Otro episodio ;D gracias por el apoyo queridos lectores. Espero regresar para una pronta actualización. Y no pierdan el hilo, que hay detalles que necesitan ser entendidos por completo. Ya se viene la parte difícil u_u y se que muchos tendrán muchas dudas. Pero ese el chiste del misterio a partir del regreso de Kakashi. Hasta la próxima.
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Nota IMPORTANTE: NO al PLAGIO por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
Los Lobos no Ladran, Aúllan
Por Clarisce
Capítulo 16: Tú y yo juntos otra vez.
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Avanzó hasta la puerta y se liberó de todo vendaje, las heridas aún no sanaban y él se empeñaba en irse, en reponerse en su hogar, no quería ver la mirada de desesperanza de aquellos que esperaban expectantes a sus parientes, sus amigos y compañeros.
- ¡Usted es Hatake Kakashi! –exclamó una mujer entrando a su habitación, la misma de la que él luchaba por salir- ¿Me recuerda? –preguntó sollozante- Mi hijo… estaba con usted y… no regresa, yo quería saber si… eh… si usted tiene idea de él o de dónde está o… de si está vivo… -bajó la mirada tratando de contenerse.
- Señora…
Pudo recordarla, era la misma mujer que con sonrisas había gritado que estaba orgullosa de ser la madre de un ninja tan dedicado, su hijo estaba avergonzado y durante todo el trayecto a la misión que les pagó con muerte era burlado por sus compañeros por aquel hecho. El muchacho… lo último que vio de él y lo primero se le vinieron a la mente al igual que el recuerdo que le evocaba. Su sonrisa y su expresión de terror al morir.
- Lo siento… -expresó el jounin sin sentirse orgulloso de nada.
Ahí estaba… fuera de la habitación muchas otras mujeres y hombres que con confianza le entregaron a sus seres queridos. De todos aquellos sólo quedaba Hatake Kakashi y su gran vergüenza al ser el único sobreviviente, hubiera encontrado más gloria en la muerte que en este infierno hecho vida.
- Lo siento –expresó una vez más abriéndose paso entre la gente que no dejaba de mirarlo.
Así fue como se apartó de todos y a pesar de no tener la frente en alto salió, no feliz de estar vivo porque sería un bastardo inconciente si así lo hiciera, estar feliz por estar vivo es como reírse de la desdicha de saber que sus compañeros y subordinados estaban muertos.
Ahora está en un lugar oscuro, en el cual no puede reconocer a nadie, tiene muchas pesadillas y está despierto, no lo comprende pero es preciso… preciso olvidarse, al menos no recordar todo aquello, estaba llenándose de locura, su mundo exterior no ayudaba, al caminar por las calles podía oír las murmuraciones… ahí va Kakashi Hatake… el hijo del colmillo blanco, sí… ése fue quien dejó morir a todo un escuadrón de chicos a su mando… sí…
- ¡Kakashi! –expresó sin querer Hinata al verlo cruzar la calle, él no la vio.
Corrió hacia él para encontrarlo, parecía absorto en sus pensamientos, estaba tan… despeinado, tenía la ropa sucia y parecía estar en muy mal estado. Tenía la leve idea de que tal vez era mala idea hablarle en ese momento, juntando a todo eso… lo que sucedió anteriormente entre ellos, la forma en que se despidieron.
De pronto el jounin se detuvo, volteó y vio a Hinata, ella seguía consternada por verlo y ahora más por tener su mirada puesta en ella. Dio un paso hacia delante, él no se movió ni un centímetro, al verlos ahí… a una distancia lejana pero ya… puestos frente a frente, la gente comenzó a murmurar más, eran la comidilla de la "sociedad de Konoha". La Hyuga era capaz de voltear el mundo, no le importaba lo que dijeran ellos, no le importaba los rostros de aquellos que los juzgaban, sólo quería estar con él… sólo quería saber de él, sólo quería… amarlo.
