Gema corrompida

capítulo 14: Tortura.

Ya pasaba de la media noche en Ciudad Playa, las Crystal Gems estaban dentro de sus habitaciones, el pequeño Steven se encontraba durmiendo. No había testigos, lo cual era bueno, o quizá malo.

Peridot salió de la casa sigilosamente, nadie se encontraba en las calles, lo cual también era bueno, o quizá no. Ya no sabía por qué seguía con esto, quizá estaba demasiado asustada como para pensar de manera racional. Pero, ¿qué no estaba pensando de forma racional? al menos para los estándares del Planeta Madre sí. Pero, si ya no quería seguir con esto, ¿por qué lo seguía haciendo? Lo único que sabía es que estaba muy asustada.

Hoy era el día. O más bien noche, porque ya oscureció. El caso es que esa gema llegaría en unos minutos.

Jaspe había sido muy especifica cuando le envió ese mensaje hace una semana. Una gema iría a la Tierra. Aunque Peridot no sabía quién, hace unas horas había sido notificada de que llegaría, Peridot le dio las coordenadas de dónde debía aterrizar, no quería que las Crystal Gems la descubrieran si aterrizaba muy cerca del templo. Peridot llegó a las afueras de la ciudad, en una colina cerca del mar, oculta por los grandes árboles.

La gema estaba nerviosa. Jaspe había explicado que sólo sería "una visita rápida" la gema que llegaría haría sus asuntos y se iría de inmediato. Todo empezaría y terminaría esa noche, por ahora. Porque después de este pequeño paso en el plan de Jaspe, pronto llegaría la siguiente etapa del plan, pronto se acercarían al inminente final. Peridot sintió un escalofrío al imaginarlo. La primera vez que Jaspe le había mencionado el plan cuando este sólo era una idea, Peridot no pudo evitar sentirse un poco mal, ya que aunque en aquel tiempo aún era "mala" el plan de Jaspe era algo desquiciado; no podía creer que Diamante Amarillo lo hubiera aprobado.

Podía escuchar a los grillos y se preguntó si ellos no necesitaban dormir. Hacía viento y eso la empezaba a aterrar, era como un paisaje que vio en un videojuego donde venía un monstruo sin rostro y te atrapaba. Decidió ignorar los ruidos y los movimientos del bosque y alzó la mirada, viendo fijo a las estrellas. Podía ver su galaxia desde allí. Ya no sabía qué sentir respecto a su hogar, sólo pensarlo la hacía recordar todas las sensaciones que había sentido en la Tierra, había sentido mucho más de lo que alguna vez sintió en miles de años en el Planeta Madre.

Y en esos momentos, en la oscuridad de la noche, se sentía sola bajo el cielo estrellado en donde lograba ver el camino a su hogar. Tantas cosas había allá, no podía negar que extrañaba algunas, pero... ya no lo sentía como su casa, ya nunca más. Y en ese espacio donde se encontraba, aún con lo aterrador de la oscuridad, las luciérnagas flotaban como estrellas; Peridot se sentó en el césped para contemplarlas mientras esperaba. Incluso en la noche había vida. Ese sentir de vida no podía compararse a cualquier cosa artificial que te permiten sentir en el Planeta Madre.

Se puso de pie al notar que la nave se acercaba, una capsula parecida a la que ella misma había utilizado para llegar a la Tierra, no dudaba que hubiese una nave más grande allá arriba, fuera de la atmósfera terrestre. Su mente estaba inquieta, era definitivo que ya no quería seguir con esto, ¿pero qué hacer? Temía suficiente a Diamante Amarillo como para no hacer nada, para ver todo solamente pasar. Quería detenerlo, de verdad, pero no sabía cómo.

La capsula aterrizó suavemente justo frente a Peridot. Hubo un silencio total por unos instantes hasta que la capsula se abrió, saliendo una gema de ahí, la cual miró a su alrededor con una expresión de despreció, ella pisó el suelo, haciendo una ligera expresión de asco, moviendo los pies de tal forma que parecía que pisaba algo asqueroso en lugar del césped. Pronto miró a Peridot, se paró firme, con la frente en alto.

