Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.

La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.

Lágrimas de esperanza

Emiko hime-sama

Kaname Daidouji

-¿Nakuru? –pregunté al verla sentada a mi lado a través de mi nublosa visión. No espere respuesta y me quité los tubos rápidamente ignorando los comentarios y quejas de mi amiga, cuando hube terminado me enderecé y la miré.

-¿Qué crees que haces? –me preguntó alarmada tirándome a la cama de nuevo. –No te levantes.

Note las oscuras sombras negras bajo sus bellos ojos.

-¿Cuánto llevo aquí acostado?

-Cuatro días.

Suspiré.

-¿Dónde está Tomoyo? ¿Está bien? –dije tratando de recordar los hechos.

-Tú hermana esta……. Bien. –note que dudaba. No. Más bien, tartamudeaba y temía decir algo más sin embargo, no mentía. –Está… justo en la habitación de al lado. –dijo con una sonrisa nerviosa.

-¿En un hospital? –pregunte arqueando las cejas sarcásticamente.

-Verás… -pero no deje que terminara me levante rápidamente mientras Nakuru pensaba que decir.

-¡No! ¡Espera! Kaname. –dijo tomándome del brazo. –Escucha, Tomoyo está bien y tu no lo estas. Acabas de salir de una operación complicadísima y…

-Nakuru. –la interrumpí. –Estoy acostumbrado a ver el blanco y el olor a medicinas de los hospitales, te aseguro que no lo extraño ni tengo curiosidad por conocer uno de un país diferente, -le dije con sarcasmo. -me encerraron allí y me dijeron que mi hermana estaba bien. He estado escuchado "Tu hermana está bien, no te preocupes" "pronto saldrás a verla" ¡Ya me cansé! ¡Quiero verlo por mí mismo! Le dijeron a mi hermana que estaba muerto. ¿No es suficiente? –lentamente sentí que el agarre perdía fuerza, me solté y volteé a verla. –Gracias. –dije sonriéndole y dándole un abrazo. Fue allí cuando me di cuenta del dolor punzante en el brazo, lo ignore.

-¿Qué crees que haces, enano? –dijo apuntándome con el dedo, al parecer un doctor, lo supe porque traía una bata blanca.

Detrás de él venían otros dos doctores a uno lo reconocí como el padre de Nakuru, él que me atendía en la clínica en Inglaterra.

El otro doctor era muy sonriente y de mirada amable.

-Yue… -murmure mirándolo y no quitándole la vista de encima.

Al mismo tiempo que el doctor gruñón me miró Yue tomó su verdadera forma.

Sonreí juguetona, vanidosa, arrogante e infantilmente.

Los dos miraron a Nakuru quien al parecer ahora era el centro de atención.

-¡Yo no se lo dije! –se justificó energéticamente. –Verán Kaname es algo… especial. –dijo sonriéndoles.

-Nakuru necesito que… -dijo un nuevo individuó abriendo la puerta.

Se quedó mirando a Yue fijamente un momento y luego miró a Nakuru buscando alguna explicación. Al parecer no había notado que el paciente estaba de pie.

-Ah… Eriol Hiraguizawa… reencarnación de Clow. –dije dándole la mano energéticamente. –¡Hola!

Él me miro igual que Sir gruñón… bueno no. Más bien tenía una mirada curiosa y juguetona que me recordó mucho a la mía.

-Bueno… si me disculpan, quiero ver a mi hermana. –dije en un tono más serio pero sin perder mi sonrisa infantil. -¡Oh! Eriol, necesitó que saques una caja de madera que traía conmigo de tu mansión.

-Ah, sí. Este… te acompaño a ver a Tomoyo.

-¡Yo quiero ir también! –dijo Nakuru energéticamente poniéndose de pie.

-Hija, deberías descansar un poco… lo digo como doctor y como tu padre. –dijo el doctor Akizuki. Un señor inglés con barba blanca y cabellos grises canosos. Alto y mirada rubí, amable y divertida, que a pesar de los años, no perdía su luz juvenil.

-Ah, no importa. –repuso encogiéndose de hombros.

-Doctor Kinomoto. –llamó el doctor Akizuki a la persona que yo llamaba gruñón, pues no tenía una cara muy amable que digamos…. –Doctor Tsukishiro, -dijo a la identidad humana de Yue quien ya había tomado su forma humana y no me dejaba de mirar. -¿No les gustaría acompañarnos? –preguntó educada y formalmente.

Los dos solo asintieron con la cabeza y fueron delante de mí. Atrás de mí venían Eriol y Nakuru.

Antes de abrir la puerta se escucharon varias voces, las cuales yo reconocí como las de Meilling, Syaoran y Kaho. Había otra voz la cual no reconocía que discutía con la hermosa voz de terciopelo inconfundible para mí, la voz de mi hermana gemela. De mi princesa, amiga y confidente.

Puse atención a las voces de Meilling, Syaoran y Kaho que al parecer trataban de calmar a mi hermana pequeña y a la otra persona que no conocía.

Cuando entré no le puse atención ni a él, ni a Kaho o Meilling. Ni siquiera a quien quiera que fuese la chica de ojos verdes y cabellos castaños a un lado de mi hermana.

Seguía tan hermosa como lo era de niña. Sus cabellos negros ondulados caían como cascadas por sus hombros y sus ojos estaban enmarcados por unas largas pestañas. Sus labios rozados estaban entreabiertos y su piel de porcelana, igual a la mía, estaba un poco más pálida de lo normal, pero se veía hermosa.

-Tomoyo. –la llamé sonriente.

Corrí a abrazarla.

Empezó a sollozar en mis brazos y sus lágrimas de felicidad empezaron a bajar por sus mejillas.

Cuando se hubo calmado un poco besé sus mejillas y luego su frente. Luego bese sus manos, sentí la mirada de la chica y un escalofrío recorrió mi espalda.

-Kaname nii-sama… -me llamó y cuando estaba a punto de agregar algo, la voz de la chica anterior habló.

Era una voz madura, pero al mismo tiempo tenía un timbre infantil, no lo había notado pero la chica tenía marcas de lágrimas bajando por sus mejillas y ojeras. No era más alta que yo y tenía los cabellos cortos y castaños, con tonos dorados. No supe porque pero me sentí algo incomodo en su prescencia.

-Tomoyo, escúchame, estas en este hospital solo por que quien se hace llamar tu hermano…

-Sakura. –habló Syaoran y yo seguí mirando a la chica de ojos verdes. –Kaname es hermano de Daidouji.

-Syaoran. –le dijo suspirando y bajando la vista, cuando la levantó dijo muy claramente. –La organización declaró que es peligroso, y yo no permitiré que mi mejor amiga...

