Gema corrompida
capítulo 13: La mansión del terror.
—¡No puedo creerlo!— gritó Jenny, exasperada—. Estaban en una habitación, juntos, completamente solos ¡y no lo besaste!
—¡Cállate, Jenny!— le gritó Peridot, enfadada—. ¡Ya te dije que yo NO iba a besarlo! Además en ese momento ni siquiera me acordé.
—¿Lo dices en serio?— se extrañó la adolescente, alzando una ceja.
—Lo digo muy en serio. Supongo que estaba pensando en otra cosa, y aunque haya querido besarlo, lo cual no fue así, yo sólo no pensé en eso al estar con él.
Ambas se encontraban sentadas en una banca en un centro comercial, obviamente no en Ciudad Playa (ni de broma esa ciudad tan pequeña tiene un centro comercial), habían viajado a una ciudad vecina para pasear e ir de compras; Jenny había invitado a Peridot y ésta aceptó sin darle muchas vueltas. En el fondo la gema quería conversar de esto con la chica.
—¿Entonces qué es lo que hicieron tanto tiempo encerrados en el faro?
—¡¿Qué más íbamos a hacer?! Sólo reorganizamos unos archivos de las clases de espectros existentes, después vimos una serie y luego jugamos videojuegos hasta que anocheció y yo tuve que regresar al templo.
—Ambos son unos nerds.— Jenny se cruzó de brazos, molesta, segundos después se sonrojó y se cubrió la cara con ambos manos—. ¡Kyya! ¡Son el uno para el otro!
Peridot se sonrojó, bajó la mirada y jugueteó con sus dedos de forma nerviosa. Sí, Ronaldo parecía hecho específicamente para ella. Realmente ya sentía que debían permanecer juntos. Como Lisa y Archimicarus. Como Percy y Pierre. Son los mejores el uno para el otro. Pero también era verdad que ni siquiera se le cruzó por la cabeza el intentar besarlo, solamente cuando estaba con él el tiempo volaba y era feliz. Tan sólo...
—Entonces será así, no apresurarán las cosas. Tan sólo es cuestión de tiempo, de todos modos.— dijo Jenny al fin, relajándose. Al poco rato volteó de un lado a otro en busca de los chicos—. ¿En dónde se metieron Buck y Crema Agria?
—Dijeron que iban a los videojuegos.
—¡¿Qué?! Pero si tenemos videojuegos también en Ciudad Playa. ¡Agh! ¡hombres! ¿ahora quién cargará mis cosas?
—Ni siquiera has comprado algo.— dijo Peridot con amargura.
—¡Nunca es muy tarde!— Jenny se puso de pie de un salto, tomó a Peridot de la mano y se la llevó a ver las tiendas.
Caminaban viendo de reojo los escaparates, buscando una tienda que le gustara a Jenny. A Jenny le llamó la atención una tienda en especifico, dado a que ya la habían pasado, regresó unos pasos atrás, arrastrando a Peridot consigo.
—¿Qué tal aquí?— Jenny miró a Peridot, sonriéndole de forma burlona y su tono de voz también dejaba en claro que no hablaba en serio.
—¿Ah?— Peridot analizó la tienda y leyó los anuncios tras la vitrina que ponían las ofertas y el nombre del producto—. ¿Qué es lencería?
—¡Ja, ja, ja! ¡Estoy bromeando! ¡No te lo tomes tan en serio!— Jenny le dio un codazo a Peridot, lo cual la disgustó. Jenny siguió su camino, llevándose a Peridot de la mano. La gema insistió.
—¿Qué es lencería?
—Oh por dios, realmente no sabes.— Jenny cambió su tono de voz a uno más serio. Ambas entraron a una tienda de vestidos—. Como sea. ¿Te gustan los vestidos? A mí me gustan los vestidos. Aquí son un poco caros, pero me encanta mirar y soñar que puedo comprarme uno.— le susurró entre risitas.
—Eso es muy tonto.
—Sí, pero es muy divertido.— Jenny sonrió enormemente mientras tomaba un muy lindo vestido plateado y se lo llevaba al probador para probárselo. Salió con el vestido puesto—. ¡Es perfecto! Juro que ahorraré mucho para pagarlo, juro que volveré por él.
—Sí.— Peridot sólo alzó el pulgar en señal de aprobación, actitud que había aprendido por culpa de Garnet.
—Sé que tú no tienes dinero pero... podrías intentar probarte algo.
Peridot miró a su alrededor, ubicó unas gafas oscuras que le llamaron mucho la atención, las tomó y se las puso. Jenny se le quedó mirando de forma extraña.
—¡Ja, ja, ja!— se rió la adolescente. Peridot sonrió.
Después de que Jenny comprara unos zapatos en una tienda mucho más económica, ambas fueron a comprar helados; Jenny comió helado de chocolate y Peridot logró probar, dubitativa, su helado de vainilla (era nueva en esto de comer, terrible le fue un día en que finalmente fue convencida por Steven y Amatista para comer por primera vez; no había comido nada más desde entonces). Llegaron al arcade donde Buck y Crema Agria jugaban un videojuego de carreras de auto. Crema Agria iba ganando.
—¡Sí, volví a vencerte!— exclamó Crema Agria, victorioso.
—Ya no tengo más monedas.— comentó Buck, apartándose del juego, llevando sus manos a los bolsillos. Fue ahí cuando notó que las chicas se acercaban.
—Ey, ¿por qué nos abandonaron?— les preguntó Jenny, fingiendo estar molesta.
—No tenía ánimos de... estar cargando tus compras.— le contestó Buck.
