Si había alguna palabra que podía definir cómo se había sentido durante esos dos últimos días, sin ninguna duda esa era frustración.
No podía describir lo que había sentido en aquellos cortos pero intensos momentos que había compartido con Clarke antes de que Nylah se presentara sin avisar, para variar, con la niña. Se estremecía sólo de recordar lo húmeda que había estado Clarke sobre su muslo, y cómo la rubia había gemido mientras ella se había dedicado a adorar con su boca sus perfectos pechos.
Las dos noches siguientes Clarke había tenido turno de noche en el hospital, por lo que no habían tenido oportunidad de hablar de lo que pasó, puesto que las pocas veces que habían coincidido, Alycia había estado presente, pero Lexa había notado esas miradas intensas que era incapaz de no corresponder, y esos roces fortuitos por parte de Clarke que le hacían sentir electricidad por todo su cuerpo.
Lo único en lo que Lexa había podido pensar en ese tiempo era en tener un momento para ellas solas, que si lo tenían probablemente deberían utilizarlo para hablar las cosas, pero ella lo aprovecharía para acabar lo que habían dejado a medias en aquel sofá.
Aquella mañana se despertó sabiendo que Clarke no estaría, puesto que le había dicho que su turno se alargaría hasta pasado el mediodía, y se extrañó al comprobar que eran más de las diez de la mañana y no había jaleo en casa, y que Alycia no había ido a despertarla para jugar o hacer algo juntas.
Salió de su cama y se vistió con unos pantalones de chandal y una camiseta blanca de manga corta y dejó la habitación para ir a buscar a la pequeña.
-¿Alycia? - Dijo en medio del pasillo, pero no hubo respuesta, así que fue a la habitación de la niña, donde la encontró hecha una bolita y con los ojos cerrados.
Lexa se acercó a ella y se dio cuenta que tenía las mejillas con un tono rojizo que no era muy normal, y su cuerpo tenía unos pequeños temblores. Puso la palma de su mano en su frente y se dio cuenta de que estaba bastante caliente.
-Monito, oye... - La llamó suavemente, para ver si estaba despierta, y la pequeña produjo algunos sonidos pero continuó con los ojos cerrados - ¿Cómo te encuentras, Aly?
-Me duele la cabeza... - Contestó en un susurro - Quiero a mami.
-Voy a llamarla, ¿vale? - La niña asintió casi imperceptiblemente - Enseguida vuelvo.
Lexa salió de la habitación y se dirigió a su cuarto para buscar su móvil y llamar a Clarke. No estaba segura de si la rubia podría volver a casa rápidamente, pero al menos podría hacer algo o darle algún medicamento para ayudarle a bajar la fiebre.
Marcó el número de Clarke y llamó, y la rubia contestó casi al instante.
-Hola, Lex, ¿todo bien?
-Hola, Clarke. Creo que Alycia tiene algo de fiebre, y está en la cama sin moverse - Le dijo mientras se movía de un lado a otro de la habitación.
Sabía que seguramente no era nada grave, pero aún así le ponía muy nerviosa ver a la pequeña tan vulnerable en la cama y más si ella no sabía qué hacer.
-¿Tiene fiebre? Joder... -Escuchó suspirar a la rubia al otro lado de la línea telefónica - ¿Puedes pasármela al teléfono? A ver si me dice si le duele algo.
-Claro, un segundo - Lexa volvió junto a la pequeña, que no se había movido en absoluto y le puso el móvil en la oreja - Toma monito, mami quiere hablar contigo.
-¿Mami? - Dijo Alycia, llevando su manita a la de Lexa, que no dejaba de sujetar el móvil para que la niña no tuviera que hacer ningún esfuerzo.
-Hola, mi amor, ¿qué te pasa? - Le preguntó con voz dulce su madre al otro lado de la línea.
-No lo sé, ¿puedes venir ya?
-Mami va a intentar ir lo más pronto posible, ¿vale cielo? Pero necesito que me digas si te duele algo, mi amor.
-Me duele la cabecita - Dijo, señalándose la parte del cuerpo que acababa de nombrar con su mano libre, haciendo sonreír a Lexa.
-¿Y ya está? - Indagó Clarke - ¿Nada más?
-Tengo frío.
-Vale, cariño, no te preocupes que Lexa te va a cuidar genial, y en cuanto pueda iré yo, ¿está bien?
-Vale
-Un besito muy fuerte, campeona, pásale el móvil a Lexa.