—Así que tú eres la peridot asignada a la Tierra. ¿Dónde están tus partes robóticas?

—Se me cayeron.— le respondió con simpleza, viéndola fijamente, sorprendida.

—¿Qué?— preguntó con algo de irritación.

—Nadie me dijo que la gema que vendría sería una...

—Para.— alzó la mano para callar a la gema verde—. Para tu información no soy una perla cualquiera, yo soy una perla bajo las ordenes de nuestra Diamante Amarillo, soy su fiel y más cercano sirviente, en otras palabras, una perla como yo tiene más relevancia que una peridot como tú.

—¿Todas las perlas tienen que ser tan presumidas?— dijo con fastidio.

—¡Yo vengo en representación de Diamante Amarillo! ¡si sigues con tu mal comportamiento se lo notificaré a ella! ¡¿Quedó claro, peridot?! Ahora, llévame a la base de esas rebeldes y terminemos con esto, estoy ansiosa por salir de este miserable planeta.

Algo era seguro, esta Perla Amarilla era más fastidiosa que la Perla que ya conocía, de hecho, aquella Perla era un bombón comparada con esta otra Perla. No pudo hacer más que bajar la mirada y guiarla hasta el templo, no podía protestar, algo le decía que si lo hacía las cosas podrían ir peor. Diamante Amarillo no dejaría a su gema personal ir sola a la Tierra sabiendo que se encontraban ahí las rebeldes. Como Peridot ya deducía, Perla Amarilla seguramente no había llegado hasta ahí en esa pequeña capsula, podría, pero siendo quien es no lo haría; allá arriba debía haber una nave mucho más grande con gemas mucho más grandes que actuarían si algo sale mal. La confianza de Perla Amarilla en ese terreno desconocido confirmaba sus sospechas. Si trataba de evitar que ocurriera, todo empeoraría, lo peor es que sería su culpa.

El camino las llevó a la ciudad, Perla Amarilla ni se detenía a observar el paisaje, sólo seguía a Peridot a paso firme y formal. Peridot no podía sentirse más asustada. Si llegaban al templo y las Crystal Gems las descubrían ¡la creerían una traidora! Y si trataba de defenderlas ¡el Planeta Madre la creería una traidora! ¡Sería doblemente traidora! ¡Traicionaría a las que traicionó para no traicionar a las que estaba traicionando! ¡Realmente su vida estaba hecha un desastre en ese momento!

—¡Pero qué lugar más primitivo! ¿qué es este material?— dijo Perla Amarilla, viendo la casa de Steven con extrañeza.

—Emmm... Madera.— respondió Peridot, mirando a esa perla como si fuera una tonta.

—Como sea, no me interesa. Llévame a ellas, ahora.— ordenó, petulante.

—Sólo no hagas ruido.— dijo, abriendo la puerta—. Steven... Aghh. "Rose Cuarzo" se encuentra durmiendo.— aclaró de tal forma que esa gema la entendiera.

—¿Durmiendo?

—Olvídalo, sólo cállate o seremos detectadas.

Llegaron a la puerta del templo, Peridot la activo y entraron a una habitación llena de maquinas, muy parecida a una nave.

—Me encanta este lugar, aunque está algo desordenado.— comentó la perla.

—Me lo dieron las Crystal Gems.— dijo Peridot, adentrándose más al lugar, Perla Amarilla la siguió—. No tuve más problemas después de eso, ni siquiera tuve que esforzarme, yo y Amatista conectamos nuestras habitaciones, tengo una entrada directa a su habitación por aquí.— llegaron a un túnel, al final se llegaba a ver un basurero, el cual era la habitación de la morada—. La habitación de Amatista lleva directamente al Corazón de Cristal, el cual está conectado al Cuarto de Fundición, el centro del templo, será muy sencillo llegar sin ser vistas.

