Lexa no tenía ni idea de por qué había aceptado a ir a ese sitio, pero allí estaba, con la culpabilidad recorriendo cada rincón de su ser. Porque no, no le había hablado a Clarke de ese encuentro que iba a tener con Costia y se sentía fatal por ello. Tampoco es que estuviera haciendo nada malo, ella tenía muy claro que simplemente quería darle la oportunidad de que se explicara y expusiera sus razones de por qué la había engañado, ya que la chica había insistido. Eso sería todo, y ambas tomarían sus caminos por separado una vez más. Le había costado olvidar a Costia, no lo iba a negar, pero en esos momentos la única persona que ocupaba su cabeza y su corazón era una preciosa rubia que esa misma mañana le había dicho que en unos días podrían tener una cita a solas, y Lexa estaba impaciente por compartir esos momentos con Clarke.
En esos momentos estaba pensando en que tal vez lo mejor sería salir de allí antes de que Costia llegara y evitar todo aquello, porque, a fin de cuentas, ella no tenía ningún deber ni ninguna obligación de estar allí. Y además, ¿por qué tenía que darle la oportunidad de explicarse? Ya se había explicado todo lo que tenía que explicarse cuando la descubrió con una de sus mejores amigas. Y podría haberlo llegado a entender, de cierta forma, si le hubiese dicho que había sido solo esa vez, tal vez a causa del alcohol. Pero no, la realidad es que Costia le había estado engañando casi ocho meses con su amiga, y ella había estado ciega todo ese tiempo.
Los pensamientos de salir de ahí sin que Costia la viese se desvanecieron cuando la vio entrar en la cafetería, con el nerviosismo reflejado en su rostro. Llevaba un gran abrigo y un gorro que cubría su cabello moreno. Vió cómo miraba por todo el local, buscando a Lexa, y en cuanto sus ojos se encontraron, esbozó una sonrisa que la de ojos verdes no correspondió. Se acercó hasta ella y fue a inclinarse donde estaba ella para darle un beso en la mejilla, pero la postura tensa y nada amigable de Lexa la echó para atrás.
-Hola, Lex. - Dijo, con media sonrisa, intentando calmar los nervios y relajar la situación.
-Costia, ¿qué quieres? - Lexa quería salir de allí lo antes posible, así que fue directa al grano.
-Lexa, dejémonos de tanta hostilidad, por favor. - Suplicó Costia antes de que el camarero llegara para tomarles nota a ambas. Lexa pidió un capuccino y un rollito de canela, mientras que Costia pidió un café americano y un croissant.
-Costia, mira, si estoy aquí es para que de una vez me dejes en paz, así que di lo que tengas que decir y acabemos con esto cuanto antes. - Dijo una vez que el camarero se había ido.
-Lexa, sé que la cagué - dijo, pasándose las manos por el pelo - pero te prometo que en ningún momento fue mi intención hacerte daño. Te he querido muchísimo, Lex, no sabes cuanto.
-Costia, ¿cómo puedes decir que no era tu intención hacerme daño cuando te pasaste tantos meses engañándome? - El tono de Lexa era calmado, pues estaba viendo en los ojos de la chica la sinceridad y el arrepentimiento, pero aún así no lograba entender nada.
-Lo que pasó entre Emori y yo fue algo que ninguna de las dos pudo controlar, Lexa - comenzó a explicar mientras el camarero volvía con lo que ambas habían pedido. - Nos enamoramos poco a poco, y empezamos aquella aventura sin darnos cuenta de que nos estábamos metiendo en un laberinto sin salida. Ninguna de las dos quería hacerte daño, porque yo te seguía queriendo a pesar de todo, ¿sabes?
Lexa tomó aire escuchando las palabras que salían de la boca de Costia. Su mirada se estaba nublando por las lágrimas que amenazaban con salir. Podía entender en parte que se hubiese enamorado de otra persona; al fin y al cabo, nadie es capaz de controlar sus propios sentimientos. Pero le hubiese encantado que hubiesen sido sincera con ella, tanto ella como Emori.
-Costia, entiendo perfectamente que te hubieses enamorado de otra persona, además, Emori es una chica increíble. De verdad, que lo entiendo - explicó Lexa. - Pero entiende que me sintiera traicionada por dos de las personas que más quería. Entiende que quisiera irme, y que no quisiera saber nada de ti. Era lo que necesitaba, no podía estar en Cleveland sabiendo que allí estábais vosotras, hubiese sido demasiado.
