Aquí se revela un lado de los Hyuga que muchos no conocen, es como yo le llamo "lo más íntimo" de ellos. Personalidades que sólo se muestran en el seno de una familia, quizá incluso le puse un toque más vivo a Neji pero no me arrepiento. Siento que todos tenemos personalidades así cuando estamos con las personas con las que crecimos y conocemos de toda la vida. En fin, gracias por seguir el fanfic.

Uuuuuh... aunque la cosa pronto se pondrá seria.

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Nota IMPORTANTE: NO al PLAGIO por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


Los Lobos no Ladran, Aúllan

Por Clarisce

Capítulo 14: Él la hirió y ella a él.


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Entre más fuertes eran los truenos más parecía que el cielo se caería, no encontraba el momento de levantarse, parecía que pasaron días pero simplemente pensaba que eran minutos. Su vida pasaba a ser el segundo punto a tratar, pensaba un poco en lo que pasó y en cómo dejó a Kakashi.

- ¿Puedo acompañarte? –preguntó Hanabi entrando al cuarto de su hermana a toda prisa.

- Buen día, hermana –dijo sin mucho ánimo Hinata.

Su joven hermana, la cuál apenas despertaba a cualquier sentimiento cercano al que sentía Hinata ya tenía noción de lo que le sucedía, iba con calma con respecto a eso y no quería ir presionándola, posiblemente no la ayudaría con una solución pero a veces es bueno tener un buen oyente cerca.

- ¿Cómo estas? –preguntó Hanabi acostándose al lado de desanimada hermana.

- Bien, bien, bien… -dijo tres veces asegurándose de que le creyera.

- Puedes contarme lo que quieras, soy tu hermana menor y creo que podría ser bueno hablar de eso.

- ¿"Eso"? No hay nada de "eso", sólo me siento un poco mal. Es…

- ¿Porque no te asignaron a la misión de Kakashi-sensei?

Su nombre rebotó en su cabeza unas cuántas veces pero escucharlo por otra persona la hacía desear enterrarse en lo más profundo de la tierra.

- No, no… no fue nada de eso. Tal vez… sí, pero… ehm… -tartamudeó y al final dudo de contar algo de eso- ¿qué tal si avisas que no voy a desayunar? –le dijo Hinata tratando de evadir el tema, ni su excusa valía porque estaba demasiado enredada.

- Tengo entendido que nadie ha regresado de la misión, siguen en esa pequeña guerra civil, no te preocupes… nada va a pasarle a Kakashi-sensei –le dijo su hermana, la descubrió por completo.

Hinata se sonrojó levemente, eso no pasó a alegrarla o ponerla en otro tipo de ánimo porque por más que sintiera preocupación por ese mentiroso, corrupto, infeliz y desagradecido sensei, ella… lo seguía odiando, un odio que no pasaba de ser más profundo que una pequeña herida, creada a partir de un error.

Sin su hermana en su habitación volvió a cubrirse con una manta, ocultando su rostro por completo y evadiendo las ganas de llorarle a su destino, ya había hecho eso. Cuántos días atrás fue "entrenar" muy lejos de su casa, llorando amargamente apoyada en un tronco, limpiando sus lágrimas con la manga de su suéter y siendo la mujer con pena más atormentada en esos instantes en aquellos lugares. Luego de tener una buena sesión de llanto iba hacia un lugar descubierto donde el sol pudiera darle a su ya pálido rostro, tomaba un poco de agua de su cantimplora y se lo echaba al rostro, no podía haber diferencia entre la salada oleada de lágrimas y la frescura del agua.

Volver a su hogar por la noche, esperando que nadie la vea, pensando que quizá así dejaría de disimular su dolor. Encontrándose nuevamente sola entre tanto murmullo del viento, porque recordaba una que otra palabra de aquél hombre y también, inevitablemente, sus caricias.

¿Y si hubiera sido suya, las cosas habrían sido diferentes? Se preguntó a sí misma la Hyuga, si aquél hombre hubiera sido SU hombre y ella hubiera sido su mujer, quizá habría aligerado las cargas descendiendo hasta un perdón.

Ahora está tan lejos que no puede imaginar cómo está, si tan sólo pudiera ir más allá de aquél atropello que provocó su separación. Al menos así habría un espacio en el que no le doliera tanto odiarlo, odiarlo tanto… porque es tan difícil y cansador.

