Abrió los ojos cuando los rayos del sol incidieron directamente sobre ellos, y su primera reacción fue cubrirse la cara con las manos. Esa era una de las pocas cosas que no le gustaban de Inglaterra: el sol dando los buenos días a esas horas tan tempranas; y encima allí no había persianas, perfecto. Pero el ceño fruncido y la molestia de haberse despertado tan temprano cuando seguramente no eran ni las siete de la mañana se le quitaron cuando giró la cabeza a la izquierda y pudo ver el cuerpo de Clarke boca abajo mientras dormía plácidamente. Sonrió sin poder evitarlo al ver a aquella mujer así, y es que simplemente era perfecta, y todo lo que compartían parecía casi irreal.
Se colocó de lado en la cama y estiró el brazo para acariciar la espalda desnuda de su chica, disfrutando del suave roce de su piel en la yema de sus dedos, y se acercó para besarla suavemente, subiendo con sus labios hasta su nuca, y volviendo a sonreír cuando notó que se movía, despertándose. Se apartó unos centímetros, lo justo para no perderse el momento en que sus ojos azules se abrían y conectaban con los suyos, regalándole esa sensación que tanto le llenaba.
Habían pasado ya varias semanas desde que había ido a por ella hasta Cleveland, y es que en ese momento supo que esa era una oportunidad que no podía, ni estaba dispuesta a dejar pasar. Volver a ver a Clarke le había ayudado a dejar atrás esa culpabilidad que la había carcomido por dentro, y la felicidad que la inundó al volver a despertarse junto a ella y al poder ver a la pequeña Alycia por la mañana había sido suficiente para saber que aquello era todo lo que quería y necesitaba. Clarke era la persona con la que quería pasar el resto de su vida, y no podía echar a perder aquello que ambas habían construido durante aquellos pasados meses.
-Buenos días -susurró cerca de su rostro, disfrutando de la pequeña sonrisa que se formaba en él.
-¿Qué haces despierta tan temprano? -se extrañó la rubia.
-Es que aquí no tenéis persianas, y me molesta la luz del sol -se quejó, fingiendo pucheros, y no pudo evitar sonreír al oír la risa de Clarke, mientras que se incorporaba levemente para acomodarse sobre ella.
-Tendrás que acostumbrarte -le dijo con un tono divertido, observándola con las manos apoyadas sobre su pecho, conectando sus miradas.
-Si puedo despertarme cada mañana así contigo, me acostumbraré perfectamente -murmuró antes de alzar la cabeza para poder capturar sus labios en un corto beso.
-¿Crees que nos dará tiempo? -preguntó Clarke, aún con los labios muy cerca de los suyos, dejando que su mano vagase por su abdomen desnudo, estremeciéndose por la suave caricia.
-¿A qué? -preguntó en confusión, haciendo que la rubia sonriese ampliamente, de forma traviesa.
-A que te desayune antes de que Alycia despierte.
-Joder, Clarke… -fue lo que pudo decir en medio de un suspiro antes de que estrellase sus labios contra los suyos, incitándola rápidamente a que abriese la boca, entrelazando sus lenguas.
Las manos de la rubia fueron inmediatamente a su cuello, acariciándolo lentamente, mientras que ella se aferraba a su espalda, apretándola más contra su cuerpo al mismo tiempo que sus labios se fundían como si de uno solo se tratase. Se quedaron unos segundos con las frentes apoyadas, mirándose a los ojos y sintiendo la respiración de la otra contra los labios. Dios, es que tener a Clarke así, sobre ella, y mirándola de aquella forma, era lo más parecido al paraíso que iba a experimentar jamás, y lo sabía muy bien.
Clarke se deslizó sobre su cuerpo, desplazando sus labios por su piel, bajando por su cuello, en el que se entretuvo un poco, besándolo y arañándolo con los dientes, provocando que Lexa arquease su espalda bajo ella, estremeciéndose debido a las atenciones que su chica le dedicaba. Bajó un poco más, y no tardó prácticamente nada en tener su pezón izquierdo cubierto por su boca, gimiendo al notar aquella cálida lengua lamiéndolo lánguidamente, con cuidado y cariño, pero con muchas ganas.