La chica que Syaoran había llamado Sakura debía ser una persona muy importante para él, y Syaoran lo era para mí. Por eso no proteste, pero me quede mirándola fijamente. Antes de que me diera cuenta Tomoyo dio un paso al frente.

-Sakura, para tu información he estado en muchos hospitales muchas veces y no solo esta vez. Si le crees a una organización más que a tu mejor amiga…

Y una dura cachetada estampo en la blanca mejilla de mi hermana quien quedo aturdida y más lágrimas corrieron por su bello rostro.

Sentí la furia recorrer mi espalda y que mi cara se ponía tan colorada como un tomate o una cereza.

-¿Cómo te atreves? –dije arrinconándola en una pared, no me importó en ese momento cuán importante era para Syaoran, Tomoyo lo era para mí, y lo era más que Syaoran, más que nada ni nadie.

Oí la voz distante de Kaho acompañada de Meilling quienes tranquilizaban los sollozos de mi hermana y la voz de mi hermana diciéndome que me detuviera, que no valía la pena. Pero yo no apartaba la mirada de esos ojos verdes que me miraban temerosos y desafiantes. Podía ver que la chica era inocente y honesta, sabía que solo se estaba preocupando por mi hermana, después de todo, conocía a mi madre y querría proteger a Tomoyo, protegiéndola diciéndole que estaba muerto, haciéndole creer a todo el mundo que yo era el villano en esos momentos.

-¡Kaname, suelta a mi prometida! –me gritó Syaoran con una voz que nunca le había conocido, ni siquiera en las pocas veces que me había dejado acompañarlo a las reuniones con la organización mágica.

Syaoran era un buen amigo, una persona honesta y algo orgulloso y gruñón, arrogante pero nunca traicionaría a nadie, y menos a un amigo. Yo lo apreciaba y era importante para mí, pero por mi hermana yo haría…. Lo que fuera, poner las manos al fuego, irme a un desierto, tratar de alcanzar el cielo, separar el agua de la sal de los mares…….. lo que fuera, no me importaba, porque Tomoyo era lo más importante y lo único que me quedaba en esta vida.

-Enano, suelta a mi hermana, si no quieres despertar en medio de un desierto Africano a lado de una jirafa. –dijo amenazadoramente el doctor gruñón alias Kinomoto.

Oh, claro. Una jirafa y a un mejor África… papá me había contado de eso una vez, y era un lugar con animales… interesantes. No le temía. Ni a las jirafas, ni al señor doctor gruñón con unos pésimos modales.

Pero bueno, quitando las amenazas, tenía una información muy extraña…

De modo que ella era la adorable e inocente prometida de quien siempre hablaba Syaoran… y la hermana del doctor gruñón… ¡Qué ironía!

- Joven Daidouji, déjela ir. Tiene sus razones. –escuché la voz gentil de el doctor Tsukishiro.

-Kaname, hijo. Tú no eres así, déjala ir, déjala en paz. –dijo el doctor Akizuki y Nakuru me apretó un brazo.

A regañadientes la deje ir y esta se fue a sollozar a los brazos de Syaoran.

-Eriol. –le llamé con una voz que siempre usaba cuando se trataba de mi hermana. –Realmente necesito esa caja.

-Yo la traeré… Kaname. –dijo Nakuru dándome un suave abrazo.

-Gracias, muchas gracias Nakuru y… lo siento.

Nakuru asintió en silencio.

-Mocoso, te tolero a ti pero no toleraré a un enano que se la pasé haciendo llorar a mi hermana.

-Sakura le pegó a Tomoyo y Kaname tenía todo el derecho de hacerlo, y tú lo sabes Syaoran. –dijo Eriol Hiraguizawa mirándolo fijamente.

-Doctores, será mejor que…. Nos retiremos de aquí. Doctor Kinomoto, por favor, hay miles de pacientes que atender. –dijo la suave voz de mi doctor. No sabría describir cuán agradecido estuve en ese momento.

-Sir Kinomoto, ¿no haría lo mismo por su hermana?

-Nadie me dice lo que tengo que hacer o no…. Y… menos un chiquillo como tu… Hiraguizawa.

-¡Por Dios solo váyase de aquí me irrita, verlo! –le grité y vi que el dichoso doctor iba a agregar algo pero la identidad falsa de Yue se lo llevó junto con mi doctor. No me estaba cayendo nada bien la dichosa familia Kinomoto.

Cerré los ojos un momento y vi el rostro lloroso de mi hermana, toda mi ira desapareció en ese momento.

-Iré a tranquilizar a Toya, ¿Tomoyo estas bien? –dijo amablemente la voz de Kaho Mitsuki.

-Sí, estoy bien… o lo estaré…. Lo juro.

Kaho le acarició los cabellos maternalmente y salió seguida de Meilling quien murmuró algo sobre buscar una enfermera para que trajeran algo para comer, sabía que eran escusas, y no me importó, no me atrevía a mirar a mi hermana, sabía que había sido algo duro con quien aparentemente era su mejor amiga.

Pero no lo podía evitar, yo era alegre, sonriente e infantil. Quizá algo arrogante y vanidoso pero no me consideraba una mala persona, y si se trataba de Tomoyo siempre estaría dispuesto a convertirme en un monstruo o demonio, todo por proteger aquella dulce mirada.

Eriol y Syaoran discutían fuertemente y la chica de ojos verdes que antes había mostrado un terrible signo de violencia trataba de calmar a Syaoran.

-Tomoyo… yo…

-Lo sé.

En ese momento todo quedó en silencio.

La abracé y ella se dejo abrazar. La necesitaba tanto…

-Debes disculparte, Kaname. –me murmuro al oído con su bella voz.

Yo le demostré con la mirada lo orgulloso e infantil que podía ser. Pero era su mirada contra la mía, y por supuesto ella ganó, ella triunfó. Suspiré, era débil cuando se trataba de ella.

-Syaoran. Lamento… haber… sido… violento con tu prometida. –no era fácil y menos cuando te considerabas la persona más orgullosa del planeta.

-Ah, no importa… está bien, pero Sakura solo quería…

-Yo solo quiero que Tomoyo deje de sufrir… -la interrumpió la Kinomoto sollozando dramáticamente, demasiado para mi gusto.

Rolé los ojos y la deje de mirar y le agradecí a Eriol quien parecía querer cambiar de tema.

-¿Y por qué esa caja es tan importante? –me preguntó.

No contesté pero le sonreí infantilmente. Él me miró y cuando estaba a punto de decir algo Nakuru y Meilling entraron.

-Oh vaya… si se parece… -dijo una vocecita proveniente de una criatura voladora bastante tierna con sus alitas. Yo lo miré divertido y sonreí.

-¡Vaya es Kerberos!

-¡Por fin alguien que me reconoce en esta forma! –dijo haciendo poses.

