Gema corrompida

capítulo 15: La charla.

Realmente se había quedado dormida, o algo parecido, dado a que las gemas no necesitan dormir. Los rayos del sol se comenzaban a filtrar por la ventana. Ya había amanecido. Peridot dio un brinco, cayéndole la realidad encima, ¡había traicionado a las Crystal Gems! ¡ahora tendría que regresar al templo! Aunque no creía que ya la hayan descubierto, por ahora, la culpa era tan grande que emitió un quejido desganado y doloroso.

—¿Por qué a mí?— se lamentó patéticamente. Dio un suspiro resignado.

A sabiendas de que el día no se iba a detener por sus desgracias, se acercó a Ronaldo, quien dormía a su lado. Comenzó a golpearlo un poco a ver si despertaba.

—¡Ya! ¡despierta!— exigió.

—Ehh...— Ronaldo abrió los ojos y ella fue lo primero que vio. El chico puso una extraña cara de susto—. Creí que estaba soñando.

Peridot se cruzó de brazos e hizo una mueca amarga. Apenas empezaba el día y ya la estaba fastidiando.

—Eres un completo fastidio.— le dijo.

Ronaldo la tomó del brazo y la jaló para acercarla, Peridot se ruborizó mientras se quejaba.

—Tengo que irme.— le dijo la gema, que, a pesar de sus palabras, se acurrucó en él mientras inhalaba profundamente.

—Lo sé.— la retuvo en sus brazos, sin quererla soltar—. ¿Vas a estar bien?

—Debería. No son tan listas como para darse cuenta de lo... que hice, aún. Pero deben saber que no estoy en el templo; todas las mañanas Amatista o Steven van a verme, sin falta, es un fastidio. Pero, ¡oye!, ¿puedes imaginar sus caras de preocupación al ver que no estoy en casa? Es la venganza perfecta.

—Suena un poco cruel, ¿no te parece?

—Nahh.— sonrió enormemente, de forma maliciosa—. Pero, de cualquier modo, debo volver para evitar que Steven llore.— puso una cara de horror—. Oh, Garnet va a molestarse. No puedo simplemente decirle que... pasé la noche... contigo.

Ambos se avergonzaron tanto que se separaron de inmediato, manteniendo debida distancia. Sí, estaban en problemas. Y ni siquiera...

—Bien, esto es lo que harás: saldrás por la ventana antes de que mi familia te vea, le dirás a Garnet que fuiste perseguida por un hombre lobo y que no podías regresar a la ciudad para no ponerlos en peligro.

—¡No me creerá! ¡no había luna llena!

—Entonces dile que fuiste a comprar la leche.

—¡Hecho!

Tocaron la puerta de la habitación.

—¡Ronaldo!— gritó Peedee, sonaba molesto—. ¡Es hora del desayuno! ¡apresúrate!

—Ya voy, hermanito.— le respondió Ronaldo, sin saber qué le pasaba al niño.

—¡Y sólo para que lo sepas! ¡ya sé que Peridot está ahí contigo! ¡la escuché entrar anoche! ¡Ya le dije a papá! ¡estás en problemas!— y dicho esto, Peedee se fue, dando fuertes y furiosas pisadas.

—Oh.— Ronaldo se dio una palmada en la cara. Ya no había remedio. Miró a Peridot, ella se encogió de hombros—. ¿Quieres conocer a mi familia?

—¿Tengo opción?— respondió en tono nervioso.

Incomodidad total.

Peedee tenía un tazón con cereal en frente, con la cuchara en mano; no comía, más bien clavaba la cuchara en el plato una y otra vez hasta el punto de casi derramar la leche. Su cara hacía muecas en un intento de no comenzar a gritar. Fulminaba con la mirada a Peridot, quien estaba sentada en la misma mesa, justo frente a él. Al otro extremo estaba el señor Fryman, quien no sabía cómo actuar.

Peridot se daba cuenta de cómo la miraban, sintiéndose muy incomoda miró a Ronaldo, que estaba sentado a su lado. Él se encontraba nervioso e incapaz de decir algo a su familia.

—Entonces...— habló el padre de Ronaldo y Peedee, tratando de aligerar el ambiente—. ¿Ella es la Peridot de la que tanto hablas?

Peedee vio a su padre y después miró a su hermano con desprecio, esperando su respuesta.

