Amor enfermizo (Ova)

Te amo sin importar que... sin importar que tan enferma estés, mi corazón te eligió a ti y se ira a donde sea que vayas tú. Nos vemos en el cielo o el infierno... mi amor.

– ¡Shiro! –exclamo el mayordomo de la reina llegando donde un moribundo albino, el chico estaba tirado en el piso con muchas heridas profundas en todo su cuerpo, todo dolía para él, aun cuando tuvieran las pastillitas mágicas nada podría salvarlo de su inminente muerte, esas heridas no eran provocadas por alguna magia y curar todas era tardado, para entonces morirá desangrado–. ¿¡Estás loco!? ¡Pudiste pedirme ayuda!

– ¿Ayuda? –susurro débilmente, alzo su mano, la cual estaba apoyada en su estómago y miro la sangre que la manchaba, soltó una amarga risa–. Yo no pude... ella no... –su visión se nublo por culpa de las lágrimas que amenazaban por salir, con su brazo se cubrió los ojos, odiaba que lo vieran llorar, solo ellos podían verlo así de vulnerable y vio morir frente a sus ojos a tres de ellas–. Yo no fui de mucha ayuda, no la merezco.

Yefri solo lo miro con pesar y tristeza, lo perdieron todo en un tan poco tiempo, años y años luchando, esforzándose, apoyándose, confortándose y aguantando sus pesares solo para que unos hijos de Luna llegaran a arruinarlo todo. Se agacho junto a él para hacerle compañía, nada podría salvarlo.

– ¿Sabes? La noche anterior hicimos un trato –empezó a contar el albino–. Cuando... termináramos una carrera... y consiguiéramos trabajo... nos... nos íbamos a ca... –no termino la frase porque a cada palabra su voz se iba entrecortando más hasta volverse un hilo.

– Lo lamento tanto –susurro el de cabellos grises con tristeza. Shiro siguió riendo con un nudo en la garganta.

– Le di mi piedra... mi piedra alice... y ella me dio la suya... no creemos en cursilerías pero... –siguió riéndose de su maldita mala suerte–. Hasta bromeamos sobre sus nombres...

– ¿Nombres?

– Si sus ojos eran rojos seria Aka... o Red... y si eran azules Blue o Ao, dependiendo si era niño... o niña –su voz sonaba a un susurro–. Si tan solo no la hubiese dejado sola... si tan solo hubiese sido mejor novio... –su voz se volvió un susurro débil.

– Fuiste un buen novio, las cosas nunca fueron fáciles para ustedes... –murmuro el mayordomo tomando su otra mano, cerro los ojos cuando checo el pulso–. Descansa en paz... Okami Shiro.


Miro el cadáver de la que hasta hace unos momentos era su despreocupada y tierna novia, quiso apartar la mirada de la escena, pero no podía, no entendía ¿Por qué Natsuki se dejó matar? ¿Algo iba mal? ¿Era su culpa? No entendía ¿Nijuu no intento detenerla? O acepto también.

– Eres... una... gran idiota –susurro dejándose caer de rodillas al suelo, cubrió sus oídos al escuchar las explosiones y sonidos de armas chocando afuera, lo odiaba, odiaba esos ruidos desgraciados, odiaba esa situación miserable, odiaba esas decisiones que tomaron, odiaba a las lágrimas que caían y rodaban por sus mejillas, pero sobre todo, odiaba enamorarse de alguien que siempre le advirtió que podía terminar así, no era la primera vez que pasaba, pero de algo estaba seguro...

Ella ya NO volverá.

– ¿Por qué? –pregunto mirando al piso–. ¿¡Por qué me permitiste amarte sabiendo que me dejarías!? –le grito al cadáver de la joven, se acercó y la zarandeo como una muestra desesperada, su vista se nublaba por culpa de las lágrimas y su corazón le latía con fuerza por todas aquellas emociones negativas que se acumulaban–. ¡Yo no soy tan fuerte como tú! ¡Yo no soporto perder a los que amo y puedo seguir como si nada! –sintió un agarre en el que lo separaba de la persona que más amaba, intento patalear, gritar y soltarse pero de nada servía. Tardaron unos minutos en calmarlo, cuando el alzo la vista todos lo miraban con sorpresa, nunca había reaccionado tan violentamente, fue tal que lastimo a Hotaru la cual lo intentó calmar, ella ignoro el dolor en su brazo por una patada del chico y lo abrazo...

– No eres el único –susurro sin soltarlo, el chico alzo la mirada y noto a cierta castaña arrodillada en la entrada, su amigo estaba su lado tratando de reconfortarla, cierto ¿Cuanto tiempo transcurrió? No lo sabía, solo sabía que se acabó... Comenzó a reírse, y reír, y reír, y reír. La reina del hielo solo lo abrazo con más fuerza.

– Pobre conejito de porcelana, se rompió –susurro Joker, ella estaba recostada en una mesa, escondiendo la mirada de los demás.