Lexa se había despertado con el cuerpo empapado en sudor, recordando los sueños que había tenido esa noche. Todos habían sido con Clarke, había soñado en tenerla en su cama, en poder hacerla suya y gritar hasta que su voz se desgarrase.
Cuando despertó al día siguiente, comprobó que Clarke no estaba allí que se encontraba sola en casa. Como la pequeña Alycia seguía con Nylah, ella tenía el día libre.
Bajó las escaleras y al llegar a la cocina para prepararse el desayuno, encontró una pequeña nota colgada con un imán en la puerta de la nevera.
Lexa, tienes el día libre, yo estaré fuera por la mañana.
Espero que podamos olvidar lo de ayer, es lo mejor.
Clarke.
Lexa suspiró mirando la nota y decidió que lo mejor era no quedarse todo el día allí, donde el olor de Clarke la invadía, y se le ocurrió hacer una visita a su hermano y a su amiga. Supuso que a estos no les molestaría que fuese, ya que desde que empezó a vivir con Clarke y Alycia, no había ido ni una sola vez.
Desayunó de forma rápida y cogió el metro para dirigirse al piso de Lincoln y Anya, le llevaría un buen rato, ya que vivían bastante lejos y tenía que hacer un par de transbordos, pero igualmente tenía todo día, así que no le importó.
-Pero mira a quien tenemos aquí, pensaba que te habías vuelto invisible, Lexa – Bromeó Lincoln una vez le abrió la puerta.
-Oye, encima que vengo a veros – Se quejó la pequeña, mientras le daba un pequeño abrazo a su hermano mayor.
-Pues vienes en mal momento, yo me voy a trabajar ahora.
-¿En serio? - Se lamentó - ¿Y Anya?
-Aquí estoy, perdida – Escuchó la voz de su amiga acercarse por el pasillo.
-Qué ganas tenía de verte – Se acercó a ella y le dio un pequeño apretón, que la castaña respondió con ganas.
-Pues no lo parece, no has aparecido desde que te has ido con las Griffin, petarda – Le reprendió de forma bromista.
-Eso es que no le puede quitar el ojo a Clarke – Contestó divertido Lincoln y Lexa no pudo evitar notar cómo los huesos de su espalda se tensaban – Bueno, yo me voy ya, pero si estás aquí cuando vuelva nos veremos.
El chico se despidió de su hermana y de su amiga y se fue a trabajar, y Lexa soltó un suspiro aliviado, al saber que ese erra un buen momento para poder hablar con su amiga y sacar todo lo que venía acumulando desde que se había mudado con Clarke y su hija.
-¿Qué te pasa? - Le preguntó de repente Anya, dejando a Lexa sorprendida de lo bien que la conocía, y cómo podía saber con apenas verla que estaba preocupada por algo.
-Siéntate.
-¿Todo bien? - Se preocupó, y se sentó en el sofá que había en el salón y Lexa la imitó.
-No lo sé – Contestó Lexa pasando su mano por su pelo, peinándolo hacia atrás – Es complicado, supongo.
-¿Todo bien con la niña?
-Sí, si... con la niña todo perfecto, me encanta. El problema es con la madre, más bien.
-¿Con Clarke? - Lexa asintió - ¿Te está explotando o algo? Porque si es así, Lex, te sacamos de ahí cagando leches.
-No, no, Anya – Negó Lexa con fuerza – No tiene nada que ver con eso, me trata genial y la verdad apenas tengo que hacer nada allí aparte de estar con la niña, y es algo que me encanta.
-¿Y entonces? No te entiendo.
-Anoche Clarke y yo nos besamos – Decidió ser sincera y no andarse con rodeos, y no supo si fue lo correcto cuando vio la reacción en la cara de su amiga, que se quedó con la boca abierta y el rostro ligeramente pálido.
-¿Que qué? - Dijo Anya sin ser capaz de creer lo que su amiga le acababa de decir.
-Pues eso, Anya, anoche nos besamos y dios... si no llega a ser porque ella nos paró...
-Pero Lexa, que es tu jefa, es la madre de la niña a la que cuidas, ¿qué coño te pasa en la cabeza?
-No lo sé, Anya, dios, llevo aguantándome las ganas de hacerlo todo este tiempo, y creo que ella estaba exactamente igual.
