[ 16 / 03 / 2013 ]

Bien, me tardé demasiado para hacer esta actualización, sentía que necesitaba de más tiempo para racionalizar cómo podía pasar lo que iba a pasar desde un principio. Aún está latente el problema del "deber" y lo "moral", separando un poco a Kakashi de su anhelo de ser feliz. En fin... a pesar de todo siento que esto va desarrollando bien.

Un saludo y gracias por todo el apoyo. Espero volver pronto ^^ y recuerden, comentar es apoyar, si apoyas al autor animas a que siga escribiendo.


Atención: Cuidado, éste episodio podría contener un spoiler para aquellos que no leen manga y que sólo ven anime.


Los Lobos no Ladran, Aúllan

Por Clarisce

Capítulo 24: Se fue.


Y si no fuera mayor a su miedo el hecho de perderlo sólo le hacía sentir un terrible ahogo, sin poder respirar, lo único peor a vivir en esa agonía era vivir sin él. Apenas despertó encontró a Kakashi, acostado a un lado de ella, con la máscara aún puesta, Hinata sonrió tímidamente y suspiró, había tenido una pesadilla y no podía contársela a su amado, ¿y si Kalev venía a matarlo? Si todo era cuestión de venganza quizá querrían matarla a ella, eso no le dolía más que pensar en que… Kakashi perdería toda ilusión en el futuro, podía sentir lo esperanzado que se encontraba.

- Buen día –interrumpió Hanabi con una jarra de agua fresca.

La mañana era cálida, así como este desenlace.

- Shhh… -calló a su hermana para ponerse de pie- vamos a hablar, afuera –le pidió Hinata en susurro.

Estando lejos del durmiente Kakashi ambas se vieron a los ojos, Hanabi tenía la certeza de que su hermana estaría molesta y sí, lo estaba, esto pudo desencadenar un dominó de terror y ellas sin saberlo, por algo Hinata lo escondió tanto tiempo. Quizá de alguna forma, ella tiene idea de lo que le espera, vio a ese 'hombre', su sombra, fue testigo de aquel nivel de poder que tenía sobre su amado, hasta el punto de casi lastimarla, si un hombre podía manipular la voluntad de alguien tan fuerte como Kakashi Hatake, obviamente era de temer, conociendo que el peliplateado era de voluntad fuerte.

- Tenemos que estar preparadas. Avisa a los guardias, a mi padre y a todos que estén atentos a cualquier señal –tragó saliva.

- Está bien –contestó Hanabi.

- Y…

- ¿Uhm? –volvió la mirada a su hermana.

- No te preocupes, creo… que al final hubiera hecho algo así. No puedo vivir con miedo, eso no es vivir –susurró Hinata bajando la mirada.

Escuchando eso su hermana se retiro de ahí, no estaba feliz pero al menos había quitado el velo que separaba a estos dos, estar juntos es mejor que sufrir por separado, no había visto a su hermana con tanto ánimo desde que se alejó de Kakashi. Quería que ella pudiera ser feliz, ¿no es ese el deseo de cualquier hermano para con su familia?

Volvió a la cama y subió hasta estar en el mismo lugar. Kakashi siguió sin abrir los ojos hasta que la luz de la mañana se hizo lo suficientemente fuerte como para deslumbrar al peliplateado, encontrando rápidamente los ojos de su pequeña compañera. La misma fijó su mirada a él con esas hermosas perlas que tenía por ojos, brillantes y no atormentadas como solía verlas.

La última vez que estuvieron juntos tan sólo pudieron tener unos momentos de lucidez hasta que fueron separados por la locura de "Kalev", el despreciable bastardo que casi viola cada rincón inocente en Hinata.

- Te quiero –susurró él, acercó su mano al rostro de la joven la cual correspondió con un dulce gemido.

No quería ocultar nada de lo que él sentía, retener algo, verdades, intimidad, sentimientos y demás podía hacerlos volver al hueco de donde salieron. Además cuando pensó haberla perdido sólo tenía la idea de haber hecho todo de una manera diferente, ¿cuán diferente? Decirle cuánto sentía el haberla dejado al azar.

El impacto de perder un bebé también lo movió por dentro, era su hijo y sin importar que no lo viese o tocase aún lo amaba tanto como amaba a la mujer con la que lo concibió. Algo en su corazón no lo dejaba abandonar este sentimiento, hace mucho tiempo que él luchó pero poco se logra cuando el corazón te guía a lo que puede ser tu oportunidad para ser feliz. El amor no era para él pero en cuanto la conoció, entendió que hay mucho más allá de lo que él jamás podría imaginar, esto le recordaba mucho a su pasado, cuando no apreció muchos sentimientos que le fueron otorgados y ahora era él quien pedía ser correspondido.

