Gema corrompida

capítulo 2: Hora de comer.

Era el segundo día de Peridot como una Crystal Gem. Y ella no podía acostumbrarse a eso, apenas podía hacerse a la idea. Claro, las chicas aún no confiaban en la gema del Planeta Madre, Perla no dejaba de vigilarla, esperando a un sólo error para hacerla trizas y meterla en una burbuja.

Amatista también desconfiaba, pero se lo tomaba con más relajación. Y Steven, él sólo quería que su nueva amiga se integrara. Así que el niño tomó a Amatista, tomó a Peridot y salieron al puesto de papas fritas. Peridot no sabía ni a dónde la llevaban, ni siquiera estaba tan familiarizada con el concepto "comer".

—¡Queremos las sobras!— exclamó Steven frente a la ventanilla.

—¡Las sobras! ¡las sobras!— gritó Amatista, dando golpes al mostrador.

Peridot los vio con extrañeza. Sabía que estaban buscando comida, pero parecían animales hambrientos, rogando por una limosna, desde su perspectiva, claro. El niño tras el mostrador suspiró con frustración.

—Steven ¿alguna vez pedirás algo del menú?— por su tono, parecía que había pasado por eso cientos de veces. Peridot lo compadeció un poco.

—Por favor, Peedee.— dijo Steven, sabiendo que siempre obtendría lo que venía a pedir.

—Sí, como sea.— se dedicó a servirle al otro niño un par de ordenes de lo que le pedía y se lo entregó—. Que tengas buen día, Steven.

—Oh, espera, Peedee.— comenzó a decir Steven, jalando a Peridot del brazo, acercándola para que fuera visible para su amigo—. Quiero una orden más para mi nueva amiga. — dijo con mucha alegría.

—Eh... Ah, sí, claro.— respondió, nervioso al verla. La reconocía, era la chica que estuvo espiando la noche anterior junto con Ronaldo. Sólo esperaba que ella no lo reconociera a él.

—Ni creas que voy a llevarme... esa comida a la boca.— le dijo Peridot a Steven, con desprecio.

—Vamos, Peridot, sé que te gustará.— trató de animarla el mitad humano, recibiendo la orden de Peedee.

—Espera un momento.— Peridot analizó al niño rubio tras el mostrador. Peedee tragó saliva, sintiendo el impulso de retroceder; sabía que las amigas de Steven eran peligrosas y la nueva no se veía para nada agradable—. ¡Tú eres uno de los humanos que estaba husmeando en el templo!

Ella jaló a Peedee del cabello, le golpeó la cara contra el mostrador, dejándolo inmovilizado. Peedee gritó. Amatista comenzó a reír a carcajadas.

—¡Steeeeven!— suplicó por ayuda.

—¡Peridot, suéltalo!— se interpuso Steven, haciendo que la gema soltara al niño de mala gana.

Peedee temblaba del susto y Peridot no hacía más que dirigirle una mirada asesina.

—Creo que debemos mejorar tus relaciones con los humanos.— dijo el niño mitad gema, rascándose la nuca.

—¿Yo? ¿relacionarme con esos seres inferiores?— habló despectivamente, entrecerrando los ojos—. Debes estar bromeando.

—Señorita, no fue mi intención estarla espiando.— se disculpó el niño rubio, completamente asustado.

—Claro que no, seguro es culpa de tu hermano el raro.— comentó Amatista, tragando su comida y la de Peridot también. Ella miró a la gema verde—. No te vayas a acercar a Ronaldo, ese tipo es un chiflado.

—No te lo discuto.— secundó Peedee.

—Oigan, Ronaldo no es tan malo.— lo defendió Steven, pero él apenas se lo creía.

—No le temo a ningún humano.— habló, arrogante.

—¡Pero sí le temes a la comida!— exclamó Amatista, arrebatándole las sobras a Steven cuando éste apenas iba a probarlas.

—Yo no le temo a la comida.— se molestó, viendo cómo Amatista la miraba con una enorme sonrisa malévola—. ¿Qué?

—Je, je, je.— se reía Amatista, con la comida estrujada entre sus manos, acercándose paso a paso a la gema del Planeta Madre.

—¡Ni se te ocurra!— retrocedió un par de pasos, percatándose de las intenciones de la Crystal Gem.

