¡BIENVENIDOS!

Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo la verdad estoy un poco loca, pero me la paso genial jugando con las letras.


BUSCÁNDOTE EN LA OSCURIDAD

"EN LA OSCURIDAD...BUSCA LA ESTRELLA QUE TE GUIARA A CASA"


¡Ah, las viejas preguntas, las viejas respuestas, no hay nada como ellas! -Samuel Beckett.


CAPÍTULO 1: Preguntitas, una Fiesta y un ¿Vídeo?

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Otro día más que se aleja de manera lenta y tortuosa, a decir verdad hasta las horas me parecen que conspiran contra mí, casi indiferentes a mi dolor, a este pesar que me agobia, que me atormenta, ¿pero qué puedo hacer?... No me queda más que seguir en este camino como alma errante, como naufraga en un mar profundo, en busca de aquello que tanto anhelé una vez pero que luego perdí… su corazón, mi corazón.

Me llamo Isabella Swan, pero me gusta que me digan Bella, tengo 20 años, y ahora resido en un pequeño pueblito llamado Forks, aunque toda mi infancia y adolescencia viví en la ciudad de Seattle. Mis padres Renée y Charlie, están divorciados hace tiempo y cada uno volvió a rehacer su vida. Renée como esa soltera empedernida que siempre quiso ser y Charlie junto a Sue y su horrenda y desquiciada hija Leah. La verdad es que las dos son unas arpías con gustos grotescos y extravagantes que se aprovechan de la muy gorda cuenta bancaria de mi papi, pero tonto él que se lo permite, ¿a cambio de qué? se preguntaran y simplemente de una buena mamada. ¡Ay! ¡Fuchi!, es mejor que no imagine la vida sexual de mi padre o puedo dañar mi mente de por vida.

Mientras la zorra mayor y su pequeña zorrita no arruinen lo que me corresponda a mí como herencia se pueden untar el cuero hasta de oro. Total, como dice el refrán: "aunque la mona se vista de seda, siempre mona se queda". Creo que en este caso aplica perfecto; en fin, aún así yo sé en el fondo de mi corazón que mis "amados padres" nótese el sarcasmo y esa extrañísima relación de amor-odio, humillaciones e insultos que tienen, no comenzó más que como un fuerte y profundo amor, ese cómo el que soñé un día, cuando aún era una niña inexperta, soñadora y hasta tonta. ¡Que puedo decir!, estaba enamorada del amor. ¡Claro!, todo sin la trágica separación y la aparición de las brujas al final.

Todavía recuerdo esa tarde en que me sentí escudriñada por unos intensos orbes de un color esmeralda, tan brillantes, que pensé que era un ángel el que estaba frente a mí, pero para mi mala suerte no resultó ser otro más que mi verdugo. Un ángel caído al que yo misma me encargaría de quebrarles las alas y arrancar cada pluma, hasta que quedara como muerto en vida, postrado frente a mí; no me malinterpreten, no es que sea una chica mala, todo lo contrario, pero puedo decir con vehemencia y por experiencia propia que el amor, la pasión, la ira y el odio son los vagones de un mismo tren, que en la carrera de la vida te pueden llevar a tan sublime y esperado destino o arrastrarte a el más aterrador de los desiertos para que te consumas y seques por dentro, sin que quede siquiera un ápice de esperanza.

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Y aquí comienza mi historia…

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Seattle dos años antes...

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Estábamos a mediados de mes, en la temporada otoñal. Debo admitir que el clima era muy agradable y el día se prestaba para tomar un helado en el parque; pero lejos de poder satisfacer mis deseos me encontraba en clases, intentando de manera casi patética concentrarme en lo que decía el profesor. El doctor Barner era muy exigente a la hora de las preguntas y exposiciones, y más aún si te pillaba distraído en sus clases, cosa que yo ya estaba; pero no pude reaccionar hasta que sentí como Ángela mi compañera de banca me codeaba para que prestara atención (Angie, como le decía de cariño, no sólo era mi compañera en la universidad sino que también habíamos cursado juntas el instituto y al enterarme que decidió estudiar medicina al igual que yo, me puse muy contenta. Mi alegría fue aún mayor cuando supimos que compartiríamos casi todas las clases de primer año juntas, desde allí fuimos inseparables, no dudaba que a ella la recibirían como una de las mejores, por su amor y entrega hacia las personas y porque simplemente era su pasión).