-Lo entiendo, Lex - la chica alargó el brazo y colocó su mano sobre la de Lexa, que miró el gesto pero no apartó la mano - y por eso quería hablar contigo. Necesitaba decirte lo arrepentida que estoy, bueno, que estamos las dos por todo lo que ocurrió. Te echamos muchísimo de menos, tú mejor que nadie sabes que antes que nada éramos amigas.
-Y yo lo entiendo, pero ahora mismo, mi vida está aquí, Costia - empezó a decir, con una sonrisa asomando en sus labios por ese pensamiento. - He encontrado a una persona increíble, y aquí es donde quiero estar.
-Me alegro de eso, Lex - le dijo Costia sinceramente, dedicándole una sonrisa. - Te mereces toda la felicidad del mundo. Sé que tal vez por teléfono soné como no debería haber sonado pero... estoy muy contenta de ver que estás bien.
-¿Y tú? ¿Y emori? - se interesó.
-Estamos juntas desde entonces, Lex. - Le informó Costia - De verdad, ambas sentimos muchísimo todo lo que pasó pero es que no lo pudimos evitar. Y sí, podríamos haber hecho las cosas mejor pero fue como surgieron, y no sabes lo arrepentidas que estamos ambas de todo lo que te hicimos pasar.
-Está bien, Cos - le dijo, dando un apretón a su mano. - Entiende que estuviera furiosa, pero ahora al verte aquí, viendo la sinceridad en tus ojos, entiendo que se os fuera de las manos. Me alegro que seáis felices. Tal vez es lo que tenía que pasar, ¿sabes? Tal vez tú tienes que estar con Emori y yo aquí.
-Supongo que sí - ambas chicas sonrieron.
Conversaron un buen rato más, contándose todas las novedades que había habido en esos meses en su vida. Lexa le habló de Clarke y de la pequeña Alycia. Al principio Costia pareció bastante sorprendida con toda la historia, pero se alegró profundamente de que la morena fuese feliz. El tiempo fue pasando y tras estar casi dos horas al final en aquella cafetería, llegó la hora de despedirse. Ambas chicas se levantaron y fueron hacia la puerta, dándose un abrazo como despedida que sellaba una paz y, tal vez, la continuación de aquella amistad que las dos habían compartido desde sus primeros años en el instituto. Los caminos de ambas se separaron unos metros más adelante, pero ninguna de ellas se había dado cuenta de que, entre las sombras, una figura las había estado observando muy detenidamente.
Clarke estaba en su despacho en el hospital, revisando algunos informes, y, viendo entre tanto, unas fotos que Lexa le acababa de enviar de ella y Alycia recién despertadas y desayunando, mientras jugaban con Oli, el gatito que Lexa le regaló a la niña. Ella siempre empezaba su turno muy temprano, y la morena tenía casi todos los días ese tipo de detalles con ella, que solo conseguía que sintiera mariposas en su estómago como si fuese una adolescente y que una sonrisa gigante se dibujase en su cara. Y es que tenía muy claro que Lexa era una persona excepcional, y tal vez había tardado mucho en llegar a su vida, pero ahora que la tenía, no había en su mente ningún pensamiento de dejarla ir.
Estaba terminando su trabajo cuando alguien tocó la puerta de su despacho y ella dijo amablemente que podía pasar. Al otro lado de la puerta se encontraba el doctor Kane, el director del hospital, y una mujer, calculaba que aproximadamente de su edad, y muy guapa, tenía que decir.
-Clarke, ¿podemos entrar? - Preguntó el doctor Kane con el tono amable que le caracterizaba.
-Claro, adelante - respondió con una sonrisa. El hombre y la mujer entraron y se sentaron en las dos sillas que la rubia tenía delante de la mesa de su despacho.
-Te presento a la doctora Dawson, Clarke. Doctora Dawson, esta es la doctora Griffin, una de las mejores cirujanas de la ciudad. - Las presentó el hombre.
-Un placer conocerla, doctora Dawson. - Clarke estrechó su mano con una sonrisa.
-Por favor, llámame Emma, y lo mismo digo.
