Comentarios del Autor : Naruto y sus personajes no me pertenecen, son de un japo loco llamado Masashi Kishimoto xD (si fuera mía la hago hentai y romántica).

Un nuevo episodio ha llegado y con ello un nuevo año, el primer episodio del 2011, les deseo a todos un buen año (es un poco tarde, lo se). Gracias por el apoyo, los comentarios, la emoción y todo... =) procuraré seguir adelante a pesar de que soy algo lentita cuando actualizo.

Que tengan un bonito día todos.


Nota: NO al PLAGIO por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


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Los Lobos no Ladran, Aúllan

Por Clarisce

Capítulo 7: El deseo de Hatake


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Es patético pensar en una manera para compensar la ofensa que cometió, aquella celda oscura y fría permanecería así, aún más con la desesperación suya empezaría a ahogarse. En un principio no debió anticiparse, ¿cuándo comenzó a ser tan impulsivo? Dejó de lado todo para protegerlos, aún así dañó a quién prometió proteger. Las promesas no significaban ya nada bajo la situación en la que pasó.

Pronto alguien se oyó cercano a su celda, un guardia ANBU se acercó, Hatake lo vio con su ya acostumbrada mirada cansada y parpadeó dos veces mientras ese guardia realizaba una acción inesperada.

- Eres libre –pronunció el ANBU, sacó las llaves que tenía colgadas en su cinturón y abrió la celda.

- No entiendo.

- Se me ordenó que te dejara libre, ya vete –le dijo nuevamente el ANBU.

El chillido y roce de metales entre sí hizo eco en toda la habitación mientras el sensei de pelo blanco aún seguía envuelto en la expectativa, se encontraba sentado en la mugre y extrema suciedad del piso pero se puso de pie, caminó hacia el ANBU para salir por la puerta.

- No lo entiendo… -dijo Kakashi y bajó la mirada para irse de ahí, aún tambaleaba, parecía estar convaleciente o simplemente adolorido.

Algunas horas antes…

La empleada corría presurosa hasta donde se encontraba el señor de la casa Hyuga, llegó hasta la habitación, respiraba agitada, decidió calmarse un poco, aún así su corazón no dejaba de latir locamente. Abrió la puerta corrediza y vio al padre de Hinata sentado de espaldas a la puerta, pose acostumbrada, tomaba un té tranquilamente.

- ¿Asunto? –dijo con voz firme Hiashi.

- Es su hija… ¡Ha despertado! –dijo emocionada.

- Sabía que lo haría –bebió un sorbo de su té- ¿y?

- Es que ella… se puso muy mal, quiso salir a la calle, no entiendo su razón. Estaba escupiendo sangre.

- Es normal, el doctor ya dejó una receta. No corre riesgos. Ocúpate de ella –ordenó.

- Pero señor, tal vez quiera convencerla de esa locura… se ha puesto muy mal.

- ¡Estas colmando mi paciencia! –agregó en tono duro- ahora ve con ella –ordenó aún más enojado.

La muchacha volvió de inmediato a acompañar a Hinata, la misma tenía un tono de piel pálido, no era la chica de mejillas sonrosadas y piel color durazno. Se sentó junto a ella, mientras tomaba una de sus manos para darle ánimo.

- Ya le avisé. No se vuelva a poner mal, por favor –dijo la muchacha con mucha preocupación.

- Estas exagerando –dijo Hinata en tono débil pero con ternura.

- No, usted esta realmente mal, no queremos que le pase nada. Todos en la mansión Hyuga están muy preocupados. En especial… aquél impertinente chico rubio –dijo la joven son algo de sonrojo.

- ¿D-De quién hablas? –preguntó la Hyuga con intriga.

Cuando usted volvió a Konoha de su misión… -comenzó a relatar con una expresión en el rostro divertida, al mismo tiempo le emocionaba lo sucedido- y todo mundo se enteró de su condición y de que debían operarla, ese chico rubio vino a visitarla, a pesar de que su padre incluso prohibió las visitas de otras personas, él lo convenció… estuvo con usted todo ese tiempo, se veían tan tiernoooos… -agregó con más emoción- antes de su operación, él vino corriendo y trajo algunas flores, me dio una tarjeta –la muchacha procedió a buscarla entre su ropa.

En la esquina de la habitación, en la cuál se ubicaba una ventana casi abierta, había una mesa larga en la tenían puestos algunos adornos y cuadernos de Hinata, muy en la esquina, casi donde la luz del sol daba estaban unas flores puestas en un recipiente de cristal con agua.

