Tragico amor (Ova)

El joven miraba fijamente la tumba con el nombre de su "veneno", era curioso como un día todo era risas y alegría, pero al otro solo fue caos, dolor, muerte, sufrimiento, seguramente los que se quedaron son los que más se vieron afectados, después de todo, ellos ya no sabían cómo continuaron las cosas, ahora solo eran polvo, polvo el cual se desvanecía con el tiempo.

La extrañaba, tanto como jamás pudo pensar, extrañaba ver sus sonrisas dulces y alegres que demostraban su estabilidad con la vida, extrañaba aquellos ojos claros que brillaban cuando estaba con él o con sus hermanos... o leyendo sus miles de mangas porno gay, extrañaba sus labios, cada uno de sus besos donde trataba de demostrarle que era importante para ella, extrañaba sus manos con las cuales lo tomaba y arrastraba a todas partes, extrañaba sus brazos, envolviéndolo en un cálido afecto. Simplemente la vida ya no tenía sentido, ella fue el detonante, solo habían en su mente imágenes llenas de dolor y angustia, muerte, agonía, sufrimiento.

– Maldigo a todos los putos demonios y diablos –susurro con asco, algunos odiaban a los humanos, otros a los ángeles, otros a los alice, él a los cuernudos, ellos eran los que le quitaban a las personas que más amaba, tenía derecho a detestarlos y repudiarlos–, pero ahí nos veremos en el infierno –murmuro mirando en su manos unos tubos de metal y pequeñas piedritas.

...

Cierta joven peli azul se dirigía con pasos cansados a dejar flores para sus amigos, eso hasta que un estallido inundo sus oídos; corrió en dirección a su destinó, solo para descubrir con horror el cuerpo de su amigo, al lado de su prima y con una bonita bala metida en el cerebro.

– Idiota... –balbuceo mientras lloraba–. ¿Por qué tenías que ser tan débil? A todos nos duele e intentamos seguir adelante...

La verdad Kobato ¿Eres realmente capaz de seguir adelante?


– ¿Pilar? –llamo Diana mirando a la rubia quien le devolvió la mirada cuando logro salir de sus pensamientos–. Tu... –ahora no sabía cómo terminar su pregunta–, ¿qué opinas de... Buru?

– Buru... –susurro la chica perdida en sus pensamientos, recordando a la joven peli gris a la que decía odiar, un pequeño rubor se hizo presente en sus mejillas cuando se dio cuenta de en quien pensaba–. ¿¡Buru Mun!? –le grito avergonzada, su amiga asintió sin inmutarse por el grito. Ninguna de las dos se percató de que la mencionada las observaba escondida en la sima del árbol., bastante interesada en la respuesta.

– Si, la jueza de la luna, ya sabes, alta de ojos azul oscuro, su cabello es color plata, tiene cara de amargada pero es más pacifica que la mezcla entre Tobita y Nogi...

– S... se quien es –le interrumpió soltando un gruñido–. ¿Enserio me preguntas eso? –se quejó cruzándose de brazos.

– Si –la chica pareció pensarlo un poco, Mun, aquella joven que acosaba para molestarla, aquella a la cual decidió echar culpas, aquella la cual siempre está tranquila y serena a su lado, a pesar de lo violenta que es, aquella que últimamente le provoca dolores de cabeza, bochornos y la aceleración de su corazón... oh mierda.

– Y... yo –bajo la mirada avergonzada, esa clase de pensamientos impuros, el amor siempre fue uno de los pecados más hermosos ¿Ella lo sentía por Mun? ¿Cómo?–. Y... yo...

– ¿Pilar?

– Yo la odio con todas mis fuerzas.

Fue su fría respuesta, no iba a admitir que se estaba enamorando y menos de ella. Diana la miro de piedra, aquella forma de contestar fue tan cortante que le dio un escalofrío.

– Por un momento pensé que dirías que te agrada, aunque sea un poco –murmuro, cuando la rubia le iba a contestar pero...

– Juro que yo también –voltearon rápidamente para ver a la mencionada recostada en el árbol, cuando supo que tenía sus miradas en ella saludo mostrando un sonrisa–, lo siento, nací chismosa –ninguna respondió nada por lo que bajo su manos y también del árbol–, debes odiarme tanto –fue lo último que dijo antes de irse mientras silbaba.

Pilar se quedó viendo por donde iba ¿Era normal esa opresión en el pecho? Y luego decía que la amaba.

...

Lo siento... pero es mi orgullo que no me deja aceptar mis errores –pensó mirando a la chica frente a ella, para terminar con aquella tortura para ambas.

– Me hubiese gustado ser tu amiga –comento con una sonrisa, un sentimiento de desagrado nació en Pilar, ella no deseaba amistad solamente, ella...

– Yo no –dijo antes de juntar sus labios con las de su "enemiga", el rostro de la peli plata era un poema, uno muy bonito a ojos de la rubia y después todo fue oscuro para ellas.