—¡Ahhhh!— Amatista corrió hacia Peridot para meterle a la fuerza esa comida por la boca, y Peridot salió huyendo como si su vida dependiera de ello.

—¡Chicas, no me dejen!— gritó Steven, a punto de seguirlas.

—Espera, Steven.— lo detuvo Peedee, Steven se giró para escuchar lo que su amigo tenía que decir—. No vuelvas a traer a esa chica a este negocio.— le habló con mucha seriedad. Claro, porque esa chica gema estaba loca, ¡lo había golpeado!

—¡Pero, Peedee!— se entristeció Steven. No era la primera vez que los vetaban de un lugar, pero Peridot recién llegaba, no era justo. Steven escuchó los gritos de sus amigas, sabiendo que tenía que ir con ellas—. Lo discutiremos más tarde. ¡Nos vemos, Peedee!— y salió corriendo hacia Peridot y Amatista.

Peedee resopló. Steven era su amigo, pero nunca iba a entender a su familia del todo.

—¿Qué fue todo ese escándalo, Peedee?— preguntó Ronaldo a su hermano menor, acercándose a él. El mayor iba medio distraído entre trapear el piso y textear en su celular.

—La nueva amiga de Steven estuvo aquí y...

—¡¿La verde?!— tomó a Peedee de los hombros, mirándolo de frente. Peedee se llevó un susto.

—Creo que no debí habértelo mencionado.— habló con cierto grado de fastidio, ya sabía cómo iba a terminar esto.

—¡¿En dónde se encuentra ahora?!— preguntó, casi desesperado, sacudiendo al menor con fuerza.

—Creo que fueron a la playa.— respondió, al tiempo en que su hermano se apartaba de él—. ¡Ni creas que te voy a dejar ir para que tomes fotos para tu blog! ¡tenemos mucho trabajo aquí!— se molestó, tomando el trapeador y tendiéndolo hacia su hermano.

—¡Tal vez no tenga otra oportunidad! ¡debo ir a buscarla!— hizo caso omiso a las ordenes de su hermano y salió, con dificultad, por la ventanilla, cruzando por encima del mostrador para salir—. ¡Tengo que hacerle unas preguntas para mi blog!— corrió rumbo a la playa, en donde provenían los ruidos de una pelea.

—Pudiste haber usado por lo menos la puerta.— musitó Peedee, resignado. Roció agua en el mostrador, lo limpió con un trapo y después tomó el trapeador para limpiar el suelo él solo—. ¿Por qué siempre tengo que ser el único responsable?

En la playa, sobre la arena, Amatista estaba sobre Peridot, la gema verde estaba tumbada en el suelo, atada con el látigo de la otra gema. La gema de larga cabellera intentaba, como podía, meterle la comida a Peridot por la boca, pero la gema del Planeta Madre se resistía fervientemente.

—¡Amatista, basta ya! ¡no deberías obligarla!— gritó Steven, casi lloriqueando.

—¿Qué pasa, Peridot? ¿acaso una gema del Planeta Madre no puede con unas sucias, grasosas y poco sanas papas fritas?— habló con sorna la Crystal Gem, con una gran sonrisa malvada.

Peridot tenía los labios prácticamente sellados, apartando su rostro lo más que podía de esa asquerosa comida humana. Amatista, con crueldad, trató de abrirle la boca por la fuerza, pero Peridot estaba empeñada a no tragar nada.

—¡Ahí está!— exclamó Ronaldo, llegando al lugar, captando la atención de Steven. Amatista y Peridot, en su forcejeo, no se dieron cuenta de su llegada.

—¿Ronaldo?— Steven se giró hacia él, extrañado por verlo ahí. Se tardó en saludarlo, ya que estaba más preocupado por su nueva amiga Peridot—. Ey, hola Ronaldo ¿qué haces?— le preguntó con inocencia.

—Steven ¿por qué no me has presentado a tu nueva amiga?— se acercó a ambas gemas, que peleaban en el suelo (Peridot a duras penas lograba defenderse), Ronaldo se preparó para tomar una fotografía—. Será buen material para mi blog.

—Oh, vete de aquí.— se molestó Amatista cuando la cámara hizo flash. Ronaldo no le hizo caso y sólo siguió tomando fotos con su celular.

