VII

Habían transcurrido cinco años, el hermoso retoño de Los Phantomhive resaltaba más, decían que sus ojos eran los mismos que los de su madre, y el sublime porte lo había heredado de su padre. Madame Red se encariñó tanto con el pequeño Ciel. De hecho, lo veía cómo su fuera suyo. Cada que terminaba su extenuante jornada en el hospital, no se olvidaba de llevarle obsequios, o tartas, incluso, cosas que ella misma mandaba confeccionar o a fabricar con suma delicadeza, era exigente en ese punto. Pues no se trataba de una criatura más, Ciel siempre demostró ser un niño muy especial. La gente que le miraba, decía que cuando fuese un hombre, sería más alto que su padre, tendría más carácter y un encanto sobrenatural con las mujeres, y por supuesto, un mejor manejo en las finanzas de su padre. Era un niño muy inteligente para su edad. Y bajo la guía de Madame Red, el niño comenzó a hablar a una edad más temprana que la acostumbrada.

Una tarde, la hermosa escarlata, recibió una misiva de carácter urgente. Se apresuró en llegar, el mensaje rezaba que debía estar presente en un momento tan importante: el pacto matrimonial entre dos poderosas familias: Los Midford y Los Phantomhive. La hija del marqués Midford, cuñado de Vicent Phantomhive, sería entregada a su sobrino, Ciel, un pacto que se consumaría cuando ambos fueran mayores. Lady Elizabeth, nombre de la prometida, era menor que Ciel por un año. No obstante, este asunto debió llevarse a cabo desde hace tiempo, lamentablemente se vio pospuesto por la terrible desgracia que padeció su hermana, Rachel. Se trataba de otra familia, Los Rochefort. La oportunidad se perdió en ese entonces. Y ahora, la hermana de Lord Phantomhive, menor que él por tres años, había contraído nupcias con el marqués Midord hace casi más de un año. Desde luego que Los Phantomhive no perdían las esperanzas de encontrarle una prometida a su heredero, y el tiempo, acordó esta fecha para de una vez por todas, asegurar el legado de su familia. –Sin duda, debo estar ahí. Quiero conocer a la futura esposa de Ciel. —Se dijo Angelina mientras viajaba en la diligencia. Estando en la majestuosa mansión de su hermana, y hogar de su dulce sobrino, Madame Red conoció a la hermosa Elizabeth Midford, marquesa y heredera de una gran fortuna. Ambos pequeños, se dejaron llevar por la elocuente infancia: pasaban varias tardes juntos, en los suntuosos jardines de la mansión Phantomhive; y hasta la señorita Elizabeth, se había ganado el corazón de la hermosa escarlata. –Será una gran esposa para él, se llevan muy bien. —Charlaba una tarde, junto a su hermana y a Rebeca Midford, madre de Elizabeth. –Sin duda, Ciel no deja de hablar de ella, y sólo espera que caiga el sol para ver a su hermosa Lizzy. —Sonrió la tierna rubia.