Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.
La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.
Lágrimas de esperanza
Emiko hime-sama
Meilling Li
Pase mi vista de un lado a otro.
Honestamente, estar en reuniones como esas me ponía sumamente nerviosa.
Mis manos temblaban y agarraba la tela de mi falda fuertemente para obligarlas a calmarse. Mi madre estaba a un lado mío y Syaoran, mi primo y amigo de la infancia, en medio de toda la sala, como Jefe de la Organización de Magia.
Suspiré.
Había rogado a mi madre y a los ancianos de la Organización para que me dejaran entrar usando como escusa que era una miembro importante del Clan Li, a pesar de no tener magia.
Mantuve mi vista fija en Kaname, el hermano gemelo de Tomoyo Daidouji. Una de mis mejores amigas por ser una de esas pocas personas que se conocen cada 1000 años.
Tenía cabellos negros del color exacto al de su hermana, ojos amatistas tan puros e inocentes… casi iguales a los de su hermana. Pero Kaname no era ella. Eran muy diferentes en ciertos aspectos.
Tomoyo era más masoquista pero fuerte, en cambio, Kaname no era masoquista, era débil y, a pesar de ser débil, podía ser increíblemente fuerte y orgulloso, vanidoso y arrogante en ocasiones.
Muy pocas veces había visto a ambos gemelos llorar. Muy pocas veces sufrir. Y eso me sorprendía y despertaba en mí, si, en mí, a Meilling Li… una gran admiración y fascinación. ¿Cómo podía alguien guardarse su propio dolor por tanto tiempo sin derramar ni una sola lágrima sin que su mirada perdiera el brillo inocente, puro e infantil digno de un ángel?
A su lado, estaba su fiel guardiana, compañera y ángel-muñeca, Mia.
Una magnifica muñeca sin duda, aunque… era más que eso. Era la muñeca más hermosa que hubiera visto en toda mi vida, y eso que había visto las muñecas más finas y adorables de toda Alemania, Francia e Italia. Tenía los cabellos rubios cenicientos… un rubio pálido hermoso, largos hasta los pies. Ese día en particular los había dejado sueltos y solo una rosa blanca adornaba sus cabellos.
Nakuru le conseguía diversos vestuarios, listones y zapatos de los diversos lugares que visitaba. Francia, Alemania, Italia, Holanda, Estados Unidos, Inglaterra… etc. Todo lo necesario para que la pequeña se viera como una princesa.
-¡Kaname Daidouji merece regresar con su hermana! –dijo la voz de mi primo retumbando en toda la sala. Su puño había golpeado fuertemente la mesa y había derramado varias tazas de café.
Vi como Mia tembló en su lugar y Kaname la sentaba en sus piernas y le acariciaba los cabellos, tranquilizándola. Como desee poder ser ella…
-Joven Li… con todo respeto… -dijo un hombre mayor como de 70 y tantos años ya, había servido a la Organización desde que tenía memoria. Era un hombre alto de cabellos canosos y vestía traje, como todos en ese lugar, excepto, claro, Kaname Daidouji. Ese hombre era el primero que se había opuesto a que Syaoran tomara su titulo como Jefe ya que consideraba que era muy joven e inexperto para ese puesto, sin embargo, tras considerar su alto potencial y nivel de magia, si su voto a favor de él. En su mirada brillaba una mirada comprensiva. Mi primo le dedicó una de sus miradas profundas de esas que te daban escalofríos tan características de él. El hombre se mantuvo firme. –Esta organización debe pensar en el bien del mundo. Si mal no recuerdo, uno de los requisitos que usted juró con sangre y por la sangre de sus descendientes era que, no le daría trato especial a nadie por razones personales. –paró un momento y contuve mi respiración. Mi tía, madre de Syaoran, Ieran Li, tomó mi mano para tranquilizarme, el aire volvió a mis pulmones. –Es lamentable pero, la Organización está en contra.
Syaoran lo miró como si quisiera estrangularlo y note como el aire se tenso.
El hombre se mantuvo firme y sereno. Kaname tenía mirada sombría y Mia tenía su manita blanca en su mejilla.
-La separación de los gemelos Daidouji fue por el bien del mundo. El que estén juntos es una amenaza para el bienestar del mundo. –terminó el hombre y todos lso ancianos asintieron. Mi tía aumento la fuerza en su agarre.
Mia abrazó la mano de Kaname con fuerza.
Y yo me puse de pie. Pero antes de que pusiera decir algo, mi primo hablo.
-¿Acaso no fue un error el que Clow creara las 56 cartas Clow? ¿Acaso no era un riesgo…?
-¿Cómo se atreve…? ¡Ofende al mago más grande de todos los tiempos y además eso fue en honor a la magia! ¡A la ciencia para los mortales! –comentaron los numerosos miembros que estaban reunidos allí.
Mi tía se puso de pie y eso calló a todos los presentes.
Ieran Li, era alta, elegante y erguida. Tenía rasgos claramente asiáticos y una piel pálida. Tenía cabellos largos y lacios recogidos en un peinado alto y llevaba un kimono blanco como de costumbre en honor a la muerte de mi tío, que en paz descanse, Hien Li.
Camino elegantemente sin mostrar signo de torpeza ni una sola vez. Llevaba su abanico mágico en su blanca mano de largos dedos y largas uñas pintadas de rojo, levantó el objeto lentamente.