-Adiós, mami - Dijo antes de devolverle el móvil a la morena.
-Dime, Clarke - Le dijo Lexa una vez volvió a tener el teléfono en su oreja.
-Lex, ¿puedes ir al armario que hay al lado de la nevera en la cocina? Allí hay un jarabe, dale la mitad de una jeringuilla, eso le ayudará con el dolor de cabeza. Yo intentaré ir tan pronto como pueda, ¿vale?
-Claro, sin problema, Clarke.
-Y, oye Lexa... - La morena se tensó al notar el cambio en el tono de voz de Clarke.
-¿Si?
-Espero que tengamos luego algún momento para... hablar.
-Y yo - Tuvo que tragar con fuerza tras pronunciar aquellas simples dos palabras, pero aquel era el efecto que producía la rubia en ella.
-Hasta luego, Lex.
-Adiós, Clarke.
Lexa colgó, y tras ver que Alycia había vuelto a cerrar los ojos y se había acurrucado aún más, fue rápidamente hasta la planta de abajo para coger el jarabe que le había dicho Clarke, y volvió con él casi de inmediato para dárselo a la pequeña.
-Oye, monito, tienes que tomarte esto - Le dijo una vez llegó a donde ella estaba y se colocó frente a su cama, arrodillándose.
-No quiero - Dijo Alycia, entreabriendo los ojos y frunciendo el ceño al enfocar la botella que llevaba Lexa - Está muy malo.
-Pero si no te lo tomas no te pondrás buena y no podremos ir al parque ni podremos hacer nada.
-¿Iremos al parque si me lo tomo? - Preguntó con interés.
-Cuando te baje la fiebre, sí - Le aseguró la morena.
-¿Con mami?
-Claro, cuando venga.
-¿Y le darás la manita a mami como a mí?
Lexa dejó salir una risita mientras intentaba apartar los nervios que aquella pregunta tan inocente le habían causado.
¿Cómo podía estar con fiebre y seguir haciendo aquellas preguntas?
-Mami ya es mayor, no hace falta que le de la manita.
-Pero seguro que ella quiere dártela - Dijo la pequeña antes de toser levemente.
-Bueno, ya veremos eso - Le contestó Lexa riendo antes de darle la jeringuilla a la pequeña.
Pasaron el siguiente par de horas en la habitación de la pequeña, donde Lexa estaba sentada en un sillón frente a la cama y le leía algunos cuentos a Alycia, que poco a poco se había espabilado y parecía que había recuperado un poco su color normal, aunque se podía notar aún el calentor en su piel debido a la fiebre.
Se encontraban sumidas en la lectura de El libro de la selva cuando oyeron la cerradura de la puerta principal abrirse.
-¿Mami? - Preguntó Alycia, incorporándose rápidamente.
-Eh, eh, ¿dónde crees que vas? Acuéstate monito, que enseguida sube - Le dijo Lexa, ayudándola a tumbarse lentamente.
-¿Dónde están mis chicas? - Oyeron la voz de Clarke subiendo las escaleras y a Lexa se le aceleró el pulso solo de escuchar ese plural.
-Mami, aquí - Dijo Alycia, intentando alzar la voz, pero le salió de forma débil.
-¡Pero bueno! - Escucharon a Clarke una vez llegó a la puerta de la habitación - ¿Todavía en la cama? - Bromeó.
-Ya ves, está muy vaga hoy... - Se sumó Lexa a la pequeña broma, haciendo que la niña frunciera el ceño.
Lexa pudo ver perfectamente la mirada que le regaló la rubia, acompañada de aquella sonrisa, formando un nudo en su garganta.
-¡Estoy malita! - Protestó la niña.
-Ya lo sé cariño - Rió su madre acercándose a la cama - Sólo estábamos metiéndonos contigo. ¿Cómo te encuentras, mi amor? - Se inclinó y dejó un beso en la frente de la niña, que sirvió como saludo y para comprobar la temperatura de su cuerpo.
-Mejor, pero aún me duele la cabecita.
-Bueno, eso es normal, pero parece que ya apenas tienes fiebre, ¿quieres comer algo?
-¿Pizza?
-Pero qué morro tienes... - Le dijo entrecerrando los ojos, a lo que la niña rió, y luego miró a Lexa - ¿Quieres comer pizza?
-Claro - Contestó la morena.
