Capítulo Sexto:
Gritaron Peridot y Lapislázuli al unísono, abrazándose entre ellas, recostándose al mueble y temblando mientras miraban en la pantalla de ese televisor, o como Peridot decía "arcaica caja de transmisión de imágenes", estaban casi que anastomosando sus cuerpos con el mueble del granero, enterrando sus casi inexistentes uñas y con sus ojos bien abiertos en la oscuridad sólo iluminada por lo que ellas veían en ese momento.
—¡NO ENTRES ALLÍ!—Exclamó Lapislázuli, empujando a Peridot y formando sus alas de agua, con ella se tapó los ojos para no mirar la imagen.
—¡No quiero ver!—Chilló Peridot, cubriéndose con sus manos mientras temblaba.
Una gran cantidad de luz entró al granero, las ventanas se abrieron, la puerta se abrió y el televisor se apagó, ellas quedaron estáticas en el mueble y vieron la gran figura de Jasper con una muy mala expresión que sólo indicaba su descontento, sosteniendo el cable del aparato en sus manos y con sus brazos cruzados.
—Las he llamado cinco veces para que vayamos a una misión—Avisó la cuarzo entre gruñidos.
—No te escuchamos—Lapislázuli se alzó de hombros—¿Por qué simplemente no entraste aquí?
—¡Intenté entrar muchas veces y tenían la maldita puerta cerrada!
—¿Entonces cómo entraste?—Cuestionó Peridot, cruzándose de brazos. Jasper señaló con su pulgar un hueco en la pared del granero—Ah, ya... ¿Lo repararás, verdad?
—Sí, claro, lo repararás.
—¡¿QUÉ?! ¡Oye...!
—LO REPARARÁS—Repitió Jasper, apretando sus dientes.
Peridot tragó seco con esa advertencia, hundiéndose en el cojín lo más que pudo. Lapislázuli se levantó entonces y en suspiro, estirando su cuerpo dijo:
—¿Dónde es?
Se tardaron varias horas en llegar, cuando pisaron el terreno faltaba poco para el anochecer y al llegar a la puerta de la mansión había salido la primera estrella. Ellas tres vieron la gran mansión abandonada que tenían en frente, era oscura, de madera rota y ventanas empañadas y sucias, los árboles estaban muertos alrededor y una extraña y muy conveniente nube oscura encima que daba ese aire tan poco acogedor que tenía.
—Ajá... ¿Y qué tiene este lugar?—Preguntó Peridot, cruzándose de brazos.
—Han habido sucesos extraños, según escuché—Contestó Jasper, tronándose los dedos—Como sea, entremos.
Abrieron la puerta, la gema cuarzo entró primero, seguida por Peridot y luego Lapislázuli, quien por un minuto se detuvo y observó atrás, sabía que algo extraño iba a suceder, incluso para su lógica, en el que ellas eran alienigenas con poderes que tenían vivas más de mil años. Después de ese minuto, entró. Seguidamente la puerta se cerró detrás de ellas, aunque ninguna le dio importancia, el lugar era oscuro, no podía verse nada, así que Peridot pasando al frente emanó luz de su gema, usándola como linterna.
—Necesitaremos más luz—Dijo Jasper, encendiendo la luz de su gema:—Lapislázuli ¿Por qué no nos dotas tú también de tu grandiosa luz? Guíanos el camino.
Pidió, en un tono bastante odioso. Lapislázuli hizo una mueca ante esa burla y comenzó a divisar lo que podía en aquella oscuridad, pronto sintió que su pecho se llenaba de tanta presión que la ahogaba, la fuerza que empujaba su cuerpo al suelo era lo suficientemente fuerte para ahogarla. Logró ver a través de la luz verde que la gran mansión oscura tenía un techo con un candelabro pendulante y quebrado, manteniéndose débil y colgado, habían cuadros, muchos cuadros en las paredes, oscuros. Tragó en seco y sintió el sucio del suelo pegarse a sus pies descalzos.
—Oigan, vean por aquí—Llamó Peridot, ya en las escaleras.
—¿Qué cosa?
Preguntó Jasper, entrecerrando los ojos y acercándose, Lapislázuli la siguió y al estar en el primer escalón vio varias pisadas tan bien definidas que parecía haber sido hechas en ese mismo instante. Peridot se inclinó sobre las escaleras y con un dedo rozó la huella y miró de cerca el polvo que allí había.
—No parece polvo "normal"—Añadió—Aquí hay algo extraño, muy extraño.
Un ruido sucedió detrás de ellas tres, quienes voltearon rápido y con fuerte frío en sus nucas, no había nada, todo estaba completamente solo, pero ahora tenían cierto miedo y ni entendían por qué.
—¿Qué era lo extraño de esta casa?—Preguntó Peridot, ocultándose entre el cabello de Jasper.
—...Algunos muertos... creo.—Balbuceó la cuarzo:—Vamos a investigar.
Pareció recuperarse, así que caminó firme, pero quizás más dudosa que de costumbre. Fue seguida. Ellas estuvieron serias, tensas y calladas, alumbrando en un silencioso miedo, dando pasos cada vez más y más cortos y silenciosos, pensando seriamente en salir de allí.