—Em... Sí.— respondió el adolescente, avergonzado.

—Es un gusto conocerte, Peridot.

Peridot asintió, con un rubor cubriéndole las mejillas. Ella levantó la mirada, notando que Peedee seguía viéndola de una forma tan sombría que la asustó.

Silencio otra vez. Ronaldo sabía exactamente lo que ellos estaban pensando; sólo quería que ese momento terminara pronto y nadie dijera algo que pusiera las cosas peor.

Peedee estaba molesto por la poca severidad de su padre, así que él mismo decidió romper el silencio.

—Entonces, Peridot.— habló Peedee, provocando que Peridot y Ronaldo se tensaran. Peedee hablaba de una forma un tanto siniestra. Miraba a Peridot como si la quisiera apuñalar—. ¿Te acostaste con mi hermano?

¡No!— gritó Ronaldo, completamente rojo de la vergüenza—. ¡No es lo que crees!

—¡¿Acaso crees que nací ayer?!— gritó el niño, furioso. Miró a su padre, casi reclamándole—. ¡Papá! ¡¿no vas a decirle algo?!

—... Ronaldo, hijo, tenemos que hablar.— fue todo lo que dijo el señor Fryman.

—¡Papá! ¡No me digas que nunca tuviste la charla con Ronaldo!— gritó Peedee.

—¡No creí que la necesitara!

—¡Papá!— gritó Ronaldo.

—Esto es serio, Ronaldo. Tenemos que hablar respecto a... tu amiga.

—Sí... ¿Podemos no hablar de esto frente a ella?— pidió Ronaldo, muy avergonzado. Y Peridot no se sentía mucho mejor que él.

—No puedo creer esto.— Peedee se levantó de la mesa, sin haber tocado ni siquiera su comida.

Silencio otra vez.

—Tu hermano me da más miedo que Lázuli.— comentó Peridot.

—A mí también.— concordó.

Silencio...

—¿Qué es esto?— preguntó Peridot señalando su tazón con cereal.

—Cereal con leche.— respondió Ronaldo.

—¡Fascinante!— y le dio una probada al desayuno, gustándole el sabor.

Mientras tanto, el señor Fryman se preguntaba qué es lo que había hecho mal.

.

Jenny Pizza canturreaba la canción que estaba escuchando con audífonos desde su celular mientras barría la entrada de su restaurante, su hermana estaba dentro, limpiando algunas mesas, y su abuela se encontraba preparando las pizzas.

A Jenny se le cayó la escoba cuando vio a la familia Fryman llegar a su negocio junto con Peridot. La gema se despidió de Ronaldo y siguió su camino hacia el templo, pero su recorrido no duró mucho ya que pronto Jenny la atrapó y la llevó dentro de la pizzería.

—¡Peridot!— le gritó, después de obligarla a sentarse con ella en una mesa—. ¿Por qué venías con Ronaldo?

—¿Por qué todos se enloquecen con eso?— dijo con fastidio, tratando de disimular su pena—. Sí, pasé un rato con él por la noche, ¡pero no significa lo que ustedes, humanos, creen que significa!

—¡¿Cómo puedes decir que no significa lo que creo que significa?!

—¡Jenny, no grites!— la regañó Kiki, quien se encontraba cerca.

—¡No estamos hablando de nada que a ti no te guste, Kiki!— contestó Jenny, con una risa nerviosa. Kiki la miró como si estuviera loca y siguió con su trabajo. Jenny siguió hablando con Peridot en voz más baja—. ¿Me estás diciendo que no pasó nada de nada?

—En realidad...— se sonrojó e hizo una sonrisa tonta al recordar—. Pudimos habernos besado... mucho. Quizá un poco más que mucho. Quizá más, más, más que mucho.

Jenny hizo una expresión rara, se cubrió la boca para contener un grito, pero no funcionaba así que "gritó en voz baja" con suma emoción. Peridot sonrió aún más, orgullosa de sí misma.

—Lo sabía, tú sabes que yo lo sabía, ¡siempre lo supe!

—Sí, sí, tenías razón.— admitió—. Me gusta mucho, ¿estás feliz?

—¡Más que feliz!...— Jenny la miró fijamente, esta vez con seriedad—. Pero no vuelvas a pasar la noche con él.

—¿Qué? ¿por qué?

