Nostalgico amor (Ova)

– Al fin llegue –murmuro un chico de cabellos negros y ojos morados acercándose a una tumba, tendría aproximadamente treinta años o más, no sabríamos determinarlo, miraba con melancolía una lápida–, hace tiempo que no nos vemos ¿eh? –bromeo sentándose en frente–, han pasado muchas cosas desde aquel día, te daré un resumen.

La vida en la academia cambio drásticamente desde su muerte, para empezar, Mikan cayó en un estado depresivo, no hablaba, no comía, no salía de su habitación, estaba empezando a morirse de a poco, un estado muy lamentable y por otro lado, Ruka termino en un estado pos traumático, todo el día se la pasaba sentado frente a la tumba de Natsuki, diciendo que ella estaba con el hablándole y apoyándole, por un momento llegamos a pensar que era verdad, pero Youchi nos dijo que "estaba teniendo alucinaciones, su hermana se había ido y no volvería". Natsume estaba entre la espada y la pared, no sabía a cuál de los dos se debía dedicar, por una parte tenía una Mikan deprimida y por otra a un Ruka loco, pero por suerte Hotaru acepto la tarea de cuidar de Ruka. Actualmente ambas parejas siguen en lo mismo, no mantenemos mucha comunicación con Hotaru, al parecer vive muy ocupada en su trabajo y cuidando de Nogi, de Natsume estamos un poco más en contacto, pero tampoco es lo mismo que antes, al parecer Mikan está estable, pero sigue sin hablar o salir de su cuarto...

Por otra lado, Jin igual entre en una fase de negación en un inicio, no quería aceptar que la "inmortal" Yami había desaparecido, intento por todos los medios dar con ella, hasta trato de hacer pacto con Elizabeth, pero ni ella era capaz de hacer algo... supongo que así son las cosas. Sergio... el... no pudo aguantar... fue Kobato quien lo encontró...

Kobato, ya no tiene ese brillo de felicidad, ni es la misma chica energética que conocimos de jóvenes, solo es una sombra de lo que alguna vez fue, se separó completamente de Irie y Yoshin, se alejó de las ideas de un matrimonio y familia feliz, no quería que ellos tuvieran que sufrir como sus primas. Mitsuki, ella un día se desapareció sin más, al parecer quiso empezar desde cero lejos de todo lo que representaba su familia "Miseria, dolor e infelicidad" o eso es lo que ella decía. Básicamente renegaron sus lazos familiares, adiós a la familia Yukihara.

Los demás, bueno, todos siguieron con sus vidas, casados, con sus carrera terminadas, empleos bonito chalala, pero no toques su tema que se ponen serios y melancólicos, es un tema tabu para todos.

El director, los maestros, la reina, todos decidieron tratar de olvidarlo, pero es algo que siempre nos perseguirá a todos, su existencia no es algo que podamos ignorar. Por mi parte... pues, intente seguir con mi vida, lo intente pero... supongo que no estoy hecho para amar.

– ¡Papi! ¡Papi! –el joven voltea para encontrarse con una albina de ojos morados, sonrió de lado llamándola con un ademán, la pequeña se acercó y vio aquellas viejas tumbas con curiosidad–. ¿Quiénes son?

– Unos viejos amigos –explico con una sonrisa mirando a su pequeña.

– Ella... –apunto a la tumba del viejo amor de su padre.

– Si... fue una persona muy importante para mi... –dijo con un tono nostálgico, tratando de evitar las lágrimas.

– Oh –solo eso respondió, vio a su padre levantarse, él se sacudió la tierra, acaricio los blancos cabellos de su hija, amarrados con unas ligas y decorados con una pluma del mismo color.

– ¿Nos vamos Hikari?

– Si, vamos papi, tú me prometiste un helado –hablo la pequeña con una amplia sonrisa, el hombre asintió y le tomo de la mano para ir de regreso a su hogar, lejos de todos aquellos recuerdos tristes.


El asqueroso olor a cigarro y alcohol inundo sus fosas nasales, agradeció no haber traído a su hijo con él. Busco alrededor de la casa hasta encontrar con un bulto en el sillón cubierto por basura de chucherías y una manta que suponía era verde... o esperaba que fuera verde. Miro a su amigo quien se encontraba roncando desvergonzadamente en aquel deplorable estado.

– ¿Me digno a visitarte y así es como me recibes? –se quejó el pelinegro de ojos cafés mirando a su amigo.

– Ah Julian –saludo el de ojos bicolor levantándose y pasando a botar toda la basura. El pelinegro se sentó a su lado mirándolo mientras negaba con su cabeza.

– Te afecto mucho que se fuera –murmuro, el chico simplemente miro a la nada, prefería no hablar del tema, era algo que le seguía doliendo. Después de un rato soltó un pesado suspiro siendo invadido por los recuerdos, era verdad que desde que Elizabeth le dijo que no había forma de regresarla se deprimió y se metió en todo eso, no es como si antes no bebiera, incluso lo de fumar... Deba igual, solo era una forma de distraerse de esa realidad, pero estaba de algo seguro, estando Yami ahí le diría:

– Idiota, a mí no me afecta comer hasta alquitrán, pero tú te estas acabando solo –con ese tono arrogante y burlón, con esa sonrisa socarrona, manos a la cintura y expresión divertida, que solo quería ocultar lo preocupada que estaba por él.

– La extraño tanto... –susurro mientras lagrimas desbordaban de sus ojos–, si tan solo las cosas hubiesen sido distintas, pudimos haber... pudimos estar... Julia solo lo miro con tristeza, pena nunca, lástima menos. Le dio un reconfortante abrazo, ninguno decía nada y el silencio de aquel apartamento era cayado por los sollozos del chico de ojos bicolor–, me gustaba siendo mujer, hombre o un perro... era Yami y solo eso importaba.

– ... lo se...

– Incluso... me gustaba su verdadera apariencia, representaba completamente al monstruo del cual me enamore...

– Lo se...

– Desearía que estuviera y me dijera "Cara de mono, idiota"

– ... pero ella no va a volver –y otra vez rompió en llanto.