—O...oigan—Tartamudeó Peridot—¿Por... por qué están tan peg...pega..das?
—¡Quitate de mi pelo primero! Enana.—Amenazó Jasper, tomándola del brazo y dejándola en el suelo—Cobarde, sólo tenemos que mirar aquí y listo.
Exclamó, dando valientemente un paso al frente, estuvo frente a una puerta y tomó la manilla con fuerza, gritando estridente y estremeciéndose mientras su cuerpo emanaba una luz amarilla mostaza. Lapislázuli y Peridot gritaron aterradas, fue tanto el susto que Peridot corrió a un pasillo oscuro y Lapislázuli voló lo más alto que pudo, escondiéndose en uno de los diferentes pisos. Jasper dejó de brillar, su cuerpo se arqueó hacia adelante, gritando todavía para culminar en una risa burlona, fuerte y clara, palmeándose los muslos, soltando la manilla y terminando en una risa de ahogada de cerdito.
—¡COBARDES! ¡Era una broma!
Se irguió y miró a sus lados, limpiando las lágrimas de sus ojos mientras pasaba la risa y la diversión, estiró su cuerpo cuanto pudo y caminó al pasillo oscuro en el que estaba Peridot, alumbrando con su gema, vio unas escaleras que llevaban hacia abajo, así que fue por ahí con una sonrisa burlona en su rostro.
—Oye Peri... ¿Terminaste de temblar? Sal ya, tenemos una gema que encontrar.
Se detuvo en seco al llegar al final de las escaleras y no ver nada más que escombros, hizo una mueca intuyendo que la susodicha gema que buscaba estaba oculta en un lugar pequeño, así que le dio tiempo y volteó para subir de nuevo, sintió que unos de sus pies era jalado y su primer impulso fue alzarlo con fuerza, destrozando la escalera de madera, iba a dar una fuerte patada pero algo la detuvo, un grito conocido y vio entonces a Peridot, sosteniéndose con fuerza de su pie.
—¿Qué haces?
—Quería asustarte—Admitió la gema verde.
—Casi te evaporo, tú no eres muy resistente.
—Cállate y bájame.
—Bien—Jasper sacudió su pierna ligeramente y Peridot cayó debajo de las escaleras, haciendo un fuerte ruido y luego se le escuchó un quejido doloroso.
—Pero no así.
Después de recoger a Peridot, decidieron salir de allí, caminaron alumbrando la casa oscura y luego las escaleras, no era el lugar más bonito conocido, ni el más cómodo, ni el más silencioso, pues habían extraños quejidos allí. El primer piso se componía de una serie de pasillos y puertas, una tras otra era como un laberinto, pero allí no estaba Lapislázuli. Llegando incluso al final del pasillo, a la última puerta, no encontraron.
—Debe estar en el último—Informó Peridot—Gracias Jasper, por tu "bromita" has retrasado nuestra misión.
—Ya, cállate—Exclamó Jasper, dando media vuelta para salir de esa habitación de aquél último pasillo—Además, la iba a mandar a revisar arriba—Se excusó.
Se detuvieron, observaron en la puerta una silueta ancha y oscura, muy, muy gorda. Jasper tensó sus músculos.
—Soy... tu peor pesadilla, Jasper, tu más grande miedo.
—¡Ja! ¡Las Jasper no le tenemos miedo a nada!—Gritó.
Las luces de la habitación oscura se encendieron, Jasper abrió bien sus ojos y palideció, yendo hacia atrás hasta chocar con la pared, colocó sus manos en su cabeza y apretó los ojos negándose a ver lo que estaba frente a ella. Se cayó al suelo de rodillas.
—¡¿Qué?! ¡¿Ese tu más grande miedo?!—Cuestionó Peridot—Sólo eres tú... más gorda.
—¡NO ESTOY GORDA!—Gritó Jasper—¡SOY DE CUERPO GRANDE!
—...caderas gordas...—Decía aquél ser, atorado en la puerta y con los ojos perdido—Brazos gordos... cabeza gorda... estás gorda Jasper, obesa, no cabes por la puerta.
—¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!—Jasper se cubrió el rostro.
—Es hora de acabar con esto—Peridot sacó una de sus pistolas láser y apuntó—Ahora verás, gema corrupta...
Pestañó y observó atonita, no creía lo que veían sus ojos que formaron una estrella junto a su rostro lleno de ilusión y amor, bajó el arma.
—Percy... Yo... yo soy tu más grande fan... ¿Y Pierre? ¿Dónde está él?Si tú estás aquí él también—Se acercó, mirándolo a los ojos—Verdad ¿Tú lo quieres más a él... no es así?
—No—Dijo Percy, en un tono frío—La guerra es dura... pero el amor lo es más ¿Acaso eso no significa nada para ti?
—¡¿Qué?!
—Yo amo a Paullette.
—¡NO!—Gritó Peridot—No es posible.
—Pierre no es nada para mí, entiende ¡Pierre y yo nos odiamos!—Exclamó Percy.