—Escucha, yo te creo cuando dices que no pasó nada más, en serio, yo sé cuando me mientes. Pero los demás no lo ven así. Si sigues haciendo eso lo meterás en problemas con su familia.

—Esta mañana su hermano actuaba de una manera algo inusual.— razonó.

—Eso es a lo que me refiero. Son novios ahora, así que no importa, pero me preocupa porque me doy cuenta de que tú no sabes mucho sobre... "eso"

—¿Sobre qué? — cruzó sus brazos, molesta y mirando a otra dirección. Ya sabía lo que ella trataba de decirle.

—Nadie te ha explicado sobre el sexo, pequeña alíen. No sé cómo sea para las gemas, pero no debería ser tan complicado, ¿no es así?

—Yo sé a lo que te refieres pero...— hizo una mueca—. Las gemas no... quiero decir, yo sé pero no tengo idea. ¿Entiendes?

—No.— se rió—. Creo que es hora de que alguien te dé "la charla", ¿me explico? Alguien debe decirte.

—¿No puedes decírmelo tú?— preguntó con fastidio.

—¿Yo qué puedo saber? No tuve nadie quien me dijera, y gracias al cielo nadie lo hizo, es muy vergonzoso.

—¿Entonces por qué yo debería?— se molestó.

—Porque presiento que tus conocimientos son de una niña que leyó su libro de biología.

—El libro de biología más básico.— concordó, sintiéndose terrible—. Y me asustó.

—Sí, lo imagino.— la adolescente se rió con inocencia.

—Como sea. No es como si estuviera en mis planes hacer eso con Ronaldo, tonta.

—Oye.— habló Jenny, ignorando el último comentario de Peridot. Su voz se tornó tranquila, casi apacible—. Te daré un consejo, de mujer a mujer. Tómalo con calma, ¿ok?

—Ok...— repitió, sin entender—. Pero ya te dije que yo no planeo eso. Y debo irme ya.

Peridot salió a la playa, dejando a Jenny un tanto preocupada.

La gema se dirigió al templo, reflexionando sobre las palabras de Jenny. Sólo una frase resonaba en su mente más que las demás "Te daré un consejo, de mujer a mujer"

—Estas formas de vida orgánicas...— suspiró mientras pisaba la arena de la playa, sintiendo cómo su miedo a enfrentar a sus amigas regresaba.

Cuando entró finalmente a la casa de Steven vio que Perla leía el periódico, y que Steven y Amatista veían televisión. Dio un salto cuando notó que Garnet la esperaba con cara enfadada.

¡Peridot!

—¡Yo no lo hice!— cayó de rodillas, con mucho miedo—. Bueno, tal vez sí lo hice, ¡pero no quise hacerlo! ¡fui victima de las circunstancias! ¡Garnet, no me hagas daño!

—¿Pero de qué estás hablando?— Garnet se acomodó las gafas, viendo fijamente a Peridot.

—¡De nada!— respondió con una vocesita. Se llevó un susto al creer que Garnet había descubierto lo que hizo anoche con la Perla Amarilla.

—Peridot, ¿dónde estabas?— preguntó con dureza.

—¡Fui a comprar leche! ¡pero no tenía dinero! ¡así que di vueltas por la playa y me perdí! ¡pero volví! ¡ja, ja!

—Hmm... Peridot, ¿por qué no vas con Amatista y en un rato vienes a buscarme?

—¿Qué? ¿por qué?— preguntó, realmente confundida.

—Sólo hazlo.— se dio la vuelta—. ¡Y no vuelvas a desparecer por la noche sin antes avisar!

Peridot, temblando del susto, sin entender absolutamente nada, subió hasta donde estaban Amatista y Steven. La gema verde se tumbó sobre la cama, tomó todos los peluches de Steven, incluida su almohada, y los abrazó.

—Ey, Peri, ¿dónde estuviste?— le habló Amatista, girando su mirada hacia ella.

—Fui a comprar la leche, sin dinero, un hombre lobo me persiguió.

—¿En serio?— preguntó Steven, extrañado—. Te dije que estaba en problemas, Amatista.

—Por favor, Steven, está mintiendo.— dijo Amatista, con una sonrisa enorme—. Finalmente llegó a la etapa de rebeldía.

—Ya te extrañaba.— Steven fue hasta ella a abrazarla.

—Lo demostrabas muy bien frente a la televisión.— contestó Peridot con sarcasmo.

