Ya estaba hecho, y no iba a echarse para atrás. Clarke se sentó en un banco a las afueras de la comisaría de policía del barrio de Ealing, de donde acababa de salir tras poner una denuncia a Niylah. Había intentado por todos los medios no hacerlo, pues a fin de cuentas había compartido muchos años con ella y Alycia era también hija suya, aunque no lo pareciera. Le había contado al oficial que la había atendido todos los problemas que Niylah les había ocasionado, sobre todo la vez que se la llevó del colegio sin decir nada a nadie, apareciendo con la niña horas después cuando la angustia la estaba consumiendo, y, además, drogada.
Era lo mejor que había podido hacer, y lo sabía, pero esa pequeña punzada de culpabilidad apareció de todos modos, haciendo que cerrase los ojos y enterrase el rostro en sus manos. Eso le traería muchos problemas a su ex mujer, era muy consciente de aquello, pero ya no podía soportar más el hecho de sentir ese miedo de que su hija podría volver a desaparecer en cualquier momento. Quería poder estar tranquila y disfrutar de su apacible y feliz vida junto a su hija y su chica.
- ¿Clarke? -oyó una voz familiar a su lado, y levantó la vista para encontrarse a Emma, la doctora que había llegado hacía poco a su hospital, y con la que había entablado muy buena relación dentro de ese ámbito laboral- ¿Estás bien?
- Emma, hola -la saludó con una sonrisa, intentando disipar todas aquellas preocupaciones-. Sí, no tiene importancia, ¿qué haces por aquí?
- Volvía a casa, estaba comprando algunas cosas para decorar el piso -movió ligeramente la bolsa que sujetaba con la mano izquierda-. ¿Y tú? ¿Problemas con la justicia? -bromeó.
- No, no -rio ligeramente por su comentario-, tan solo arreglando algunas cosas -prefirió no entrar en detalles con aquella mujer sobre lo que acababa de hacer. No habían hablado de forma muy profunda sobre sus vidas personales, y lo cierto es que tampoco le apetecía hacerlo en aquel momento, y menos sobre un tema tan personal y complicado.
- ¿Te apetece ir a tomar un café? ¿O estás esperando a alguien? -sugirió la pelirroja amablemente.
Clarke estuvo a punto de darle una respuesta negativa, porque lo que más le apetecía en esos instantes era regresar a su casa junto a Lexa y Alycia, ya que sabía que ambas se encontraban allí, seguramente haciendo alguna trastada, pero decidió aceptar. Además, de ese modo podría ampliar un poco su círculo de amistades, que se reducía básicamente a Octavia y Raven. No es que se quejara, la pareja eran las mejores amigas que una persona podía desear, pero a veces también le gustaba poder conocer a más gente.
Se levantó del banco y ambas caminaron durante unos cinco minutos hasta llegar a una cafetería a la que Clarke solía ir algún tiempo atrás. Era una pastelería portuguesa tradicional y familiar, y aunque no era muy grande, el café y los dulces que allí servían eran exquisitos. Emma era nueva en el barrio, así que era un buen motivo para visitar el lugar tras un largo periodo sin hacerlo y así poder enseñárselo.
- Este sitio es encantador -comentó la doctora Dawson cuando ambas tomaron asiento en una de las mesas del interior de la cafetería- ¿Sueles venir mucho?
- Solía hacerlo -comentó-, pero últimamente entre el trabajo, Alycia y que cuando puedo siempre hago escapadas con Lexa a algunos puntos más alejados de la ciudad, he dejado de venir tan a menudo.
- Te entiendo, es normal que no tengas tiempo para más.
La camarera, que era la hija del dueño según tenía entendido, llegó apenas un minuto después para tomarles nota a ambas. Clarke pidió un par de capuccinos para las dos y un surtido de pasteles típicos para que su acompañante pudiera probarlos, tras la insistencia de Emma de que fuera ella quien pidiera, ya que era la que conocía el local.
- ¿Y cómo te desenvuelves por Ealing? ¿Te gusta el barrio? -se interesó una vez la chica había apuntado todo y había regresado tras la barra.
- La verdad es que me encanta -admitió la mujer con una sonrisa- Es un barrio bastante tranquilo, a veces incluso se me olvida que es Londres -amabas soltaron una risilla y Clarke asintió, porque conocía perfectamente esa sensación.