— ¡Bella!, ¡Bella! Ahí te hablan.

— ¿Eh, perdón?

— Señorita Swan, ¿querría explicar a sus compañeros lo que acabo de exponer?, porque por lo visto hay algunos que aún no lo comprenden.

Los ojos del doctor Barner, al ver que no respondía, se entrecerraron y pude notar un poco de impaciencia y enojo en ellos. ¡Diablos!, ¿por qué no escuche? y ¿ahora qué mierda le digo?

— Disculpe profesor estaba... —tartamudeé—...Es que... Es que no capté muy bien la pregunta, ¿podría repetirla por favor? — mejor ser sincera y poner cara de cachorrito abandonado, a que me pille como la más tonta y me eche de la clase.

— Isabella, ¿sería usted capaz de dejar de dormitar en mi clase, bajarse de esa nube en la que anda volando y hacernos el honor de prestar atención?

— Si doctor disculpe, fue sólo un momento de distracción.

— Está bien Swan, pero que no se vuelva a repetir —asentí en un gesto de agradecimiento—.

Las horas siguientes transcurrieron de manera normal, hasta que por fin terminó la jornada. Yo estaba dispuesta a ir a casa, tirarme en mi cama y dejarme vencer por un profundo sueño más que merecido. Hacía seis meses que empecé el primer año de la carrera pero ya estaba agotadísima para sólo tener 18 años, mis horarios eran de lo peor, casi no me permitían llegar a las comidas y del dormir ni hablar. Sólo había tiempo para leer, leer y seguir leyendo; los profesores se empeñaban en que teníamos que analizar distintos autores y cada libro perecía más largo que el anterior, pero todo sea por alcanzar mi mayor sueño, llegar a ser la mejor neurocirujana de país, aunque debía reconocer que las clases de Histología y Embriología se me daban de diez.

Claro ese era sólo mi plan, que por lo visto no coincidía con el de mi amiga porque luego del pequeño incidente, sentía constantemente la mirada inquisidora de Ángela. Sabía lo que venía luego: las incansables y odiosas mil preguntas para torturar a Bella. ¡Uf! No lo sabré yo, desde el instituto siempre era lo mismo, tengo que admitir que siempre fui un poco cerrada para contar mis cosas, porque desde niña aprendí a ser independiente, tenía a mis padres, es cierto, pero parecía que los niños eran ellos y no yo.

Con sus formas tan poco metódicas de vivir empecé a guardarme aquello que me llegaba a atormentar y a decidir que esos problemas eran solo míos y que nadie aparte de mi los tenía que saber y cargar con ellos, pero Angie siempre presente, estaba ahí para desquiciarme y hacia hasta lo imposible para que le soltara la sopa; no me queda más que reconocerle su paciencia y perseverancia a prueba de balas y como lo predije, una vez terminamos de cruzar la puerta de nuestro dormitorio en el campus empezaron las "dichosas preguntitas".

— Muy bien Isabella, no quiero que me sigas evadiendo, ¿me puedes decir qué demonios te pasa? Hace semanas que te noto así como ausente y cada día es peor.

¡Rayos! Dijo Isabella, ella sólo me llama así cuando se enoja o está muy preocupada y creo que vamos por lo segundo.

— No sé de qué me hablas, yo la verdad me siento muy bien

— ¡Por Dios! ¿Ni aunque te estés muriendo vas a admitir que estas mal verdad?, lo de hoy en clases fue lo último que te acepté, otras veces te noté mal, es cierto, pero nunca tanto como para no prestar atención sino todo lo contrario, podría decir que el estudio era tu forma de librarte de aquello que te atormentaba. ¡Por favor, Bells! Dime qué te pasa y como te ayudo amiga, ¡anda!, ¡dime!, ¿sí?

— Está bien Angie, la verdad es que me siento un poco inquieta por los exámenes y todo eso —confesé con pesar, porque sólo eso era mi vida: mis estudios y nada más. El resto era una deprimente soledad que se hacía más notoria al llegar la noche. Y como si me estuviera leyendo el pensamiento dijo: —.

— ¡Oh!, pensé que era un nuevo problema con tus padres, ¿vas bien con ellos, cierto? ¿No me estas ocultando nada, no?

— No, sí, digo, no. Con ellos va todo bien, como siempre. Ya sabes cada uno en lo suyo, y no, no te estoy ocultando nada.