-Clarke, estamos aquí porque Emma es nueva, empieza hoy con nosotros en el área de traumatología y me gustaría que fueras tú la que le enseñara cómo trabajamos y funcionamos en este hospital. Confío en ti más que en nadie para hacerlo, si no tienes mucho trabajo. - Le dijo Kane.
-Por supuesto, será un placer. - Le dijo sinceramente - Si quieres, podemos pasar por la cafetería primero, para enseñártela también y nos tomamos un café para conocernos un poco mejor.
-Me encantaría.
-Bueno, pues entonces yo vuelvo al trabajo mientras vosotras dos os paséais por el hospital. - Dijo a modo de broma el hombre, despidiéndose de ellas y saliendo de allí.
Clarke y Emma se pusieron de pie y salieron del despacho de la rubia dirigiéndose hacia la cafetería. Clarke pudo apreciar mejor desde esa posición que Emma era una mujer muy guapa y alta. Tenía el pelo de un tono pelirrojo claro y unos ojos grises que hacía que tuviese una belleza especial. Claro, aunque esa belleza no se podía comparar a la de su chica, a la de Lexa.
-Cuéntame, ¿eres nueva en la ciudad? - le preguntó Clarke cuando se sentaron en una de las mesas de la cafetería, ya con los cafés que ambas habían pedido.
-Sí, soy de San Francisco realmente. Llevo un tiempo viviendo en Inglaterra, en Sheffield concretamente, pero ahora me han trasladado a la gran ciudad. - Dijo con una risita.
-Americana, entonces - la mujer asintió. - mi chica también es americana.
-Ah, ¿si? ¿De dónde?
-Es de Cleveland.
-Un gran lugar, estuve un tiempo allí cuando era más joven - le dijo Emma, y Clarke quiso poder ir allí y visitar junto a Lexa los lugares en donde su chica había crecido. Tal vez algún día podría planteárselo y realizar un viaje al otro lado del océano.
-¿Y vives sola aquí?
-Sí, bueno, mi perro me acompaña a todos lados - ambas rieron levemente. - Hace algo más de un año que terminé mi relación con mi mujer, llevábamos 12 años juntas.
-Vaya, eso es bastante tiempo, pero te entiendo. - Le dijo Clarke. - Yo también salí de una relación muy larga, y necesité mi tiempo para curar las heridas y estar preparada para estar con alguien más.
-En realidad, yo creo que ya estoy preparada para ello - le contestó Emma. - Pero no creo que haya aparecido la persona adecuada, ¿sabes?
-Te entiendo, pero seguro que ya aparecerá.
Ambas estuvieron hablando un rato más en la cafetería antes de que Clarke comenzase a enseñarle a la nueva doctora cada zona del hospital. Le estuvo explicando como funcionaban allí los turnos y le enseñó las instalaciones: consultas, salas de descanso para médicos, quirófanos y despachos. También le presentó a todos aquellos con los que se fueron encontrando por los pasillos y que Clarke conocía, hasta que el móvil de la rubia sonó y miró la pantalla, quedándose extrañada cuando vió el nombre del colegio al que asistía Alycia.
-Lo siento, tengo que cogerlo, es del colegio de mi hija - le dijo a Emma, que sonrió y asintió, dándole a entender que no había ningún problema. - ¿Diga? - dijo cuando descolgó.
-¿Señora Griffin? Soy el señor Collins, el director del colegio.
-Dígame, señor Collins, ¿pasa algo?
-Verá, ha venido la señora Niylah Forrest, la madre de su hija, diciendo que se la tenía que llevar con urgencia, porque tenía que ir a casa con usted. Después de lo que pasó hace poco con la niña, queríamos asegurarnos que esto fuera cierto.
-Dios... menos mal que me han llamado antes de dejarla ir - dijo Clarke, suspirando con fuerza. No se podía creer que Niylah no se diese por vencida con ese tema. - Por favor, no dejen que se la lleve y dígale que se vaya o sino llamaré a la policía.
-Muy bien, señora Griffin. ¿Vendrá usted a recoger a Alycia cuando terminen las clases?
-No, irá Lexa Woods, que es la que la recoge normalmente. Por favor, no dejen que se vaya con nadie más que no sea ella, ¿de acuerdo?
