Lexa empujaba el carrito por los distintos pasillos del supermercado, intentando seguir la lista que ella misma había escrito. Esa mañana había decidido, casi como siempre, ir a primera hora porque odiaba comprar si había un montón de gente con sus carritos en todos los pasillos, y lo peor era tener que hacer mil horas de cola para poder pagar su compra.

Habían pasado más de cuatro meses desde que había vuelto de Londres, y, podía decir casi con total seguridad, que habían sido los meses más duros de su vida. La culpabilidad la seguía carcomiendo por dentro, y la nostalgia que las imágenes en su cabeza de los días que había pasado junto a Clarke y Alycia le proporcionaban no hacían nada fácil el intentar pasar página. La rubia le había enviado varios mensajes y ella no se había visto con fuerzas para poder responderlos, y siempre acababa mirando fotos de ellas tres mientras las punzadas de dolor en su pecho y en su estómago se hacían más y más constantes.

En Cleveland no es que le fuera nada mal, Costia y Luna le habían apoyado en cuanto puso un pie en Estados Unidos, y gracias a la ayuda de ambas, había encontrado un buen trabajo en una tienda de fotografía, el cual estaba muy bien pagado, y disfrutaba mucho de su tiempo allí. Vivía sola en la casa donde Lincoln y ella se habían criado desde pequeños, aunque muchas veces Luna se quedaba a dormir allí y hacían maratones de series o películas durante casi toda la noche. Y, en cualquier otro momento, la vida que mantenía desde su vuelta a su ciudad natal le habría parecido perfecta. Pero cuando su corazón se hallaba a miles de millas de donde ella se encontraba, todo aquello que tenía le parecía algo vacío y sin sentido.

Desde entonces había conocido a un par de chicas encantadoras y que habían demostrado tener mucho interés en ella, y lo había intentado. Había querido conocerlas, e incluso con una de ellas había llegado a tener algo así como una cita, o eso habían repetido sus amigas hasta la saciedad. Pero es que cuando estuvo allí, junto a aquella chica castaña, solo había una frase que se había repetido en su cabeza: no es ella.

Y es que no, nada ni nadie era ella. Clarke estaba en Londres, y esperaba con todo su ser que estuviera rehaciendo su vida y que Alycia tuviera esa sonrisa de felicidad que siempre decoraba su cara, porque nadie se merecía más felicidad que aquella mujer tan increíble y su preciosa hija, a las que quería de una forma que nunca pensó que pudiera ser posible.

Terminó de hacer la compra semanal y se puso de camino a su casa de nuevo cargada con todas las bolsas y sintiendo que sus dedos iban a morir en cualquier momento por el esfuerzo que estaban haciendo. Costia le había sugerido más de una vez que se comprase un carrito para transportar las bolsas hasta su casa, pero es que aquello era muy de señora y no le apetecía que le echasen más años de los que tocaban. Cuando llegó, entró rápidamente dejando las bolsas junto a la entrada, abriendo y cerrando todos los dedos de sus manos para que la circulación volviese a ellos.

-¿Luna? -la llamó, pues la casa estaba en un silencio casi absoluto, y su amiga estaba aún allí cuando había salido más temprano esa mañana-. Te he comprado los cereales que me has pedido, ¿dónde estás?

-Lexa -Luna apareció con rostro serio por el pasillo que conectaba el recibidor con el salón y el resto de la casa-, menos mal que has llegado.

-¿Te quedarás a comer hoy? Creo que prepararé lasaña de verduras…

-Lexa -intentó llamar su atención.

-¿Llamamos a Costia y Emori? Hoy no tienen que trabajar, ¿no? -ignoró a su amiga mientras se volvía para coger poco a poco las bolsas y llevarlas hacia la cocina.

-¡Lexa! -exclamó alzando la voz, provocando que la morena dejase lo que estaba haciendo de una vez y se volviese para ver qué era lo que quería su amiga- Tienes visita.

-¿Visita? -frunció el ceño, porque no sabía quién podía ir tan temprano a su casa, y si fuera alguna de sus amigas, Luna no lo habría anunciado de aquella forma.