—Has hecho un buen trabajo ganándote su confianza, Peridot, reconozco eso.— elogió la perla—. Yo no podría soportar estar en un sitio como este.

—Sí, como sea. Andando.

Peridot dirigió a la perla por el cuarto de Amatista, siendo cuidadosas de no hacer ruido, el sitio estaba tan lleno de cosas que podrían hacer un escándalo de tan sólo tirar algo. Amatista se encontraba durmiendo y roncando; Perla Amarilla se le quedó mirando raro, después miró a Peridot, como cuestionando algo.

—¿Eso es un cuarzo?— dijo con un extraño desdén la Perla Amarilla.

—Está... mal de nacimiento.— explicó Peridot.

—Se nota.— muy pequeña, pensó.

Sin hacer más comentarios, siguieron su camino, entrando a un túnel que las dirigió, después de saltar unos obstáculos, al Corazón de Cristal, una cosa que, según Perla (nuestra Perla, no la amarilla esta) está conectado a las áreas más peligrosos del templo. El Corazón de Cristal las llevó rápidamente al centro del templo... En donde se encontraban todas las burbujas.

—Por mis estrellas.— dijo la Perla Amarilla al ver tantas gemas encapsuladas—. Son más de las que creí.

—¿Podrás con todas ellas?— preguntó Peridot, con frialdad, ya resignándose a lo que iba a pasar.

—Claro que sí. Soy una perla.

La perla hizo unos movimientos extraños para al final sacar un par de objetos de su gema; el primero era una piedra, el segundo era una especie de arma láser con un cristal en la punta.

—Última tecnología en transportación a corto alcance.— dijo la perla con voz presuntuosa, levantando el arma—. Hazte a un lado.

Peridot se fue hasta una esquina cruzó sus brazos y desvió la mirada. Realmente no podía hacer nada para evitarlo, ni siquiera quiso mirar. Perla Amarilla alzó la piedra, la cual emitió un resplandor que se expandió hasta tocar todas las burbujas.

—Escaneo completo.— dijo con una sonrisa malévola.

Disparó a todas esas burbujas con el arma que llevaba el cristal en la punta, eran tantas que le demoró casi dos minutos en darle a todas, al terminar la habitación estaba vacía. Las únicas gemas dentro eran ellas dos.

—Transportación completa. Ahora las gemas corruptas se encuentran seguras en la nave nodriza.— volvió a alzar la piedra, la cual emitió el mismo resplandor que antes, pero esta vez al extender su luz creó hologramas que simulaban las burbujas que se habían ido. Era como si nada hubiera cambiado—. Ahora cuando las traidoras se den cuenta de que las hemos robado, será demasiado tarde.— volvió a sonreír.

Peridot miró hacia arriba, observando todos los hologramas, las burbujas que contenían las gemas que se habían roto ahora se encontraban fuera de la Tierra, todo lo que quedaba eran esos hologramas. Alcanzó a ver el holograma de una burbuja que contenía una envoltura de papitas, como las que suele comer Steven y como las que tiene guardadas en la alacena.

—No todas esas burbujas contienen gemas corrompidas.— dijo Peridot—. Algunas tienen pedazos rotos de gemas o mutaciones.

—Limpiaremos las mutaciones y las rotas llegando al Planeta Madre. A Diamante Amarillo sólo le interesan las corruptas por ahora.

—¿Qué harán con las demás?

—No lo sé, quizá se vuelvan basura espacial o las reciclemos para experimentos. ¿Acaso importa?

—No...— volvió a apartar la mirada, dudosa.

—Bien.— Perla Amarilla guardó sus cosas en su gema, se paró derecha—. Sácame de aquí, debo dar mi informe a Diamante Amarillo y volver al Planeta Madre cuanto antes.

—Por aquí hay una salida.— dijo Peridot sin ánimos.

