Gema corrompida

capítulo 5: En el parque de diversiones.

Ya empezaba a atardecer, Connie debería llegar a casa antes de las 10, tenían tiempo suficiente para unas horas de diversión en el lugar más divertido del mundo, ¡el parque de diversiones! Si bien a Steven le habían prohibido la entrada varias veces, esta era una de esas semanas en la que el señor Sonrisas estaba de buen humor. Mientras no ocurriera algún desastre, todo estaría bien. ¿Qué podría salir mal?

Connie, Steven, Ronaldo y Peridot entraron al parque de diversiones. Vendían todo tipo de comida, hamburguesas, hot dogs, algodón de azúcar, churros, pizza, hasta mariscos, sólo un parque de diversiones al lado del mar podría tener su propio puesto de mariscos. La música de feria sonaba fuerte y contagiosa y las luces eran muchas, aunque aún no había anochecido. Para Peridot todo era completamente abrumador.

—¿Recuerdas cuando nos conocimos, Connie?— habló Steven, con una gran sonrisa, a la niña—. Este es uno de los primeros lugares a los que vinimos.

—Sí, y terminamos en el fondo del mar.— contestó la niña con una media sonrisa. Ahora parecía divertido.

—¿En qué clase de situación extraña se conocieron ustedes dos?— preguntó Peridot, curiosa por su conversación y la situación inusual que habían mencionado. Los niños no respondieron, sólo se rieron entre sí.

—Subamos a un juego que no dé tantas vueltas. No quiero repetir lo que me pasó en las tazas voladoras.— habló Steven.

—¿Qué te sucedió en las tazas voladoras?— preguntó Connie, alzando las cejas.

—Es un poco vergonzoso.— Steven bajó la mirada—. Tardaron mucho tiempo en las reparaciones.

Connie se rió.

—Hay que ir al carrusel, a menos de que eso dé muchas vueltas para ti.— sugirió la niña, tomando la mano de su amigo.

—¡Vamos, Peridot!— llamó Steven a la gema.

—Yo no voy a acompañarlos a subir a alguna de esas cosas.— se cruzó de brazos, haciendo un berrinche.

—Muy bien. Cuida de ella, Ronaldo.— le dijo Steven al chico que estaba al lado de la gema, después de esto el niño se fue corriendo hacia al carrusel tomado de la mano de su amiga.

—Creo que nos quedamos solos.— le dijo Ronaldo a Peridot.

—Ughhh.— ella se quejó con fastidio, dio la vuelta y caminó hacia ningún lugar, tratando de pasar entre la multitud que estaba en el parque.

—Espérame.— caminó junto a ella, aunque ésta trató de acelerar el paso—. No querrás perderte aquí, ¿o sí?

—Yo sé dónde queda el templo.— dijo sin mirarlo, aún avanzando.

Caminó derecho hacia la salida, pero no alcanzó ni a acercarse, el señor Sonrisas la detuvo mucho antes de llegar.

—Niña, tú eres la nueva amiga de Steven, ¿no es así? ¿No quieres probar el tiro al blanco?— señaló el juego, mostrando una gran sonrisa. Peridot miró con desconfianza.

—No, ella no quiere.— intervino Ronaldo, jalando a Peridot para llevarla a otra parte. Le habló a la gema en voz baja—. No le hagas caso, quiere engañarte porque eres nueva, esos juegos siempre están arreglados.

—¡Vamos, chicos! ¡No le tendrán miedo a la derrota ¿o sí?!— los quiso animar el señor Sonrisas.

—¿Qué acaba de decir?— se giró ella, empezando a regresar, enfurecida.

—Ay, no.— se preocupó Ronaldo.

—¡¿Dónde hay que disparar?!— gruñó, formando su arma en el brazo derecho.

—¡Con eso no, Peridot!— Ronaldo la hizo bajar su arma y en cambio le entregó un rifle de juguete.

—¡Atínale al blanco y ganarás un premio!— exclamó el señor Sonrisas—. Un dolar el intento.— extendió el brazo para recibir el dinero.

—¡¿Un dolar?! ¡Esa es una estafa!— se quejó Ronaldo.

—Vamos, ¿no quieres complacer a tu amiguita?— el señor le dio un codazo al chico.