-Ve al salón… -la animó con un breve movimiento de cabeza.

Lexa la miró extrañada unos segundos, pero asintió, enfilando el pasillo que llevaba hasta la estancia de su casa que su amiga había nombrado, sin saber quién sería la persona que estaba allí. Abrió la puerta del salón, y podía casi afirmar que su corazón dejó de latir en el momento que vio a la persona que seguía ocupando sus pensamientos día y noche sentada en su sofá, con la mirada fija en el suelo, y jugando con sus manos de forma nerviosa.

-Clarke -dijo sin aliento, y fue en ese momento cuando la rubia alzó la vista, conectando azul con verde una vez más.

-Lexa… -se puso de pie, pero ninguna se movió, dejando una pequeña distancia entre ambas mientras Lexa intentaba respirar con normalidad y se preguntaba si aquello era real o simplemente era su mente haciendo trucos y juegos para destrozarla aún más.

-¿Qué… qué haces aquí? -pudo preguntar tras unos largos segundos en silencio, buscando una explicación razonable dentro de su cabeza a que aquella mujer estuviera allí, en su casa, al otro lado del océano de donde estaba la suya.

-He venido a por ti -confesó con una triste sonrisa, y Lexa sintió un gran pinchazo de dolor cuando vio que aquellos preciosos ojos celestes comenzaban a inundarse.

-Clarke… -susurró su nombre, sin dejar de observarla en ningún momento, y se acercó a ella para limpiar con sus dedos las lágrimas que habían empezado a recorrer sus mejillas, y no pudo evitar la necesidad de rodearla con sus brazos en el momento en que su perfume la invadió.

La rubia se aferró a ella, enterrando su rostro en su cuello, y ella cerró los ojos, disfrutando de aquel momento, porque había perdido la cuenta de todas las veces que había soñado con volver a tener el cuerpo de Clarke entre sus brazos. Sintió que las lágrimas se acumulaban en sus propios ojos por todas las emociones que se estaban amontonando en ella en ese momento.

-Bueno… Creo que es hora de que me vaya a mi casa -escuchó a sus espaldas, y se separó de Clarke suavemente, girándose para ver a Luna con una pequeña sonrisa-. Te llamo luego, Lex.

Asintió, y se giró nuevamente para ver a Clarke, que la miraba con nervios y miedo. Se acercó al sofá y se sentó, animándola a que hiciera ella lo mismo para así poder hablar con mayor tranquilidad. Intentó calmar todo lo que sentía en su interior, porque tener a aquella mujer de nuevo frente a ella, estaba sacudiéndola de una forma increíble.

-Lo siento por haber venido hasta aquí, Lexa -comenzó a decir la rubia tras un pequeño momento de silencio-, pero necesitaba intentarlo, necesitaba pedirte una última vez que volvieses a casa.

-Clarke… -suspiró- No creas que esto para mí es fácil, estar lejos de ti, de Alycia...

-Sé que no lo es, por eso mismo estoy aquí.

-Por mi culpa tu hija estuvo en peligro, ¿cómo puedes no odiarme? -preguntó de repente, sintiendo que su voz comenzaba a temblar, y que no era capaz de controlar sus emociones.

-Lexa -puso su mano sobre la de la morena que estaba encima del sofá- Nada de lo que pasó fue culpa tuya, nadie podía saber que Niylah iba a acabar siendo así, ¿entiendes?

-Pero no puedo dejar de pensar que si yo no hubiese aparecido…

-Si tú no hubieses aparecido, yo no habría aprendido lo que es sentirse querida de verdad -la interrumpió, mirándola fijamente a los ojos, y Lexa se perdió en el azul de estos, que le quitaba hasta la capacidad de respirar-. Lexa, saber que no estás a mi lado porque te sientes culpable me está destrozando por dentro, porque de lo único que eres culpable es de la felicidad que tanto yo como Alycia encontramos cuando entraste en nuestras vidas.