Ambas salieron del templo, llegando nuevamente a la casa de Steven. Peridot se dirigió a la salida, abrió la puerta, fue entonces que se percató de que Perla Amarilla no la estaba siguiendo, se giró y vio a la perla en un costado de la cama de Steven, viendo al niño dormir.

—¡¿Qué haces, perla?!— gritó en voz baja.

Peridot se apresuró a subir las escaleras y llegar a donde la Perla Amarilla se encontraba. Peridot estaba muy alarmada.

—En efecto, es la gema de Rose Cuarzo, pero, ¿por qué adquirió esta forma?— la perla había descubierto al niño de sus cobijas para examinar su gema.

—¡Déjalo!— gritó Peridot, en voz alta lo cual debía evitar.

—¿Qué?— se molestó por la insolencia que le mostraba Peridot.

—No querrás que despierte, ¿o sí?— bajó el tono de voz.

—No. Diamante Amarillo aún no lo quiere. Pero cada vez está más cerca de despertar.

Peridot sintió un escalofrío en ese momento, bajó la mirada, aterrada al imaginar lo que sucedería. No quería que pasara.

Ambas salieron de la casa y salieron de la ciudad, llegando de vuelta a la pequeña nave de Perla Amarilla.

—Una cosa más, ¿has conseguido la información que Jaspe te pidió?— preguntó Perla Amarilla, girándose hacia Peridot antes de entrar a su nave.

—¿Informa... ción?

—Las debilidades de las Crystal Gems.— aclaró, muy seria.

Peridot se sobresaltó, temblando un poco. Claro que tenía esa información.

Perla Amarilla se fue en su nave; le dijo a Peridot que tendría que quedarse en la Tierra unas semanas más hasta recibir nuevas indicaciones. Ahora Peridot se encontraba sola de nuevo en ese lugar.

—No puedo creerlo.— dijo con voz triste—. Le revelé las debilidades de las Crystal Gems... Ahora irá a informárselo a Diamante Amarillo. Yo... no debía hacerlo y lo hice... yo...— estando completamente sola, se tiró al suelo y se abrazó las rodillas, como una bebé asustada—. ¡¿Qué voy a hacer ahora?!— lloriqueó—. Traicioné a las Crystal Gems... pero no quería hacerlo, pero si no las traicionaba algo peor iba a suceder, ¡hubieran lastimado a Steven!— se derrumbó aún más, ahora su rostro tocaba el césped humedecido por el rocío—. ¡Sigo siendo una gema mala! ¡no voy a cambiar nunca!— se incorporó de pronto—. Pero así debe ser, yo siempre trabajé para mi Diamante, no debo arrepentirme de eso. Estoy haciendo lo correcto.— su semblante era decidido pero de un segundo a otro hizo una cara de pánico—. ¡No puedo hacer esto! ¡Debo decirle a las Crystal Gems la verdad! ¡Pero no van a creerme! ¡dirán que soy una traidora! ¡que dejé que se llevaran a las gemas corruptas y que revelé sus secretos! ¡Ay, no! ¡Decepcionaré a Amatista! ¡Perla va a odiarme! ¡Garnet va a matarme! ¡Garnet va a matarme! ¡Garnet va a MATARME! y después de que Garnet me mate, ¡Lázuli me matará TRES VECES MÁS! ¡Steven se pondrá a llorar!

Ante este último pensamiento, Peridot llevó ambas manos al rostro, desesperada se dejó caer nuevamente al suelo, empezando a llorar.

—¡Yo no quiero lastimar a Steven!— chilló, dando golpes al suelo con sus puños y pataleando—. ¡No quiero! ¡no quiero! ¡Yo no sé qué hacer!

Se recostó y se abrazó a sí misma, viendo fijamente las estrellas, sintiendo las lágrimas recorrer sus mejillas. Seguía sollozando, con temor y confusión. Ya no sabía de qué lado estaba, o si estaba de algún lado.