-Pero, pero... - Anya no sabía muy bien qué decir frente a la situación que le planteaba Lexa.
-No le busques explicación, de verdad, porque yo llevo casi dos meses intentando encontrársela y a la única conclusión que he llegado es que me encanta Clarke. Joder, nunca me había sentido así por nadie – Suspiró frustrada pasando sus manos por su rostro.
-Y... ¿cómo pasó lo de anoche? - Quiso saber su amiga.
-Pues, verás, Costia me envió unos mensajes.
-Joder, menudo culebrón – Dijo Anya abriendo los ojos de forma exagerada - ¿Qué quería la arpía?
-Venir a fastidiarme, como siempre.
-¿Y qué tiene que ver eso con Clarke?
-Salí al jardín, y ella vino un poco después, estuvimos hablando y al final me encontré besándola y te puedo prometer que yo no quería que eso se quedara ahí.
-¿Te ibas a tirar a tu jefa?
-Por mucho que lo intento, no la veo como eso, y sé que no debería ser así, pero lo es.
-Pero te la ibas a tirar – Insistió.
-Pues sí – Tomó aire profundamente, dejando su espalda apoyada sobre el respaldo del sofá – Es que de verdad, la veo con esos vestidos, y esa forma que tiene de mirarme, y cómo a veces me roza sutilmente y se me nubla la mente.
-Me estás dejando alucinada, Lexa.
-Lo sé, cuando me pongo a pensarlo seriamente alucino hasta yo – Rió la chica – Pero bueno, es lo que me pasa, no puedo controlarlo.
-Ya imagino.
-¿Y qué me aconsejas?
-Pues yo creo que tienes dos opciones: o tirártela, o irte.
-¿Y si no puedo hacer ninguna de las dos?
-Pues entonces estás jodida.
-Estoy jodida – Suspiró.
Tocó el timbre y esperó con impaciencia mientras movía las piernas a que abriera la puerta.
-Joder, venga - Dijo desesperada.
-¿Clarke? - Preguntó Raven una vez abrió la puerta.
-Dime que no está Octavia.
-No está Octavia - Respondió la morena sin entender muy bien qué era lo que hacía su amiga allí.
-¿Pero no está de verdad, o has dicho que no estaba porque yo te he dicho que te lo dijera?
-Joder, Griffin, es muy temprano, no me hagas pensar - Se quejó.
-Raven, es importante.
-No, no está.
-Vale - Dijo pasando al interior de la vivienda - Tengo que hablar contigo porque siento que voy a explotar.
-¿Qué te ocurre?
-Lexa me ocurre.
-Oh dios.
-Y no sabes nada.
-¿Qué tengo que saber más?
-Anoche me besó.
-¡Oh Dios! - Exclamó en voz muy alta mientras se llevaba una mano a la cabeza y la otra la sacudía en el aire - ¿De verdad?
-De verdad y yo... no sé de dónde saqué las fuerzas para decirle que parase.
-¿Que tú hiciste qué..? Oh vamos, Griffin, no me jodas, ¿en serio?.
-Raven, es mi niñera, mi empleada, cuida a mi hija, ¿qué quieres que haga?
-Que te la tires, ¡joder! - Exclamó - ¿Qué tenéis que perder? No es menor de edad y no va a pasar nada, si ella sigue cumpliendo con su trabajo... ¿qué es lo que temes?
-Que no está bien, Raven, imagínate que se enterara Nylah... no puedo dejar que eso ocurra, lo sabes.
-Lo sé, pero es que no tiene que enterarse, Clarke.
-Raven, no puedo arriesgarme. No puedo de verdad, y me muero de ganas por dejarme llevar...
-Te lo estoy viendo en la cara.
Clarke cerró unos segundos los ojos, perdiéndose en el recuerdo de la noche anterior, en cómo los labios de Lexa se habían movido sobre los suyos y cómo su lengua había acariciado cada rincón de su boca, haciéndola sentir cosas que jamás había sentido antes con sólo un beso. Su entrepierna palpitaba nada más con ese pensamiento.
-Esto es un puto infierno - Se quejó cerrando los ojos - ¿Por qué me recomendaste que buscase Au Pair?
-Oye, no me eches la culpa a mí, ninguna imaginábamos que te iba a tocar una niñera cañón - Se defendió.