Las palabras que Clarke estaba diciendo iban directas a su corazón, haciéndole sentir aquella calidez que tanto había echado de menos durante esos meses, pero también dolían, porque le recordaban que tal vez la rubia lo habría pasado mal durante aquel tiempo en el que ella había decidido alejarse. ¿Qué debía hacer entonces? ¿Debía dejar la culpabilidad a un lado y volver al lado de aquellos ojos azules que la miraban casi en forma de súplica?

-¿Y Alycia? -preguntó de repente- ¿Dónde está?

-Está aquí en Cleveland -le contestó Clarke con una pequeña sonrisa- Se ha quedado en el apartamento que hemos alquilado por unos días junto a Raven y Octavia.

-Sigo sin creerme que estés aquí, de verdad -comentó después de volverse a quedar en silencio por un momento, pasándose la mano por el pelo y echándolo hacia atrás.

-Ni yo -Clarke sonrió cálidamente, y ella no tuvo más remedio que hacer lo mismo.

-Me… me encantaría ver a Alycia, Clarke.

-Se va a morir en cuanto te vea -le dijo en medio de una pequeña risita-. Te echa muchísimo de menos, Lex, no te haces una idea de cuánto.

Se fijó en la forma en que el labio inferior le temblaba, y en sus ojos cristalinos, y estaba claro que detrás de esas palabras, no solo se encontraba lo que Alycia sentía, sino lo que Clarke sentía también. Y es que ella misma las echaba de menos a rabiar. Echaba de menos despertarse con la rubia entre sus brazos, o desayunar junto a la pequeña Alycia las deliciosas tortitas que solían preparar las tres juntas, o hacerle el amor a Clarke hasta no poder más.

-¿Quieres que vayamos esta noche a cenar? -propuso entonces- Las tres.

-Me encantaría -Clarke volvió a sonreír, y juraba que podía quedarse enganchada observando aquel gesto de la rubia durante horas-. Debería irme ya… Alycia empezará a preguntar dónde estoy.

-¿No sabe por qué ha venido? -preguntó con tono divertido.

-No, piensa que simplemente son unas vacaciones.

-Menudo sitio para ir de vacaciones, a Cleveland -rio cuando vio a Clarke hacer lo mismo-. ¿Dónde está el apartamento donde os quedáis?

-Está muy cerca de aquí, ¿quieres que te envíe la dirección? -la morena asintió.

-Pasaré esta noche a recogeros y hablaremos de todo, Clarke -le dijo mientras ambas se levantaban, y se quedaban dubitativas unos segundos, sin saber muy bien qué hacer a continuación, hasta que Lexa la atrajo a sus brazos, porque sentir su cuerpo contra el suyo era una necesidad permanente si Clarke estaba cerca.

-Vuelve a casa, Lexa -susurró junto a su oído con voz cálida, y un escalofrío la recorrió de arriba abajo con aquellas palabras.

Se separó de ella sin muchas ganas y la acompañó hasta la puerta, repitiéndole que le enviase la dirección del apartamento donde se estaban quedando y se despidió de ella con una sonrisa, antes de cerrar la puerta y apoyarse contra ella, cerrando los ojos y pasando sus dedos por ellos. Clarke había ido hasta allí para pedirle que volviera a Londres con ella, y su corazón se aceleraba con ese pensamiento, porque no pensaba que nadie llegara a hacer algo así por ella.

Clarke estaba allí, y ella no iba a dejar pasar la oportunidad de ser feliz a su lado.


Eran ya cerca de las nueve de la noche, y estaba en el apartamento arreglándose mientras los nervios que sentía no paraban de aumentar a un ritmo frenético. El encuentro que había tenido esa mañana con Lexa había ido mucho mejor de lo que había previsto en un primer momento. Y es que temía que la morena no hubiese querido hablar con ella o que le hubiera dado una respuesta negativa cuando le había dicho por qué estaba allí. Pero Lexa seguía siendo su Lexa, esa preciosa chica encantadora que la había enamorado completamente desde el primer día, y las sensaciones que tenía desde que había de su casa eran muy buenas. Tanto, que asustaban.

