Clarke se movía de un lado a otro de la casa con la escoba en la mano. No es que de normal tuviera la casa hecha un desastre, ni mucho menos, pero quería que ese día estuviera impecable para recibir a aquella chica que podía convertirse en su Au Pair.

Tal vez era muy pronto para decidirlo puesto que sólo había hablado con ella por teléfono y, además, sería la primera chica a la que entrevistaría, pero su voz suave y segura le había transmitido confianza e iba a darle una oportunidad, invitándola a su casa, para ver cómo era aquella chica en persona.

La noche anterior, mientras acostaba a Alycia, le había contado que ya tenía una candidata y la niña había gritado emocionada.

Clarke adoraba a su hija con todas sus fuerzas, y más adoraba pasar cada segundo a su lado. Por eso no entendía por qué Nylah había decidido pasar todo el verano lejos de ella. Estaba feliz por un lado, porque eso significaba que de cierta forma podía disfrutar más tiempo de ella, pero por otro lado no lograba comprender cómo era que su ex mujer no quería aprovechar cada segundo que pudiera para compartirlo con su hija mientras la veía aprender y crecer.

Tal vez era por eso por lo que el matrimonio finalmente no había funcionado. Nylah resultó ser una persona muy distinta a la que una vez lo fue y Clarke simplemente se había dado cuenta de que no era esa persona de la que ella se había enamorado. Y aunque Alycia todavía era muy pequeña, ambas decidieron que lo mejor sería continuar cada una por su camino.

Al principio le había costado trabajo superarlo, pero luego entendió que tenía en su vida a su pequeña Alycia y eso era todo lo que le importaba.

Repasó toda la casa una vez más y se dejó caer en una de las sillas que había alrededor de la gran mesa redonda de la cocina. Abrió su portátil y comprobó que nadie le había enviado un mail ni tampoco la habían llamado para ofrecerse como Au Pair.

Suspiró con fuerza. Sólo esperaba que aquella chica fuese de su agrado para así poder quitarse ese gran problema de la cabeza.

Pocos minutos después, mientras navegaba por algunas páginas y se informaba sobre los derechos y los deberes de las Au Pair, sonó el timbre. Clarke miró el reloj y se dio cuenta de que eran exactamente las 12 en punto y pensó que era buena señal que aquella chica fuese tan puntual.

Se levantó de la silla, y se dirigió a la entrada, no sin antes pasar por el espejo que había en el pasillo que separaba el salón y la cocina del recibidor, y comprobar que estaba peinada y presentable para recibirla.

Hubiese preferido que la persona que estuviera al otro lado hubiese sido una chica mona, que le diese buena espina y le transmitiese confianza para poder dejarle a cargo de su hija y ya está. Pero en cuanto abrió la puerta, lo que se encontró allí fue algo distinto, algo mucho más que eso.

Una chica de cabello color castaño oscuro que caía sobre sus hombros con algunas ondulaciones, con unos ojos verdes con una profundidad que Clarke no pudo calcular y un cuerpo prácticamente perfecto, cubierto por unos vaqueros oscuros que se adherían a sus piernas y una camiseta blanca de tirantes que dejaba ver su piel tersa y ligeramente bronceada.

Clarke simplemente perdió la capacidad de respirar.

No podía creer que algo tan perfecto como la chica que se encontraba frente a ella estuviera allí, en su puerta, esperando para tener una entrevista para cuidar de su hija.

-Ho... hola - Dijo la chica, sacando a Clarke de su ensimismamiento. Seguramente se habría pasado más segundos de los normales observándola de arriba abajo. Pero le era imposible apartar sus ojos de ella.

-Hola, Lexa, ¿verdad? - Le dijo intentando aparentar normalidad, y la chica simplemente asintió - Pasa, por favor - Le dijo haciéndose a un lado para que pudiera entrar y cerró la puerta tras ella.

-Es un placer conocerla, Clarke - Dijo Lexa una vez dentro. Clarke se quedó un par de segundos analizando cómo sonaba su nombre en los labios de aquella joven.

-Trátame de tú, Lexa, no soy tan mayor - Rio, y Lexa le sonrió tímidamente, haciendo que Clarke se pusiera nerviosa. ¿Cómo era posible que se sintiera así ante una simple chiquilla?

