Gema corrompida
capítulo 19: El tiempo juntos, parte 2.
—Entonces dime, ¿qué es esto?— preguntó la pequeña gema verde, mostrando un instrumento largo y afilado.
—Eso un cuchillo, Peridot.— le respondió Peedee, con toda la apatía posible en él.
El acuerdo era simple, Peridot y Peedee iban a tratar de conocerse mejor el uno al otro, por lo tanto Peridot iba a pasar el resto del día trabajando en el negocio de los Fryman junto a Peedee. Eso era algo que al niño no le hacía ni la más mínima gracia; en primera porque detestaba esa gema, y en segunda porque él se tomaba su trabajo con una seriedad algo exagerada y no necesitaba a esa parlanchina loca estorbando en sus quehaceres.
—¡Ah! ¡por supuesto que sé lo que es un cuchillo! Quiero decir... ¿para qué sirve?
Peedee no hizo más que girar los ojos y rezar a cualquier deidad para que le otorgara aunque sea un poco de paciencia.
—Para pelar las papas.— le respondió con una amargura y una irritación en la voz que pasó completamente desapercibida por su ahora compañera de trabajo.
—Interesante.— murmuró ella, tomando una papa y observándola junto al cuchillo.
Peridot nunca le agradó, desde aquel momento en que Steven se la presentó entendió que ella iba a ser un gran problema, pero nunca esperó que ella se relacionara tanto con su hermano. Cómo se arrepentía de no haber hecho algo para alejarlos antes de que fuera tarde.
Siendo honestos, en el principio le tuvo algo de miedo a la gema, pero en aquel momento ella era diferente también. Tal vez hubiera preferido que ella se hubiera mantenido como aquella chica distante que evadía a todos, ahora no sabía cómo lidiar con ella, no quería relacionarse con ella en ningún sentido.
—Bien, escucha, si vas a estar aquí por hoy, lo mejor será que hagas tareas simples e imposibles de arruinar.
—Te escucho.— ella clavó su mirada en él, totalmente atenta.
—Ten.— el niño le tendió un trapeador—. Limpia el piso, ahí en la esquina está la cubeta con agua y jabón. Sabes cómo hacerlo, ¿no?
—¡Claro que sí!— ella tomó el objeto en sus manos y puso el extremo equivocado en el suelo.
—Lo estás usando al revés.— le dijo Peedee antes de que ella hiciera algo más.
—¡Cállate! ¡ya lo sé! Apenas estoy empezando.— se exasperó. Caminó hacia la cubeta, la arrastró hasta el centro del lugar y pensó en qué hacer después—. Ahora, una cubeta llena de agua. Sólo debo, ah...— humedeció el trapeador y después comenzó a fregar el suelo, pensando que lo estaba haciendo correctamente.
—¡No! ¡estás mojando todo el piso!— se quejó el niño—. ¡Debes exprimirlo primero!
—¡Tal vez quede más limpio así!— exclamó ella.
—¡No! ¡dame eso!— Peedee fue hasta ella y trató de quitarle el trapeador.
—¡No! ¡yo lo hago!— ella se resistió y entonces ambos forcejearon para quedarse con el objeto.
—Toc, toc, toc.— llamaron desde la ventanilla—. Niño patata, ¿estás ahí? Quisiera una orden de papas fritas, si te tardas demasiado yo solamente... las robaré.— ella echó un vistazo adentro para ver qué estaba ocurriendo, encontrándose a ambos viéndola fijamente mientras se mantenían aferrados al trapeador—. ¡¿Peridot?!
—Amatista... Oh, genial.— Peridot, avergonzada, se cubrió el rostro con el trapeador.
—Peridot, estás... ¿trabajando? Ugh...— Amatista hizo una cara rara.
—¿Y qué hay de malo si trabajo?— Peridot caminó hacia el mostrador, empujando a Peedee en el proceso—. Bien, te lo explicaré. Estoy aquí sólo por hoy porque decidí pasar algo de "tiempo de calidad" con Peedee.
—Ah.— jadeó la gema morada—. Tú, pequeña loca.
—¿Ah?