Cuando volvió de casa de la morena, Alycia estaba recién despertada y todas se prepararon rápidamente para comenzar su día en aquella nueva ciudad, y habían visitado el zoo que allí había, donde la pequeña se había divertido junto a sus dos tías, ajena a la marabunta de nervios que se cocían en el interior del cuerpo de su madre. Clarke había intentado olvidarse de que esa misma noche volvería a verla, pero es que no podía apartar de su mente la manera tan cálida con la que los ojos verdes de Lexa la habían mirado mientras ambas charlaban en aquel sofá, y menos si pensaba en lo que pasaría aquella misma noche.

Se terminó de retocar el maquillaje y se miró en el espejo del baño una vez más antes de salir para ver cómo Octavia y Raven peinaban y vestían a Alycia, que estaba muy confundida porque sus tías no estuviesen arregladas como ellas. Sonrió internamente, porque se moría por ver la cara de su hija cuando Lexa llegase. Se lo había dicho por la mañana a la morena, y es que su hija cada día la echaba más de menos, aunque hubieran pasado más de cuatro meses.

-Mami, ¿dónde vamos? -preguntó la pequeña, mientras se levantaba de la cama, ya totalmente preparada.

-Es una sorpresa, cariño, pero pronto lo sabrás -se acercó a ella, dándole un suave beso en la frente-. Estás muy guapa.

-Tú también, mami -admiró la pequeña con una sonrisa-. ¿Por qué no vienen tía Raven y tía Octavia?

-Porque tenemos otros planes, pequeñaja -contestó Raven mientras la cogía en volandas, haciéndola reír.

De repente, el timbre de la puerta del apartamento sonó, y Alycia dejó de reír para mirar a su madre, frunciendo el ceño. Clarke sonrió a su hija antes de coger aire con fuerza cuando sintió la mano de Octavia en su hombro, intentando tranquilizarla para ir a abrir la puerta.

-Cariño, ¿vienes conmigo a abrir la puerta? -le preguntó suavemente a Alycia, que asintió y le dio la mano, dirigiéndose ambas hacia la entrada.

-¿Quién es, mami? -preguntó con curiosidad.

-Enseguida lo vas a saber -llegaron a la puerta y, lentamente, Clarke la abrió, dejando ver a Lexa, que estaba vestida con una camisa de color azul claro y unos pantalones negros que se ajustaban a sus piernas.

La morena le sonrió cálidamente y ella le devolvió el gesto antes de mirar a Alycia, que se había quedado con la boca abierta y no decía nada, y Lexa la miró unos segundos con los ojos cristalinos antes de agacharse hasta su altura, aún quedándose a unos centímetros de distancia. El corazón de Clarke se encogió al ver cómo la cara de su hija cambiaba de sorpresa a completa felicidad al asimilar aquel momento.

-Hola, monito -habló por fin la de ojos verdes con cariño, extendiendo sus brazos hacia la niña, que no dudó ni un momento en ir hacia ella, abrazándola con fuerza, mientras que Lexa le devolvía el gesto-. Te he echado mucho de menos.

-Y yo a ti, Lexa -le dijo efusivamente, separándose un poco para mirarla- ¿Qué haces aquí? -preguntó extrañada, haciendo reír a ambas.

-Eso te lo tendría que preguntar yo a ti -respondió divertida al tiempo que le acariciaba el puente de la nariz-, que esta es mi ciudad.

-¿Ah, sí? -se giró para mirar a Clarke, que le miraba sonriente- ¿Hemos venido a ver a Lexa, mami?

-Así es, cariño -asintió-. Y ahora vamos a ir a cenar con ella, ¿vale?

-¿Las tres? -miró a Lexa, que movió la cabeza de forma afirmativa- ¡Bien! -exclamó, saltando a los brazos de la morena, que comenzó a reír por la efusividad de la pequeña, dándole un beso en la mejilla.

-Un placer verte nuevo, Lexa -Octavia y Raven salieron al recibidor y la saludaron amistosamente, antes de que las tres decidieran salir camino al restaurante donde irían aquella noche.