-Dios es que ni siquiera puedo echarla, no puedo hacerle eso a Alycia, no se lo merece.
-La quiere mucho.
-¿Te has dado cuenta tú también? - Raven asintió.
-Y me estuvo hablando de ella una y otra vez cuando fuimos a Thorpe Park, dice que no quiere que se vaya nunca.
A Clarke se le encogió el corazón pensando en cuan devastada se quedaría su pequeña si Lexa se fuera, y se arrepintió de haber tenido el pensamiento de querer alejar de la vida de Alycia alguien que se había convertido en una persona tan importante para ella.
-No sé cuánto tiempo más voy a poder luchar contra esto.
-Pues no lo luches, ¿por qué siempre haces caso a la recta de mi mujer y a mí nunca?
-Porque Octavia suele ser la voz de la razón - Dijo la rubia entre risas, relajándose un poco en medio de toda esa tensión que estaba sintiendo.
-Pero aún así has venido aquí asegurándote de que ella no estaba...
-A veces necesito un poco de los dos lados, supongo.
-Bueno, ¿quieres que nos relajemos un poco? - Le propuso Raven mientras iba a la nevera de la cocina y sacaba dos cervezas.
-Reyes, apenas son las diez de la mañana, ¿ya quieres beber?
-Venga, te sentará bien - Le extendió la cerveza y Clarke la aceptó, encogiéndose de hombros.
-Por que te tires a la niñera buenorra - Levantó su botella, buscando que Clarke la chocara con la suya, y la rubia no hizo mientras se reía y ponía los ojos en blanco.
Lexa había vuelto de casa de Anya y Lincoln un rato después de haber charlado con su amiga. Lo cierto es que aquella conversación no le había dejado mucho más claro lo que debía hacer, pero al menos había podido desahogarse con su amiga y ser sincera, porque tener retenido todo aquello dentro de ella la estaba quemando.
Había quedado con las chicas Au Pair, entre ellas Ontari, y en ese momento se encontraba relajándose en su habitación, esperando a que fuese la hora para salir, cuando oyó la cerradura de la puerta principal abrirse.
Lexa suspiró, había esperado que Clarke no volviese antes de que ella se fuera y así evitar encontrársela, no sabía cómo sería eso, pero no creía que fuese a ser demasiado cómodo para ninguna de las dos.
Oyó sus pasos subiendo las escaleras y su cuerpo se tensó cuando tocó suavemente la puerta de su habitación.
-Lexa, ¿estás? - Dijo con voz suave.
-Sí, pasa - Contestó intentando aparentar normalidad, e incorporándose para levantarse de la cama.
La puerta se abrió y Clarke entró, con uno de aquellos vestidos que se ceñían a sus curvas y que le subían la presión arterial a Lexa, y es que la morena pensaba que lo hacía a propósito.
-¿Podemos hablar de lo de ayer? - Preguntó de forma directa.
-No tenemos por qué, Clarke - Miró aquellos ojos azules que tanto miedo tenía de enfrentar y vio la profundidad con la que la seguían mirando - No debí hacerlo y ya está.
-No quiero que pienses que yo no quería eso, Lexa, porque sí que lo quería, lo quiero.
-¿Y para qué me dices esto? - Preguntó sin entender - Es mejor que hagamos como que nada ha ocurrido.
-¿Y tú puedes hacer eso? - Le preguntó Clarke - Porque yo no.
¿Qué quería decir con aquello? ¿Habría cambiado de opinión y ya no quería parar aquello?
-No sé si puedo, pero sí pienso que tienes razón y que deberíamos olvidarlo.
-Lexa, yo... - Se acercó para acariciar su mejilla pero la morena se apartó.
-Tengo que irme, Clarke, he quedado con las chicas Au Pair.
-¿Con Ontari? - Preguntó en un tono que Lexa pudo traducir como que a la rubia no le hacía mucha gracia que se juntase con ella.
-Entre otra gente. Nos vemos luego - Cogió su chaqueta y la cartera y salió de la habitación, dejando a Clarke allí, y bajó las escaleras sin entender a qué juego estaba jugando la rubia.
Lexa llegó al sitio donde habían quedado un poco antes de lo acordado, ya que el encuentro con Clarke no le había dejado otra salida que la de salir corriendo.
Clarke la estaba matando con su juego que no llegaba a entender y, definitivamente, pensaba que iba a volverse loca.