—Garnet dijo que volverías así que no lo pensamos mucho.— dijo Amatista, regresando su atención a la tele.

—¿Dónde estuviste realmente?— preguntó Steven.

Peridot suspiró e hizo una cara algo boba, haciendo que Steven se extrañase aún más. Amatista volteó a mirarla otra vez, comenzando a sospechar.

—¿Tuviste una cita o algo así?— preguntó la morada.

—¡No! ¡¿Qué te hace pensarlo?! ¡¿Alguien te dijo?!

—¡Ah! ¡realmente estás saliendo con alguien!— gritó Amatista, llevándose las manos a la cara—. ¡Perla! ¡oye, Perla! ¡Escucha esto! ¡Peridot tiene un novio!

—¿Qué? ¿Cómo que un novio?— Perla dejó de lado su lectura, levantando la mirada hacia los demás, aunque desde su angulo no alcanzaba a verlos—. No me digas que un humano.

—¿Con qué más saldría? ¿con una gema? No hay mucho de dónde escoger.— dijo con amargura. Amatista comenzó a reírse con fuerza.

—¡Oh! ¡Ya sé! ¡ya sé! ¡Sales con Ronaldo!— adivinó Amatista. Peridot se ruborizó enormemente, bajando la mirada—. ¡Par de nerds! ¡ja, ja, ja!

—Un momento, ¡¿ustedes dos se enamoraron?!— exclamó Steven, con los ojos iluminados.

—Puede ser.— dijo Peridot, tratando de sonreír, pero ya estaba muy nerviosa como para mirarlos a los ojos.

—¡Un segundo!— interrumpió Amatista, repentinamente asombrada—. ¿Pasaste la noche con él? ¿acaso lo hicieron?

—¿Hicieron qué? — preguntó el niño con confusión.

—¡Ya basta!— gritó Perla, quien había aparecido de repente frente a ellos; tomó a Steven y le cubrió los oídos—. ¿Acaso te atreviste a hacer algo así, Peridot?

—Ronaldo y yo no tuvimos sexo. ¿Por qué todo el mundo tiene una mente tan sucia?— rezongó Peridot, levantando la mirada con indignación.

—Pero te gustaría, ¿no es así?— dijo Amatista, dando una risa socarrona.

—¡Se acabó! Si van a hablar de estas cosas mejor nos vamos.— dijo Perla, muy enojada, llevándose a Steven hacia el portal.

—Espera, Perla, ¿a dónde vamos?— preguntó Steven, realmente confundido.

—A entrenar, Steven, lejos de ese par de insensatas.

—Pero yo quería saber sobre su cita...

Se activó el portal, yéndose de esa forma Steven y Perla.

—Será mejor que yo también me vaya.— habló Garnet, que se había mantenido distante y en silencio.

Garnet entró al templo, así que Peridot y Amatista quedaron solas.

—Qué extrañas.— se dijo Amatista. Pronto volvió su atención a Peri—. Entonces dime, Peritontita, ¿qué pasó entre Ronaldo y tú?

—Nos besamos.— dijo, molesta. Amatista se rió.

—Ahora tengo mucho con qué molestarte. ¡Ja, ja, ja, ja!

—¡Deja de reír!

—Pero, Peri, ¡es tan divertido!

—Sí... Sí, fue divertido.— dijo con un rubor. Amatista rió mucho más fuerte.

Peridot abrazó la almohada con más fuerza y suspiró. Miró a Amatista, sintiendo mucha vergüenza.

—Lo primero que piensan los demás es que tuvimos sexo. Pero no es verdad.— dijo con un berrinche.

—Sí. Je. Eso me lo dijiste ya.

—¿Por qué todos piensan eso? ¿acaso es algo obligatorio en estas situaciones?

—¿Qué? ¡No! ¡nada de eso! ¡todo lo contrario! Es algo que debes decidir por ti misma.— dijo Amatista con cierta preocupación.

—¿Decidir?— hizo una expresión rara, como si le contaran un mal chiste—. ¿Decidir qué? Quiero decir, sé básicamente en qué consiste, pero yo soy una gema, no estamos hechas para eso, se supone. Pero lo que realmente quisiera saber es ¿qué significa?

—Oh.— Amatista se ruborizó. Se sentó al lado de Peridot, dando un largo suspiro—. No sé si sea la adecuada para contestar eso.