—¡Sólo por eso, las cargas!— Jenny le lanzó la bolsa con sus compras, Buck las atrapó y miró a la chica con amargura.
—Oye, Peridot, te reto a un juego de King of Fighters.— le dijo Crema Agria a la pequeña verde—. Tengo una moneda extra para ti.
—¿Me estás retando a mí? ¡Lo pagarás!— Peridot se apresuró a seguir a Crema Agria a un juego. Jenny y Buck los siguieron.
—Él me ganó siete veces.— dijo Buck, recargando su mano en el hombro de Peridot—... Véngame.— habló en tono terrorífico.
—Eso haré.— respondió la gema en tono malicioso.
Para jugar Peridot escogió a los personajes llamados Chang, Billy y Whip; por su parte Crema Agria escogió a Kula, Shermie y Ralf. La derrota fue aplastante para Crema Agria cuando Peridot aplicó el truco más antiguo y efectivo de todos: oprimir todos los botones.
—¡Eso no es justo!— dijo Crema.
—Pero gané, ¡y es lo que importa! ¡ja, ja, ja!— rió con fuerza la gema.
—¡Dame esos cinco!— dijo Jenny, chocando las manos con Peridot.
—He sido vengado, ahora puedo descansar en paz.— dijo Buck.
Y no dejaron de molestar a Crema Agria hasta que se encontraron regresando a Ciudad Playa, era un viaje de una media hora en auto. Mientras conversaban de dónde irían la próxima vez, Jenny decidió volver a insistir en un tema.
—¿Y cuándo tendrás una cita con Ronaldo? ¿eh, Peridot?— habló Jenny mientras conducía, sonriendo con malicia.
—Si te refieres a salir a algún lugar, déjame decir que mañana saldremos a una misión muy importante.
—No me digas.
—¡Capturaremos zombies!
—Wow. Eso suena muy aterrador.— dijo Crema Agria.
—¿Quieren acompañarnos?
—Nahh, eso no es lo nuestro.— dijo Jenny—. Además, creo que es mejor si están ustedes solos. Je, je.
—No estaremos solos.— Peridot cruzó sus brazos, no queriendo seguirle el juego a su amiga.
—Ah, llevarán a Steven.— dedujo Jenny.
—Y a Lars y a Sadie también.
—¡Ja, ja! ¿Lars capturando zombies? ¡Por favor!— se rió Jenny—. Ya nos contarás cómo termina todo eso. Pero dudo mucho que encuentren algo.
—Quisiera ir.— se dijo Buck en voz baja.
.
Al día siguiente, Peridot y Steven fueron al faro, al igual que Lars y Sadie; Ronaldo los estaba esperando. Ya estaban preparados para irse de expedición a las afueras de la ciudad, en donde habría una mansión abandonada que supuestamente albergaba unos zombies. Ronaldo les dio a cada uno sus armas, Steven recibió un martillo, Sadie un bate de béisbol, Lars llevaba un hacha; Peridot llevó su propia arma, una espada que le había pedido prestada a Perla (la espada le recordaba a una katana que utiliza una chica en una serie de zombies) aunque Peridot no tenía ni idea de cómo usarla.
—Ahora, dejemos esto claro.— les habló Ronaldo seriamente—. En estas situaciones siempre alguien es mordido, generalmente el que no es protagonista. Así que cuiden sus extremidades, porque si los muerden se las tendremos que amputar. Lars será el encargado de eso.
—¿Pero qué dices?— se quejó Lars.
—Tú llevas el hacha.— le aclaró Ronaldo. Lars gruñó de fastidio—. Bien, ¡¿están listos para enfrentarse a la muerte?!
—¡Sí!— gritaron Steven, Peridot y Sadie a la vez.
—Saben que esto es una estupidez, ¿verdad?— dijo Lars, encogido de hombros, con una expresión incrédula—. Los zombies ni siquiera son reales.
—Nunca has visto uno, Lars, así que cállate y deja de molestar.— lo regañó Peridot.
—Vamos, Lars, será divertido.— le dijo Sadie. Lars se resignó de mala gana.
—Vamos, club del horror, tenemos trabajo que hacer.— les ordenó Ronaldo.
—¿Desde cuándo somos oficialmente un club?— dijo Lars. Sadie le dio un codazo.
Los cinco se dirigieron a las afueras de la ciudad, se fueron caminando, tampoco quedaba tan lejos. Al llegar comprobaron fácilmente que la mansión era muy aterradora por sí sola, aún aunque no tenga zombies.
—¿Estás seguro de que no vive nadie aquí?— preguntó Sadie, insegura.
—Este lugar está abandonado desde hace un par de décadas. Se dice que los dueños murieron en un incendio.— les dijo Ronaldo.
—Oye, eso es perturbador.— dijo Lars.
—¿Sabes? Creo que cambié de idea.— dijo Steven, dando un paso hacia atrás.
—¡Ya no hay retorno ahora, Steven!— le dijo Peridot—. ¡Yo quiero ver a los zombies!
—Entonces, ¿qué esperamos?— dijo Sadie, tomando la iniciativa, caminando hacia la puerta de la mansión, los demás la siguieron.
—Espera, Sadie.— Lars se apresuró a alcanzarla, llegó a su lado, decidido a permanecer junto a ella.
Una vez dentro, todo se vio oscuro, les llegaba el olor a polvo y humedad. Tal como había dicho Ronaldo, las paredes mostraban señales de haber experimentado un incendio hace muchos años. Había arañas y ratas por doquier, había grietas y cristales oscurecidos por el paso del tiempo. Ruidos extraños provenientes del segundo piso.
—¿Qué fue eso?— preguntó Steven.
—Tenemos que ir a averiguar.— dijo Ronaldo.