Ronaldo miró a Peridot, ésta lo miraba con una mueca de disgusto.

—Bien, tengo que cuidar que ella no se moleste e intente matar a alguien.— aceptó, dando el dinero.

Peridot disparó y, naturalmente, falló.

—¡¿Qué?! ¡¿Cómo es posible?! ¡Esta cosa no sirve!— se quejó ella con enfado.

—Te dije que estaba arreglado.— repuso Ronaldo, con soberbia—. Deja te muestro cómo se hace.

Pagó un dolar más, lo intentó y no lo logró. Con enfado volvió a intentarlo unas tres o cuatro veces más, sin éxito.

—Ya he perdido el interés en esto.— habló Peridot—. Tú mismo lo dijiste, esto es una estafa y no hay forma de que...

—¡Lo conseguí!— gritó de repente— ¿Ves? Es sólo cuestión de técnica.

—Claro.— dijo con sarcasmo.

—Escoge un premio.— dijo el señor Sonrisas, señalando los múltiples juguetes que tenía al rededor.

—¡El koala! ¡el koala!— exclamó el chico, señalando un peluche que estaba ahí colgado.

El señor Sonrisas le entregó el juguete a Ronaldo, éste se veía muy emocionado por recibir su premio.

—Toma.— le entregó el peluche a Peridot.

—¿Por qué un koala?— ella sostuvo el juguete de una extremidad, analizándolo detenidamente. El peluche era tan pequeño como la palma de una mano.

Connie y Steven se acercaron en ese momento.

—¿Se están divirtiendo?— preguntó Connie.

—¡Ah!— Steven dio un respingo, señalando el koala con sorpresa—. ¡Le regalaste un peluche a Peridot!

—¡Oh! ¡qué tierno!— chilló Connie, emocionada.

—No fue nada.— dijo Ronaldo con modestia.

Steven se acercó a Peridot y la abrazó.

—¿Segura que no quieres subir a un juego mecánico?

—Estoy completamente segura.— dijo la gema con irritación.

—¿Ni siquiera en la montaña rusa?— trató de animarla Ronaldo.

—¿Montaña... rusa?— preguntó con extrañeza ante tan raro nombre.

—El más grande que está allá.— señaló Connie.

El juego era básicamente unas vías suspendidas en el aire, con unos asientos que subían a los más alto para después precipitarse hacia abajo y volver a empezar.

—No subiré.— declaró, frunciendo el ceño.

—¿Acaso tienes miedo?— dijo Ronaldo.

—No voy a caer en eso otra vez. No voy a subir a ninguna de esas maquinas de entretenimiento humano.

El sol ya se empezaba a ocultar, los niños siguieron divirtiéndose mientras que Ronaldo siguió siguiendo a Peridot a todas partes. Al cabo de un tiempo, Steven volvió a insistir.

—Vamos, Peridot, sólo a un juego.— la jalaba Steven, pero Peridot no se movía—. Vamos, si quieres yo me subiré contigo.

—Eso me desmotiva mucho más, Steven.— contestó la gema, ya harta de escucharlo.

—Sólo a uno, Peridot, por favor.— rogó Connie—. Vamos, ya anocheció.— ella vio a todas direcciones, tratando de encontrar un lugar en donde le gustaría estar la gema—. ¡Tengo una idea! ¡la rueda de la fortuna! ¡tienes que subir ahí! ¡en serio, no te arrepentirás!— suplicó con ferviente insistencia.

—¡No!

—¡Apóyame, Steven! ¡vamos!— Connie le pidió ayuda a su amigo.

—¡A la rueda de la fortuna, Peridot!— Steven empujó a la gema, con tanta fuerza que la terminó haciendo tropezar.

—¡Ay! ¡está bien! ¡sólo dejen de molestar!— rugió, poniéndose de pie.

Connie y Steven soltaron unas risitas.

—¿Qué esperas, Ronaldo? No pienso subir a esa cosa yo sola.— habló la gema con brusquedad, llevándose a Ronaldo con ella.