—Garnet me da miedo y creo que Perla no me respondería bien. Tomando en cuenta de que no le permiten a Steven saber del tema, sólo me quedas tú.

—Está bien, no puede ser tan difícil de explicar.— rió con nerviosismo, sin que el rubor desapareciera—. Peridot, los humanos no pueden fusionarse, así que usan el sexo para unirse por un rato, ¿comprendes?

—¿Acabas de comparar la fusión con la reproducción humana? Amatista, eso es asqueroso. Justo como Garnet.

—¡Sí! ¡justo como Garnet!... ¡Ah! ¡tienes razón! ¡es asqueroso! ¡fue una terrible comparación! ¡Olvida todo lo que dije! ¡Rayos! ¡fusionarse será incomodo después de esto!— puso cara de asco, tomándose unos segundos en recobrarse—. Puaj... Lo que quiero decir es que no es como una fusión, la fusión la haces con cualquiera, lo otro es sólo con la persona que amas, o eso debería ser.

—No te entendí nada.— Peridot frunció el ceño, empezándose a hartar.

—¡Maldita sea, Peridot! ¡Es amor! ¡es todo lo que debería significar!

—Hm...— Peridot se puso pensativa unos momentos, planteándose cómo formular la siguiente pregunta—. No estoy diciendo que voy a hacerlo, porque definitivamente nunca, nunca lo haré, pero si existiera la remota, e imposible, posibilidad de que algo así ocurra... ¿Qué se supone que deba hacer? ¿qué se supone que deba sentir?

—Peridot, ¿tú realmente lo estás pensando en serio? ¿no es así?

—¡Ya te dije que no!

Amatista bajó la mirada, sin ganas algunas de seguir bromeando. Es verdad que parte de ella se sentía preocupada, pero por otro lado había un pequeño sentimiento de melancolía. Había dicho que no era la adecuada para contestar este tipo de preguntas, era verdad. Podría contestar correctamente esas preguntas todo el día pero eran respuestas que sólo podía imaginar. Había decidido que fuera de esa forma, siempre sería así para ella.

—Cuando llegue el momento sólo lo sabrás, entonces nada más va a importarte, sólo ese momento. Sólo asegúrate de que sea algo lindo y estarás bien.

—¿De verdad es tan simple?

—Sí, ojalá fuera tan simple.— cruzó sus brazos y apartó la mirada—. Tú tienes suerte, ya sabes, por tener un novio que te ame.

—Claro.— su semblante se tornó triste, miró a su compañera—. Amatista...

—¿Qué?— la miró con enojo.

—No, nada. Yo...— frunció el ceño y se puso muy seria, ahora realmente directa—. Supongo que llegamos a la parte en que me explicas cómo se hace.

—Ah, claro. Sí, ja, ja. Gemas...— Amatista acortó su distancia, haciendo una sonrisa burlona—. ¿Recuerdas cuando Steven y yo te enseñamos a comer?

—Sí.— recordó con desagrado.

—Bien, ahora pon atención en esto también, es importante.

Amatista comenzó a susurrarle cosas a Peridot al oído. La gema verde puso una cara de espanto que casi cae de la cama.

—¡Por mis estrellas!— exclamó cuando Amatista terminó de explicarle. La morada comenzó a reír—. Ah, es una suerte que nunca lo voy a necesitar.— dijo, nerviosa, poniéndose de pie para salir de ahí lo antes posible.

—Sí, lo que tú digas.— se burló. Pronto Amatista dio un sobresalto al darse cuenta de un detalle que había dejado pasar—. ¡No, no! ¡Espera, Peridot! ¡Olvide decirte algo importante!

—¿Qué cosa?— ya estaba bajando los escalones, se giró con enfado.

—¡Por nada del mundo debes...!

La puerta del templo se abrió, apareciendo Garnet. Peridot y Amatista se le quedaron viendo. Garnet caminó hasta ellas, cargó a Peridot, quien estaba desprevenida, y se la llevó a la cocina.

—Yo me encargo de esto ahora, Amatista.— le dijo con voz tranquila.

—Como quieras.— Amatista, algo frustrada, salió de la casa. Fue sólo al último momento antes de cerrar la puerta que se preguntó cómo es que Garnet sabía de lo que hablaban.