—Lo que Peridot quiere decir es que estamos tratando de llevarnos bien.— dijo Peedee, apartando a Peridot del camino—. Aunque parezca imposible pero, ya sabes, es la novia de mi hermano.— contó, frustrado, poniendo la orden de papas fritas sobre el mostrador, eficiente como siempre—. Tu orden está lista.
—Sí, je. Ponlo a la cuenta de Steven.— dijo Amatista, indiferente, llevándose todas las papas a la boca, con todo y empaque, y acabándolo de un sólo bocado.
—Lo imaginaba.— murmuró el niño.
—Y ustedes deberían dejar de intentarlo. Por ejemplo, Ronaldo no me agrada del todo y no me importa que Peridot salga con él.
—Oye, me dijiste que te agradaba.— le reclamó Peridot.
—Eh... lo dije para no herir tus sentimientos, Peri.— le dijo ella sin más—. En fin, nos vemos después.
Amatista se fue tranquila de vuelta al templo. Peridot y Peedee quedaron pensativos unos segundos.
—¿Lo ves? No vale la pena.— le dijo Peedee a Peridot—. Todo esto y en el fondo sabemos que tú y yo nunca vamos a congeniar.
—Podrías ser un poco más optimista.— le reprochó ella.
—¡¿Cómo puedo ser optimista si no te quiero con mi hermano?! ¡Te detesto desde el primer momento! ¡eso no va a cambiar!
—¡Yo te odio a ti también! ¡pero Ronaldo me gusta! ¡y tú estás relacionado con él! ¡así que no importa lo mucho que me desagrades, por él quiero llevarme bien contigo!
—Pues yo no quiero llevarme bien contigo.— le aclaró, viéndola severamente. El niño inhaló profundamente, ya no queriendo mostrar sus emociones más, él quería mantenerse con la cabeza fría—. Eres sólo... otra de sus muchas malas decisiones.
—Está bien, no necesito agradarte ni que dejes de odiarme, tan sólo... acéptame.— habló con voz más apacible, suplicando con la mirada al niño que seguía mirándola con desdén.
Hubo algo de apiado en la mirada del niño, sintiendo compasión por un segundo, pero no podía simplemente hacer eso. Olvidando su enojo y tragándose su orgullo gracias a su suplica, decidió darle un verdadero porqué.
—Bien, escucha, si fuera tan sólo por el odio que te tengo, por mucho que me pesara, yo me haría a un lado y ya... pero es más que eso.— suspiró profundamente, apartando la mirada y con indiferencia continuó—. Es sólo que no creo que seas buena para él.
—¿Qué?— cuestionó, mirándolo con enojo, exigiendo una explicación.
—Ronaldo es... egh... inmaduro.— le dijo Peedee, encogiéndose de hombros, regresando su mirada a la gema—. Así que necesita una chica que lo haga crecer, no una con la que no tenga un futuro.
—¿Futuro?— repitió ella sin entender.
—Aceptémoslo, su relación no va hacia ninguna parte.
—No lo comprendo, ¿hacia dónde debería ir! ¡no te entiendo nada!— ella dio unos pasos hacia él, confrontándolo con firmeza.
—¿Lo ves? No tienes la menor idea sobre las relaciones humanas. Es decir, ¿cómo pretendes estar con mi hermano? ni siquiera sabes trapear el suelo.— dijo, señalando el piso mojado.
—¡¿Y qué si no sé hacer esas cosas que hacen los humanos?!— recogió el trapeador del suelo e intentó romper el palo de madera con sus manos—. Esta cosa absurda...— al no poderlo romper, lo volvió a lanzar al suelo con ira.
—Eres sólo algo pasajero, un capricho.— le dijo el niño despectivamente, moviendo la cabeza en gesto de desaprobación—. Su relación no va a durar.
—¿Por qué no lo haría? Las gemas podemos hacer lo mismo por miles de años.
—Pues Ronaldo no tiene miles de años, ese es el punto.— dijo, cruzando sus brazos.
Fue en ese momento que Peridot rememoró una conversación que había tenido con Garnet hace algún tiempo atrás. Tal contemplación la hizo retroceder.
—¡Agh! ¡sólo estás confundiéndome!— Peridot se llevó las manos a la cabeza y cerró los ojos con fuerza.
—No va a funcionar.