- Te entiendo perfectamente, es como un pueblo dentro de la gran ciudad, y por eso es perfecto.
- Sí, y además he conocido a personas muy interesantes aquí -añadió, sin perder la sonrisa en ningún momento.
- ¿Ah, si? -la doctora asintió- ¿Como quién?
- Tú, por ejemplo -le sorprendió la respuesta, pues esperaba que le hablase tal vez de alguna mujer a la que habría conocido, y Emma se rio, seguramente por la cara que debió poner.
- ¿Yo? No soy nada interesante -contestó con una risilla nerviosa.
- Vamos, Clarke -hizo un ademán con la mano derecha- eres una doctora muy guapa, de las mejores del hospital, según he oído, y tienes pinta de ocultar grandes historias.
- Pues creo que te equivocas de persona, Emma -ambas rieron, y la pelirroja decidió cambiar el tema, cosa que Clarke agradeció porque estaba poniéndose nerviosa con las palabras de su acompañante.
Ambas continuaron hablando, comiendo y degustando los dulces una vez los llevaron hasta la mesa. No pasó desapercibida para Clarke la forma en la que Emma la miraba o le sonreía algunos instantes. Una mirada muy intensa y una sonrisa genuina que ella agradecía, porque eso le daba a entender que estaba disfrutando de verdad de aquellos momentos juntas, pero que esperaba que no significase nada más que eso, porque en su cabeza solo había cabida para aquella morena de ojos verdes. Terminaron la conversación un rato después, y Clarke se excusó diciendo que debía volver a casa, así que se despidió de la pelirroja y puso rumbo al coche para volver a su hogar: a Alycia y Lexa.
Tras unos diez minutos en el coche, por fin aparcó delante de su casa, y en cuanto abrió la puerta empezó a escuchar risas y música, provenientes de la cocina. Le había enviado un mensaje a Lexa un rato antes para hacerle saber que llegaría aproximadamente a la hora de comer y pedirle si podía preparar ella la comida, y sabía que eso significaría que la morena tendría toda la ayuda necesaria de su hija, porque la niña siempre se mostraba dispuesta a colaborar con Lexa, y a ella le encantaba observarlas juntas. Caminó hasta la cocina tras dejar su bolso en una de las sillas que había junto a la gran mesa en el salón y la sonrisa se formó automáticamente en su rostro cuando vio a Lexa añadiendo ingredientes a una sartén que parecía llevar tomate y algo más, moviendo sus caderas al ritmo de la música, y a Alycia a su lado, imitando sus movimientos mientras removía con una cuchara una olla, subida en un pequeño taburete.
- Hola, preciosa -Lexa se dio la vuelta inmediatamente, como si hubiese notado su presencia, y con la increíble sonrisa que la caracterizaba, se acercó a ella, rodeando su cintura con ambos brazos y acercando su rostro para besarla suavemente.
- Hola, cariño -le saludó de vuelta, aún con sus labios contra los suyos, sintiendo su cuerpo estremecerse por la forma en la que la morena la estaba mirando en esos momentos.
- ¡Mami! -Alycia se bajó del taburete y se acercó a su madre, que enseguida se agachó para poder saludar a su hija correctamente.
- Hola, cocinera -acarició su pequeña nariz tras darle un beso en la frente y la levantó en brazos mientras volvía a mirar a Lexa- Conque cocinando con música, ¿eh? -Alycia asintió y se dio cuenta de que tenía la boca manchada de tomate-. Oye, ¿has estado comiendo?
- Lexa me ha dado a probar, mami -se defendió-, y está muy bueno.
Se rio de la cara de su hija manchada y ayudó a sus dos cocineras favoritas a poner la mesa y terminar de hacer aquella pasta con salsa que con tanto cariño habían estado preparando para que las tres comieran, y se sintió, una vez más, afortunada de tener una familia tan increíble. Mientras comían, observaba a Lexa mientras la morena ayudaba a Alycia a enrollar los spaghetti en el tenedor, y se le caía la baba, casi literalmente. Y un pensamiento nuevo se coló en su mente: ¿cómo sería observar una imagen así, pero con Lexa teniendo en sus brazos un bebé de las dos?
