Benditos niños espabilados. Esa era la única frase que se repetía en la cabeza de Lexa mientras una sonrisa no dejaba de adornar su rostro en ningún momento. Hacía ya un buen rato que había colgado el teléfono tras la llamada de Alycia y haber hablado con Clarke. Joder, aún sentía su corazón bombeando con fuerza contra su pecho, el haber escuchado su voz diciéndole que fuera a casa había sido lo que llevaba todo ese día esperando escuchar, y, aunque era una tontería porque sabía que cuando llegase podrían hablarlo todo y volver a estar bien, estaba nerviosa. Muy nerviosa.
En esos momentos estaba casi llegando a la casa de Clarke, a la que había ido en metro, y con cada paso que daba, la desesperación por tenerla entre sus brazos y pedirle perdón una y mil veces crecía. Se moría por decirle que la perdonase, que había sido una auténtica imbécil por no haberle contado que iba a quedar con Costia. Dios, si esos ojos azules eran lo único que pasaba por su mente a cada segundo, ¿cómo podía haber pensado que la estaba engañando?
Respiró con profundidad cuando llegó a la puerta, esperando unos segundos antes de tocar el timbre. No se podía creer que estuviera tan nerviosa, pero aquel era el efecto que Clarke tenía en ella. La hacía volverse de gelatina con solo pedirle que volviera a casa, y cuando la tenía cerca, cuando podía sentir su cuerpo contra el suyo, sentía que podía derretirse con su calor.
Finalmente pulsó el interruptor, escuchando aquel dingdong, y esperó lo que a ella le parecieron siglos hasta que oyó unos pasos acercándose a la puerta y, finalmente, abriéndola. Se encontró con la pequeña Alycia mostrando una sonrisa de oreja a oreja, contagiándosela al segundo, y no dudó un segundo en coger a la niña entre sus brazos cuando ella abrió los suyos para que lo hiciera.
-¡Lexa! -gritó emocionada, dándole un beso en la mejilla a la morena- te he echado de menos.
-Hola, monito -la saludó- yo también a ti, cariño.
-¿Y a mí? -escuchó aquella voz que le encantaba, proveniente del salón, y vio que Clarke se acercaba hacia allí con una leve sonrisa, andando despacio.
Miró sus preciosos ojos azules, adornados en aquel momento con un brillo especial, y no pudo evitar sentir su respiración acelerarse y corazón volviendo a latir con fuerza. Tuvo que resistir el casi incontrolable deseo de rodearla con sus brazos y besarla hasta quedarse sin aliento, así que dejó a Alycia en el suelo suavemente antes de acercarse a donde estaba ella, cogiendo una de sus manos entre las suyas, y besando el dorso de esta.
-Sabes que sí, Clarke -confesó sin dejar de mirarla a los ojos- no sabes cuánto.
-Cariño -la rubia llamó a Alycia, que miró a su madre expectante- ¿por qué no vas a jugar a tu cuarto un momentito?. Mami y Lexa tienen que hablar un poco, ¿vale?
-Vale... -aceptó la pequeña cruzándose de brazos y subiendo hasta su habitación.
-No le hagas caso, es que lleva todo el rato como loca por que vinieses y ahora te estoy acaparando -le explicó Clarke, debido a la mirada de confusión que había puesto Lexa-. ¿Vamos al salón?
Lexa asintió y se dejó guiar hasta el salón mientras sujetaba la mano de Clarke. Podía sentir el pulgar de la rubia acariciando sus nudillos y solo ese gesto le hacía estremecerse. Se sentó en el sofá junto a ella y dejó que acariciase su rodilla suavemente, notando que estaba nerviosa y que no encontraba las palabras que quería decir, así que decidió hablar ella.
-Clarke, lo siento muchísimo -comenzó a decir, haciendo que sus ojos azules volvieran a los suyos- siento no haberte dicho nada, fue lo peor que pude hacer, pero te prometo que yo...