—No nos vamos a dividir, ¿verdad?— dijo Lars con temor.
—Claro que no, esa siempre es la peor idea. Si nos separamos moriremos uno por uno. Permaneceremos juntos.— Ronaldo encendió una lampara y Sadie hizo lo mismo.
Todos avanzaron hacia los escalones para subir al segundo piso, aquel lugar donde escuchaban los ruidos.
Se escuchaban terribles chillidos y rasguños. Ahora los escépticos no podían negar que realmente había algo en esa casa, fuera lo que fuese, parecía hambrienta.
—Aún podemos regresar. — dijo Peridot, acobardándose finalmente. Ya habían terminado de subir las escaleras, ahora se encontraban en un inmenso pasillo lleno de puertas.
—No digas tonterías, Peridot, ya estamos aquí.— le dijo Ronaldo.
Un par de gruñidos provenientes de muy cerca los alarmaron.
—Yo apoyo a Peridot.— dijo Steven.
—Yo igual.— dijo Sadie, ocultándose tras Peridot.
—Muy bien, ¿nos largamos ya?— Lars sintió un escalofrío e imitó a Sadie al esconderse tras de Peridot.
—Está bien, váyanse, yo investigaré por mi cuenta. Vaya equipo que resultaron ser.— Ronaldo se fue, decepcionado y molesto, entró a una de las habitaciones, dejando a los demás.
—Ronaldo, ¡espera! ¡Aghh!— Peridot dio saltitos en su lugar. Sin saber qué hacer fue a abrir la puerta por la que había entrado Ronaldo, pero esa habitación estaba vacía y en las paredes habían un par de puertas más—. Por mis estrellas, ¿por dónde se fue?
—Debemos encontrarlo.— dijo Steven, poniéndose al lado de Peridot.
—Oh, no. Ni loco pasaré por eso de nuevo. No voy a arriesgarme para salvar a ese perdedor.— dijo Lars.
—Lars, ¿cómo puedes ser así? Él solía ser tu amigo.— dijo Sadie, molestándose con él.
—¡Eso fue cuando eramos niños, maldita sea! ¡Dejen de recordarmelo!— Lars corrió hacia las escaleras, enojado y queriendo escapar del lugar.
—¡Lars!— gritó Sadie—. ¡No puedo creerlo!
—Sadie, ve con él.— dijo Peridot.
—¿Qué?
—¿Piensas dejarlo andar solo por este lugar? ¡Lo atraparían!
Más gruñidos se escucharon entre las habitaciones. Sadie retrocedió un paso.
—Está bien, me encargaré de que no lo maten. Y... Peridot, encuentra a Ronaldo. Dile que lo siento.
—Lo haré.
Sadie se fue a perseguir a Lars. Steven y Peridot quedaron solos. Ambos encararon al par de puertas que tenían enfrente. Los gruñidos se seguían escuchando, se oía como algo arrastrándose dentro de cualquiera de ambas puertas, no estaban seguros de cuál.
—¿Nos separamos? Tú a la izquierda y yo a la derecha.— sugirió Steven.
—¡No!— chilló Peridot, como si fuera algo lógico—. Recuerda lo que dijo Ronaldo, si nos dividimos moriremos uno por uno.
—Creo que estamos muy divididos ya.— reflexionó el niño.
—No quiero estar sola.— susurró la gema, paralizada del terror.
—Muy bien, entonces...
—Manos.— Peridot alzó la mano y Steven se la tomó—. Esto fue una mala idea, esto fue una terrible idea. ¡Yo ya no quiero ver a los zombies, Steven!
Ambos entraron a la puerta derecha, tomados de la mano porque a Peridot le da miedo. Sin saber que Ronaldo se había ido por la puerta izquierda.
—Debí saber que esto pasaría.— murmuraba Ronaldo, molesto, caminando en un extenso pasillo lleno de retratos viejos y telarañas, logrando ver en la oscuridad con ayuda de una lámpara—. No entiendo ni por qué me molesto. Yo siempre he hecho esto solo, no los necesito, si tienen tanto miedo pueden irse y ya. Después de todo seguro no tienen lo que se necesita para enfrentar a estas criaturas, no pueden estar tan cualificados como yo, que llevo toda la vida investigando, viendo esas películas y series una y otra vez. Y Peridot es sólo una novata, cree que todo es un juego, seguramente ya salió huyendo como siempre lo hace.
Ronaldo se detuvo un segundo y miró hacia atrás, la oscuridad era más de lo que su lámpara podía iluminar. Regresó su vista al frente y siguió caminando. Realmente había querido que Peridot lo acompañara en ese momento. Aún esperaba que lo siguiera.
Esa mansión era más grande de lo que se ve por fuera, Ronaldo se encontró entre dos caminos y no supo si tomar el de la izquierda o el de la derecha. Ya estaba confundido, ya ni recordaba cómo regresar.
Lars bajó las largas escaleras, Sadie lo perseguía por detrás, gritándole que era un cobarde pero Lars no escuchaba, nunca escucha.
—¡¿Cuál fue el punto, entonces, Lars?!— le gritó Sadie, ya habiendo bajado las escaleras. Lars se dirigía a la salida—. Si te cae tan mal Ronaldo, ¡¿por qué viniste en primer lugar?!
Lars se sonrojó un poco, la volteó a ver, enojado. Parecía indignado.
—¡Dime tú por qué viniste aquí si ni siquiera crees en todo esto!— le gritó.
—¡Por favor, Lars! ¡Somos amigos de Steven! ¡sabemos que cosas muy locas suelen pasar cuando estamos cerca de él! ¡esto de aquí no es nada! ¡Pero no me importa! ¡Quise acompañar a Ronaldo porque pensé que sería divertido! ¡porque quiero ser buena amiga a diferencia de ti!