-Está bien - Dijo amablemente.

-También es un placer conocerte a ti, Lexa. Pasemos a la cocina y así podemos charlar mejor, ¿te parece? - Lexa asintió levemente y la acompañó hasta donde Clarke le indicó, tomando luego asiento en una de las sillas que había - ¿Quieres un té?

-Estaría genial, gracias - Dijo con una pequeña sonrisa.

Clarke pudo notar los nervios de Lexa, aunque estaba convencida que no tenían nada que ver con los que ella estaba sintiendo en ese momento. Supuso que para una chica joven como ella, no sería nada fácil entrar en la casa de un desconocido así como así.

Empezó a preparar los tés en silencio mientras la miraba de reojo cómo estaba sentada en la silla, cabizabaja, jugando con sus manos, y dejando a la vista de Clarke su perfil delineado y perfecto.

Dios, no podía ser tan preciosa.

-Bueno, Lexa - Dijo de repente, rompiendo el silencio - ¿Te ha costado mucho encontrar la casa?

-Qué va, en absoluto - Respondió sonriendo nuevamente y Clarke pensó que si seguía haciendo eso se iba a desmayar allí mismo.

Debía controlarse, era una persona adulta y no entendía el por qué de su reacción. Estaba acostumbrada a ver chicas guapas, y nunca provocaban lo que Lexa estaba provocando en ella, y menos cuando había tanta diferencia de edad de por medio.

-¿No? Pues está bastante escondido - Le dijo mientras calentaba el agua en la Kettle y luego la vertía en dos tazas.

-Con la ayuda del móvil ha sido muy sencillo llegar. Lo que sí es cierto es que pensaba que estaría más lejos del metro - Clarke sonrió. Su casa se encontraba en un barrio residencial algo apartado de la zona más comercial de Ealing, así que había que subir una gran cuesta hasta llegar allí.

-Bueno eso es verdad, pero no te preocupes, hay buses que suben y bajan cada cinco minutos.

-Está bien saberlo - Dijo Lexa mientras Clarke se sentaba en una silla frente a ella y observó sus ojos azules.

En cuanto aquella mujer rubia le había abierto la puerta, se había quedado sin habla. Era realmente preciosa.

En un principio había pensado que sería alguien mayor o no tan espectacular, pero luego recordó que su hija sólo tenía cinco años y que una persona con una niña tan pequeña podía ser todavía joven y muy atractiva y Clarke era la prueba de ello.

Su cuerpo enfundado en un vestido negro que resaltaba sus increíbles curvas había hecho que Lexa tuviera que tragar hondo nada más verla.

Lexa enseguida recordó que en la carta de presentación que había leído en aquella página, daba a entender que la familia sólo estaba compuesta por ella y por Alycia, su hija. ¿Significaba eso que Clarke estaba soltera?

Intentó apartar esos pensamientos de su mente, eso no era de su incumbencia.

-Cuéntame, Lexa - La voz ronca e increíblemente atractiva de Clarke la sacó de sus pensamientos. ¿Qué narices hacía pensando en cosas como esa? - ¿De dónde vienes y qué haces exactamente en Londres?

-Vengo de Cleveland, de Ohio - Contestó Lexa - Y bueno, estaba teniendo una mala racha por así decirlo allí y como mi hermano vive aquí, decidí venir para cambiar de aires y poder empezar.

-Oh, ¿tiene algo que ver con el corazón? - Lexa se preguntó si era normal que le dijese eso.

-Algo así - Respondió ladeando la cabeza a la vez que en su boca se presentaba una tímida sonrisa.

-Bueno, no quiero incomodarte con ese tema - Dijo Clarke haciendo un ademán con las manos - Entonces, ¿te gustan los niños verdad?

-Claro, la verdad es que se me dan bastante bien. Tengo bastantes primos pequeños y siempre he sido un poco la canguro.

-Gratis, imagino - Le dijo Clarke, divertida y Lexa rió ligeramente.

-Exacto.

-Créeme, yo también he pasado por eso - Le dijo, bebiendo de su taza - Y bueno, ¿cuánto tiempo pensarías quedarte?

Lexa se quedó pensando unos segundos.

¿Cuánto tiempo se quedaría con esa rubia y su adorable hija? El que hiciera falta si eso significaba que podría observar semejante obra de arte como lo era la mujer que tenía enfrente.