Lexa las llevó en su coche a un hindú muy acogedor que había en el centro de la ciudad, y Clarke no podía evitar sentir aquella calidez en su interior cada vez que la mirada de Lexa se desviaba por un segundo de la carretera y la enfocaba a ella, dedicándole una sonrisa que podía derretirla. Y es que cada vez estaba convencida de que haber ido hasta allí había sido la mejor de las ideas.

-¿Cómo te va por aquí? -preguntó Clarke una vez que estuvieron ya dentro del restaurante acomodadas las tres en una de las mesas.

-Bueno, no me puedo quejar -se encogió de hombros-. Trabajo en una tienda de fotografía desde hace un par de meses, y me encanta estar allí.

-Tú y las cámaras… -se burló Clarke y ambas se sonrieron-. Me alegro de que te vaya bien, Lex.

-¿Y vosotras? -preguntó la morena, y miró a Alycia-. ¿Cómo ha ido el cole, monito?

-Muy bien, el próximo curso cambio al pabellón de los mayores -comentó orgullosa, haciendo sonreír a su madre, que le acarició el pelo con cariño-. Pero te he echado mucho de menos, Lexa -su tono se volvió algo más apagado-, y mamá también.

-Yo también os he echado de menos, cariño -miró a la pequeña, y luego a Clarke, que observaba con gesto triste la interacción entre ambas.

-Vas a volver a casa, ¿verdad? -preguntó esperanzada.

-Bueno… Eso es algo que tenemos que hablar mami y yo -Lexa miró a Clarke y ésta le sonrió-. Pero desde luego, no quiero volver a pasar tantos meses sin ver esa carita tuya.

Pasaron la cena hablando, entre risas cuando Lexa empezaba a hacer tonterías para divertir a Alycia, y Clarke sentía toda esa felicidad que había experimentado junto a Lexa todos esos meses volver a ella. Sabía que aún tenían que hablar y que no había nada en claro, pero la forma en la que Lexa la miraba y le sonreía, y sobre todo el brillo especial en aquellos ojos verdes, le hacían tener esperanza de que todo volvería a ser como antes. Salieron del restaurante cuando terminaron, y estuvieron caminando un rato por la ciudad con Alycia cogida de las manos de ambas hasta que se hizo tarde y decidieron que era hora de volver al coche.

-Yo quiero ir a dormir con Lexa, mami -dijo la pequeña cruzándose de brazos cuando se sentó en el asiento trasero del vehículo.

-Cariño, tenemos nuestro apartamento, podemos ver a Lexa mañana.

-Podéis venir a dormir a mi casa -intervino la morena-. Hay camas de sobra y me encantaría que vinieseis.

-Lexa… ¿estás segura? -preguntó con dudas una vez que ya las tres estaban dentro del vehículo.

-Clarke, me encantaría -cogió su mano, dando un suave beso sobre el dorso-. Venid, por favor.

-Está bien -dijo tras soltar un largo suspiro, intentando controlar las emociones que ese pequeño gesto de Lexa había despertado en ella.

El camino hasta la casa de Lexa fue silencioso la mayor parte, y comprobó que Alycia se había quedado dormida en algún punto del viaje. Supuso que eso significaba que ella y Lexa podrían hablar tranquilamente, lo cual le puso más nerviosa. Intentó tranquilizarse, y miró a través de la ventanilla del coche las luces que iluminaban las calles a esas horas.

-¿Estás bien? -la suave voz de Lexa le hizo girarse, y se perdió en su perfecto perfil y en sus labios carnosos mientras la morena miraba hacia la carretera.

-Sí, perfectamente -la tranquilizó-. Lexa, Alycia se ha dormido. Si quieres, puedes dejarnos en el apartamento…

-Clarke, tenemos que hablar tú y yo -le dijo, desviando la mirada para observarla unos segundos-. Además, no quiero que seas víctima de su furia si se despierta por la mañana y yo no estoy allí -comentó en tono bromista, haciéndole reír.