Después de la partida de Perla Amarilla, los grillos regresaron a cantar y las luciérnagas a brillar. Peridot suspiró, sintiendo el aire frío en sus adentros. Se sentía sola, pero no quería volver al templo, no ahora, no se sentía con la fuerza de ver a los demás a los ojos. Lo estaba arruinando todo. Estaba sola y sin saber a dónde ir.

—No quiero estar sola.— se dijo con una vocesita, sentándose.

Sabiendo que no debía quedarse, se dirigió con pesimismo de regreso a la ciudad. Caminó por las calles, regresando al templo aunque no quería hacerlo. En momentos como esos le gustaría volar como Lapislázuli, así podría irse lejos y jamás volver. Ahora estaba pensando en tonterías. Lo había arruinado y sabía que lo iba a arruinar todavía más, pero ya no debía lamentarse, debía seguir adelante y pensar en cómo resolverlo después. ¡Pero no podía decirle a las Crystal Gems! Ya podía ver la cara de Perla diciendo que tenía razón en que les causaría problemas, ¡la odiaba tanto!

Pero no podía seguir sola.

—¡Eso es!— dio un salto. Ya estaba por llegar al templo pero dio la vuelta y corrió hacia la dirección contraria.

Sin pensarlo demasiado, porque era muy impulsiva a veces, pronto se encontró tocando la ventana de la habitación de una casa.

—¡Déjame entrar!— le gritó. Ella estaba trepada en el marco de la ventana, dando golpes y golpes con sus puños.

—¡¿Qué?!— Ronaldo abrió la ventana de golpe, haciendo que Peridot perdiera el equilibrio. Él la sostuvo antes de que ella se cayera y la metió a su habitación—. Eso estuvo cerca.

—Ronaldo, ¡necesito tu ayuda!— le dijo sin titubear.

—Déjame adivinar, ¿es sobre la nave que aterrizó hace un rato?

—¿Tienes que estar siempre atento a todo?— dijo Peridot con irritación.

—Sí... Pero se alcanzó a ver desde mi ventana, también cuando despegaba.

—Claro que sí.— se dio una palmada en la cara. La nave de Perla Amarilla no había aterrizado tan lejos de Ciudad Playa, si alguien salía afuera y veía el cielo hubiera podido ver la nave ir y venir. Si Amatista hubiera salido como hace casi todas las noches, se hubiera metido en graves problemas, más de los que ya tenía—. Ronaldo, estoy en problemas y no puedo contarle a las Crystal Gems.

—¿Y por qué me lo pides a mí?— preguntó con sospecha.

—¡Porque eres el humano más listo que conozco!... después de Connie. ¡Y porque confío ciegamente en ti!

—Ah.— Ronaldo se sonrojó, algo avergonzado—. Cuéntame qué ocurre.

—Está bien.— ella fue hasta la cama de Ronaldo y se subió ahí, se paró como si fuera a dar un discurso—. ¡Soy una traidora, Ronaldo! ¡Una maldita traidora! Fracasé en mi misión original, pero Jaspe me dijo que me quedara con las Crystal Gems ¡que me infiltrara a ellas para espiarlas! Y después de unas semanas Jaspe me envió un mensaje diciendo que una gema venía, ¡y ella vino hoy! ¡y la llevé hasta el templo! ¡se robó a todas las gemas que las Crystal Gems han encapsulado! ¡se las llevaron al Planeta Madre donde... van a hacerles algo terrible! ¡Y pronto volverán! ¡y la próxima vez no será sólo una "visita"! ¡Steven corre peligro! ¡Y yo ya no quiero ayudar al Planeta Madre! ¡no quiero que nadie salga herido! ¡yo ya no quiero ser parte de ello! ¡pero no sé qué hacer para reparar mis errores! ¡Si le digo algo a las Crystal Gems no van a creerme! ¡Lo he arruinado todo, Ronaldo! ¡Envié a las Crystal Gems directo a su devastación!

