Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.
La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.
Lágrimas de esperanza
Emiko hime-sama
Mire como todas las mañanas mi reflejo en el espejo.
Traía un vestido color negro hasta un poco más arriba de las rodillas, mi pelo estaba suelto y traía unos zapatos color negro.
-Eriol. –lo llame ya que sabía que estaría allí, detrás de la puerta esperándome como siempre.
El entró como todo un caballero y me sonrió cuando estuvo a un lado de mí.
No me arrepentiría de lo que estaba a punto de decir. No lo haría porque Tomoyo Daidouji no se rendía fácilmente. Aunque había dicho que me rendiría ante ese sueño, que lo dejaría y me lo sacaría del alma, no lo haría. No me rendiría tan fácilmente solo por algo que podía lograrse.
Miré a Eriol que me miraba con aquella ternura que solo él podía demostrar.
Mi corazón empezó a latir más fuertemente, ¿Qué me pasaba? Empecé a sentir como la garganta se me secaba y que la voz se me quedaba rehusándose a salir cuando se acercó más a mí y puso su frente contra la mía.
-¿Tomoyo?
Preguntó con su dulce y hermosa voz de terciopelo.
-Yo… -empecé esta vez dudando si estaba bien pedir algo tan egoísta a alguien que había sacrificado parte de su vida cuidándome, parte de su valiosa vida que en su vida pasada no había podido disfrutar.
Tome aire y él se separo de mi para mi gran alivio, se arrodillo ante mí y tomó mi mano y volvió a pronunciar mi nombre con aquella voz de terciopelo.
-Quiero bailar ballet.
La brisa sopló fuertemente abriendo la puerta de mi balcón desordenando los cabellos de Eriol y míos.
Él pareció meditarlo y yo sabía muy bien en que estaba pensando.
Mis piernas.
Bajo su vista a ellas y tiempo después miró mis ojos.
-Tomoyo. No…
-Eriol. Si puedo. Lo quiero. Esto es lo que quiero.
-Pero
-¡Eriol! –levanté mi voz sin pensarlo.
Eso era lo que quería.
Yo encontraría la forma de hacerlo. Quería bailar. Quería hacerlo.
Eriol me abrazó.
La brisa continuaba soplando.
No respondí el abrazó.
Estaba demasiado sorprendida para mover un musculo.
-Tomoyo. –me dijo cuidadosamente deshaciendo el abrazo. –Escucha. Tus piernas. No puedes caminar.
-Eriol. Lo haré. ¡Te lo demostraré! ¡Déjame hacerlo! –le dije ya con las lágrimas corriendo por mis mejillas. –No te decepcionare. Por eso… por eso... yo… por favor….
-Sabes que lo que más quiero es decirte que sí, Tomoyo. Pero… mira en que condiciones estas… no puedes caminar, no puedes correr ¡ni siquiera puedes mover una pierna! –me dijo desesperadamente.
Mi alma tembló por la intensidad de sus palabras.
Por la forma tan intensa de decirlo.
Tome su mano entre las mías y la puse sobre mi mejilla.
-Por favor….
Era el anhelo de ese sueño. Era el deseo de cumplir ese deseo a toda costa sin importar que.
De niña siempre había sido una molestia para todos.
Mi madre siempre había preferido a Sakura por ser hija de Nadeshiko y si bien, no me odiaba y yo sabía que me amaba, cada vez que veía o hablaba de Sakura sus ojos brillaban y siempre se olvidaba de mi presencia.
Chiharu, Naoko, Yamazaki, Rika. Siempre habían preferido estar con Sakura. Ella era mucho más alegre, despistada, inocente e infantil que demostraba esa ternura que hacía que todos quisieran estar con ella.
Pero lo que más me dolía.
Syaoran Li.
Syaoran Li había preferido a Sakura sobre mí.
Siempre, siempre había hecho lo que mi madre decía.
Me había puesto las ropas más finas y delicadas dignas de la heredera Daidouji. Me había parado siempre derecha y sentado de la forma más delicada. Siempre había hablado como una princesa y nunca me había enojado. Había sonreído a pesar de mis propios deseos. Había cantado de niña pese a que yo no lo deseara. Había acompañado a Sakura, a Syaoran e incluso a Kero en la recolección de las cartas.
Pero solo era una molestia.
Una tercera.
¡Ahora era diferente!
Sakura, Syaoran no estaban.
Era mi vida. Solo mía.
Amaba a Syaoran y me inclinaba por él.
Sakura….
No la odiaba más tampoco la veía igual que antes, ya no la veía como una hermana.
Tenía a mi madre y a Eriol, porque sin haberme dado cuenta Eriol se había convertido en una persona muy importante para mí.
Le pedí una vez más con la voz cargada de anhelo y esperanza.
Mis lágrimas eran de esperanza después de todo.
Eriol cerró los ojos y asintió con la cabeza.
Yo le sonreí y le di las gracias.
Yo abrí un cofre que tenía dentro de un cajón.
El cofre me lo había regalo mi padre antes de mi nacimiento. Era de plata y estaba adornado con amatistas y zafiros. Dentro de él solo había una sola cosa. Una cosa muy importante hecha de plata y adornado con las dos joyas anteriores. Mi padre no solo me había dado el cofre si no que también me había regalado algo mucho más importante.
Saqué la llave lenta y cuidadosamente y se la di a Eriol. Apunté con mi mano hacia una habitación y empujó mi silla en silencio.
Abrió la puerta con cuidado y las luces se prendieron de inmediato.