Peridot y Ronaldo subieron a esa... rueda de la fortuna. Peridot aún llevaba cargando, de mala gana, ese condenado koala de peluche, ya que los niños no le habían permitido soltarlo. Una vez en el juego, Peridot seguía con mucha desconfianza, la tecnología humana era completamente ¡inútil! Confiar en algo fabricado por ellos era ridículo.

Ya había oscurecido completamente. Desde la cima de ese juego mecánico, todos se veían muy pequeños, incluso Connie y Steven se veían aún más pequeños mientras corrían de un lado a otro, decidiendo a qué juego ir. Al estar tan lejos del suelo, la música ya no sonaba tan fuerte, de hecho, se sentía más relajante y la brisa a esas alturas era casi placentera. La rueda giraba sobre sí misma, llevando a los pasajeros de abajo hacia arriba una y otra vez.

La gente se emocionó cuando los fuegos artificiales empezaron a invadir el cielo nocturno.

—¿Qué son esas señales en el cielo? ¿acaso están atacando la Tierra?— preguntó la gema, con la mirada fija en las luces. Había visto cosas parecidas en el Planeta Madre, siempre eran señales de auxilio o algo similar. No es que le preocupara mucho que invadan la Tierra, tampoco es que diera mucho crédito a su teoría de un ataque, más bien quería saber qué finalidad tenían aquellas luces.

—No, sólo son fuegos artificiales. Se supone que es divertido.— le contestó Ronaldo, alzando la vista para ver la pirotecnia.

—¿Por qué sería divertido un montón de luces destellantes?— frunció el ceño y señaló el cielo con ambas manos robóticas—. Además, ¿que no tienen suficientes estrellas?

—A los humanos nos gustan estas cosas simples, ¿entiendes?

—Seguro se debe a que sus vidas son cortas y sin significado.— observó con mayor detenimiento aquellos fuegos artificiales, contemplando sus vividos y resplandecientes colores; había rosas, azules, rojos, verdes, blancos... amarillos. Peridot bajó la mirada, comenzando a juguetear con su koala de peluche que estaba en sus manos—. Esos fuegos artificiales... ¿no hacen daño? ¿o sí?

—Pues siempre me he preguntado si las chispas que caen pueden causarle un daño a alguien.— llevó su mano hacia su barbilla mientras comenzaba a pensar.

—... Yo me estaba preguntando lo mismo.— ella hizo una leve sonrisa, aún entretenida con su juguete, apretándolo, casi como si quisiera sacarle el relleno de algodón. Y en realidad era que ella se había sumergido en sus propios pensamientos.

Ronaldo la observó, sin decirle nada. Era muy extraño verla sonreír, aunque sea un poco, en especial si no era por algo maligno. Ella sonreía y él quería preguntarle el porqué de su sonrisa, pero por algún motivo era un poco más difícil que preguntarle sobre algo paranormal. Así que sólo dejó pasar un momento mientras la rueda de la fortuna seguía girando.

—¿Por qué se supone que es "divertido" los fuegos artificiales?— preguntó Peridot después de más de 30 segundos en silencio.

—¿Ehh?— regresó su mirada a ella, se había distraído viendo el paisaje—. Las luces son entretenidas, se ven hermosas, ¿no te parece?

Peridot volvió a ver las luces y cómo estas parecían caer sin tocar la tierra, eran como miles de estrellas, pero sin orden, sólo explotaban y caían. Ciertamente, se veía maravilloso, pero inquietante.

La rueda de la fortuna se detuvo.

—¡¿Qué pasó?!— exclamó Peridot, algo alterada, apegándose a su asiento.

—Nada. Tranquilízate, es normal, sólo vamos a estar aquí por un rato.

—Pero está muy alto.— se asomó para ver hacia abajo, no confiaba para nada en esa maquina circular.

—Y ni siquiera estamos aún hasta arriba, ¿acaso tienes miedo?— se burló, sonriendo con malicia.

—¡Claro que no! Evidentemente he estado en lugares más altos que aquí, es sólo que...— se giró para ver el mecanismo de ese juego. Realmente no confiaba—. ¿Qué tan seguro es esto?

—¡Es completamente seguro!— exclamó, confiado en lo que decía—. No ha habido un accidente aquí desde hace un par de semanas.

La rueda giró y ellos subieron un poco más alto. Peridot suspiró. Pasó un momento.