Lexa entró en casa tras haber trabajado aquel día en el restaurante, y se extrañó al ver que las luces de la planta inferior estaban todas apagadas. Sabía que esa noche Alycia no estaba, puesto que Raven había ido a recogerla para llevarla al cine, según le habían informado, pero normalmente Clarke se encontraba siempre en el salón esperándola o viendo algún programa en la televisión. Subió hasta la planta de arriba y fue hacia el dormitorio, viendo la puerta del baño que se encontraba dentro de éste entornada, con una suave luz que venía de allí. Sus fosas nasales pronto se impregnaron de un suave olor a vainilla, y el calor que se podía sentir le decía que su chica seguramente estaba disfrutando de un agradable baño. Sonrió antes de dejar su chaqueta y el bolso que llevaba sobre la cama, y se adentró en el baño lentamente, aguantando la respiración cuando vio el increíble cuerpo de Clarke sumergido en la bañera.
La rubia se encontraba con la cabeza echada hacia atrás, permitiendo a Lexa observar aquel cuello tan increíble y esa clavícula que se moría por besar. Se acercó con sigilo, pues Clarke no se había percatado de su presencia, y sabía que no estaba dormida porque jugueteaba con el agua con una de sus manos. Se acuclilló a su lado, y coló su mano bajo el agua, deslizándola por su abdomen, viendo la sonrisa que se formó en su rostro tras notar el contacto. Llevó su mano hacia arriba poco a poco, hasta que acabó sobre uno de sus pechos, y comenzó a masajearlo suavemente, notando el cambio de la respiración de Clarke. Sus ojos azules se abrieron y conectaron con los suyos, sonriéndose ambas automáticamente.
No dijeron nada, pero Lexa acercó su rostro al suyo hasta que sus narices rozaron suavemente, y sus labios quedaron a apenas un centímetro de distancia. No apartó la mirada de sus ojos, le encantaba perderse en aquel azul tan increíble que tenían, y al parecer, a Clarke le encantaba hacer lo mismo con los suyos. Suspiraron a la vez justo antes de fundir sus labios en los de la otra, y notó la mano mojada de Clarke agarrarse a su nuca, tirándola más contra ella. Jadeó cuando sus dientes se clavaron en su labio inferior y ella pellizcó su pezón con la mano que aún mantenía sobre su pecho.
- Vete -escuchó que decía repentinamente, y se separó de sus labios, para mirarla con el ceño fruncido.
- ¿Cómo? -preguntó, sin saber con seguridad si la había entendido bien.
- Sal del baño, Lexa -dijo con voz firme, justo antes de agarrar el cuello de la camisa que llevaba y estrellar sus labios brevemente-. Espérame en la habitación.
Seguía sin entender el porqué de aquella orden, pero la obedeció. Se levantó sin dejar de mirarla ni un segundo y vio una sonrisa traviesa formándose en su rostro. Suspiró mientras salía de allí, y se sentó en una silla que había frente a la cama. ¿Esa silla había estado siempre ahí? No la recordaba, pero no le dio más importancia. Se dedicó a esperar a que Clarke decidiese salir del baño, y la verdad era que se estaba poniendo bastante nerviosa, porque lo único que deseaba en ese momento era poder tener su cuerpo entre sus brazos, y no entendía aquella petición de Clarke.
Parecía que el tiempo se había congelado y no avanzaba, porque se le hizo jodidamente eterno aquel momento esperando a que saliese. Por fin, tras lo que a ella le pareció una eternidad, oyó la puerta abrirse y alzó la vista, perdiendo completamente la capacidad de respirar cuando enfocó a Clarke en la puerta, vestida con un increíble camisón de seda negro de tirantes, que además dejaba ver aquel increíble escote, y que apenas cubría sus muslos. Aquella visión era suficiente para correrse, Lexa estaba totalmente segura de ello.
Clarke miró el teléfono móvil que tenía en sus manos e hizo algo con él, y de repente la música comenzó a inundar el dormitorio. Dejó el teléfono sobre la cómoda que se encontraba a su izquierda y comenzó a caminar de una forma dolorosamente lenta y sensual hacia donde Lexa se encontraba, sintiendo que su entrepierna ya palpitaba tan solo por la anticipación. Clarke movía sus caderas al ritmo de Dance For You de Beyoncé, y tenía muy claro que eso era lo que estaba haciendo, bailar para ella. Y no estaba muy segura de que fuera a sobrevivir a aquello.