- Rin… -susurró Kakashi perdido en sus memorias mientras Hinata lo veía.

- ¿Quién es? –preguntó ella.

- Alguien muy querido –sonrió cauto ante la mirada perlada de la peliazul.

- Aún… - extendió los labios exagerando un poco, parecía celosa, en realidad lo estaba pero disimulaba muy bien, no la verdad no- ¿es muy querida?

- Ella murió –dijo Kakashi como si la verdad no le cavase un profundo hueco en aquel corazón.

La peliazul de inmediato guardó todo sentimiento de recelo para sí, omitiendo el hecho de que Kakashi era un hombre de secretos, toda una vida envuelta en misterio, diría.

- Lo siento –le respondió.

A lo lejos podía verse como un extraño observaba la enorme casa Hyuga, podía sentirse que aquel odio guardado dentro de sí no era lo suficientemente pequeño para su cuerpo. Aún pendiente en venganzas hacia quien le arrebató su única realidad.

- Yo lo siento más –dijo Tobi.

No lo decía con tristeza sino más con un anhelo, debería de saberse que una venganza puede tomar mucho tiempo pero la fuerza y consistencia para guardarla requiere disciplina, el tiempo no era su enemigo, podría manejar perfectamente eso. Sólo quería verlo sufrir, el rojo del sharingan brilló a la distancia.

- ¿Cómo te has sentido? –preguntó Kakashi.

- Bien en general, la fecha casi llega –dijo emocionada.

- Eres muy fuerte –dijo el peliplateado rozando parte de su rostro con el de Hinata.

- No lo soy –agregó seria- es… él –señaló su vientre- me da fuerzas para todo, si no lo hubiera tenido quizá ni si quiera hubiera podido hacer lo que hice.

Pero esto no paraba de hacerlo sentir como un niño frente a una mujer adulta y llena de resoluciones para su vida, ¿y él? ¿Qué tenía? Un miedo de perderla como si de un chiquillo se tratara, un deseo de no perder lo que había obtenido recientemente.

¿Será que ellos se amaban tanto como para superar todas las barreras? Él comenzaba a pensar que sí durante los días en los que se quedaba con ella, viviendo quizá el amor que les había sido negado por todas los advenimientos. Sobretodo el problema había sido la aceptación de los demás, ni Sakura ni Naruto estarían de acuerdo, al menos porque ellos sentían que su relación era retorcida y prohibida.

Un par de días después la fecha llegó, inesperadamente (incluso cuando lo sabían).

- ¡Todo está mojado! –se cubrió el rostro avergonzada.

- Tranquila, espera… llamaré a tu hermana, ella sabrá que hacer –dijo Kakashi, tenía el pantalón manchado pero no le importaba.

A los minutos las contracciones aún no se sentían llegar, la peliazul se preparaba respirando pausadamente acorde a lo que su hermana y la partera le decían, para cuando los dolores impactaron el delicado cuerpo de Hinata ella saltó de dolor apretando los dientes. Sentía que su columna se partía en dos, ¿cómo podía estar aún viva? Se preguntó, pero los dolores apenas eran leves.

El nervioso futuro padre se debatía entre entrar a ayudar o simplemente quedarse ahí fuera con las manos temblorosas, los gritos de Hinata pronto se escucharon y eso lo sobresaltó, echó un vistazo de inmediato.

- ¡Fuera! –le gritó una de las parteras.

Había visto a su amada con las piernas encogidas y mojada en sudor, con el rostro completamente torcido por el dolor.

- Resiste, resiste… -musitaba nervioso Kakashi- ¿qué puedo hacer? –estaba muy nervioso.

Ya le habían dicho en días anteriores que cabía la pequeñísima posibilidad de perder a Hinata durante el parto debido a su edad, era muy joven y su cuerpo, por delicado que fuera, no estaba preparado para ello, los médicos habían sido claros, temía tanto por lo que fuera a suceder.

Y si esta aventura, conocerla, amarla, cuidarla, necesitarla… y si toda esta aventura había sido en vano, ¿qué si el universo se cobraba todas las cosas que hizo? El dolor que quizá causó, las tantas equivocaciones que lo llevaron a perder lo que tanto le había costado encontrar, ¿qué?