Una mujer hermosa sin duda…
Mis cuatro primas, las hermanas de Syaoran y las hijas de Ieran Li, se acercaron. Las cuatro eran altas y castañas, del mismo castaño que mi primo.
Ahora que lo pensaba mi cabellos era lacio y largo, además de negro, muy parecido al de mi tía…
Caminaron hasta ella y ella paro. Les murmuró algo al oído y ellas se marcharon discretamente no sin antes hacer una respetuosa reverencia.
La dama levantó su vista y sentí como los presentes, incluido mi primo, contenían la respiración.
Se acercó a Kaname quien levantó su mirada sombría, la cual remplazo por una dulce y dolida. Si. Estaba dolido y eso me punzo fuertemente en el pecho.
Sonrió para tranquilizar a mi tía, esta le miró con tristeza.
-¡Usted! –dijo Mia, de repente dolida con lágrimas corriendo por sus mejillas. La apunto a ella y después a Syaoran. Nunca la había visto tan enfadada. -¡Por su culpa! ¡Ustedes lo separaron! ¡Ustedes la familia Li…! ¡Ustedes fueron quienes....! –Kaname la detuvo. Le paso un brazo por su delicada figura y ella calló. Empezó a sollozar en silencio mientras que sus cabellos cubrían su rostro.
¿….Quienes qué? ¿Qué había hecho la familia Li?
¿Por qué no se presentaba Sonomi Daidouji? Allí pasaba algo raro, algo sumamente raro.
-Mia… -le empezó a decir lentamente Kaname haciendo que la mirara, una vez más desee poder estar en su lugar. –Está bien… quiero estar con Tomoyo. Pero Mia, no quiero que te pase nada… ni tampoco dejare que te pase nada, no te dejare sola. No lo hare. –dijo aferrándola a su pecho mientras le acariciaba sus cabellos. Vi como miraba al cielo y parecía suplicar a él. Le continúo acariciando sus largos cabellos rubios enredando sus dedos de vez en cuando en sus rizos.
Mi tía puso su blanca mano en los cabellos de Kaname y le miro a los ojos durante un segundo. Syaoran cerró los ojos y apretó los puños.
-¿Lo considerarían una vez más? Denle oportunidad a su hermana, a Tomoyo Daidouji de hablar.
-No.
-¿Lo considerarían si es Clow… la reencarnación quien habla? –la voz de mi tía, por supuesto, tuvo el un efecto mucho más potente de la voz de mi primo a pesar de ser él el Jefe de la Organización.
-En ese caso… -se escucharon comentarios. –Lo consideraríamos. Pero Clow… no está aquí.
-Lo está. –me apresure a agregar. Vi en la mirada de Mia un brillo de esperanza y por las blancas mejillas de Kaname bajaron lágrimas de esperanza, tal vez no supe decirlo. Me quede mirando esas lágrimas… brillantes y puras, como las lágrimas de un ángel quien llora por las almas en penitencia. Parpadeé y me puse de pie. –Lo está. En este mismo hospital.
Más comentarios.
Por fin, todos asintieron y Syaoran salió rápidamente. Lo sabía, se preocupaba por Kaname y yo también lo estaba y mucho.
Pero yo no sabía el gran error que había cometido al decir que Clow estaba allí. Que ingenua, pensé… una persona como yo, sin ningún conocimiento o habilidad mágica debía involucrarse con esa Organización.
Mi tía agitó su abanico y creó un escudo cubriendo a Mia y Kaname. Me indicó que fuera a su lado pero ya era tarde. El hombre que antes había hablado había lanzado algún hechizo del que no había podido reaccionar a tiempo.
Ieran Li agitó una vez más su abanico, venciendo al poderoso hechizo. Pero algo raro sucedía con Kaname.
Su mano. Su mano brillaba intensamente en una luz azul. El anillo que tenía colgado también brillaba con ese mismo tono de azul amatista.
Pero eso no era lo importante. Su mirada se había vuelto intensamente plateada y sufrida.
La sangre corría por su mano y pude notar que algún símbolo o figura se marcaba en ella, aunque el haz de luz no me dejaba identificar que era lo que causaba la sangre. Y además no era solo eso. Por sus labios corrían hilos de sangre y el continuaba tosiendo más sangre.
Camine hacia él y me acerque a su oído mientras mi tía veía fijamente a aquellos hechiceros de sangre fría quienes sonreían satisfechos y con miradas de indiferencia.
-Esto nos ahorra el trabajo… y no hicimos nada…
Se reían y comentaban divertidos de cómo sufría mi amigo.
La furia brillaba en mis ojos y recorría hasta la última célula de mi cuerpo.
Ieran los amenazó y creo que se encargo de ellos. No lo supe.
Miraba la sangre carmesí brotar de sus labios. Había caído ya de su silla pero se levantaba con mucho esfuerzo.
Murmuró algo que no alcance a escuchar, pero supe que era un murmullo débil y estaba usando toda su fuerza para ello. Leí sus labios y la comprensión llegó a mí.
"Tomoyo"
-Tomoyo… -volvió a repetir en ese murmulló quebrado.
Se apoyó de la mesa y yo me apresuré a ayudarlo a ponerse de pie.