—Claro que funcionará.— insistió ella, tratando de alejar esos pensamientos que aquel niño parecía querer influenciar en ella—. Sólo mira a los padres de Steven, su relación resultó.
—... ¿Y eso cómo terminó?— le dijo en tono lúgubre.
—No ¡te equivocas!— le gritó, repentinamente afligida—. ¡Detente! Tan sólo... quieres molestarme.
Fue cuando Peedee se dio cuenta de que la estaba quebrantando, y se sintió mal por hacerlo. Peedee no es un niño malo, sólo había dicho lo que pensaba y ahora podía verla tan asustada. No había querido herir sus sentimientos, no de verdad.
—No era mi intención que lloraras.— se acercó a ella, apenado.
—¡¿Quién dice que estoy llorando?!— ella levantó la mirada y le dio un fuerte empujón, haciendo que el niño cayera al suelo.
Al mirarla él pudo notar que sí, ella estaba por llorar. Su hermano no se lo perdonaría de ser así. Pero...
—Yo sólo dije lo que pienso.— aseguró, poniéndose de pie sin perder la firmeza—. Ustedes dos... ¿cómo esto podría terminar bien?
—¡No lo sé, Peedee!— le gritó ella—. Sólo no lo sé... Yo no veo el futuro y no quiero preguntarle a Garnet. No sé qué pase después y no quiero pensarlo, sólo quiero lo que está sucediendo ahora. Hay muchas cosas que aún no sé sobre la Tierra, pero quiero saberlo, y si no me vas a apoyar entonces ¡sólo quítate de mi camino!
—Wow... yo... Veo que no harás caso a nada de lo que yo diga.— murmuró el niño.
—Nunca nos ha importado lo que los demás digan de nosotros.— resopló con desgano—. Pero creí que necesitaba tu aprobación, al menos la tuya... Sé que piensas que yo no soy lo mejor para Ronaldo, pero siento que él es lo mejor para mí...
—¿Por qué creerías algo como eso? Es Ronaldo de quien estamos hablando.
—Él ha incidido en mí.— respondió, cabizbaja.
—¿Él qué cosa?— dijo poniendo una cara extraña.
—Incidido significa que me ha influenciado.— le aclaró, mirándolo con fastidio.
—Sí... Lo sabía.— respondió el niño, encogiéndose de hombros.
—Ya no soy la misma, cambié. Vivir aquí me volvió loca y... este es el lugar al que pertenezco ahora. Él, Steven, todos son algo para mí. Y cuando me siento sola, Ronaldo está ahí conmigo, no sé explicarlo, sólo lo necesito, ¿comprendes?
—No...— admitió, viéndola fijamente a los ojos—. Pero... si realmente lo quieres tanto, entonces significa que él está haciendo algo bien.— el niño rubio soltó un largo suspiro—. Después de todo, no es como si... pudiera entrometerme en su relación, ¿qué tipo de hermano sería? No estoy diciendo que te he aceptado del todo, pero si realmente crees que va a funcionar, entonces te dejaré tratar de convencerme.
—Oh.— ella le sonrió, provocando que Peedee se sintiera algo avergonzado.
—Pero, ¿sabes qué? Puede que mi hermano y las Crystal Gems te estén enseñando cosas de la Tierra, pero te malcrían demasiado. Yo te puedo enseñar las verdaderas cosas importantes de la Tierra.— dijo, cruzando sus brazos.
—¿Cómo cuales?— preguntó, alzando una ceja.
—Ya sabes, como por ejemplo... el trabajo duro.— le sonrió—. Veo que limpiar no es lo tuyo.
—No es como si fuera una perla.— giró los ojos.
—¿Qué es lo que sabes hacer?
—Soy una peridot, te aseguro que puedo construir, reparar y recolectar información.
—Entonces tal vez no tengas problemas con la freidora.
—¡¿Me vas a poner a hacer la comida?!
—Las papas fritas, sí. Es muy sencillo, seguro lo aprendes rápido.
—¡Ah! ¡ya me siento parte del negocio familiar!
—Claro.— dijo Peedee con recelo—. Sólo no te acerques a la caja.
—¿A la qué?
.