Hinata fijó su vista hacia el bello detalle contenido en las flores, sus ojos se cerraron con ternura y pronto un suspiro se dejó oír, era algo difícil para ella hasta respirar pero sin importarle y sin que pudiera controlarlo, aquella fue más que una exhalación involuntaria.

- Aquí esta –dijo con aquél pedazo de papel entre sus manos y se lo entregó a Hinata- ¿No quiere que lo lea? –preguntó.

- Hazlo, por favor –dijo con suavidad y le devolvió el papel.

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"Hinata-chan:

No sé muy bien que escribir

Simplemente quiero decirte que

Espero con muchas ansias

Poder verte nuevamente, me he dado cuenta de muchas

Cosas que quiero hablar contigo, no tengo

Idea de porqué pero te extrañé y

Se que leerás esto cuando despiertes de

Esa operación tan dura, por eso quise

Mandarte un regalo; gracias por despertar…"

Uzumaki Naruto

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Su cabeza se balanceó un poco mientras sonreía abiertamente con las palabras tan dulces que Naruto dirigió hacia ella, no pensó que causaría un gran problema, incluso para verla y estar a su lado, debió tener el típico cruce de palabras con su padre, por un momento la idea de ver a Naruto discutir con él le dio temor pero luego se sintió afortunada. La criada le dio la nota que le dejó Naruto, era un papel arrugado, pero quizá era la prueba de que él al fin se había fijado en ella…

- ¡¿Hiashi-sama? –dijo la joven que atendía a Hinata mientras se levantaba de su lado y hacía la debida reverencia al líder del clan.

- Es bueno verte tan recuperada… -dijo Hiashi-sama mientras que con un ademán le indicaba a la muchacha que atendía a su hija que se fuera.

- Padre… -pronunció Hinata, al mismo tiempo guardó la nota entre sus ropas y decidió poner cierto asunto en discusión.

- Deberías descansar, no es momento de que hablemos –dijo con autoridad mientras le daba la espalda y se disponía a marcharse.

- ¿Es cierto que encerraron a Kakashi-sensei? –preguntó con preocupación Hinata.

- Él ya no será "sensei" por lo que le resta de vida, de eso me encargo yo –agregó con seriedad, la volteó a ver de reojo- ¿qué te preocupa? No tendrá oportunidad de lastimarte nunca más.

La mente se le nubló como si recibiera una revelación repentinamente, a través de esos prodigiosos ojos vio como aquella misión tan peligrosa se tornaba mortal. Lo último que recordaba tras despertar había sido su sonrisa, pero ahora veía algo más, estar siendo protegida por él, ver a Pakkun a su lado, aquél demonio mitad insecto, el ataque sorpresa y… al verdadero culpable de ese terror.

- Libérelo por favor –dijo Hinata con la mirada baja.

Apretó con fuerza su sábana, podría romperla de sólo recordar lo que sucedió. Ahora mismo sentía tanta culpa por lo que Kakashi tenía que pasar, fue más que un ataque inteligente. Su padre se acercó a ella mientras fruncía el ceño, reprobaba tanto la actitud débil de su hija.

- …con esa clase de compasión liberarás a un criminal, ¿esa es la clase de ninja que te han enseñado a ser? Tan débil de mente, cuerpo y alma… eres una…

- ¡Iré al comando ANBU o a la policía de Konoha y diré la verdad! –advirtió Hinata con firmeza sin levantar la mirada.

- ¿De qué hablas? –preguntó su padre mientras quedaba anonadado con las palabras de Hinata.

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Recuerdos…

Todo se torna borroso, el momento en el que Kakashi esta a punto de perder el sentido es atacado por la misma Hinata, la cuál esta poseída por algún tipo de demonio o mejor dicho esta siendo atrapada por el genjutsu producido por las segregaciones de aquellos insectos que en su garganta anidan.

- Tiene dificultad para respirar y gracias a ello pierde el control de sí misma. Toma una kunai entre sus manos y trata de asesinar a su compañero, Shino. Kakashi se lo impide teniendo conciencia de que algo la posee.

