Cuatro meses después…
Clarke se dejó caer sobre el sofá que había en la sala de médicos del hospital de Ealing. Cerró los ojos, masajeando con sus propias manos ambos lados de su cabeza, y suspiró con fuerza. Había tenido una guardia realmente larga, y lo único que le apetecía en aquel momento era descansar, aunque fuese solamente durante diez minutos. Oyó la puerta abrirse, pero no tenía fuerzas para darse la vuelta a comprobar quién era, aunque el misterio se resolvió enseguida cuando unas manos se posaron sobre sus hombros comenzando a darle un suave masaje, y arrancándole una pequeña sonrisa de sus labios.
-¿Has terminado tu turno ya?
-Sí, ¿y tú?
-No, aún me quedan unas cuantas horas -murmuró Emma, mientras intentaba liberar la tensión que se había acumulado en la espalda de Clarke-. ¿Quieres que salgamos a cenar esta noche?
-Me encantaría -le respondió, echando la cabeza hacia atrás para observar a la mujer pelirroja mirándola con una sonrisa, mientras estaba colocada detrás de ella.
Su relación se había estrechado en el último mes y medio, y había pasado de ser una amistad meramente profesional a algo más, que todavía Clarke no tenía muy claro qué era exactamnte. Emma era una mujer encantadora, que se mostraba muy atenta con ella, y las veces que la había invitado a su casa se había comportado de una forma adorable con Alycia, aunque la pequeña se mostrase algo reticente con las atenciones que ésta le proporcionaba.
Se levantó del sofá y lo rodeó, quedando delante de Emma, ambas mirándose a los ojos con unas pequeñas sonrisas dibujadas sobre sus labios. Sintió una de sus manos acariciar suavemente su brazo y se acercó a ella, depositando un beso en su mejilla. Aún no habían dado ese paso que Clarke sabía que darían en algún momento, y no era porque Emma no quisiera, porque podía ver en esos ojos grises las ganas y la ilusión que mostraba cuando estaba a su lado. Pero Clarke quería estar segura. Segura de que cuando besase esos labios no pensase que eran los de ella.
El móvil de Clarke sonó, y se separó un poco de la otra mujer, mirando la pantalla y suspirando cuando vio que se trataba del colegio de Alycia. Últimamente no hacía más que recibir llamadas de allí, y la preocupación por su hija corría por todo su cuerpo, porque su pequeña, la persona que más quería en el mundo, no era la misma desde hacía varios meses atrás.
-¿Diga? -respondió con desgana al descolgar el teléfono.
-Señora Griffin, siento tener que llamarla de nuevo… -el señor Collins, el director del colegio, parecía algo apesadumbrado por tener que realizar la llamada- Pero Alycia no ha comido nada, y está vomitando. ¿Podría venir a por ella?
-Por supuesto, señor Collins, enseguida estoy allí -le contestó mientras se movía por la habitación recogiendo sus cosas bajo la mirada algo preocupada de Emma-. Muchas gracias por su llamada.
-¿Todo bien, Clarke? -preguntó la doctora cuando colgó y dejó el móvil en su bolso.
-Alycia, está vomitando en el colegio -murmuró, parando en seco y pasándose las manos por su cabello rubio mientras suspiraba-. No sé qué hacer con ella… Sé que ahora es solo esto, pero ya no está todo el día sonriendo, ni tiene la misma alegría que antes.
-Ha pasado por algo muy fuerte, Clarke -Emma se acercó a ella, abriendo sus brazos en su dirección, y simplemente se dejó llevar por el abrazo que la pelirroja le regalaba, refugiándose en ella-. Dale tiempo -susurró contra su cabeza-, Alycia es una niña fuerte y se pondrá bien, ya verás…
-La echa de menos -murmuró contra el pecho de Emma.
-¿A Niylah? -inquirió extrañada y Clarke sintió su cuerpo tensarse brevemente al oír aquel nombre.
-A Lexa -contestó tras negar con su cabeza-. La echa de menos a cada día, y ya no sé qué más decirle para reconfortarla. Solo tiene seis años…
-¿Has intentado contactar con ella?
-Sí, pero no me responde a los mensajes, ni las llamadas -suspiró de nuevo, y se apartó levemente de la mujer, limpiando con sus manos las pocas lágrimas que amenazaban con caer por sus ojos-. Lo siento, Emma, es solo que…
-Lo sé -la mujer acarició su mejilla con suavidad, dedicándole una sonrisa para que se tranquilizase-. Ve a por Alycia, ¿nos vemos esta noche?