En la primera habitación había una mesa para el té hecha de finos materiales y toda la habitación brillaba. En la segunda había una habitación llena de muñecas de porcelana y por supuesto, había mandado que pusieran la muñeca que me había dado Eriol en el centro donde la luz brillaba con más intensidad. La tercera habitación era una habitación llena de fotos mías, de mi padre y de mi madre. Había una que otra de mis amigos y de Syaoran, Kero y Yue, Yukito y Toya. Todas las fotos estaban enmarcadas con marcos finos de la más alta calidad. En la cuarta habitación era había una gran pantalla y era donde guardaba todos los videos que había grabado de niña.
Conforme íbamos pasando Eriol se maravillaba más y más mientras a mi me inundaba una gran nostalgia.
Por último la quinta y última habitación era la más especial para mí.
La más importante.
Era un estudio de ballet con un piano.
Era tan importante para mí…
Eriol me cargó en brazos y se sentó conmigo a su lado en el piano.
-Es hermoso.
-Lo es.
Yo me concentré en mover mis piernas.
Las mire fijamente esperando que se movieran.
Sonreí.
Lentamente me fui poniendo de pie.
Puse un dedo en los labios de Eriol y lo guié hacia el piano.
Le sonreí dulcemente inspirándole confianza.
Comencé a mover mis piernas como hace mucho tiempo no lo hacía.
Eriol empezó a tocar lentamente una suave melodía mientras yo me movía con delicados movimientos de ballet.
Bailé por unos minutos cuando Eriol interrumpió su melodía.
Yo lo miré y él se levantó y me abrazó.
-¡¡¡Gracias a Dios!!!
Yo me aferré a él.
Había seguido todo lo que mi corazón y alma me dictaban.
Mi razón, mi anhelo. Mi sueño.
Todo lo haría por Eriol.
Toda mi razón de ser, vivir y bailar se lo confiaba a Eriol.
-Eriol. Puedo bailar gracias a ti. Puedo caminar gracias a ti. Mi razón de ser, vivir, bailar y soñar eres tú.-le susurré al oído. –Si tú caes. Yo caeré contigo. Yo soy tú, tu eres yo. Tu me diste esa fuerza e hiciste posible este milagro. No me dejes…
Le dije cuando, sin pensarlo, ya estaba llorando.
No podía imaginarme una vida sin él.
-Nunca. Nunca Tomoyo.
Me aferre a su pecho escondiéndome allí.
Después de unos segundos Eriol me tomó de la mano.
Se arrodilló y depositó un beso en ella.
Yo no sabía lo que pensaba Eriol, si yo era importante para él o si era solo una carga o una obligación.
Eriol se puso de pie y me acarició la mejilla se acercó…
Se acercó lentamente cada vez más y más cerca.
Hasta que nuestras respiraciones se encontraron.
¿Por qué no lo alejaba?
-Tomoyo… -murmuró mi nombre como si me estuviera pidiendo permiso para algo, que yo estaba muy consciente de lo que era, más sin embargo no lo quería creer.
Se acercó cada vez más.
Cuando estaba a centímetros de rozar mis labios se escuchó un ruido de algo duro cayéndose.
-¡Nakuru!
Escuche que dijo Eriol.
Yo me volteé para mirar a una figura estática de Nakuru.
-¡¡¡Ayy!!! ¡Lo siento muchísimo! –dijo levantando rápidamente un libro.
Del libro cayó un sobre que Eriol levantó.
-Eriol… ¡NO! Es mi sobre… mi carta…
-Es de Tomoyo, Nakuru.
Fue allí cuando puse más atención.
-¿Eriol? ¿Qué es?
-Tomoyo… estas… caminando… -dijo mirando estáticamente como me acercaba sonriente y curiosa.
Me abrazó rápidamente y en la habitación se escucharon las lágrimas exageradas de Nakuru.
Pero la felicidad no duró mucho.
La carta cayó de las manos de Eriol lo cual me extrañó mucho, ya que él era perfecto y no cometía ningún error.
La carta cayó delante de mí.
Me incliné a tomarla mientras Nakuru y Eriol me miraron preocupados.
Cuando miré la carta…
Me quedé estática….
¡NO! Eso no podía estar pasando.
¿por qué cuando podía obtener un poco, solo un poco de la felicidad que Sakura y los demás desfrutaban, algo tenía que arruinarlo?
Mi mano tembló al mirar el nombre de la carta… y aún más el interior de la carta.
Notas de la autora:
Uh… dije que no iba tardar más de un mes y aquí estoy!!!
¿Qué habrá sido la carta y porque Eriol se sorprendió tanto?
Ya se imaginaran lo que está pasando.
Ya se que escribo cosas demasiado… ustedes me entienden…
Pero….
Ya recuperé a Tomoyo-chan de su parálisis así que ya es algo…
La historia se está haciendo algo aburrida ¿no?
Si lo sé… bueno tal vez no soy tan buena escribiendo estas cosas… tal vez hasta debería dejarlo…
Pero bueno, al menos terminare la historia ya que no me gusta dejar las cosas incompletas.
Oh! No odien a Nakuru por interrumpir! No tenía a nadie más que pudiera interrumpir y pues…….
En fin, aquí me despido, si no es mucha molestia…… me alegraría mucho saber lo que piensan por un review!!!
Gracias por los reviews y también gracias por tomarse su tiempo de leer mi historia, ya que yo le tome bastante cariño a esta historia.
Arigatou:
Emiko hime-sama.