Enredó sus dedos en los mechones que cubrían su nuca, acariciándosela mientras pasaba de un pecho al otro, sin dejar de besarlos y lamerlos, mientras que la excitación y las ganas de más se iban volviendo más presentes. No importaba que lo hubiesen hecho mil veces la noche anterior, con Clarke siempre quería mucho más, la sed que le causaba nunca se saciaba completamente.
La mujer bajó aún más por su cuerpo cuando quedó satisfecha con sus pechos, y recorrió su abdomen a base de besos húmedos. Joder, la sensación que le dejaba le ponía la carne de gallina, y no podía evitar estremecerse, porque Clarke conocía cada punto exacto de su cuerpo que la encendía más y más, y no dudaba en entretenerse en ellos si era necesario.
Sintió sus manos acariciar sus piernas al mismo tiempo que seguía deslizándose por su cuerpo hasta colocarse bien entre ellas, y bajó la vista para observarla mientras le devolvía la mirada, de esa forma increíblemente intensa que reflejaba cada sentimiento y la conexión que había entre ellas. Estiró su brazo cuando la vio hacer lo mismo y entrelazaron sus dedos antes de sonreírse mutuamente. La rubia comenzó a besar sus muslos suavemente, desplazándose poco a poco hasta donde más la necesitaba, y abrió las piernas automáticamente para que tuviese todo al acceso que quisiera.
Un escalofrío la recorrió por completo cuando los dedos de Clarke acariciaron suavemente su ingle, mientras que sentía su mirada fija en su entrepierna, observándola de forma hambrienta. Cerró los ojos, echando la cabeza hacia atrás cuando sintió la boca de la rubia pegándose a ella, comenzando a lamer su parte más íntima con firmeza, de arriba abajo, antes de centrarse en su clítoris, realizando movimientos circulares sobre él.
Apretó su mano con fuerza, sin poder evitar que graves gemidos saliesen de su garganta por lo que Clarke le estaba haciendo sentir, y llevó su mano libre a su pelo, acariciándole la cabeza lentamente, disfrutando también de los sonidos que emitía su chica. Notó que soltaba sus manos y rodeaba uno de sus muslos con su brazo, mientras que llevaba su otra mano a su entrada, acariciándola, antes de penetrarla con dos dedos.
-Dios, Clarke… -pudo murmurar entre gemidos que cada vez eran más altos e intensos debido a las sensaciones que estaba experimentando.
-Vamos, cariño, córrete -la escuchó decir contra su intimidad, al mismo tiempo que la penetraba con más fuerza y rapidez, y ella sintió sus piernas temblar.
Sintió ese placer tan intenso recorrerla, y Clarke no dejó de dedicarse a ella hasta que cayó desplomada contra el colchón, sintiendo su respiración acelerada. La rubia se separó de ella y trepó por su cuerpo hasta volver a colocarse sobre ella, acariciando su frente con su mano suavemente, y la besó, sintiendo su propio sabor en sus labios.
-Estás preciosa así, ¿lo sabías? -dijo suavemente.
-No más que tú, mi amor -dejó un beso sobre su nariz antes de intentar girar sus cuerpos para colocarse sobre ella, pero se lo impidió-. Me toca a mí dedicarme a ti.
-Tenemos que prepararnos para hoy, Lex -le dijo, ya que iban a pasar aquel día de verano en el parque de atracciones-. Esta noche tendremos tiempo para nosotras -le guiñó un ojo antes de incorporarse para salir de la cama.
-Acuérdate de esas palabras -miró su espalda mientras cubría su precioso cuerpo con una bata de seda.
-Lo haré -le aseguró, regalándole una sonrisa-. Voy a preparar el desayuno, despierta a Alycia.