—¡¿Qué estás diciendo?!
—¡¿Que qué estoy diciendo?! ¡Estoy diciendo que así como tratas a Ronaldo es como me tratas a mí!
—¡¿Qué?! Yo no creo que seas una perdedora.
—¡No se trata de eso! ¡¿no lo entiendes?! No sé mucho al respecto, pero por lo que vi aquella vez, ustedes dos eran buenos amigos.
—¡Sólo eramos niños y era una tontería!
—¡Heriste sus sentimientos! ¡y eres bastante evidente! ¡te heriste a ti mismo también! ¡Realmente lo sientes pero eres demasiado orgulloso como para reconocerlo y disculparte! ¡Siempre actúas así! ¡incluso conmigo! ¡Ya ha pasado un año desde aquella vez pero jamás hablamos al respecto! ¡es como si quisieras olvidar que pasó, pero sucedió! ¡¿Cómo crees que me siento yo con eso?! ¡¿realmente no significó nada?!— Sadie se limpió las lágrimas de los ojos y miró a Lars con coraje—. Pero yo no soy como Ronaldo. Yo soy lo suficientemente tonta como para seguir esperando algo bueno de ti, ¡pero ya me cansé! ¡me cansé hace mucho!
—Sadie...
Un ruido más se escuchó, pero este era diferente a los anteriores; este no era un gruñido, ¡era un verdadero rugido! Fue tan fuerte que hizo temblar las paredes de la mansión. A diferencia de los ruidos de antes que provenían del segundo piso, el fuerte rugido parecía provenir del sótano. La mansión se agitó demasiado, como si sufriera de un terremoto. Los muros se agrietaron, algunos cristales se rompieron, los retratos se cayeron de las paredes. El suelo se hacía pedazos.
—¡Ahhh!— gritó Lars cuando el suelo que pisaba se agrietó y se rompió, provocando que el adolescente cayera hacia el sótano. El lugar de donde provenía el rugido monstruoso.
—¡Lars!— gritó Sadie, pero era tarde. Lars se había ido.
Sadie... ¡Sadie no era ninguna cobarde! La chica rápidamente buscó una forma de bajar al sótano.
Mientras tanto...
—¡¿Qué fue eso?!— gritó Peridot, sosteniéndose en Steven. Asustada por el temblor en la casa y ese terrible rugido.
—No lo sé, pero suena a algo grande.— dijo Steven.
Los chillidos de antes se volvieron a escuchar, esta vez con más frecuencia, como si el rugido los hubiera alarmado.
Ronaldo iba solo, completamente perdido, apuntando con su lámpara a todas partes. Ya se empezaba a preocupar por los demás, deseó que ya se hubieran ido porque aquel rugido sonaba muy peligroso.
Abrió la puerta que le dirigió a una enorme habitación de muebles viejos y rotos, con un gran ventanal con una cortina blanca meneándose junto al viento. Ronaldo revisó las cosas de aquel lugar, pero no había nada extraño. Cuando comenzó a dudar si encontraría algo, captó un movimiento y rápidamente lo buscó con la luz de su lámpara. Iluminó la ventana de la cortina, pero esta vez la cortina no se movía, de hecho lucía extraña, abultada e inmóvil.
Ronaldo se acercó a paso lento hacia la ventana, alzando su arma, que era un martillo (perfecto para darle en la cabeza a un zombie). Un chillido agudo sonó, provenía de la cortina, la cual se desprendió de la ventana. Era una enorme masa blanca que parecía querer abalanzarse hacia Ronaldo.
—¡Es un fantasma!— gritó Ronaldo. Esto era malo, él venía preparado para enfrentar zombies, no fantasmas. A un fantasma los golpes físicos no los dañan. Sólo quedaba ¡correr!
Sadie había bajado al sótano, el cual era húmedo y al hablar sonaba un espeluznante eco.
—¿Lars?— Lars, Lars, Lars, sonó el eco. Sadie sintió un escalofrío—. Lars, ¿dónde estás? Me estás asustando.
A sabiendas de que ahí abajo podría haber una bestia mucho más peligrosa de la que había allá arriba, Sadie caminó con cuidado por el suelo lleno de piedras, madera y objetos rotos. En un paso rompió un espejo que estaba tirado en el suelo. Casi resbala con un charco de agua. Se adentró en esas penumbras y sintió mucho miedo, pero tenía que rescatar a Lars.
—Sadie.— la llamó Lars, con voz débil.
—¡Lars!— Sadie se encontró a Lars tirado en el suelo, sobre él habían algunos escombros.
Sadie se apresuró a revisar que Lars estuviera bien, pero sólo había recibido algunos rasguños. Lo ayudó a ponerse de pie.
—Rápido, hay que salir de aquí.— le dijo Sadie, sosteniéndolo con fuerza.
El fuerte rugido volvió a sonar, estremeciendo una vez más la mansión, y como Lars y Sadie se encontraban muy cerca, tuvieron que cubrirse los oídos ya que era casi insoportable. Después del rugido, un ruido diferente captó la atención de Sadie. La chica fijó su vista a lo que parecía un armario, pero el armario no paraba de agitarse, sus puertas no dejaban de agitarse, como si algo estuviese atrapado ahí.
—Ni siquiera lo pienses, Sadie.— le dijo Lars.
Sadie apuntó su lampara al armario, la luz se vio reflejada con un pequeño destello. Sadie quedó con la boca abierta.
—Lars, creo que ya sé lo que es.— se separó del chico y alzó su bate de béisbol.