Se recrea una lucha fatal, por un lado sus sentimientos hacia ella y por otro su deber como Shinobi, no tiene opción, no quiere pero lucha. De pronto entiende y une todos los cabos sueltos, resuelve el misterio del ataque de su propia aliada, esa agua… estaba infectada, la que ella bebió con tanta dulzura, llena de un veneno o tal vez contenía algo más. Una poción con larvas de pantano, las cuales liberan un químico que llega a alterar el sistema neuro-cerebral, logrando la inconsciencia y el ataque deliberado, aún así… pensaba que algo más tenía de malo ese extraño veneno.

Pronto Kakashi se descuida, tan sólo se protege de los ataques de Hinata, no reacciona, aún así se ve entre la espada y la pared, aquel demonio, que venció momentos antes, reacciona y lanza un ataque, era apartar a Hinata del camino o dejar que el ataque le diera de lleno. Pronto esquiva al insecto dirigido a su rostro, pero el mismo se estampa en el rostro de Hinata, liberándola al mismo tiempo del ataque toxico del veneno anterior, ambas encimas se contraponen y crean un antibiótico.

Pero es tarde, el demonio hipnotizador de insectos queda putrefacto. Hinata se retuerce de dolor, mientras Shino despierta del trance en el que estuvo debido al ataque, Kakashi simplemente quiere ayudarla pero sus intentos son vanos, hasta que elimina al insecto estampado en su rostro y no sabe que más hacer, las larvas liberadas en su garganta crecen y obstruyen su vía respiratoria.

Hinata toma a Kakashi por el cuello, su rostro se pone azul entre más tiempo pasa, le pide que la deje morir, pronto se levanta locamente y se dirige a Shino, él también intenta usar sus poderes en los insectos en la garganta de Hinata pero fracasa, ella se abalanza sobre él, esta descontrolada… no sabe que más hacer para liberarse de su dolor, entonces empuja a Shino, él cabe al piso no sin antes golpearse contra unas rocas. El ninja de cabello blanco, se acerca a Hinata, harto de verla sufrir de esa manera, la somete contra el piso, con sus piernas inmoviliza sus brazos, con sus brazos libres puede realizar una posición de manos "Kai" –liberación- del genjutsu producido por aquél veneno de insectos y finalmente se queda sobre ella cuando reacciona.

Ella despierta, ve a ambos, a Shino casi inconsciente a un lado de ella y a Kakashi sin saber que hacer, con la desesperación a flor de piel y con el sufrimiento en los ojos. Ambos se miran por una milésima de segundos, esperan tener la respuesta para terminar con ese sufrimiento, el Jounin toma una decisión y saca su kunai, la empuña con fuerza para cortarle la garganta.

- Perdóname… -dice entre dientes.

Hinata sueña, así como lo hizo en los días anteriores, cree ver el rostro de Kakashi perdiéndose entre las sombras, tiene idas y venidas, entre lo consciente y lo inconsciente, él… él sufre, sufre a causa de su descuido.

Fin de los recuerdos…


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La misión fracasó por mi culpa, ataqué a mis compañeros e intenté asesinarlos –pronunció esperando el castigo.

- ¡Mientes! –le gritó su padre sin moverse de su lugar.

- No querrá que nuestro buen nombre sea manchado de esa manera, ¿verdad? –dijo sin ánimo la joven de cabellos oscuros.

- Quedarás confinada por todos estos meses de recuperación, sin derecho a salir, sin derecho a hablar con nadie. Ése será mi castigo, pero por tu insolencia tendrás que recibir la debida corrección –de sus ojos blancos una oscura aura se expresó.

Su padre no acostumbraba a usar los castigos corporales, solamente lo hacía en casos graves, así como los cometidos por ella. La simple intención de mancillar el buen nombre de la familia Hyuga con acciones descuidadas eran ocasión para hacer uso de los, aunque antiguos, golpes con vara.

- Sí, padre –respondió Hinata con calma.

- En cuanto a Kakashi… -su hija lo miró con ansiedad esperando la respuesta- será libre, le enviaré una disculpa escrita y esperemos que sólo así olvide la humillación por la que le hiciste pasar.

- Gracias… -pronunció la Hyuga, feliz de haber liberado a un inocente. No le importaba nada más, al fin pudo tener paz y respirar con más tranquilidad.

Y entonces así la dejó sola, salió de la habitación totalmente furioso, la versión que le dio su hija de los hechos era aún más creíble que la que dio Shino, por lo tanto la policía encargada del caso la aprendería y le daría un castigo quizá de reclusión. No iba a permitir que Hinata pasara por momentos de angustia, era la heredera del clan.