Peridot gritó, echándose hacia atrás mientras sus manos temblaban y negaba con agonía lo que sucedía. Percy dio un paso hacia ella, anunciando una y otra vez esa terrible noticia. Peridot estaba que lloraba acorralada en una esquina, tapándose los oídos y hablando fuerte para no escucharlo.
Fue entonces que Jasper se levantó, atormentada por su atroz imagen y sin dejarse esperar, arremetió con su giro rápido, se llevó todo por delante, aquella horrorosa imagen, las paredes, puertas y básicamente todo el piso, desapareciendo a los ojos de la gema verde, que ahora sí miraba impresionada y horrorizada la nada.
Hubo un grito. Peridot salió rápido y dirigió su mirada hacia arriba: Era Lapislázuli. Quizás era atormentada también, así que corrió a las escaleras cercanas y llegó al último piso, la azotea, llena de espejos y muñecos de cera. Sacó sus pistolas láser y disparó sin ver, a cualquier cosa que se entrometiera en su camino, hasta que en una esquina observó, allí estaba esa gema del agua, atormentada por un espejo grande que parecía querer apresarla. Disparó y partió el espejo.
—¡Lázuli! ¡¿Estás bien?!—Exclamó, corriendo hacia ella.
—Peridot... sí, sí, estoy bien—Dijo Lapislázuli, levantándose con cuidado—Aquí está esa gema, en esta azotea—Informó.
—¿Cómo lo sabes?
—Mira—Señaló entonces una muñeca de cera en el suelo—En su ojo. Pero cuando uno se acerca... manda sus horribles visiones de miedo.
—¡Entonces no debemos acercarnos!—Respondió Peridot, disparando a la muñeca lo más rápido que pudo.
—Cuidado, no la rompas.
La gema empezó a brillar una vez que la muñeca fue destrozada y como si intentara tomar forma física, emitió un cuerpo de luz, cual no duró mucho porque fue victima de otro disparo. Lázuli tomó la gema y la encapsuló.
—¡Misión completa!—Sonrió Peridot.
—¡NO!—Jasper entró a la azotea—Esa no es la Lapislázuli real—Dijo enfurecida, sólo es una copia barata de esa gema corrupta.
—¿Qué?—Se sorprendió la gema azul.
—Peridot, te lo demostraré—Dijo Jasper, con su casco, avanzando hacia Lapislázuli, que se pegó a la pared—¡Muere copia barata!
La azotó con su giro rápido y la golpeó luego con su casco, de inmediato hubo una nube y la gema de Lapislázuli cayó al suelo. Jasper se detuvo en seco, mirando la gema.
—¡Te dije que era mala idea evaporarla! ¡Que era la real! ¡Pero tú nunca me escuchas, Peridot!—Culpó, señalando la gema en el suelo.
—¡¿QUE?! ¡¿YO?!
—Si, tú.
—YO NO FUI.
—Sí, sí lo fuiste—Insistió Jasper, apretando los dientes y tensando sus músculos.
Peridot tragó en seco, se echó para atrás y aceptó la culpa sin decir más, pues la casa comenzó a derrumbarse, así que tomaron la gema evaporada y se fueron lo más rápido posible.
El sol brillo en un nuevo día, Jasper y Peridot había metido la gema de Lapislázuli en una pecera con agua, se habían sentado allí a vigilar, silenciosas.
—Esto es tu culpa—Musitó Peridot.
—Lo dices de nuevo y te evaporo, enana chillona.
Fue entonces que la gema brilló, se elevó y mostró con luz una figura parecida a un maniquí, cual liberó cabello y un vestido hasta las rodillas. Una vez hubo cesado el brillo vieron ese atuendo celeste, un vestido de campo, con un gran lazo que amarraba la cintura de Lapislázuli y adornaba la espalda, cual estaba escotada. Había una estrella grande azul donde una vez hubo un diamante, sin mangas y de cuello alto, además que unas zapatillas azules cuales protegían los pies de esa gema del sucio.
Lapislázuli abrió sus ojos, sonrió amablemente y antes de que Jasper y Peridot pudiesen darle la bienvenida, un puño de agua atravesó el granero y las lanzó al cielo, perdiéndose como si fuesen una estrella.
—Cuanto quería hacer eso—Comentó, satisfecha.
Hola hola, sí, lo sé, me desaparecí, no di señales de vida, no me reporté, los dejé con la historia así, parada, lo siento mucho, pero tuve problemas con la computadora, aún tengo un poco de problemas con ella, pero se está "estabilizando", así que logré terminar este capítulo. Extrañaba escribir, no quería que pensaran que dejaría una historia parada así, que la descontinuaría, pero he regresado, aunque no sé con cuánta frecuencia podré publicar, pues los problemas todavía siguen, pero es para que sepan que yo no dejaré de publicar por descontinuar, sino por la pc.
Por otro lado, el fic que desarrollaré paralelo a esta será el de las Perlas, que ganó por varios votos. No sé cuando publicaré el primer capítulo, pues la pc (y el internet de mierda, o más bien el proveedor de mierda), no me ayudan mucho, aunque ya estoy desarrollando el primer cap.
¡Espero que les guste este primer capítulo!
¡Hasta luego!