—¿Puedo hacerle unas preguntas a la señorita extraterrestre?— se acercó aún más a ambas, se agachó para ver a Peridot más de cerca; ésta estaba inmovilizada por Amatista que yacía sobre ella—. ¿Vino usted de una nave espacial?

Peridot alzó la mirada para verlo. Ese debía ser ese tal Ronaldo del que le habían hablado, y en efecto reconocía que él era el que la estaba observando la noche anterior. Él era tan desagradable como cualquier humano, incluso más por su aparente bajo coeficiente intelectual al hacer una pregunta tan lógica. Literalmente, Peridot llegó en una nave espacial.

—¿Acaso fue abandonada por su especie?— le preguntó él a ella, sonriendo de la emoción. Peridot le dirigió una mueca de disgusto—. ¿Acaso vienen a robarse el ganado?

—¿Qué?— esa última pregunta había sido tan estúpida que no pudo haberse quedado callada.

—¡Ja, ja, ja! ¡Te tengo!— gritó Amatista, que aprovechó la contestación de Peridot para introducirle las sobras de papas fritas en la boca. Gracias a Ronaldo, Peridot ahora estaba atascada de comida desagradable—. ¡Bien hecho, ricitos! ¡dame esos cinco!— celebró la gema morada a Ronaldo, chocando las manos con él, aunque él no estaba seguro de la razón.

—¡Perfecto! ¡Ahora podré estudiar cómo reacciona un aparato digestivo extraterrestre con la comida terrícola! ¿Tienes aparato digestivo?— le preguntó directamente a la atormentada gema del Planeta Madre, el chico estaba tomando nota en su libreta.

Peridot estaba enfurecida, aún atada con el látigo de Amatista, se retorció lo suficiente como para quitarse de un aventón a la molesta Crystal Tonta que tenía encima. Se irguió hacia Ronaldo y le escupió la comida encima, ella no tragó nada e hizo una sonrisa burlesca.

—Grosera.— vocalizó, limpiándose las migajas de la cara, pero sin molestarse mucho realmente. Pero que no se molestara no significaba que no iba a tomar venganza—. Me preguntó cómo reacciona la piel marciana ante los líquidos.— le dijo con malicia.

—¡¿Marciana?!— exclamó con irritación, evidentemente ella no provenía de Marte, ella no era una marciana. Ronaldo lo sabía, había tantos planetas en el universo que era poco probable que ella fuera de Marte, pero la había querido hacer enfadar... y había funcionado.

—¡Oye, esa es una buena idea!— dijo Amatista, cargando a Peridot, que seguía cruelmente atada y la llevó hasta el agua de la playa.

—¡Amatista, detente!— quiso intervenir Steven, pero Amatista no se iba a detener.

—¡Bájame! ¡Tú, cosa!— gruñó Peridot, Amatista sonrió.

—De acuerdo.— y la soltó para que fuera llevada por las olas del mar.

Amatista estaba orgullosa de lo que había hecho, Steven estaba casi al borde del llanto y Ronaldo lo estaba grabando todo en caso de alguna reacción química. Pero no pasó nada. El agua ni siquiera era profunda.

—No debí dejarla tan cerca de la orilla.— se reprochó Amatista.

Las olas se habían llevado a Peridot y de la misma forma la habían regresado a la orilla. La gema del Planeta Madre escupió arena y miró a todos con un profundo odio. Extrañamente ella se había mojado el cuerpo mas su cabeza no se empapó.

—Ohh. Yo quería que se mojara la cabeza para ver si lo que lleva ahí es cabello.— se lamentó Ronaldo.

—No te preocupes, yo me encargo.— le dijo Amatista, divertida y decidida. Tomó a Peridot y se dispuso a sumergirla de cabeza.

¡No!— gritó la gema del Planeta Madre, hastiada. Como pudo se quitó ese molesto látigo que la retenía, se puso de pie con la máxima dignidad posible y siguió gritando—. ¡No más torturas! ¡no más pruebas! ¡y no más preguntas estúpidas!

—Me pregunto cómo reaccionará al dolor...— pensó Ronaldo en voz baja.

Y como si se tratara de una orden, Amatista tomó el brazo de Peridot y lo mordió con fuerza.

