La noche pasó rápido, al igua que el día siguente que Hermione se pasó jugando con el pequeño e intentando entretenerlo, no le había dicho nada de que esa noche regresaría a su tiempo y tampoco sabía como reaccionar con el Severus de entonces, Dumbledore le había informado de que él no recordaría nada simplemente podría tener pequeños momentos de memoria de aquellos tres días y algunas sensaciones, pero por otra parte también le había dicho que a pesar de que le pequeño no tenía ni una sola herida el Severus adulto tendría las consecuencias de la poción si es que se había dañado algo, y eso francamente la preocupo.

Solo faltaba media hora para las diez, Albus había informado esa mañana que le llevaría el antídoto a eso hora, asi que se decidió a hablar con el niño.

-Severus… ven tengo que hablar contigo cariño…- el pequeño lo miró preocupado, pero con un extraño brillo en los ojos.

-veras… la verdad es que no se por donde empezar yo…

-me tengo que id vedad… no etes tiste…- Hermione lo miró a los ojos y asintió.

-solo quiero que me prometas una cosa, júrame que cada vez que te sientas solo, cada vez que estés en problemas o simplemente triste, cada evz que te hagan daño…- una lagrima corrió por la mejilla de la castaña.

-jurame que te acordarás de mi y te diras a ti mismo que no estas solo. Por que yo siempre estaré ahí…- el pequeño contuvo las lagrimas con todo el valor que le quedaba, que no era poco, pues se convertiría en un verdadero hombre, valiente, y siempre honrado.

-y júrame por lo que más quieras que siempre tendras el cabello asi de largo y hermoso…- el pequeño comenzó a reir.

-lo hade podti!, y siempde me acordaré de ti!- entonces un leve chirrido de la puerta les dejó ver al director de la escuela en la puerta para despues cerrarla y entregarle con un gsto de pena una pequeña botellita verde a la castaña.

Hizo que el pequeño se sentase en el escritorio y levantó su varita apuntándolo con dolor.

-Hedmione… espeda te puedo dar un beso de despedida?- la castaña soltó la varita que callo al suelo haciendo un ruido sordo y se abrazó al niño dejando al anciano que los observaba descompuesto entonces el pequeño le dio un suave beso en la mejilla y le susurró al oído con una sonrisa.

-me hubieda gustado que fueras mi mama- y dicho eso al soltar al niño la castaña pudo escuchar el conjuro del anciano director.

-Desmayus!- el pequeño calló en la mesa inconsciente y Hermione recogió su varita del suelo para después sentarse al lado del niño. Un susurro fue lo único que puedo llegar a salir de su boca cuando puso su varita en la frente del pequeño.

-obliviate…- un ligero rayo de luz blanca salió de la varita y se perdió en la cabeza del pequeño, acto seguido cogió la pequeña botellita e hizo que tragase su contenido una intensa luz dejo a la castaña y a Dumbledore ciegos por unos instantes y cuando hubo cesado Dumbledore corrió a la mesa en la que entonces si se encontraba Snape, vestido como siempre pero sin su capa que se hallaba tirada por el aula.

-Severus hijo, como te encuentras?- Snape se llevó una mano a la cabeza sin responder, debía dolerle, y sin responder aun aspetó un rígido.

-que demonios ha pasado…- Albus miró a Hermione que continuaba completamente pálida en una esquina del aula.

–Severus puedes tenerte en pie? Te agradecería que vinieras a mi despacho te lo explicaré allí más tranquilo.-

El hombre se levantó con dificultad y anduvo un par de pasos hasta que se percató de la presencia de la joven, al mirarla un extraño brillo invadió sus ojos, se quedó así estático simplemente mirando aquello ojos castaños por unos segundos que parecieron horas, despúes siguió al anciano aun algo mareado susurrándose algo a si mismo y mirando al suelo ligeramente sonrojado.

Hermione decidió esperar allí Albus intentaría que él no se enfadase pero seguro que su ego no se lo permitiría por lo que se sentó en una silla del oscuro despacho y se dispuso a esperarle.