Corría una época de mucho revuelo, de asociaciones, de partidarismo, cuando Andrómeda Black pasó a sexto curso. Se sentía en el aire la tensión, la gente no sabía qué estaba pasando pero se sumaba a la emoción colectiva que producía el estar palpitando una revolución. El sexto curso en Hogwarts se hacía llevadero, una vez acabados los TIMOS, el sexto año brindaba cierta tranquilidad para volver a la carrera más relajado. Había conseguido las notas que quería, se había destacado especialmente en Defensa Contra las Artes Oscuras, y esto causaba gracia en su entorno más cercano y en su familia. "Como si las fueras a necesitar" solían decirle, pero Andrómeda lo ignoraba porque se sentía habilidosa, y, más que nada, porque ningún miembro de la familia Black se había destacado jamás en esa asignatura.
Todos parecían estar pensando lo mismo que ella: qué iba a hacer después de Hogwarts. Esa situación la ponía nerviosa, no tenía una vocación definida ni mucho menos, tampoco sabía qué era lo que quería hacer. Podía listar las asignaturas que no le gustaban o de las cuales no quería vivir, pero no sabía precisar qué quería hacer en el futuro. Secretamente, pensaba que tal vez más adelante podría ocupar el puesto de su padre en el ministerio como política, o tal vez integrar el Wizengamot, pero lo veía muy lejano y poco probable. Era extraño, tenía muy buenas notas en el colegio, venía de una noble estirpe de magos, y sin embargo ella no sabía qué era lo que quería hacer.
Todo esto pensaba mientras revolvía en sentido de las agujas del reloj, su filtro de muertos en vida en la clase de pociones. Miró a su derecha; Antoline parecía estar peleando con su caldero que comenzaba a derretirse amenazadoramente por la izquierda. Nadie parecía estar entendiendo la consigna, todos sus compañeros estaban igual o más conflictuados que ella. Un chico de Hufflepuff se había manchado tanto con los ingredientes, que la poción comenzaba a desplazarse desde su caldero hasta su ropa.
-Muy bien -Comenzó Slughorn, con una notoria expresión de fastidio -ya que no hemos logrado conseguir ni un solo ejemplo de esta sencilla poción, interpreto que las instrucciones no quedaron claras.
Se oyó una explosión en el fondo del aula, y detrás de una humareda de color celeste apareció una chica de Hufflepuff tumbada en el suelo. Slughorn se acercó torpemente, y con un movimiento de la varita la levantó del suelo.
-Por favor -dijo, dirigiéndose al aula en general -La clase ha terminado. Volveremos a intentarlo la próxima vez.
Dicho esto, colocó a la muchacha de apariencia inconsciente sobre un escritorio vacío, ordenó el curso con una floritura extensa de su varita, y volvió a levantar a la chica para dirigirse a toda prisa hacia la enfermería.
Andrómeda miró su horario; tenía una hora libre antes de su próxima clase, así que se dirigió a su sala común. Subió a su habitación y dejó el caldero y el pesado libro de pociones, "Elaboración de Pociones Avanzadas" de Libathius Borage. Tomó su bolso y se dispuso a pasar por el Gran Comedor, solo por si acaso habían servido la merienda. Comenzó a caminar sin fijarse por donde iba, se sabía el camino de memoria. Se oían las voces de los profesores que aún no terminaban sus clases, y al pasar por el aula de transformaciones, un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Hacía un mes que le habían encargado un ensayo de por lo menos 60 centímetros de largo, y ella aún no lo había comenzado. Se alejó lo más rápido que pudo mirando el suelo, y de pronto se topó con un cuerpo que la hizo rebotar. El regordete hombre giró lentamente sobre sus talones, y Andrómeda sintió como sus mejillas se teñían de rojo.
-Yo... lo siento profesor, no lo vi... -balbuceó nerviosa, mientras recogía sus útiles que habían caído de su bolso abierto.
-Oh, querida, no es nada, pero ten cuidado, ¡la gente anda como loca! -Le contestó mirando por encima de su cabeza, como si estuviera esperando a alguien.
-Tendré más cuidado, disculpe... -Repitió apenada -¿Cómo está la muchacha... estem... la chica de la clase...
-Hopkirk -la cortó. -está bien, solo entró en shock, pero no sufrió daño alguno... aguarde, pero si es usted, señorita Black, ¡por Merlín! ¡que despistado soy!
-Si... -Andrómeda respondió confusa.
-¡Ah, señorita Black! Estaba a punto de enviarle una de mis invitaciones, usted ya sabe de qué le hablo. Resulta que mañana por la noche tendremos una de nuestras reuniones, ¿Me honrará con su presencia? -Slughorn había cambiado de humor de un segundo a otro, y ahora se veía realmente entusiasmado.
-Oh... Claro profesor -Respondió la chica, sin pensarlo.
-Muy bien, no se hable más entonces, nos veremos, señorita Black - Agregó el profesor, y dicho esto se giró y se alejó tarareando una canción ininteligible. Andrómeda parecía haber sido víctima de un cunfundus bien orientado, reaccionó y retomó su camino al Gran Salón. Apresuró tanto la marcha que pasó al profesor, que desde unos treinta metros más atrás la llamó:
-¡Señorita Black! ¡Espere! -la aludida se volteó -¡Ahora que recuerdo, no asistió a la entrevista personal con el jefe de casa para el chequeo de sus TIMOS y orientación vocacional! ¿Qué ha sucedido? - El profesor la miró, expectante, y ella comenzó a titubear.
-Oh, estem... bueno verá... lo que sucede es que... en realidad, no sé que es lo que quiero hacer después de, ya sabe, el colegio... -Aventuró la joven, con cara de congoja.
-¡Pero señorita Black! ¡Si justamente de eso se encarga la orientación vocacional! -le contestó Slughorn, divertido
-No... no me está entendiendo profesor... realmente aún no lo decido, no sé que es lo que quiero hacer, no sé por dónde empezar... Creo que solo necesito un poco más de tiempo. -Largó Andrómeda, encogida de hombros.
-Oh -exclamó el profesor. -Ya veo... en ese caso, Black, debería ir definiendo sus intereses, por el bien de su futuro académico. Disculpe, pero tengo que dejarla. La veo en la reunión, señorita. -respondió amablemente el hombre, y se echó a correr por el pasillo.
Andrómeda comenzaba a fastidiarse. Todos en la escuela parecían complotados, y ella sencillamente no podía responder ante la presión. Como siempre, se puso a sí misma como ejemplo a su hermana Bellatrix, que no había hecho más que viajar desde que terminó su séptimo y último año en Hogwarts. Estaba claro que ser una Black significaba que no necesitabas preocuparte demasiado por el futuro, ya que todos los caminos estarían abiertos para ella.
E inevitablemente, se dio cuenta de cuanto extrañaba a su hermana.