— Se me acaba de ocurrir una idea estupenda para quitarte el stress —me decía mientras me daba una mirada maliciosa como la de un niño cuando va a cometer alguna travesura—.

— ¿Ah sí?, y ¿se puede saber cuál es esa tan genial idea? — le dije con sarcasmo—.

— Amiga lo que tú necesitas es a un muy predispuesto chico acomodado entre tus piernas, que esté listo para hacerte gritar, ver las estrellitas, los planetas y si es posible llevarle saludos a Dios —dijo lo ultimo soltando una sonora carcajada—.

— ¡Estás loca!, ¿de dónde sacas esas ideas?, a mi no me hace falta nada de eso, te recuerdo que la ninfómana aquí eres tú, no yo —ni en mi peor día le reconocería que era verdad y mucho menos mi nula experiencia en el tema.

— ¡Sí, cómo no!, anda, anímate a experimentar un poco, esta noche hay una fiesta en uno de los dormitorios para varones, vamos y te aseguro que nos divertiremos mucho.

— No lo creo, tu bien sabes que no me gustan mucho esas clases de fiestas, además tengo que seguir estudiando para el examen del lunes o si no, no creo poder pasarlo.

— ¡Di que sí!, sólo será solo un ratito, para socializar —me lo decía moviendo las cejas sugestivamente— y si se pone más cargado el ambiente nos vamos, anda ¡sí! ¡porfi! —chilló haciendo un puchero—.

— No lo sé, eso no va conmigo.

— Vamos Bellita, no seas así, con tanto estudio es como si ni nos viéramos, claro que si no quieres compartir tiempo conmigo… — ¡Dios! Nada más le falta ponerse a llorar, creo que de niña tuvo clases intensivas de Manipulación I y II—.

— Bueno está bien, sino me queda de otra, pero no me vayas a dejar sola, sabes que no conozco a casi nadie de ese tipo de fiestas y si lo haces te juro como que los chanchos no vuelan que te vas a arrepentir.

— ¡Yupi!, ¡Chicos prepárense que ahí les vamos!

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Luego de tres horas y una exhaustiva modificación en el look, —idea de Ángela— estábamos listas, dando nuestra entrada triunfal en la dichosa fiesta, ella enfundada en un jean negro y con una camisa roja bastante llamativa para mi gusto y yo… bueno que decir, la verdad muy pocas veces me vestía así como toda una...bueno tampoco tanto. Hay que reconocer que esa mini falda azul eléctrico favorecía a mis piernas y las deba un aire de largas y esbeltas y el top blanco casi transparente dejaba ver el color rosa de mi brasier y la línea de mis pechos, acentuando su redondez; me sentía bonita pero con clase no como una simple fulana, no siempre me vestía así pero estaba en la fase de madurar, cambiar el look un poco para dejar de ser una niñata y vestirme un poco más sugerente, provocativa. No es que vaya hacerle caso a la loca de Angie con eso de ir por ahí abriéndome de piernas, ni mucho menos, pero no sé porque esta noche tenía algo en particular, lo intuía. Tal vez era que simplemente quería ser admirada, deseada, pero nunca me imagine que mi deseo se iba a cumplir literalmente, desde el momento en que puse un pie en el lugar todos las miradas se posaron en mi, y no es por ser vanidosa pero podía darme cuenta perfectamente las miradas lujuriosas de algunos de los chicos cargadas de fuego, de pasión; pero no todo era color de rosa, las chicas por su parte no se quedaban atrás, veía como sus rostros se desfiguraban con muecas evaluadoras, miradas altivas llenas de odio y hasta creo que un poco de ¿envidia? No, no puede ser, algunas eran mucho más bonitas que yo y no es que me tenga en poco... ¡Nah!, a la MIERDA… ¿Que estoy diciendo? ¡Si esto, ME ENCANTA! ¡Sufran perras que aquí llego Bella! y vino dispuesta a jugar —mi Yo interior sonreía con socarronería— ¡Oh sí! Por supuesto que iba a jugar.

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Dos horas después...

¡Qué bonito me estaba yendo en mi juego!, ¡sí, cómo no!, es que en definitiva de pitonisa yo tengo lo que un mono de calvo: nada, nadita. Después de casi dos horas en este lugar, no podía creer lo que pasaba, pero, ¿es que acaso sólo a mí me pasa esto?, ¿es que tengo un radar para los adefesios, tarados y enfermos mentales o qué? ¿Podría ser que de todos los bizcochos que hay en el campus, sólo estos raritos se me acercaran? Está bien tampoco soy una top-model, pero es que no es justo, no estoy ni tan fea como para que las cosas me salgan así de mal. Tan diferente a lo que planeé cuando llegué a este lugar.