-No tengo un tiempo previsto, pero sé que mínimo unos ocho o nueve meses - Contestó finalmente.

-Eso estaría genial, porque aunque en principio sólo me hace falta alguien para el verano, en el momento que Alycia se encariñe va a ser muy duro para ella.

-Y para mí también, seguro - Dijo Lexa, sin darse cuenta de que aún Clarke no había tomado una decisión y en cuanto vio la sonrisa en la boca de la rubia intentó rectificar - Quiero decir, si llego a...

-Te he entendido, Lexa - La cortó Clarke, riendo.

-Bueno, y tu marido, ¿también está en casa? - Preguntó Lexa tras unos segundos de silencio, sin saber si estaba yendo demasiado lejos al hacer esa pregunta.

-Oh no - Contestó Clarke moviendo la mano - Estoy separada, y además, mi ex es una mujer, espero que eso no te importe.

¿Estaba escuchando bien? Era lo que menos se esperaba, que le dijera que era lesbiana, o bisexual, no lo podía tener claro.

-En absoluto - Dijo rápidamente.

Lexa prefirió no comentar nada acerca de su orientación sexual, no le resultó relevante, pero el dato revelado por Clarke no pasó desapercibido para la morena, ni mucho menos.

Acabaron sus respectivos tés y Clarke se levantó.

-¿Te parece bien que te enseñe la casa?

-Sí, claro - Dijo Lexa asintiendo, mientras se levantaba, imitando a Clarke.

-Bueno, por si no te habías dado cuenta, esto es la cocina - Le dijo Clarke a modo de broma.

-¿En serio? Jamás lo hubiese imaginado - Soltó Lexa, atreviéndose a seguir el juego y Clarke que estaba caminando delante de ella, se giró para observarla con una sonrisa.

-Tienes sentido del humor, me gusta.

Clarke le enseñó la preciosa casa a Lexa. La cocina era bastante grande y se conectaba a través de unas puertas de cristal con el salón, también bastante grande con una televisión enorme y un sofá que parecía bastante cómodo. El salón se comunicaba a través de una puerta corredera con el jardín, donde había un columpio y una cama elástica y varios juguetes de Alycia. También había un pequeño baño y una habitación de invitados en la planta baja.

La planta de arriba constaba de la habitación de la pequeña Alycia, toda llena de muñecas y con decorados rosas; un gran baño, que según le dijo Clarke sería el que utilizaría ella en exclusiva; la habitación de Clarke y la suya, que era realmente increíble. Había una cama enorme y también una televisión, y por la ventana se podía ver el gran jardín de la casa, y un pequeño bosque que había más allá.

A Lexa simplemente le encantó.

Estuvieron unos minutos más charlando sobre el trabajo de Clarke y la carrera de Lexa hasta que el timbre sonó y Clarke sonrió.

-Esa es Alycia, ¿preparada para conocerla?

-Claro.

Todavía estaban en el piso de arriba, así que bajaron por las escaleras y Clarke abrió la puerta, y Lexa puso observar una pequeña niña preciosa, que era muy parecida a su madre.

-Hola, mami - Oyó decir a la niña mientras se acercaba a su madre para abrazarla.

-Hola, cariño - Dijo mientras la cogía en brazos y luego se dirigía a la chica que había llegado con la niña - Gracias Rachel, nos vemos mañana.

-Hasta mañana, señora Griffin - Clarke cerró la puerta y se dirigió a Lexa y a su hija.

-Mira cariño, esta chica es Lexa - Dijo mientras la dejaba en el suelo y la niña se agarraba a la pierna de su madre mientras ésta reía - Vamos Aly, que no pasa nada, es muy simpática.

Lexa se acercó levemente, mientras se agachaba, con una dulce sonrisa en el rostro.

-Hola Alycia, encantada de conocerte - Lexa le tendió la mano.

-Así no se saluda a una princesa, eso es de hombres - Dijo la niña tan flojito que Lexa apenas lo escuchó.

-¡Oh, vaya! - Dijo Lexa haciéndose la sorprendida - ¿Y cómo tengo que saludar a una princesa como tú?

-Tienes que darme un besito aquí - Le contestó, aún sin soltar a su madre, y señalándose la mejilla.