-¡Hola Tomoyito! –saludo el guardián saludaba a mi hermana quien le saludaba alegremente. Parecía que nadie quería dejarnos solos… no era tonto, se notaba muchísimo y cuando estuve a punto de protestar vi a otra criatura hablando con Eriol muy seriamente. Eriol le miraba divertido.

-Amo Eriol, esto no es divertido, si el chico esta aquí…

-Él hace feliz a Tomoyo, Spinel Sun.

-¿Es tu guardián? ¿Tú lo creaste? –pregunté curioso mirándolo muy de cerca. -¿Puedo? –pregunté señalándolo y mirándolo.

El guardián me miró y yo no pude evitar tomarlo en mis manos.

-¡Oye! ¡Suéltame! Soy el gran guardián de la luna… ¡Ahhh!

Eriol y todos los presentes, excepto Sakura, empezaron a reír a carcajadas mientras yo me divertía torturando al pequeño guardián.

-Ah, ¿quieres divertirte más? –me preguntó el guardián del Sol con lagrimas en los ojos quien no podía parar de reírse. Traía algo entre sus manitas que identifique como un pastelillo, pastelillo que se lo acercó al guardián y esté… bueno… sufrió algo parecido a una dosis de locura temporal, era bastante difícil de describir, se puso a dar vueltas como loco y Kerberos se reía cada vez más mientras yo lo tenía en mis manos y lo acompañaba con mis risas.

-Kero eso fue muy malo de tu parte. –dijo la vocecilla de Sakura.

-Vamos, Sakurita solo fue un jueguito, además Spi se está divirtiendo mucho, ¡mira! –dijo señalándolo con la manita al pequeño guardián.

-Kero.

-Ok, ya…

Dijo Kerberos y se apresuró a traer a Spinel de la cola se lo dio a Eriol y Kero se fue a los brazos de Tomoyo.

Cesaron las risas y Sakura se revolvió el pelo y regresó con Syaoran.

-Kaname… aquí esta… la caja… -escuche decir a Nakuru con una gran sonrisa.

-¡Gracias! –le contesté con una sonrisa.

Eriol Hiraguizawa

Vi como Kaname tomaba la caja en sus brazos y la ponía en la cama mientras él se arrodillaba. Parecía un niño abriendo su primer juguete. A decir verdad Kaname era todo un niño, Syaoran no se equivocaba al decir que era un alma pura como pocas. Esa luz en su mirada era incluso más inocente que la de Sakura y más infantil que la mía.

Y hablando de Sakura, yo comprendía que ese gesto con Tomoyo era solo porque consideraba que así "despertaría" a Tomoyo, pero poniendo eso de lado, Sakura ahora era mucho más…… diferente que cuando era una card captor. Su actitud me estaba irritando un poco, no estaba dispuesta a dejar a los gemelos solos y Syaoran no hacía nada por detenerla. Pero a pesar de ello se veía el deseo que tenía por hacerlo, ya que estaba muy serio.

Me acerqué con curiosidad a ver lo que había dentro de la caja al igual que Syaoran, Sakura, Meilling, Kerberos y Spinel en brazos de Nakuru y, por supuesto Tomoyo.

La caja medía un poco más de 40cm., era de una madera de color marrón muy fina y tenía una mariposa en la cerradura. Mire con atención la cerradura y descubrí que ni siquiera rompiéndola se abriría la caja, en cambio se cerraría y quedaría sellada hasta que un caballero abridor de cajas la abriera. Miré a Kaname y vi que traía colgado un dije de una cruz de plata en el que estaba incrustado un diamante lila, el cual uso para abrir la caja. La caja se abrió.

Adentró había una muñeca.

Pero no cualquier muñeca, era una hermosa muñeca de 30 cm y cabello rubio ceniciento que terminaban en rizos, y llevaba un vestido de color lila y varios listones de color blanco. En sus cabellos sueltos llevaba un listón de color blanco amarrado en un moño que adornaba sus cabellos cayendo en cascadas, y luego…

Abrió los ojos, azules… no, más bien celestes, un hermoso celeste como el del cielo o incluso más hermoso que ello.

Vi como la muñeca se movía y Kaname la abrazó. El diamante de color lila brilló y la muñeca lo hizo también. Cuando la luz cesó, Kaname le acarició los cabellos con ternura y miró a Tomoyo.

La muñeca la miró también.

-¿Tomoyo? –preguntó la muñeca mirándola con interés y alzando una mano de su larga manga dejando caer algunos listones, apretó un mechón de los largos cabellos negros de Tomoyo y ella entreabrió los labios.

Se veía tan hermosa…

Kaname se sentó a su lado en la cama y le pasó un brazo por los hombros, Tomoyo sonrió.

-Tú eres… la joven… la chica que vi llorando en mi sueño… -dijo muy sorprendida y encantada. La muñeca parpadeó con sus largas pestañas grisáceas.

-Lo que viste es la forma que tomo en mis sueños, si Kaname-sama no me da parte de su magia, estaba preocupada por él, no quería quitarle su energía vital. –dijo con su voz tintineando como campanillas.

Tomoyo la alzo y la sentó en sus piernas mientras Kaname miraba a Tomoyo con ternura.

-Me la dio papá cuando cumplí 15, se llama Mia.

-¿Viste a papá?

Kaname la miró extrañado.

-Me visitaba cada año en mi cumpleaños… bueno, en nuestro cumpleaños.

-Pero yo nunca lo vi… -exclamo Nakuru.

-Era un visita especial, tu padre tampoco lo vio, solo lo conocen unas cuantas enfermeras.

-Ah. –exclamó Nakuru muy sorprendida.

-Mia, ¿estás bien? ¿Necesitas más energía?

-Kaname-sama, ¿tu estas bien? -dijo poniendo su pequeña mano blanca en su mejilla.

Tomoyo no dejaba de sonreír y por eso yo sonreí también.

-Kaname, el doctor Kinomoto quiere hacerte unos exámenes, dice que quiere asegurarse de que estés bien y pueda sacarte de este hospital. –dijo con una amable sonrisa mi tío, el padre de Nakuru.

Él hizo una mueca y lo miró esperanzado, yo lo miré divertido.

Nakuru suspiró y lo tomó de la mano.

-Pero… Nakuru… yo ¡estoy bien! Además no quiero…

-Nakuru me aseguraré de que no salga corriendo. –dijo Meilling quien hasta entonces había estado callada.

-Nakuru, Meilling, muchas gracias. –dijo la voz de Mia amablemente haciendo una reverencia con la cabeza.

Meilling se acercó y le dio un beso en la mejilla y Nakuru le acarició sus cabellos maternalmente. Me sorprendió mucho que ya tanta gente la conociera o más bien, conociera a Kaname y nadie me hubiera dicho.