En otro lado…

- He actuado mal, ¿verdad? –le preguntó Sakura.

Pasaron la noche en una pequeña misión de cuidado a un carruaje, el dinero que llevaba era lo suficiente como para dar valor a cualquier ladrón a robar. Naruto y Sakura descansaron un poco llegando al portón de Konoha, ya era de mañana y el sol empezaba a iluminarlos, tanto que Naruto cerraba sus ojos por el molesto reflejo de la luz.

- No, lo hice yo –contestó Naruto.

- ¿La quieres? –preguntó ella, encontraría una respuesta poco usual, era necesario tener en cuenta ese elemento.

- Son muy diferentes, te podría decir muchas cosas pero ni si quiera yo entiendo esto. Así como ustedes son opuestas, así es mi cariño. Perdóname, Sakura-chan –bajó la mirada.

- Lo sé –añadió Haruno y luego procedió a caminar por delante- habla con ella.

Así fue como se apartaron, Sakura padecía de aquél síndrome de querer lo que no puede tener y Naruto era indeciso, alguien tenía que ser fuerte en esa relación y ella tomó ese papel. Se apartó del camino porque estaba harta de compartirlo con esa sombra llamada "Hinata", quizá Naruto con el tiempo se decidiría por ella pero… la joven con ojos color esmeralda no esperaría. Eso de esperar es para quien siente que será el primer plato y el sólo sentimiento… era terrible, esa chica con nervios de acero… pensó que no era digno de ella compartir el amor de Naruto.

No es claro hasta donde uno puede querer a dos personas pero sucede, al final uno siente que no puede vivir sin esos dos amores y luego… las dos abandonan o una, Naruto se quedó solo, esperando que en su mente se despejara toda esa confusión. Ahora que Sakura se fue… no sería más fácil, sería tormentoso, la quiere y la deja partir porque no tiene claro si debe ir tras ella o tras Hinata.

Sintiéndose pendiente de avisar de su llegada caminó hacia donde quedaba la oficina de la Hokage, le diría dos o tres palabras y luego se retiraría. Por su mente pasó la idea de atestar a Hinata con cartas de nuevo o simplemente con su presencia pero no era prudente, no la había visto por ninguna parte ni por casualidad.

Regresando a la tortura de Hinata… ella permanecía sentada al borde de su cama. Luego de algunos minutos de indecisión pasó de sufrir por Kakashi acostada a sufrir por él sentada, luego pasaría a la siguiente etapa que es… sufrir por Hatake caminando o comiendo, su vida ahora no era tan complicada como antes.

- Debe estar solo… debe pensar en mí y debe sentirse muy mal –dijo tristemente la Hyuga lloriqueando levemente.

Aún cuando sufrió una decepción de cierto modo le preocupaba, Hatake era el hombre más solitario que conocía, hasta el momento ella había sentido ser la única con la que compartía cualquier clase de pensamiento o sentimiento; sufrir en silencio era más doloroso que sufrir a grandes voces y con una lista rutinaria como Hinata.

- ¡No pienses en él! –se dijo a sí misma sacudiendo su cabeza, así al menos daba la impresión de liberarse de aquellos pensamientos.

- ¿De nuevo hablando sola? –preguntó Neji apoyando en la puerta.

- ¡Neji-kun! –gritó levemente asustada.

- No te preocupes, no oí nada de tus alucinaciones. Yo tenía un amigo imaginario llamado Kyosaki –dijo en tono de burla.

Pasaba sobre aquél sentimiento de sufrimiento que ella había demostrado últimamente para ser algo más "divertido" de lo que usualmente era, el Hyuga tenía claro que entre ella y Kakashi había algo más que una hermosa relación de "estudiante-maestro". Después de todo él era como su hermano y el deber de uno es protegerla, así como hizo últimamente, lástima que no pudo cuidar su corazón de aquella decepción.

- No tengo alucinaciones… -dijo viendo hacia otro lado- y no tengo una amiga imaginaria.

- ¿Entiendes que eres mala para entender algo que debería hacerte gracia? –pronunció con una mirada increíblemente divertida pero manteniéndose a raya con su expresión.

- Uhm… -expresó con una mueca- tal vez no puedo entender muchas cosas –bajó la mirada.

- No importa lo que haya sucedido entre usted y Kakashi-sensei, para nadie… será correcto, siga sus propias reglas, nadie es perfecto, incluso la perfección es la que encausa este mundo a ser uno lleno de dolor porque cuando uno no lo logra se frustra y culpa a alguien más.