-Lo siento, Emma, pero si Alycia está así… ¿Lo dejamos para otro día mejor? -sugirió.
-Por supuesto, dale un beso de mi parte a esa pequeñaja.
Clarke asintió, sonriendo levemente y acercándose para dejar un último beso en la mejilla de la mujer, sintiendo sus manos en su espalda, pegándola con suavidad a su cuerpo, queriendo sentirla más segundos de los normales para un simple beso. Cogió su bolso y salió de allí en dirección al parking para ir a recoger a su hija, mientras su cabeza se iba llenando de recuerdos de meses atrás con cada paso que daba.
Las veces que había llegado a casa y se había encontrado a su hija entre los brazos de Lexa mientras ambas dormían en el sofá; el primer beso que se habían dado en el jardín de su casa; la primera vez que le había hecho el amor a aquella preciosa chica; la primera vez que durmió entre aquellos brazos que le habían hecho sentirse protegida como nunca antes se había sentido; todas las risas que había arrancado de Alycia, y el vínculo que habían creado entre ellas dos.
No podía olvidar nada de eso, no podía olvidarse de ella por mucho que lo intentase, y el pinchazo que sentía en su pecho cada vez que pensaba en aquella sonrisa que le hacía derretirse por dentro todavía era fuerte y constante. Había intentado contactar con ella, pero ya había desistido, porque intentar aferrarse a algo que parecía que ya se había acabado, era como estar caminando por brasas por voluntad propia, sin nada que ganar por hacerlo.
Se metió en el asiento del conductor de su coche y encendió el motor antes de emprender el camino hacia el colegio de Alycia. No tenía ni idea de cuánto tiempo tendría que pasar hasta que su hija volviese a ser aquella preciosa niña risueña que la inundaba de felicidad con su risa contagiosa y su amor por todo y por todos, pero lo que sí que tenía claro era que iba a conseguir que su hija volviese a ser la misma.
Clarke observaba desde su posición en el sofá cómo su hija jugaba en el suelo del centro del salón de su casa con Raven a un juego de mesa que sus tías le habían traído aquella misma tarde para animarla. La castaña se había recuperado completamente de la bala que Niylah había disparado contra ella y que, afortunadamente, había acabado en su hombro. Clarke no podía estar más agradecida por tener a su lado a dos personas tan leales y tan protectoras con ella y con su hija como lo eran Raven y Octavia. Eran mucho más que sus amigas, eran su familia, y siempre iba a ser así.
-Parece que está mejor, ¿no? -preguntó Octavia, que estaba a su lado mientras ambas tomaban unas tazas de té.
Alycia reía en ese momento por alguna cosa que Raven le había dicho, y la niña se abalanzaba contra su tía porque parecía que la mayor pretendía hacer algún tipo de trampa en el juego. Sonrió sin poder evitarlo, porque últimamente no tenía muchas ocasiones de observar a su hija riendo de esa forma tan despreocupada y propia de un niño de su edad.
-Va por días, en realidad -contestó sin apartar la vista de la pequeña niña rubia-. Si está entretenida como ahora, parece que está perfectamente. Pero luego… empieza a preguntarme por Lexa.
-La echa mucho de menos… -Octavia suspiró- El otro día cuando la llevamos al cine, preguntó en el coche si íbamos a buscar a Lexa, y Raven y yo no sabíamos qué contestarle.
Clarke sintió nuevamente esa punzada de dolor al saber lo hondo que había calado la morena en la vida de su hija, pero también en la suya. En tan poco tiempo se había convertido en alguien muy importante para ambas, y sufría por Alycia, porque no era más que una niña, y aquello de echar tanto de menos a alguien era nuevo para ella.
-A mí a veces también me pregunta… -sintió las lágrimas comenzar a acumularse en sus ojos, como solía pasarle cuando tocaban ese tema-. Y joder, yo también la echo de menos.
-¿Y Emma?
-Es una gran persona, de verdad que sí -comenzó a decir antes de beber un sorbo de la taza que sujetaba entre sus manos-, pero no puedo quitarme de la cabeza a Lexa, no por el momento, al menos.
-Eso puede cambiar -intentó animarla- Esta noche sales con ella, Clarke. Diviértete, déjate llevar, e intenta quitarte a Lexa de la cabeza.
