignorado por el poblano —¿Y ahora qué te pasa?
—Hmm —Piensa un poco antes de responder, suspirando— Siento que México trama algo, estas no son unas simples vacaciones
—¿Puedo preguntar, por qué piensas eso? —Volvió a meter la mano a la bolsa de papitas, comiendo mientras veía al poblano pasear por la habitación, con una mano en la barbilla.
—Solo piénsalo, los puso juntos —El otro le miró con confusión y antes de que pudiera preguntar cualquier cosa, le respondió— No me digas que fue coincidencia que haya puesto a Sonora y a Sinaloa juntos
—Eh…
—O a Nuevo León y a Oaxaca —Siguió, emparejando con sus dedos— O a Aguascalientes y Colima
—¿P-puebla?
—¡O a Edomex con Cuau! —Se exalta— ¿¡Es que no lo ves, Querétaro!?
—¿Qué cosa? —El Poblano se acercó y quitó la bolsa de papas de sus manos.
—Quizá lo que México quiere, es unirlos en amor.
.-.-.-.
Mientras, en otra parte de la hacienda, se encontraban Morelos y Nayarit, observando por la ventana el aterrador pero asombroso paisaje. La oscuridad de la noche le daba un toque algo tétrico, pero la luz de la luna lo hacía ver extrañamente asombroso.
—¿Crees que haya internet pronto? —Se quejó Nayarit, checando su celular por enésima vez en esa hora.
Morelos solo suspiró, también, por enésima vez en esa hora. Pero, es que, no pensaron que no habría internet, aunque según México, si habría, pero tardaría un poco en llegar.
"Ahorita viene" fue todo lo que les dijo, y ya sabemos qué significa ahorita.
En un pequeño rato, en un buen rato, en días o… nunca.
Los estados suspiraron al mismo tiempo, mientras trataban de pensar en alguna manera de no aburrirse durante su estancia en ese lugar. Tenían TV, pero no era lo mismo que usar internet, así que decidieron ver qué había de bueno en la tele, aunque, conociendo la TV mexicana, probablemente nada bueno.
Se decepcionaron un poco, pero terminaron viendo Dragon ball, que, al parecer esa cadena de Tv no se cansaba de ponerla una y otra vez. Estaba bien que a la gente le gustara, pero ¿Tantas veces? ¿Con tantos animes que se pueden poner? Igual no podían quejarse, no es que hubiese algo mejor para ver.
Tras un buen rato, Morelos se quedó dormido en el hombro de Nayrit, el cual ya estaba empezando a acostumbrarse a la baba de morelense.
-.-.-.-.-
México esperó a que todo el mundo regresara a su habitación para finalmente, cerrar todas las puertas con llave, feliz de que su plan estaba yendo a la perfección.
-.-.-.-.
—Ese hijo de… —Guanajuato se quejó en voz alta, pateando la puerta en un intento por abrirla, cosa que falló.
Zacatecas rió bajito por el acto, pasando sus brazos detrás de su cabeza, mirando al techo.
—Al menos podrías ayudarme —Al no notar reacción por parte de zacatecano, se cruzó de brazos frente a él —¿No te molesta en lo más mínimo?
—La verdad es que no —Le respondió, sin despegar su mirada de la blancura del techo.
Quedaron un rato así, Guanajuato intensificando más y más su mirada, intentando ponerlo incómodo. Sin embargo, solo ganó cansancio propio, pues, rendido, se sentó en la cama, imitando a su compañero en su acción de mirar el techo.
La verdad es que se preguntaba si Zacatecas dormía con los ojos abiertos o algo, porque no reaccionaba para nada.
—… —Se acercó para verlo directamente. No parecía moverse, ni mirarle de regreso. Miró detenidamente sus ojos, después sus facciones en general.
—¿Qué me ves? —Algo exaltado, se alejó, cruzándose de brazos.
—L-lo idiota que te ves —Respondió, causando otra risa en el estado.
—Gracias… —Y sin contenerlo más, soltó la carcajada, recibiendo un golpe en la cabeza.
.-.-.-.
La cosa estaba muy incómoda, demasiado. Habían decidido ignorarse mutuamente -o solo fue decisión unilateral- por lo que ambos se encontraban, cada quien en sus asuntos.
Por lo general Nuevo León no era así y eso preocupaba al Oaxaqueño, quien decidió dejar de preguntarle cosas, era obvio que lo que había dicho Tamaulipas era verdad.
Aunque, para ser honesto, no le desagradaba la idea, de hecho, le gustaría bastante.
Suspiró, acostándose boca abajo. Su estómago volvió a gruñir y no es como que pudiera salir de la habitación a buscar más comida, pues por alguna razón, México los había encerrado a todos en las habitaciones.
Se agarró el estómago, tratando de aguantar el hambre.
—¡Ahh, no lo soporto! —Se abrazó a una almohada, cerrando los ojos.
Nuevo León, que, al ver esa escena, recordó que se había robad… se había llevado unas empanadas de Hidalgo, se levantó y caminó hasta su maleta con la intención de sacarlas. La verdad, y que jamás admitiría, es que esas empanadas estaban buenas.
"¡Que son pastes!" Escuchó en su propia mente, lo cual le dio escalofríos.
—Oaxaca… —Le llamó despacito.
—¿Sí? —Abrió un ojo y al ver la comida se levantó de golpe —¡Pastes!
—Sí, pensé que los querrí… ¡Hey! —Fue interrumpido por un abrazo repentino del oaxaqueño, que tomaba la bolsa de pastes mientras abrazaba con fuerza al neoleonés.
—Gracias, gracias, gracias —Le sonrió, empezando a comer.
—Nada qué agradecer —Porque con esa sonrisa que le dedicó, había sido suficiente.
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Pero las cosas no iban mejor para el capitalino y su compañero, pues Cuau quería bajar a beber agua y no podían hacerlo.
—¡México, ven y abre esta pinche puerta ahora mismo! —Gritó la capital del país, sin obtener ninguna respuesta.
—Creo que deberíamos dejarlo así —Edomex le tomó la mano, intentando calmarlo— Veamos el lado positivo
—¿Esto tiene un lado positivo? ¿Neta? —Le miró con reproche.
—Pues sí, podemos estar solos —Y, sin embargo, el capitalino siguió sin entender esa indirecta, empeorando las cosas.
—¡Pero yo quiero mi chingada agua!
.-.-.-.-
—Que aburrido estoy —Sonora se tapó la cara con la almohada mientras que Sinaloa se dedicaba a observarlo desde su propia cama.
Los papeles se habían invertido y ahora era él quien miraba a Sonora.
—Y luego Arizona no me contesta el teléfono —Ouch, golpe bajo.
No había persona que peor le cayera que ese que le quería quitar la atención de su Sonora. Algo encabronado, se acosó dándole la espalda al sonorense, quien suspiró, decaído.
—Y ahora tú no me haces caso —Se volteó de igual manera, disponiéndose a dormir.
Fuera lo que fuera que planeara México, ayudaría a unos… pero podría afectar a otros también.
Perdón, jejeje.
Ya saben… parciales n_nU