Abrió su mente a todas las posibilidades existentes, buenas, malas, obscuras y realmente malas. Kakashi cerró los ojos esperando que nada fuera a suceder. Durante su vida como ninja había tenido que tomar decisiones, siendo objeto de ataques, salvando a otros y nunca el miedo le había atravesado tanto como ahora… que se convertía en padre.

No quiso echar otro vistazo por temor a distraer a las parteras, ya lo había hecho antes y se sentía mal de distraer a las mujeres que cuidaban la vida de su… de la Hyuga.

- Así que… un bebé –le dijo una pequeña figura apoyada en la pared junto a él.

- Sí.

- Hubiera querido dártelo yo.

- Jajaja… aún eres una niña –señaló Kakashi viéndola de reojo.

Conversaba con aquella figura de 12 años con los tiernos ojos de Rin, era como tratar de hablar con su interior, el lado inocente de Kakashi había cobrado la forma de la persona que más amaba en el tiempo que ella vivió, quizá fue una manera de no sentir culpabilidad por su muerte o quizá simplemente su interior era un misterio.

- Si hoy estuviera aquí, tal vez no.

- Creo que aún así hubiera acabado rompiéndote el corazón, así como he roto muchas cosas valiosas en mi vida –le respondió Kakashi volviendo su mirada al frente y no a ella.

- No fue tu culpa, Kakashi-kun –dijo Rin, intentaba ser dulce.

- ¿Por qué siempre dices cosas positivas? –preguntó él.

- Porque tú me creaste e inconscientemente necesitas de alguien que te quite las culpas –respondió Rin, rió levemente y caminó hasta estar frente a él mientras desaparecía con una dulce sonrisa.

- Sí… -susurró.

- ¡Kakashi! –lo agitó Hanabi con fuerza y el ninja despertó de aquel trance.

- Perdona, ¿qué sucedió?

Volvió la tensión a su realidad, estaba regresando a saber qué sucedía con Hinata, por un momento había divagado en su conversación con aquella que lo amó y que se fue sin darle la oportunidad a decirle lo que se merecía.

- Hay alguien, en las afueras del portón, ha estado ahí desde hace un rato, los guardias que se acercaron a él quedaron inconscientes. Puede que sea…

- Kalev… -respondió y se armó pronto de valor- ese demonio.

Susurró y tomó ánimo para confrontarlo, las puertas de aquella casa se abrieron frente a él, se encontró con una lejana sombra viéndolo desde el otro lado del portón. Caminó un par de pasos y se encontró con los guardias, los mismos estaban confundidos, Kakashi les pidió de inmediato que entraran, le hicieron caso como pudieron, no podían caminar muy bien.

- Al fin puedo verte –dijo Kakashi.

- No, no puedes, nunca lo has hecho.

- ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué arruinar la vida de alguien por tanto tiempo? –preguntó, el peliplateado sólo quería respuestas.

- ¿Arruinar? –sonrió, Kalev estaba molestándolo- Yo nunca quise arruinarte la vida, sólo seguí una orden, simple y sencilla.

- Sólo eres una marioneta, vas a tener que pagar –sacó su kunai dispuesto a pelear con Kalev, pero ése no era su verdadero problema- espera un momento, si tú eres… la marioneta, ¿quién? –paró en seco- ¡NO!

- Exacto –Kalev sacaba sus armas también, no con ánimo de lanzarse a batalla sino calmadamente- ¿qué deseas? ¿Salvar la vida de tu amada o matarme?

- Hijo de puta…

No lo pensó dos veces para ir corriendo en busca de lo que sería Hinata, el desgraciado sólo fue una distracción, desesperado corrió hacia la habitación donde Hinata y las parteras habían aguardado pero ya no estaba… Hanabi lloraba en un rincón mientras las parteras parecían paralizadas por lo sucedido.

- ¡¿Dónde está?! –preguntó agitando a la menor de los Hyuga.

- Llegó de la nada y se desvaneció… ¡NO LO ENTIENDO! –dijo en llanto sin poder componerse de lo sucedido.

Sus gritos y llanto no le devolverían lo que era… su familia, ¿dónde estaba Hinata? ¿quién se la llevó?

- Maldito desgraciado –no sabía qué hacer, sólo la furiosa desesperación golpeando su interior lo despertó de este mal sueño. Corrió hacia el portón y no vio nada, Kalev también había desaparecido.

¿Qué podría haber sucedido? No podía soportarlo más, era demasiado, cayó de rodillas al piso sosteniendo su cabeza, consternado, asustado… y sobretodo golpeado por la incertidumbre. Hinata… había desaparecido y no sabía si sería para siempre.

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Fin de Episodio 24