Tras cruzar la puerta una extraña sensación invadió el corazón de la castaña, nada había cambiado, timidas torres se alzaban ante sus ojos deleitándola con una visión más que perfecta de su verdadero hogas, las vistas al timido lago negro que la había visto crecer en sus cortos paseos al anochecer, la cabaña de Hagrid desde la cual podría ver al simpatico semigigante regando sus mandrágoras con alegría, todo era perfecto, el clima húmedo y el aire fresco de aquel lugar le hacía volver a sentirse viva, en casa… en Hogwarts.
Cruzaron el pasillo principal que les llevó la frente de las escaleras movedizas, y una vez en el segundo piso el director y los tres alumnos se quedaron inmóviles hasta que la dorada puerta del resplandeciente gran comedor les dejo paso una enorme cristalera que un día fue destrozada por una oscura huída brillaba ahora con toda su belleza.
-bien queridos!, sentaros donde queráis, como podéis ver, este es uno de los más grandes placeres del hecho de estar en Hogwarts antes de la llegada del alumnado!-
La profesora Mcgonagall saludó a la castaña con un sonrisa en la cara a la que ella contestó sinceramente con otra, pero sus ojos viajaron directamente hasta el último puesto en la mesa, la silla de la esquina a la izquierda estaba completamente vacía por lo que los labios de Hermione como si tuvieran vida propia comenzaron a articular la pregunta que preisamente ansiaba contener.
-profesor Dumbledore podría saber donde…. Los ojos del anciano brillaron a la luz del día
-pregunta pequeña, que deseas saber?
-yo… me preguntaba donde… donde está el profesor Snape?- Harry y Ron se giraron para mirar extrañada a la muchacha.
-Aah! Era eso, verás pequeña Severus- un escalofrío recorrió la espalda de la joven por la poca costumbre de escuchar su nombre- esta abajo en su laboratorio, intenta mezclar dos ingredientes bastante peligrosos lo que me da algo de miedo pero confío en que no pasará nada- de pronto la comisura del labio del anciano se elevó peligrosamente.
-a todo esto… y si me permite la pregunta señorita Granger, deseaba usted hablar con el profesor Snape? Por que puede bajar y….
-oh! No señor, no será necesario no deseo molestarlo yo…
-seguro que no es molestia, os encargaré algo de comida a los elfos chicos venid conmigo, Hermione tu baja a las mazmorras no te preocupes por nada- le dedicó una sonrisa y cruzó la puerta con el pelirojo y Harry por detrás, ella se quedó inmóvil acto seguido y sin pensarlo se encaminó hacia las frías mazmorras del colegio. Una vez en las escaleras que bajaban a la más profunda oscuridad del castillo un enorme estruendo hizo que el corazón de la castaña comenzase a latir con fuerza y un extraño impulso la hizo correr hacia el aula de pociones de donde provenía el estruendo, Abrió la puerta y se encontró con un caldero por los suelos del que emanaba un hedor agrio y desagradable, había frascos rotos por todas partes y lo que más preocupó a Hermione, ni rastro de Snape.
-pro…profesor? Esta usted bien? …señ…señor?
-mamaa… mami! Donde edtas…mamiii…- los sollozos de una voz infantil que provenían de una larga capa negra que Hermione reconoció al instante le hicieron esperarse lo peor. Se acercó al bulto temblorosa y lo destapo qeudando asi delante de dos grandes ojos negros que la miraban llorosos. El lacio cabello negro terminó de deshacer sus dudas.
-pro…profesor Snape!- el pequeño niño de unos cinco años la miró extrañado y asustado.
-podque me llamas profesor? Quien edes? Y donde edta mi casa?- Hermione entendió enseguida lo que ocurría la poción debía haber salido mal y en la explosión debió afectar a Snape.
-uh…pe…pequeño espera aquí un segundo… no tardaré de acuerdo? Tranquilo- Fue hacia el escritorio de su profesor y le escribió una carta a Dumbledore tratando de ser lo más disfreta posible ya que sabía que a Severus no le gustaría que se supiera lo ocurrido, la mataría si se enterase alguien mas que el director la agarró a la pata del negro cuervo y lo envió a donde el director se encontraba.