Sin embargo, conocía a Nakuru, y sabía que no me escondería nada si realmente fuera importante o que me afectara a mí. Nakuru era mi guardiana y mi prima, o al menos yo la consideraba como tal. Kaname era importante para Nakuru.

-Tomoyo, regresaré en seguida… -dijo besándole la mejilla. Por un segundo lo envidié, y no tenía idea de porqué.

-Kaname nii-sama, -le llamó Tomoyo anhelante. –No… quiero que nos separemos jamás… ¿no me dejaras otra vez, verdad? –dijo con los ojos llorosos.

-No lo haré, nunca. Jamás, estaremos juntos, para siempre, como era antes –dijo abrazándola por unos minutos que para ellos era un eternidad.

Después de que se separaran, Tomoyo le dio un beso en la mejilla y una vez más sentí la punzada de envidia.

-Syaoran, acompáñanos… -oí que le susurraba Meilling. –déjalos solos un momento, es importante para ellos.

-¿Por qué no puedo ir, yo? –preguntó Tomoyo con una voz débil.

-Quédate con Eriol. –dijo Sakura cortante.

-Tomoyo, escucha…. A la señorita Kinomoto y al doctor Kinomoto no… les agradó…. Pero tú sí, no te preocupes. Eriol estará contigo –dijo Kaname.

Luego me miró y me pareció leer en su mirada que cuidara a Tomoyo, que temía no poder estar con ella un poco más.

Yo asentí sin saber realmente lo que hacía y Nakuru se fue con él y Meilling sacó a Syaoran y Sakura de allí. Meilling le dedicó una mirada a Tomoyo y esta le agradeció con una mirada y un movimiento de labios.

-Ah, y… Mia… duerme un poco. Sé que estas cansada.

-Gracias. –dijo la pequeña muñeca brincando hacía su caja y cerrándola, parecía haber aguantado todo ese tiempo su sueño… -Y… lamento…. Lamento no haber estado contigo cuando sucedió….

-No es tu culpa.

Escuché el sonido de la puerta cerrarse.

Nos quedamos solos, Tomoyo y Yo.

Sabía muy bien que Kaname no era tonto y también sabía que lo que Kaname más apreciaba en el mundo era su hermana, sabía que no la dejaría a menos a que supiera que era importante, algo así como de vida o muerte.

Tomoyo y Kaname se parecían bastante, ambos eran bastante despiertos y por supuesto, ambos eran especiales.

Miré a Tomoyo quien ponía la caja sobre el sillón que había un poco más allá, con el mismo cariño que le había visto a su hermano.

Levantó la vista y me quede viéndola no sabiendo porque no podía despegar la vista de ella. Ella sonrió con una sonrisa que no le había visto en mucho tiempo.

-¿Eriol? –preguntó con su dulce voz y me hizo despertar de pronto. –Gracias… por…

-No es nada, yo sólo…

-No. Es lo más feliz que me ha hecho en toda mi vida… y yo… quiero agradecértelo de alguna forma.

-Tomoyo… quiero hablarte de algo… muy importante. –dije después de un largo silencio.

-Si es sobre Kaname y la organización de magia…….

-Tomoyo, yo sé que te hace feliz y no… no trato de separarlos. Lo único que quiero es que tengas cuidado… No… soportaría perderte. –un momento, ¿había dicho yo eso? ¡Ah! Pero claro era solo pues… amigos… aja, eso era.

Ella se acerco y puso una mano en mi mejilla. Yo la miré a los ojos, ese par de amatistas tan hermosas.

-Todos están en contra de mi hermano…. Y yo… por primera vez quiero apoyarlo, estar con él.

-¿Y no te preocupa todo los misterios que esconde?

-Bueno… si hablas sobre Mia no es algo que me esperaba pero es una muñeca preciosa y…

-No, pequeña. Bueno sí pero… -dije poniéndome de pie, su mano cayo a su costado y luego la subió a sus cabellos. No dejaba de sonreír, sabía que la felicidad que sentía en ese momento era inmensa, y yo no quería arruinársela.

Me encaminé hacia el marco de la ventana y me senté allí, estire una pierna sobre el marco y la otra la deje colgando, me revolví los cabellos.

-¿Por qué sabe de la magia? –le pregunté por fin, la pregunta que me había estado carcomiendo por dentro.

Vi que se mordió el labio y bajaba la mano, se acercó a mí y besó mi frente dejándome muy sorprendido.

-Confío en él. –dijo apretándome la muñeca transmitiéndome algo de su fortaleza.

-Pero… la confianza no siempre es buena…

-Entonces, no confíes en él, Eriol. –me dijo suavemente guiando su mano hasta mi mejilla mientras que la otra seguía en mi muñeca. –Yo sé que no… eres Sakura. Sé que no actuaras como ella y te lanzaras en su contra, pero no confías en él. Y tienes razón. –agregó suavemente y entreabrí los labios, sin embargo, no salió sonido alguno. –Sé que hay muchas razones que yo no puedo comprender que ustedes las personas con magia pueden hacerlo y yo no los juzgo por ello, pero es mi hermano. Mi hermano gemelo, la persona con quien tengo el lazo más fuerte que nadie. Lo quiero, más que a nada en el mundo.

-¿Y… es la persona más importante para ti? –le pregunté en un murmulló y vi que ella sonrió aun mas como si lo considerara divertido.

-¿Acaso estas celoso, Eriol?

Me reí.

¡Ja! Si claro, muy gracioso, yo celoso.

-Solo es curiosidad. –dije escapando de su mirada amatista. Sabía que si me obligaba a mirarla a los ojos tarde o temprano confesaría que había tenido breves momentos de envidia. Pero claro, era eso. ENVIDIA. Algo de lo que ni siquiera estaba seguro de sentir, pero de algo estaba seguro NO ESTABA CELOSO.

-No me cambies el tema. –le dije para volver al tema principal.

-Tú me lo estas cambiando a mí. –se dijo cruzándose de brazos y la brisa desordenó sus cabellos.

-Hablemos de otra cosa.

-Pues… no sé, ¿de qué quieres hablar?

-¿Por qué creíste realmente que esa era una carta de tu hermano? -le pregunté después de un largo silencio algo incomodo.

-Mi madre no hizo un funeral cuando me dijo que Kaname nii-sama murió.

-¿Te dio alguna escusa?

-Por supuesto, dijo que mi padre se lo llevaría lejos a Australia para que lo enterraran allá.

-¿Y no preguntaste por qué? –dije alzando una ceja.

-Era una niña, Eriol.

-Ah, claro. –dije arrepintiéndome de lo dicho. –Entonces…. Tú creíste que estaba muerto… entonces por qué…

Se acercó a la ventana mirando el cielo y yo la mire a ella de perfil.