Pensaba a hacerle caso con aquella recomendación, porque tenía razón. Tenía una mujer increíble interesada en ella, no había nada malo en salir, desconectar y ver qué pasaba. Pero sí era cierto que eso era lo mismo que llevaba repitiéndose en su cabeza como si de un mantra se tratase desde la primera vez que quedó con ella tras todo lo ocurrido. Y, hasta el momento, no había dado resultado. Su mente seguía plagada de recuerdos e imágenes de Lexa.
Pasado un rato, en el que estuvo primero continuando su conversación con su amiga, y más tarde, uniéndose a Raven y Alycia para una partida, decidió que ya era hora de comenzar a arreglarse, pues Emma pasaría a por ella en menos de una hora. Se levantó del sofá y comenzó a caminar para subir a la planta de arriba, dejando en el salón a su hija junto a sus amigas, pero un pequeño tirón en el suéter que llevaba le hizo volverse.
-¿Adónde vas, mami? -preguntó Alycia, que se había levantado, siguiéndola.
-Voy a arreglarme, cariño -acarició su pelo, observando cómo la tristeza en sus ojos azules se hacía visible-. Quédate aquí con tía Octavia y tía Raven, ¿vale?
-No quiero que te vayas, mami… -le dijo con un pequeño sollozo.
-Solo es una cena, mi amor -se arrodilló frente a ella, cogiendo su cara entre sus manos y dejando un beso en su frente- Además, vais a pedir pizza y vais a ver una peli, ¿no te apetece?
-Yo quiero que estés tú -le pidió, tras negar con la cabeza, y frotándose los ojos al notar que lágrimas empezaban a caer por ellos.
-Cariño… -atrajo a su hija hasta sus brazos, envolviéndola en ellos, besando varias veces sobre su cabello- Mamá ha quedado para cenar con Emma, pero volveré pronto, te lo prometo.
-¿Por qué te vas a cenar con ella? -gritó de repente entre lágrimas, intentando deshacerse de su abrazo-. ¡No es Lexa, no te vayas con ella!
-Cariño…
Clarke intentó acercarse a su hija, pero esta la empujó, yéndose corriendo escaleras arriba hasta su habitación. Clarke se quedó en el mismo sitio, intentando respirar con profundidad, y haciendo todo lo posible para retener las lágrimas que amenazaban con salir. Se puso en pie y se dejó caer sobre el cuerpo de Raven, que se acercó a ella para abrazarla.
-Dale tiempo, Clarke -le susurró la castaña contra su cabello.
-¿Y mi móvil? -preguntó de repente, apartándose un poco de su amiga.
-¿Para qué lo quieres? -Octavia la miró extrañada.
-Para decirle a Emma que no voy a ir -miró a su alrededor, buscándolo, y lo cogió cuando lo vio encima de la mesa.
-Clarke, no seas tonta, ve -la instó Raven-. Nosotras nos quedamos con Alycia, va a estar bien.
-¡No está bien! -exclamó, alzando los brazos y dejándolos caer contra sus muslos-. No está bien, joder. Y yo no sé qué hacer para volver a ver a mi hija sonriendo como antes -murmuró mientras notaba su voz romperse al pronunciar las palabras.
-Clarke… -Octavia se puso frente a ella, poniendo sus manos sobre sus hombros- Tienes que tener paciencia, es una niña, y lo ha pasado mal.
Clarke suspiró, limpiándose las lágrimas antes de asentir a su amiga, y desbloqueando su móvil para buscar el número de Emma. Por mucho que sus amigas le dijesen que no pasaba absolutamente nada, ella no podría disfrutar de aquella velada sabiendo que en casa tenía a Alycia llorando y queriendo que ella estuviese a su lado.
-¿Clarke? -escuchó su voz al otro lado de la línea- ¿Quieres que vaya ya?
-Hola, Emma -respiró con fuerza antes de continuar hablando-. Lo cierto es que llamaba para decirte que no podré ir al final. Alycia está…
-Clarke, ya van tres veces -pudo escuchar a la otra mujer suspirar a través del teléfono- Si no quieres que nos veamos, puedes decírmelo, en serio, no tienes por qué poner excusas.
-Emma, no es eso -comenzó a explicar- Alycia no lo está pasando bien, y yo no puedo irme sabiendo eso.
