Lexa abrió los ojos poco a poco, notando los rayos del sol incidiendo directamente sobre su rostro. Frunció el ceño y se dio la vuelta, enterrando la cabeza bajo la almohada.
Eso era una de las pocas cosas que odiaba de Londres, y de Inglaterra en general. Solía amanecer muy temprano, y en la mayoría de casas no tenían persianas, por lo que el sol era bastante molesto.
Miró el reloj y se dio cuenta que apenas eran las siete y media de la mañana, pero entonces agudizó su oído y pudo escuchar algunos grititos alegres procedentes de la planta baja: Alycia ya estaba despierta.
Sonrió y se levantó de la cama, se miró en el espejo que había en la habitación, y salió de allí dirigiéndose a la cocina.
-Y entonces Lexa se tiró por el tobogán conmigo y caímos al suelo y se dio en el culete - Escuchó relatar a la pequeña.
-Pobre Lexa, sólo lleva un día, la vas a matar - Le replicó su madre al mismo tiempo que Lexa llegaba a la cocina y un delicioso olor inundaba sus fosas nasales.
-Creo que puedo soportarlo - Dijo la morena cuando estuvo cerca de las chicas Griffin.
-¡Buenos días, Lexa! - La saludó Alycia con efusividad.
-Buenos días, monito - Le contestó acercándose a ella, acariciando su pelo rubio.
En ese momento, Clarke, que se encontraba en la zona de cocinado preparando tortitas, se dio la vuelta y en su campo de visión entró el precioso cuerpo de Lexa, que llevaba una camiseta de tirantes blanca y unos pantaloncillos negros muy cortos a modo de pijama, que dejaban a la vista unos brazos y unas piernas ligeramente bronceados y bastante en forma, y que dejaron a Clarke atónita, sin poder respirar. La rubia notó cómo su entrepierna comenzaba a humedecerse sólo por la imagen que tenía ante ella.
Sacudió levemente la cabeza. Tenía que hacer todo lo posible por evitar sentirse así en presencia de la morena. Era la canguro de su hija, por dios.
Pero estaba segura que nadie podría evitar sentirse de esa manera. Sólo había que verla.
-Buenos días, Lexa - Dijo una vez las palabras quisieron salir de su garganta - Estamos preparando tortitas, ¿te gustan?
-Me encantan - Dijo con una sonrisa.
Para Lexa tampoco había pasado desapercibido aquel camisón color negro que la rubia llevaba en aquellos momentos. Le llegaba hasta la mitad de los muslos, dejando ver sus increíbles y femeninas piernas.
Lexa era consciente de que Clarke era mayor que ella. Pero eso no era impedimento alguno, ni mucho menos, para sentirse atraída hacia ella del modo en que lo hacía.
Tenía una hija y aún así era muchísimo más atractiva que la mayoría de chicas que había visto de su edad.
-Hay zumo y leche en la nevera, coge lo que quieras de beber y en unos segundos te sirvo la comida - Le dijo Clarke, que estaba terminando de cocinar.
Lexa cogió una botella de zumo de naranja natural que vio y se llenó un vaso con su contenido, antes de sentarse al lado de Alycia en la mesa.
-¿Te gusta el sirope de arce? - Le preguntó la pequeña.
-Claro, me encanta.
Un par de minutos más tarde, Clarke se unió a ellas dejando delante de cada una un plato con unas tortitas, un par de salchichas y también un poco de huevos revueltos.
-Mira, tienes que echarle sirope así - Le dijo Alycia, cogiendo el bote y llenando su plato con él.
-Oye, no te pases, Aly - Le regañó su madre - Que eso está muy dulce.
-¡Pero está más bueno así, mami! - Le dijo la pequeña, a lo que Clarke y Lexa rieron.
-¿Quieres que te ayude con eso, monito? - Preguntó Lexa a Alycia, ya que vio que no se aclaraba mucho para cortar la comida del plato.
-Sí, por fi - Le dijo, y Lexa se acercó a ella para ayudarla.
-Bueno, Lexa, ¿qué tal tu primer día aquí? - Le dijo Clarke, tras pasarse unos segundos embobada mirando cómo la morena ayudaba a su hija con todo el cariño del mundo y sintiendo cómo se le caía la baba con aquella imagen.
-Genial, la verdad es que me siento muy cómoda - Le dijo sinceramente, mirándola a los ojos y formando una sonrisa que hizo que Clarke tuviera que tragar con fuerza.
-Me alegro, nosotras también estamos muy contentas de que estés aquí, ¿verdad? - Dijo mirando a su hija.