- "Kakashi-sensei…" –pensó la Hyuga al mismo tiempo que las lagrimas inundaron sus mejillas- "lo siento".

- ¿Hinata-chan?

Pronto una voz conocida se oyó muy cercana a ella, más exactamente esa persona se encontraba en las puertas de su habitación, apoyado en el marco, con una leve sonrisa que expresaba mínimamente su alegría. Naruto no supo que más decir, el verla despierta y consiente era lo que más había anhelado en todo ese tiempo de zozobra.

- "Es él… es Naruto, es…" –pensaba mientras él se acercaba más a ella.

- No pensé que ahora estarías… ya… bien… -pronunció Naruto con sorpresa.

- …na… -poco a poco el aire se le iba.

Él se detuvo a dos pasos de ella, extendió sus manos y con ellas rodeó el rostro de Hinata, así sintió el calor que emanaba de sus mejillas, al fin podía decir que se encontraba bien y que ya no extrañaría tanto esos dulces ojos tímidos así como lo hizo cuando Hinata estuvo en terapia intensiva y no despertaba de su cruel sueño. No podía creer que algo como verla de nuevo lo haría tan feliz, quizá era algo que antes no apreciaba pero en ese instante sí, cuanto duele saber que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

- "Va a… ¿besarme?" –pensó la Hyuga al tener muy cercanos los labios de Naruto.

Algunas horas después…

Los guardias ANBU parecían estar avergonzados, el Jounin de cabellera blanca pasaba por su lado, los miraba y ellos simplemente evadían sus miradas. Al estar en la puerta, a punto de salir, un guardia se acercó a él y le entregó algunas de sus cosas, confiscadas al entrar a esa fría celda, entre las mismas se destacó una carta en sobre blanco con un sello delante.

- La familia Hyuga envió eso –dijo el guardia ante la mirada expectante de Kakashi.

- Ya veo… -dijo Kakashi con cansancio, mientras sus temblorosas manos tomaban el grueso trozo de papel y lo guardaban en el bolsillo de su pantalón- hasta otra ocasión –volvió a decir el Jounin sin preocupación y saliendo de allí.

- Eh… -por un momento el guardia posó su mano en el hombro de Kakashi- en verdad lo lamento, me siento culpable por no haber hecho nada por ti.

- Ja… -simuló una risa algo cansada- sólo hacías tu trabajo, no tienes de qué preocuparte –le contestó Kakashi, el guardia quitó la mano de su hombro para dejarlo ir.

Por más que lo pensara él tenía la respuesta a lo sucedido a pesar de ello no podría echarle la culpa a sus compañeros, lo que menos admitía fue no volver para ayudarlos, se encontraban delicados y más cuando sufrieron graves heridas. Quizá Hinata había despertado, habría contado la verdad y la habrían castigado, pero conociendo a su familia hicieron algo para librarla de cualquier investigación.

La verdad hizo libre a Hinata, quizá lo dijo y ahora se enfrenta a algo peor que la justicia de Konoha, ahora mismo estaría bajo el duro mando de su padre; no podía decir que no la extrañaba porque desde el instante en que la dejó con Pakkun hasta el momento en que volvió a Konoha lo único en lo que pensaba era en su salud o mejor dicho… en ella.

- Debería ir… a la casa de los Hyuga para… ehmm… hablar de la carta que me enviaron –dijo con simulación Kakashi para si mismo.

En vez de marcharse hacia su hogar, darse un baño, ir a que le revisaran las heridas en el hospital de la aldea prefería marchar a darle una miradita a la joven de cabellos azulados, saludarla "de paso", como si fuera una mera casualidad, quizás si llevaba una flor, un detalle o algo, para… saludarla "de paso" también sería estupendo.

En su mente se dispersaban varios pensamientos que rebotaban locamente en su interior y llegaban hasta su corazón, el mismo que le palpitaba de alegría y entre más se acercaba a la casa de los Hyuga creía que más feliz estaría de tener que ver a Hinata y saludarla, simplemente saludarla y desearle que se mejore, omitiendo las enormes ganas que tenía te tomarla entre sus brazos y decirle lo feliz que estaba de que ella estuviera viva y de que estuviera bien, posiblemente hasta un "te quiero" saldría de sus labios, sería inaudible, sería como una caricia, una caricia que tanto estaba anhelando darle, pero sería mucho pedir.