Clarke la iba a volver loca.
-¿Lexa? - Oyó a sus espaldas, y en cuanto se giró, vio a Ontari.
No habían hablado desde el día anterior, y ellas solían tener conversaciones por las noches, para contarse qué tal les había ido el día, pero Lexa prefirió no hacerlo después de que Ontari quisiera algo más con ella mientras veían la película.
Aunque, no sabía si era porque Clarke le había dejado llamas en su interior, o porque simplemente Ontari era preciosa, en ese momento se sintió muy atraída hacia ella.
-Hola, Ontari - La saludó con una sonrisa sincera.
-Pensé que no vendrías.
-Claro que sí, ¿por qué no iba a hacerlo?
-Después de lo de ayer pensé que... - Ontari desvió la mirada y Lexa le puso un dedo en la barbilla para que no lo hiciera.
-No te preocupes, de verdad, yo... la verdad es que no sé por qué te paré - Le dijo y la mirada de Ontari cambió de repente.
-¿De verdad?
-¿Quieres que nos vayamos de aquí? - Propuso con una sonrisa.
-Claro.
Lexa cogió suavemente su mano y anduvieron un rato hasta que llegaron a lo que parecía un callejón sin salida, bastante escondido y, sorprendentemente, muy limpio.
Lexa arrastró a Ontari hasta allí y la puso contra la pared, asaltando su boca rápidamente, haciendo que la morena gimiera por la sorpresa.
Las manos de ambas pronto comenzaron a pasearse por el cuerpo de la otra mientras el beso se hacía más profundo.
Lexa cerró los ojos imaginando aquellos ojos azules, imaginando aquellas curvas en sus manos, y esos labios de ensueño en su cuello.
Abrió los ojos y no fue eso lo que encontró allí, se encontró con la realidad: simplemente estaba utilizando a una chica que no se merecía aquello.
Instintivamente, se separó de golpe, dejando a Ontari confundida.
-¿Qué ocurre? - Preguntó la chica.
-Yo... no puedo, no puedo hacer esto, Ontari - La miró con pesadez - Lo siento.
Lexa se alejó de allí sin poder decir nada más, y de pronto sintió más deseo y más necesidad por Clarke.
Clarke se encontraba en el salón de su casa, mientras disfrutaba de la tranquilidad de no tener a Alycia correteando por todos lados, y tomaba una copa de vino mientras veía una película de forma distraída.
Su encuentro con Lexa aquella misma tarde la había dejado fría, porque después de haber hablado con Raven, había pensado que tal vez no estaría tan mal dejarse llevar un poco, pero después de ver la reacción de la morena, no sabía cuan cierto podía ser eso.
Además, ¿qué había cambiado en Lexa?
Si sólo habían pasado unas cuantas horas desde que la había besado en la tumbona de su jardín, y luego intentaba acercarse a ella y la rechazaba así...
¿Iba a ser una chica de 23 años la voz de la razón en aquella situación, después de todo?
Estaba sumergida en la televisión cuando la puerta se abrió como si fuera dar paso a un huracán, pero la que entró fue Lexa, que en ese momento se dirigía hacia donde ella estaba con una determinación impasible.
-¿Lexa? - Fue lo único que pudo preguntar con voz temblorosa antes de que la morena cogiese, llegase hasta donde ella estaba y cogiese su rostro en sus dos manos para levantarla hasta su altura y atrapar los labios entre los suyos.
Clarke se abrazó a su cuello, dejándose llevar por aquel beso tan placentero que Lexa había empezado a darle, y no pudo evitar gemir cuando las manos de la morena abandonaron su rostro y anduvieron por sus brazos y sus caderas.
-No puedo soportarlo.- Dijo Lexa contra sus labios en un susurro que la hizo estremecer.
-No te controles, no lo hagas. - Respondió la rubia entre jadeos.
Los labios de la morena descendieron hasta el cuello de Clarke, que instintivamente echó la cabeza hacia atrás, dándole a Lexa tanto espacio como necesitase, y su vello se erizó cuando su lengua lamió lentamente su piel.
Clarke descendió sus manos por su espalda, hasta llegar a sus glúteos, cogiéndolos por encima de los pantalones, y pegándola más hacia ella.
Lexa volvió a subir sus labios junto los de Clarke, y pasó su lengua por ellos antes de introducirla dentro de la boca de la rubia.