Llegó hasta donde ella estaba, sentada en la silla, y se inclinó suavemente, apoyando las manos en sus muslos, y dejando su rostro muy cerca del suyo. Vio que sonreía cuando tragó saliva con fuerza, y a continuación sus ojos se desviaron hacia su escote, por el que caía alguna que otra gota de agua proveniente de su pelo aún húmedo. Se mordió el labio para intentar no gemir con el panorama que tenía ante ella, y se obligó a alzar su vista y volver a mirar aquellos ojos azules que estudiaban detenidamente su rostro.
- ¿Te gusta lo que ves? -le preguntó en un susurro con la voz ronca, y Lexa cerró los ojos al percatarse de lo increíblemente sexy que sonaba Clarke en esos momentos.
- Sabes que sí -contestó volviendo a mirar sus ojos, y estremeciéndose cuando desabrochó sus pantalones y se los quitó, antes de sentarse sobre ella, y llevando Lexa sus manos directamente a sus muslos, acariciándolos suavemente antes de que acabaran en sus glúteos, apretándolos con ganas.
Clarke comenzó a mover sus caderas sobre ella al ritmo de la música, y se estremeció cuando sus manos se enredaron en su pelo. Los ojos de ambas estaban conectados, y el deseo podía verse escrito en ellos. Lexa sentía su respiración acelerarse, sobre todo por el movimiento que hacía Clarke sobre ella, rozando su intimidad contra sus piernas. Un escalofrío recorrió toda su espalda cuando notó contra su muslo la humedad de Clarke, dejándole saber que no llevaba ropa interior.
Clarke se acercó más a ella, y sus labios se rozaron mientras la rubia continuaba bailando en su regazo. Tenerla así sobre ella, mirándola de esa forma y con esos labios tan increíbles entreabiertos dejando salir la respiración entrecortada, era lo más sexy que Lexa jamás había tenido el placer de experimentar. Podía notar su ropa interior ya empapada, porque era imposible no excitarse ante aquella imagen.
Las manos de Clarke viajaron hasta el final de su camisa, y comenzó a desabotonarla de abajo arriba, sin apartarse lo más mínimo de su rostro, y sin dejar de mover sus caderas, hasta que se deshizo de ella y la lanzó al suelo. Ella continuaba masajeando sus perfectos glúteos con sus manos, y la derecha se deslizó hasta acabar entre ellos, tocando suavemente su entrepierna. Ambas gimieron al mismo tiempo, Clarke por la sensación de tener los dedos de Lexa en esa zona que tanto necesitaba, y Lexa por poder notar por sí misma esa maravillosa parte del cuerpo de su chica tan húmeda.
Llevó sus manos hasta sus pechos y los liberó de la tela que los cubría, y no dudó ni un segundo en acercar su boca hasta uno de ellos, capturando el pezón entre sus dientes y notando las manos de Clarke apretándola más contra ella. Pasó su lengua por él, notando cómo se endurecía por su toque, y atendió de mientras el otro con su mano. Clarke se colocó bien sobre uno de sus muslos, provocando que su intimidad se rozara perfectamente contra él, y comenzó a moverse con ganas, haciendo que esa parte del cuerpo de Lexa quedara totalmente empapada por la humedad que la rubia emanaba.
Levantó su rostro y sus labios fueron inmediatamente capturados, en un beso hambriento y necesitado, y gimió al notar la lengua de Clarke entrelazándose con la suya, investigando el interior de su boca una vez más. Bajó sus manos de nuevo, colocando una en uno de sus glúteos y otra en su intimidad, acariciando su clítoris con suavidad mientras le ayudaba a que se moviese sobre ella. Las manos de Clarke se colaron entre el respaldo de la silla y ella, buscando desabrochar su sujetador, y arqueó la espalda para ayudarla, quedando despojada de aquella prenda.
- Entra en mí… -susurró Clarke con la voz ronca contra sus labios, y no había cosa que deseara más que complacer a la increíble mujer que tenía encima de sus muslos en esos momentos.