Aparcaron frente a la casa de Lexa, y la morena cargó a Alycia hasta una de las habitaciones que allí había, dejándola sobre la cama bajo la mirada de Clarke que la había seguido hasta allí, sintiendo su corazón bombear con fuerza al ver la forma que aquella chica se comportaba con su hija, como lo había hecho desde un principio. Su respiración se aceleró cuando Lexa se volvió hacia ella y le indicó que fueran hacia el salón, y ella la siguió, intentando no ponerse demasiado nerviosa, porque sabía que lo que viniera a continuación definiría lo que pasaría entre ellas en el futuro más inmediato. Y, no iba a mentir, aquello le aterraba.

-Había echado de menos el acostarla -confesó mientras ambas se sentaban en el mismo sofá donde habían estado esa misma mañana, aunque esta vez apenas dejaron espacio de separación.

-Y yo he echado de menos veros juntas -sonrió cálidamente bajo la tenue luz que iluminaba la habitación.

-Clarke, no puedo empezar a decirte lo que significa para mí que hayáis venido hasta Cleveland -comenzó a decir, y Clarke notó que estaba algo nerviosa-. Sois lo mejor que me ha pasado nunca, ya lo sabes, y siento no haber respondido a tus mensajes estos meses, pero la culpa me pesaba demasiado, y pensé que lo mejor era alejarme, que estaríais mejor sin mí.

-Lexa, entiendo lo que dices, pero tú no tienes culpa de nada, ya te lo he dicho esta mañana -se acercó más a ella, y acunó su cara entre las palmas de sus manos-. Tanto Alycia como yo echamos de menos tenerte en casa, y yo echo de menos despertarme a tu lado -sintió las primeras lágrimas acumularse en sus ojos-. Te necesito, y sé que tú también a mí, a nosotras, de otra forma no estaría aquí.

-Sería una imbécil si te dejara escapar después de haber venido hasta aquí -confesó en un susurro, sin dejar de mirar los ojos azules de Clarke-. Sería una auténtica gilipollas si te dijera que no te echo de menos, o que no pienso en ti a cada segundo, Clarke.

-Estoy aquí, Lex… -susurró, juntando las frentes de ambas, y temblando al sentir la respiración de Lexa contra sus labios.

-No sé cómo he podido estar sin ti -habló la morena en el mismo tono, dejando que sus manos acariciasen los brazos de la rubia con delicadeza.

-No pensemos en eso ahora… -llevó su mano a la nunca de Lexa, atrayéndola más hacia ella hasta juntar sus labios, suspirando al sentirlos después de tantos meses sin hacerlo.

Atrapó el labio inferior de Lexa entre los suyos, besándola con suavidad, sintiendo cómo la morena respondía al beso con ganas, y deslizaba sus manos hasta su espalda, empujándola más contra ella, hasta que tuvo sentarse en su regazo, aferrándose a su nuca sin separar sus bocas en ningún momento. Era casi como un sueño, porque no pensaba que podría volver a sentir a Lexa de esa manera, y las lágrimas comenzaron a caer por el alivio de saber que Lexa seguía sintiendo lo mismo por ella.

-No llores, Clarke… -murmuró contra sus labios, pasando uno de sus pulgares por sus mejillas, limpiando las lágrimas, mientras ella negaba con la cabeza.

Volvió a besar sus labios con ganas, y abrió la boca cuando notó la lengua de la morena pidiendo permiso y no pudo evitar gemir al sentir la calidez de aquel músculo húmedo enredándose con el suyo, aumentando la temperatura del beso. Lexa la cogió en brazos, levantándose del sofá y ella se sujetó a su cuello mientras la morena caminaba por el pasillo hasta llegar a la que supuso que era su habitación, dejándola en la cama suavemente antes de tumbarse sobre su cuerpo.

Se miraron a los ojos unos segundos, viendo en los suyos verdes todos los sentimientos y el amor que le profesaban, y acarició despacio su cara antes de volver a unir sus labios, introduciendo automáticamente la lengua en su boca, explorándola como lo había hecho mil veces antes. Comenzó a acariciar su espalda por encima de la camisa y se estremeció cuando sus manos bajaron hasta sus muslos, acariciándolos por debajo del vestido que llevaba, y comenzando a subirlo para sacárselo.