-No tienes que decirme nada, Lexa -la cortó, aprentando su rodilla entre sus dedos en un gesto cariñoso- yo no debería haber asumido tan rápido las cosas, y menos viniendo de Niylah, pero me entró el miedo de repente y reaccioné así.
-No, Clarke -llevó su mano hasta su mejilla, pasando su pulgar por su pómulo suavemente- estabas en todo tu derecho de enfadarte. Dios, si yo hubiese estado en tu lugar, si hubiese pensado que estabas con otra... Me habría vuelto loca.
-Y así estuve yo hasta que volviste -Lexa vio una lágrima dejar el ojo de Clarke y caer por su mejilla y no dudó ni un segundo en arrimar sus labios hasta allí y secarla con ellos.
-No llores, preciosa -le pidió en un susurro contra su oído- estoy aquí, soy tuya, Clarke.
Clarke se separó unos centímetros de ella, y llevó una de sus manos hasta su pelo moreno, acariciándolo suavemente, deslizándola hasta su nuca, mientras que ambas se miraban a los ojos. Lexa fue la primera en desviar la mirada hacia los labios de la otra, notando esa necesidad imperiosa de sentirlos contra los suyos, y parece que Clarke la entendió perfectamente, porque la empujó contra ella, haciendo que sus labios chocasen con suavidad, comenzando a moverse unos contra otros.
Llevó sus manos a la cintura de Clarke, buscando pegarla más contra su cuerpo para calmar esa necesidad casi insaciable que tenía de sentirla. No pudo evitar sacar su lengua para profundizar el beso, y sonrió internamente cuando la rubia abrió su boca para dejarla entrar. Aprovechó para descubrir una vez más aquella parte de su anatomía que tanto adoraba, deleitándose con la calidez y humedad de su lengua, gimiendo de placer cuando los dientes de Clarke apretaron su labio inferior. El calor comenzó a subir mientras ninguna de las dos cortaba aquel beso tan pasional.
-Cariño -Clarke la llamó, hablando contra sus labios sin dejar de besarlos- cariño, Alycia está arriba.
Lexa se separó con dificultad, sabiendo que si por ella fuera aquel beso no se hubiera quedado allí. Apoyó su frente contra la de Clarke, mirando una vez más aquel azul tan increíble del que estaba completamente enamorada, y besó el puente de su nariz, viendo esa pequeña sonrisa en sus labios.
-Tendremos que esperar a más tarde -bromeó haciéndose la dramática y arrancando una pequeña risa de la garganta de Clarke -. ¿Quieres que vaya arriba a por ella?
-Sí, ves, y mientras pido algo para cenar -le propuso la rubia, y ella se levantó, dispuesta a subir a la planta alta de la casa, pero sintió que tiraban de su muñeca y, al darse la vuelta, Clarke la besó brevemente-. Te quiero -murmuró contra sus labios.
-Te quiero -le contestó antes de ir a por Alycia a su habitación.
Febrero había entrado ya hacía casi una semana, y Lexa sentía que iba a explotar de felicidad en cualquier momento. La inauguración de Woods, el restaurante que había montado junto a su hermano estaba a la vuelta de la esquina, y esos días habían estado ultimando detalles. Trabajar con Lincoln estaba siendo un verdadero placer. En un principio había pensado que tal vez tendrían algunas discrepancias, puesto que en realidad eran bastante diferentes, pero la facilidad con la que se ponían de acuerdo en todo era increíble.
Y por otro lado, su relación con Clarke cada día iba a mejor. No había vuelto a ocultarle nada, porque no tenía motivos para hacerlo, e incluso le había contado las pocas veces que había hablado con Costia por Whatsapp, aunque la rubia insistía en que no hacía falta, que confiaba en ella plenamente, pero sentía que debía hacerlo.
Alycia había desarrollado casualmente un repentino miedo a la oscuridad, y, puesto que la cama de la niña era muy pequeña para que alguien más durmiera allí, casi siempre acababan durmiendo las tres en la habitación que compartían ella y Clarke. La rubia había insistido en que pusiera todas sus pertenencias en el armario de aquella habitación, porque quería sentir que realmente ese cuarto era de ambas, y ella lo había hecho encantada.
