El precio de una familia.
El pequeño niño de cabellera gris observo a su padre intentar darle de comer a su hermanita mientras miraba algunas cuentas, la rente estaba atrasada, ya les habían cortado el teléfono y el agua, no tenían gas y ya estaban los de la electricidad cortándoles el cuello. El pequeño se acercó tímidamente, su hermana de tan solo cinco años lo miro con frialdad haciendo que componga una mueca triste.
– Yo llevo a Katherine a la escuela –murmuro el joven, su padre le miro y asintió agradecido. Alan acaricio a su hermanita recién nacida y se dispuso a tomar la bolsa de su hermana pero ella se la arrebato y salió rápidamente de la casa.
– Ya se le pasara –le susurro el padre, Alan miro al piso y se apresuró a seguirla, lo que menos quería era que le pasara algo.
Ambos estaban sentados en la parada para esperar el autobús, el joven enfoco la vista en unos personas que estaban a su lado cuchicheando, una de ellas comenzó a buscar entre sus cosas pero no encontró el objeto deseado, el joven enfoco la vista en el bolso de la mujer y en un suave susurro dijo:
– Tercera bolsa a la derecha –la mujer le miro curiosa y busco ahí, saco el pequeño USB del que hablaba con anterioridad.
– ¿Cómo lo supiste? –pregunto el hombre que la acompañaba mirando al niño, este se encogió de hombros, era una habilidad que siempre tuvo. Su hermana no dijo nada y miro en otra dirección, su mirada choco con la de un hombre que observaba a su hermano con curiosidad.
– ¿Academy alice? –pregunto el joven de pelo gris, esa mañana llegaron unos extraños sujetos a decirle sobre que tiene un alice, la información no pareció sorprenderle, el sabia sobre su habilidad y a usarla, era algo tonto pues simplemente tenia rayos x.
– Sí, ahí se encuentran más jóvenes con tu misma condición –explico el director de la sección superior de la academia pero fue interrumpido por su padre.
– No dejare que se lleven a mi hijo a ese sitio –respondió soltando un gruñido, el joven de pelo gris se quedó en silencio, él tampoco quería dejar a su padre y hermanas a la suerte.
– Señor, tendremos una pensión para usted si nos permite llevarnos al joven –explico el director inmutable, cualquiera se doblaba por dinero pero el hombre no parecía ceder, por otro lado Alan los miro interesados...
– Acepto –respondió el joven interrumpiendo en la práctica–, pero si me entero que ese dinero no llega a manos de mi padre hare que se arrepientan –amenazo con voz vacía, si de algo podía servir, incluso si se alejaba de aquellos quienes amaba, solo por sacarlos de su miseria...
Le vendería su alma al diablo.
– ¡No tienes por qué hacerlo! –exclamo el pobre hombre notando como su hijo hacia sus maletas, hace poco perdió a su mujer, no quería perder a su primer hijo y menos a manos de esos sucios alice.
– Con ese dinero podremos pagar renta, servicios y una mejor educación para Kat –explico el joven tranquilamente, no quería hablar demasiado porque sabía que su padre llegaría a convencerlo de negarse.
– ¡Pero...!
– Además es una boca menos que alimentar –explico el chico encarándolo, la seriedad inundaba su mirada–, te prometo que siempre te enviare cartas o intentare comunicarme, pero necesito hacer esto, no puedo quedarme de brazos cruzados viendo cómo te salen arrugas por estrés –bromeo sonriendo débilmente.
– Alan...
– Además, voy a recibir educación, cuando salga seré un exitoso abogado, o quizás chef, todavía no lo sé, apenas tengo nueve años.
Su padre bajo la mirada, también él sabía que era la mejor opción, por lo menos para sus hijos y aunque le pesara separar más a su frágil familia tenía que tomar aquel sacrificio de su hijo quien no quería irse, se notaba en su mirada melancólica.
– Wau Alan, eres muy listo –comento una compañera, el joven simplemente le enseño a realizar un simple ejercicio de divisiones.
– No es nada –susurro, uno de sus compañeros se acercó y le palmeo la espalda.
– Ey Alan, definitivamente tu deberías estar en primer lugar, aparte de listo humilde, no como otros –remarco lo último viendo a una niña que presumía a todos su perfecto diez en su examen.
– Creo que está en su derecho...
– Y aparte amable y serio –comento una chica soltando un suspiro, el de cabello gris simplemente miro en otra dirección aburrido.
– Mientras mantenga promedio de ocho le darán una buena suma de dinero a mi padre –pensó mirando las blancas nubes que pasaban en el brillante cielo azul, para el eso era algo hermoso, intocable, envidiaba a las aves.
– Oye ¿No probaras para el programa de intercambio? –pregunto su compañero, el joven lo miro alzando una ceja–, es un concurso en el que los mejores promedios pueden irse a cualquier otro país a estudiar ya que hay muchos jóvenes en esta academia.
– No necesito alejarme de aquí –explico el joven tranquilamente–, solo quiero el dinero.