Clarke la cogió de los hombros e hizo que se sentara en el sofá. Se quedaron mirando unos segundos, con las miradas oscurecidas y sus respiraciones totalmente fuera de control, hasta que las manos de Lexa fueron hasta el borde del vestido que llevaba la rubia, levantándolo lentamente, acariciando sus suaves y desnudas piernas en el proceso, hasta que la prenda quedó a la altura de su cintura.
Clarke se sentó sobre la pierna izquierda de Lexa, y la morena gimió al sentir la ropa interior húmeda de la rubia contra su pierna, ya que llevaba shorts y el contacto en esa zona era totalmente directo.
Clarke aproximó nuevamente su rostro al de Lexa y rozó su nariz con la de la chica, antes de morder su labio inferior y succionarlo, besándola profundamente, mientras ambas ahogaban gemidos en la boca de la otra.
Lexa aprovechó que el vestido que llevaba la rubia era palabra de honor, y lo bajó, dejando sus pechos solo cubiertos por el sujetador, y se separó de los labios de Clarke para poder contemplar aquella parte de su anatomía.
-Dios... - Susurró mientras acariciaba con sus dedos la parte de aquellos pechos que quedaba al descubierto.
Clarke sonrió levemente y ella misma bajó también su sujetador, dejándolos al descubierto totalmente.
Lexa miró unos segundos los ojos de Clarke, que asintió, antes de llevar su boca a uno de ellos, succionando aquel perfecto pezón y lamiéndolo, notando cómo los jadeos de Clarke se volvían más constantes, mientras que una de sus manos se dedicaba a pellizcar y estimular el pezón que quedó libre, y la otra apretaba la cintura de Clarke contra ella.
Lexa enloqueció cuando vio cómo Clarke agarraba su nuca con fuerza mientras ella le regalaba aquella atención a sus pechos y comenzaba a mover la cadera, restregando su entrepierna contra su muslo.
Reforzó aún más si cabe el agarre que tenía en la cadera de la rubia mientras su boca disfrutaba de aquel perfecto pezón.
-Joder, voy a... - Dijo Clarke antes de que el timbre sonase repetidamente y ella frenase en seco sus movimientos - No puede ser.
Lexa se separó de sus pechos y la miró con gesto de preocupación.
-Tengo que... - Dijo la rubia, aún con la voz entrecortada y la respiración descontrolada.
-Sí, no te preocupes.
Clarke se colocó el sujetador y el vestido correctamente una vez se levantó de encima de Lexa, y maldijo a quien fuera que estuviera allí a esa hora.
Joder, tenía la ropa interior arruinada.
Fue con frustración hasta la puerta y la abrió de mala manera.
-¡Mami! - Alycia la miraba con una sonrisa.
-Hola, cariño - Dijo, confundida de que estuviera allí, y luego se dirigió a Nylah, que estaba a su lado - ¿Tú no sabes avisar?
-Lo siento, iba a traerla mañana pero me ha surgido algo.
-Menuda novedad - Rió de forma irónica, y Nylah la ignoró, entregándole la mochila con la ropa de la pequeña.
-Adiós, princesa - Le dijo la castaña, dándole un beso en la mejilla.
-Adiós, mamá - Alycia la despidió moviendo la mano, y Nylah se fue sin despedirse de Clarke.
-¿Y Lexa? - Preguntó la pequeña mientras su madre cerraba la puerta.
-Aquí estoy, monito - Clarke se dio la vuelta y la encontró justo detrás de ellas.
La niña chilló emocionada y fue a abrazarla, y Lexa la levantó con fuerza, mirando por encima del hombro de la niña a Clarke, que le devolvió la mirada con intensidad.
Parecía que el mundo quería que ella se quedase con las ganas de poder correrse gracias a la morena.
¿Matamos todas a Nylah? ¿Quién se apunta?
*Se quita la culpa y echa una bola de humo para huir despavorida*
Espero que no me matéis por ese final, pero puedo prometer y prometo que pronto habrá más y mejor.
Muchas gracias por vuestra paciencia, sé que he tardado una semana en actualizar pero no he podido hacerlo antes.
Espero que os guste el capítulo y me lo hagáis saber en los comentarios, tanto aquí como en twitter.
¡Nos leemos en el próximo!
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