Le encantaba estar con Alycia, de verdad que sí, la quería como no había querido a ningún niño hasta la fecha, pero echaba de menos esos momentos de intimidad con Clarke. A veces incluso ambas se quedaban despiertas esperando a que la niña se duermiese para poder llevarla a su cama de nuevo, pero a menudo ocurría que Clarke o ella misma acababan por quedarse dormidas. Pero no iba a quejarse, toda esa historia parecía como un sueño para Lexa. Un sueño increíble.
Sonó el timbre de casa, estaba en esos momentos con Alycia allí. Era un viernes por la tarde, la noche casi que empezaba a caer, y estaban esperando a que Clarke volviese del turno del hospital para pasar una noche de pizza y película las tres juntas. Se apresuró a ir a la puerta, diciéndole a Alycia que se quedase en el salón, no quería que fuese Niylah una vez más y que se acercase a la niña, pero sintió un gran alivio cuando al abrir la puerta se encontró con Octavia y Raven.
-Servicio de recogida de paquetes -anunció Raven con su mejor sonrisa-. Nos llevamos al monstruito.
-¿Os la lleváis? -Lexa frunció el ceño-. ¿A dónde?
-Clarke nos ha llamado pidiéndonoslo -comentó Octavia- creo que necesitáis un poco de intimidad, ¿no? -le dijo con una sonrisa pícara.
-Sí, bueno... -Lexa se llevó la mano a la cabeza de forma nerviosa, sintiendo sus mejillas empezar a arder.
-¡Tía Raven! -Alycia se acercó enseguida, saludando a sus tías, y subiendo a por sus cosas cuando así se lo indicaron.
-Bueno, Lexa -la llamó Raven mientras esperaban a que Alycia volviese- nos ha contado Clarke que tú y tu hermano estáis a punto de abrir vuestro restaurante.
-Sí, así es -asintió- le iba a dar a Clarke la invitación a la inauguración para que os la diera. Sois más que bienvenidas si queréis venir ese día.
-¿No nos intoxicaremos, no? -bromeó Octavia.
-En absoluto -Lexa rio levemente- creo que va a estar todo bastante bueno, así que si queréis pasaros ya sabéis.
-Allí estaremos -le hizo saber Raven, al mismo tiempo que Alycia bajaba ya preparada para irse con ellas-. ¿Estás lista ya, bichito?
-Sí -les dijo con una gran sonrisa y se giró para despedirse de Lexa, que la aupó para darle un beso en la mejilla-. Adiós ma... Lexa- corrigió finalmente.
Las tres adultas se quedaron en silencio un segundo antes de que la pareja sonriera tiernamente a la niña, aunque Lexa se quedó pensativa. ¿Habían sido imaginaciones suyas o Alycia había estado a punto de llamarla mamá?
-Adiós, monito -la despidió finalmente- pórtate bien.
En cuanto se fueron, Lexa inmediatamente fue al salón a esperar a Clarke, con lo que había dicho Alycia aún metido en su cabeza. ¿Aquella pequeña rubia la consideraba su madre? El sentimiento que esa idea le producía, lejos de espantarla, llenaba su pecho con una calidez inimaginable, y se dio cuenta de que estaba sonriendo ella sola mientras navegaba por sus pensamientos.
Apenas se dio cuenta de que Clarke había entrado en casa hasta que la vio frente a ella, con varias bolsas en sus manos, observándola con una sonrisa curiosa. Se fijó en que llevaba puesto un vestido, sabía que normalmente no iba al trabajo con aquella vestimenta tan provocativa, así que supuso que tenía muy bien preparado lo que pasaría aquella velada. Se levantó y, tras besar sus labios suavemente, le ayudó con todo lo que llevaba y lo colocó en la mesa de la cocina.
-¿En qué estabas pensando cuando he llegado? -preguntó la rubia.