Un viento recio les agitó las cabelleras, Hinata estaba nerviosa, como nunca, ya no tenía la esperanza de verlo porque ya lo veía y ahora esa esperanza se convertía en anhelo.
- Yo… -abrió su boca un poco sin poder articular palabra alguna.
- ¡Apártate de mí! –le gritó frunciendo el ceño y apretando los puños Kakashi.
- No… no… no te vayas –dijo con voz ahogada mientras el sensei se iba.
- ¡Déjame en paz! –volvió a decir Kakashi, Hinata había corrido hasta él para tomarlo del brazo el jounin se asustó demasiado y apartó su mano violentamente logrando abofetearla sin querer, la misma cayó al piso por el impacto. Ambos estaban asustados.
Pasaron dos segundos, los mismos en los que parecían sólo estar los dos, no escuchar nada más, no ver nada más y entonces cuando todo se reestableció Kakashi fue empujado violentamente por Naruto, el Uzumaki había sido testigo de la escena más no de la intención de Kakashi, la cuál era: no lastimar a la Hyuga.
- ¿¡¿OYE QUÉ DEMONIOS TE PASA? –gritó furioso Naruto.
- Fue… fue… -quería decir Kakashi pero las palabras se quedaron estancadas, la gente prestaba atención a la pelea.
- ¡¿CÓMO TE ATREVES A GOLPEARLA? –decía Naruto cegado por la rabia, no sabía ni si quiera que algo así de agresivo existiera en él. La sangre del demonio hervía en sus venas.
- Naruto-kun… ha sido sin querer, por favor… -había comenzado a llorar, Hinata lloraba mientras se levantaba del piso con una marca en su mejilla.
- Lo siento… -dijo Kakashi dándole la espalda y caminando en su propia dirección.
Nada era igual en él, Naruto ya no lo respetaba y ahora se había convertido en un hombre abusivo sin noción de nada. Había golpeado a Hinata y estaba tan molesto consigo mismo que no lograba expresarlo, no lograba sentir nada, al verla llorando y sufriendo, en vez de correr a ayudarla lo único que pudo pensar fue en seguir haciéndole daño… no quería, no quería… estaba tan mal por dentro, tanto como siempre pensó. Traicionó a Hinata y ella lo dejó, ahora la había golpeado y ¿luego qué? No podía imaginar nada más.
Siempre terminaba haciéndole daño, haciéndola llorar, traicionándola, era momento de seguir adelante, de pedir un momento para él, algo con lo que pudiera vivir porque no se soportaba.
Llegó a su hogar y todo estaba como lo dejó, la ventana aún estaba semiabierta, unas hojas secas habían entrado por donde vio por última vez a la Hyuga, aquella fatídica noche en que entendió que algunas cosas le eran prohibidas, incluso el amor.
Avanzó con relativa calma hasta su baño y quitándose su ropa entró a su ducha para darse un gran baño, uno que durara un buen tiempo hasta quitarse ese olor a sangre, no la suya, sino la que explotó en él cuando acribilló a esos niños inocentes, no podía llorar, sus ojos estaban completamente secos, estaba inerte.
Se abrazó a sí mismo y apoyó su cabeza contra la pared más cercana al chorro de agua que lo mojaba.
…
Silencio…
- ¿Estás bien? –le preguntó Naruto a Hinata, la misma lo miró y se llenó de rabia.
Se apartó de él y aún con las lágrimas bordeándole los ojos, muestra de su choque con Kakashi ella fue tras él. Estaba cansada de huir, de esconderse, de sufrir por Naruto, de dañar a Kakashi, de lastimarse. Tomó fuerzas y se encaminó a ir con Kakashi, al principio iba lento y Naruto la podía seguir con la mirada pero luego algo en ella le hizo acelerarse.
Esa noche ella tomó razones de donde pudo y fuerza de donde no la tenía para decirle que todo había terminado y ahora ella lo único que buscaba era encontrar esas mismas fuerzas para decirle que lo amaba y que no quería terminar así, que quería cuidarlo y saber cómo estaba. Ayudarlo… era su prioridad, estaba destrozado, se le notaba en la mirada, la misma que antes era fugaz y graciosa ahora estaba apagada y triste.