-Está bien, te veo el lunes en el trabajo, entonces -Emma colgó sin decir nada más, y Clarke cerró los ojos mientras dejaba el móvil encima de la mesa, sintiendo las miradas de sus dos amigas sobre ella.
-Clarke, podemos quedarnos si quieres… -propuso Octavia.
-No -dijo, abriendo los ojos de nuevo- Iré a hablar con ella, e intentaré calmarla, no os preocupéis.
Sus amigas asintieron, y se despidieron de ella, saliendo de la casa de Clarke después haberle hecho prometer que les llamaría si necesitaba algo. Una vez se fueron, subió las escaleras hasta la planta superior, quedándose unos momentos en la puerta antes de abrirla, para encontrarse a Alycia en su cama acurrucada, abrazando con fuerza uno de sus peluches.
-Cariño… -susurró acercándose a ella, sentándose en el borde de la cama, acariciando su pelo y sintiendo como temblaba entre sollozos- No llores, mamá está aquí.
Su hija se quedó durante unos segundos quieta, sin decir nada, pero finalmente se dio la vuelta, aún sin soltar su peluche, y miró a su madre con los ojos cristalinos por las lágrimas. Clarke se tumbó a su lado, acercando su hija a su cuerpo, y besando la cima de su cabeza con cariño.
-¿Cuándo te vas? -oyó que decía contra su pecho.
-No me voy a ir, me quedo contigo.
-¿Por qué?
-Porque no quiero que estés triste, mi amor -sujetó su barbilla con delicadeza, y alzo su cara poder mirar a su pequeña hija a los ojos-. Te quiero, y siempre voy a estar contigo.
-Echo de menos a Lexa, mami -balbuceó, agarrando con sus manos el jersey de Clarke, y volviendo a llorar con fuerza.
-Lo sé, cariño, yo también la echo de menos -admitió, intentando en ese momento ser fuerte por las dos, pero lo cierto es que ver a su hija tan destrozada por la ausencia de la morena hacía que todos los muros que intentaba construir para mantenerse fuerte se vinieran abajo.
- ¿Por qué no la llamamos? -propuso, levantando su cabeza de nuevo- ¿Por qué no la llamamos como aquella vez que os peleasteis?
-Cariño, esta vez es diferente -dijo cogiendo aire- Esta vez tenemos que ser fuertes, ¿vale?
Su hija la miró de forma dubitativa unos segundos, pero acabó asintiendo, y ella volvió a abrazarla con fuerza, apretándola contra su pecho y acariciando su pelo y su espalda, para tratar de calmarla. Odiaba verla tan vulnerable y no poder hacer nada para evitarlo. Quería volver a oírla reír y a verla correr como debería estar haciendo cualquier niño de seis años, y no llorando contra el pecho de su madre.
-¿Quieres que pidamos pizza para cenar, mi amor?
-¿Hawaiana? -los ojos de Alycia se iluminaron y ella dejó salir una pequeña risita.
-Bueno, haré un sacrificio… -dijo, rodando los ojos, y sonrió cuando Alycia se incorporó, aplaudiendo y saltando de la cama.
Pasaron la noche viendo películas en la televisión y comiendo la pizza hawaiana que Clarke le había prometido, y durante ese rato, pudo volver a ver la sonrisa de la persona que más quería en el mundo, por encima de todo y de todos. Cuando el sueño se apoderó de la pequeña, subió con ella hasta su propia habitación, y la acostó en un lado de la cama, acomodándose ella en el otro.
Dejó salir un gran suspiro por su boca mientras observaba a Alycia dormir plácidamente acurrucada a su lado antes de girarse y de coger su teléfono móvil que se encontraba en la mesita de noche. Fue a la galería de fotos y miró las que había hecho en los momentos que ambas habían compartido con Lexa, comenzando a pasarlas de una en una, y sonriendo al ver algunas fotos, como en la que salía la morena sujetando a su hija sobre sus hombros, mientras ambas sacaban la lengua; o en la que salían las tres en una de sus múltiples salidas a algún parque alrededor de la ciudad, sonriendo a la cámara. Y es que, mirando aquella foto, sentía que eso era exactamente la definición de familia para ella.