- No, son muchas… -pronunció Kakashi en voz baja cuando se detuvo en una florería y tenía entre sus manos todo un ramo de rosas- y realmente sería exagerado –una gota de sudor se mostró en su frente.

- ¿Señor se encuentra bien? –preguntó la dueña, veía algo demacrado al Jounin.

- No me veo tan mal, ¿o si? –le dijo Kakashi con una sonrisa, aunque no se notara.

- Pues… no, pero…

- No se preocupe, estoy muy bien. Podría traerme un… no sé, algo que no sea tan llamativo, por ejemplo –fijó su vista en ciertos arreglos de flores cercanos a una repisa en la ventana- aquel arreglo de flores a la derecha de las de cerezo, ¿cómo se llaman?

- Jajaja… las que son de un color rosa intenso dice –sonrió divertida la vendedora.

- Supongo, me gustan pero quisiera un pequeño arreglo, así de pequeño como está.

- No sé si se dio cuenta pero me parece casi obra del destino que haya gente que escoja ese arreglo, ¿esta enamorado?

- ¿A qué viene esa pregunta? –levantó una ceja- como cree –dijo Kakashi con una pizca de nerviosismo innotable.

- Esa flor… la cultivamos hace algunos meses, viene de un bosque cercano al país de la primavera. Es muy rara, no muchos la escogen y los que lo hacen ciertamente están enamorados o… eso creía hasta que usted llegó, según dice no siente nada hacia nadie.

- Jamás dije eso, pero… bueno, es un regalo y debe ser especial –dijo Kakashi sin salir de su mentira.

- Mire, por ser el primer cliente que compra esas flores se las daré gratis, pero debe hacer algo a cambio –le dijo muy contenta la mujer.

Tengo dinero y puedo pagarlo, no se preocupe, así como me ve no soy tan pobre… sólo tuve un mal momento.

- Jajaja… tranquilo, en serio que no me debe pagar nada y no lo digo porque esté así, sino porque es algo que pienso que le agradará saber. Cuando se escoge esa flor y se está enamorado el que las tiene debe pedir un deseo antes de entregárselas a esa persona que… representa ser especial, no por nada el árbol del que proviene se llama "amor".

- ¿Es la flor que proviene el árbol del amor…?

En cuanto salió de la tienda la idea de pedir un deseo se le hizo loca y hasta trastornada para alguien con su seriedad y sobretodo con su edad. Tenia el pequeño arreglo entre sus manos, como el pequeño arreglo del tamaño de la palma de su mano tenía una capa protectora pudo con facilidad guardarla en su mochila. Cuando se la entregara sería una completa sorpresa, no estaba seguro de su elección, pero… algo en su interior le decía que era lo que deseaba, demostrarle de una manera casi invisible su aprecio, cariño y preocupación.

Llegó al portón de los Hyuga, entre tanto un guardia lo veía y lo dejaba pasar abriendo la puerta, por alguna razón el Hiashi-sama autorizó su entrada, para cuando Kakashi quisiera platicar del pequeño altercado que causó sus acciones en misión.

- "Hoy pasan cosas realmente extrañas" –pensó Kakashi.

Hubiera sido más prudente marchar hacia la habitación del jefe de la familia y luego ir a ver a Hinata, pero no pudo evitar sentir tanta ansiedad por verla, de alguna manera el corazón le palpitaba con más fuerza. Pronto estuvo cercano a la puerta de la Hyuga, respiró hondo y posó su mano sobre la misma para abrirla y mostrarse ante ella, saludarla con un ademán, casi acostumbrado, y sonreírle con ternura; una actitud propia hacia Hinata.

- Buenos días… -agregó Kakashi con suavidad al entrar a la habitación y cerrar tras él la puerta.

- ¿Kakashi-sensei? –dijo sorprendida la Hyuga.

- Sí, soy yo… -sonrió con alegría el Jounin poniéndose aún más cerca de ella mientras dejaba la mochila que lo acompañó en todo momento muy cerca de él en el piso.

- No pensé que… ¡Cof! –tosió mostrando algo de dolor en su mirada- lo siento.

- Hablar tanto te pondrá peor, tranquilízate. Salí hace un rato y decidí venir a ver… a verte –concluyó Kakashi sentándose al borde de la cama de la joven de cabellos oscuros.

- Que alegría, lamento tanto que haya pasado por todo esto a causa mía. Debió decir la verdad, no era justo que lo metieran a la cárcel.