No lo dudó ni un instante, y cuando notó que Clarke se elevaba un poco, introdujo dos de sus dedos en su interior, arrancando un gemido de placer de la garganta de la rubia, que echó la cabeza hacia atrás, momento que Lexa aprovechó para atacar su cuello, y dejar allí besos y mordiscos que provocaron que Clarke jadease. Sus vistas mejoraron cuando comenzó a moverse sobre sus dedos, creando una danza hipnótica, y es que podía jurar que no había nada en el mundo que la excitara más que lo que estaba viendo en aquellos momentos.
Su pulgar buscó el clítoris de Clarke para darle más placer, y reforzó el agarre que tenía en su trasero, ayudándola con esos movimientos que hacía. Notaba cómo sus paredes vaginales se contraían alrededor de sus dedos, e introdujo uno más, moviéndolos en su interior, haciendo que Clarke clavase las uñas en su espalda y que gimiera de forma casi gutural. El orgasmo la invadió de repente y vio cómo Clarke temblaba de forma incontrolable por el placer encima de ella. Siguió estimulándola hasta que cayó sobre ella y la abrazó, estremeciéndose al sentir los suaves besos que dejaba en su cuello, y que se iban convirtiendo poco a poco en besos más húmedos.
-Eres increíble -la alabó, y observó su sonrisa cuando se despegó de su cuello, justo antes de unir sus labios momentáneamente.
Clarke se levantó, y extendió sus manos para que las cogiera, dejándose llevar hasta la cama, donde la rubia la acostó y se puso sobre ella, quitándose el camisón que llevaba antes de recostarse completamente sobre su cuerpo y comenzar a atacar sus labios de forma pasional. Sus manos volaron hasta su espalda, acariciándola suavemente, y se deslizaron hasta su cabellera cuando ella pasó de sus labios a su cuello, dejando besos en su clavícula y acabando en su pecho.
Gimió cuando su lengua encontró su pezón y miró sus ojos, que la observaban desde su posición, sonriéndose ambas al mismo tiempo. Se dedicó unos minutos a estimularla y Lexa podía notar cómo sus pezones dolían de forma exquisita al estar tan endurecidos por las sensaciones que Clarke le otorgaba. Siguió viajando por su piel, y su estómago se contraía al paso de su boca, de la cual besaba y lamía cada centímetro que encontraba a su paso por su cuerpo. Tembló cuando pasó su mano por su bajo vientre, acariciándola, antes de retirar su ropa interior, dejándola totalmente desnuda, y de abrirle levemente las piernas, acomodándose entre ellas.
-No me cansaría nunca de tenerte así, Lex -le dijo, mirándola fijamente desde esa posición, y estiró su brazo para acariciar su rostro con suavidad.
No le dio tiempo a responder cuando sus dedos pasaron fugazmente por los pliegues de su intimidad, e inmediatamente su rostro se hundió entre sus piernas, transportándola al maldito paraíso. Su lengua comenzó a dibujar círculos sobre su clítoris y no pudo evitar llevar una de sus manos a su cabeza, apremiándola para que continuase devorándola de aquella forma. Vio que la miraba desde esa posición, sonriendo al mismo tiempo que movía su lengua con más rapidez sobre aquella zona tan sensible, y echó su cabeza hacia atrás sin poder evitarlo por las sensaciones que experimentaba en aquel preciso instante. Jamás había sentido nada parecido con nadie, y le encantaba pensar que era con Clarke con la única que podría compartir esos momentos para siempre.
La lengua de la rubia se deslizó hasta su entrada, penetrándola brevemente con ella, y una de sus manos se centró ahora en su clítoris, frotándolo con una velocidad increíble, provocando que las piernas de Lexa, que estaban apoyadas sobre el colchón, comenzaran a temblar sin poder controlarlas. El placer se extendió por todo su cuerpo, haciendo que gimiese sin poder evitarlo y provocándole maravillosos espasmos que le hicieron cerrar los ojos con fuerza, corriéndose de una forma exquisita bajo el increíble cuerpo de su chica.