Por Kami-sama, se veía hermosa. Viendo el cielo, la brisa soplando sus cabellos… era como un ángel o una princesa.

Me despertó con su hermosa voz cuando habló después de lo que pareció un rato.

-Yo… -suspiró, parecía que le era difícil hablar de ello, lo ideal sería que le dijera que se detuviera pero tenía tanta curiosidad que no pude detenerla. –Kaname siempre tuvo una salud débil, mi madre… mi madre hacia algo parecido a alejarlo de la gente usando su salud como excusa, nunca se lo contó a Sakura ni, a nadie… y yo… no lo sé. Kaname nunca dijo nada, siempre sonreía… siempre… era alegre. Un día……papá y mamá tuvieron una fuerte discusión. Papá quería enseñarle a Kaname nii-sama el mundo y mamá se opuso y dijo que era peligroso para él, papá decía que Kaname nii-sama tenía que conocer algo del mundo, que estar encerrado en una casa no era vida realmente. Mi hermano se puso delante de mí y me abrazó y me dijo que todo iba a estar bien. Que nada iba a cambiar. Pero yo sabía que le dolía que pelearan por él, y yo no hice nada por aliviar su dolor –dijo con la mirada en el cielo, perdida en algún punto del pasado. –Pero se equivoco. –dijo bajando un poco la voz. –Era la primera mañana de invierno una semana después de que habían discutido. Nevaba y papá y mamá si bien, no peleaban tampoco se dirigían la palabra.

-"Tomoyo, hija, mi niña, iremos a Inglaterra, ya has estado allí antes…" -había dicho mi madre que con una voz tan dulce que me preocupo. Pero no dije nada y me dije que era mi imaginación.

Mientras que mi madre llevaba un gran sombrero color blanco con un moño rosa y me hablaba a mí, mi padre una corbata color azul que usaban para eventos más especiales, hablaba con mi hermano. Kaname nii-sama siempre tuvo una relación muy cercana con mi padre, pero no más cercana ni especial, ni fuerte que la mía con él.

En Inglaterra, nos encerraron en la mansión y nos dijeron que no podíamos salir. Yo me la pasaba acurrucada en su pecho preocupada por mis padres y Kaname nii-sama nunca me dijo cuanto era el dolor que sufría, me consoló en lugar de dejarse consolar.

Al cuarto día, mi madre me dijo que papá tenía que hacer un viaje por algunos años a Australia. Esa noche mi padre se había acercado a mí como nunca lo había hecho, me acarició mis cabellos y besó mi frente, se despidió de mi con tal amor que por un instante comprendí el amor que le tenía mi hermano. Se arrodilló de tal modo que nuestras miradas se encontraron, la mía contra la suya.

-"Tomoyo, mi princesa, sé que nunca hemos hablado mucho, pero te quiero dar algo muy especial, -me había dicho con una voz muy amable y gentil. -¿sabes qué es esto? Es una llave. –dijo enseñándomela, era la llave más hermosa que había visto. Traté de sonreír pero no pude y en lugar de eso salieron lágrimas. Él me colgó la llave y me abrazo. –Sé que te gusta bailar, la habitación que abre esta llave es una muy especial y sé que te gustará, está dentro de tu habitación en Japón, solo busca la puerta correcta. –a lo lejos escuché la voz de mi hermano por primera vez tan enfurecida gritándole a lágrimas a mi madre. –Princesa, eres hermosa. Te quiero. –me susurró al oído para luego ponerse de pie, se acercó a mi hermano quien estaba llorando y discutiendo, mostrando su dolor.

Mi madre también estaba furiosa y colorada de tanto gritar. Yo corrí hacia mi hermano y le tomé de la mano, de la cual se soltó. Cayó de rodillas y yo quise decirle algo, pero no encontré palabras.

-"¡Es tu culpa!" –le había dicho mi hermano con aquella voz tan quebrada que nunca había escuchado. Estaba arrodillado y con la mirada gacha, gruesas lágrimas corrían por sus blancas mejillas y su cabello cubría su mirada. Estaba tan enojado que no lo reconocí. En cambio mi padre parecía no poder moverse. Le dolía ver a Kaname a sí y yo lo sabía. –"¡No tengo amigos, estoy enfermo, nunca he visto el mundo y ahora…!" –Sollozó un momento más y luego le gritó con una voz más furiosa y enojada. Quebrada y dolorosa, yo al igual que mi padre me había quedado sin fuerza y habla. Ni siquiera en ese momento le pude pagar todo el sufrimiento que había estado sufriendo en silencio. –"¡Te odio!"

Papá se acercó y yo me sorprendí.

Mamá había caído de rodillas también, eufórica y dolida.

-"Hijo, no… escucha. No es culpa de tu madre." –Lo abrazó y mi hermano se aferró a él como si su vida dependiera de ello, jamás lo había visto tan débil.

-"No me dejes…. No tengo a nadie más" –le dijo entre sollozos y eso me dolió. A mí más que a mi padre. –"No te vayas" "Te prometo no quejarme… pero…"

-"Kaname, hijo. Escucha tienes a Tomoyo, no la dejes sola, tienen que apoyarse entre ustedes." -le dijo con ambas manos en sus blancas mejillas. Mi hermano tenía las mejillas coloradas de tanto llorar y sus cabellos algo mojados por las lágrimas, sus labios hinchados y húmedos y los ojos abiertos mirando fijamente a papá. –"Escucha hijo, te volveré a ver, no te dejaré, siempre estaremos juntos, -dijo colgándole la misma cruz que uso para abrir la caja de Mía. –"Habrá un momento en el cuál tendrás que usar esta cruz, lo prometo, nos volveremos a ver. -dijo con una voz muy quebrada colgándole a un lado de la cruz un anillo de plata con un zafiro. Luego lo tomó y Kaname lo miró mientras que sus lágrimas seguían bajando, allí fue cuando me acerque un poco más hasta quedar a unos centímetros de distancia, no me atreví a acercarme más.

Abrí la boca para decir algo y la cerré sin atreverme a decir algo, a arruinar un momento tan importante para la persona que había guardado tanto dolor para sí mismo. Escuche los sollozos de mi madre distantes, aunque solo estuviera a un par de metros.

En realidad era como si ya no escuchara nada, tan solo las palabras de mi propio padre y mi propio hermano.

Mi padre era un hombre fuerte, yo lo sabía, lo sabía por qué se parecía mucho a mi hermano. Pero en ese momento nadie parecía nadie, sus ojos grises mostraban más tristeza que nunca y aunque no llorara, yo sabía que la angustia era más grande que la de nadie. Incluso que la de mi madre que lloraba como Magdalena.