-Mia… -repitió en el mismo tono de voz lastimoso. –Tomoyo… Syaoran… -un nuevo ataque de voz lo recorrió. Para ese entonces sus ropas estaban manchadas con sangre y las de Mia también. Ella se separo de su amo, alarmada y corrió hacia la puerta. Nunca supe y tal vez nunca sabré cuanto poder guarda esa muñequita de porcelana, pero en ese momento nada la toco. Algo la envolvía y la preocupación estaba marcada en todo su bello rostro. La misma luz azul la envolvía.
Mia salió rápidamente. Ayude a Kaname a ponerse de pie. Le pase un brazo por la espalda y él me paso un brazo por los hombros.
-Meilling… -dijo respirando dificultosamente. Sudaba y tenía los ojos entrecerrados como si le doliera mantenerlos abiertos. La sangre corría de su mano y de sus labios manchando mis ropas, mis cabellos y mi rostro. –Tomoyo… tengo… que ir….
-Kaname… ¡mírate! Tomoyo está bien… necesitas…
-¡Meilling…! –dijo para después lanzar un grito de dolor. Cayó de rodillas y yo lo ayude a ponerse de pie una vez más.
-Kaname… -murmure. Me dolía. Me dolía ver la sangre corriendo tan rápido sin poder evitarlo. Estaba nerviosa y me dolía demasiado todo aquello. Kaname era mi amigo… era la única persona que comprendía…
Pare mis pensamientos y me concentré en levantarlo y ayudarle a ir a ver a su hermana. Paso un brazo por mis hombros y con el otro se apoyo con la pared.
Respiraba dificultosamente y parecía que iba a desmayarse en cualquier momento.
-Tomoyo… -murmuraba una y otra vez el nombre de su hermana menor, sola eso. Era lo único que le impulsaba seguir adelante. Su hermana. Su pequeña hermana gemela a quien tanto quería. Cerré mis ojos y mordí mis labios para retener mis lágrimas.
No lloraría.
Kaname tenía suficientes cosas por qué preocuparse. Cuando todo pasará…
Tal vez, solo tal vez, le daría a conocer mis sentimientos.
Nakuru Akizuki
-¡Por enésima vez exijo ver a Sonomi Daidouji! –me frustraba e irritaba.
¡Por todos los cielos sus propios hijos estaban casi muriéndose en peligro mortal y ella se encerraba en el trabajo!
-Lo sentimos mucho pero…
-¡Le estoy diciendo que Tomoyo y Kaname Daidouji están en un hospital en peligro mortal! ¡No me importa lo que ella les haya ordenado exijo verla!
-Sonomi Daidouji tiene una hija… no se dé quien habla…
Apreté mis puños fuertemente de la frustración.
¡Pero que le pasaba a todo el mundo!
Entendía. De verdad entendía que hubiera querido esconder el nombre "Kaname Daidouji" para que Tomoyo no sintiera la pena que todos le dedicarían si hubieran conocido la historia que habían pasado. Entendía que Sonomi Daidouji lo había hecho por su hija.
¡Pero no lo soportaba!
Si tanto quería a su hija, ¿Por qué no iba a verla?
Apreté mis dientes fuertemente y miré a la secretaría que tenía en frente con odio, ella se estremeció en su lugar. Sabía que ella no tenía la culpa, pero era ella quien me estaba diciendo esas cosas tan…
Busque en mi bolso mi agenda.
Y la abrí furiosa e irritada una fotografía.
-Miré. –le dije a la joven secretaría que tenía en frente, mostrándole una fotografía donde salía Kaname sonriendo a mi lado mostrando sus grandes orbes amatistas y su sonrisa tranquila e inocente. -¡Es Kaname Daidouji! –vi que ella se estremeció en su lugar por el gran parecido entre ambos hermanos.
-¡Por Dios…! –murmuró cubriéndose la boca con una mano y con la otra temblando. –Es cierto… Sonomi Daidouji tiene otro hijo… -siguió murmurando cosas parecidas. Eso me irritó aun más. Ok. Entendía. ¡Ya me creía!
Entonces
¡¿Qué había allí temblando de sorpresa cuando debía tomar un teléfono y llamar a Sonomi Daidouji de una vez!?
"Calma, Nakuru, calma" –me repetí a mi misma en mi mente.
Tenía que esperar a que las neuronas de su cerebro mortal digirieran los hechos. Su cerebro no funcionaba tan rápido como el mío, tenía que ser paciente.
Por fin después de unos segundos tomó el teléfono entre manos temblorosas.
-Pa-Pase por favor, disculpe la demora. –dijo por fin aun temblando de incredibilidad. La ignore y camine lo más rápido y elegante que podía.
La oficina de Sonomi Daidouji era elegante y seria.
Las paredes estaban cubiertas de noticias enmarcadas de sus grandes éxitos, de ella y de su hija. Había varios sillones de color negro y una alfombra de color rojo. Había varios estantes con fotografías familiares en donde salían su prima, la esposa de Fujitaka Kinomoto y la madre de Sakura y Toya; Sakura con Tomoyo de niñas, un hombre alto que deduje que era el abuelo de Tomoyo por su gran parecido, un hombre que parecía ser el padre de Tomoyo y Kaname…. Pero ninguna fotografía de Kaname. ¡Ni una!
¿Cómo podía una madre soportar no ver ni una sola vez el rostro de su hijo?