-¡Sí! Tenemos que volver al parque, Lexa - Le dijo la pequeña.
-Claro, cuando quieras - Contestó, revolviéndole el pelo rubio.
-Bueno pero hoy tienes día libre, porque yo no trabajo - Intervino Clarke - Unas amigas van a venir a comer hoy, puedes quedarte con nosotras o si tienes algún plan, puedes irte.
-¡Que se quede, que se quede! - Gritaba la niña mientras alzaba el tenedor en el que tenía pinchado un trozo.
-Bueno cariño, si ella quiere, si no, puede irse.
-Pero te quedarás, ¿verdad? - Le preguntó - Tienes que conocer a tía Octavia y tía Raven.
-Si tú quieres que me quede, me quedo - Le respondió con una sonrisa haciendo que la niña soltara un pequeño gritito de emoción.
-¿No tienes planes ni nada? - Preguntó Clarke interesada, mientras seguía desayunando y bebía un sorbo de su café.
-La verdad es que no, ahora miraré en el ordenador porque creo que hacen quedadas para Au Pairs, pero lo cierto es que no conozco a mucha gente por aquí.
-Bueno eso es una buena opción para hacer amigos, yo te animo a que vayas - Le dijo sonriendo y Lexa deseó que la animara a hacer otras cosas.
Un rato más tarde, Lexa estaba en su habitación mirando algunos eventos de Facebook, buscando algún plan de Au Pairs que la animase lo suficiente. Clarke se había metido en su habitación para arreglarse y escuchaba a la niña en la suya canturreando, ya que sus cuartos estaban pared con pared.
De repente, el canturreo de la pequeña paró, y a los segundos Lexa oyó como golpeaban suavemente su puerta.
-¿Si?
-Lexa, ¿quieres jugar conmigo? - La cabecita de Alycia asomaba por su puerta y Lexa no pudo evitar reír levemente. Le resultaba adorable que aquella pequeña niña la buscase todo el rato para estar con ella cuando no hacía tanto tiempo que se conocían. En un principio pensó que sería mucho más tímida pero le sorprendió que, tras los momentos iniciales de vergüenza, fuese tan abierta y risueña, y eso hacía que le tuviera más cariño aún.
-Por supuesto, ¿me das dos minutos? - La niña asintió - Ve preparando el juego que quieres y enseguida bajo al salón.
-¡Bien! - Dijo la niña antes de irse de la habitación, haciendo que Lexa volviese a reír.
Terminó de decidir que iría a un evento que encontró, donde se juntarían varias chicas también de Estados Unidos como ella, recién llegadas a la ciudad, para tomar algo. Parecía un plan tranquilo y era lo que le apetecía a ella en aquel momento.
En cuanto acabó, cerró el portátil y bajó las escaleras para reunirse con la pequeña, que la esperaba con un gran estuche lleno de pinturas de todo tipo y de todos los colores y muchas hojas sobre el suelo. Lexa sonrió.
-¿Vamos a pintar? - Preguntó.
-Sí, ¿te gusta pintar?
-Me encanta.
Llevaban ya un buen rato dibujando y enseñándose lo que iban haciendo la una a la otra, y estaba tan inmersa y concentrada en lo que estaba haciendo que no oyó los pasos que se acercaban.
-Bueno, ya veo que estáis entretenidas, ¿no? - Dijo una voz divertida a sus espaldas y Lexa se dio la vuelta para poder mirarla a los ojos pero no fue eso lo que hizo.
Lo primero que sus ojos enfocaron fueron aquellas piernas que ya había visto esa mañana desnudas, esta vez por delante, con sus muslos tonificados y muy estilizadas, subidas sobre unos tacones negros.
Lexa sintió un escalofrío recorrer su espalda sólo con la imagen que se mostraba ante ella. Después del par de segundos de confusión y ensimismamiento, alzó la vista hasta los ojos de Clarke para que no notase nada raro, aunque seguramente sí lo habría notado.
Pudo ver la mirada azul sobre la suya, con una sonrisa y la sensación que recorrió su cuerpo fue una mezcla de excitación y vergüenza.
-Sí, mami - Dijo Alycia, rompiendo aquel momento, y levantando el dibujo que estaba haciendo la morena - Mira qué bien dibuja Lexa.
Clarke cogió el dibujo que le ofreció la pequeña y observó aquel monigote que parecía un cacahuete con una capa roja. No pudo evitar reír.
-¿Y esto? - Preguntó mirando a Lexa.
-Cuando tenía unos 15 años me lo inventé. Es un personaje de cómic - Dijo mientras se encogía de hombros.