- Neji-kun… no hablaré de eso, disculpa –cerró sus ojos y los abrió suavemente para mirarlo a los ojos- no soy perfecta y no espero que los demás lo sean.

- Has cambiado un poco, ¿no? –dijo Neji con la sonrisa triste, al mismo tiempo Hinata arqueó una ceja en señal de inocencia-. Adquiriste un poco de la testarudez de Hiashi-sama.

La misma expresión "testarudez" seguida del nombre de su padre hizo que un escalofrío le recorriera la espalda, parecía estar cambiado inevitablemente acorde a su situación pero no era para bien. Nadie mejor que Hinata para descifrar el carácter de las personas, su padre… era imposible ser el jefe del clan le hacía tomar dediciones por encima de todos incluso sobre la vida de sus parientes más cercanos, incluidos sus hijos y esposa.

Luego de pensarlo, estuvieron callados sin decir nada. Hinata decidió salir de ahí a pensar, parecía que el método de infundirle algo de "gracia" no le gustaba nada y menos cuando se la comparaba con la persona a quien más temía, en el fondo… se convertía en él, poco a poco… tomaba una actitud más difícil y de líder, claro que lo hacía inconcientemente, era como estar en otro lado y activar un mecanismo de defensa… representado por el mounstro que en ella yacía.

Se paseó por la banca situada en su jardín y no pudo evitar curvear su labio como si sonriera recordando el accidente de Kakashi, la forma en que su uniforme estaba pintado y cómo no se dio cuenta. Fue cuando la invitó, la llevó a su casa y al final… había despertado en su habitación, habría pensado que era un sueño pero sólo era parte de la magia de Kakashi.

Los guardias se paseaban cercanos a los grandes portones de la mansión y Hinata pensaba más y más en salir de ahí corriendo, salir del encierro de aquellas asfixiantes cuatro paredes… claro, eso era en sentido figurado.

- Debería dar un paseo corto –murmuró para sí misma.

No se había cambiado, tenía las mismas calcetas algodonadas que le calentaban los pies y el tobillo, más arriba estaba aquél pantaloncillo corto, junto a una blusa igualmente algodonada, era un conjunto precioso, nadie podía negar que ella no tuviera ropa bonita. La cascada de cabellera caía por sus hombros hasta su busto y a pesar de haber despertado no tenía sucia la cara con líneas de saliva… Neji se lo hubiera dicho o al menos burlado de ello.

Pasó de largo por los guardias y fue por cualquier camino que la condujera lejos de allí. La mañana era fría, sus piernas temblaron y su cuerpo también, se abrazó a sí misma esperando mitigar el temblor.

Muy pronto a lo lejos se dejó ver una cabellera rubia que con sorpresa no dejaba de mirarla hasta que ella se dio cuenta de su presencia, Naruto se aproximó a ella mientras Hinata parecía desear desaparecer, no era el mejor momento para tratar con el rubio.

- ¿Puedo saludar? –le dijo estando a una distancia prudente el joven.

- Claro –contestó la Hyuga suspirando.

- Buen día –le dijo esforzando una sonrisa, a través de su agradable semblante trataba de convencer a Hinata, convencerla de que… quizá, tenía una buena intención.

- Buen día –añadió casi de inmediato y pasó de largo con pasos firmes.

- ¿Es todo? –preguntó Naruto mordiendo levemente su lengua, no quería forzarla pero estaba harto de que ella huyera.

- Paró en seco y ella aún le daba la espalda al rubio, no quería verlo y menos seguir conversando con él.

Analíticamente podría decir, con certeza, que lo llenaba la desesperanza, específicamente podría afirmar que luchaba por no saltar a ella y abrazarla, pero por lógica y por conservación natural prefería mantenerse lejos de una mujer que sería capaz de gritar de miedo al contacto tan sólo de su piel.

- Vuelve con Sakura, ella hizo todo para estar contigo cuando te sintió perdido. ¿Alguna vez te diste cuenta de que yo trataba de estar a tu lado? –preguntó como si la melancolía la llenara, la Hyuga era un mar de sentimientos.