– Suenas como mis abuelos –le comento el joven aburrido, simplemente no había quien soportara la actitud cortante de Alan, era interesante un rato pero después te aburría–. Marie piensa irse a algún país en Asia, como Corea o Japón.
– No creo que Japón o Corea me puedan dar lo que recibo aquí –respondió el chico cortante desviando su mirada a la ventana nuevamente, su compañero suspiro irritado. En ese momento entro uno de los robots para entregar las cartas, cuando su nombre fue mencionado se acercó a tomar la carta.
"Buenas tardes Alan. Espero que te la estés pasando bien en la academia, por lo que veo no te va nada mal, eso es bueno, no podría esperar menos de mi hijo. Lamentablemente yo no tengo tan buenas noticias, la pequeña Valerie se ha estado enfermando seguido, los doctores dicen que es por falta de nutrientes pero yo no lo creo, cada vez la veo más débil... pero seguro que con un remedio de la señorita Cleo se le pasara, por favor cuídate mucho y espero recibir pronto una carta.
Att: Sr. Hudson."
El pequeño miro desconcertado la información, se apresuró a ir con una compañera de clases la cual tenía el alice de premonición, cuando le pidió el favor la joven le tomo de la mano y cerró los ojos para concentrarse. Muchas chicas miraban a la joven con algo de envidia sin saber la seriedad de la situación.
– Cuando cumpla diez tendrá una grave enfermedad que la va ir terminando poco a poco –explico brevemente la joven, al de cabello gris le empezó a sudar la frente mientras bajaba la mirada–, esto es a raíz de un virus que adquirió por la falta de leche materna, necesitan hacer una terapia antes de que cumpla los cinco si quieres que se pueda curar.
– ¿Sabes algo sobre esas operaciones?
– ¿Disculpa?
– Precio...
– Muy caras, pregúntale al maestro de biología, él te dará más detalles –le escribió en un papelito un nombre extraño que no supo descifrar, pero se imaginó que era el virus.
– Es estúpidamente caro –murmuro el chico con su mano hecho puño y aplastada en el teclado de la computadora portátil que poseía–. Ni siquiera el dinero que me dan aquí me alcanza para una mierda...
Miro al piso en una expresión furiosa y con fiereza golpeo el teclado cambiando y quitando paginas donde estaba, cubrió su rostro con sus manos y cuando volvió a ver la pantalla encontró algo interesante. Un trabajo de tiempo completo en una organización en el extranjero, lo pensó por unos momentos y dio click al link, sus ojos se abrieron enormemente al ver la paga, le daban más en una semana que en un mes aquí. Algo dubitativo se dirigió al correo correspondiente y coloco un simple.
"Buenas tardes, estoy interesado en el anuncio de empleo"
Estuvo expectante a una respuesta y cuando llego se exalto, leyó aquel mensaje que le llego.
"– Me parece interesante que alguien de la Academy alice quiera trabajar y en especial siendo de America del norte"
"– Tengo cuestiones económicas que debo resolver"
"– Ah, siguen siendo igual de tacaños"
"– Si"
"– ¿Qué edad tienes?"
En ese momento se congelo, era verdad, apenas tenía once años ¿Cómo demonios contratarían a una criatura que apenas empieza la pubertad.
"– Muy chico ¿eh? Tranquilo, hemos tenido hasta niños de ocho años en nuestro poder"
Aquello le sorprendió ¿¡Tan jóvenes y trabajando!?
"– Tengo once"
"– Nombre, alice y clase"
"– Alan Hudson, alice de visión X, clase D-3"
"–Interesante, creo que solo te puedo ofrecer un empleo como guardia de seguridad"
Alan asintió, era el menos pagado pero seguía siendo mejor que lo que tenía ahora.
"– Acepto"
"– Perfecto, estos son los requisitos que necesitamos que cubras para venir a trabajar, primero que nada inscríbete al concurso de intercambios"
Todos notaron como repentinamente el de cabellos grises se ponía a estudiar día y noche sin descanso, ya no se distraía en clases y hasta la más mínima coma tomaba relevancia para él. Nadie entendía cual pudo ser la razón de su repentino cambio de opinión sobre el concurso de intercambio y las teorías conspiratorias no podían faltar.
"Seguro que se peleó con alguien y ahora quiere huir" "Tal vez encontró alguna riqueza en esa escuela" "Su padre está detrás de todo esto" "Aliens"
Pero sin importar cuanto se esforzaran nadie lograba que el chico hablara, tanto que supero a Marie en calificaciones quedando en primer lugar en todo, las personas se sorprendieron de ese gran cambio en el joven ¿Cuál era su razón para querer alcanzar la perfección cuando antes todo le valía? Probablemente la misma razón que lo llevo a ese sitio: El dinero.
– Felicidades joven Hudson, fue uno de los diez elegidos para el programa de intercambio a Japón –al de cabello gris le pareció la mejor notica del mundo–. Aunque esto significa que ya no tendremos que darle una pensión a su familia.