-Yo antes solía dibujar también, ¿sabes? - Lexa la miró sorprendida - Pero entre el trabajo y el animalillo este - Miró a su hija de forma divertida, haciendo reír a Lexa - No tengo tiempo para nada.
-Lo comprendo - Le dijo Lexa con media sonrisa.
-Oye, ¿vas a estar aquí? - Lexa asintió - Tengo que salir un momento a comprar una cosa para la comida, si vas a estar aquí te dejo con Alycia mientras seguís pintando.
-Claro, sin problema.
-¿Te quedas con Lexa, cariño? - Preguntó la rubia a su hija.
-Claro, mami, te vamos a hacer un dibujo muy bonito.
-Así me gusta - Sonrió - Hasta ahora chicas.
Clarke dirigió su mirada a Lexa y se dio cuenta de que la morena la miraba fijamente. Se dio la vuelta para dirigirse a la entrada de su casa y suspiró una vez supo que no podía verla. Esa chica iba a matarla con esos ojos y ese físico perfecto.
Se habían pasado el resto de la mañana haciendo dibujos. Alycia había dibujado sobretodo a Clarke, varias veces, y a otra mujer, la cual la niña le había dicho que era su otra madre. No supo por qué, pero a través del dibujo que había hecho aquella pequeña de cinco años, pudo decir que aquella mujer no era tan guapa ni tan atractiva como Clarke.
La rubia había vuelto una media hora después y se había dedicado a cocinar la comida para ese día, que sería pollo al curry, y que Clarke le preguntó si le gustaba. Siempre se cercioraba de que estaba a gusto y eso le encantaba.
Estaba mirando el último dibujo que había hecho Alycia cuando el timbre de la puerta principal sonó.
-Cariño, ve a abrir - Le dijo Clarke a su hija.
La niña se levantó de la alfombra donde estaban sentadas y se dirigió a la puerta, abriendo al segundo.
-¿Pero a quién tenemos aquí? - Escuchó hablar a una voz femenina.
-¡Hola, tía Raven! - Dijo Alycia emocionada.
-Hola, tesoro - Respondió la mujer cogiéndola en brazos.
Unos segundos más tarde, Lexa vio entrar a la mujer que llevaba cogida en brazos a Alycia, que tenía el pelo castaño oscuro y ojos marrones, y a su lado otra mujer de su edad más o menos, con los ojos verdes.
-Tú debes de ser Lexa - Le dijo la segunda con una sonrisa, Lexa asintió y se levantó para saludarla con dos besos - Yo soy Octavia.
-Encantada - Respondió amablemente.
-Oye princesa, déjame que salude a esta chica - Dijo la otra mujer, dejando en el suelo a Alycia y acercándose a Lexa - Es un placer conocerte, Lexa, yo soy Raven.
-Igualmente.
Lexa se fijó en que Octavia colocaba la mano en la parte baja de la espalda de Raven. Pensó que hacían una pareja muy atractiva, ya que ambas eran bastante guapas.
-Bueno, ya veo que no hace falta que haga presentaciones - Dijo Clarke, que apareció por la puerta de la cocina.
-No, ya hemos conocido a esta chica encantadora - Respondió Raven.
-La comida está casi lista, y la mesa está puesta en el jardín, podéis salir si queréis.
-Vamos a guardar todas las pinturas a tu cuarto, ¿vale Alycia? - Le dijo Lexa a la niña, la cual asintió y cogieron todas las cosas para subirlas escaleras arriba.
-Clarke, ¿pero qué coño? - Le susurró Raven una vez que Lexa y la pequeña habían subido.
-¿Qué ocurre? - Clarke la miró confundida.
-¿Y ese pivonazo de niñera?
-Ah, ya lo sé - Suspiró frustrada.
-Joder, me gusta hasta a mí - Añadió Octavia.
-Oye - Le regañó su mujer, mirándola con los ojos entrecerrados.
-¿Qué pasa? Tú lo has dicho primero - Repuso la morena - Además, sólo apreciaba la belleza.
-Clarke, no estarás pensando en tirártela ni nada, ¿no? - Inquirió Raven.
-¿Qué? - Dijo Clarke algo alterada, pero así susurró? - Raven por Dios, es una cría, y además, es la niñera de Alycia.
-Ya, pero tampoco te culparía si...
-Cariño, por favor, que Clarke tiene razón.
-Lo sé, lo sé - Las tres se callaron cuando oyeron los pasos de Lexa y Alycia bajar por las escaleras. Clarke volvió a la cocina para terminar la comida y Octavia y Raven salieron al patio.