-En nada, no te preocupes -le sonrió cálidamente para que la creyera, porque lo cierto es que le daba algo de vergüenza contarle aquellos pensamientos que habían invadido su mente- ¿has traído cena?
-Sí, chino, y algo de postre -sujetó su mano cuando vio que iba a mirar el interior de una de las bolsas que no eran de comida- pero para descubrir qué es tendrás que esperar.
Se sentaron en el sofá, comiendo la cena que Clarke había traído mientras se contaban lo que habían hecho durante el día. Normalmente esa rutina se repetía siempre, pero con Alycia entre ellas, y el poder tener a Clarke solo para ella de vez en cuando se agradecía también.
Terminaron de comer y Lexa insistió en recoger todo, así que fregó los platos que habían usado mientras que Clarke miraba por las bolsas que había traído ella misma. No pasó mucho tiempo hasta que sintió el cuerpo de la rubia contra su espalda y su cálido aliento en su cuello, provocándole unas cosquillas muy agradables.
-He comprado algo especial... -sururró con la voz más ronca de lo normal y Lexa se mordió el labio, sintiendo que empezaba a encenderse con tan solo esas palabras-. ¿Quieres saber qué es?
Lexa asintió justo antes de notar los labios de Clarke sobre su piel, besándola con la boca abierta, humedeciéndola al pasar su lengua suavemente. Cerró el grifo una vez hubo terminado, y se giró cuando la rubia se lo permitió para verla sonreír maliciosamente, y no fue hasta que enfocó su mano derecha y lo que ésta sujetaba que comprendió el por qué.
-Clarke... -su voz salió en forma de murmullo, incapaz de decir nada más- ¿esto es el postre? -señaló el juguete que la rubia tenía.
-Así es... ¿te gusta? -Clarke se acercó a ella de forma seductora, manteniéndole la mirada, y Lexa tuvo que tragar hondo por la visión de su chica, enfundada en aquel vestido negro que le quedaba tan jodidamente bien.
-Me vas a matar, Clarke -agarró sus caderas cuando estuvo pegada nuevamente a ella.
-Tal vez es lo que pretendo -acercó su rostro al de la morena, rozando sus labios con los suyos mientras que comenzaba a acariciar su brazo con la punta de aquel juguete de color negro-. Quiero que me folles como solo tú sabes, Lexa. Te necesito dentro.
La morena agarró con más fuerzas su cintura y comenzó a devorar aquellos labios por los que sentía la más pura devoción. Sintió los dedos de la rubia en su nuca, enredándose en los mechones de su pelo, y acercándola más a ella. Su excitación comenzó a crecer al tener el cuerpo de Clarke tan cerca del suyo, sus pechos rozando los suyos, y encajando de una manera perfecta, como si se tratasen de dos piezas de un mismo puzzle.
Oyó que gemía cuando mordió su labio inferior con fuerza, sintiendo que no podía controlar esas ganas que tenía de hacerla suya una vez más. Parecía que con Clarke nunca tenía suficiente, y eso le encantaba. Le volvía loca hacerla gemir a todas horas y sentir su humedad contra ella. Llevó sus manos hasta sus glúteos, notando lo perfectos que eran y los apretó, gruñendo de placer por la sensación.
-Vamos a la habitación -pidió la rubia contra sus labios y ella simplemente gruñó a modo respuesta afirmativa, antes de que Clarke se diese la vuelta y ella se pegara a su espalda, sin poder soportar que hubiese la más mínima distancia entre ellas-. Joder, Lexa, te necesito ya.
Aprovechando la obertura de su vestido, deslizó una de sus manos por su muslo, acariciándolo, mientras ambas subían torpemente por las escaleras, sin querer dejar de sentir a la otra. Llegaron a la habitación y Lexa no pudo evitar ponerla contra la pared antes de volver a estrellar sus labios con los suyos, sin dejar de acariciar uno de sus muslos, sintiendo en sus yemas el suave tacto de su piel.