Ronaldo la observó, sorprendido. Peridot se incomodó por el silencio que ya se había alargado, se sentó en la cama y esperó a que el humano reaccionara.

—Lo sospechaba.— dijo él, sentándose al lado de la gema.

—¿Qué?

—Has actuado algo extraño últimamente, como si tuvieras miedo de...

—De mí misma, de lo que decidiré hacer de ahora en adelante.— dijo con melancolía—. ¿Cómo me descubriste?

—No sabes disimular, como espía encubierto no sirves, alíen.— le sonrió.

—¡Oye! ¡sólo no puedo... disimular cuando estoy contigo!— le dio un empujón. Ronaldo se rió.

—¿Qué puedo hacer yo?

Peridot bajó la mirada, agradeciendo que la oscuridad ocultara sus lágrimas y su cara avergonzada.

—Ni siquiera sé qué haré yo. Soy egoísta por involucrarte, sabiendo que pueden lastimarte también. Pero tengo miedo. No me siento capaz de hacer esto, no me siento capaz de hacer nada. He fracasado en todo, me he dejado llevar por mis sentimientos y eso es lo que me llevó hasta aquí, por ello he cometido error tras error. Ya no sé lo que está bien y lo que está mal, sólo sé... que no quiero que le pase nada malo a Steven.— su llanto se hizo audible, hasta el punto en que se le dificultó hablar. Estaba tan avergonzada, estaba tan asustada. No había forma de describir lo miserable que se sentía en esos momentos—. No sé cómo voy a resolver esto, pero... por ahora sólo no quiero que me dejes sola, Ronaldo. Te necesito, ¿entiendes?

—Realmente tienes problemas. Ven.— Ronaldo la tomó para abrazarla. Peridot se sorprendió, pero sólo pudo llorar aún más, se acurrucó en él y cerró los ojos con fuerza—. Para eso somos los amigos, ¿no?

—Gracias.— le dijo en voz baja, comenzando a calmarse.

Pasaron así un minuto hasta que la gema dejó de llorar, ella se separó un poco y lo miró fijamente a la cara. Ronaldo se avergonzó, miró hacia otro lado con un rubor en las mejillas, pero la abrazó con más fuerza, acercándola aún más.

—¿Sabes? Hace un momento gritaste mucho, pudiste haber despertado a mi familia.— comentó Ronaldo, tratando de ocultar sus nervios.

—Lo siento.— dijo ella, apenada, pero no muy arrepentida—. ¿Ronaldo?

—¿Sí?— la miró, expectante. Ella guardó silencio unos segundos que se le hicieron eternos a Ronaldo.

—¿Puedo quedarme contigo esta noche?— preguntó con inocencia. Ronaldo se puso completamente rojo.

—¡¿Qué?!

—¡Cállate o nos descubrirán!

—¡¿Descubrir qué?!— él le cubrió la boca con sus manos, ella hizo un berrinche.

—Tú eres el que no quiere que tu familia despierte. ¡Deja de gritar!— le dijo, apartando sus manos.

—Peridot, puedes quedarte aquí si quieres pero... ¿tienes idea de lo extraño que suena eso?

—No me importa.— dijo con arrogancia.

—Tú sabes de lo que estoy hablando.— cruzó sus brazos, tratando de ser serio.

—Y no me importa.— ella cruzó sus brazos también, molesta. Apartó la mirada, estando enojada—. Sólo no quiero volver al templo ahora.

Ronaldo suspiró, la volvió a abrazar y Peridot sonrió victoriosa.

—Te ves más linda cuando sonríes.— dijo con dulzura.

—No me digas linda.— le dio una bofetada en la cara.

Ronaldo la miró, confundido. Ella hacía una mueca graciosa, parecía preparada para dar otro golpe si es que él se atrevía a decir algo. Es demasiado tierna para ser real, pensó Ronaldo, demasiado linda y fascinante. Y parecía imposible que la tuviera frente a él.