—¡Sadie! ¡no vayas a abrir esa puerta!— le advirtió Lars, sin moverse de su lugar. Sadie ya había llegado hasta el armario.
—No, Lars, estoy segura de que se la vi. Esta cosa tiene una gema. Es uno de esos monstruos que captura la familia de Steven.
—¡¿Y qué piensas hacer?! ¡¿crees que puedes vencerlo tú sola?!
—Hice eso una vez, ¿no lo recuerdas? Prepárate.
Lars sujetó la pequeña hacha que le había dado Ronaldo, Sadie sujetó muy fuerte su bate y acercó su mano para abrir la puerta. Apenas quitó el seguro y la puerta se abrió de golpe, el monstruo salió, rugiendo con fuerza. Era una criatura naranja, alargada y con una boca enorme, llevaba la gema en la frente. Sadie se preparó para atacar, pero la gema corrupta no le hizo el menor caso a los adolescentes, se arrastró a toda velocidad a la salida del sótano. Lars y Sadie se quedaron con los ojos muy abiertos, ¿y ahora qué?
El sonido de unas garras recorriendo toda la casa sonó por todo el sitio. Peridot y Steven, aterrados, se quedaron quietos en su lugar, esperando a que el ruido cesara o al menos averiguar de qué parte de la casa provenía.
—¡Fantasmaaaa!— gritaba Ronaldo, que llegó corriendo por el pasillo y pasó justo al lado de Peridot y Steven.
—¿Fantasma?— se dijo Steven, viendo a Ronaldo alejarse.
—¡Ja! ¡Sabía que eran fantasmas!— celebró Peridot, con una enorme sonrisa.
La extraña alegría de Peridot no duró mucho, ya que como Ronaldo había advertido, lo iba persiguiendo un fantasma. Una sabana enorme que flotaba y se acercaba a ellos a gran velocidad mientras chillaba como animal herido, o quizá una computadora descompuesta, era un rugido bastante extraño.
—Un segundo... reconozco ese sonido.— se dijo Steven.
No tuvo tiempo de pensar, había que salir corriendo porque ese fantasma los perseguía. El fantasma chillaba con más violencia aún, los perseguía haciendo un movimiento en zigzag, a veces hasta trepándose en las paredes.
Los dos corrían por el pasillo que parecía no tener fin hasta que de una puerta alguien los jaló y metió dentro de una habitación oscura, cerraron la puerta y esperaron a que el fantasma no los encontrara.
—¿Están bien?— les preguntó Ronaldo, quien los había rescatado.
—Te lo dije Ronaldo. Era más probable que esta mansión estuviera invadida de fantasmas y no de zombies, pero ¿me hiciste caso? ¡No!— le recriminó Peridot—. Ahora estamos atrapados sólo porque tú querías hacerte el valiente y venir por tu cuenta. ¡Debimos volver cuando aún podíamos!
—Sí, como sea. ¿Por qué siempre tienes la razón?— cruzó los brazos, molesto.
—¡Era lógica, Ronaldo!
—¿Pueden parar ustedes dos? Necesitamos encontrar la forma de salir de aquí.— les dijo Steven, siendo serio.
—Pregúntale a Peridot, tiene todas las respuestas.
—Me tienes envidia, ¡obviamente soy mejor para esto!
—Muy bien, si sabes exactamente lo que haces, ¿por qué no sales y te enfrentas al fantasma?
—¿Con qué? ¿con la espada que me prestó Perla? ¡No trajiste equipo para capturar fantasmas porque no me escuchaste!
—¡Deja de culparme! ¡tú eres la que quería ver los zombies!
—¡Porque dijiste que eran zombies! ¡no esperaba este fantasma!
—¡Chicos! ¡basta!— gritó Steven, cubriendo sus oídos, completamente irritado por los gritos de esos dos. Casi lo sacaban de quicio y eso en Steven es algo impensable—. ¡No creo que sean fantasmas!
Ronaldo y Peridot miraron al niño gema, luego se miraron entre ellos y después regresaron la mirada a Steven.
—¿Qué?— dijeron los dos.
Un gruñido se escuchó a sus espaldas, proveniente de esa misma habitación. Había unos muebles cubiertos con sábanas blancas, pero uno de ellos se levantó y emitió un gruñido que sonaba igual al que se encontraba afuera. Si no eran fantasmas, convenientemente se habían camuflado como tales. La criatura que parecía fantasma, pero no era fantasma según Steven, se acercó a ellos, extendiendo un par de brazos para poder atraparlos. Ellos gritaron.
—¡Tenemos que salir!— gritó Steven.
El niño abrió la puerta, ¡pero ahí afuera estaba esperándolos el otro fantasma! ¡Estaban atrapados entre los dos monstruos!
—¡Ahhhh!— gritó Sadie mientras se abalanzaba sobre la criatura que estaba fuera de la habitación. Logró empujarla y una vez sobre ese enorme ser, comenzó a golpearlo varias veces con su bate de béisbol—. ¡¿Qué esperan?! ¡salgan de ahí!— aunque sus ojos estaban fijos en la criatura, le gritaba a los tres que no dejaban de mirarla con asombro.
—¡Rápido! ¡vamos!— les gritó Lars desde el otro lado del pasillo; él había llegado junto a Sadie.
La criatura tiró a Sadie de un empujón, pero la chica se aferró a las sabanas y al caer provocó que descubriera a la criatura, revelando así a un monstruo de cinco ojos y seis piernas, con unos dientes grandes y redondos.