-¿Me haréis pedir una hawaiana, verdad? - Se temió Clarke y sus sospechas se confirmaron cuando vio a las dos chicas asintiendo efusivamente con una sonrisa en sus caras - Menudo par me ha tocado... - Dijo, yendo a dejar sus cosas a su habitación y regalándole una sonrisa cómplice a Lexa.
Un rato después, y tras comprobar que la pequeña efectivamente ya estaba algo mejor, las tres decidieron bajar a la planta de abajo, donde se sentaron en el sofá, acomodando a Alycia con mantas, asegurándose en todo momento de que estuviera bien, y decidieron poner una película de dibujos mientras comían la pizza que Clarke había encargado.
-Mi pizza carbonara está mejor que vuestra pizza hawaiana - Les dijo Clarke a Alycia y Lexa, que comían felizmente de aquella pizza con jamón y piña.
-Mami, qué mal gusto tienes - Dijo la niña seriamente, haciendo reír a las otras dos.
-El mal gusto lo tenéis vosotras.
-De eso nada - Contestó Lexa, alzando su mano para que la pequeña la chocara.
Cuando acabaron las pizzas, dejaron las cajas en la mesa que se encontraba frente a ellas, y poco a poco Alycia acabó tumbada con su cabeza sobre las piernas de su madre, mientras que recargaba sus pies en el regazo de Lexa.
Lexa no se dio cuenta de que la niña se había quedado dormida sobre ellas hasta que sintió una mano acariciar sutilmente su cuello, erizando su vello.
Giró su cabeza lentamente para encontrarse con los increíbles ojos azules de Clarke sobre los suyos.
-¿Estás bien? - La susurró la rubia sin cesar en esa pequeña caricia, que le quemaba la piel a Lexa.
-Sí..
-¿Con esto? - Y movió su mano, acercándola a su nuca, introduciéndose entre los mechones de su pelo, haciendo que la morena cerrase los ojos y tomara aire con fuerza mientras ladeaba la cabeza para sentir más la mano de la rubia.
-Clarke... - Fue lo único que consiguió susurrar.
-Dime que pare, y pararé - Sus dedos comenzaron a acariciar la parte alta de la espalda de Lexa, introduciéndose levemente por dentro de la tela de su camiseta.
-No... pero... deberíamos hablar - Lexa se dio cuenta de que su voz era más un jadeo que otra cosa, pero no era capaz de articular con normalidad si la mano de Clarke estaba regalándole semejantes caricias.
Ambas notaron cómo Alycia cambiaba de posición y Clarke apartó rápidamente la mano, y Lexa enseguida anheló aquel contacto con la rubia.
Clarke le dio una significativa mirada, haciéndole saber que aquello no había acabado.
El día transcurrió tranquilamente, la fiebre de Alycia había bajado hasta ser prácticamente inexistente y las tres habían pasado el resto de la tarde viendo películas e incluso jugando a algunos juegos, una vez la niña se despertó de la siesta.
-Lexa, léeme un cuento - Le pidió a la morena una vez que la niña se había duchado y estaba ya acostada en su cama.
-Oye, qué pronto me has sustituido - Se quejó su madre.
-Jo, mami, es que Lexa pone voces - Se defendió la pequeña y ambas rieron.
-Está bien, pues os dejo para que contéis cuentos, yo me voy a mi habitación - Fue a darle un beso de buenas noches a la pequeña y al ir a salir del cuarto, paso por detrás de Lexa, rozando su hombro sutilmente, enviando un escalofrío a la espina dorsal de ésta - Buenas noches, cariño.
-Buenas noches, mami.
-¿Seguimos con El libro de la selva? - Le preguntó Lexa.
-Sí, por fi.
Estuvo un buen rato leyendo aquel libro, poniendo las voces de los distintos animales mientras Alycia reía, hasta que ya casi al final de la historia, la niña se quedó profundamente dormida y Lexa cerró el libro, acercándose luego a la pequeña para darle un beso en la frente.
-Buenas noches, monito - Le dijo en un susurro.
Se incorporó para ir a su habitación, cuando se encontró con Clarke, que recargaba su cuerpo sobre el marco de la puerta y la miraba con una sonrisa en la cara.
-Me encanta ver la relación que tienes con mi hija - Le susurró.
-A mí me encanta ella.
Sus miradas se encontraron y ambas dejaron sus ojos sobre la otra durante unos segundos hasta que salieron de la habitación y Clarke se encargó de apagar la luz y cerrar la puerta para que no fuese molestada.