¿¡Cómo podía ser tan inhumana e insensible!?
Temblaba de furia estaba segura. Y también estaba segura de que se notaba muy bien.
Por fin la vi sentada en su escritorio mirándome fijamente temerosa y apenada.
¡No era a mi quien necesitaba mirarme apenada y arrepentida!
-B-Buenas noches, señorita Akizuki.
-¿Buenas noches? Me dice eso cuando su hijo… su propio hijo quien ha ignorado por tantos largos años está en un hospital….
-Le juro que yo quería visitarlo… -se justificaba y parecía al borde del llanto.
-¡Me lo jura! –le dije sarcásticamente. Estaba furiosa y no me moleste en ocultarlo. -¿Sabe cuánto ha sufrido su hijo? ¿Cuándo le han perseguido? Usted le negó su libertad, le negó todo. ¡Le negó su propia hermana!
-¡No! Yo no quería… no sabía… -las lágrimas de la pobre mujer corrían y ella se cubrió el rostro con ambas manos, apoyándose en el escritorio de madera.
¿Esa era Sonomi Daidouji, la mujer que Eriol había descrito como la mujer energética y alegre poderosa en el mundo de los negocios?
Me decepcionaba.
-¡Kaname quiere a su hermana más que a nada en el mundo y usted… usted se lo negó! –estaba llorando lo sabía, sabía que con cada palabra no solo la lastimaba a ella si no también a mí misma. -¡Usted le negó su felicidad!
-Lo hice por Tomoyo… -allí iba otra vez, sus llantos resonaban en toda la habitación.
Me detuve un momento para tranquilizarme. Me limpie mis lágrimas y cerré mis ojos fuertemente. Me mordí el labio para acallar mis sollozos.
Ante mí, tenía a la mujer que tanto había hecho sufrir a Kaname. A la mujer a quien le había robado la felicidad y quien no se había dignado a ir al hospital a dar la cara ni una sola vez.
Sabía muy en el fondo que ella tenía sus razones. Que una madre no haría una cosa tan cruel y atroz sin razones. Pero no quería creerlo. Estaba cegada por toda la furia y por todos mis recuerdos.
¿Cuántas veces había llegado al hospital un hombre vestido de negro queriendo amenazar, matar o lastimar a Kaname?
¿Cuántas veces había escuchado el llanto silencioso inconsciente de Kaname mientras dormía?
Porque yo sabía que Kaname nunca me mostraría otra vez una cara llena de lágrimas como lo había hecho aquel día nevado. Pero yo sabía cuánto lloraba. Cuando sufría. Y allí la tenía, frente mí, a la madre del hombre de quien estaba enamorada y a la madre quien había abandonado a su hijo en Inglaterra diciéndole a su hija que había muerto.
La mire con desprecio.
Una vez que se pusiera de pie, hubiera podido ver su alta estatura, tal vez era más alta que yo y más aun con aquellos tacones rojos. Llevaba una falda roja con el saco rojo a juego y unos aretes de igual color. Su cabello corto rojizo enmarcaba su rostro mientras el fleco le cubría un ojo. Sus ojos eran amatistas pero estos no tenían la misma inocencia y pureza que los de los hermanos Daidouji. No tenían la luz hermosa que los caracterizaba. No eran igual de hermosos a pesar de ser ella quien se los había heredado. Miraba fijamente un retrato de Tomoyo mientras que sus manos temblorosas querían tocarlo pero segundos después se arrepentía.
¿Perdonaría Kaname a su madre? Si. Lo haría. Pero yo no.
Me acerque a ella con paso decidido y le jale de la muñeca incapaz de detener mi furia. Ella se quedo allí, sentada en el suelo incapaz de moverse. La mire furiosa. Desde arriba. Lamentable, pensé. Eso había quedado de la mujer que una vez había gozado de una gran juventud y alegría.
Pero no me bastaba. No me bastaba con ver el rostro demacrado por el dolor y la mirada contaminada por la tristeza. Kaname había sufrido mucho más. No me basta eso. La haría sufrir más y más hasta que saliera de allí, y fuera a ver a su hijo.
Me deje caer en el suelo y vacié todo lo que tenía en mi bolso. Ella miró.
Fotografías, libros, cuadernos.
Casi todo lo que guardaba en mi bolso y llevaba a todas partes tenía que ver con él. Con Kaname Daidouji. Con mi ángel caído.
Tome un cuaderno y se lo abrí. Ella lo miró y se cubrió la boca con la mano. Y no me basto eso tampoco.
-"Kaname Daidouji" –leí la elegante caligrafía de mi padre. –"Hijo de Sonomi Daidouji, hermano gemelo de Tomoyo Daidouji" –la escritura estaba en inglés y sabía que ella entendía el idioma. Pero se lo leí en japonés para que entendiera lo serio del asunto. –"Una bala le atravesó varias venas y el paciente de 8 años, sangró considerablemente hasta llegar casi a la muerte. Por suerte conseguimos usar la sangre donada y una gran cantidad de oxígeno y aparatos para mantenerlo vivo. Cinco días inconscientes, fiebre frecuente. Se le mantiene vivo con suero y oxígeno, no ha dado muestras de estar despierto. Habla en sueños. Posible trauma psicológico." –me detuve un momento para acallar mis sollozos y mirarla.
