Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.

La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.

Lágrimas de esperanza

Emiko hime-sama

Nakuru Akizuki

-Tranquila, Nakuru. –me dijo suavemente Eriol. Lucia terriblemente mal. Ojeras increíblemente marcadas con aspecto de quien no ha dormido en años.

-No eres el indicado para decirme eso, Eriol. Luces terrible. –le dije. -¿Cómo está Tomoyo? –dije para cambiar de tema. Temblaba y mis ojos estaban cansados, hinchados y con sueño, sin embargo no quería dormir. No aún.

-Tomoyo está bien, pero Kaname perdió más… sangre… y… -se detuvo, tal vez por la expresión de mi rostro.

Claro, lo había olvidado.

El equilibrio de los gemelos…

Si uno era débil el otro era fuerte.

Me encontraba sentada en la sala de espera junto con Eriol y los otros.

Toya había atendido a Tomoyo junto con Yukito. Tomoyo estaba estable y Eriol había insistido en acompañarme mientras que Syaoran hablaba con Tomoyo.

Tomoyo estaba despierta y bien.

Pero Kaname…

Había sido atendido por Kaho y después por Toya y Yukito, no estaba en peligro pero la cantidad de sangre que había perdido y el daño de sus pulmones y arterias, era considerable. Estaba en cuidados intensivos mientras mi padre leía sus antecedentes para tratar de encontrar algo.

Sonomi Daidouji no se presentaba, lo cual me frustraba aun más.

-No te preocupes, Nakuru… tiene tu sangre y… -me consoló Eriol…

-Na-Nakuru… yo…, Kaname me insistió y yo solo… solo… -levanté la vista y vi a una Meilling sollozando fuertemente. La mire con furia.

-¡Tú sabías bien la condición de Kaname! –todos me miraron sorprendidos y Meilling también. -¡Si lo hubieras llevado con un doctor yo no hubiera tenido que condenarlo a vivir con magia!

Estaba temblando lo sabía. Mis lágrimas bajaban por mis mejillas.

Lo había condenado a vagar con magia por el resto de su vida…

Y yo sabía que no era culpa de Meilling, pero… pero… ¿A quién más podía culpar?

Me arrodillé en el suelo, incapaz de mantenerme en pie.

Sentí la mirada asustada de Meilling y la insistente de Eriol, quien se inclinó junto a mí.

Sakura se inclinó junto a Meilling. Sakura quien se había mantenido callada, Sakura a quien Kaname tanto odiaba… Sakura quien me miraba con furia.

-Nakuru. –dijo Sakura, su timbre infantil retumbo por toda la sala. -¿Por qué despertaste la magia de Kaname? Sabes que estás haciendo lo mismo que en la visión y… en la visión Tomoyo… Tomoyo…

Sentí que la mano de Eriol me apretaba aun más fuerte el hombro.

-¡Si no lo hacía…!

-¿Kaname moriría? ¡Piensa en el futuro!, la organización dicta que los hermanos tienen que estar separados, ¿Qué mejor separación que la muerte? –sus palabras me despertaron abruptamente como sí un balde de agua fría me hubiera caído a mitad de mi sueño. Sentí aún más furia que cuando me encontraba en frente de Sonomi Daidouji.

Ya entendía porque Kaname odiaba tanto a Sakura.

Ella no creía que Kaname fuera realmente el hermano de Tomoyo y estaba cegada por la Organización.

Apreté los puños y la encaré.

Me puse de pie.

La apunté con un dedo.

Retrocedió varios pasos, y sonreí triunfante y amargamente.

-Tú… ¡No te atrevas a hablar así de Kaname! ¡Sin Kaname yo moriría! ¡Sin Kaname aquí…! –sentí la sangre corriendo rápidamente por mis venas. Mis lágrimas corrían por mis mejillas signo de toda la furia que sentía en mi interior.

¿Cómo se atrevía?

-Si Kaname Daidouji no hubiera estado aquí Tomoyo no…

-Sakura. –interrumpió Meilling. Yo la miré. –Kaname es mi vida, lo amo. Aunque Syaoran te haya elegido a ti… ¡no te perdonare que hables así de Kaname! –se levantó y la miro mientras Sakura temblaba.

-La Organización…

-¿La Organización, que? –la suave voz de Eriol me sorprendió. ¿Por qué siempre se dedicaba con tanta ternura a Sakura? ¿Por ser la Card captor que había heredado las cartas que había poseído en su vida pasada? -¿Qué paso con la bella e inocente niña de ojos verdes a quien Clow le confió su más grande legado?

Se miraron fijamente y cuando Sakura estaba a punto de decir algo, los 3 doctores salieron alarmados. Mi padre levantó la vista de sus escritos.

-¡Necesitamos sangre! ¡Urgentemente! ¡Algo salió mal, haciendo que perdiera más sangre y…!

-Kaho tranquilízate. –le dijo Eriol, pero su voz sonaba temerosa. ¿Cómo reaccionaría Tomoyo si algo le pasaba a su hermano? Yo me levanté casi sin darme cuenta y zarandeé a Kaho más fuerte de lo que hubiera querido.