Mi hermano, mi propio hermano gemelo, era fuerte, valiente, alegre, cariñoso, inocente y muy infantil. Podía ser algo vanidoso cuando se trataba de proteger y también muy orgulloso en ocasiones, en especial cuando se ponía infantil, pero mi hermano me quería más que a nada en el mundo y yo lo quería por igual. Y yo sabía que aunque me quisiera a mí, yo no era la única, aunque mi padre fuera el hombre más ocupado de todo el mundo de negocios, siempre tenía tiempo para su familia, en especial para mi hermano, mamá nunca tomó muy en cuenta los intereses de mi hermano o los míos, pero nos quería más que todo y más que nada y yo lo sabía.

Mi hermano me abrazaba cuando estaba triste, deprimida o enojada, nunca lo había escuchado quejarse y siempre sonreía alegre e infantilmente cuando le hablaba. Era dulce y cariñoso con todos y no le creía capaz de odiar a nadie. A nadie salvo a alguien que me lastimara. Kaname nii-sama realmente daba y da miedo cuando se trata de protegerme, y eso es una de las cosas que yo aprecio de él.

Pero a pesar de ser infantil e ingenuo no es tonto, es una persona bastante inteligente y perspicaz como yo. Y por ejemplo, yo sé que sabe que Syaoran tiene algo que decirle y por eso fue, por que no quiere involucrarme a mí en cosas tan peligrosas como la magia. De hecho había más de un maestro que lo consideraba un genio y prodigio. Además de que cuando quería podía ser un malvado manipulador.

Mi hermano miró el anillo muy sorprendido a través de sus lágrimas.

-Sí, Kaname, ya sé que tu sabes lo que es. Estarás bien sin mí, y también lo sabes ¿no? Tienes que proteger a tu hermana.

Mi hermano sollozó, pero a pesar de que no entendía lo que estaba sucediendo, vi la pequeña luz valerosa y furiosa en sus ojos amatistas.

Papá me acercó y nos abrazó a ambos. Ambos, mi hermano y yo, éramos de estatura pequeña y mi padre podía abrazarnos a ambos estirando ambos brazos. Después de eso… mi padre se fue.

Y a pesar de que Kaname había llorado a lágrima viva la noche anterior, él no lloró y se paró firmemente ante él. No dijo nada y su pequeño rostro infantil volvía a adquirir la alegría de siempre, la gentileza infantil, mi hermano sonrío a mi padre quien no dijo nada y volvió a mirarlo y a sonreírle tristemente. Mi padre nos abrazo a ambos como la noche anterior y echó a mi madre una última mirada, una mirada que no fui capaz de descifrar. Su mirada, era igual a la mía a los ojos de otras personas, igual a la de mi hermano, indescifrable.

Pero la diferencia entre ellos era que, entre Kaname y yo teníamos una conexión muy especial, éramos gemelos, hermanos de sangre y el mismo reflejo del otro. Por eso nos entendíamos, en cambio, el único vínculo que me unía a mi padre, era su amor por los libros, la sangre, y el amor que nos teníamos mutuamente.

Después de eso no dio vuelta atrás. Mi hermano no se movió.

No lloró, no gritó. Pero aferro mi mano con tal necesidad que mis lágrimas empezaron a brotar de mis pestañas.

Yo lo abracé y el pareció sorprenderse, en ese instante me di cuenta de lo único que tenía que haber hecho en mucho tiempo.

Él se dejo abrazar y yo, a pesar de que yo era y sigo siendo más baja que él, acerqué su cabeza a mi pecho.

Los días pasaron, si bien, mi hermano gemelo no mostraba ningún signo de debilidad o deseo de ver a mi padre, dejo de obedecer las órdenes de mi madre, y se encerraba en su habitación.

Mi madre cada vez estaba más histérica y contrataba cada vez más psicólogos pensando en la salud de mi hermano, pero yo sabía que Kaname estaba perfectamente bien, al menos en su salud mental.

Algunas veces pasaba por su cuarta y entreabría la puerta para espiar un poco, yo también estaba muy preocupada por él, no porque creyera que se hubiera vuelto un antisocial y que se hubiera vuelto loco, NO. Lo que pasaba era que yo lo sentía, esa increíble amargura, no tristeza, en su interior. Kaname se la pasaba leyendo libros y viendo el anillo, a veces se quedaba dormido en el escritorio y yo entraba solo para acariciar sus cabellos, para contemplarlo durmiendo, para consolarlo en silencio, porque aunque sabía que él no me alejaría como hacía con mi madre a gritos, o como lo hacía con una furia disfrazada por palabras amables y sonrisas amargas, yo no me atrevía, no me atrevía a mirarlo a los ojos, a mirar mi reflejo en los suyos y decirle que todo estaba bien, porque sabía que no lo estaba, sabía que él sufría como nadie, y se sentía más solo que nunca.

Más sin embargo, él me seguía sonriendo, haciéndome reír con sus caprichos y acompañándome con sus suaves melodías de piano que componíamos juntos, no lo había mencionado pero Kaname tiene un gran sentido artístico puede tocar piano, violín, guitarra, flauta, arpa y muchas cosas…

Pero eso solo lo hacía unas cuantas horas para luego regresar a su habitación a encapricharse con sus libros. Gruesos volúmenes y enciclopedias de la mejor calidad, de los mejores escritores del mundo, de las mejores marcas y de las mejores teorías. Porque eso era lo único con lo que mi madre apoyaba a mi hermano.

Dinero, lujos, caprichos. Joyas, perfumes, trajes de gala y terciopelo. Tal vez eso era lo único con lo que podía apoyarle, mi madre no lo comprendía, y yo, a veces tampoco. Más yo lo entendía mucho más que ella, no había mencionado a mi padre y a mi hermano en mis conversaciones con ella, más bien cuando quería mencionar algo ella solo cambiaba de tema diciendo algo sobre visitar a Sakura el próximo año, o visitar al bisabuelo y ponerle letra a la melodía de mi tía Nadeshiko.

Mi hermano me daba el amor que necesitaba y yo no sabía cómo dárselo a él.

Sabía que debía hacer algo, y sabía exactamente qué era lo que tenía que hacer, más no sabía cómo.

Y entonces sucedió algo que me hizo lamentar haber dormido lo suficiente en lugar de haberme desvelado más, haber comido lo suficiente en lugar de haber ayunado para pensar solo un poco más en cómo proteger a mi hermano. Porque "hermano mayor" y ese "nii-sama" que usaba, eran solo palabras, eran solo segundos los que habían pasado entre el nacimiento de ambos. Yo lo debí haber protegido y no él a mí.

Si hubiera pensado las cosas más claridad, si hubiera encontrado una forma de ayudarlo en su soledad, si solo lo hubiera ayudado con una palabra…

Pero no lo hice, me mantuve al margen siempre y eso me costó mucho.