Salió de la habitación y dejó a Lexa a solas, y se quedó unos minutos allí, mirando al techo, con una sonrisa relajada sobre su rostro, y sintiéndose totalmente plena tras lo que acababa de pasar. Jamás se habría imaginado, un año atrás, cuando decidió comenzar la aventura de seguir a su hermano hasta Londres, que terminaría así: enamorada de una increíble mujer y de su preciosa hija. Y es que, por muy increíble que pareciera, era real, y ella iba a hacer hasta lo imposible por que esa felicidad fuera permanente.
Primer día de trabajo tras aquellas increíbles vacaciones, y era lo último que le apetecía hacer, porque, además de tener que decir adiós a esos días completos junto Alycia y Lexa, tenía que enfrentarse a lo que llevaba unas semanas evitando: Emma. La doctora había tratado de contactar con ella, pero lo había estado evitando, por una parte, y, por otra, había estado demasiado ocupada disfrutando de la completa felicidad que se había instaurado en su vida, y apenas había tenido tiempo para acordarse de ella, por muy cruel que sonase.
Fue directa a su despacho para dejar allí sus cosas y poder tomarse un café tranquilamente, y suspiró cuando, tras un par de segundos de relajación en su silla, alguien tocó la puerta. Sabía que era ella perfectamente, y en esos precisos momentos no tenía nada de ganas de dar explicaciones, pero era algo que tenía que hacer, así que se resignó a contestar.
-Adelante -dijo, y enseguida la puerta se abrió, dejando ver a la doctora pelirroja, que se mostraba seria-. Hola, Emma -contestó con una pequeña sonrisa, intentando calmar aquel momento tenso.
-Clarke, ¿qué pasa? -dijo directamente, sin molestarse siquiera en saludar, y cerrando la puerta tras de ella en cuanto entró a la habitación-. Coges vacaciones de repente, no respondes mis llamadas, ¿qué ha pasado? -se sentó en una de las sillas que quedaban al otro lado del escritorio.
-Emma… -suspiró, apoyando ambos codos sobre la mesa- He estado fuera, nos fuimos a Estados Unidos con Alycia y…
-¿Fuiste a por Lexa? -preguntó sin tapujos y a ella se le quedó atravesada la respiración por la forma tan dura y seca en que lo dijo- ¿Has vuelto con ella?
-No es tan simple como te piensas, ¿sabes? -intentó tranquilizarla, porque podía percibir la tensión en la que estaba la mujer desde su posición.
-Ah, ¿no?
-No, y, además, tú y yo no éramos nada, Emma.
-No, no lo éramos -le concedió-, pero sabías que yo tenía sentimientos por ti, Clarke. Sabes que los tengo -cambió su frase al presente.
-Emma, tienes razón que debería haberte llamado durante este tiempo -comenzó a explicarle-, pero yo nunca te prometí nada. No podía prometerte nada estando enamorada de otra persona.
-Lo entiendo, pero la próxima vez que esa cría salga corriendo cuando las cosas se pongan feas, no esperes que siga aquí -le advirtió.
-¿Qué estás diciendo? -sintió la rabia acumularse en su interior por las palabras que la doctora había dicho- Lexa hizo el mayor sacrificio que alguien podría haber hecho. Lo dejó todo para que ni a mí ni a mi hija nos pasase nada. Habría sido más cobarde que se hubiera quedado, exponiéndonos a todas.
-Habría sido más valiente que se hubiese enfrentado a tu ex mujer, ¿no crees?
-No me puedo creer que me estés diciendo esto -reconoció, llevándose las manos a la cara, buscando una tranquilidad que no parecía encontrar-. ¿Cómo quieres que se enfrente a una persona que iba armada, Emma? Lexa hizo lo mejor que pudo hacer, y no es mi problema que tú no te des cuenta.
-No, no es tu problema -admitió-. Pero espero que no tenga razón y que esa cría sea más madura de lo que pienso, porque sino, estás dejando pasar algo real por una ilusión.
-Lo que hay entre Lexa y yo -dijo, levantándose de la silla-, es lo más real que he tenido nunca, así que por favor respétalo. Siento mucho si he herido tus sentimientos, pero no hay nada que yo pueda hacer para cambiar los míos.