Comenzaba a hacerse tarde en Ciudad Playa, tornándose el cielo de aquel color del ocaso. Podría haber tranquilidad en las calles de esa pequeña ciudad, pero claro era que había todo menos tranquilidad. La camioneta de Greg daba vueltas de un lado a otro por las calles, casi arroyando a más de una persona. La camioneta iba a toda velocidad, dando giros repentinos en las esquinas, subiendo y bajando de la calle, casi estrellándose contra muros y postes. Fue sólo cuando finalmente volvieron al autolavado que, con un gran rechinido de las ruedas, dejando marcas a su paso, la camioneta finalmente se detuvo.
—¿Cómo lo hice?— preguntó Lapis, estando en el asiento del conductor, con el volante en sus manos.
Ella miró a Greg quien se encontraba hundido en su asiento, completamente aterrado.
—¡Eso fue terrible!— exclamó Perla, apareciendo en medio de ellos. Ella había estado todo el tiempo en el asiento trasero—. Fue peor que terrible, ¡pudiste habernos matado!
—Pero no me estrellé contra nada.— murmuró Lapis, hablando lacónicamente, con su mirada fría puesta sobre Perla.
—¡Y aún así lograste no hacerlo correctamente! Mira, mira cómo dejaste a Greg.— Perla señaló a Greg, quien aún no se recomponía del tremendo susto.
Y es que la gema había conducido a tal velocidad que incluso a Perla asustó. Aún con todo, Greg trató de sonreírle, aunque no era demasiado convincente.
—Descuida, la próxima será mejor, sólo debes... reducir la velocidad un poco.— la animó Greg. Lapis sólo pudo resoplar, cabizbaja.
—Pudo haber provocado un accidente.— dijo Perla, moviendo las manos—. Estos vehículos no deben ir tan rápido, no son como las naves del Planeta Madre.
—Sí, ya entendí.— Lapis giró los ojos y se recargó en la ventana, con su mano sosteniendo su mejilla—. Sabía que esto no era una buena idea. No puedo conducir nada sin provocar un completo caos.— murmuró, desganada.
—Que pudo terminar en desastre.— completó la otra gema.
—Perla, no seas tan dura con ella, es su primera vez intentando.— mencionó Greg.
—Lo sé, lo sé.— Perla se llevó la mano a la frente mientras se encogía de hombros—. Es sólo que no sé si esté preparada para la responsabilidad.
Lapis dejó de escuchar y mejor llevó su mirada y atención a las nubes, pronto esa atención se desvió cuando notó que un humano que ya conocía se estaba acercando mientras alzaba la mano para saludarla.
—Ey, Ronaldo.— Lapis alzó ligeramente la mano para devolverle el saludo, usando un tono de voz soporífero—. ¿Y Peridot?
—Está conviviendo con mi hermanito, ya sabes, para aprender a llevarse bien.— le respondió Ronaldo, llegando hasta la camioneta.
—Es un humano bastante apático.— reconoció Lapis, con una mueca en los labios—. A mí me agrada.
—¿Y qué están haciendo ustedes tres? ¡Los vi conducir como locos por toda la ciudad!
—Siempre pendiente a todo, ¿no es así?— comentó Lapis con una sonrisita—. Me están enseñando a conducir.
—¿A ti?— Ronaldo alzó una ceja, sin ocultar su incredulidad.
—Yo pienso que puede lograrlo si persevera.— intercedió Perla, asomándose a ver a Ronaldo, ella seguía en el asiento trasero de la camioneta—. Conducir un auto es relativamente fácil a comparación con las naves espaciales. Sólo debe reducir la velocidad y no salirse del camino, es eso en lo que falla.— ella miró a Lapis con una sonrisa sabionda—. Sólo tienes que hacerlo con delicadeza y evitarás dañar algo o a alguien.
—Creo que esto sería todo por hoy.— Lapis abrió la puerta de la camioneta y bajó—. No es como si lo necesitara de cualquier modo.— se giró para ver al papá de Steven—. Lo intentaremos otro día, ¿está bien?
Lapis sacó sus alas y se fue volando a quién sabe dónde, dejando a los demás bastante confusos.
—Cielos, ella parecía emocionada esta mañana— dijo Greg.
—¿Pero por qué reaccionó así?— pensó Perla—. Bueno, ella siempre actúa de esa manera.
—Obviamente algo le molestó.— les dijo Ronaldo.