Pero por Kami-sama, ¡Tenía miedo! Era mi hermano, el único que me entendía y el único por él quien sentía ese cariño, y temía perderlo.

Fue una noche, mi madre estaba en el sillón tomando un poco de té. Yo estaba a su lado, leyendo mi libro, un grueso cuento de hadas que terminaba en tragedia, me había interesado en esos libros poco después de que mi hermano se enfrascara en sus libros.

Mi hermano me los leía todas las noches y por alguna razón, me habían gustado por ello.

Mi hermano siempre tenía tiempo para mí. Siempre.

Y ese fue el problema.

La figura de mi hermano salió por primera vez en muchos años a la vista de mi madre quien levantó la vista con sus labios y manos ligeramente temblando como si creyera que estaba soñando.

Kaname sonrió infantil y alegremente, como un niño que acababa de realizar su travesura. Como un niño que acaba de ver al juguete más precioso que jamás hubiera visto, como un niño. Porque eso era lo que siempre había parecido un pequeño niño con sus manitas y ojitos color amatista exactamente iguales a las mías. Sus manos eran mis manos, sus ojos eran mis ojos y sus cabellos eran los míos.

Pero él no se acercó a mi madre, teníamos 8 en ese entonces y él se acercó, ya para ese entonces Kaname era mucho más alto que yo a pesar de ser yo quien me alimentaba mejor, para ese entonces mi hermano podía cargarme en sus brazos y darme vueltas, y eso fue lo que hizo.

Nos empezamos a reír como dos niños bajo la lluvia y mi madre se puso de pie. Mi hermano se detuvo y mi madre alargó una mano. Mi hermano retrocedió. Tomé de la mano a mi hermano, leí en sus ojos miedo.

Miedo a mi madre.

-Kaname, hijo, soy yo, tu madre. ¿No me recuerdas?

-Te recuerdo, mamá.

-Entonces, hijo, ¿de qué me tienes miedo? –contesto murmuro agudo y sollozante. -¿hijo?

Mi hermano empezó a tener un ataque de tos, muy frecuente en él. Y mi madre llegó hasta él.

-Hijo, hijo ¿Qué necesitas? Un doctor. Si eso es lo que necesitas. –dijo llamando rápidamente una ambulancia.

-¡NO! –me sorprendí por la intensidad de su gritó y mi madre tembló.

Dejó de toser y se enderezó.

Me zarandeó por los hombros y me abrazó como nunca lo había hecho.

Seguía sonriendo para tranquilizarme pero su mirada me asustaba, me preocupaba.

-Escucha, Tomoyo, hermanita, te quiero. –me murmuro al oído, me estremecí, suspiré. –Escucha, Tomoyo. Sé que esta asustada, no te dejare. Nunca lo haré.

-¿De qué hablas? ¿Qué pasa? –le pregunté en un sollozo y el puso ambas manos en mis mejillas.

-No llores, hermanita escucha. No sé lo que los adultos te vayan a decir sobre mí.

-¿Kaname nii-sama?

-No les creas. –me dijo en la misma posición sin moverse y con un ruego oyéndose en la voz y en sus ojos, a pesar de ello sonreía para tranquilizarme. Sentí el ligero temblor de sus manos en mis mejillas y vi las lágrimas cristalinas bajando por sus blancas mejillas de porcelana. –Escucha, hermanita, no les creas. Estaré bien. No te dejare. –dijo descansando su cabeza en mi hombro y sus manos bajaron a mi muñecas. Besó mi frente y murmuró un leve "te quiero".

La conversación la habíamos tenido en susurros. Mi madre no se había enterado de nada. Y yo seguía sin entenderle.

¿Qué pasaba?

¿Qué era lo que iba a suceder?

¿Y cómo lo sabía?

Continué abrazada a mi hermano y entonces comprendí sus palabras.

Lo primero que vi fue mi madre agachándose en el piso, cubriéndose de los cristales. Mi hermano enfrente de mí. El sonido de los cristales rotos, la porcelana fina cayendo y quebrándose. La cinta de mis cabellos cayendo al suelo, mis cabellos largos arrastrando por el piso….

El sonido de un arma.

La sangre de mi hermano fluyendo… tibia… carmesí… escarlata.

Me arrastre de rodillas no importándome los vidrios que se clavaban en mis manos y rodillas, y la misma sangre. Mi hermano mantenía la vista serena, pero su boca gritaba de dolor, yo me acerque… toque su mejilla y su frente manchando estas de sangre, no comprendía lo que pasaba, miré el pecho de mi hermano… mi hermano ya tenía una salud débil… ¿Qué era lo que tenía que hacer?

Recuerdo que lloré, sollocé y grité. Recuerdo a mi madre llamar a una ambulancia y subirnos a ella rápidamente mi hermano había perdido el conocimiento y yo me revolvía en brazos de mi madre mientras ella me aferraba fuertemente. Inútilmente.

Cuando llegamos al hospital llegamos directamente a Urgencias, mi hermano abrió los ojos débilmente y vi sus sombras negras, muy diferentes a cuando estaba enfermo, esta vez eran marcadas, negras… y sus ojos… sin vida, y aun así, tan serenos y brillantes…

Fue la ultima mirada que cruce con él.

Entonces lo supe. Pare de moverme y mi madre me soltó caí al suelo y lloré, lloré como nunca lo había hecho y me olvidé de lo que mi hermano me había dicho, "no les creas" , me olvide de todo y me obligué a pensar que nunca había existido mi hermano, ¿por qué? Por el mismo deseo egoísta que siempre había tenido. A través de mis lágrimas cristalinas vi que mi hermano cerraba los ojos en lágrimas y luego……. Lo perdí.

Para siempre…

Tomoyo se había recargado en el suelo con las rodillas abrazadas y los ojos en lágrimas. Yo me levanté del marco de la ventana y me arrodillé ante ella, quise decir algo, y no supe qué. Antes de que lo hubiera sabido vi a Kaname arrodillado ante ella, abrazándola y consolándola.

-No fue tu culpa… no lo fue…

Dijo con lágrimas en los ojos.

-No lo fue Tomoyo, no te culpes. Eres mi hermana… yo te protegeré, estaremos juntos por siempre… -dijo tomándole de la mano mientras Tomoyo negaba.

-¡NO! Fue mi culpa… si yo lo hubiera notado, si no fuera tan egoísta… si yo… ¡si sólo yo…!

En el marco de la puerta vi a Sakura con lágrimas en los ojos y Syaoran viendo a su amigo con tristeza. Y yo… no podía hacer nada.