—Hace un rato... ¿por qué sonreíste?— se animó a preguntarle al fin, aunque tal vez la pregunta ahora no tenía caso.

—¿Lo hice?— lo miró, confundida y molesta.

—Sí, lo hiciste.— ahora se sintió un tonto por preguntar.

La rueda giró un poco más.

—Últimamente mi vida es un asco.— confesó la gema—. Pero ahora, dejando de lado los metros que me dividen del suelo y esta maquina de dudosa utilidad y seguridad, yo... yo por un momento me sentí en paz.

—¿Entonces sí te gusta la rueda de la fortuna?

—Es relajante...— jugueteó con su koala un poco más—. Por un momento sentí que yo no era prisionera aquí.

La rueda volvió a moverse, ellos quedaron hasta lo más alto.

—¿Sigues sintiéndote así?

—Es lo que soy.— dijo con amargura, apretando el juguete con sus dedos—. Si no fuera por Steven, las Crystal Gems se hubieran deshecho de mí. Que yo sea parte del equipo no es verdad, sólo lo dicen para complacer a Steven. Nunca seré una de ellas y ellas jamás van a aceptarme.

—Peridot, si ellas no te aceptan por cómo eres ni por de dónde vienes entonces tal vez no valga la pena.— le dijo con mucha seriedad.

—No es tan simple.— habló en un tono casi de agresión, frunciendo el ceño—. Esta es una situación en la que estoy obligada a encajar.

—Sí, he estado en ese tipo de situación.— apartó la mirada para ver hacia la nada, sin embargo Peridot volteó a mirarlo a él—. He tenido que tratar con ese tipo de personas toda la vida. No puedes convencer a todos, a veces no puedes convencer a nadie, van a querer oprimirte y desaprobarán todo lo que hagas. Si he aprendido algo sobre las Crystal Gems es que son muy cerradas en sus propias ideas, desconfían de lo que no conocen, por ello te tratan como prisionera; si realmente quieres encajar, esfuérzate por hacerlo, pero si ellas siguen sin entender entonces no valen la pena.

—Ojalá fuera tan simple como lo haces parecer.— volvió su vista a los fuegos artificiales, al tiempo en que la rueda volvía a moverse—. Ojalá tuviera más opciones. Desearía no haber venido a la Tierra en primer lugar.

—¿Extrañas tanto tu hogar?

—Allá está mi vida, no aquí.— bajó la mirada hacia su peluche—. Este lugar es muy primitivo en comparación, es tan pequeño y cerrado, es tan... simple.

Faltaba muy poco para bajar del juego, la rueda de la fortuna dio unas vueltas más. Peridot se animó de un momento a otro.

—¿Sabes qué? ¡Tienes razón! ¡Yo no necesito que las Crystal Tontas me acepten! Ni siquiera soy una de ellas, ¿ellas no me quieren? ¡bien, yo tampoco las quiero! No necesito su aprobación ni aceptación, por ahora sólo me basta con que no quieran destruirme. Que piensen lo que quieran de mí, ¡sólo que no se metan en mi camino!

—Me alegra haberte animado.— dijo Ronaldo, orgulloso de su buena acción.

—Eres un poco sabio para ser una criatura de bajo intelecto, humano.— dijo ella, con una sonrisa superficial. Después miró hacia abajo, disgustada—. ¡¿Hasta cuándo vamos a estar montados en esta cosa?!

—Ya vamos a bajar.

—¡Vamos muy lento!— en un movimiento brusco que hizo ella, su koala de peluche salió volando del asiento, cayendo en el suelo, lejos de ahí. Lo había perdido—. Ups.

—¡Tu koala!— se escandalizó Ronaldo, buscándolo con la mirada en donde probablemente había caído, pero había tanta gente que no lo encontraba.

Bajaron del juego finalmente, Peridot se sintió bien de finalmente estar en tierra firme. Ronaldo seguía angustiado por el peluche.

—Te conseguiré otro.— dijo con determinación.

—No es necesario.— contestó la gema, rodando los ojos.

—¡¿No es necesario?!— exclamó él, indignado—. ¡Pero era un koala! ¡Un KOALA!

—¿Qué tienes con los koalas?— le preguntó con extrañeza.