—¡Una gema mutante!— exclamó Steven, lamentándose de haber tenido razón en sus sospechas. Rápidamente se giró hacia el segundo "fantasma" y le quitó la sabana de encima, mostrando una criatura de cuatro brazos y una cabeza sin ojos pero con una lengua enorme—. ¡Oh, no! ¡Peridot!— llamó a la gema verde.
—¡¿Qué?!— respondió ella, ya queriendo salir del lugar.
—¡Dame la espada que te prestó Perla!— Peridot obedeció y le lanzó la espada al niño, Steven logró atraparla con la mano derecha—. No soy tan bueno como Connie, pero detendré a las gemas mutantes. ¡Salgan de aquí!— les ordenó.
—¡Síganme!— les gritó Lars, quien se fue hacia un pasillo, siendo seguido por Peridot y Ronaldo.
—Vamos, Sadie.— le dijo Steven a la chica.
Ella se sostenía con el bate, pronto se paró con firmeza y ambos se lanzaron a atacar.
Lars dirigió a Ronaldo y a Peridot hacia unas escaleras que aparecían al tirar de una cuerda en el techo, estas escaleras llevaban al ático de la mansión. Cuando subieron se apresuraron a subir las escaleras para que nada más entrara. El ático era enorme, como un gran salón, pero lleno de cajas y madera podrida. Los tres estaban agitados por haber tenido que correr tanto. Peridot miró a su alrededor.
—¿Por qué nos trajiste aquí? ¿por qué no nos llevaste a la salida?— interrogó Peridot a Lars.
—Oye, no tienes ni la menor idea de qué es lo que hay ahí abajo.
Sadie golpeaba a su oponente con el bate, pero esa cosa era realmente dura, pero lograba empujarla y en una logró darle en el ojo. Steven batallaba con su contrincante, que con sus brazos trataba de arrebatarle la espada.
—¡¿Qué son estas cosas?!— preguntó Sadie, esquivando muy apenas una mordida.
—¡Son gemas mutantes!— respondió Steven, sacando su escudo para usarlo a la vez con su espada.
—¡¿Cómo?!— Sadie tropezó y estuvo por ser golpeada, pero Steven se puso sobre ella y la protegió con su escudo.
—¡Son gemas obligadas a estar juntas! ¡son fusiones pero sus fusiones están mal! ¡las forzaron a ser así!
—¡Steven, eso es...— Sadie golpeó las piernas de la gema mutante con la que Steven estaba luchando antes, haciéndola caer—... terrible!
—¡No entiendo qué hacen aquí!— lanzó un ataque con la espada, pero esas gemas mutantes eran muy esquivas.
—Por cierto, tal vez no sea el mejor momento para decirlo pero...— la gema mutante le lanzó un golpe, Sadie lo esquivó y se le montó encima, comenzando a tratar de reventarlo al golpearlo con la punta del bate una y otra vez—. Había algo más en el sótano. No era una gema mutante, era más bien una de esas... ¡Oh, muérete ya!— le gritó al enemigo cuando éste comenzó a golpearse en la pared para quitársela de encima—. ¡Era una de esos monstruos que siempre combates!
—¡¿Una gema corrupta?!— se sorprendió el niño. En ese momento fue golpeado por la gema mutante.
Steven cayó al suelo y Sadie cayó a su lado, ambos habían sido derribados.
—¿Dónde se encuentra ahora?— preguntó el niño, ya cansado.
Sadie estaba a punto de responder que no sabía, pero el rugido volvió a escucharse, tan fuerte que rompió el cristal de todas las ventanas, de todos los espejos y todos los portaretratos del pasillo. La gema corrupta había lanzado una onda sonora directo a ellos. Ella se arrastraba por el pasillo a una velocidad impresionante, derribando todo a su paso. Era larga como serpiente pero con múltiples patas que le daban esa velocidad, su hocico era grande, adecuado para rugir, con cientos de dientes filosos como los de un tiburón. ¡Era terriblemente aterradora!
—¡Ahí viene!— gritó Sadie, abrazando a Steven con temor.
—¡Ahhh!— gritaron los dos.
En el ático el rugido casi no se escuchó (ya que la gema corrupta había concentrado el ruido en el pasillo) por extraño que parezca. Peridot, Ronaldo y Lars estaban sentados, recargados en la pared, sin saber qué esperar y preocupados por Steven y Sadie.
—Lo siento.— dijo Ronaldo a Peridot, algo avergonzado—. Debí haberte escuchado.
—Ya no importa, no eran fantasmas de todas formas.— dijo la gema, restándole importancia.
—No, pero... Tú sabes, lo siento.
—Hm... Está bien, acepto tus disculpas. Tan sólo... discúlpame a mí también, por haberte dejado solo.— se ruborizó y bajó la mirada, pero vio a Ronaldo de reojo, notando que él le sonreía, esto la hizo avergonzarse aún más—. ¡Sadie dice que también lo siente! Y estoy segura de que Steven también. También Lars lo siente, ¿cierto, Lars?
—¿Sentirlo? No estaríamos en esta situación si Ronaldo no nos hubiera traído aquí.— le dijo Lars. Peridot se molestó tanto que le arrojó en la cabeza un objeto contundente que tenía cerca.
—Déjalo, Peri, no vale la pena. Lars no siente nada.— dijo Ronaldo con frialdad.
Lars iba a reclamar algo, pero decidió callar, se cruzó de brazos y sólo emitió un gruñido de fastidio. No podía dejar de pensar en la discusión que tuvo con Sadie, no pudo evitar sentirse un poco mal al respecto, o más bien, se sentía muy mal al respecto. Cada que Lars se sentía mal con algo, simplemente ¡huía de ello! Siempre había sido así, desde el principio. Todo el tiempo sentía... miedo.