-Entendido, señora Griffin, y disculpe que la haya molestado.
-En absoluto, muchas gracias a usted por haber llamado, hasta luego. - Clarke colgó, apoyándose contra la pared, y dejando salir el aire poco a poco.
-¿Clarke? ¿Todo bien? - Emma se acercó con cara de preocupación.
-Sí, es simplemente mi ex, parece que no entiende las cosas.
-Oh, te entiendo, créeme. - Apoyó su mano en el hombro de la rubia, queriendo así confortarla.
-Disculpa, tengo que hacer otra llamada y enseguida seguimos con la visita, ¿de acuerdo?
-Claro, ningún problema.
Clarke marcó el número de Lexa, tenía que asegurarse de que la morena la recogiera sin ningún problema. Parecía que no podía tener ni la más mínima confianza en lo que se trataba de Niylah.
-¿Clarke? - contestó enseguida la morena.
-Lex, cariño, escúchame, Niylah ha intentado llevarse a Alycia del colegio.
-¿Otra vez? Joder... - Pudo notar la rabia creciendo en la voz de la morena.
-Sí, necesito que estés allí con tiempo cuando vayas a recogerla y te asegures de que te la llevas tú, ¿de acuerdo? No puedo volver a pasar por lo de la otra vez y odio no poder ir a recogerla yo.
-No te preocupes, preciosa, iré lo más pronto posible a por ella.
-Dios... - dejó salir un suspiró de alivio. - No sabes cuanto te agradezco que estés siempre ayudándome.
-Sabes que es donde quiero estar, Clarke. Nos vemos luego, no quiero quitarte más tiempo del trabajo.
-Está bien, mi amor, hasta luego - le dijo como despedida.
-Hasta luego, Clarke. - Le dijo la morena, y después de haber escuchado sus palabras y la promesa de que estaría allí con tiempo, Clarke se había quedado más tranquila, pero sabía que esto no podía quedarse así. No podía vivir con el miedo de que un día Niylah llegase y se llevase a Alycia, sin saber qué podría hacer con ella, viendo el estado en el que había aparecido la última vez con la niña.
De momento, solo podía esperar a que Lexa la llamase más tarde para que le dijera que estaba con Alycia. Así que intentó apartar esos pensamientos de su mente y se centró en seguir la visita guiada que le estaba haciendo a la doctora Dawson.
Era enero y, en Londres, eso significaba un frío glacial la mayoría de las veces, pero la realidad era que aquel año estaba siendo bastante suave en cuanto a temperaturas se refería, y no había problema si Clarke decidía ir a pasar una preciosa noche con su chica al peculiar y asombroso barrio de Camden Town.
Raven y Octavia se habían ofrecido unos días atrás para quedarse con Alycia ese día, llevarla al cine y que se quedase a dormir con ellas para que así la pareja tuviera un poco de tiempo a solas. Clarke estaba encantada con que al fin Octavia aceptara su relación con Lexa y pudiera confiar en ella con cosas como esa. Así que allí estaban en ese momento, a solas y sentadas en unos asientos que tenían forma de motos vespa, rodeadas de miles de puestos de comida de todo tipo, mientras ellas comían unos cacharritos con comida india.
-¿Has pensado ya qué harás con lo de Niylah? - preguntó Lexa. Habían hablado bastante poco del último incidente que habían tenido con la ex mujer de Clarke. Lexa se había asegurado de recoger a Alycia del colegio sin ningún problema. La morena también estaba muy preocupada de que la castaña acabara pudiendo llevársela por algún motivo, y no quería que aquello sucediera, no quería revivir aquella angustia que se había apoderado de ella y Clarke unos meses antes.
-Creo que denunciaré, Lex - dijo seriamente. - Le he intentado dar oportunidades, ¿sabes? Porque es la madre de Alycia y he compartido muchas cosas con ellas, no quería joderla de esa manera, pero no me está dejando otra opción.
-Clarke, es lo que tienes que hacer - le contestó. - Parece que no entiende las palabras cuando se le dicen, y sabes que es lo mejor para quedarnos tranquilas y para asegurarnos de que está a salvo.
-Lo sé, Lex, pero aún así es duro hacerle eso a alguien, por muy mal que haga las cosas, ¿entiendes? - Lexa asintió levemente. - Pero sí, creo que será lo mejor. - Le dijo, y ambas siguieron degustando su cena de aquella noche.