Golpeó la puerta tres veces y nadie atendió, volvió a golpear y nadie atendió otra vez. ¿Dónde habría ido Hatake? Quizá no regresó, fue por otro lado hasta llegar al balcón del jounin, la puerta de la ventana estaba abierta un poco, unas hojas se encontraban en la entrada y ahí estaba Hatake… saliendo del cuarto de baño con la cabellera mojada y una pequeña toalla cubriendo lo que por debajo de su cintura se escondía. La herida aún estaba cicatrizando, fue bueno que un ninja médico lo ayudara aunque no terminó de hacer perder las marcas.
- Lo siento… -dijo sin evitar llorar otra vez ante el jounin.
Kakashi la ignoró y siguió con su camino hasta su habitación, iría a cambiarse, ponerse algo más cómodo, buscar comida y demás. La Hyuga lo siguió esperando que él dijera algo, ya se habían hecho daño, no era posible seguir con eso, ambos estaban destrozados, si no superaban eso entonces no habría más futuro.
- Yo no se… no se lo que me pasó esa noche, no pensé y luego lo extrañaba demasiado pero nunca me imaginé que… esto fuera a suceder y… y… no quiero mentirle, no quiero… tampoco quiero que nos… que nos… sigamos hiriendo y… y… y… -se echó a llorar.
No podía evitar sentirse como una niña a su lado, lloraba y gimoteaba como si el mundo fuese a acabarse, no se entendía tampoco, estaba tan confundida y dolida, él había pasado por lo mismo, sabía que él la quería, tuvieron problemas cuando compartieron una relación pero ¿qué pareja no tiene problemas?
De pronto aquella energía negativa se convirtió en una animal, incapaz de comprender otra cosa más allá de lo que él deseara. Tomó a Hinata por los hombros y la acercó a él para luego besarla, tenía su cuerpo muy cerca, esta vez nada le nublaría el pensamiento, ahora era todo un lobo dispuesto a ir de caza para matar.
Su cuerpo se erizó de sólo sentir el contacto de sus fuertes manos recorriéndole cada parte sensible de ella, lo miró a los ojos y él la soltó para tomarla por la cintura, la rodeó completamente para fundirse en otro beso, ésta vez ella estaba dispuesta a aceptar lo que fuera de él.
Necesitaba que alguien lo amara, en ese momento lo necesitaba, la levantó entre sus brazos y la caminó con ella a través del pasillo hasta llegar a su habitación, la puso sobre la cama y procedió a desvestirla, ahora ella no era niña, ni era su alumna era una mujer y él estaba desesperado por ser parte de ella, eso mitigaría su dolor un poco y lo acercaría a algo más real.
Le quitó poco a poco la ropita que ella traía, Hinata estaba temblorosa, no sabía qué iba a pasar ni cómo iba a pasar, así que cerró los ojos esperando las acciones de aquél ninja. Cuando sintió estar completamente desnuda abrió los ojos, a la luz tenue de la luna estaba ahí… Kakashi, mirándola, admirando su cuerpo y entonces… elevó la mirada, más y más… su mentón estaba alto como si tratara de no decir algo más.
Una lágrima rodó por su mejilla y luego otra y otra. Hinata supo lo que sucedía, se levantó como pudo y posando sus manos sobre el hombro de Kakashi le hizo cariñitos, le quitó la máscara que le cubría el otro lado, la badana y ahí estaba él… sin barreras, lleno de remordimientos y todo tenía que pasarle justo frente a la mujer que lo amaba. No podía detenerse, lo que vio, lo que sufrió… simplemente le hizo revolver todo.
- ¿Estás bien? –preguntó tiernamente.
- Perdóname –dijo apartando la mirada.
- No, no, de todos modos podemos intentarlo si quieres. Yo siento mucho haber hecho lo que hice y quiero que todo vuelva a estar bien entre nosotros –dijo la Hyuga apegándose al cuerpo de Kakashi.
