Capítulo Tercero:
"Una historia de trabajo, Parte I"
El portal brilló y justo allí aparecieron Connie y Steven, en medio del prado, siendo recibidos por el fresco viento matinal y el dulce aroma a vegetación y aire limpio, el olor era suave, no se sentía tanta sal como en la playa y había bastante fresco, para Connie era gratificante estar allí, podía ver por qué "las otras" Crystal Gems decidieron hacer su base en el granero, pues la paz, la tranquilidad que se vivía era increíble. Los chicos corrieron por la grama baja y bien cuidada, había unas vacas cerca, pastando, pronto encontraron unas rejas y antes de darse cuenta, estaban en el lujoso granero, de nuevo. Steven saltó a la puerta y tocó rápido, llamando a una de las tres gemas, pero nadie salió, así que él hizo una mueca y volvió a hacer lo mismo, pero nadie salió.
—Han de estar en una misión—Se sentó:—Lo siento Connie, realmente quería que vieras lo genial que el granero es ahora.
—No te preocupes, Steven—Sonrió la chica, sentándose:—Se ve genial desde acá, pero tengo una duda, me has dicho que a veces agarran transporte público ¿Cómo obtienen el dinero? ¿Tu papá se los facilita?
—Claro que no ¡Ellas lo obtienen!
—¿Lo obtienen?
—¡Sí! ¡Trabajan! ¡Ohhhh! ¡¿Qué día es hoy?!
—Es sábado, por su puesto.
—¡Ya entiendo! ¡Están en el trabajo!
—¿Trabajo? ¿Realmente tienen un empleo?
—¡Claro que lo tienen! Trabajan todos los fines de semana... o por lo menos la mayoría.
—¡No lo creo!—Exclamó Connie, llevando sus manos a su rostro:—¿Y cómo consiguieron el empleo?
—Ahm...—Steven dudó un poco, colocó una mano en su cabeza y comenzó a recordar:—Es una historia larga.
—Tenemos tiempo—Ella se acomodó, abrazando sus piernas y viéndolo con brillo en sus ojos, vio a Steven mirar el cielo rememorando lo sucedido y entonces, él empezó.
Era un típico día soleado en las cercanías del granero, el viento constante endulzado con el aroma a las típicas hojas veraniegas de los árboles creaba en la nariz un delicioso elixir que relajaba las sensaciones de derredor. Steven corrió feliz, había usado el portal para llegar allí, era un grandioso día donde se divertiría con "las nuevas Crystal Gems". Exclamó emocionado, viendo a la distancia a Lapislázuli, que se encontraba con sus pies metidos en la pequeña alberca cercana al granero. Disfrutando del agua.
—¡Lapis!—Gritó.
Ella se levantó de un salto y expandió sus alas de agua, impulsándose hacia arriba alzó vuelo y fue lo más rápido hacia él, abrazándolo con fuerza y dando vueltas en el aire mientras aterrizaba lentamente en el suelo, colocando primero un pie, luego el otro, con cuidado y dejándolo en el piso.
—¡Steven!—Exclamó, sonriendo:—¡Que bueno verte! ¡Creí que ya no vendrías!
—Perla me entretuvo un poco—Se excusó:—¿Lista para un día supermegadivertido?
—Me gustaría—Otra voz resonó, era Peridot:—Pero actualmente me encuentro preocupada sobre el estado de mis artefactos—Explicó en su típico tono, mientras cargaba lo que parecía una consola de videojuegos:—Me lo encontré roto, está completamente dañado ¿Lázuli, sabes acaso...?
—¡¿Piensas que fui yo?! ¿Por qué no le preguntas a Jasper?
—Está mojado ¿Quién más aquí maneja el agua?—Acusó Peridot:—Mis cosas están mojadas.
—¡Jasper es excelente rompiendo cosas!
—¡¿Me estás culpando?!—Exclamó Jasper, llegando al lugar:—Yo no me meto con esas cosas de... nerd, ¡Yo no fui!