Se dirigió hacia la puerta, abriéndola, dándole a entender que aquella conversación había acabado. La doctora se levantó con resignación y salió, sin dirigirle una última mirada a Clarke. Cerró la puerta detrás de la mujer, y volvió a su asiento, masajeando su frente, intentando olvidar rápidamente aquel encuentro.
Sabía que Emma no hablaba desde la razón, porque lo único que Lexa había querido hacer era protegerlas, tanto a Alycia como a ella, y podía ver en sus preciosos ojos verdes que aquello que se había forjado entre ellas era permanente, y no tenía ninguna de duda de que iba a pasar mucho tiempo a su lado, disfrutando de todo lo que compartían.
Era domingo por el mediodía, y en casa de Clarke, Alycia y Lexa, todo parecía estar revolucionado. Era a mediados de agosto, y habían elegido aquel soleado día para juntar a sus familiares y amigos en una barbacoa en el jardín de su casa. Clarke preparaba la comida que iban a cocinar y algunas ensaladas, mientras que Lexa luchaba con una emocionada Alycia en la planta superior.
-Vamos, monito, tenemos que vestirnos, la abuela y tía Octavia y tía Raven deben de estar a punto de llegar -insistió, tratando de que la niña se vistiese, mientras estaba sentada en su cama, derrotada que estuviese corriendo de un lado hacia otro sin obtener resultados.
-¿Vamos a comer hamburguesas? -preguntó con ilusión.
-Vamos a comer todo lo que tú quieras, pero primero te tienes que vestir.
La pequeña la miró unos segundos, y ella extendió la camiseta para que la cogiera, suspirando aliviada cuando, después de haberlo intentado un millar de veces, le hizo caso y empezó a colocársela. Cuando ambas estuvieron listas, bajaron a la planta baja, donde Clarke en esos momentos metía unos pequeños aperitivos al horno.
-Parece que vayamos a montar aquí el banquete del año -dijo Lexa en medio de una pequeña risa cuando entraron en la cocina, y Clarke se volvió sonriente para recibir a sus chicas.
-Desde luego que comida no va a faltar -se acercó a la morena, dándole un beso en los labios, y luego se dirigió a la pequeña Alycia-. ¿Quieres ayudar a mami y a Lexa, cariño?
-¡Sí! -exclamó con efusividad, y comenzó a hacer lo que su madre le decía, subida en una pequeña banqueta que solía estar allí para que ella la usase.
-Voy a ir a preparar la parrilla para la carne, ¿está bien? -preguntó Lexa acercándose a Clarke por la espalda, sujetando sus caderas suavemente, y besando su mejilla cuando le dio una respuesta afirmativa.
Se quedó con la sonrisa en la cara durante un buen rato mientras seguía preparando los aperitivos, porque le encantaban aquellos gestos que Lexa tenía con ella, la forma en la que siempre le acariciaba cuando tenía ocasión, o cuando le daba esos cálidos besos en la mejilla que solo hacían que las ganas de tenerla cerca aumentasen.
-Mami -la llamó de repente Alycia, y miró a su hija, que había dejado de hacer lo que le había mandado y ahora la miraba con curiosidad.
-Dime, cariño -le dio pie.
-Lexa es tu novia, ¿verdad? -preguntó directamente, haciendo que una pequeña carcajada se escapase de los labios de Clarke.
-Alycia, ¿por qué me preguntas eso ahora? -quiso saber, acercándose hasta la pequeña, y arrodillándose frente a ella para quedar a su altura.
-Porque si es tu novia… ¿Eso significa que es mi mami también? -inquirió con algo de dudas, dejando a su madre boquiabierta.
-¿Tú quieres que sea tu mami, cariño? -preguntó tras unos segundos, intentando digerir aquella pregunta.
-Sí -dijo muy segura.
-¿Y por qué no le preguntas a ella? -le propuso, colocando un pequeño mechón rubio detrás de su hija.
-¿Ahora? -dijo tras pensárselo unos segundos.
-Mejor esta noche, ¿vale, cielo? -la niña asintió y ella sintió aquella calidez tan increíble en su interior, porque que Alycia y Lexa tuvieran una relación tan especial y que estuvieran tan unidas hacía que lo que ella compartía con la morena fuese todavía mejor.