- Juju… ¿quieres hacerlo con un llorón? –se rió para sí mismo.
- No, no digo eso.
- ¿Es que te doy lástima? –preguntó lleno de molestia.
- No, claro que no.
- Si, si te doy lástima –se apartó de ella, la misma lo retuvo con fuerzas y no lo soltó hasta unir sus labios a los de él otra vez.
Y siguieron así hasta terminar en la cama, no supo como explicar lo sucedido pero entre ellos una chispa saltó, muy fuerte y no muy lejos de su amor. Quizá ambos pecaban, ella por tímida y él por salvaje pero eso no impedía que se amaran esa noche, no como quisieron siempre, con la misma pasión y ternura que se habían proclamado desde antes.
Sus caricias la enloquecían y los besos de ella lo llevaban a otro mundo, era la primera vez para ella. Kakashi se hundió en ella con cuidado, la Hyuga gimió con placidez al sentirse mujer, él se movía suavemente, poco a poco… se internaba en su belleza, en su pureza y en su amor. Estaba entregándose a él por amor.
Entre beso y beso, caricia y caricia siguieron juntos con la misma intención, esa de amarse, hasta el amanecer, revolviendo su pasión entre unas sábanas y cayendo presas del gustoso precio de la primera vez entre ellos dos.
Curiosamente podrían encontrar juntos el amanecer. Las luces de la mañana se echaron sobre ella, esta vez había tenido la certeza de que entre los brazos del jounin se despertó, él estaba ahí y en cuanto se movió la abrazó rápidamente.
- ¿Cómo estás? –preguntó Kakashi abriendo un ojo con cuidado.
- Bi-bien… yo… estuvo muy bien.
- Jajaja que noche, ha sido la mejor –sonrió y se levantó de la cama, tomó un pantalón para ponérselo y fue hacia la cocina a preparar algo para su dama.
- Kakashi-sensei… -lo llamó Hinata.
- Dime –respondió Kakashi.
- Lo amo –agregó y cerrando su boca esperó respuesta de parte suya, más no escuchó nada.
Se sintió algo nerviosa, y cubriéndose con una sábana se dirigió hasta él, se encontraba preparando una tostada aunque el pastelillo se quemaba a fuego lento. Hinata se acercó a él y besó su mejilla, el jounin despertó de aquél trance y le devolvió la sonrisa.
- Esto no está bien –agregó Kakashi.
- ¿Está arrepentido? –preguntó la jovencita.
- No, el hecho es que nadie aceptará que tú estés conmigo. Naruto está empeñado en que regreses y ahora con lo que ha sucedido… lo lamento.
- Naruto-kun aún no sabe que sería feliz con Sakura. Siempre lo fue pero él nunca quiso aceptarlo.
- ¿Eres feliz conmigo? –preguntó el jounin.
- Demasiado –contestó muy llena de orgullo- soy suya y de nadie más. Lo amo.
- Yo también a ti, cariño –le dijo y tomando su rostro con delicadeza le besó la frente.
Era posible ser feliz, esta vez el amor se asomaba a la vuelta de la esquina, sin importar lo doloroso que fue el pasado o lo mal que se viera el futuro ahora ellos compartían algo más que un lazo hecho de sentimientos, ahora ese lazo era más fuerte porque sus cuerpos se poseían el uno al otro.
La estrechó entre sus manos sin importar lo que fuera a pasar, la había extrañado tanto y ahora era el hombre más feliz del mundo, ni si quiera tenía planeado hacerla suya esa noche pero benditos sean los impulsos, en su caso, un buen impulso. Esperando que nada fuera a estropear lo perfecto que es haber sido amado y amar tanto como se puede.
- Así que ahí vive mi querido compañero Hatake –agregó una sombra que desde lo lejos podía divisar el departamento del jounin. Apretaba los dientes de sólo imaginar volver a ver al hombre al cual le salvó la vida.
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Fin de Episodio 16