Notó las manos de Clarke en los botones de su camisa y dejó que la desabrochara, mientras ella besaba su cuello ahora, mordiéndolo suavemente y chupando cada centímetro de piel que se ponía en su camino. No podía tener suficiente de Clarke, le era imposible.
Las manos de la rubia acariciaron su abdomen, deslizándose hacia sus hombros para quitarle por completo la prenda, y en cuanto lo hizo ella llevó sus manos hasta el borde de aquel vestido. Por mucho que le encantase cómo le quedaba, aún le gustaba más observarla sin ropa de por medio. Contuvo la respiración al ver el conjunto que llevaba Clarke: un precioso sujetador de color negro y un tanga del mismo color que le quedaba increíble, haciendo que su cuerpo se viera incluso más irresistible.
No pudo aguantar más y volvió a atacar su cuello, mientras que Clarke se encargaba de quitarle su sujetador, y ella se dirigió a continuación a sus pechos, sacando uno de ellos por encima de la prenda, y envolviendo aquel suculento pezón con sus labios. Clarke gimió, arqueando el cuerpo por la sensación, y aferrándose a los hombros de Lexa con fiereza, hincando sus uñas en su piel.
Metió sus manos por su espalda para poder deshacerse del sujetador, y una vez lo hizo, atendió con su boca al otro pezón, mordiéndolo y lamiéndolo, disfrutando de aquella parte del cuerpo de Clarke en su boca. Pellizcó el otro con sus dedos, atendiéndolo como mejor podía, y deleitándose con los sonidos que Clarke iba soltando.
-Lex, por favor... -pidió, y la morena levantó la vista antes de besar sus labios durante un breve momento, acariciando su vientre a continuación.
-Dime qué quieres, Clarke -miró sus ojos oscurecidos por el deseo y la excitación- ¿qué necesitas?
-A ti, aquí -cogió una de las manos de Lexa y la llevó a su entrepierna, arrancando un gruñido de placer de la morena al notar lo mojada que su chica estaba ya.
Lexa se arrodilló frente a ella, besando su vientre en el proceso, y deslizando el tanga por sus increíbles piernas, dejando besos también en el interior de sus muslos. Una vez hubo quitado la prenda, miró a Clarke desde su posición, regalándole una sonrisa antes de pasar uno de sus dedos por su zona íntima, impregnándolo de su humedad.
Acercó su rostro donde Clarke la necesitaba, sintiendo su olor embriagarla, y comenzó a lamer su centro, agarrando con fuerza sus muslos con sus manos. Clarke se aferró a su cabellera, empujándola más contra ella mientras que la lengua de Lexa se movía en círculos alrededor de su clítoris, haciendo que sus piernas temblasen.
Clarke echó su cabeza hacia atrás, apoyándola contra la pared, incapaz de mantener los ojos abiertos por las sensaciones que estaba experimentando. Lexa introdujo un dedo en su interior mientras que con su boca seguía lamiéndola, y los gemidos que salían por su boca eran incontrolables. Dios, jamás nadie le había dado una atención tan increíble como Lexa lo hacía cada vez que se entregaban a la otra. La morena se incorporó, bucando sus labios, besándola de una forma que le quitaba hasta la razón. Sintió que le arrebataba de su mano el juguete y lo ponía entre ellas.
-¿Quieres ponérmelo? -susurró la morena.
Clarke asintió, desabrochando sus pantalones al mismo tiempo que unía sus labios de nuevo, queriendo sentirla todo el tiempo posible. Bajó los pantalones de Lexa junto a su ropa interior, y la morena le dio el juguete, abriendo un poco las piernas, para que la rubia lo introdujera en ella. La oyó gemir cuando metió la parte más corta, moviéndola varias veces para excitarla aún más, aunque estaba convencida de que aquello no era necesario.
Sintió los brazos de Lexa levantarla y girándola para ponerla contra la pared, y su excitación aumentó tan solo con el pensamiento de lo que estaba a punto de pasar. La mano de la morena se coló entre sus piernas, rozando su intimidad, e invitándola a abrirlas. Su cuerpo se pegó al suyo, y sintió cómo restregaba el juguete varias veces contra su entrepierna, haciendo que chocase contra su clítoris de forma muy placentera antes de introducirlo dentro de ella.