Clarke trepó por su cuerpo y se acomodó sobre ella, acariciando suavemente su rostro mientras aún se recuperaba del orgasmo. Giró levemente para que ambas estuviesen de lado, y rodeó su cintura con un brazo, pegándola a ella más, si es que eso era posible. Se miraron a los ojos, perdiéndose una vez más en la inmensidad de aquellos preciosos iris azules y sonrió antes de besar sus labios con suavidad.
- ¿En qué piensas? -le preguntó Clarke con voz suave, mientras acariciaba su espalda de arriba abajo.
- ¿Ahora mismo? -la rubia asintió- En que aún me parece increíble que haya encontrado a alguien como tú, Clarke.
- ¿Como yo? -preguntó de forma juguetona, arrancando una pequeña risa de la garganta de Lexa.
- Tan preciosa, que me hace sentir tan bien, y que me da tanto -besó la punta de su nariz antes de apoyar su frente contra la suya, viendo que sus ojos se tornaban cristalinos tras sus palabras.
- Te quiero, Lexa -habló con un hilo de voz.
- No más que yo a ti, Clarke.
Le dio la sensación de que la rubia quería decirle algo, pero en vez de eso, oyó como suspiraba antes de acortar la distancia que había entre ambas. Sus labios se encontraron, besándose con delicadeza, y disfrutó de las caricias de Clarke en su mandíbula. Se miraron nuevamente, y le susurró un "buenas noches, preciosa", antes de dejar un último beso sobre su boca. Se incorporó un segundo para apagar la luz y coger las mantas para taparlas con ellas, antes de volver a rodear a su novia con sus brazos, sintiendo su respiración contra su cuello. Apretó su agarre, deseando sentirla lo más cerca posible, y cerró los ojos, respirando aquella paz y felicidad que el cuerpo cálido y desnudo de Clarke le regalaba.
Miró a Alycia, que se encontraba a su lado, ambas sentadas en la gran mesa que había en el salón de su casa, y sonrió al verla tan pensativa, apretando el lápiz con fuerza con su mano derecha. Estaba ayudándole a hacer algunos deberes que tenía para clase, en concreto los de ese día eran de matemáticas, y aunque no era su asignatura favorita, estaba encantada de poder servirle de ayuda, mientras Clarke seguía en su turno del hospital.
- ¿Sabes ya la respuesta? -le preguntó divertida, observando cómo fruncía el ceño.
- No -contestó la niña, cruzándose de brazos, y haciendo reír a Lexa-. No te rías de mí, Lex.
- Es broma, monito -la tranquilizó, acercándose a ella y besando su frente suavemente, en un gesto que pareció calmar a la niña-. Vamos a ver, levanta las dos manos -Alycia hizo lo que la morena le decía, ya que sabía un truco para poder solucionar esa insufrible suma de 3 + 7- Ahora, muéstrame 3 deditos -la pequeña rubia obedeció, cerrando todos los dedos menos el meñique, el anular y el corazón de su mano derecha-. Muy bien, ahora cuenta los que te quedan.
Alycia se puso a esa tarea, señalándose uno a uno los dedos restantes bajo la atenta y paciente mirada de Lexa. Sonrió cuando descubrió que el resto de los dedos de su mano eran siete, y ella tenía ya muy aprendido que el total de los dedos de las manos eran diez, así que gracias a ese pequeño truco de Lexa, tuvo el resultado.
- ¡Bien! -exclamó la pequeña, chocando los cinco con Lexa, que le había puesto la mano en el aire para que lo hiciese-. Gracias, Lexa.
- Has sido tú solita, cariño -le sonrió de forma tierna, acariciando su cabellera- Venga, termina esas sumas e iremos a merendar esas galletas tan ricas que compró ayer mami.
Alycia sonrió ampliamente antes de volver a centrarse en su tarea, y ella se relajó en la silla mientras la observaba. Pronto la niña utilizó el truquillo que Lexa le había enseñado con las demás sumas, y cuando estaba a punto de acabarlas, el timbre sonó. Se levantó para ir a ver quién era y la pequeña se unió a ella, pensando que tal vez sería sus tías Raven y Octavia. La sangre de Lexa se congeló cuando al abrir la puerta se encontró con la fría mirada de Niylah. Inspiró con fuera y se dispuso a cerrar la puerta, pues no quería escuchar ni una palabra de esa mujer, aunque su propia hija estuviera a su lado presenciando toda la escena, pero su voz la detuvo.