La comida fue fabulosa. Lexa había notado que Clarke tenía bastante mano para la comida y todo lo que hacía estaba de muerte.
Raven le había estado haciendo preguntas durante toda la comida, mientras su mujer intentaba que se callara y Alycia se reía. Ella siempre contestaba y de vez en cuando veía que Clarke la observaba con media sonrisa, lo que le ponía algo nerviosa.
Un par de horas más tarde, cuando ya habían tomado un té y habían charlado un buen rato, las invitadas de Clarke se fueron despidiéndose de todas, y Lexa subió para darse una ducha y empezar a arreglarse para su salida.
Clarke estuvo un rato en el sofá junto a su hija, que estaba viendo dibujos animados muy atentamente, pero subió un momento a su cuarto para coger su teléfono y ver si tenía algún mensaje o llamada importante.
Cuando se encontraba por el pasillo, la puerta del baño se abrió y Lexa salió de allí envuelta en una toalla, todavía se podían ver algunas gotitas de agua por sus preciosos hombros. Llevaba el pelo mojado y hacia atrás y Clarke sintió que iba a desmayarse allí mismo.
-Oh, lo siento - Dijo Clarke cuando quedaron una frente a la otra, ella intentando ir a su habitación, y Lexa intentando llegar a la suya. Ambas esbozaron una sonrisa nerviosa y finalmente pudieron seguir con su camino, pero Clarke no perdió la oportunidad para darse la vuelta y contemplar esa media espalda desnuda, aún algo húmeda, que le provocó cosquillas en el estómago.
Esto no debe ser sano, murmuró para ella misma.
En cuanto cogió el móvil, salió de la habitación para bajar por las escaleras, pero entonces se percató de que la puerta de la habitación de Lexa estaba entornada, y no pudo controlar el impulso de dirigir su mirada hacia aquel punto, y sintió cómo su respiración se cortaba cuando vio el cuerpo de Lexa, completamente desnudo de espaldas a ella.
Por unos segundos, se deleitó observando esa espalda increíblemente perfecta, luego bajando su mirada lentamente, pensando en lo suave que debía ser esa piel y en lo bien que se sentiría bajo sus manos, y finalmente fijando sus ojos en aquellos gluteos redondos, perfectos, y que eran el inicio de unas piernas increíblemente atléticas.
Clarke tuvo que apoyarse unos segundos en la pared que se encontraba al lado de la puerta, tras dejar de mirar, para recuperar la compostura.
¿Qué narices le estaba pasando?
Jamás había tenido una reacción así. Tenía 35 años, no podía ir suspirando por chicas tan jóvenes, y que encima trabajaban para ella.
Bajó las escaleras y volvió a sentarse con su pequeña, tratando de ignorar las sensaciones tan ardientes que recorrían su cuerpo en esos momentos.
Lexa se encontraba en Trafalgar Square, una plaza en el centro de Londres, que era bastante icónica. La hora de quedada en el evento eran las ocho, así que llegaba un poco temprano.
Llevaba unos minutos esperando cuando alguien se acercó a ella.
-Disculpa, ¿estás esperando a las chicas Au Pair? - Le preguntó una chica morena, más o menos de su edad y estatura, que le sonreía amablemente.
-Sí, así es, ¿tú también vienes?
-Sí, soy Ontari - Le dijo.
-Yo Lexa, encantada - Le dijo sonriendo ella también - ¿De dónde vienes?
-De Nueva Jersey, ¿y tú?
-Ohio - Respondió simplemente.
Unos minutos más tarde, cuando habían hablado sobre las familias donde ambas se quedaban y sobre los niños que tenían que cuidar, apareció más gente.
Unas chicas llamadas Indra y Emori llegaron juntas, se ve que eran amigas. Más tarde un par de chicas más, Harper y Gina aparecieron cada una por su cuenta, y cuando vieron que ellas iban a ser las únicas que fueran esa tarde, decidieron poner rumbo a un pub, donde se estaban tomando tranquilamente unas sidras de sabores, que Lexa no había probado nunca, pero le pareció que estaban deliciosas.
Lexa había podido notar que la chica que había llegado primero, Ontari, la miraba con cierta intensidad muchas veces. Intentaba no ponerse nerviosa ni nada pero era imposible.
Lo cierto es que era bastante guapa y le había parecido simpática, y, por otro lado, también había ido a Londres a olvidarse de todo, ¿no?
Cuando ya eran cerca de las doce, y el metro estaba por cerrar, todas se despidieron y Ontari acompañó a Lexa al metro. Lexa cogió su móvil para mirar la hora, momento que la morena aprovechó para arrebatárselo de las manos, bajo la mirada sorprendida de Lexa.