-Está bien - Dijo Lexa, ampliando su sonrisa, mientras se acercaba a la niña y hacía lo que ésta le había dicho - ¿Lo he hecho bien?

-Sí - Dijo la niña, sonriendo levemente y soltando finalmente a Clarke.

-¡Genial! Choca esa - Le dijo Lexa, levantando la mano derecha para que la niña se la chocara y así lo hizo.

Clarke, que observaba con dulzura la imagen, habló finalmente.

-Bueno, creo que vosotras dos os vais a llevar genial, ¿eh? - Rió animadamente y Lexa le dedicó una mirada sonriente que Clarke no pasó por alto - Lexa, ¿te gustaría quedarte a comer?

-Sí, ¡porfi! - Dijo Alycia.

-Bueno, creo que si me lo pides así no puedo negarme - Contestó Lexa.

Clarke se fue a la cocina a preparar la comida mientras Lexa subía al piso de arriba, cogida de la mano por Alycia, que estaba impaciente por enseñarle todos sus juguetes. Lexa escuchó atenta a todo lo que le decía la niña y quedó impresionada por el arsenal de muñecas que tenía escondido en un baúl bajo la cama.

Mientras tanto, Clarke abajo intentaba procesar el hecho de que tal preciosidad estuviera en el piso de arriba de su casa jugando con su hija, y parecía que la pequeña se había enamorado rápidamente de la morena, y lo cierto es que no podía culparla.

La sonrisa que mostraba era muy encantadora y sincera, y si además sumábamos que era físicamente perfecta... ¿Quién se iba a resistir?

La comida fue muy agradable para las tres. Clarke había preparado pasta a la carbonara, que dio la casualidad que era uno de los platos favoritos de Lexa, que así se lo hizo saber, y la rubia quedó encantada con que la morena estuviera disfrutando de la comida.

Alycia seguía contándole mil cosas a Lexa, como qué dibujos solía ver después de volver del cole, qué desayunaba, y quiénes eran sus mejores amigos, a lo que Lexa escuchaba atentamente, y Clarke las observaba de forma divertida.

-Ha sido un placer tenerte aquí, Lexa - Le dijo Clarke cuando ya llegó la hora de que se tuviera que ir - Y creo que Alycia opina lo mismo, ¿verdad? - Le preguntó a su hija, mirándola.

-¿Cuándo te vienes a vivir? - Preguntó la niña, haciendo reír a ambas.

-Bueno, yo... - Empezó a decir la morena pero Clarke la interrumpió.

-Muy pronto lo sabremos, cariño. Gracias por venir, y te llamaré pronto con una respuesta, ¿vale?

-Gracias a vosotras - Dijo Lexa - Me ha encantado conoceros, sobretodo a ti, monito - Le dijo Lexa a Alycia, haciéndole una pequeña caricia sobre la nariz - Hasta luego.

-Hasta luego, Lex - Le dijo la niña, moviendo la mano y su madre cerró la puerta, mirándola de forma divertida.

-Pero bueno - Le dijo - Sí que has cogido confianzas, ¿no?

-Mami, quiero que venga, me gusta mucho.

-Ya me he dado cuenta, pillina - Le contestó riendo - Luego la llamamos y se lo decimos, ¿vale?

-¡Bien! - Chilló la niña dando un saltito.

Alycia parecía muy contenta, y ella estaba fascinada con aquella joven. La verdad es que no sabía hasta qué punto sería buena idea ofrecerle el puesto de Au Pair, dado su espectacular físico y lo que le había provocado con tan sólo unas horas cerca, pero después de cómo se había encariñado Alycia, no podía hacer otra cosa.

Así que unas horas después, mientras su hija miraba unos dibujos en la tele y ella estaba a su lado con una taza de café, decidió llamarla y ofrecerle el puesto, que la morena aceptó encantada.

Bueno, ahora simplemente tenía que hacer que esa sensación que le había dejado Lexa desapareciera, y todo estaría bajo control.

Bueno, aquí tenéis el segundo capítulo.

Espero que os haya gustado el primer encuentro de Lexa con Clarke y la pequeña Alycia, que por cierto, es una monada, ¿verdad?

Dejadme en la cajita de comentarios qué os ha parecido, y nos leemos pronto!

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