Terminaron de preparar todo juntas y salieron para empezar a colocarlo en la mesa que había montada en el jardín, y sonrió al ver a la morena hacer lo mismo cuando llegaron donde ella estaba, y no pudo evitar, tras haber dejado las bandejas sobre la mesa, acercarse a ella, cogiendo su rostro entre sus manos y besando sus labios suavemente, sintiendo enseguida sus manos rodeando su cintura y pegándola más contra ella.
-Te quiero -susurró contra sus labios, besándolos de nuevo.
-Y yo a ti, Clarke -se perdió en aquel verde que tanto le gustaba admirar, antes de separarse de ella cuando el timbre sonó.
La rubia fue hacia la puerta, seguida de la pequeña Alycia, para abrir a Raven y Octavia, que venían acompañadas de Abby, su madre. Alycia corrió a abrazar a su abuela tan pronto como la vio, bajo la atenta mirada de las demás.
-Qué grande estás, Alycia -admiró la mujer, y luego se dirigió a su hija mientras que la niña saludaba a sus tías-. Hija, cuánto tiempo sin verte -la estrechó entre sus brazos.
-Me alegro que estés aquí, mamá.
-¿Y Lexa? -preguntó la mujer.
-Está en el jardín, preparando la comida.
-Voy a saludarla entonces -sonrió, y Clarke lo hizo también, asintiendo antes de saludar a sus dos amigas-. Hola, Lexa -saludó a la morena cuando llegó a la zona del jardín, encontrándola concentrada en la parrilla que había allí.
-Señora Griffin -dijo amablemente, girándose para saludarla-, un placer volver a verla.
-Lexa, por favor -rio la mujer-, llámame Abby. No me trates de usted, que me haces sentir mayor -pidió, haciendo que la de ojos verdes se pusiera algo roja, pero rio igualmente.
-Está bien, Abby. ¿Cómo estás?
-Mucho mejor -dijo con una sonrisa-. Muy bien, muy contenta de volver a verte, y de ver lo bien que os va todo. ¿Cómo estás aquí? Aunque creo que no hace falta que te pregunte…
-No, la verdad es que jamás había estado tan bien -confesó, desviando la mirada para observar a Clarke, que se acercaba hacia ellas.
-Mamá, ¿qué le dices a Lexa? -preguntó de forma divertida, entrelazando sus dedos con los de la morena, que la miró significativamente-. ¡No la pongas nerviosa! -le advirtió.
-Solo estaba preguntándole cómo estaba, Clarke, no te preocupes -la tranquilizó-. Voy a buscar algo de beber, dejo que sigas preparando la comida, Lexa.
-¿Qué tal con mi madre? -preguntó una vez estuvieron a solas.
-Solo me ha preguntado cómo estaba, Clarke -soltó una risita-. Tu familia es increíble.
-¿Y yo? -inquirió con los ojos entrecerrados.
-Tú eres maravillosa -acercó sus labios a los suyos, volviendo a besarla una vez más, porque daba igual que lo hubiese hecho hacía cinco minutos, la necesidad de tener los labios de la rubia sobre los suyos estaba ahí a cada segundo.
Se separaron cuando oyeron a Raven quejándose de forma divertida, y Lexa saludó a la pareja antes de seguir con su tarea. Más tarde llegaron Lincoln y Anya, invitados por Lexa y pronto comenzaron a comer y charlar de forma distendida, riendo cada vez que Alycia decía alguna cosa divertida, y disfrutando de aquellos momentos.
Había sido un día fantástico, y ya todo el mundo se había ido cuando Clarke y Lexa, con algo de ayuda por parte de Alycia, comenzaron a recoger todo y limpiar el jardín y la cocina. Alycia había insistido en poner algo de música mientras lo hacían, así que habían acabado las tres bailando entre risas mientras recogían. Cuando estuvo todo recogido, ambas se sentaron en el sofá del salón, y Alycia se acomodó en el regazo de Lexa, mientras la morena le acariciaba el pelo suavemente a la niña.