Peridot se encogió de hombros al notar su mirada en la oscuridad. Demasiada adoración la dejó abrumada y cautivada. Realmente le importaba a ese humano y eso le provocaba un sentimiento que iba mucho más lejos que una simple felicidad.

Sólo tenía que pasar.

... Connie había dicho que los besos te hacían sentir mejor, pero Peridot lo sintió como mucho más.

La gema tocó el rostro del humano con ambas manos mientras separaba bruscamente sus labios de los de él. Él le había robado un beso. Peridot se veía agitada por lo sucedido, aunque sólo haya sido por dos segundos. Ronaldo iba a decir algo pero ella volvió a acercarse, dando un beso más. Un beso más profundo.

—Ronaldo, realmente estás matándome.— susurró la gema, separando sus labios después de medio minuto—. Esto duele mucho... pero no me importa.

—Creo que así debe sentirse.— le acarició la mejilla y después le dio un beso en ella.

—¿Qué cosa?

—Ya sabes...— se avergonzó de tener que decirlo.

—¿Qué cosa?— insistió, riéndose porque él le acariciaba el cuello y le causó cosquillas.

—Creo que así se siente el amor.— le dijo, apenado como un niño pequeño.

¿El amor era esta tortura?

Peridot se sorprendió mucho, pero pronto todo cobró sentido.

—Entonces eso era...— sonrió tontamente, se abalanzó sobre él, dándole un abrazo muy cariñoso.

—Esto es una locura.— dijo mientras se reía y la tomaba de la cintura.

—¡Pero te amo!— exclamó, eufórica—. ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Y estoy completamente loca!

—Por eso te amo.

Se vieron mutuamente, se tomaron de ambas manos y se besaron una vez más, tanto como quisieron, ya no importaba, después de todo, seguir buscando otra explicación. Esta era la única respuesta a sus sentimientos.


Finalmente!
Realmente estaba esperando mucho por escribir este capítulo. Muchos me pedían que se besaran, pero yo no podía responderles cuándo, ni dónde, ni cómo, ¡pero finalmente llegó ese momento! Realmente tienen la respuesta... si es que me entienden.
Greg le dijo a Rose que el amor era una tortura, eso es lo mismo que siente Peridot por Ronaldo. Es sólo una dulce tortura :3

Yo... realmente creo que Peridot y Ronaldo harían una pareja linda. No creo que pase algo en la serie, sinceramente, pero todo lo que quiero es que se vean una sola vez. Quiero decir, ¿qué Peridot no es todo lo que Ronaldo ha buscado?
Al principio comencé a shippearlos tal vez porque me pareció irónico y divertido. Cuando vi a Ronaldo la primera vez rápidamente quise emparejarlo con alguien, una gema, pero nadie era la indicada, incluso cuando apareció Peridot no lo pensé hasta que ella cayó a la Tierra, fue entonces cuando se me ocurrió la idea (antes de que empezara la temporada 2 yo ya quería escribir un fanfic al respecto, pero no lo hice) porque como dije, sería irónico. Pero al avanzar los capítulos Peridot mostró más de su personalidad, ella está muy loca. S
us similitudes comenzaron a ser tantas que con cada capítulo donde aparece Peridot me convenzo más. Yo realmente espero que al menos se vean tan sólo una vez en el original, sino me sentiría estafada.

Ahora, sobre Perla Amarilla... Realmente me alegré cuando apareció en la serie.
Tenía planeado este capítulo desde el principio, pero no tenía el personaje que ocuparía este espacio, y por nada del mundo quería hacer una gemsona, así que esperé a ver si la serie me daba una gema nueva ¡y apareció esta perla! ¡A ella la tenía que meter!
No sé cómo algunos pensaron que la que venía era Jasper, seguro sorprendí a muchos xD

Cielos, la historia avanzó mucho en un sólo capítulo.

¿reviews?