-Tomoyo. –la llamó una y otra vez su hermano. Pero su hermana tenía los ojos en blanco, lloraba como un alma en pena. -¡Tomoyo mírame! Tomoyo… Tomoyo, hermanita… por favor, ¡Mírame! No entres en una obscuridad que no necesitas… ¡Por favor! ¡Mírame! –la obligó a que la mirará y Tomoyo se calmó, miró fijamente sus ojos y Kaname la abrazo y le susurró al oído algo que pude escuchar perfectamente por estar solo a un lado de ellos. –Te quiero, Tomoyo, hermanita. Lo que paso fue mi culpa, yo tomaré responsabilidad no fue tuya… no lo fue. –dijo estrechándola más fuertemente contra sí. –Yo te protegeré, Tomoyo. Hermanita. –dijo con sus lágrimas cristalinas bajando por sus blancas mejillas y besó a Tomoyo en la frente.

Tomoyo se quedó sollozando en silencio en brazos de su hermano, mientras tanto Syaoran se acercó y tocó el hombro de su amigo.

-Kaname.

Él no respondió.

-La organización está aquí, quiere hacer un trato. –siguió sin responder pero vi que Tomoyo se estremeció y su hermano la apretó más contra sí. –Kaname. –le insistió Syaoran y este por fin deshizo el abrazó. Sostuvo el rostro de su hermana y le beso las mejillas y la frente, descansó un momento su cabeza en su hombro y se paro. Se dio media vuelta con una mirada sombría y dio un paso, Tomoyo le tomó fuertemente de la mano desde el suelo.

-¡No…! –dijo Tomoyo, me di cuenta que había hecho eso solo por un impulso. Entonces supe que era mi momento de actuar. Una lágrima bajo por la mejilla de Kaname y abrió la boca pero no salió palabra.

Le tomé del brazo suavemente y le sonreí. Kaname se fue sin mirar atrás. Sin poder hacerlo.

Tomoyo siguió con la mano alzada, mirando como su hermano era escoltado como si fuera un prisionero, Sakura por delante y Syaoran por atrás, este tenía la misma mirada sombría de su amigo y no se atrevía mirar a Tomoyo.

Escuche el sonido de la caja de Mía abriéndose y Kaname abrazándola y elevándola a sus brazos.

-Tomoyo. –le dije suavemente. –Todo está bien, volverá… no te dejará sola, yo no te dejaré sola.

Pero Tomoyo no contestó, se apoyó en la pared bajo la ventana con la mirada perdida, mirando pero no viendo.

-Tomoyo. –la llamé y le tome de la mano.

Tomoyo tembló y yo la miré fijamente.

Me miró.

Alargó la mano para tocar mi mejilla temerosa. Yo tome su mano y la puse en mi mejilla. Tomoyo se acercó y me abrazo.

No lloró. No sollozó. Simplemente me abrazó.

Yo la acogí en mis brazos y le acaricie sus cabellos.

-Tomoyo. ¿Quieres decir algo? –le pregunté dulcemente.

-Kaname nii-sama no me miró. –me dijo lentamente en un susurró. –La organización no lo dejara ir. –continuó con el mismo tono de voz.

-¿Cómo lo sabes? –pregunte sorprendido.

-Porque no me miro.

-Tomoyo… puede que tu…

-¡No estoy cometiendo ningún error! –me gritó mirándome a los ojos, una mirada igual que la de Kaname Daidouji cuando dijo que protegería a su hermana. Una mirada decidida, una mirada que decía que si tenía que proteger con la propia muerte lo haría. –Es mi hermano gemelo, yo lo sé.

-Tomoyo. –le dije zarandeándola. –Escucha. Sé que es tu hermano pero…

-No lo entiendes. –me dijo con una mirada fríamente.

-Syaoran no dejará que se lo lleven.

-Lo hará.

-¿Por qué? –le pregunté ya al borde de la histeria, algo que me sorprendió mucho. ¿Por qué de repente era tan pesimista?

-Porque es lo mejor para el mundo y es su obligación pensar en ello.

Me helaron tanto sus palabras que no pude detenerla cuando se puso de pie decidida.

Cuando estaba a punto de salir me puse de pie rápidamente casi cayendo y corrí a abrazarla por detrás, escondiendo mi rostro en sus cabellos. Aspirando su aroma a lavandas.

-No me dejes, Tomoyo… te necesito.

Le dije con una voz que no parecía la mía. Una voz ronca y rota.

-Y yo lo necesito a él, Eriol. Necesito a Kaname. –me dijo sombríamente abriendo la puerta dejándome allí, sorprendido, adolorido.

Notas de autora:

¡Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento! De verdad ¡lo siento muchísimo! Lo que pasó es que me mudé y pues entonces me tuvieron que volver a poner el internet y estuve un rato sin él… y claro que le avance al capi mientras no tenía y pues… ¡tada!

Em… creo que es más largo que mis otros capítulos, no sabría decirlo ya que, yo uso una letra más grande que la que se ve en fanfiction, pero en fin, espero que con este capítulo me perdonen.

Bueno, pues, en este capítulo se da a conocer un poquito de lo que se conocerá de Kaname, y la historia desde el punto de vista de Tomoyo.

Sinceramente, Kaname es un personaje al cual le tengo mucho cariño. Es alegre, infantil y juguetón. Me gusta eso de él ya que mi punto era que se pareciera en esas cosas a Eriol. También tiene el mismo ego y orgullo que yo, así que bueno… le tengo mucho cariño.

También vemos en este capítulo que Tomoyo eligió a su hermano por sobre Eriol, y nuestro protagonista ya se está empezando a dar cuenta de cuánto necesita a Tomoyo.

Y bueno, también esta Mia, una muñeca de porcelana. Siempre quise escribir algo sobre ellas… y pues me pareció que Kaname, que es un personaje juguetón e infantil era el más indicado para tener una. ¿Qué les pareció, la pequeña Mia?

La verdad, no espero muchos reviews ya que… ya sé que tarde siglos y tal vez nadie se acuerde del fic…………… pero apreciare muchísimo si alguien se acuerda de él y me deja un review.

Para los que leen:

Por amor: ¡Ya tengo la idea! Actualizare pronto, lo juro, tan pronto como tenga tiempo para escribirlo…

El ángel y el vampiro: Este ya lo empecé a escribir así que algún día de estos actualizare, lo que pasa es que acabo de entrar en la secundaría y pues… el tiempo, las tareas, las clases tengo que organizarme…

Y no se preocupen, pase lo que pase , aunque parezca que ya nunca tocaré el fic, seguiré escribiendo. Una porque yo adoro mis fics y les tengo mucho cariño, y otra porque no me gusta dejar las cosas incompletas.

¡Gracias por leer! ¡Y quiero saber lo que piensan!

Arigatou:

Emiko hime-sama.