—No lo entenderías.— respondió con seriedad, con un gesto sombrío.

Peridot volvió a rodar los ojos. Todo esto era tan banal.

—¡Peridot! ¡Ronaldo!— gritó Steven, que se acercaba corriendo junto con Connie, quien sostenía un algodón de azúcar—. ¡Lo atrapé!— mostró en alto el peluche, dejando a Peridot sin palabras.

—¡El koala!— exclamó Ronaldo, aliviado.

—Oh, fantástico, creí que no volvería a verlo.— dijo Peridot con sarcasmo, tomando el juguete que le entregaba Steven.

Estuvieron en el parque un tiempo más, Peridot no subió a más juegos, pero los niños no paraban de ir de un sitio a otro, hasta que se cansaron. Era hora de ir a casa.

Steven bostezó mientras caía dormido en la parte trasera de la camioneta de Greg, Connie se acurrucó al lado de su amigo y pronto quedó dormida junto a él.

—Parece que se divirtieron mucho esta noche.— comentó Greg, viendo a los niños y después dirigiéndose a Ronaldo—. Gracias por cuidarlos.

—Sí, ellos necesitaban vigilancia y no podía dejarlos solos con esta gema.— dijo, señalando a Peridot, sintiéndose un poco avergonzado por la gratitud de un adulto.

—Gracias por cuidar a Peridot también.— volvió a agradecer Greg. Peridot se cruzó de brazos, tratando de ser indiferente a esa conversación. Greg echó una mirada al cielo nocturno—. Oh, vaya, ya es muy tarde. Será mejor que lleve a Connie a su casa.— se giró para tomar a Steven en sus brazos, después volvió a dirigirse a Ronaldo—. ¿Podrías llevar a mi hijo y a Peridot al templo? A las gemas no les gusta que Steven esté fuera de la cama después de su hora de dormir.

—¿Qué?... Eh, yo...— recibió a Steven, teniendo que cargarlo—. Está bien, los llevaré.

—Adiós, Connie.— se despidió un medio dormido Steven, alzando un poco la mano hacia su amiga. Connie bostezó.

—Adiós, Steven.— contestó la niña, estirándose en un intento de permanecer despierta.

Greg llevó a Connie a su hogar. Ronaldo y Peridot caminaron por la playa de regreso al templo, con Steven ya completamente dormido.

—Está realmente pesado.— comentó Ronaldo, después de llevar cargando a Steven por casi dos minutos.

—Dámelo a mí.— sugirió Peridot, Ronaldo le pasó al niño y la gema lo cargó. Ella podía sentir la respiración tranquila del niño y cómo casi le babeaba la espalda. No entendía cómo una gema necesitaba dormir, aunque fuera un mitad humano.

Finalmente llegaron a la entrada de la casa de Steven. Había que separarse.

—Nos vemos mañana, creo.— comenzó a despedirse Ronaldo, sintiéndose incomodo por algún motivo.

—Como siempre, no tengo opción.— dijo la gema, abriendo la puerta para entrar.

—¡Oh, espera!— le mostró el koala de peluche. Peridot hizo una mueca de disgusto—. No olvides tu Koala.

—Gracias.— lo tomó de mala gana con su mano libre.

—Sí... adiós.— retrocedió para irse, sin despegar su vista de la gema.

—Sí... Fue divertido.— dijo, entró a la casa y cerró la puerta de un portazo.

Ronaldo se sonrojó, sonrió y se fue. Realmente había sido divertido.

Peridot llevó a Steven a su cama, trató de acostarlo, fue difícil porque el niño se negaba a dejar de envolverle el cuello con sus brazos, él estaba muy apegado. Ella hizo lo que pudo para zafarse, lo acomodó finalmente. Fijó su vista en la ventana, observando cómo Ronaldo se alejaba a la distancia.

Llevó su vista a la puerta del templo, preguntándose si las Crystal Gems se encontraban adentro. Peridot ya tenía una habitación propia en el templo, podría entrar cuando quisiera pero... ¿lo haría?