—Oh, sigues aquí.— dijo Perla y Ronaldo la miró feo. Perla miró a Greg y después a Ronaldo—. Volveré al templo ahora. Y, Ronaldo, ve que Peridot no se meta en problemas.
—Lo intentaré.— respondió el chico.
Perla se fue, dejando a Ronaldo y a Greg.
—Creo que debo ir a buscar a Peridot ahora.— dijo Ronaldo, a punto de irse.
—Oye, chico, espera.— lo llamó Greg, bajando de la camioneta y yendo hacia el adolescente—. Tú y yo no hemos hablado, ¿verdad?
—¿Ah? ¿sobre qué?— Ronaldo lo miró, sin entender.
—Sobre tu novia.— Greg le sonrió.
—¿Eh? ¿mi novia? ¿qué hay con ella?— tartamudeó, un poco nervioso.
—Tú entiendes, yo salí con una gema también.
—La mamá de Steven.— murmuró el chico.
—Así que... ya sabes, si hay algo de lo que quisieras hablar alguna vez, aquí estoy.— le dijo tranquilamente.
Ronaldo parpadeó un par de veces, pensando en cuántas cosas quisiera preguntarle, pero no sabía formular todo lo que por su mente cruzaba en una sola oración. Ciertamente salir con una gema no era algo tan sencillo como se podría suponer en un principio, existían cientos de implicaciones que Ronaldo iba entendiendo poco a poco; también había cosas que sencillamente trataba de evitar pensar.
Bajo los estándares humanos, Peridot era alguien bastante desequilibrada, para los estándares de las gemas ella era aún peor en ciertos puntos. Ronaldo la amaba por sobretodo, la quería más que a su propio blog o a su colección de anime, la quería más de lo que pensó que podría quererla en un principio, pues ella era la única que lo aceptaba con cada pequeño detalle; pero era por eso mismo, ella quería todo de él porque ella estaba igual de insana que él. No habría nada que Ronaldo quisiera más que Peridot, no quería perderla por ningún motivo, no sabía lo solitario que había estado antes de ella, no podría regresar a eso ahora que conocía una vida con ella.
Todos estos pensamientos llevaron a Ronaldo a una sola pregunta que, por rara vez, no pudo pronunciar. Así que fue con otra pregunta similar.
—¿Cómo era ella? la mamá de Steven.— le preguntó con cierta timidez y duda.
—¿Rose?— Ronaldo pudo ver un cambio en la expresión del papá de Steven, entendió que después de tanto tiempo él seguía amando profundamente a su esposa que ya no estaba—. Cielos, ella era... tan grande.
Ronaldo hizo una mueca y ladeó la cabeza sin comprender tanto lo que el hombre le decía. Ronaldo ya había visto la imagen de Rose Cuarzo en la casa de Steven, claramente reconoció que ella había sido una mujer muy hermosa.
—Quiero decir...— continuó explicando Greg—. No sólo era muy alta, ella era mucho más de lo que yo pudiera haber merecido. ¿Sabes? cuando conocí a Rose pensé que era la mujer más hermosa que había visto en toda mi vida, fue amor a primera vista. Después me enteré de que ella era una alienígena, ¡una alienígena! Fue bastante difícil, eramos muy diferentes, pero cuando la conocí de verdad, fue cuando me enamoré de verdad, y ella igual de mí.
—Wow, es... una linda historia.— Ronaldo apartó la mirada unos momentos y soltó un suspiro, pero se veía algo desanimado—. Yo cuando conocí a Peridot me di cuenta de que era un alien de inmediato, y entonces... se volvió mi novia. Apenas entiendo cómo eso pasó. Estoy seguro de que la amo, pero... no puedo evitar pensar que...
—¿Te preocupa el futuro?— adivinó Greg, recordando cómo se sentía.
—No me preocupa, ¡me asusta!— exclamó, casi alterado—. Yo... Nunca tengo ninguna cosa buena y cuando la tengo yo sólo me encargo de perderlo. Así soy yo, soy demasiado torpe y egoísta algunas veces. Pero ella... Nunca nadie había pasado tanto tiempo conmigo, nadie me había tomado en serio, nadie que no se haya ido.— y esto le hacía recordar y temer muchas cosas.