-¿Quieres que hablemos? - Le preguntó Clarke, y Lexa tuvo que menear la cabeza levemente al percatarse de que la rubia estaba vestida con un camisón negro que llegaba hasta la mitad de sus muslos y estaba cubierto por una bata de seda del mismo color, que estaba abierta.
-Clarke, yo... - Intentó encontrar las palabras adecuadas pero en ese momento ninguna de sus neuronas parecía funcionar ante la imagen que tenía frente a ella.
-No tengo ni idea de qué es esto, Lexa, no sé qué está pasando y por más que busco una respuesta no la hallo, y lo único que sé ahora mismo es que no puedo dejar de pensar en lo que pasó la otra noche - Clarke se iba acercando a Lexa lentamente y la morena no retrocedió ni opuso resistencia.
-Yo tampoco - Dijo rápidamente, tragando saliva a continuación.
Sus miradas se encontraron en medio de la oscuridad del pasillo, y ambas fueron guiadas por el deseo que desprendían los ojos de la otra cuando sus labios se encontraron a medio camino con fiereza.
Las dos gimieron en cuanto abrieron la boca al mismo tiempo y sus lenguas empezaron a moverse al mismo compás. Las manos de Clarke se aferraron al cuello de la morena, que apretó el cuerpo de la rubia contra el suyo, ahogando un gemido en su boca cuando sintió sus pechos acomodarse contra los suyos.
Lexa no lo pensó demasiado antes de bajar sus manos hasta los muslos de Clarke y alzarla, haciendo que la rubia rodease su cintura con sus piernas.
-A mi cuarto- Fue capaz de articular Clarke en medio del beso contra los labios de Lexa.
La morena no lo dudó ni un segundo, y caminó hasta la puerta de la habitación de Clarke, la cual abrió con una pequeña patada, ya que estaba casi cerrada del todo.
Entró rápidamente y volvió a cerrarla con otra patada, andando después con Clarke en sus brazos hasta la cama de esta, dejándola sobre ella y gimiendo cuando en cuestión de milésimas de segundo la rubia agarró el cuello de su camiseta y la acercó a ella, haciendo que se pusiera encima de ella.
Sus labios volvieron a unirse, con más fuerza si cabe y las manos de Clarke se dirigieron al borde de la camiseta de Lexa, sacándosela con rapidez, y quedándose perpleja al observar el perfecto y atlético abdomen de la morena bajo esos pechos preciosos, cubiertos por un sujetador negro.
-Dios, Lexa... - Susurró, y la morena colocó una rodilla a cada lado de su vientre, ayudándola a levantarse levemente para deshacerse de la bata que llevaba la rubia.
Lexa aprovechó para quitarse sus pantalones en unos instantes que a la rubia le parecieron eternos.
Clarke volvió a tumbarse, aferrando sus manos al cuello de Lexa para que también lo hiciera al mismo tiempo que sus labios volvían a encontrarse, y sintió cómo se estremecía cuando Lexa mordió su labio inferior con fuerza mientras una de sus manos acariciaba su muslo en sentido ascendente y se colaba bajo la fina tela de su camisón.
La rubia llevó sus manos al broche del sujetador de Lexa y se deshizo de aquella prenda que sobraba en un abrir y cerrar de ojos, deleitándose con la visión de aquellos pechos redondos y perfectos.
No dudó ni un segundo en llevar una de sus manos a su pecho izquierdo, sintiendo el gemido que soltó la morena en su boca, y comenzó a estimularlo, mientras que sentía cómo la mano que Lexa tenía en su muslo se desviaba hacia su entrepierna, acariciándola por encima de la ropa interior, consiguiendo que arquease la espalda, anhelando más contacto, sin ninguna tela de por medio.
-Tócame... - Le susurró contra sus labios, lamiéndolos despues, sintiendo la respiración de Lexa acelerarse al mismo tiempo que sentía cómo los finos y largos dedos de la morena apartaban con cuidado la tela y se introducían en su intimidad.
Lexa gimió alto al notar la inmesurable humedad de Clarke rodeando sus dedos, haciendo que su propio sexo se mojara más de lo que estaba con el solo pensamiento de que era ella quien conseguía ponerla así.
Lexa bajó sus labios al cuello de Clarke, lamiendo y mordiéndolo, sintiendo los labios de la rubia en su oreja y oyendo sus gemidos contra su oído cuando comenzó a jugar con sus pliegues de forma errática por todo su sexo.
-Joder... - Clarke necesitaba más que eso, y la morena pudo notarlo, ya que enseguida se separó levemente, para poder quitar el camisón de la rubia, sacándolo por su cabeza.