Gimió cuando notó que Lexa comenzaba a moverse contra ella, de forma lenta pero precisa, dándole el placer que necesitaba en esos momentos. Apoyó su cabeza en el hombro de la morena, arqueando su cuerpo sin poder evitarlo, y mordiendo su labio cuando las manos de Lexa acariciaron su vientre de forma ascendente, hasta acabar cada una en uno de sus pechos, masajeándolos y atendiéndolos.
La escuchó gemir contra su piel, y ella tuvo que apoyar las manos en la pared, pues Lexa comenzaba a aumentar el ritmo y sentía que necesitaba algún punto de sujección, porque sus piernas empezaban a fallarle por aquel placer tan intenso. Una de las manos de Lexa bajó hasta su clítoris, golpeándolo suavemente antes de acariciarlo, y sus dientes se clavaron en su cuello.
Los jadeos y gemidos por parte de ambas cada vez eran más altos, y notaba los pechos de Lexa sudados contra su espalda, excitándola aún más. La velocidad de las embestidas de la morena no paraba de ir en aumento, hasta llegar a un punto que casi le parecía imposible que Lexa pudiera estar aguantando aquel ritmo frenético.
-Vamos Clarke, córrete para mi -susurró en su oído con la voz una octava más grave de lo normal.
Su cuerpo se tensó completamente cuando sintió el placer máximo invadirla. Arqueó su espalda mientras Lexa seguía penetrándola y tocando su clítoris, hasta que gritó de forma totalmente incontrolable, sintiendo que todas y cada una de las partes de su cuerpo temblaban, y podía jurar que si no hubiese llegado a ser porque Lexa la cogió con fuerza por la cintura, habría acabado en el suelo.
Lexa tardó unos segundos más en correrse, y se quedó apoyada en su espalda, intentando recuperarse también de aquel orgasmo. Unos segundos después, besó su hombro al tiempo que salía de ella suavemente y se quitaba el juguete. Clarke se dio la vuelta para poder besarla y la morena recibió sus labios mientras rodeaba su cintura.
-Joder, Lexa, eso ha sido...
-Increíble, lo sé -completó su frase, sonriendo antes de besarla de nuevo.
Ambas se acostaron en la cama, Clarke sobre el cuerpo de Lexa, queriendo disfrutar de su chica y adorarla como nadie lo había hecho. Aquella noche era solo para ellas dos, y no tenía ninguna intención de dejarla dormir. Quería sentirla corriéndose en su boca y gritando su nombre, y no iba a descansar hasta conseguirlo.
La noche que Lexa y Lincoln habían estado esperando ya había llegado. Inauguraban el restaurante que entre los dos habían montado y no podían estar más contentos. Lexa había llegado al local acompañada de Clarke y de Alycia, que llevaba un precioso vestido de color rojo y estaba encantada de todos los piropos que la gente que la veía que le decía.
Aunque había bastante trabajo, ya que se habían encargado de distribuir el nombre el sitio y la fecha de apertura muy bien, Lexa estaba encantada de poder estar disfrutando ese momento tan importante para ella junto a toda la gente que realmente le importaba. Tuvo que hacer varias veces de camarera, ya que el trabajo se acumulaba al estar el local lleno, y Alycia se reía al verla tan concentrada de un lado a otro.
-¿Os está gustando la comida? -les dijo a Clarke, Raven, Octavia, Anya y Alycia, que se encontraban en una de las mesas del restaurante cenando.
-Está muy bueno todo, Lexa -le dijo Alycia antes de seguir devorando el perrito caliente que tenía ante ella.
-Está genial, Lexa, enhorabuena -le halagó Octavia-. Creo que voy a venir aquí a comer todos los días.
-Eh, que yo cocino genial -protestó Raven antes de dirigirse a Lexa-. Esta hamburguesa es lo mejor que he comido nunca, en serio.