Greg recargó su mano en el hombro del chico, con empatía, sabiendo él lo que se sentía perder a la persona que uno ama.
—No digas que vas a perderla, ¿por qué la perderías?
—¡Porque soy un completo tonto!— admitió, cubriendo su rostro con ambas manos—. Siempre echo todo a perder.— eso y también porque temía que ella resultara dañada.
—Oye, yo también era un completo tonto antes de conocer a Rose, y tal vez aún lo sea un poco.— se encogió de hombros, sonriendo con nostalgia. Ronaldo le prestó mayor atención—. Pero eso fue lo que me llevó a ella. Antes de conocer a Rose yo solía ser un hombre solitario. No me daba cuenta de que mi vida... no tenía ninguna dirección, pero entonces llegó ella y se volvió todo mi mundo. Por ella encontré un camino y eso es lo que me trajo hasta aquí. Había dificultades pero al final todo resultaba bien porque nos amábamos el uno al otro, de alguna forma hicimos que funcionara. Yo no sé cómo sea tu relación con Peridot, pero si ella te ama, se quedará contigo aunque lo arruines.
—Espero que sea así.— murmuró el rubio.
—Sí, el amor no siempre es tan sencillo como eso.— Greg suspiró—. Realmente espero que las cosas salgan bien entre ustedes dos, en serio.
Ronaldo miró a Greg con una media sonrisa, sorprendiéndose por tener a alguien que lo estaba apoyando.
—Cielos, señor Universe, usted realmente debería dar platicas motivacionales.— se rió un poco.
—Oye, chico, sales con una Crystal Gem, eso te vuelve parte de la familia ahora, así que acostúmbrate a las conversaciones sentimentales.— revolvió el cabello de Ronaldo como si éste fuera un niño pequeño, provocando que el rubio se apenara.
—Wow... Creo... Creo que es verdad.— se dio cuenta.
—¡Ronaldo!— lo llamó Peridot con entusiasmo a la distancia.
—¡Peri!— Ronaldo la miró con alegría mientras ella se acercaba corriendo, y detrás de ella iba Peedee con un andar más lento—. ¿Cómo les fue a ustedes, chicos?
—Pudo haber resultado mejor.— dijo Peridot, llegando hasta Ronaldo y recargándose en él.
—Fue terrible, pero pudo haber sido peor.— admitió Peedee, sonriendo con los brazos cruzados—. Podría acostumbrarme a tenerla de compañera, es más dedicada que tú.
—¡Oye!— Ronaldo se ofendió un poco.
—No exageres, estoy segura de que no podría reemplazarlo... aún.— dijo ella con una risilla.
—¡Oye!— repitió Ronaldo y ella se rió más fuerte.
—Bien, ¡¿y qué hacemos ahora?!— exclamó Peridot, emocionada por alguna razón.
—Podemos volver al faro y ver una película. Sería genial pasar tiempo con mi novia y mi hermanito.— sugirió con orgullo.
—Em... No lo sé, mañana hay trabajo.— murmuró Peedee.
—Vamos, Peedee, diviértete por una vez en tu vida.— le dijo Peridot, tratando de animarlo.
—Está bien.— resopló el niño, girando los ojos, en realidad sólo se había estado haciendo el difícil—. Pero yo escojo la película.
Ronaldo y Peridot se sonrieron entre sí, Peedee sonrió un poco también.
—¡Yo iré por Steven para que traiga las palomitas!— exclamó la pequeña verde, yéndose corriendo al templo para ir por el niño mitad gema.
—Realmente no entiendo qué le ves a esa loca.— le dijo el niño a su hermano mayor.
Ronaldo se ruborizó, no lo sabría explicar. Sólo arrastró a su hermano para ir camino al faro.
—Nos vemos, señor Universe.— se despidió Ronaldo del papá de Steven antes de partir.
Greg alzó la mano como despedida y observó a los tres alejarse a la distancia.
¿Qué diría Rose si estuviera ahí? Seguramente le parecería tan divertido, seguramente ella sí lo entendería.
Ugh, tardé más de lo esperado, pero al menos no más de un mes como ciertos otros fics que tengo...