Angie se largo a quién sabe dónde y quien sabe con quién, la muy maldita…, ¡Arrg! Le dije que no me dejara sola, pero no importa ya me las cobraría. ¡Quien la viera con esa carita de mustia que no rompe ni un plato y la que se carga!, la verdad es que uno se sorprende cuando la conoce bien, no es muy agraciada por así decirlo —y eso que no habla exactamente una deidad en persona—, pero eso sí, es bien gauchita por así decirlo y simpática hasta los huesos. Eso es lo que le atrae a más de uno, incluso a los más populares, habiendo tantas chicas lindas en el campus, creo que Angie tiene más citas que todas ellas juntas.

Siempre me dice que los chicos continuamente le cuentan que en salidas con otras tipas se aburrían, porque ellas no querían comer nada salvo hojas verdes, porque todo lo demás engorda; que tenían que ir al último lugar de moda, que si esto, que si aquello, ¡uff!…, ¡en fin!, toda unas molestias la verdad, porque lo que tiene de lindas lo tienes de caprichosas y superficiales; nada que ver con Ángela que perfectamente se las amaña con una visita a McDonald's, una cerveza bien fría, y un partido de cualquier deporte que conlleve una pelota y chicos. Creo que por eso todos quedan alucinados en la primera cita, y después fastidian toda la semana llamándola para un nuevo encuentro; mi amiga la lleva bien con el dicho ese de que la suerte de la fea…, o como bien ella dice, que es su método infalible de ligue.

Y bueno…, volviendo a mi patética existencia, puedo decir que ahora mi único consuelo es la botella de champagne que traía en mi mano y que desde hace 45' minutos se ha convertido en mi fiel compañera, si tal vez estaba un poco loca al intentar emborracharme en una fiesta tan desenfrenada como esta, rodeada de pendejos calientes — ¡Oh por Dios! Yo nunca me he emborrachado, sí, había probado diferentes tipos de bebidas alcohólicas, no mentiría, pero nunca hasta el punto de caerme y revolcarme en mi propio vomito —aunque muchos decían que yo tenía más pinta de ser de las contentillas o bien llamadas borrachas alegres. ¡En fin! Todo este pensamiento nada más me surge de la gran depresión y frustración del momento—.

- Sí Bella, a tomar hasta que se termine la noche —me dije a mi misma—, o hasta que caiga, lo que pase primero, y que todo el mundo y en especial los malditos hombres se vayan a la mierda, por ciegos, pervertidos y mala gente — ¿Es que no se le puede acercar un chico lindo a una viéndola tan necesitada de compañía como yo lo estoy en este momento? —. ¡Ay como se les odia! Pero también cómo se los necesita a los muy condenados y sobre todo si están bien buenos.

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A la mañana siguiente...

— ¡Bella, Belli Bells! —una muy alocada Ángela entró dando saltos a la oscura habitación para abrir de par en par las cortinas y terminar saltando a la cama donde momentos antes dormía plácidamente—.

— ¡Vamos!, a despertar que ya va siendo hora de que salgas de la cama, ¿o es que piensas quedarte ahí toda la semana? —gritó entre risas—.

— ¡Ay por Dios, Angie!, no grites con un demonio que se me parte la cabeza — ¿Cómo puede ser que la muy condenada ande como si nada, tan fresca como una lechuga y yo este para cuidados intensivos? —.

— ¡Y cómo no!, si casi te tomaste toda la reserva de bebidas de la fiesta, suerte que te encontré antes de que fueras por más, porque o si no te perdíamos e ibas a ser oficialmente la nueva borrachita del campus.

— ¡Ay que te calles, que no fue para tanto!

— ¿Ah no?, entonces, ¿dime qué pasó luego de la tercera botella de champagne que te tomaste tu sólita?, ¿eh Bella, lo recuerdas o quieres que te ayude a hacer memoria?

— ¿No pudo ser tan malo, no? —Lo decía mientras me sentaba en la cama—.