Garnet y Peridot estaban sentadas en la barra, en un par de sillas, una al lado de la otra. Peridot se empezaba a impacientar con el paso de los segundos en los que Garnet no parecía reaccionar.

—Tenemos que hablar.— finalmente habló Garnet, después de casi un minuto.

—¿Sobre qué?— Peridot ya estaba harta del tema, no era algo que quisiera hablar con Garnet. De todas formas, ¿cómo sabía Garnet lo que había estado hablando con Amatista?

—Quiero hablarte sobre Rose Cuarzo.

—¿Qué?— eso sí la tomó por sorpresa. Tal vez Garnet no sabía de lo que había hablado con Amatista después de todo—. ¿Por qué quisieras contarme algo de Rose Cuarzo?

Más silencio. Pero esta vez Peridot se dispuso a esperar una respuesta, con curiosidad.

Garnet pensó, pensó mucho. Pero es difícil escoger las palabras cuando no vez muchas posibilidades. Finalmente habló después de mucho rato en silencio.

—Antes de conocer a Greg, Rose ya había tenido varias parejas.

—¿Qué?— volvió a decir, esta vez con sorpresa.

—Tuvo que pasar mucho antes de que Rose encontrara su verdadero amor, alguien lo suficientemente importante como para darse cuenta de que...— volvió a callar—... Peridot, los humanos no duran mucho.

—¡¿Qué estás tratando de decir?!— se enfadó.

—Que esto no terminará bien.— contestó con dureza.

—¡¿Estás diciendo que no amo a Ronaldo?! ¡¿Estás diciendo que cuando él muera podré buscarme a alguien más?! ¡No! ¡Yo no soy como Rose Cuarzo!

—¡Yo sé que no eres como Rose!— gritó con verdadera ira, en parte porque parecía que Peridot insultaba a Rose, pero no sólo era por eso. Trató de calmarse—. Escucha, antes de Greg, Rose no se tomaba en serio a sus novios, no se enamoró de verdad hasta Greg. Así que cuando salió con Greg, Rose ya sabía exactamente lo que hacía, en cambio tú no sabes nada.

—¡¿Me estás impidiendo estar con Ronaldo?!

—No. Yo no podría impedirte nada.— la miró fijamente, sintiéndose mal al respecto—. Es tu decisión, pero debo advertirte. Tú eres una gema. Tarde o temprano tendrán que separarse.

—¡Ya basta! ¡no quiero escuchar nada más sobre eso!

—No tienes idea de en lo que te estás metiendo, Peridot.

—¡¿Por qué crees tener todas las respuestas?!

—Peridot, yo no tengo todas las respuestas. Mi visión futura no es perfecta. Tu futuro me evade. Por eso estoy tan preocupada por ti.

—¡No necesitas preocuparte! ¡Yo sé perfectamente lo que hago! ¡Así que no te entrometas en esto!— le gritó con fuerza, después se levantó y caminó hacia la salida, sin voltear.

—¡Peridot! ¡escúchame! ¡No entiendes! ¡Podrías...!

Peridot azotó la puerta, se había ido. Garnet quedó sola. Sabía desde un principio que no la iba a escuchar. Y las posibilidades se limitan.

—Yo no puedo verlo.— se dijo. Observó la imagen de Rose Cuarzo sobre la puerta, sintiéndose melancólica—. Rose, ella no es como tú.

.

—Eso es horrible.— habló Sadie, con una expresión preocupada. Se encontraban fuera de La Gran Rosquilla, ya estaba atardeciendo.

—Lo sé.— dijo Ronaldo, recargándose en la pared con los brazos cruzados—. Papá no me creyó y no paró de hablar todo el día sobre las consecuencias que eso podría traerme. Yo ni siquiera sé hasta qué punto debería preocuparme sobre ello.

—Hicieron mal ustedes dos.— dijo Sadie, con algo de seriedad—. No pueden esperar a que la gente no piense mal. Cielos, mi madre enloquecería si me encontrara en una situación similar. Espero que no vuelva a ocurrir. Ya sabes, tienen que ser un poco más cuidadosos.— y se rió.

Ronaldo se sonrojó, incomodo. Sadie llevó sus manos a los bolsillos e hizo una mueca.

—Pero sí quieres estar con ella, ¿no es así?

—Claro que no.— la miró de una forma extraña, avergonzado.