Salió de la galería y abrió la aplicación de WhatsApp, abriendo la conversación de Lexa, en la que no había escrito desde hacía más de un mes, y sintiendo que su corazón se paraba al ver a la chica en línea. Joder, se moría por escribirle aunque fuese un maldito "hola", y rezar por que le contestase, porque no podía engañarse y decir que no necesitaba sus palabras, sus besos, el calor de su cuerpo o la seguridad que le proporcionaba una simple sonrisa de sus labios. Seguía tan enamorada de ella como lo había estado desde que comenzó a ver la persona tan increíble que era y la forma en que trataba a su hija.
Salió de la conversación sin querer torturarse mucho más con aquellos pensamientos, pero tenía que hacer algo. Tal vez Lexa se había rendido ya, pero ella no. Ella no pensaba dejar pasar la oportunidad de construir una vida magnífica a su lado. Quizá había tardado cuatro meses en darse cuenta, pero, ¿alguna vez es demasiado tarde cuando se trata del amor de tu vida?
Abrió la puerta del restaurante con algo de duda. Ya había pasado la hora de comer, así que suponía que no habría mucha gente, y su teoría se confirmó cuando solo vio una mesa ocupada al fondo con dos personas que parecían ya estar terminando su comida. Cogió aire mientras se dirigía a la barra, sintiendo un alivio interior cuando vio a aquel chico moreno y alto tras ella haciendo cuentas en la caja registradora. Sonrió levemente cuando el hermano de Lexa levantó la cabeza y sus miradas se cruzaron. Se acercó y se sorprendió cuando el chico salió de la barra y le dio un pequeño abrazo.
-Clarke, qué sorpresa -le dijo, separándose levemente y sonriéndole- ¿Cómo estás?
-Bueno, respirando -bromeó, dejando salir una pequeña risa, y aunque el chico sonrió, pudo distinguir la tristeza que desprendía el gesto- ¿Y tú? ¿Cómo te va el negocio?
-Muy bien, la verdad -dijo sinceramente antes de apoyarse contra la barra, mirándola esta vez con un gesto más serio-. No te lo tomes a mal, Clarke, pero… ¿Estás aquí por algo en concreto? No has venido desde que…
-Lo sé, y sí, estoy aquí por algo -admitió- Necesito tu ayuda, Lincoln.
-Sentémonos, por favor -le indicó con el brazo una de las mesas, y ella asintió antes de pasar por delante de él en dirección a ella, sentándose en una silla y observando al chico mientras hacía lo mismo en la que quedaba frente a ella-. ¿Y bien?
-Alycia echa de menos a Lexa, Lincoln -suspiró, entrelazando sus propias manos sobre la madera de la mesa, y mirando a los ojos del chico moreno, que, a diferencia de los verdes hipnotizantes de su hermana, eran de un color marrón oscuro.
-Clarke… -dijo su nombre en un susurro, poniendo una de sus grandes manos sobre las suyas- Di las cosas como son.
-Lincoln, te las estoy diciendo como son. Alycia la echa de menos, aunque hayan pasado más de cuatro meses, ella…
-¿Y tú? -dijo de repente, interrumpiéndola- No me creo que estés aquí simplemente porque Alycia la echa de menos, sé que tú también.
-La necesitamos, las dos -admitió, tras soltar aire de forma pesada-. Y hace tiempo que no intento contactar con ella, pero las veces que lo he hecho, no ha querido hablar conmigo, ni siquiera me contesta a los mensajes, y no sé qué hacer, Lincoln… -sentía las lágrimas por la angustia acumulándose en sus ojos, y ese sentimiento tan horrible comenzaba a propagarse por su cuerpo.
-Mi hermana puede ser cabezota como ella sola… -admitió el chico, pasándose una mano por su cabeza rapada- Yo he hablado varias veces con ella, pero cuando intento hablarle de ti, de vosotras, cambia enseguida de tema.
-Tal vez ya ha pasado página -murmuró, evitando la mirada del chico y mirando hacia la calle, donde la gente paseaba bajo el sol del verano londinense.
-Eso no es así, Clarke -le dijo, dando un pequeño apretón a su mano para que volviese a mirarlo, y pudo ver la sinceridad y la preocupación dibujadas en los ojos del chico-. Jamás he visto a mi hermana tan enamorada y tan feliz que cuando estaba a vuestro lado. Eso no es algo que se vaya así como así.
-Quiero… Quiero que vuelva a nuestro lado, Lincoln -admitió, agarrando ella también su mano-. Quiero hacerle entender que nada fue su culpa, que no corremos más peligro.