- Yo que tú no haría eso, Lexa -le advirtió, y su mirada se desvió de sus ojos hacia abajo, sintiendo todo su cuerpo tensarse al descubrir que sujetaba una pistola con su mano derecha, apuntándole con ella.
- Niylah… ¿qué haces? -pudo decir en un hilo de voz, temiendo que la castaña cometiera una locura.
- Acabar con esta farsa -le respondió, y luego se dirigió a Alycia, que la miraba con temor en los ojos-. Hola, cariño -se acercó a ella, sin dejar de apuntar a Lexa en ningún momento, pero la niña retrocedió, situándose tras Lexa, y agarrándose a su pierna, provocando que Niylah apretase la mandíbula y volviera a enfocar a la morena- ¿Qué coño le has hecho a mi hija? ¡No quiere ni verme, por tu culpa!
- La única culpa de eso es tuya, Niylah -le dijo de forma firme, y la castaña se acercó a ella, pegando la punta del arma contra su estómago.
- Cierra la maldita boca si no quieres que te atraviese de un balazo, niñata -espetó a apenas unos centímetros de su rostro.
Lexa caminó hacia atrás, cogiendo a Alycia de la mano, y Niylah entró completamente en la casa, cerrando la puerta detrás de ella. No podía creer que aquello estuviera pasando, pensaba que después de que Clarke hubiese interpuesto aquella denuncia todo estaría en calma, y en esos momentos estaba viviendo la peor de las pesadillas. Pero más que por ella misma, sufría por Alycia, que no era más que una niña y no se merecía pasar por aquello, y mucho menos de una persona que se hacía llamar su madre.
- ¿Tienes el móvil encima? -preguntó Niylah y ella asintió dubitativamente- Llama a Clarke, y pon el altavoz -exigió.
Con las manos temblorosas, sacó su móvil, que se encontraba en el bolsillo, y buscó rápidamente el número de Clarke entre sus contactos, marcando la tecla de llamada sin pensarlo. No tenía ni idea de qué era lo que esa mujer pretendía, pero sabía que lo mejor era no ponerla nerviosa y obedecer a todo lo que le decía. Le tendió el teléfono y la castaña lo cogió, aguardando a que la llamada fuese respondida.
- Hola, cariño -escuchó la voz de Clarke a través del teléfono, y casi le entraron ganas de llorar por lo suave que sonaba, sabiendo que ese tono que tanto amaba estaba a punto de cambiar.
- Hola, Clarke -habló Niylah al instante, y Lexa quedó callada, esperando la reacción de la rubia.
- ¿Niylah? -dijo con voz temblorosa tras unos segundos de silencio- ¿Qué coño haces con el móvil de Lexa?
- No hables tan mal, Clarke, tengamos una conversación civilizada -sugirió, sonriendo a Lexa de forma cínica, mientras la morena sentía las lágrimas acumularse en sus ojos, agarrando al mismo tiempo la mano de Alycia, que parecía muy asustada sin entender nada.
- ¿Qué está pasando? ¿Dónde está Lexa? -pidió saber Clarke, y se podía notar que el nerviosismo se estaba apoderando de ella por la forma en la que hablaba.
- Estoy aquí, Clarke -respondió en un susurro, cuando Niylah le indicó con la cabeza que podía hablar.
- ¿Qué está pasando? -repitió, cada vez más alterada- Niylah, ¿qué le has hecho?
- No le he hecho nada, Clarke, aún no -soltó una risa tan desagradable que Lexa tuvo que cerrar los ojos con el sonido-. Te he llamado para hacerte saber que me voy a llevar a Alycia conmigo, y no vas a volver a verla hasta que esta cría con la que inútilmente intentas reemplazarme se pire de aquí.
Lexa apretó el puño que tenía libre mientras escuchaba sus palabras. ¿Cómo era posible que una persona pudiera consumirse tanto como aquella mujer lo había hecho, hasta el punto de amenazar de esa forma a una persona con la que había compartido tantos años? Sintió una lágrima mojar su mejilla, pero enseguida la limpió. Debía mantenerse fuerte en ese momento por Alycia, que seguía abrazada a su pierna, y estaba comenzando a temblar levemente.