- Jajaja… no iba a decir nada que te… digo que los comprometiera; además me encuentro bien, me preocupaba más como estuvieras, yo… siento mucho lo que sucedió, en primer lugar -apretó los puños con rabia- dejarlos en medio de la nada fue una estupidez, debí actuar como un verdadero líder y huir con ustedes, pero…

La mano de Hinata se posó con suavidad en las de Kakashi y las acarició mientras le miraba con un cariño inmenso, con unos ojos reflejantes de una pureza casi palpable y una calidez humana más propia de un ser celestial, aunque eso fuera algo exagerado. Sus labios dejaron de moverse al tenerla así de cerca y al mismo tiempo sentir el deber de no corresponder, de no apretarle las manos con la misma intensidad que ella lo hacía, se equivocaba… esa clase de sentimientos no le eran permitidos, no con ella.

Casi instintivamente sus rostros fueron acercándose, ella no soltaba sus manos, antes convertidas en puños, no lo soltaba y lo apretaba con más fuerza, el sentimiento o al menos la emoción del instante eran los mismos, Kakashi no podía creerlo, ¿así era como debía sentirse cuando uno quiere y es querido?

- ¡Kakashi-sensei! –gritó con alegría Naruto entrando a la habitación de golpe.

El aludido solamente viró su rostro de golpe hacia su alumno, la Hyuga lo soltó y al mismo tiempo emitió una sonrisa, aún más hermosa que la que le había dirigido a Kakashi, a Naruto, de momento soltó con suavidad al sensei de pelo plateado.

Algo en su interior le decía que lo que vería no sería tan agradable, no sería algo bueno, Kakashi se apartó levemente mientras Naruto se acercaba a la cama de Hinata y…

- ¿Lo ves? Te dije que Kakashi-sensei estaría bien –agregó Naruto y pronto sus labios fueron a parar en los de Hinata.

Un beso prolongado de casi 3 segundos se hizo realidad delante de él, Kakashi… ahora era él quién no podía respirar, tragó saliva y sintió como si ese fuera el momento más largo de su vida, al igual que doloroso.

- Kakashi-sensei… -dijo Hinata después de separarse de los labios del rubio- me hace tan feliz tenerlo aquí, quería que fuera el primero en saberlo.

- ¡Vamos! Dile al sensei, seguro se pondrá feliz pues gracias él… -dijo Naruto rodeando a Hinata con su brazo y sentándose a su lado- ahora somos novios –una enorme sonrisa se mostró.

- ¿No-novios? –dijo el Jounin con sorpresa.

- Bueno... Naruto-kun me lo pidió y yo acepté –agregó Hinata con un sonrojo y acaloramiento en sus mejillas.

- Jajaja… eres tan linda cuando te sonrojas, no tengas pena –agregó Naruto abrazándola y sonriendo.

- Te-tengo algunas cosas que hacer, si me perdonan… -se levantó del lugar en el que estaba- por cierto, les deseo toda la felicidad del mundo –dijo Kakashi con alegría y muy sonriente, levantó su mochila del piso y salió de allí.

No era como si corriera o si se escondiera, el corazón palpitante de emoción en ese instante paró de golpe, quería que ella fuera feliz, no sabía en ese instante el porqué del amargo sabor en su boca. Quizá en un principio el error fue suyo, crear ciertas emociones que sólo él imaginaba.

Hacía algo de frío, metió sus manos en los respectivos bolsillos y notó que tenía algo, una tarjeta, era la que le dieron junto al arreglo de flores, la sacó y procedió a leerla, se castigaba a sí mismo haciéndolo pero no le quedaba otro remedio que tocar tierra con golpes así de fuertes.

- "Deseo que seas feliz, que tengas buena salud y…"

No la había terminado aún, le faltaba valor para poner un tercer deseo, uno que en su mente se presentó como algo casi egoísta, pero que realmente quería.

- "… y que estés con el hombre que realmente te pueda amar como te mereces".

Y de alguna manera creía que ése era él. Creía que eso era suficiente, o al menos aceptando eso que sentía podría Hinata estar con él, aún si él no era capaz de demostrarlo. Su cariño guiaría a Hinata hacia él, de ese modo estaría casi obligado a expresar sus verdaderos sentimientos.

Eso era lo que quería, ahora ella será feliz, lo será –dijo Kakashi muy seguro de ello, aunque con una tristeza que lo embargaba.

Fin de Episodio 7