-Me alegro mucho que os guste -les contestó sinceramente- tengo que irme pero en cuanto pueda vuelvo con vosotras, ¿vale?
Todas asintieron y Lexa se inclinó para besar fugazmente a Clarke antes de volver al trabajo. Fue a la zona del mostrador y vio a Lincoln con el ceño fruncido, así que se acercó a ver qué era lo que le ocurría.
-¿Todo bien, Linc?
-Lexa, ¿esa mujer no es...? -miró a la dirección hacia donde lo hacía Lincoln y se tensó al ver a Niylah junto a una mujer sentada en una mesa esperando a ser atendidas. No tardó ni medio segundo en ir hacia allí con decisión, sintiendo la rabia en su cuerpo crecer-. ¡Lex, espera, no vayas!
Ignoró lo que le decía su hermano y se plantó frente a la mesa en la que estaba sentada aquella persona tan indeseable. ¿Cómo podía presentarse allí, después de todo? ¿Cómo tenía tanta cara?
-Lexa, qué sorpresa -dijo Niylah una vez alzó la vista y sus ojos enfocaron a la morena.
-Déjate el paripé, Niylah, ¿qué coño haces aquí? -inquirió, casi escupiendo las palabras.
-Venir a cenar a un restaurante, ¿acaso no puedo? -contestó tras mirar a su alrededor, haciéndose la incrédula.
-No me creo una mierda. Primero secuestras a tu propia hija y luego intentas arruinar mi relación con Clarke, y ahora te presentas en mi restaurante, ¿de qué vas? -miró a la chica que estaba sentada frente a Niylah y que observaba la situación frunciendo el ceño-. Apuesto a que tú no sabías nada de esto, pero ya te digo que no te conviene relacionarte con una persona así.
-¿Qué está pasando aquí? -oyó a sus espaldas y cuando se giró vio a Clarke con los puños apretados-. Nylah, ¿no puedes dejarnos en paz? ¿Qué mierdas te he hecho yo para que la tomes de esta manera conmigo?
-Clarke, te juro que no sabía que Lexa trabajaba aquí -le dijo de forma seria y suplicante a la rubia.
-No me creo nada, Niylah -espetó-. No has hecho más que amargarnos a mí, a Alycia, y a Lexa, y te he dado demasiadas oportunidades para que cambiases pero lo único que has hecho es no dejarme más opción.
-¿Más opción de qué? -la miró confusa.
-De denunciarte a la policía por acoso -dijo sin más y pasó un brazo por la cintura de Lexa, llamando su atención-. Vamos, cariño, no vamos a dejar que esto nos amargue la noche.
Ambas se fueron de allí, volviendo a la mesa donde Clarke estaba sentada con las demás, e intentando ignorar lo que acababa de pasar. Había hecho todo lo posible para evitarlo ya que era la madre de Alycia, pero es que parecía que Niylah lo buscaba a cada momento, y ya no podía hacer la vista gorda más si no quería acabar perdiendo la cabeza cada vez que volvía a aparecer. Estaba decidida a dar parte a la policía, y al menos poder estar segura de que su hija no correría ningún peligro, y de que no se la iba a encontrar nunca más.
Hola a todas.
Siento mucho muchísimo haber tardado casi dos semanas en actualizar, de verdad, pero he estado liada con otras cosas y otros proyectos, como muchas ya sabréis.
En fin, nuevo capítulo.
Parece que estas dos vuelven a estar genial, porque se quieren y no pueden vivir sin la otra y todos lo sabemos. Pero Niylah, como siempre, tocando los huevecillos. Qué pesá la tía, de verdad. Pero parece que a Clarke le ha entrado la razón y por fin la va a denunciar.
Bueno, ¿qué pasará a partir de ahora?
Teorías, plis.
Nos leemos en el próximo, que seguramente será esta próxima semana, viendo que tengo un puente muuuuuy largo :)
Un saludo.
Twitter: humvnkru