Temblaba aun más si era posible que cuando la había visto por primera vez. No pude continuar leyendo así que deje que ella continuara leyendo pero al parecer tampoco ella pudo soportarlo y empezó a sollozar fuertemente. Guarde mis cosas con cuidado de no maltratar ni una fotografía. Lo demás no importaba.
-¿Kaname… -se detuvo un momento dudosa. Su nombre sonaba extraño para ella. Y sonaba extraño con su timbre de voz en mis oídos. La observe con la poca paciencia que me quedaba. -… tuvo… algún trauma? –preguntó por fin mirándome esperanzada.
¿Qué esperanza le podía dar yo? No era un ángel. No era Dios. No era nadie que pudiera ayudar a Kaname. No era ella ni tampoco era Tomoyo.
Negué con la cabeza.
-Mi padre dice que es un milagro que esté vivo y que haya podido vivir hasta ahora sonriendo. Considerando su salud… es un milagro.
Ella asintió sollozante.
¿Tenía suficiente, ya?
No. Por supuesto que no.
-Lo siento… Lo siento… ¡Lo siento!
No. Todavía no. Y nunca lo tendría. Pero perdía el tiempo, podía presentir que algo estaba terriblemente mal. Aun temblaba de furia y también mis lágrimas salían por más que quisiera evitarlo. Corría por mis mejillas rápidamente.
-¡No pueden entrar así…! –de repente escuche. Me limpie las lágrimas y me levante. Alce la vista y vi a las cuatro Li entrar rápidamente. Parecían apresuradas y alarmadas.
Mi corazón empezó a latir fuertemente temeroso. Algo pasaba. Algo muy malo pasaba.
Fanren. La mayor de las cuatro se acercó a mi oído y me murmuró.
-El hospital esta en un caos… -no la deje terminar. No tuvo que decir más.
Salí corriendo sin importarme la lluvia. Sin importarme nada.
-"Moriré pronto, Nakuru. Y no podrás seguirme ni ayudarme, no sufrirás cuando ese día llegue, ¿verdad?"
Esa frase…
¡Por que recordaba esa frase en estos momentos! Esa frase me timbraba en mis oídos y me torturaba. La había escuchado de los labios de Kaname hace mucho después de que mi padre le había dado una gran cantidad de medicamentos y le había vendado numerosas partes del cuerpo, y le había preguntado si estaba bien. Si necesitaba ayuda, que yo le daría cuanto deseara.
Pero entonces me había sonreído.
¡Me había sonreído mientras hablaba de la muerte!
Reprimí las lágrimas y me transforme en Ruby Moon tan pronto como pude mostrando mis alas de mariposa. Cerré los ojos y me limpie las lágrimas. Volee como tanto tiempo no hacía rogándole a Dios que me diera esperanza.
-Dios… te daré todo lo que pidas… mi sangre, mi alma, mi magia… -repetía una y otra vez. No creía en Dios. Mi magia, mi propia existencia era la propia prueba de eso, pero no sabía a quién mas acudir. Quería esperanza. Y Dios me la daría. –Mi vida…
Busque desesperadamente entre la lluvia el edificio blanco que era el hospital.
-Te daré todo pero por favor… por favor… -mis lágrimas bajaban y por una vez en mucho tiempo mi voz se quebró y tuve frio. -¡Haz que Kaname sea feliz! ¡Haz que vuelva a sonreír! ¡Dame esperanza! –lo grite. No sé cuantos mortales me pudieron haber oído y no me importo lo que hubiera dicho la Organización sobre que estaba poniendo en peligro mi existencia, y la propia existencia de la magia.
No sé si Dios me escuchó. Honestamente no sabía con claridad lo que hacía. Solo supe que al ver al pequeña mancha del hospital baje rápidamente y una vez al entrar al hospital volví a ser Nakuru. Había agotado considerablemente mi magia.
Sentí las miradas de varios mortales viéndome. Claro. Una jovencita de 17 años con ropas y zapatos sucios, empapada de cabeza a los pies como veía, llamaba mucho la atención.
Mis ropas estaban rotas, lo sabía y no sé desde cuándo.
Pero lo que si sabía era que estaba empapada y que sentía mucho frío pero que nada de eso me importaba.
Me sentía cansada y con sueño pero apreté el paso y camine hacia el elevador. Apreté desesperadamente el botón y cuando por fin se abrió use la poca magia que me quedaba para hacerlo subir más rápido. Funcionó, empecé a subir, y a pesar de que iba más rápido que lo normal, el elevador se seguía abriendo en cada piso y considerando que el edificio tenía 99 pisos y tenía que abrirse en cada puerta… llevaría un buen tiempo.
Me senté resignada temblando de frío, frustración, rabia, preocupación, llanto…
Las personas que querían subirse no lo hacían, tal vez asustadas por verme allí, y agradecí mentalmente que ningún paciente necesitara ese elevador.
Me sumí en mis pensamientos y me encerré en mi mundo, como solía hacer Kaname a menudo.
¿Qué le diría cuando lo viera?
¿Estaría Meilling con él? ¿Syaoran? ¿Qué había de Sakura?
¿Qué le había pasado?
Y en todo caso…
¿Qué haría cuando supiera que no podía hacer nada más que esperar?
Me abrace a mí misma, escondí mi cabeza entre mis brazos.