-¿Y qué necesitas de mí para ello?
-Su dirección -dijo sin más rodeos.
-Clarke, Lexa está en…
-En Cleveland, lo sé -le cortó- Pero me da igual, Lincoln. Si eso es lo que tengo que hacer para recuperarla, lo haré. Sé que tú también la quieres aquí.
Lincoln la observó durante unos instantes antes de asentir. Con un suspiro, el chico se levantó de su sitio, y Clarke le siguió con la mirada mientras se acercaba a la barra y sacaba un papel, escribiendo algo en él antes de volver a su sitio, sentándose de nuevo en su sitio y dejándolo frente a ella.
-Esta es -señaló el papel con la cabeza- Es la casa donde siempre hemos vivido los dos, ella está allí ahora.
-Muchas gracias Lincoln -le dijo, mirando a sus ojos con una pequeña sonrisa mientras cogía sus manos con fuerza, y el chico le devolvía el gesto cariñoso.
-Vosotras sois su hogar ahora -le dijo-. Tráela a casa, Clarke.
-Recuérdame por qué hemos accedido a esta locura -murmuró Raven mientras terminaba de colocar las maletas en maletero del taxi que estaba aparcado frente a la puerta de la casa de Clarke.
-Cállate y sube al coche -le susurró Octavia en el oído para que Alycia no las oía mientras la pequeña subía en la parte trasera del vehículo junto a su madre.
Las vacaciones de verano estaban en todo su esplendor, y Clarke había utilizado las suyas propias para realizar aquel viaje, sabiendo que esa era la única oportunidad que tenía. No, no le había dicho nada a Lexa acerca de sus planes, ni había intentado volver a comunicarse con ella. Y, Dios, tenía una hija y una edad ya, pero, aunque Raven tuviera razón y aquello fuese una jodida locura, tenía que hacerlo. Lo necesitaba, un último intento de recuperarla antes de darlo todo por perdido.
Sus amigas habían estado de acuerdo en acompañarla en cuanto les había explicado lo que pretendía hacer, y las tres le habían dicho a Alycia que aquello era un viaje normal y corriente, por lo que la pequeña no tenía ni idea de lo que iban a hacer en aquella parte del mundo. Estaba segura de que, si conseguía hablar con Lexa y que todo estuviera bien entre ella, sería una gran sorpresa para su hija verla allí de repente, así que estaba rezando por dentro para que todo saliese tal y como tenía planeado.
Los nervios se iban acumulando en su estómago durante el trayecto en el taxi hasta el aeropuerto mientras iba observando la ciudad por la ventana del taxi. Sintió una mano apretando su rodilla, y giró la cara para ver a Octavia a su lado, regalándole una sonrisa reconfortante, haciéndole saber que, pasase lo que pasase, tanto ella como Raven iban a estar a su lado.
Llegaron al aeropuerto, e inmediatamente fueron a la zona de facturación de maletas, que por suerte estaba casi desierta, dejando las maletas sobre la cinta y facturándolas, para luego dirigirse al control policial. Aunque tuvieron que hacer un poco más de cola, fue también bastante rápido, y más pronto de lo que Clarke se imaginaban, se encontraban haciendo cola para subir al avión.
-¿Es bonito Cleveland, mami? -le preguntó Alycia mientras esperaban a que abriesen la puerta para entrar al avión.
-En breve lo comprobaremos, cariño -acarició su nariz suavemente- ¿Tienes ganas de montar en el avión?
-¡Sí! -exclamó con efusividad, y no pudo evitar reír por la emoción que transmitía su hija, que desde que se enteró del viaje que iban a realizar, había estado más animada.
Tras un rato de espera, finalmente entraron al avión, y Alycia se colocó junto a Raven, alegando que era la más divertida de las tres mujeres, haciendo que tanto Octavia como Clarke fingieran estar ofendidas, arrancando una risita a la pequeña, y un grito de Victoria a la castaña. Clarke y la morena se sentaron al otro lado del pasillo, y la rubia intentó descansar cuando comenzó el vuelo. Cerró los ojos y trató de dormir, pero no hallaba la forma de conseguirlo, no cuando su cabeza estaba llena de lo que estaba por ocurrir cuando llegasen a su destino.
-Relájate, Clarke, aún quedan unas horas para llegar -le dijo Octavia mientras acariciaba su brazo.