—Alguien rompió mis cosas... De nuevo—Peridot soltó el artefacto:—¡Y exijo saber quién fue!
—¡No fui yo! ¡Fue ella!—Dijeron Lapislázuli y Jasper de nuevo.
—¡¿Ahora nadie?! ¡¿Se rompió sólo?!
—¡Todo esto te pasa por dejar las cosas regadas!—Exclamó Jasper:—Quita tus vainas de cualquier lado ¡Mira que más de una vez me he herido por tus estúpidos aparatitos!
—¿Ahora tú eres la victima?—Cuestionó la gema verde.
—¡Por favor!—Gritó Lapislázuli:—Ustedes dos sólo causan problemas.
—¿Sólo nosotras?—Exclamaron Jasper y Peridot.
—¡Te recuerdo qué eres tú quien disfruta romper cosas de los demás!
—Por favor Peridot ¡Supera tu grabadora!
—¡¿Por qué no mejor superas esto?!—Sacó entonces la hoja que Steven le había dado a Lapislázuli hacía un tiempo (Cual ella había guardado en una burbuja, cercano al agua, para conservarla) y la rompió:—¿¡Eh?!
—¡¿Cómo te atreves?!
—¡¿Por qué tú si te puedes enojar por una estúpida hoja y yo no por mi grabadora?!
—Esa hoja... ¡Esa hoja me la regaló Steven!
—¡La grabadora me la regaló Steven!
—¡Callense ya!—Jasper las tomó del brazo y las empujó lejos:—¡Dejen la tonta pelea! ¡Es una estúpida hoja! ¡Puedes conseguir más! ¡Es una estúpida grabadora arcaica! ¡Puedes fabricar otra!
—¡Estoy harta!—Lapislázulo expandió sus alas de agua:—¡Me voy! ¡No puedo seguir viviendo con bestias como ustedes!—Alzó vuelo y desapareció en el cielo.
—¡Yo no pretendo seguir viviendo con enclenques como ustedes!
Jasper entonces agarró impulso y en su giro rápido desapareció y se fue en su camino hacia cualquier otro lado.
—¡Pues yo no pretendo seguir viviendo con TOOONTAAAS como ustedes!
Gritó Peridot, comenzando a correr en dirección contraria.
Steven entonces quedó sólo allí, había estado en medio de la pelea en todo el momento y ahora se limitaba a estar estático, pues las tres gemas habían partido en direcciones opuestas, creyó que más tarde volverían, cuando se les hubiese pasado la rabia y estuviesen listas para disculparse, así que se sentó debajo de un árbol a esperar... y esperar. Se entretuvo viendo las vacas a lo lejos y luego nadando en la alberca, sólo, aburriéndose poco después. Cuando se dio cuenta, ya casi anochecía, así que caminó un poco deprimido hacia el portal y de allí se transportó al templo.
—¡Steven!—Perla volteó rápido a él:—¿Cómo te fue?
—¿Por qué esa cara, rarito?—Preguntó Amatista, acercándose.
—Terrible—Steven avanzó a la escalera para subir a su cuarto:—Fue terrible, estuve todo el día sólo.
—¿Sólo?—Perla se horrorizó:—¿Por qué? ¿Qué sucedió con ellas?
—¡Se fueron!—Exclamó él, lanzándose a la cama con los brazos estirados.
—¡¿Cómo que se fueron?!—Amatista corrió hacia arriba, tras él, Perla le siguió.
—¡Pelearon y cada una se fue!
—¿Para dónde?
—¡No sé! ¡Se supone que hoy ibamos a pasar el día más divertido de nuestras vidas!—Se quejó, alzando sus brazos:—Pero luego llegó Peridot preguntando quien rompió sus cosas, Lapis y Jasper negaron, se pelearon, se insultaron y cada una se fue ¡Estuve tanto tiempo esperando este día!
Dejó de hablar y relajó su cuerpo en la cama, mientras hacía un puchero y gruñía para sus adentros, fue entonces que escuchó unos conocidos pasos acercándose para luego ver a Garnet a su lado, quien le colocó una mano en la frente y llevó el cabello hacia atrás, peinándolo con cuidado.