-Dios… por favor… te venderé mi alma si es necesario…
Kaname Daidouji
Me dolía todo el cuerpo. Y me asustaba la sangré que veía correr tan rápidamente fuera de mí.
Sentí que una figura se grababa en mi mano pero no tenía tiempo para averiguar que era. Si yo sufría eso… ahora que estaba tan cerca de Tomoyo…
Cerré mis ojos.
Sentí la figura de Meilling ayudándome a ponerme de pie. Y yo también quería ponerme de pie.
Unos pasos más…. –me decía.
Caía al duro suelo frio cada segundo y me tenía que sostener en la pared para no aplastar a Meilling.
Tomoyo… Tomoyo… me insistía a mí mismo. Me obligaba a caminar.
La vista me dolía y casi todo lo que veía se había vuelto rojo carmesí y se me nublaba la vista cada vez más por la falta de sangre.
Pero no. No podía desmayarme en ese momento. Por más mareado que me sintiera y por más cansado que mi cuerpo estuviera no podía caer. No antes de que supiera cómo estaba mi bella hermana gemela.
Me apoye en la pared manchándola, mi mano derecha la tenía por los hombros de Meilling… y lamentaba mancharle sus ropas blancas…
Estaba seguro que dejaba un bonito rastro de sangre por todo lo que tocaba y caminaba y de verdad lamentaba por quien tuviera que limpiar eso pero…
¡Tomoyo era lo más importante y lo único que tenía en todo el mundo!
No supe cuando, pero mis lágrimas corrían por mis mejillas.
-Kaname… necesitas un doctor…
-No…. Tomoyo… necesito… verla… -volví a caer y me volví a forzar.
-Pero… -puse una mano en la mejilla de Meilling. La manche de sangre y ella tembló bajo mi tacto. Me quería… le gustaba… lo sabia… y me dolía torturarla así. Le dí un beso en la mejilla. Sentí el sabor salado de sus lágrimas en mis labios y me relamí los labios. –Ka…na…me… -si… temblaba.
-¿Kaname?
Ahh… la suave voz de Nakuru.
A ella también le gustaba, ¿no es cierto?
Me atacó otro ataque de tos largo, dedique ese tiempo a pensar.
La persona más importante para mí, era Tomoyo. Pero yo veía en los ojos de Tomoyo que no me necesitaba como antes y que yo ya no era el número 1 en su lista.
Sabía que Nakuru se había enamorado de mí pero no era capaz de lastimarla.
No era capaz de decirle que no. Que no se enamorara de mí. No podía porqué me dolía enormemente. La quería mucho .Era mi amiga. Mi mejor amiga a decir verdad. Pero no era capaz de ocupar el lugar de Tomoyo… ¿o sí?
Sentí mi propio corazón latir cada vez más débil y me tendí en el suelo. Tenía que llegar. Solo un poco más.
Meilling…
Ella ya había sufrido el rechazo por parte de Syaoran. Y yo la quería mucho, adoraba su alegría y adoraba la calidez que transmitía. Pero no podía. No podía quererla tanto como a mi hermana.
Sentí la fiebre familiar inundando mi cuerpo. Y sentí que el oxigeno me faltaba.
Sentí que los ojos se me cerraban.
¡NO!
No podía aun no…
-Kaname… -la suave voz de Nakuru alarmada me inundo. Que hermosa voz…
Se me nubló la vista.
Lance un alarido de dolor y la sangre brotó otra vez.
Me sentía casi desangrado… pero NO. Aun no podía rendirme.
-Kaname… -sentía los sollozos de Meilling. Cuanto lamentaba hacerle eso. A ambas. Pero… mi cuerpo no podía.
Sentí el temblor del piso bajo mi cuerpo cuando Nakuru cayó al suelo.
-¡NO! -¿Nakuru? Si… era su voz… ¿Qué le pasaba? –¡Debiste haber llamado a un doctor! –sentí que me abrazaba fuertemente. Quise hablarle, decirle que todo estaba bien… pero sentí sus manos frías acariciando mis cabellos y las palabras se me atoraron en la garganta.
¿Qué haría Meilling?
-Kaname… resiste… Meilling fue a buscar a Eriol… –me dijo en susurros. Sentí sus lágrimas en mi rostro.
¿Eriol? ¿La reencarnación de Clow?
Ah… si… todo había sucedido por él… si no hubieran mencionado su nombre…
-Eriol encontrara una forma de hacerlo… -su voz me sonaba lejana. No era justo eso… no… tenía que… -NO. Kaname… no me dejes… tu no… solo tu… solo tu…
Tenía que hablar. Decirle que estaría bien… tranquilizarla. Y entonces…
Vi que Nakuru abría los ojos…
Mis ojos se cerraban… ya no sabía que pasaba…
Vi la obscuridad… la había visto millones de veces. La conocía. ¿Así era la muerte si esa obscuridad duraba para siempre? ¿De verdad no había vida después de la muerte? ¿No había esperanza?
No. Tenía que haberla. Lloraba por eso. Porque tenía que haber esperanza.
Sentí que me ahogaba con mi propia sangre.