– Si, si, no importa ¿Cuándo me voy? –el director se sorprendió ante su actitud, pero sin más le dijo que se iría dentro de una semana a las primera hora, Alan estaba impaciente, quería ir juntando ese dinero para pagar el tratamiento de su hermana y en cuanto ella se curara él se olvidaría de todos esos asuntos.
– Así termine aquí –explico el joven a su nuevo amigo, el pelinegro que lo acompañaba estaba sorprendido ante lo dicho antes.
– Ya veo... eres un increíble hermano...
– Si, bueno, igual no entiendo porque Katherine me odia, pero sé que algún día me perdonara lo que sea que hice –miro al techo pensativo–. Bueno, te dejo Jul, tengo que hacer guardia –explico levantándose, en esa ocasión les toco trabajar juntos sonsacándole información a un político por lo que se dieron el tiempo para hablar, hace tres meses que se conocían y ambos actualmente tenia quince años.
– Ah, claro, nos vemos Alan –se despidió el joven, cerro los ojos y se levantó, giro la vista y forma una fría sonrisa–. ¿Ahora si hablaras? –pregunto a aquel hombre que asintió débilmente.
El joven de cabellera gris se encontraba caminando directo a su puesto cuando escucho un ruido extraño, miro al techo y noto como se fragmentaba, dando un paso atrás dejo que este se destruyera y algo cayera, miro hacia arriba notando esa cabellera castaña.
– Ah, las Yukihara, que interesantes tipas –comento el chico algo indiferente, miro el cuerpo que se estrelló en el piso y se dio cuenta que era una joven de cabellera negra con unas bonitos ojos azules.
– Mikan siete, Akane uno –la joven le saco la lengua y se alejó con un USB en manos, la oji azul gruño furiosa y golpeo el piso con su puño.
– Maldita –se quejó llevando sus manos a su cabeza, acción que fue interrumpida por una presencia frente a ella, quito sus manos y noto como un joven le extendía la mano, este simplemente le mostraba una expresión indiferente, algo apenada la tomo sintiendo un pequeño revoltijo en el estómago.
– ¿Estas bien? –cuestiono aburrido.
– E... este, si –bajo la mirada avergonzada, el joven asintió y dio media vuelta para irse, en ese momento la pelinegra reacciono–. ¡Espera! –pidió, Alan detuvo su andar y la miro de reojo–. ¿C... cuál es tu nombre?
El de cabellos grises la miraba sin poner alguna expresión, aquello la puso algo nerviosa por lo cual comenzó a juguetear con sus dedos, acción que no pasó desapercibida por el joven–. Alan, Hudson Alan.
– ¿Uh? –lo miro dudosa, cuando reacciono asintió–. Soy Akane Makeikusa –al decir su nombre el chico la miro interesado y luego una sonrisa se formó en su rostro.
– Así que la hija adoptiva de Makeikusa-sama –murmuro, ella asintió ruborizada–. Realmente no me esperaba que usara ropa interior blanca –comento, la joven parpadeo confundida por lo que su acompañante tuvo que señalar con su dedo índice hacia su falda y luego hacia sus pechos; efectivamente, la falda estaba algo alzada de un costado y su blusa algo chueca por culpa de la caída, la joven se puso completamente roja y se arregló rápidamente las prendas.
– ¡Pervertido! –exclamo avergonzada, el joven soltó una suave risa poniéndola aún más roja, como si eso fuera posible.
– Bueno señorita Makeikusa, un gusto en conocerla –se alejó de la chica dejándola con su pequeño y frágil corazoncito latiendo.
El joven se estiro caminando a su habitación, el día estuvo algo pesado pues muchos de los contrincantes de la compañía intentaron sabotear sus planes, todos sabían que solo tenían una amenaza o más bien nueve, todas con nombres y apellidos. Cuando paso a un lado de la enfermería choco con alguien por andar algo distraída.
– Ten cuidado por donde caminas –le dijo aquella persona, el frunció el ceño.
– Tu deberías fijarte –le reto, ambos se miraron, el par de ojos color grises chocaron, en eso alguien sale desde atrás del pelinegro.
– Alan, hola, un gusto en verte –comento aquel oji morado, el de cabellos grises saludo con la mano.
– ¿Qué acaso este tipo conoce a todo el mundo? –pensó Sergio mirando al mayor quien se posó a su lado.
– Me entere que tuviste un accidente, lamento si no pude venir a verte –converso Alan pasando de lo anterior.
– Ah eso, no fue nada –le respondió el pequeño Mrs Sonrisas.
– Te clavaste fierros en tus alas –susurro el otro pelinegro algo culpable.
– Por cierto, no los he presentado; Alan, él es Sergio Aborosu, Sergio, Alan Hudson –les menciono, ambos se observaron y lentamente estrecharon la mano–. Panda de asociales.
– Por cierto ¿Dónde está tu primo? –pregunto el de pelo gris.
– Ya llego por quien lloraban –todos voltearon a ver al joven de ojos bicolor quien traía abrazando de los hombros al manipulador.
– Hola –saludo Julian tranquilamente, los cinco se vieron hasta que una idea surco en la mente de Jin.
– ¡VAMONOS DE PUTAS!