—Steven, comprendo que querías disfrutar este día, pero recuerda que ellas tres todavía no se han familiarizado completamente, necesitan mucho más tiempo para poder entablar una buena amistad.
—¡Pero se han ido!—Exclamó, llevando sus ojos oscuros a Garnet:—¿Tú crees qué regresen? ¿Qué puedes ver?
—Uhm...—Garnet acomodó sus lentes, se vio algo pensativa, luego contestó:—Hay varios escenarios, pero... Si las cosas van como ahora... no, nunca regresarán.
—¡¿Qué?!—Exclamó Steven, levantándose rápido:—¿Nunca?
—Nunca—Se pausó unos segundos:—A diferencia de nosotras, ellas no tienen mucho en común, ni siquiera se han unido por las mismas razones, si se encuentra algo que las tres aprecien... ellas regresarán, se unirán y formarán un grupo capaz de todo, pero mientras eso no suceda, sus trayectorias no se cruzarán.
Los ojos de Steven se humedecieron ligeramente y él bajó la mirada al suelo, Garnet se levantó con cuidado y caminó hacia las escaleras, haciéndole señas a las otras dos gemas para que se retiraran también. Steven volvió a acostarse en la cama, abrazando su peluche, pensando entristecido sobre ese día y sobre la separación de aquél nuevo grupo.
Las horas pasaron y se hizo media noche, él seguía sin dormir, inmerso en aquella situación que le consumía, fue entonces que mirando a las estrellas, se le ocurrió: "si se encuentra algo que las tres aprecien... ellas regresarán", una idea alumbró su mente y él saltó de la cama al suelo con sus ojos brillantes ¡Sólo debía encontrar aquello que las tres verdaderamente querían! Eso las uniría realmente. En medio de su inspiración, tomó un papel, un lápiz, escribió una simple carta cual dejó en su cama y salió rápido de la casa, viendo al león descansando en el porche.
—León, necesito que me lleves con Lapislázuli ¡Ahora!—Exclamó, montándose encima de su mascota mágica:—León—Llamó de nuevo al verse ignorado:—¡León! ¡Es urgente!
—Urgente nada, Steven—Escuchó a Perla:—Garnet me avisó que intentarías esto, no saldrás.
—¿Quééé?—Exclamó, siendo alzado por Perla:—Pero... pero... ¡Ellas...!
—Nada. A dormir.
Fue llevado en brazos hacia dentro de la casa, se quejó bastante, forcejeó, pataleó e incluso lloriqueó, pera nada evitó que Perla lo colocase de nuevo en la cama y lo arropara.
—Perla, ellas me necesitan...
—¿Sabes dónde están?—Cuestionó Perla:—¿O sabes qué buscar?
Steven hizo silencio ante aquello, se dio cuenta entonces que realmente no sabía nada, ni si quiera por donde comenzar, se sintió un tanto tonto pero resignado en ese momento, no se rendiría, eso lo sabía, pero primero debía buscar un punto donde comenzar, así que aquella noche pensó un poco por un comienzo, por un lugar donde encontrara una pista hasta quedarse dormido. Sus sueños fueron inundados de luces, de sonidos, de voces. Un sueño fugaz, un sueño profundo que desembocó en una mañana suave y tranquila.
Los próximos días él se quedó investigando seriamente dónde podrían ellas estar, solía buscar en el granero muchas cosas, algún indicio, alguna señal, algo que le indicara, pero no, sólo unas cuántas cosas mojadas, rotas, a medio construir y más nada, no había allí algo que le dijera un camino, pero Steven no se rendía, aunque hubiese pasado ya casi dos semanas, sus investigaciones iban cada vez más profundo pero nunca encontraba nada, simplemente esas tres gemas no tenían algo que les causara atracción a alguna ciudad.