-Este es mi número, por si quieres quedar otro día, me has caído bastante bien - Le dijo, tras habérselo anotado y devolviéndole su móvil.
-Tú a mí también, hasta luego - Le contestó sonriendo, a lo que la chica le respondió con el mismo gesto.
Lexa bajó las escaleras que conducían al andén de la línea que tenía que coger, pensando que había ido mucho mejor de lo que pensaba, y que además, había conocido a aquella chica que parecía tener un poco de interés en ella.
Pero conforme pasaban los minutos, y se encontraba ya dentro del metro dirigiéndose a la casa de las Griffin, una melena rubia apareció en su pensamiento, y eliminó cualquier resto de Ontari.
¿Cómo podía ser posible que se sintiese así por su jefa?
La tarde había pasado bastante tranquila para Clarke y la pequeña Alycia, estuvieron en casa viendo la tele y jugando a las muñecas, hasta que se hizo la hora de la cena y la rubia decidió llevar a su hija al McDonald's.
Solía hacerlo algunos sábados y la niña se ponía muy contenta, y ella no había cosa que adorase más que aquella preciosa sonrisa.
Alrededor de las once, Alycia ya estaba acostada y profundamente dormida, y ella se dedicó a mirar algún que otro capítulo de How To Get Away With Murder, un serie que le encantaba, antes de irse a dormir.
Llevaba dos o tres cuando oyó la puerta principal abrirse y su corazón se aceleró un poco. Dejó su portátil a un lado y salió a saludar a Lexa cuando la oyó subir por las escaleras.
-¿Cómo ha ido? - Le preguntó sonriente, una vez la vio frente a ella, provocando que la morena también sonriese.
-Genial, he conocido a unas chicas muy simpáticas y una de ellas me ha dado su número por si quiero quedar más veces.
¿Y quién no se lo daría?, pensó Clarke.
-Me alegro mucho, Lexa - Contestó, notando aquel verde sobre sus ojos, y pudo notar... ¿nerviosismo? No lo tenía muy claro.
-Buenas noches, Clarke - Le dijo al dirigirle una última sonrisa que la dejó sin aliento, antes de meterse en su habitación.
Clarke suspiró y se metió en su cama. Pensó que ya era hora de dormir así que apagó su portátil y apagó las luces.
En cuanto se dejó llevar por Morfeo, se encontró entre unos brazos ligeramente bronceados, con un tacto suave como la seda.
Sintió unos labios en su cuello, repartiendo besos por esa zona de su piel, consiguiendo erizarla, notando cómo cada vez esos besos eran más húmedos cuando una lengua se unió a ellos.
-Clarke... - Oyó esa voz agitada susurrar su nombre y se dio la vuelta, encontrándose con esos ojos verdes, mirándola con una intensidad que conseguía hacerle perder la razón.
Los otros labios buscaron los suyos, fundiéndose en besos necesitados, besos húmedos, en los que aquella lengua exploraba con detenimiento y profundidad su boca, provocando que de ella salieran gemidos sin poder evitarlo.
Aquellas manos comenzaron a explorar su cuerpo, que estaba desnudo, tocando sus pechos, y descendiendo hasta su sexo, mientras ella se abrazaba a aquella nuca.
Sintió cómo esos largos dedos se hundían en su humedad y comenzaban a embestirla de una forma totalmente salvaje, mientras notaba ese perfecto cuerpo sobre el suyo, friccionando y resbalando, a causa del sudor.
Notaba tres dedos en su interior arqueándose, mientras un pulgar masajeaba su clítoris con determinación.
-Córrete, Clarke... - Le susurró aquella voz.
El placer se expandía por todo su cuerpo y sonidos guturales salían de su garganta aunque ella tratara de acallarlos.
Se sobresaltó al despertarse y se quedó sentada en la cama, intentando calmar su respiración, y soltando un suspiro frustrado al notar que su ropa interior estaba totalmente empapada.
Aquí el cuarto capítulo, donde hemos podido ver más de esa atracción mutua que sienten ambas.
Sé que tal vez esto vaya algo lento, pero intentaré hacer que valga la pena.
Espero que os guste y que me lo digáis en los comentarios.
Aprovecho para decir que una amiga y yo hemos empezado una iniciativa para ayudar a otra amiga, Juno, que también escribe fics.
Si queréis colaborar, pasaos por el twitter que hemos creado para más información: BilleteParaJuno
Sin más, nos vemos en el próximo capítulo.
Twitter: humvnkru