-Mami, ¿podemos pedir pizza? -pidió la pequeña
-No, porque vais a querer pizza con piña -la acusó su madre, levantando el dedo hacia donde se encontraban las dos, haciendo a Lexa reír.
-Algún día tendrás que aceptar que la pizza con piña es la mejor, Clarke -intervino la morena, acomodándose contra el respaldo y estirando el brazo para acariciar la mejilla de la rubia, que sonrió ante el gesto.
-No sé por qué, pero con esos ojitos que me ponéis las dos me es imposible negarme -se rindió, y alcanzó el teléfono para hacer el pedido.
Mientras hablaba con los del restaurante, se quedó observando cómo Alycia miraba a Lexa fijamente, y ésta le preguntaba varias veces que qué le pasaba, sin obtener ninguna respuesta por parte de la niña. Cuando colgó tras haber realizado el pedido, se giró hacia ellas, viendo que Alycia desviaba su vista hasta ella y la miraba con dudas.
-¿No querías decirle algo a Lexa, cariño? -empujó suavemente, dándole pie a la niña a que formulase la pregunta que le había hecho a ella esa misma mañana.
-¿Qué quieres preguntarme, monito? -inquirió la morena, apretando con suavidad los costados de la pequeña para que volviese su atención a ella.
-Me da vergüenza, mami -se quejó, tapándose los ojos con las manos y escondiéndose contra el pecho de Lexa, que empezó a reír junto a Clarke por el comportamiento de la pequeña.
-Ey, soy yo -le dijo cálidamente-. Puedes decirme lo que quieras, Alycia.
-Si tú eres la novia de mami… -empezó a decir tras haberse separado de ella levemente y mirándola a los ojos- ¿también eres mi mami?
Clarke pudo ver perfectamente la sorpresa por la pregunta reflejada en la cara de la morena, que se quedó unos segundos sin saber qué decir, y desvió su mirada para mirarla a ella, regalándole una sonrisa y un pequeño asentimiento de cabeza, haciéndole saber que podía decirle lo que quisiera y lo que sintiese en su corazón. Lexa se lamió los labios de forma nerviosa, y pudo ver en sus ojos verdes un brillo especial en aquel momento.
-¿Tú quieres que lo sea? -preguntó Lexa de vuelta, y ella sonrió. Justo lo mismo que ella le había dicho esa mañana a su hija. La pequeña no contestó verbalmente, pero asintió firmemente, provocando que Lexa sonriese de forma amplia-. Entonces sí, lo soy.
Alycia observó unos segundos a Lexa antes de abrazarla con fuerza, y la morena le devolvió el gesto con la misma intensidad, bajo la mirada de Clarke que sintió que sus ojos comenzaban a llenarse de algunas lágrimas debidas a la felicidad que le producía poder contemplar aquel momento. Pensó entonces en cómo había cambiado su vida en el último año. Había podido conocer a la persona que había cambiado su vida y la de su hija por completo, y era increíble que hubiese podido llenar el vació que seguramente la falta de Niylah había dejado en Alycia, y ella no podía sentirse más afortunada que en ese preciso momento, en el que Lexa la miró, estirando un brazo hacia ella para que se acercase, juntando los labios de ambas mientras Alycia chillaba emocionada. La morena pasó su pulgar por su mejilla, limpiando una lágrima que había caído, y se sonrieron antes de volver a abrazar las dos a Alycia.
Porque sí, porque esa vez nada se iba a interponer entre ellas, y porque era hora de mirar hacia delante, dejando miedos y culpabilidades atrás. Era hora de comenzar a construir un futuro juntas, teniendo la ilusión de lo que estaba por venir. Porque su historia, la historia de ambas, no había hecho más que comenzar.
Fin.
Primero de todo, he de decir que todavía queda el epílogo, así que no es el final definitivo, pero aquí acaba la historia en el "presente".
Muchas gracias por leer, por los comentarios y, sobre todo, por la paciencia esperando las actualizaciones.
Nos leemos el próximo domingo con el epílogo.
Twitter: McDebnam_