Tomoyo… Tomoyo… tenía que estar bien… mi hermana tenía que estar bien ¡TENIA QUE ESTAR BIEN PARA QUE YO PUDIERA MORIR EN PAZ! Y Mia… Por Dios Santo… mi pequeña muñeca angelita…
-Kaname… despertaré tu magia… si tienes magia no morirás tan fácil… ¿lo sabes, verdad? -¿ah? ¿Todavía no había muerto?
Me concentre en las palabras que dijo Nakuru.
Magia. Lo que tanto había torturado a Eriol Hiraguizawa y lo de lo que tanto estaba orgulloso Syaoran Li.
Nakuru buscaba algo lo notaba. Y sabía lo que era. Buscaba algo para cortarse la muñeca y darme su sangre y así despertar mi magia con su sangre mágica. Solo un poco sería suficiente.
Lo considere. Aunque sabía que no serviría de nada ya que en todo caso si elegía no querer esa sangre y rechazar la magia… tampoco tendría fuerza para dar a conocer mi decisión.
¿De verdad lo quería?
No. Honestamente no la quería.
Pero con la magia viviría más. Por lo tanto… podría levantarme y ver a mí hermana una vez más. No me desmayaría en ese momento y podría levantarme. Un precio grande pero justo.
Por fin, Nakuru cogió temblorosa la cruz que me colgaba del cuello. Jadeé por su contacto. La mano fría por mi cuello.
Se cortó varías veces hasta que la sangre brotó.
Quería abrir mis labios y beberla pero no tenía fuerza…
Me sentía débil…
Sentí los dedos de Nakuru, fríos y mojados por la lluvia entreabrir mis labios .Sentí los labios de Nakuru contra los míos dándome la sangre y me estremecí.
Tomoyo Daidouji
-¡Syaoran! Kaname esta… ¿Sakura?
-No dejare que vaya. –dijo una fría Sakura amenazando a Meilling con la carta "Windy" –Mira a Tomoyo…
-Oh por Dios… -dijo ignorando a Sakura.
¿Por qué esas palabras?
¿Por qué ignoraba a Sakura cuando estaba bajo amenaza de muerte?
Me miraba.
Algo se grababa en mi mano y yo gritaba. Lo sabía. Escuchaba mi propio grito desgarrando mis oídos.
Algo le pasaba a mi hermano. Lo sentía. Y quería ir hasta él. Pero no podía. El dolor me estaba matando.
Sakura había llegado poco después de Mia y la había apartado bruscamente.
Y después había llegado Meilling. Mi sangre había brotado de mi mano una y otra vez rápidamente y una luz azul amatista rodeaba mi mano mientras todo pasaba.
Ponía escasa atención a ello y la voz de Eriol retumbaba en mis oídos.
-Tomoyo… escucha… Nakuru está enamorada de Kaname… ¿Qué haría si la elige a ella en lugar de a ti? ¿Por qué te preocupas tanto de él?
Si era Nakuru, estaría feliz, por supuesto.
Pero
¿Por qué me decía eso?
¿Qué le pasaba a Eriol?
Otro ataque de tos.
Eriol me miraba preocupado y me apretaba el hombro.
Miré de reojo a Syaoran que apretaba la figura de Mia fuertemente.
-Sakura, detente. ¡Es Meilling! ¡No dejaré que lastimes a mi prima! –le gritó. Era la primera vez que veía a Syaoran gritarle a Sakura. -¡Sakura, Kaname no tiene la culpa! ¡Kaname es una víctima no un culpable!
-Pero Tomoyo… -empezó a sollozar.
Syaoran me miró y después miró a Eriol.
Mire a Eriol de reojo. Le dirigió una mirada fría de indiferencia.
¿Dónde había quedado mi caballero inglés que no había nada más que sonreír y ser amable?
-Tomoyo… -dirigió su mirada otra vez mi. Pero yo ya no le hacía caso. Mis lágrimas brotaban no por el dolor si no por lo que estaba viendo frente a mis ojos.
Sakura estaba abrazada a Syaoran y le pedía perdón, Syaoran la consolaba. No. No quería. Y quise gritárselo.
Alargue una mano pero Eriol me abrazo fuertemente. Me obligue a no caer allí, a no sollozar allí en frente de mi mejor amiga.
Mia hablo.
-Kaname… -dijo muy sorprendida. -…sama…
¿Qué pasaba?
Grité. Otra vez.
Eriol me miró y me abrazo.
-Kaho… ¡DONDE ESTA KAHO! ¡KINOMOTO! ¡TSUKISHIRO! ¡POR DIOS YUE! –nunca lo había visto tan enojado y furioso.
¿Por qué?
¿Por qué se preocupaba tanto por mí?
Mia se echó a llorar y a pedirle perdón a mi hermano por algo que desconocía. Tenía curiosidad. ¿Qué le pasaba a mi hermano? ¿Qué era lo que se estaba grabando en mi mano? ¿Dónde estaba mi hermano, estaría bien? ¿Qué le pasaba a Mia?
Sentía rabia. Frustración. Sentí las lágrimas de Eriol por mi rostro.
-Eriol… -susurré. Nunca lo había visto llorar. Y no me gustaba esa cara. –No… llores… -dije dificultosamente. Me faltaba el aire, lo sabía, ¿Cuántas veces había visto de niña como le implantaban oxigeno a mi hermano? ¿Cuántas veces había visto su mirada tranquilizadora y sus labios moviéndose en un "te quiero, estaré bien" tranquilizándome?