Tuvo que sonreír cuando Lexa se quedó embobada mirándola de arriba abajo una vez se había deshecho de la prenda, y tiró de su camisa para que volviese a caer sobre ella, jadeando cuando la morena escondió su rostro en su cuello y comenzó a besárselo de forma húmeda e incesante. Rodeó su cintura con sus piernas, pegándola más a ella y enredó sus dedos en los mechones de pelo moreno.

Dios, cómo había echado de menos la forma en la que las manos de Lexa subían por sus costados desnudos y avanzaban hasta sus pechos, masajeándolos por encima del sujetador de una forma que hizo que se arquease bajo su cuerpo. Sintió que Lexa comenzaba a moverse sobre ella, frotándose contra su intimidad, y los gemidos comenzaron a salir de su garganta sin poder evitarlo.

Llevó sus manos a los botones de la camisa de la morena, porque ella también necesitaba tocar y sentir su maravillosa piel. Se la sacó una vez la hubo desabrochado, y aprovechó para hacer lo mismo con su sujetador, mientras Lexa se encargaba del suyo. Ambas gimieron de forma audible cuando sus torsos entraron en contacto sin ninguna tela de por medio y, cuando Lexa fue bajando con su boca hasta rodear con ella uno de sus pezones, cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás por la excitación que estaba sufriendo.

-Dios… Cómo había echado esto de menos -murmuró sin dejar de lamer su pezón, mientras que masajeaba el otro con su mano, pellizcándolo suavemente.

Su otra mano fue descendiendo, acariciando su vientre suavemente, que se arqueaba bajo su toque, hasta llegar a su entrepierna, masajeándola por encima de la ropa interior, provocando que Clarke jadeara mientras se mordía el labio. Dios, necesitaba que la tocase directamente ya.

Parecía que Lexa había escuchado sus súplicas, porque empezó a bajar también con su boca, besando cada parte de su piel que encontraba a su paso de una forma que le hacía temblar. Y es que jamás nadie la había tocado con esa delicadeza y sensualidad con que lo hacía Lexa, y no quería que nadie más lo hiciera si no era ella.

La morena llegó al borde de su ropa interior, y la miró desde su posición con los ojos oscurecidos por el deseo, y fue bajando la prenda lentamente hasta sacarla del todo, acariciando toda la extensión de sus muslos en el proceso. Subió poco a poco por sus piernas de nuevo, dejando besos en el interior de éstas, y besando su pelvis, haciendo que Clarke se arqueara en busca del contacto que necesitaba, con lo que Lexa rio ligeramente.

Finalmente, Lexa hundió su rostro en la intimidad de Clarke, comenzando a mover su lengua entre sus pliegues, haciendo que se arquease contra ella por la sensación. Dibujó círculos alrededor de su clítoris con insistencia, mientras ella llevaba sus manos a su cabellera, apremiándola para que continuase, mientras cerraba los ojos y gemía con fuerza. Joder, es que Lexa la llevaba al cielo de una forma increíble.

Sus ojos volvieron a conectar, y ver aquella mirada verde que le decía lo mucho que estaba disfrutando con aquello la excitaba aún más si cabía. Lexa rodeó uno de sus muslos con una mano mientras que llevaba la otra a su entrada, introduciendo dos dedos al notarla preparada, y moviéndolos de forma lenta primero, y aumentando la velocidad al ritmo en que los gemidos de Clarke subían de volumen por toda la habitación.

Estaba a punto de correrse, lo podía notar, y Lexa subió por su cuerpo, sin dejar de mover sus dedos en su interior, y la besó con fiereza, mientras ella gemía al sentir su propio sabor en la boca de la morena. Su cuerpo se tensó totalmente cuando sintió el placer máximo expandirse por todas sus terminaciones nerviosas y cayó contra el colchón unos segundos después, mientras Lexa le acariciaba suavemente los costados para relajarla tras el orgasmo.