-Dios, no puedo, O -murmuró en medio de un susurro- ¿Y si ir hasta Cleveland es un error? ¿Y si todo sale mal y acabo peor?
-Escúchame bien -la morena se colocó bien, girándose hacia ella y apretando la mano que tenía sobre el reposabrazos- La Clarke Griffin que yo he conocido durante toda mi vida no se deja llevar por el miedo a que algo salga mal. La Clarke que yo conozco hace lo que tiene que hacer, sin importarle nada más, para no quedarse con la duda de lo que hubiese pasado. Así que aparta esos pensamientos de tu mente, y ahora vamos a ir a por tu chica.
-No me puedo creer que me estés diciendo esto precisamente tú, O -dijo en medio de una pequeña carcajada-, pero tienes razón.
-Verás como todo sale genial -su amiga le dedicó una sonrisa antes de darle un beso en la mejilla y volver a colocarse mirando hacia delante en su asiento.
Miró a su derecha y vio a su hija jugando con Raven a algún juego de palmas y sonrió. Sonrió porque tenía la esperanza de que todo saliese según lo planeado, porque Lexa se merecía que se cruzase el océano por ella. Al principio no lo había pensado tanto, pero con el paso de los días, se había ido dando cuenta de aquel sacrificio que había hecho: había dejado todo atrás con tal de no ponerlas en peligro, y aquello, tan doloroso como pudiera ser, era también lo más bonito que alguien había hecho por ella y por su hija jamás.
Cuando llegaron a Cleveland comenzaba a caer la noche allí, y ellas se encontraban agotadas por el largo viaje en avión, así que cenaron algo rápido en el aeropuerto antes de dirigirse al apartamento que habían alquilado, que estaba relativamente cerca de donde Lexa vivía, para descansar. Al día siguiente iría a su casa, y los nervios por saber qué pasaría cuando se encontrasen iban aumentando con el paso de los minutos.
-¿Qué vamos a hacer mañana? -preguntó Alycia mientras las cuatro se encontraban en el gran y único dormitorio con cuatro camas que había en aquel apartamento.
-¿Quieres que vayamos al zoo? -Raven, que en ese momento estaba ojeando unos folletos informativos, levantó la vista, mirando a su sobrina con una sonrisa traviesa en el rostro- ¿O al zoo? O a los dos sitios…
-¡A los dos, a los dos! -Exclamó la pequeña, saltando encima de la cama.
-Bueno, ya está bien -dijo su madre con una risita, cogiendo a la pequeña para que se tumbase a la cama- Mañana lo discutiremos, ¿de acuerdo?
-Bueno… -murmuró Alycia, notando que sus ojos ya se iban cerrando por el cansancio del viaje tan largo que habían hecho.
Octavia apagó la luz del dormitorio y, tras intercambiar las buenas noches, el silencio se apoderó del lugar, y Clarke cerró los ojos intentando conciliar el sueño, porque sabía que tenía que descansar y coger fuerzas para hablar al día siguiente con Lexa. Pero, por mucho que lo intentó, el sueño tardó en llegar, dejando a su cabeza imaginar cada una de las posibles escenas que podían tener lugar al día siguiente durante horas hasta que el cansancio venció y se dejó llevar por Morfeo.
-Come -le instó Octavia mientras ella miraba el desayuno que tenía delante, aún sin tocar prácticamente.
-No tengo hambre, O -murmuró dando un sorbo al zumo de naranja que la morena acababa de dejar a su lado.
-Clarke, necesitas comer.
-Siento los nervios por todos lados, joder -dijo al tiempo que se pasaba ambas manos por la cara, respirando pesadamente.
-Tranquilízate -Raven se acercó a ella, apretando su hombro de forma cariñosa-, ya verás cómo sale todo bien, Clarke.
-¿Y si no es así?
-No pienses eso, ¿quieres? -Octavia se sentó frente a ella, cogiendo una tostada y untándola con mantequilla- Clarke, Lexa os quiere a las dos. Se va a morir cuando vea que has venido hasta aquí por ella.
-Espero que también se muera cuando me vea a mí -bromeó Raven levantando cejas, ganándose un pequeño golpe de parte de su mujer, pero provocando que Clarke riera ligeramente.
Era aún algo temprano, pero Clarke no había podido dormir por más tiempo. Alycia seguía durmiendo aún, así que era un momento para ir sin que la pequeña hiciese preguntas. Raven le había dicho que la llevarían al zoo como había propuesto por la noche, y ella se uniría a ellas cuando hubiese terminado de hablar con Lexa. Aunque joder, esperaba poder decirle que le acompañase, porque significaría que aquel viaje había valido la pena.