El director de Hogwarts no se creía lo que leia y bajó lo más rápido que pudo a las mazmorras.
-oh hijo mio pero que demonios te ha pasado…
-no lo se señor parece que la poción falló estalló y…- Hermione miro al pequeño que se encontraba triste mirando hacia una esquina.
-tranquila ire a San Mungo con una muestra para que me digan cuanto tardarán en enviarnos el antídoto de acuerdo?, pero podría tardar… mientras tanto sería mucho pedir…-Hermione lo miró algo asustada.
-si señor?-
-Sería mucho pedir que cuidaras de él el tiempo que nos me cueste revertir el efecto?- Hermione abrió la boca asustada por lo que el anciano le pedía, después de todo no debía olvidar quien era aquel niño asustado, pero se lo debía a aquel hombre, él lo merecía todo.
-no será ningún problema señor- contestó segura.
-bueno, entonces yo iré a llevar esta muestra a San Mungo y le enviaré una lechuza en un rato diciéndole cuanto tardarán, espero que lo sepa llevar bien. Aah señorita Granger… no busque temas de conversación infantiles con Severus, era muy parecido a usted, no deje nunca que la edad la engañe.
Y con esas palabras el anciano salió de la estancia con un frasquito de muestra. La castaña se acercó al pequeño que miraba al suelo preocupado.
-Hola pequeñin, como te llamas?- sus grandes orbes negras que ella conocía a la perfección la miraron entonces con curiosidad.
-me llamo Sevedus… tu quien eres?
-yo soy Hermione y voy a cuidar de ti mientras estemos aquí- los ojos del niño se abrieron en un gesto de emoción.
-Hedmione! Y podemos leer? y jugar con calderos?- eso le sacó una gran sonrisa a la castaña, si que se parecía a ella.
-claro que si Severus pero antes te tengo que buscar algo de ropa… pero la verdad no se de donde sacarla…- una idea algo arriesgada pasó por su cabeza y sus ojos viajaron hasta la negra puerta que sabía que debía conducir a los aposentos de su profesor de pociones.
-vamos a ver que encuentro por aquí- acarició la espalda del pequeño que se levantó y caminó timido delante de ella, ambos entraron en la habitación, tan oscura como la castaña siempre se había imaginado encendió un fuego acogedor y sin miramientos y ante la atenta mirada de aquel niño que era su profesor de pociones abrió su guardaropa para quedarse fría al instante.
Entre varias botellitas con extrañas sustancias y pulcramente colgada y doblada estaba la toda la ropa de su profesor, todo, absolutamente todo era de un color negro intenso a excepción de una larga capa de un oscuro verde esmeralda, las camisas impecablemente dobladas una encima de la otra, varias blancas y negras y alguna que otra de un triste tono grisáceo, miró agarró una de las camisas negras y sin saber por que disfrutó su tacto suave y fresco, acto seguido se encontró disfrutando de un suave aroma a sándalo y menta y sin pensarlo dos veces cerró el armario con la camisa en la mano y se dio la vuelta para mirar al pequeño que estaba observando atentamente un pqueño retrato de una mujer de pelo negro.
-la conoces cielo?- el niño la miró con ojos llorosos
-es mi mami… yo… ella no sabe donde edtoy, y papa se enfadara si llego tarde y entonces…
-entonces que cariño?- el labio inferior del niño tembló levemente y justo cuando se disponía a abrir la boca el cuervo de Snape entró por la ventana con un pergamino en su pico, Hermione lo agarró y al ver que era de San Mungo se apresuró a leerlo.