—Ronaldo.— lo llamó Lars. Ronaldo lo miró con confusión. Lars se sonrojó un poco, odiaba llamar la atención de esa manera—. Yo...
El suelo se abrió, rompiéndose en pedazos, al ático había subido abruptamente la gema corrupta, quien arrastraba consigo las dos gemas mutantes. La corrompida había atacado a las mutantes y en su lucha la corrupta saltó al techo, golpeando tan fuerte que lo atravesó.
—¡Ahhhh!— gritaron Peridot, Ronaldo y Lars al ver los monstruos entrar así al sitio.
—¡Chicos!— los llamó Steven, moviendo una mano. Él iba junto a Sadie, sujetados de la cola de la gema corrupta.
—¡¿Pero qué hacen?!— gritó Lars.
Steven y Sadie se bajaron de la corrompida de un salto, aterrizando cerca de los demás.
—Creo que ella quiere salvarnos.— dijo Steven a los demás.
Las gemas mutantes comenzaron a presionar a la gema corrompida, pero ésta capturó a una de ellas, envolviéndola en su cola, y comenzó a estrujarla en busca de reventarla.
—¡¿Qué hace esa gema corrompida aquí?!— exclamó Peridot, señalando con ambas manos lo que sucedía.
—Estaba atrapada en el sótano.— respondió Sadie.
—Eso lo explica.— dijo.
—¿De qué hablas?— preguntó Steven. Las tres criaturas continuaban luchando.
—¡Las gemas mutantes! ¡por eso están aquí! ¡buscaban a la gema!
—¿Por qué?
—Porque...— Peridot bajó la mirada, incomodándose—. Son gemas destruidas, Steven. Debieron quedar atrapadas aquí mientras buscaban a la gema corrupta y se debieron haber inquietado cuando tú y yo llegamos. Las gemas mutantes buscan sus partes perdidas, buscan completarse. Por eso quieren destruir a la gema corrupta, ellas buscan...
—¡Buscan hacerla pedazos!— dedujo el niño.
—Creo que Ronaldo tenía razón, aquí sí hay zombies.— dijo Peridot con desanimo.
—¡Tenemos que ayudarlas!— dijo el niño, a punto de ir a intervenir.
—¡No, Steven! ¡es demasiado peligroso!— Peridot lo detuvo, atrapándolo con los brazos—. Sólo dejemos que se destruyan entre ellas y estaremos a salvo.
—¡Ellas eran Crystal Gems, Peridot! ¡debo salvarlas!
—¡Pero...!
El rugido de la gema corrupta volvió a sonar, ella estaba siendo mordida en la cabeza por el par de mutantes, mordían muy cerca de su gema. La corrompida se retorcía, moviendo su largo cuerpo y sus pequeñas patas, emitiendo quejidos de dolor. Pronto las mutantes vencieron y la corrupta perdió su forma física, volviendo a su gema.
—¡No!— gritó Steven, viendo que, aún derrotada, las mutantes tomaban la gema de la corrupta y luchaban por obtenerla, ambas querían tener parte de ella—. ¡Déjenla tranquila!
—¡Steven!— gritaron todos al ver que Steven se dirigía hacia ellas.
Steven sacó su escudo y con él golpeó a ambos mutantes, ellos dejaron caer la gema de la corrupta y Steven la tomó.
—¡Steven, vuelve aquí! ¡ellas quieren tu gema también!— gritó Peridot.
Steven estaba por encapsular la gema de la corrupta, pero las mutantes se abalanzaron sobre él. Querían quitarle su gema. Steven hizo un escudo burbuja a su alrededor, librándose de las criaturas, pero lamentablemente se dio cuenta de que dejó a la gema de la corrupta caer y ahora estaba al merced de las mutantes.
—¡Noooo!— volvió a gritar el niño, desasiéndose de su escudo burbuja, pero ya era tarde, las mutantes habían puesto sus extremidades en la corrupta. Steven sólo pudo ver cómo la iban haciendo trizas poco a poco. El pequeño no pudo evitar llorar—... ¿Por qué?
—¡Steven!— Peridot se acercó a él, que estaba de rodillas en el suelo. Lo abrazó fuerte—. ¡Steven! ¡reacciona! ¡hay que irnos pronto de aquí!— empezó a sacudir al niño, pero él no dejaba de llorar.
—¡¿Por qué, Peridot?!— gritó—. ¡¿Por qué el Planeta Madre hizo estas cosas tan terribles a las Crystal Gems?!— señaló al par de mutantes que aún jugaban con los trozos de la corrupta destruida—. ¡Ellas eran amigas de mi madre! ¡¿cómo terminaron así?!
—Steven...— ella sintió un dolor fuerte en su interior, impidiéndole contestar. No debía contestarle.
Las mutantes se cansaron de la corrupta hecha trizas y se dirigieron hacia Peridot y Steven. El híbrido seguía sin volver en sí, Peridot lo apretó aún más en sus brazos.
Un fuerte golpe se escuchó en el techo, después otro más y al tercer golpe el techo se rompió, cayendo trozos de madera, revelando el cielo que ya estaba atardeciendo, pero algo más, una chica MUY enojada estaba volando por encima.
—¡Dejen a Steven TRANQUILO!— gritó con mucha fuerza Lapislázuli al tiempo en que formaba un par de enormes brazos de agua que utilizó para tomar a las dos gemas mutantes, las levantó de su lugar y sin piedad las golpeó contra todos los muros, destruyendo por completo la estructura de la parte superior de la mansión hasta que finalmente las mutantes reventaron.
—Esa es... no puede ser.— murmuró Lars.
—Es Lapis.— dijo Sadie.