—Por favor, Ronaldo, todos los hombres quieren acostarse con sus novias.— giró los ojos.

—¿Cómo podrías saberlo? Eres una chica.

—Porque es la verdad.— lo miró, seria—. No creo que tenga algo de malo.

—Yo ni siquiera lo había pensado hasta hoy... y no paran de recordármelo. Es frustrante.— dijo con enfado.

—¿Y eso te preocupa?

—Sí...

—No pasa nada, es demasiado pronto después de todo.

—¡Sadie!— gritó Lars desde la puerta de La Gran Rosquilla. El chico miró a Ronaldo con odio—. ¡Aún no cerramos!

—Sí, ya voy, Lars.— contestó Sadie, un poco enfadada. Regresó su mirada a Ronaldo—. Debo volver, nos vemos.

—Claro.

Ronaldo suspiró, siguió su camino hacia casa de Steven. Era claro que quería ver a Peridot, no había razón, sólo quería verla. Antes de llegar a la casa, se la encontró sentada en la playa, lucía molesta a pesar de que la miraba de espaldas. Sin dudar, se le acercó.

—Hola.— le dijo.

—Oh. Hola— saludo ella, mirándolo. Sí, estaba molesta.

—¿Te encuentras bien?— se sentó a su lado, viendo a la dirección que ella veía. Sólo estaba observando el mar.

—No.— contestó frugalmente—. ¿Qué hay de ti? ¿tu padre te dio la charla?

—Sí.— contestó, realmente fastidiado de ese tema.

—¿Cómo te sientes al respecto?

—No quieres saberlo, créeme.

—Sí, a mí también me hablaron al respecto.

—¿Cómo te sientes tú?

—¡Terrible!— cruzó sus brazos, realmente desanimada.

—Lo siento.— dijo él en voz baja. Ella suspiró.

—No eres tú, Ronaldo, soy yo. Yo... Sabes que no soy una mujer de verdad.

—Lo sé.— contestó con un suspiro.

—Esto es completamente absurdo.

—No me importa.

—Créeme, eso lo sé.

El sol se estaba por ocultar, las gaviotas aún revoloteaban en el cielo.

Todo era tan complicado.

—¿Por qué hablamos de esto? Salimos desde hace unas horas, literalmente.— dijo Ronaldo.

—Concuerdo. No volvamos a tocar el tema jamás.

—Bien.

—Bien.

—Bien.

—Pensándolo bien, tal vez algún día.— Peridot hizo una sonrisa maliciosa y se acercó aún más a Ronaldo.

—¡Ah! ¡¿Por qué tenías que decir eso?!— tuvo que cubrir su cara completamente roja.

Peridot no paraba de reír, realmente era tan fácil ponerlo nervioso.

Y todo era tan simple.


Aghh Este capítulo me pareció tan difícil!
Ah! Finalmente lo terminé! Al fin! carajo!

Ya, ya. Ok.

Realmente ya quiero acabar esto, quiero decir, ya dije que ya pasamos la mitad, pero espero poder subir los siguientes pronto. ¿Ya se enteraron? Va a haber otro Steven Bomb (uno muy grande, nuclear diría yo). No me gusta tanto escribir historias largas de series en emisión, una vez escribí un fanfic de Hora de Aventura, pero el canon de la serie me pisoteó la historia terriblemente, y yo sólo era una pequeña novata en esto de escribir. ¡Waa!

Ay, algo que me pareció gracioso del capítulo anterior, es que varios pensaron que iba a meter una gemsona xD No, no, hago lo posible por no meter una gemsona. Preferí meter a Perla Amarilla haciendo algo que realmente no haría una perla a meter una gemsona xD Y me alegra que en la serie estén saliendo más gemas nuevas, así que espero no tener que recurrir a una gemsona jaja

¿Ya vieron los clips del siguiente Steven Bomb? Vaya, vaya, esto será interesante.

Ah, y, chicos, si tienen tiempo y han visto la película de Frozen, ¿podrían pasarse a leer mi fanfic? Se llama "Eternidad" Es, literalmente, el fanfic en el que más me esfuerzo ya que me baso no sólo en la película, sino en el libro en el que está inspirado. Ese fanfic tiene el villano más malvado que he escrito hasta ahora (no el más poderoso, la más poderosa es de mi fanfic de las PPG, es muy OP xD).