Consecutivamente había estado soñando lo mismo: Luces fuertes, muchas voces, sonidos de carros, pisadas, risas, bebidas, muchas bebidas, computadoras, un extraño aviso de neón que brillaba intermitente que decía "Bar&Peace", un edificio gris y alto en el cual distinguió un "Computer inc", una pizarra verde con diferentes cafés y un escrito "Sugar Coffe"... todo tan rápido, pero todo aquello le recordaba una ciudad en especifico...
—¡Ciudad imperio!—Saltó de la cama al suelo, sudando:—Una de ellas estará en ciudad imperio.
Miró a todos lados, era de día y las gemas no estaban, habían dejado una nota en la que explicaban que habían salido a una misión importante y peligrosa. Aprovechó el momento, corrió al baño y se preparó, se cambió, empacó un tanto de dinero y comida en su mochila hamburguesa y corrió hacia afuera, allí estaba León, comiéndose un paquete de papitas. Se montó sobre él y exclamó decidido:
—León, ¡Llévame a ciudad imperio!
El león rugió y sus ojos brillaron para luego saltar y comenzar a correr hacia el agua, hacia la playa, sus patas no se hundían y él recorrió una gran cantidad de kilómetros antes de hacer el primer portal, uno color rosado y allí dentro saltó, fugándose de la dimensión en la que se encontraban y volando en un túnel interdimensional. Salieron justo en Ciudad Imperio.
Steven observó impresionado, había mucho de lo que hubo en sus sueños, muchos carros, mucha gente, mucha bulla, los edificios siempre brillantes, carteles grandes y luces de neón, mucha cantidad de información tomada de sus sentidos le abrumó un poco, pero él continuó caminando por largo rato por la ciudad, seguía sus instintos, pero no sabía dónde estaba, hasta que después de una hora y cuando se moría de hambre, vio una cafetería, pensó entonces que podría calentar su comida allí. Corrió adentro y se sentó en una de las sillas del mesón, había una chica limpiando unas cosas, dándole la espalda:
—Señorita—Llamó, la vio voltearse mientras decía:
—Bienvenido a Sugar Coffe... ¿Steven? ¿Qué haces aquí?
—¡Lapislázuli!—Exclamó él, con una sonrisa:—¡Lapis! ¡Lapis! ¡¿Qué haces aquí?!
—¡Eso mismo te pregunto yo a ti! ¿Ellas te dejaron venir?
—No, pero... ¡Estoy tan feliz de encontrarte! ¡Creí que nunca te volvería a ver!
—¿Cómo puedes decir eso?—Lapislázuli se recostó al mesón con una sonrisa:—Steven, he tenido momentos complicados aquí, por eso no te he visitado, pero planeaba hacerlo pronto, encontré un lindo lugar para vivir ¡Si quieres te lo muestro! Pero será cuando mi hora acabe, falta un poco más.
Él aceptó y ella calentó la comida que Steven había llevado consigo, para él, el tiempo pasó muy rápido, pues se entretuvo comiendo su desayuno y luego un poco de pasteles que le había regalado Lapislázuli, para ella el tiempo pasó un poco más lento, atender la cafetería era un tanto fastidioso por algunas personas, pero ella logró mantenerse tranquila, pues sabía que en algún momento acabaría su turno, y así sucedió, al llegar la hora se retiró a la parte de atrás de la cafetería y al cabo de varios minutos salió de nuevo con su ropa habitual, tomó entonces la mano de Steven y caminó con él hacia afuera.
Cantaron, contaron chistes y se rieron mientras iban caminando por Ciudad Imperio, allí todo parecía tranquilo en ese día soleado, tomados de la mano y jugando, llegaron a un edificio de gran tamaño color marrón, un complejo de apartamentos. Entraron y subieron por el ascensor hasta el piso siete.
—Steven, mira, éste es mi nuevo hogar—Anunció Lapislázuli, abriendo la puerta de su apartamento:—¡Disfrútalo!