— ¡Ay amiga!, si te tomaste hasta el agua de los fideos, creo que es mejor que ni te acuerdes, a partir de ahora nunca más te voy a dejar sola cerca de una barra de tragos libres otra vez, eres muy peligrosa cuando estas algo tomadita y algo exhibicionista también —me dijo tratando de contener la sonora carcajada que quería salirle del pecho al ver lo pálida que me puse ante tal confesión—.

— ¡Dios porque me odias tanto! —me quejaba dramáticamente, mientras me dejaba caer nuevamente en la cama—.

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Dos semanas después…

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Ya han pasado un par de semanas desde la tan famosa fiesta, ¿que por qué tan mencionada? ¡Ah! Casi lo olvido: porque yo, ahí donde me ven tan seriecita, acabé hasta las trancas por así decirlo, ¿increíble no? pero eso sí, totalmente cierto. Bella Swan o mejor conocida como "come libros Swan", hija respetuosa y dedicada, estudiante abnegada y responsable, terminó dando un espectáculo como pocos se han visto, creo que me falto casi nada para consagrarme como stripper. ¡Dios! ¿En qué demonios estaba pensando? No, creo que definitivamente no estaba pensando.

Ahora todos los tipos del campus, hasta los más frikis, se creen con derecho a hablarme. ¡Oye! Está bien que yo sea media rarita, pero de ahí a tener que lidiar con estos tíos que la verdad hasta miedo dan, no, definitivamente no. ¡Maldición! En este momento odio la tecnología más que a nada en el mundo, no espera, odio más al bastardo que subió un video mío a la web, y no cualquiera, sino uno en donde bailo y me encuero como toda una zorra, por suerte no se ve mi rostro y gracias al cielo en la fiesta no paso a mayores porque llego Ángela y me saco rápido de allí, de lo contrario toda la universidad iba a tener una primera plana de este inmaculado cuerpecito y eso sí que no me lo perdonaría, porque este cuerpito que Dios me dió, se está guardando para el momento indicado, para esa persona especial que con sólo verla me hará sentir segura, ese hombre que con cada momento juntos me impulsara a anhelar estar más cerca de las estrellas. Sí, ya sé, súper cursi, pero oigan, una chica tiene derecho a soñar con su príncipe azul y su final de "vivieron felices y comieron perdices", y yo no soy la excepción a la regla, yo también quiero ese "para siempre" cómo promesa eterna.

Bueno, volviendo al tema del video, tengo que encontrar al maldito perro que lo subió y obligarlo a que lo quite de la red y destruya todas las posibles copias que tenga, o de lo contrario estaré en graves problemas si me llegan a reconocer las autoridades de la universidad, mi nombre quedaría por los suelos —¡Oh sí!, ya me lo imagino…, de aquí a unos diez años en medio de una consulta, un paciente me reconoce, y no precisamente por ser una de las caras más prominentes de la medicina moderna, sino por haberme visto en unas de esas páginas de porno amateur recomendadas por su hijo adolescente, ¡Dios eso sería catastrófico! —.

— Bells…, Bells, ¿qué haces parada como tonta en medio de un pasillo, cuando me tienes esperándote en la cafetería hace veinte minutos?

— Nada, simplemente pensando que catastrófica podría llegar a ser mi vida.

— ¡Que rayos! ¿Acaso por falta de bebidas empezaste a consumir alcohol etílico o qué? Porque si es así, dímelo ya para ir escondiendo el que tengo en el botiquín del baño.

— Ángela cariño, gracias, la verdad nunca me di cuenta de lo buena amiga que eres…, no sé qué sería de mi sin ti.

— Bellita el sarcasmo no queda bien en ti, ya te lo había dicho, así que ignorare ese comentario, aunque no podría estar más de acuerdo, yo tampoco sé donde irías a parar tú sin mi estilo, sin mi carisma, sin mi inteligencia, sin mi…

— Ok, ok, ya está bien, mejor acompáñame a la biblioteca que quiero retirar unos libros que pedí.

—...Sin mi humor, sin mi insólita belleza, sin mi sociabilidad, en fin, la lista es larga y puede extenderse hasta el infinito, por las cualidades, capacidades y talentos que pusieron en la receta cuando me prepararon en el hornito de mi mami.

— ¡Oh por todos los cielos! ¿Qué te hace pensar que quiero saber cuál fue el método de tu concepción?