Estimada señorita Granger,
acabo de recibir el informe de San Mungo y me place informarle de que el antídoto para devolver a Severus a su estado normal llegará a sus manos dentro de aproximadamente una semana, los médicos me han informado de que únicamente deberemos obliviarlo y hacerle beber la poción, mientras tanto me gustaría pedirle que se hiciera cargo del pequeño Severus ya que estoy seguro que no hay persona en todo el castillo que pueda hacerlo mejor que usted. Le agradecería su máxima discreción, aunque estoy seguro que ya habrá pensado en el chico que usted conoce y pretendía guardarla desde un principio. Dicho todo esto solo me queda desear que visto su interés por pasar tiempo con un hombre que realmente y en mi humilde opinión necesita más que su propia vida el cariño y apoyo de alguien como usted en estos momentos, esta experiencia le sea útil para conocerlo mejor y esta vez me dejo de formalidades querida Hermione. Hacer lo que la edad, el estatus en el que te encuentras, tu increíble inteligencia y belleza te dictan que deberías haber hecho hace tiempo. Sin más miramientos.
Un cordial saludo,
Albus Dumbledore.
La castaña se quedó boquiabierta, una semana?, suspiró aliviada de que su profesor podría volver a su estado normal sin problemas, y captó a la perfección el mensaje de Dumbledore, acaso se le notaba que… en fin, tonterías suyas.
-ven amor, siéntate en la cama y tranquilízate, tu mama estará bien- eso encendió una sonrisa en el rostro del pálido niño de pelo lacio pelo negro como la noche.
Severus se sentó en la mullida cama de sábanas negras y esperó mirando atento como Hermione transfiguraba su camisa negra en una algo más pequeña, pero que aun asi le quedaría bastante grande a causa de la delgadez del pequeño y recortaba un poco las mangas con improvisación.
-ven, deja que te la pruebe- con algo de timidez por la impresión de lo que sabía que en realidad estaba haciendo le quietó al pequeño su andrajoso abrigo grande y de tonos sobrios y una roída camisa gris y le hizo meter los brazos por las mangas de el apaño que le había hecho.
Entonces se quedó mirando al pequeño Severus con ternura.
-que guapo estás!- un ligero tono rojizó tiñó las mejillas del pequeño.
.se que no ed vedad… yo no soy guapo…- dijo con un tono triste y avergonzado.
-como que no eres guapo? Por que dices eso?
-papa siempre dice que mi pelo ed feo… y cuando voy al parque los otros niños se ríen de mi nariz…- dijo aún mas cabizbajo que antes.
-eso no es verdad Severus, tu pelo es muy bonito, es lacio y suave- acarició la lacia melena negras del pequeño con ternura- y tu nariz es muy bonita!- dijó dándole un pequeño beso en la narizita algo grande para su edad y sacándole una risa timida al niño.
-tu edes muy guapa, vas a cuidadme mientras edte aquí? Quiedes ser mi amiga?- Hermione esbozó una gran sonrisa.
-caro que quiero ser tu amiga!, y cuidaré de ti en todo lo que necesites mientras estes aquí de acuerdo?- el pequeño volvió a sonreir y de prontó un fuerte gruñido proveniente de su tripita hizo reir a Hermione con preocupación.
- oh! Con que tienes hambre eeh!, entonces… veamos que puedo hacer…- y con un leve movimiento de varita hizo aparecer dos grandes copas de helado de varios sabores grácilmente decorado.
-alaaa! Helado!
-Te gusta el helado?- el pequeño miró una de las copas con ansia y asintió feliz.
-entonces puedes comer todo lo que quieras y después te leere un gran libro de acuerdo?- el niño agarró una de las cucharas y comenzó a comer con ganas bajo la atenta y conmovida mirada de la castaña, no sabía que pasaría ni como reaccionaría Severus al volver a su estado normal. Pero lo que si sabía era que siempre había sido inteligente seguir los consejos del anciano director, y eso haría sin duda alguna.
·Espero que estén disfrutando de la historia.
Reviews:
**Lobalunallena**
Me alegro de que te guste la historia!, quiero que sepan que aceptaré gustosa tanto sus Avadas como las cajas de ranas de chocolate!, toda critica será bienvenida tanto positiva como negativa.
un beso y gracias por leer! :3