-Me encanta este sitio, no había venido nunca - comentó Lexa mientras comía tranquilamente.- Y la comida es increíble.
-Tú eres la increíble. - Comentó Clarke mientras observaba cómo Lexa miraba a su alrededor, maravillada por aquel lugar. La morena dejó su bandeja de comida sobre la tabla de madera que tenían frente a ellas y miró a la rubia, cogiendo sus manos entre las suyas.
-Clarke, no tienes ni idea lo que significa para mí poder compartir estos momentos contigo - dijo, antes de cerrar los ojos unos segundos y suspirar hondo, intentando buscar las palabras adecuadas, abriéndolos luego para conectar su mirada con la azul de Clarke. - Me he pasado demasiado tiempo intentando buscar mi felicidad sin llegar a encontrarla, y de repente, aparecísteis tú y Alycia, y parece que todo encajaba, que todo era como tenía que ser. Y además, poder estar aquí, contigo, disfrutando de una ciudad tan increíble como es Londres, y poder disfrutarte a ti, y saber que quieres estar conmigo, es lo mejor que me haya podido pasar jamás.
Clarke miró a Lexa durante unos segundos, escuchando las palabras que acababan de salir por sus labios repetirse una y otra vez en su cabeza, haciendo que temblase ligeramente. Nunca nadie la había tratado así, ni Niylah ni ninguna persona con la que hubiera estado. Parecía que con Lexa estaba descubriendo una nueva forma de amar, una nueva forma de entregarse a la otra persona. Sus ojos se llenaron con lágrimas por la emoción que le había recorrido con lo que Lexa había dicho y la morena se inclinó suavemente, soltando una de sus manos para pasar sus dedos por sus mejillas y limpiar sus lágrimas, antes de unir sus labios suavemente.
Se besaron lenta y prolongadamente, sintiendo los labios de la otra, transmitiendo todo lo que sentían lo mejor que podían. Querían sentirse más cerca, así que Clarke se levantó y Lexa la atrajo hasta que quedó sentada en su regazo, pasando las manos por su cuello y aferrándose a él, mientras que sus labios seguían conectados. Las manos de Lexa comenzaron a acariciar suavemente la espalda de Clarke, mientras que las de la rubia acariciaban la mejilla y el cuello de la morena, durante minutos que parecían una eternidad, una eternidad que ninguna deseaba que acabase. Clarke acabó separándose ligeramente, aún rozando los labios de Lexa, pero mirando esos ojos verdes que tanto amor le profesaban.
-Dios, Lex... - dijo, sintiendo su voz temblar y sus ojos llenarse de lágrimas nuevamente. - Eres la persona que he estado esperando toda mi vida. Nadie me ha hecho sentir como tú me haces, cariño, y me siento como si fuera una adolescente otra vez - rió con sus palabras, y Lexa lo hizo con ella. - Sólo quiero que te quedes a mi lado, que me dejes cuidarte, que seamos una familia...
-Somos una familia, Clarke - dijo, mirándola a los ojos y asintiendo suavemente. - Sois mi familia y no quiero nada más que estar con vosotras.
-Es increíble lo joven que eres, y la madurez que demuestras en tus palabras, en tus actos - acarició la mejilla de la morena. - Te quiero, Lex.
-Y yo te quiero también, Clarke.
Se volvieron a fundir en un beso, antes de terminar de cenar y seguir con aquella cita, con aquella noche que era solo de ellas dos. Anduvieron por aquel barrio un rato más, acercándose hasta un lago que había cerca mientras paseaban con sus manos entrelazadas y observaban el paisaje iluminado por miles de farolas.
Parecía que nada más importaba en aquel momento, en el que ambas sentían el amor de la otra en las miradas que se dedicaban de vez en cuando, y en las caricias que se regalaban. En ese instante, no importaba ni Niylah, ni nada que les hubiese dado preocupaciones en algún momento. En ese instante solo eran ellas dos, con vistas al futuro y con ganas de ver qué les deparaba la vida.