— ¡Oye! Yo tampoco quiero hablar de la vida sexual de mis padres, pero has de reconocer que les quede perfecta, creo que un día les preguntare cual fue la posición escogida…, ya sabes el perrito, el misionero, la carretilla, no sé tal vez inventaron una nueva, puedo necesitarla en un futuro para hacer otra creación perfecta.

— ¿Por qué cada vez que hablo contigo termino discutiendo sobre sexo?

— En realidad, tratábamos sobre mis virtudes y el cómo devinieron en mí, yo no tengo la culpa de que tengas una mente tan cochina y sucia, amiga. ¡En fin! entre una de tantas de la lista, dije que soy altamente sociable, ¿no?, pues bien, esa sociabilidad me llevo a encontrar a la rata que estas buscando.

— ¿Enserio? Es la mejor noticia que me pudiste haber dado.

— ¿Ves? Y luego te quejas que no soy buena amiga y que no me preocupo por ti.

— ¡Gracias Angie! Ahora dime quién es y dónde vive, que ese imbécil tiene un encuentro cercano con mi puño.

—No, no, no, no estás yendo muy deprisa señorita y así no puedes pensar, justamente por no pensar es que estas metida en este problema.

— ¿Qué quieres decir con eso, que no me vas a dar sus datos? Te lo advierto Ángela Weber, si no me ayudas con esto puedes ir considerando dejar de llamarte mi amiga.

— Tranquila Bella, tranquila, yo no he dicho eso, no me malinterpretes, a lo que quería llegar es que antes de atacar hay que conocer bien al enemigo, no puedes subestimarlo, tienes que saber cuáles son sus puntos débiles para obtener la victoria.

— ¡Oh! Perdón..., creo que me deje llevar, pero, ¿qué propones?

— No es que lo pensara mucho ni nada, pero tú bien sabes lo rápido que se me da esto de hacer de genio malvado, y se me ocurrió que tienes que conocer en íntimo a tu filmador y cuando digo íntimo, quiero decir intimo…, bueno ni tanto, la cuestión es que tanto tú cómo toda la universidad tienen que ver las penurias y que conste que me lo dijo una fuente cien por cien confiable: Mike Newton, alias el susodicho.

— ¡¿Qué, estás loca o qué? ¿De dónde sacas que yo le quiero ver el amiguito a ese tal Newton?

— Cariño, no es que quieras, sino que tengas y más si de eso depende tu futuro como una respetada médica, a menos de que prefieras trabajar vía webcam como bailarina erótica, si es así no hay ningún problema, sabes que siempre te apoyare en lo que decidas, nada mas avísame con tiempo para ir preparándote la ropa de stripper, ¿sí?

— ¡Maldición! Si lo pones así…, está bien, dime de una vez que mierda tengo que hacer.

— Muy bien, esa es la actitud. Nuestro objetivo, como ya te lo dije se llama Mike, tiene 19 años y también es de primer año, se atrasó un año por no sé qué problemas, es un rubito fanfarrón con complejo de "yo lo sé todo", todo un filósofo cuando está como en Cuba, es soltero y está desesperado por encontrar su otra mitad y ahí es donde apareces tú. No te pido que seas su media naranja, pero puedes ser una muy dulce mandarina, mira incluso ya conseguí una copia de sus horarios de clases, no hay nada que pueda salir mal en "Seduciendo en Líneas Enemigas", con mi mente maléfica al mando y tu cuerpo como carne de tiburones, ya lo logramos.

— ¿Por qué será que no creo que todo sea tan fácil y bonito como tú lo pintas?

— Bueno…, es que… ¿te acuerdas del refrán ese que dice que para remediar grandes males se necesitan grandes sacrificios?, pues aquí es perfectamente aplicable. Tú sacrificio será tener que gustarle a Newton, cosa que no será muy difícil con el culo que te cargas, te insertaras en su círculo, te convertirás en su amiga, le harás creer que estás interesada en él y luego cuando este confiadito comiendo de la palma de tu mano, nos deshacemos de tu video, grabamos sus miserias y un primer plano de su cara, lo subimos en el sitio oficial de la universidad y ¡taran!, tendremos un nuevo "Suicidio Social". ¿Y qué me dices, lo hacemos...?

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Gracias a mi Beta Diana Méndez "TheDC1809", nena gracias por el esfuerzo para que esto saliera bien.


Aquí les dejo el primer capítulo de esta historia, ¿Qué tal, les gusto?. Espero sus opiniones.

Nos vemos, hasta la próxima.