Lapislázuli aterrizó frente a todos, victoriosa después de su entrada triunfal. Giró su cabeza, observando a Steven llorar en los brazos de Peridot.
—¿Te encuentras bien, Steven?— preguntó la gema azul con mucha preocupación.
—La... Lapis.— Steven se puso de pie y corrió hasta la gema para darle un fuerte abrazo.
—Gracias.— susurró Peridot, que aún se encontraba en el suelo (en lo que quedaba del suelo).
—No me agradezcas, te dije que permanecería cerca para cuidar de Steven, porque al parecer tú no tienes ni idea de cómo cuidarlo.
Peridot iba a reclamarle, pero no pudo. Vieron todos cómo Steven se apartaba de Lapis, caminaba hasta tomar a las dos gemas mutantes (ese par de pedazos de gemas pegadas) y después se dirigió a los trozos de gema de la corrupta. Las sostuvo a todas ellas sobre sus manos y volvió a llorar con más insistencia, dejando que los trozos se empaparan de sus lágrimas. Nada sucedió.
—¡Waaa!— sollozó Steven con fuerza, abrazando los restos de esas desafortunadas. Lapis llegó a su lado y lo abrazó, queriendo consolarlo.
Lars hizo una expresión extraña al mirarlos, más extraño se sintió cuando Sadie se recargó en él, ya que la rubia se sentía triste por lo que estaba pasando su amigo. Lars, sin estar seguro, imitó a Lapis y abrazó a Sadie, la cual se apegó más en él.
—¿Peridot?— la llamó Ronaldo.
Peridot se sobresaltó, apartó la mirada de Steven y Lapis y se giró para ver a Ronaldo. Él notó rápidamente las lágrimas de ella, jamás la había visto llorar.
—¿Estás bien?— preguntó, sintiendo un desconocido temor al verla sufrir.
—Ronaldo, yo...— dejó caer aún más lágrimas de sus ojos, se acercó a él para abrazarlo, él rápidamente la rodeó con sus brazos—. Yo no pensé que...— miró hacia Steven y cómo el niño lloraba sobre esas gemas—. Yo no quiero esto, yo no sabía. Tengo miedo, Ronnie, y me duele. Ya no quiero esto nunca más.
Lapislázuli recargó su frente en el cabello de Steven, sintiéndose muy mal por el dolor de su único amigo. Steven sufría intensamente. Lapis fijó su atención en Peridot, quien lloraba tanto como Steven, pero sin hacer tanto ruido. Ella parecía muy cercana a ese humano Ronaldo. Entonces, sintiendo la cercanía de Steven, recordó algo que le había dicho a Peridot la última vez que la vio.
A Peridot había preguntado "¿Cuál es tu motivo para quedarte?" pero ella no había sabido responder. A Peridot había dicho "Entonces es imposible que me entiendas, por ello no puedo confiar en ti. A menos de que tengas un motivo real para quedarte, siempre serás sospechosa"
Ahora, al ver a la gema del Planeta Madre comportarse de ese modo, Lapislázuli supo que ya tenía una respuesta. Al ver la cercanía que tenía con ese humano, al verla sufrir por el dolor ajeno. Lapis comenzó a entender.
Sólo hacía falta que Peridot tomase la decisión correcta.
Quien predijo que Lapis volvería estaba en lo correcto xD
Les diré, cuando escribí la parte de su llegada, estaba escuchando el tema de Wonder Woman de la película de Batman v Superman; escuchen esa música y lean la parte de Lapis y verán que es tan badass como ella.
Oigan, ¿soy la única que se ha quedado con ganas de que en el original se enfrenten una gema corrupta y una gema mutante ¡sería lo máximo! creo que ese deseo se vio reflejado en este capítulo. Amo desde el fondo de mi corazón escribir batallas en mis fanfics.
La escena en el centro comercial quería ponerla en el capítulo pasado, pero decidí que en el capítulo pasado no quedaba, pero a fuerzas quería meter esa escena, aún no la escribía, pero la había pensado desde casi el principio, sería lamentable desecharla. Quedó muy bien al inicio de este capítulo.
Bien, para que entiendan la historia, hay cosas que debo aclarar antes de continuar. Tomando en cuenta todo lo sucedido en el original, ya lo he decidido. En mi historia sí existe el Cluster, pero Peridot jamás le contó de ello a las Crystal Gems. En cambio, el Cluster fue detenido por Jasper (cuando ésta aún estaba en la Tierra). Jasper utilizó un método parecido al taladro que querían usar en el original (aunque al final en el original Steven terminó metiendo todo en una burbuja). Así que en mi fanfic el Cluster ya está destruido prácticamente, ya no es un peligro para la Tierra, las Crystal Gems nunca se enteraron, pero eso no significa que el tema del Cluster será dejado de lado. Ya he dicho anteriormente que la idea del "Cluster" será algo muy importante en mi fanfic, como ya he dicho, en mi historia un Cluster en la Tierra sería un problema para los planes de Diamante Amarillo.
No estoy del todo segura, pero si imaginamos que mi historia y el original avanzan paralelamente, en mi historia si el Cluster no hubiera sido detenido por Jasper, ya habría o estaría por emerger. De lo que sí estoy segura es que en mi fanfic el cumpleaños de Steven ya pasó hace mucho y no lo vimos xD
Por cierto, ¿quieren saber por qué Peridot estaba llorando al final de este capítulo? Quizá lo descubran en el capítulo siguiente. No puedo decir mucho, pero espero que el capítulo siguiente le guste a todos. Pronto iremos descubriendo por qué mi fanfic se llama "Gema corrompida"
Bien, ya me voy, tengo una torta qué comer.
¿Reviews? :3