Steven pasó corriendo, observó un extenso piso de madera, una mesa en la sala y muebles cómodos, un gran ventanal que daba con la ciudad y un pasillo, además de la puerta que daba a la cocina. Saltó al ventanal y se recostó al vidrio viendo maravillado toda la ciudad y las calles, volteó y miró el techo, de madera también con un candelabro pequeño y modesto (¿Los candelabros son modestos?), estaba boquiabierto, dio pasos temblorosos y corrió al pasillo, dónde habían dos cuartos, uno de ellos todavía estaba cerrado, corrió luego a la cocina, viendo un mesón marrón madera, amplio, una mesa de comedor, un horno, nevera, hornillas, microondas, entre otras cosas. Corrió de nuevo a la sala y saltó a Lapislázuli, abrazándola, ella lo atajó y lo alzó, dando vueltas con él y luego jugaron en el apartamento, se dispusieron a ver televisión un rato y cuando ya tenían ratos de diversión jugando con el agua, Steven se sentó y dijo:
—Tengo algo de hambre ¡Iré a ver que tienes de comida!
Se levantó de golpe y caminó a la cocina, seguido por ella, quien abrió la nevera y los observaron que estaba vacía, Steven recordó que las gemas no necesitaban comer ni tomar agua.
—Compraré algo luego—Lapislázuli cerró la puerta de la nevera y caminó a la sala:—Tengo una idea ¡Vive conmigo aquí, Steven!
—¿Qué?—Él la siguió:—Pero las gemas, mi papá...
—¡Pero este lugar es fantástico! Podrás ver la ciudad ¡Tendremos horas de diversión! Jugaremos—Decía, dando vueltas en el apartamento:—Estaremos juntos cuando no esté trabajando, sólo los dos.
—Pero... ¡Yo no vine para que vivamos sólo los dos! ¡Yo quiero que te reconcilies con Jasper y Peridot!
—¿Qué?—La sonrisa de Lapislázuli se borró y ella detuvo sus vueltas:—¿Estás de broma, Steven?—Cuestionó, notándose molesta:—¡Estás loco! ¡Ellas... ellas son insoportables!
—Pero Lapis, ustedes son un grupo, deberían llevarse bien—Se quejó, avanzando hacia ella:—Quiero que te las encuentres y...
—¡NO!—Gritó la gema, rompiendo todas las tuberías, de donde salieron chorros de agua:—¡¿Acaso no te das cuenta de lo que ellas son?!
—Pero...
—Vivamos juntos, olvídate de ellas, de las demás, de tu padre—Insistió Lapislázuli:—Quédate a mi lado, tu única y verdadera amiga...
—¡Una amiga no me pediría eso!—Exclamó Steven:—¡No me diría que abandone todo!
—Entonces...¡VETE!—Gritó:—VETE—Levantó una gran mano de agua y lo lanzó fuera de su apartamento:—¡Y quédate con aquellas que me encerraron y no vuelvas!
Cerró la puerta de golpe y Steven quedó paralizado del susto, había sido atajado por el León, quien ahora lo colocaba delicadamente (lo dejaba caer) en el suelo. Él se levantó con cuidado y sin saber qué acción tomar, se quedó allí, estático por varios minutos, casi por media hora, sintiendo una astilla en su corazón por aquél trato y entonces entendió que debía irse de allí, que debía buscar a las demás, que Lapislázuli seguía herida. Se sintió un tanto ciego al no darse cuenta de ello antes, pero sabía que en las condiciones de la gema de agua no lograría nada, así que se montó en León y dándole una palmadita, dijo:
—Andando.
—¿En serio ella hizo eso?—Preguntó Connie, con sus ojos bien abiertos y sus piernas abrazadas por sus brazos, se había inclinado hacia adelante para ver mejor a Steven.
—Sí—Steven se encogió de hombros:—¡Pero no te apresures a juzgarla! ¡Todavía falta mucho más!
¡Hola! Sé que me había desaparecido, sé que me tardé, pero uffs, las clases se han vuelto intensas. Espero que disfruten este capítulo, este tema tendrá dos partes, y aunque no fue tan enfocado en la comedia (cómo los otros dos), quiero creer que ha sido igual de entretenido. Gracias por leer!