Se percató de que su koala de juguete permanecía en la cama de Steven, justo al lado del niño que ahora dormía. No sabía mucho de estas cosas, pero los juguetes eran sólo para niños humanos, por ello Steven tenía muchos en su habitación. A Peridot no le interesaba conservar ese koala, así que lo tomó y lo arrojó, cayendo éste al sofá.

Ella bajó, sin hacer mucho ruido, caminó hasta la puerta del templo, pero se detuvo antes de llegar. Suspiró profundamente, dando un vistazo a la cama de Steven, cerciorándose de que aún dormía. Entonces activó el portal.

Fue trasladada hacia otra parte del mundo, un lugar donde estaba una antigua nave de gemas. Ya había estado en ese lugar antes, ahí había tendido una trampa a las Crystal Gems hace tiempo, pero las cosas habían salido mal y tuvo que huir. Ahora ellas no podrían saber que seguía frecuentando ese lugar, Peridot había saboteado su forma de rastrearla cada vez que usaba el portal. Las Crystal Gems no tenían forma de saber que, a veces, por las noches, la gema del Planeta Madre se escapaba para ir a aquella antigua y abandonada nave.

Entró dentro, las viejas y poco eficientes luces aclararon vagamente el sitio en esa nave antigua. Peridot se paró firme.

—He logrado infiltrarme en su templo con éxito.— habló en voz alta—. Y he descubierto que en la habitación de Garnet es donde guardan a las gemas encapsuladas. He logrado recuperar algunos robonoides, pronto la Distorsión Galáctica estará lista para que viajes de regreso al Planeta Madre.

—¿Y qué hay de ella?— habló con un profundo rencor aquella que se ocultaba en las sombras—. ¡¿Qué hay de Lapis?!

—Aún no se ha regenerado.— respondió Peridot, sin mucho interés en el tema.

De las sombras salió Jaspe, con una expresión furiosa. Cuando Malachite fue destruida, las Crystal Gems sólo habían encontrado la gema de Lapislázuli, a Jaspe jamás la encontraron; resultaba que Peridot la había escondido y la había llevado a la antigua nave.

—¿Y Rose Cuarzo no sospecha nada?

—Te recuerdo que se trata del hijo de Rose Cuarzo.— dijo Peridot, rodando los ojos.

—Tonterías. No puedo creer que Rose recurriera a algo tan repugnante— dijo Jaspe con asco—. Tú sólo encárgate de la Distorsión Galáctica y de obtener información. Gánate la confianza de esas tontas y así podremos vengarnos de todo lo que nos han hecho pasar.

—¡No es tan simple!— gritó Peridot con fastidio—. ¡Es una tortura tener que soportarlas todos los días!

—¡Deja de quejarte!— amenazó Jaspe, golpeando con su puño un punto en la pared—. ¡Y yo tengo que estar encerrada aquí, eso no es mucho mejor! ¡Sólo concéntrate en la misión! ¡No dejes que esas tontas te corrompan!

—Eso sería imposible, ¡quiero destruirlas tanto o más que tú!

—Hay que tener paciencia, cuando termine todo esto yo personalmente llevaré a Rose Cuarzo ante Diamante Amarillo, y en cuanto a Lapis... ¡yo misma me encargaré de hacerla pagar por TODO lo que me hizo!

—Ya te dije que se trata del hijo de Rose, no de Rose.— Peridot cruzó sus brazos, harta de tanta ignorancia.

—No hay de qué preocuparse, ¡Diamante Amarillo la hará salir!— exclamó Jaspe con maldad para después estallar en crueles carcajadas.

Y nadie sospechaba nada.


¿Qué? pensaban que iba a hacer a Peridot buena así porque sí? ¡Claro que no! Así no trabaja mi mente, qué clase de escritora creen que soy? jajaja

Me encantan los parques de diversiones, aquí donde vivo los llamamos "feria" Algo así como "Oye, vamos a la feria" o "Oye, ¿te divertiste en la feria?" jaja
Debo decir que en la escena de la rueda de la fortuna, yo estaba pensando en un capítulo de Los Jóvenes Titanes

Espero que les haya gustado el capítulo, me encanta el recibimiento que ha tenido este fic.

Además, hoy se acaba el hiatus, ¿no es genial?
Me iré a ver el nuevo capítulo de Steven Universe ¡yay!

ya, ya

¿reviews?