- ¿Cómo te atreves, Niylah? -las ganas de llorar volvieron a ella con fuerza al escuchar la voz completamente rota de Clarke- ¿Qué te he hecho yo para que quieras destrozar mi vida de esta manera?
- Si no eres mía, no eres de nadie -sentenció-, y no voy a hacerte daño a ti, Clarke. Así que espero que seas inteligente, y dejes ir a esta niñata si quieres volver a ver a tu hija.
Tras decir esas últimas palabras, colgó la llamada, y Lexa respiró con profundidad, esperando el próximo movimiento de Niylah. La castaña la enfocó una vez más y se acercó a ella, colocando un mechón detrás de su oreja, haciendo que diera un respingo hacia atrás, ya que no quería ser tocada ni lo más mínimo por esa mujer. Se separó de ella riendo una vez más de esa forma horrorosa, y se acercó a Alycia, que se aferraba con cada vez más fuerza a Lexa.
- Cariño, nos vamos -le anunció a la pequeña.
- Yo me quedo con Lexa -dijo Alycia, mientras que la morena acariciaba su pelo desde su posición, luchando por no dejar caer de nuevo ni una lágrima, pero sabía que tenía que dejarla ir si no quería que su vida acabase en ese momento. Solo podía confiar en que Niylah no se atreviese a hacerle daño a su propia hija.
- Si quieres que Lexa esté bien, te tienes que venir conmigo -le dijo, cogiendo uno de sus brazos y tirando de ella, y aunque al principio la niña se resistió, Lexa le dio un pequeño empujón para que la obedeciese, aunque le doliera más que nada.
- Te prometo que todo va a estar bien, monito -le dijo una vez que Niylah le permitió arrodillarse frente a la niña-. Mamá y yo iremos muy pronto a por ti.
- Yo me quiero quedar contigo, Lexa -dijo la niña, en medio del llanto que no había podido ser capaz de controlar, poniendo sus manitas sobre las mejillas de la morena.
- Lo sé, cariño, pero ahora te tienes que ir con ella -dio un beso en su frente y luego aferró sus manos con las de la pequeña- iremos a por ti, te lo aseguro.
- Dile a Clarke que cuando te hayas largado, venga a donde ella sabe que estaré -le informó a Lexa-, sola y sin hacer ninguna tontería, o las cosas se pondrán feas.
Y sin más, Niylah volvió a tirar del brazo de Alycia, esta vez en dirección a la entrada, y sin dejar de apuntar a Lexa con la pistola hasta que cerró la puerta detrás de ella. Se quedó unos segundos mirando por donde habían salido, intentando asimilar lo que acababa de pasar, y cayó al suelo de rodillas cuando la fuerza le falló.
Todo eso había sido su culpa. Si no hubiese aparecido, Alycia no estaría en peligro, y nada de aquello estaría pasando. Se odiaba a si misma por conducirlas a aquella situación tan espantosa, y tenía muy claro lo que iba a hacer. No podía dejar que le pasara algo a Alycia, jamás se lo perdonaría. Esperaría a que Clarke llegase para poder hablar con ella y se iría de allí. Aunque le rompiese el corazón en mil pedazos, no había otra salida.
Hola, he vuelto, ¿alguien sigue por aquí?
Lo primero de todo, feliz año a todas, y muchas gracias por tener paciencia, ya sé que casi ha sido un mes sin actualizar, pero voy a hacer todo lo posible para que eso no vuelva a suceder.
Bueno, hablemos del capítulo.
La doctora Dawson parece tener mucho interés en Clarke, ¿verdad? Pero la rubia solo tiene ojos para su chica, y parece que se lo ha demostrado con ese baile y esa noche que han compartido ambas, jeje.
Y bueno, la última escena. Espero que no queráis tirarme a la hoguera ni nada de eso, aunque si queréis hacerlo, no os culpo. Parece que a Niylah se le han terminado de cruzar los cables, y ha hecho algo horroroso.
¿Cómo se solucionará esto? ¿Se irá Lexa realmente?
Espero poder actualizar lo más pronto posible, pero entre los examenes que se acercan y todo no sé cuándo será, pero buscaré un hueco para ello.
Sin más, nos leemos en el próximo capítulo.
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