Volvió a tumbarse sobre ella, llevando sus labios al mismo sitio donde estaban antes, pero esta vez comenzó a crear un camino de besos húmedos por su cuello, descendido a su clavícula y luego a sus pechos, mientras notaba las manos de la rubia en su espalda, sintiendo sus uñas clavarse en su piel cuando introdujo uno de sus pezones en su boca, mordiéndolo con cuidado.
Con una de sus manos acariciaba el costado de la rubia, mientras la otra estimulaba el pezón que no estaba siendo atendido por su boca, y en un movimiento afortunado, encajó su muslo entre las piernas de Clarke, notando cómo la rubia comenzaba a moverse erráticamente para sentir contacto en esa zona tan sensible de su anatomía.
Pasó su boca al otro pezón, para darle la misma atención, mientras que Clarke aumentaba sus movimientos al mismo tiempo que lo hacían sus gemidos, enloqueciendo a Lexa, que no podía pensar en otra cosa que no fuera el precioso cuerpo de Clarke bajo ella.
Bajó sus labios por el plano abdomen de la rubia al mismo tiempo que sus manos se adelantaban y bajaban hasta el borde de las braguitas de Clarke, comenzando a retirarlas mientras bajaba con su cuerpo.
Finalmente las retiró y se deleitó con la mirada del sexo de Clarke totalmente expuesto para ella. La rubia dobló sus rodillas y Lexa se colocó bien entre sus piernas, acariciando sus muslos lentamente, alzando la vista para ver la mirada de Clarke sobre ella.
Ambas se dedicaron una sonrisa entre aquellos jadeos que ambas soltaban y Lexa no tardó mucho más en llevar su boca a la intimidad de la rubia, sin apartar ni un momento los ojos de su rostro, el cual Clarke echó hacia atrás en ese mismo instante, producto del placer al sentir la lengua de Lexa rozando su clítoris y comenzando a hacer círculos sobre este.
Clarke agarró las sábanas con fuerza con su mano derecha, mientras que instintivamente llevó la izquierda a la cabeza de lexa, apremiándola para que siguiera haciendo esas maravillas en su entrepierna.
La rubia gimió con fuerza cuando Lexa rodeó con ambos brazos sus muslos, levántandolos con fuerza contra su boca, elevándose ella misma mientras lamía con ansia. Clarke tuvo que apoyarse con ambas manos en el colchón para no perder el equilibrio al tener la cadera levantada, y cerró los ojos durante unos segundos para disfrutar de la sensación, antes de abrirlos para encontrar a Lexa mirándola fijamente.
Los ojos verdes oscurecidos de la morena sobre ella la excitaban aún más si cabe y Clarke veía su propio orgasmo aproximarse.
Era una mezcla de cómo Lexa la tocaba y cómo la miraba que estaba haciendo de aquella experiencia algo increíble para Clarke.
Lexa dejó los muslos de Clarke nuevamente sobre la cama y, sin dejar de estimular el clítoris de la rubia con su lengua, llevó rápìdamente dos dedos a su entrada, tentándola, haciendo que Clarke moviera su cadera buscando esa penetración.
Lexa enseguida la complació, embistiendo con fuerza, y subiendo su mano libre hasta su pecho, estrujándolo, y disfrutando de la sensación, con los gemidos de Clarke inundando aquella habitación, volviéndola aún más loca.
Las piernas de Clarke comenzaron a temblar y, tras unas pocas embestidas más, Lexa notó cómo el placer máximo invadía el cuerpo de la rubia, haciendo que gritase de una forma casi gutural, dejándose caer sobre la cama totalmente relajada.
-Dios mío, Lexa, eso ha sido... - Fue lo que dijo, intentando calmar su respiración, mientras Lexa le dedicaba una pícara sonrisa, aún desde su posición entre sus piernas.
Tras unos segundos que dedicó a recuperarse de aquel placer tan intenso que acababa de experimentar, cogió a Lexa por el brazo, haciendo que la morena subiera hasta su altura, besándola en la boca, buscando su lengua inmediatamente, sintiendo su propio sabor y gimiendo por aquella sensación.
Cuando Clarke notó que las fuerzas volvían a ella, giró para dejar a Lexa bajo ella, y enseguida buscó sus pechos, llevando su boca hacia ellos, ya que había deseado hacerlo desde que le había quitado la camiseta.
Sin nada de cuidado, mordió uno de sus pezones, escuchando el gemido de Lexa, que le erizó la piel de inmediato.