—¡Waaaa!— se quejó Peridot ante semejante mordida. ¡¿Y ahora por qué tanto bullyng hacia su persona?! Dado los acontecimientos de los últimos minutos, sólo había un culpable—. ¡Tú!— exclamó Peridot, señalando a Ronaldo—. ¡Es tu culpa!

—¿Yo?— se sorprendió, haciéndose el total inocente—. Pero si ella fue la que te mordió.

—¡Porque siguió tu sugerencia!— exclamó con sumo enfado—. ¡Ahhh! ¡No quiero que vuelvas a acercarte a mí!

—Pero ¿puedo hacerte una pregunta más?— rogó, haciendo una expresión inocente.

—¡No!

—¿Es usted una ecologista?— preguntó de todos modos. La pregunta fue basada en ese extraño tono de piel verde, y aún así no tenía sentido.

Amatista comenzó a reír a carcajadas, Steven tampoco pudo resistir el reírse un poco. Peridot no podía creer semejante... pedazo de... ¡pregunta idiota!

—¡Se acabó! ¡Me largo!— les dio la espalda y caminó por la arena de regreso al templo.

—¡Pero, Peridot! ¡aún no te muestro el resto de la ciudad!— Steven se apresuró a seguirla, comenzando a caminar a su lado, tratando de hacerla desistir.

—No aguantas nada, Peridot.— le dijo Amatista, alcanzando a los dos.

Los tres se fueron dejando solo a Ronaldo, que se sintió repentinamente ignorado. No le extrañaba, las gemas eran así con las personas. Esa misteriosa chica huía ahora, pero la volvería a encontrar, completaría su investigación respecto a ella, estaba seguro.

—¡No puedes ocultarme la verdad por siempre, mujer extraterrestre!— le gritó, sabiendo que ella escuchaba.

Peridot resistió el deseo de regresar y volarle la cabeza de un disparo, pero no lo haría; ahora que era una Crystal Gem, dentro de lo que cabe, no podía hacer ese tipo de cosas.

Llegaron a la casa de Steven, entraron por la puerta. Perla estaba esperando, con una cara de desconfianza.

—¿Cómo les fue?— le preguntó al pequeño niño, en el fondo tratando de encontrar alguna conducta mala de parte de la gema del Planeta Madre.

—Pues... no lo sé. Creo que a Peridot le costará trabajo acostumbrarse a los humanos... y Amatista no dejaba de molestarla.— se giró a ver a la mencionada.

—¡Hubieras visto, Perla! ¡La pobre Peridot no dejaba de llorar!— se burló la traviesa gema.

—Eso no es verdad.— se indignó la gema verde, hastiada de todo el asunto.

—¿Qué fue lo que sucedió?— indagó Perla.

—Quería que Peridot comiera y...— comenzó a decir Steven, pero fue interrumpido.

—Ugh ¿trataron de hacerla comer?— dijo Perla, con asco.

—Exacto, y no entiendo por qué.— respondió Peridot—. Para las gemas comer es inútil.

—Además de que es tan asquerosa.— Perla tuvo un escalofrío—. De tan sólo imaginar de qué están hechos esos alimentos, en especial la comida chatarra, es tan antihigiénica.

—Sin mencionar las altas cantidades de grasa.

—¿Cómo alguien podría soportar pasar por ese proceso?

—Pensar en esa masa atravesando mi cuerpo es tan repugnante.

Perla y Peridot se miraron un segundo, después apartaron la mirada, estando molestas de nuevo, eliminando ese mínimo instante de simpatía que tuvieron entre sí. Perla entró a su habitación y Peridot se sentó en el sofá, aburrida.

—Tienen algo en común.— susurró Steven a Amatista, sintiéndose emocionado.

—Cállate.— le respondió Amatista, dándole un pequeño empujón. Pero si las comparaban, realmente hasta su actitud en esta situación era algo similar—. Creo que es cierto.


aquí un capítulo más :3

en el capítulo anterior me preguntaban si este fanfic era un RonaldoxPeridot, y mi respuesta es que... es obvio.
Mas no quiero que trate sólo de eso, quiero explorar las relaciones que tienen con los demás personajes.

Me alegra que les haya gustado mi fic, espero seguir recibiendo sus reviews :)
y espero apurarme y subir el siguiente capítulo pronto xD