- Hinata –pronunció su nombre tan desesperanzado-. Ten piedad, tan sólo… piensa un poco en cómo me sentía yo, no sabía nada… siempre quise mantenerme al lado suyo –decía refiriéndose a Sakura-. ¿Cómo iba a imaginarme que una belleza tan dulce y tímida como la tuya estaba fijando sus ojos en mí? ¿Cómo quieres que me de cuenta? ¿Cómo puedes imaginar que no sintiera rabia al saber que estabas con Kakashi-sensei?...

No necesitaba más razones para mantenerse de pie allí, quería con todas sus fuerzas avanzar y alejarse pero su cuerpo dejó de responderle al saber de los celos que consumían a Naruto, así como una bestia llena de dolor a quien le quitaban las oportunidades de vivir, así como la lluvia dejaba de cubrir con su manto las plantas que se escondían mucho más debajo de los árboles que cubrían los bosques. Algo le decía que Naruto necesitaba de ella así como necesitaba del aire… entonces su razonamiento la regresó al problema, ella no sabía que había cambiado dentro de sí misma, ni si quiera si el amor que tenía se debatía entre el maestro y el alumno.

- Lo se, Naruto-kun –añadió juntando sus dedos y jugando con ellos nerviosamente-. Así me sentí contigo al lado de Sakura –giró sobre sus propios talones para verlo a él, como si ambos lo supieran… Naruto también volteó a verla-. Pero lo superé –añadió Hinata bajando la mirada y acercándose a él.

Estuvo tan cerca de su cuerpo que el calor que emanaba contagió al suyo. Hinata ladeó su rostro mirando a Naruto fijamente, al mismo tiempo acercaba su mano para tocarle la mejilla, lo examinaba y recorría con las suaves yemas de los dedos.

- Apártate –dijo casi en súplica-. Se feliz con Sakura, yo… -le costó pronunciar lo que entre sus labios se debatía en salir- espero a Hatake.

Admitió… admitió con seguridad lo que tanto pensó y no resolvió. No podía lanzarse con seguridad hasta Naruto sin dejar las cosas claras con Kakashi aunque en su mente lo más fuerte que sentía era el cariño, aprecio y amor. A Naruto siempre lo quiso y siendo más extremos lo amó pero… había algo más, no era para ella… no era su destino, no iba a saltar a sus brazos, no iba a ser ligera.

- ¡Él no regresará! –le gritó casi por impulso sin querer hacerlo.

La joven abrió sus ojos tan grandes como pudo, no sabía lo que Naruto quería decir y entenderlo le iba a ser complicado, no… simplemente no podía pensar en esa posibilidad.

- Ya basta –dijo Hinata apartándose de él-. Simplemente no me busques, él esperó por mí… así que tiene derecho a que yo espere por él.

- Bien –contestó Naruto con una herida en su corazón más profunda de lo que podría imaginar-. Pero… no tienes que esperarlo, él podría durar años en esa pequeña guerra civil y es posible que cuando regrese… ¡agh! –gruñó fastidiado- él no es como tú, lo heriste, no pensaste en que quizá mi sensei no quiso lastimarte que te ocultó cosas porque yo se lo pedí y…

No podía continuar lo que decía parecía tener algo atorado, un secreto o alguna palabra por demás para herirla y hacerle perder la esperanza, estaba totalmente fuera de él.

- Yo lo vi el día en que partió, estaba apartado del grupo y… pude ver claramente… ¡agh! –volvió a refunfuñar- nunca vi esa expresión en el rostro de Kakashi-sensei, nunca lo vi tan triste, parecía que no tuviera motivación –Hinata lo miró sorprendida, parecía que iba a darle un ataque de histeria o al menos un ataque-. Por primera vez vi una lágrima en los ojos de mi maestro, eso hizo que reconsiderara todo lo que él sacrificó por mí.

Lo que le contaba no era para decirle que Hatake aún pensaba en ella sino para hacer que se sienta miserable y por el tiempo en que estuviera sin él… supiera que no merecía tenerlo de nuevo. Lo hirió… primero él a ella pero ella lo hirió a él a través de su lealtad a sus alumnos.

Un viento recio sopló entre sus rostros, Hinata parecía no parpadear y Naruto tenía el semblante de un retorcido amante sin su amada. Ella se quedó estática y sin expresar nada más caminó con la mirada al piso para luego perderse entre el soplo del viento, aquél que congelaba los dedos de Naruto.

- ¡No! –expresó un grito ahogado.

Había perdido el control… Naruto perdió el control y… algo más que la ternura en su alma.

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Fin de Episodio 14