Notó cómo Lexa friccionaba sus muslos entre sí y rápidamente metió su mano bajo la tela de su ropa interior, para ayudarla a calmar aquella necesidad que estaba sintiendo, mientras seguía atendiendo aquel pezón y notaba los brazos de la morena rodeando su espalda, pegándola más a ella si cabe.
Se impregnó de la humedad de Lexa y movió dos de sus dedos sobre la intimidad de ésta, notando cómo su respiración se descontrolaba aún más y sus gemidos sonaban más necesitados.
Deslizó varias veces sus dedos de arriba a abajo, mientras que Lexa movía sus caderas para acompañar esos movimientos.
Clarke introdujo los dos dedos en el interior de la morena, sintiéndolo completamente empapado y caliente, y su pulgar se dirigió a su clítoris hinchado, masajeándolo con fuerza, haciendo que los sudorosos brazos de Lexa la estrujaran aún más.
Lexa podía notar cómo las caricias de Clarke sobre su clítoris quemaban y sus dedos en su interior la acercaban a la cima de aquel placer que se acumulaba poco a poco en su vientre y en su entrepierna.
La boca de Clarke abandonó su pezón y volvió a sus labios, acallando los gemidos de Lexa, antes de dirigirse a su oído.
-Vamos, Lexa, déjame sentir cómo te corres... - Le susurró con voz ronca, mientras intensificaba aquellos movimientos, sintiendo su antebrazo arder por la fuerza que estaba utilizando.
Lexa chilló al mismo tiempo que arañaba la espalda de Clarke y sintió el orgasmo recorrer cada poro de su cuerpo de una forma que nunca antes había experimentado.
Clarke dejó caer su cuerpo sobre el de Lexa, aún con sus dedos en su interior, sintiendo cómo la morena intentaba controlar su respiración poco a poco.
Escondió su rostro en el espectacular cuello sudoroso de la morena y dejó suaves besos allí, sintiéndola temblar bajo su peso.
-Ha sido... increíble - Susurró contra su piel.
-Ha sido más que eso - Le dijo Lexa y salió de su escondite para verla sonriéndola de aquella forma que le quitaba la respiración.
Clarke se hizo a un lado y la miró de arriba a abajo.
-Eres una preciosidad, Lexa.
-¿Y tú? - Le contestó.
-Yo ya tengo mi edad.
-Y eso te hace aún más atractiva, Clarke. No te puedes hacer una idea de lo increíblemente sexy que eres.
Lexa llevó sus labios a los de la rubia, acariciándolos con la lengua, notando las manos de Clarke acariciando su nuca.
-Lexa, esto... solo es sexo, ¿verdad?
La pregunta descolocó a la morena pero sabía con seguridad la respuesta.
-Sí, así es.
-Alycia no puede saber absolutamente nada, ni siquiera ver una caricia, ya sabes cómo son los niños...
-Está claro, no te preocupes - Le dijo aún acostada a su lado en la cama.
Se quedaron unos segundos mirándose hasta que la rubia habló.
-Creo que será mejor que vayas a tu cama, porque volveré a follarte sino, y mañana tengo que madrugar - Le sonrió y Lexa se acercó para unir sus labios una última vez.
-Está bien - Susurró contra su boca.
Sus lenguas se encontraron y recorrieron con profundidad la boca de la otra antes de que Lexa se levantase para ponerse su ropa rápidamente, y Clarke no perdió la oportunidad para admirar una vez más aquella espalda y aquellos glúteos prietos, que le hacían perder el habla.
-Buenas noches, Clarke - Le dijo mirándola antes de salir de la habitación, y la rubia simplemente sonrió, demasiado perdida en la figura de la morena como para poder dar una respuesta.
Lexa salió de allí y se dirigió a su habitación, sintiendo todas aquellas sensaciones aún recorriendo su cuerpo, dejándola con las ganas de que aquello sucediera una y otra vez.
BOOM, OUT.
Aquí está lo que tanto ellas como nosotras estábamos esperando. Espero que lo hayáis disfrutado, y también que disfrutéis de lo que vendrá a partir de aquí.
Dejadme vuestros comentarios para saber qué os ha parecido la primera vez de estas dos, que se estaban muriendo ya por que sucediera.
Espero que esto os ayude a superar un poco la depresión a aquellas que no hayáis podido ir a Copenhague (como yo).
Nos leemos en el próximo!
Twitter: humvnkru