Ya, ya. Uff. Debo decir, la idea original, de antes de que iniciara a subir la historia, era que la relación entre Peridot y Peedee fuera algo diferente, pero al final los dejé con todo lo contrarío que tenía planeado, se detestan mutuamente, por lo tanto siempre pensé en darles un capítulo donde convivieran. Aquí está, supongo. No entiendo cómo es que se me hizo tan difícil de escribir. Habré perdido la costumbre de escribir esta historia.
Okey, verán, en mi fanfic Peridot entiende más a los humanos que en la serie, en mi fanfic Ronaldo entiende más a las gemas que en la serie, eso se debe a su convivencia mutua y con los demás, así los he desarrollado. Pero aquí Lapis también es diferente, porque en mi historia ella no tiene ese apoyo que le da Peridot en la serie, no tiene con quién conversar sobre sus miedos y sentimientos (se sobreentiende que en la serie Lapis le cuenta muchas cosas a Peridot y Peridot es muy sobreprotectora con ella), pero a cambio la he hecho un poco más sociable con los demás, pero no es realmente cercana a nadie más que Steven, no le di el soporte emocional que Peridot podría darle, por lo que la Lapis de mi fic es más triste que la de la serie, sólo el tiempo dirá qué consecuencias traerá.
Siempre he pensado que las gemas se encierran mucho en su propio mundo, que sólo son ellas y no hubiera nada más de no ser por Steven que es humano. Miles de años en la Tierra y no terminan de entender a los humanos por una razón. En mi fic trato de cambiar eso, por ejemplo, en la serie es muy poco probable que algún día veamos a Amatista teniendo una verdadera conversación con Peedee, especialmente si no está Steven de por medio, pero simplemente lo escribí.
Por último tengo que decir que estos últimos capítulos han sido como un intermedio, ustedes entienden, la calma antes de la tormenta y después ¡BAM!
Lo bueno comienza en el siguiente capítulo, espero. Ah... pero volveré a ausentarme, lo siento, tengo muchos fanfics, hay uno que realmente debo terminar pronto. Pero a esta fic no le quedan muchos capítulos creo. En fin, espero que no me demore tanto como la última vez jeje
Ahora para despedirme les dejaré una curiosidad, no tienen que leerla si no quieren, poco tiene que ver con esta historia.
Pues verán, ya les he dicho que considero este fic muy simple (por mucho que este capítulo y el anterior se me hayan complicado), bien, me di cuenta de algo más, y es que esta historia no me da motivos para investigar. Les explicaré; llevo un fanfic de Las Chicas Superpoderosas desde chiquilla, el cual trata de mitología griega, me recuerdo a mí misma yendo a la biblioteca, tomando un buen libro de mitos griegos y tomando anotaciones, incluso ahora sigo buscando información en intenet cada que lo requiero. Tengo un fanfic de Frozen, basado en el cuento de La Reina de las Nieves y con trasfondo bíblico, cuando inicié solía recibir con gusto los folletos de los religiosos, los guardaba y leía, aún lo hago, tengo muchos párrafos subrayados en mi biblia, es común que cuando veo una película de terror me ponga a hacer anotaciones, mandé a pedir el Libro de Enoc para poderlo leer, oh, y me leí todo el cuento de La Reina de las Nieves (y el de La Sirenita) vi dos películas y un anime también de ese cuento. Para mi fanfic de Tinkerbell leí el libro de Peter Pan, la precuela y la secuela también (aunque me quedé en la mitad) he visto varias películas y hasta la biografía del autor. No empecé mi fanfic del Origen de los Guardianes hasta que me leí todos los libros. Y empecé un fic de Moana, he investigado mitos, el significado de los tatuajes, de los saludos, los nombres, armas, danzas, incluso vi documentales de un animal extinto ¡ya casi me sé la historia de Nueva Zelanda! (ok, exagero) Incluso cuando era niña y era novata en esto, con mi fic de Hora de Aventura estaba al pendiente de cada teoría.
¿Pero qué he hecho para esta historia? Lo más que he investigado es el blog de Ronaldo en Tumblr... En serio, lo leí todo, de principio a fin. ¿Saben que antes de que iniciara la sería ya hacía spoiler de la temporada 2? Cielos...
En otras palabras, soy muy exagerada, siempre quiero obtener más información de la necesaria. Pero con este fic no... ¿Será por eso que se me hace tan simple?