Tras haberse obligado a dar varios bocados a una manzana y comer medio croissant, terminó de arreglarse antes de salir del apartamento en dirección a la casa de Lexa. Octavia le sugirió que podía acompañarla, pero ella se negó. Sabía que era algo que tenía que hacer sola, así que, tras recibir un abrazo de buena suerte por parte de sus amigas, buscó en su móvil la dirección que Lincoln le había proporcionado y siguió las indicaciones hasta llegar al lugar, tras un paseo de unos quince minutos.
Miró la casa que se encontraba frente a ella. No era muy grande, pero tenía pinta de ser bastante bonita, y se preguntó cómo sería por dentro, cómo la tendría decorada Lexa. Esa pregunta se la podría responder ella misma en unos instantes, así que, cogiendo aire, caminó los pasos que la separaban de la puerta y tocó el timbre, sintiendo que esos segundos esperando hasta que la puerta se abriese eran los más largos que había vivido nunca.
Finalmente, escuchó unos pasos en el interior, y sintió su corazón golpeando con fuerza contra su pecho. Cuando la puerta se abrió, se quedó algo confundida al ver a una chica con el pelo rojo y algo alborotado, mirándola con extrañez.
-¿Puedo ayudarte en algo? -preguntó la chica con un tono amable, mientras se apoyaba contra el marco de la puerta.
-¿Vive…? ¿Vive aquí Lexa? -dijo con algo de temor en la voz.
-Sí, ¿quién eres?
Clarke agachó la vista y suspiró. ¿Cómo le explicaba quién era? ¿Tal vez aquella chica era la nueva novia de Lexa? Joder… Si eso que pensaba era cierto, iba a hacer el puto ridículo, pero ahora no podía irse así como si nada.
-Eres Clarke, ¿verdad? -dijo la chica tras unos segundos, y ella levantó su cabeza al oír su nombre, observando cómo una pequeña sonrisa se asomaba en su rostro.
-Sí… -susurró con algo de miedo.
-Tranquila, no soy la novia de Lexa ni nada de eso -le comentó con una pequeña risa- Me llamo Luna, soy su mejor amiga.
Por supuesto que era su mejor amiga. Lexa le había hablado muchas veces de aquella chica que ahora se encontraba frente a ella. Joder, había sido una imbécil por pensar que era su novia, pero la sonrisa y la amabilidad de esa chica le daban a entender que en esos momentos no existía ninguna persona que sustentara tal título.
-¿Qué haces aquí? -preguntó Luna al ver que Clarke no decía nada más.
Clarke cogió aire, observando cómo sus manos temblorosas se movían ligeramente a ambos lados de su cuerpo. Podía responderle muchas cosas a esa chica que la miraba con curiosidad, pero sin juzgarla, pero decidió optar por la más pura verdad.
-Vengo a recuperar al amor de mi vida.
Hola a todos y todas una vez más.
Espero que no me matéis por el salto temporal, no ha sido muuuuuuuuuucho tiempo, pero sé que muchos teníais la esperanza de que Lexa no se hubiese ido. Siento deciros que no fue así.
Pero bueno, parece que Clarke va a por todas, aprovechando esa chispita de luz que ha visto y volando hasta Cleveland para recuperar a su amor. No sé Lexa, pero vamos, Clarke hace eso por mí y se me caen las bragas.
Y nuestra pobre Alycia... Lo está pasando mal sin la morena, ¿Quién se ofrece voluntaria para darle mimitos a la pequeñaja? *Levanta la mano*
Sé que en ese capítulo no ha aparecido Lexi, pero creo que era importante contar bien toda la historia que ha habido en la parte de Clarke, pero, como podréis intuir, en el próximo capítulo saldrá. *Guiño, codazo*
¿Qué creéis que pasará en el próximo capítulo? Teorías, por fi, por fi!
Tengo que decir, con todo el dolor de mi corazón, que entramos en la recta final de la historia, pero espero que disfrutéis estos últimos capítulos que faltan. No sé con exactitud cuántos más habrá, pero lo aviso para que os vayáis despidiendo de nuestras protagonistas.
Nos leemos en el próximo, y muchas gracias por los comentarios.
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