Así que… ¿así se sentía? ¿Eso había sufrido por tantos años mi hermano?
No. Había sufrido mucho más.
Empecé a sollozar.
Syaoran… por Dios…
Pero…
No sentía tanto dolor como creí sentir.
Sabía que algún día pasaría y aun así elegí tener esperanza.
Me desconcertó pero aun así me dolió. Me dolió ver a Sakura allí en brazos de Syaoran.
Distantemente, me pareció ver a Meilling recargada en la pared y abrazándose a si misma llorando.
¿Era por Syaoran? No. Ella lo había superado ya hace mucho tiempo. Era otra cosa.
Meilling, pobre….
Una chica tan alegre… no me gustaba verla llorar como tampoco me gustaba ver llorar a mi hermano, a Eriol… o incluso a Sakura. Por mucho que quisiera odiarla en ese momento no podía.
La mano me ardía, me dolía.
Sentí que se me cerraba el mundo…
La luz… no… no me prives de ella…
Dios…
No quiero dejar a esta persona sola.
No quiero dejar a Eriol… no… no me dejes morir…
-Eriol… -musite. –Lo siento… yo… no…
Obscuridad. Mi buena amiga obscuridad.
Eriol Hiraguizawa
Escuche el grito desesperado de mi guardiana pidiéndole ayuda a Dios…
¿Por era tan ingenua? Ella sabía que no existía. Kaname… ¿tanto lo quería?
Fui yo quien le dije telepáticamente que despertara su magia.
Y ahora…
Me encontraba en la misma situación.
Dios… Dios que estas en el cielo…. Salva a Tomoyo… solo a ella. Solo a ella no la dejes morir.
Sabía que era inútil. Y sabia que aunque Dios existiera el no podría hacer nada. Sabía lo que tenía que hacer.
Casi quise echarme a sollozar y llorar como hacía de niño cuando no quería hacer las cosas.
¿Por qué ni Kaho, ni Yue, ni Kinomoto ni el doctor Akizuki podían estar allí?
Ellos lo solucionarían. Con aquello que los mortales llamaban ciencia…
Debí haber estudiado para ser doctor… pensé. Era increíble que pudiera estar pensando eso esos momentos.
Pero yo sabía lo que podía hacer. Yo como mago podía hacer.
Abrace a Tomoyo fuertemente mientras ella resbalaba de mis manos. Su temperatura bajaba.
Si no lo hacía ahora…
Tomoyo moriría. Estaba seguro. Era humana… los humanos eran tan débiles…
Me puse a llorar. No solloce. Era un llanto silencioso y doloroso. Mis lágrimas salían de lo más profundo del alma.
La deposite suavemente en el suelo, su mano no dejaba de brillar.
Le aparte los cabellos de la cara y le limpie las lágrimas que aun salían de sus ojos aun estando inconscientes.
Se había disculpado. ¿Por qué….?
¿Qué iba a hacer?
Tenía que hacer algo rápido. Bien. Esa no era la pregunta. La pregunta era… ¿Podía hacerlo?
¿Podía darle lo que el más odiaba en el mundo?
Mia… es muñeca magnifica había llorado porqué lo había sentido, ¿cierto?
Kaname era una persona que yo sabía bien que jamás, nunca… desearía o pediría la magia.
Por eso se disculpaba Mia, porque sabía que una de las razones que Kaname había cedido era ella. Pero… ¿Y Tomoyo? ¿Por qué se había disculpado?
-Eriol-sama… -Mia… era Mia… ¿cierto? –se arrodilló ante mí. Lo cual hizo aumentar mi frustración. –Eriol-sama… Kaname-sama aceptó la magia porqué quería ver a su hermana una vez más…. Por eso…. Por favor… no deje solo a Kaname-sama sin su hermana… no lo deje solo con la magia… con esta maldición con usted le llama.
Mia… ¡ah! Que magnifica muñeca era aquella.
Era increíble como una muñeca podía hacerme eso.
Tome a Tomoyo con ternura.
Me hice un corte con magia…
Y allí estaba… la sangre…
Entreabrí los labios de Tomoyo con mi mano.
-Solo por ti… -le murmure.–Solo tú, Tomoyo… solo tú eres capaz de hacer que pierda la razón por completo, que deje de pensar, solo tú puedes hacer que deseé tanto que una persona viva... solo tú…
Me incline y junte mis labios con los suyos. Le pase la sangre y sentí como ella temblaba bajo mis brazos. Syaoran me miraba con los ojos abiertos y Meilling también lo hacía. Mia desviaba la vista y Sakura nos miraba dulcemente.
Allí estaba la cardcaptor a quien le había confiado las cartas otra vez… la inocente niña de ojos verdes.
Senté a Tomoyo en mis piernas y le volví a susurrar a su cuerpo a ahora durmiente.
-Solo tú… -dije juntando mi frete con la suya y besarle sus cabellos. –Solo tú…
Notas de autora:
¡Lo siento! Siento haberme tardado tanto… pero estaba en semanas de exámenes y no tenía tiempo de escribir….
Pero en fin, aquí está un capitulo mucho más largo que los demás para recompensarlo.
Adoro sus reviews, ¡¡¡¡Muchas gracias!!!! De verdad, los aprecio mucho,
¡¡¡Muchas gracias por leer!!!
Emi.