-¿Estás bien? -preguntó la morena, apartando algunos mechones de su frente.

-Te he echado tanto de menos, Lex… -acarició su espalda sudada, disfrutando del tacto de su suave piel.

-Y yo a ti, Clarke, no te puedes hacer una idea de cuánto -le susurró antes de volver a juntar sus labios de nuevo, besándola con cariño.

El beso volvió a calentarse por sí solo, y Clarke tumbó a Lexa sobre el colchón, colocándose ella sobre su cuerpo. Era su turno de adorar a la morena como se merecía, así que comenzó a repartir besos por aquel cuello tan increíble que tenía, que sentía tensándose bajo sus labios a medida que lo besaba, y siguió bajando por sus pechos, saboreando el sutil sabor salado de su piel, y disfrutando de los gemidos que eran como música para sus oídos.

Siguió descendiendo por el vientre plano y duro de la morena, mientras que sus manos se dedicaban a desabrochar sus pantalones y comenzar a bajarlos con desesperación para después hacer lo mismo con su ropa interior, pues necesitaba que estuviese en las mismas condiciones que ella. Se deleitó observando su la piel de sus piernas, y las acarició lentamente mientras volvía a tumbarse sobre ella, besando sus labios brevemente mientras que acariciaba su cara con una mano.

-¿Me quieres aquí? -murmuró contra sus labios mientras que con su otra mano comenzaba a tantear su intimidad, rozando sus pliegues con suavidad.

-Dios, sí… -suspiró casi sin aliento la morena, echando su cabeza para atrás, lo cual Clarke aprovechó para volver a besar su cuello al tiempo que introducía uno de sus dedos en su interior y llevaba su pulgar a su clítoris, masajeándolo con suavidad.

Era una auténtica delicia la forma en la que el cuerpo de Lexa se arqueaba bajo el suyo por el placer que estaba experimentando, o cómo se aferraba a su espalda, clavando sus uñas en su piel, arrancándole a ella misma gemidos por la sensación. Lexa comenzó a hacer sonidos casi guturales cuando parecía que el orgasmo estaba cerca y ella introdujo otro dedo, penetrándola con más fuerza mientras mordía la piel de su cuello, disfrutando de cómo se sacudía bajo ella. Gimió muy alto y Clarke sintió cómo sus músculos se apretaban alrededor de sus dedos, y los dejó dentro de ella mientras la chica disfrutaba de su orgasmo. Se los llevó a su propia boca una vez los sacó, saboreando a Lexa en ellos antes de caer sobre el cuerpo de la chica una vez más, acariciando su pelo, y disfrutando de las caricias que ella le regalaba por la espalda.

-Ven a casa, Lex… -le pidió una vez más, mirando sus ojos verdes, sintiendo de nuevo esa agradable sensación en su pecho cuando la vio asentir con una pequeña sonrisa.

-No veo otra opción, Clarke -besó la punta de su nariz-. He sido una completa idiota, pero mi vida aquí sin ti a mi lado está vacía.

Ambas se giraron, quedando de lado sobre la cama, con sus extremidades entrelazadas, y mirándose de muy cerca. Buscaron los labios de la otra al mismo tiempo, perdiéndose en las caricias que se regalaban antes de que Clarke se acurrucase contra el pecho de Lexa, inspirando su olor natural, y sintiendo que sus manos pasando por su piel de esa forma y el sonido de su respiración acompasado con la suya la relajaban de una forma increíble. El sueño pronto se apoderó de ella profundamente, porque no había podido dormir de aquella forma sin estar entre los brazos de Lexa, y, por fin, podía hacerlo de nuevo.


Hola de nuevo.

Disculpad que haya tardado tanto en actualizar, ha sido una mezcla de falta de tiempo algunos días y el no querer terminar el fic. (Quedan un par de capítulos, no os asustéis)

Espero que os haya gustado el reencuentro de nuestras protagonistas y que os guste el final de esta historia. Gracias por vuestros comentarios y por leer.

Twitter: McDebnam_