Clarke se encontraba en casa esa mañana de sábado. Esa semana había trabajado de lunes a viernes sin descanso y el fin de semana lo tenía libre. Estaba con Alycia haciendo un tarta mientras que Lexa se reunía con Lincoln para ultimar todo lo que necesitaban para abrir el restaurante. La morena le había ido contando cada día cómo avanzaba todo y ya quedaba muy poco para la inauguración. Clarke estaba muy orgullosa de su chica, y de lo bien amueblada que tenía la cabeza con tan solo 23 años. Todavía le resultaba increíble que hubiese querido implicarse con ella y con su hija, y pensaba que al final se alejaría, pero parecía que eso no estaba entre los planes de la chica, que cada día le demostraba más cosas a Clarke, y la rubia no podía estar más feliz.
El timbre sonó, y dejó unos segundos a Alycia en la cocina mientras la pequeña colocaba una capa de galletas sobre el molde que habían preparado para hacer la tarta y fue a abrir la puerta, algo extrañada, puesto que Lexa tenía llaves y siempre entraba sin tocar el timbre. Se quedó congelada, y sintiendo la furia empezar a recorrer cada parte de su cuerpo cuando vio a Niylah al otro lado de la puerta.
-Vete si no quieres que llame a la policía, Niylah - le dijo sin rodeos.
-Clarke, tienes que escucharme - le pidió la castaña, que parecía muy seria en esos momentos.
-¿Que yo tengo que escucharte? - dejó salir una risa irónica. - Niylah, has intentado volver a llevarte a mi hija sin ni siquiera pedir permiso, cuando ya te dije que de momento se iba a quedar conmigo. No sé ni por qué no he hablado con la policía todavía, y tú sabiendo todo eso aún tienes el descaro de presentarte aquí. ¿Qué demonios pasa contigo?
-Clarke, siento mucho todo lo que ha pasado, pero esto es importante, te lo aseguro. - Suplicó la castaña para que su ex mujer la dejase explicarse.
-Tienes un minuto - dijo tras suspirar con fuerza, y observando cómo sacaba un sobre del bolso que llevaba con ella, tendiéndoselo a continuación. - ¿Qué coño es esto?
-Ábrelo y lo sabrás - la instó.
Clarke hizo lo que Niylah le había dicho, y descubrió que dentro del sobre había unas fotos. En cuanto las vio, sintió una punzada de dolor en su corazón. En ella se veía a Lexa con una chica en el interior de una cafetería, y también fuera de ella; en una de las fotos parecía que se estaban dando la mano, mientras que en otra se abrazaban con ganas. Clarke sintió sus ojos llenándose de lágrimas, pero no le iba a dar el gusto a Niylah de llorar allí mismo. Además, ¿por qué se iba a tener que fiar de ella?
-¿De dónde has sacado esto? - Espetó.
-Eso da igual, Clarke. ¿Verdad que no sabías nada de esto? - le preguntó, pero ella no le contestó, seguía mirando las fotos una a una con detenimiento.
-Vete de aquí, Niylah - le estampó las fotos junto el sobre contra el pecho. - Vete y deja de joderme la vida.
-Lexa no es como tú crees que es, Clarke, te está engañando, y ya te darás cuenta. - Le dijo justo antes de que Clarke la empujara para cerrar la puerta, sin querer escuchar ni una palabra más que tuviera que decirle.
Se quedó unos minutos estática, sin poder moverse y mirando al suelo, sin creerse nada de lo que acababa de pasar. Era verdad que no debía confiar en Niylah después de todo pero, ¿por qué Lexa le había ocultado que había quedado con aquella chica? ¿Y quién era? ¿Sería alguna chica que había conocido la morena aquí en Londres?. Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas sin poder remediarlo. ¿Y si todo lo que creía cierto no era más que una mentira?
Hola de nuevo.
Bueno, un capítulo algo movidito, al menos al final.
¿Qué ocurrirá? ¿Clarke perdonará a Lexa que no le haya dicho nada?
¿Lexa podrá explicarse bien?
Dejadme vuestras teorías en los comentarios, o en twitter.
Ah, una cosa más: ayer me enteré de que Niylah se escribe así (siempre lo he escrito Nylah, tonta de mí), así que a partir de ahora lo escribiré correctamente, y revisaré los capítulos para que no haya esa falta.
En fin, delfín, nos vemos en el próximo capítulo.
Un saludo :)
Twitter: humvnkru