-¿Cuánta sangre? –pregunte.

-Necesitamos al menos 5 donantes. –dijo la suave voz de Yukito. Sus palabras me atravesaron haciendo que entrara en un estado de shock. Miré a Toya y a Yukito, ambos asintieron. –Kaname ahora esta inconsciente pero si no le damos la sangre en menos de 3 horas el…

Me miré mis manos, mis venas.

-Yo…

-Akizuki, no te ofendas pero tu sangre es…

-Nakuru, hija… -miré a mi padre quien me miraba no sabiendo que decir. Los cuatro parecían apenados y yo no sabía que decir.

-Nakuru escucha, eres una guardiana creada con magia por mí. Tu sangre es…

-Hecha con magia…. –murmuré comprendiendo, ambos, mi padre y Eriol asintieron. -¡Pero entonces…! –largos ríos de lágrimas empezaron a correr por mis mejillas. Si Kaname moría yo realmente…

-Yo lo hare… -dijo Meilling. –Le daré toda la sangre que sea…

-No. No lo entiendes, Meilling. –La suave voz de Yukito, igual de tranquilizadora de siempre la interrumpió. –No es cuestión de que vaciemos la sangre de la primera persona que se ofrezca, ni siquiera con toda la sangre de un cuerpo adulto… -cerró los puños con fuerza mientras Meilling entendió. –Necesitamos toda la sangre con la que se pueda experimentar, sin usarla en vano.

-No me importa, daré toda la sangre que sea necesaria.

-¡Puedes morir! –murmuró mi padre alarmado. –Kaname no querría eso…. ¡entiendan que Kaname no quiere que alguien muera por el! –dijo por fin cerrando los ojos y revolviéndose los cabellos. –Su sangre es única, los científicos trataran de hacer una con la que podamos implantarla sin riesgo.

-¡¿Entonces qué?! –pregunté a los cuatro desesperada.

-Doctor Kinomoto el paciente… -una enfermera salió alarmada. Vi su uniforme manchado de sangre y yo me apresuré a entrar, no escuche a nadie. Me concentre en buscar a Kaname con la mirada. -¡Hemos encontrado donantes!

-Kaname… -murmuré. -¡Oh por dios…!

Me apresuré a acercarme.

-¡Tengo que ver a mi hermana!

-¡Pero qué haces! –dije. Kaname se encontraba forcejeando con las enfermeras que trataban de detenerlo. Me acerque y todos me abrieron el paso. -¡Kaname, por Dios, descansa! ¡¿Sabes lo preocupados que todos estamos por ti?! –me acerque a abrazarlo entre sollozos. Le acaricié sus cabellos sedosos, negros. Me acurruqué en su pecho, y sollocé.

-Nakuru… -me murmuró dulcemente. Se tranquilizó y me rodeo con sus brazos. –Estoy bien… gracias… gracias a ti estoy bien… no llores…

Toya entró a la habitación rápidamente y me separó de Kaname.

-Toya… ¡no! ¡Espera!

-¡Hey, suélteme!

-¡Mira, enano, necesitas descansar! ¡No puedes ni mantenerte en pie! ¡Necesitas sangre y…!

-¡Estoy bien! ¿Ya encontraron donantes, o no? –preguntó haciendo un gesto con la mano. Vi como Kaho hablaba con un par de doctores y como asentían. Entonces sentí un gran alivio inundar mi cuerpo, pero en ese momento note una figura que solo había visto en libros en su mano. El se apresuro a esconderla al notar las miradas en ella.

-Kaname… ¿Qué tienes en la mano?

-Yo… -dijo cubriéndose la mano y desviando la vista.

-¡Oh por dios…!

¿Cuántas veces había usado esa expresión hasta ahora? No lo sabía. ¿De verdad me estaba escuchando un Dios? ¿De verdad existía un Dios todopoderosos el cual sufría por cada desgracia que nos pasaba?

Me acerqué a él, le tomé la mano y empecé a sollozar.

Tomoyo Daidouji

Me sentía mareada, cansada y quería ver a Eriol.

No quería levantar la vista para mirar a la persona quien se encontraba en frente de mí.

La mano me dolía como nunca y la metí dentro de las cobijas que me cubrían.

Eriol se había ido diciendo que iría a ver a Kaname hace media hora y no había regresado.

Después Syaoran había entrado y se había quedado mirándome desde ese entonces en silencio.

Suspiré y me animé mentalmente para mirarlo.

-Sya… Li. –me corregí rápidamente. -¿Cuándo… se casan? –traté de sonreírle, de verdad lo trate, pero creo que lo que salió fue un mueca extrañada muy parecida a una sonrisa maniaca. Pero la curiosidad me estaba matando por dentro, de verdad quería saberlo.

-Sakura quiere que vayas a la boda… quiere esperar a que te recuperes… yo quiero que vaya Kaname así que…

Yo asentí. El ambiente se volvió tenso una vez más.

Escuché el suspiró cansado de Syaoran y vi como se revolvía los cabellos, se acercó a mí y se sentó en la silla que antes había ocupado Eriol y me tomó de la mano que no estaba marcada por algo que no sabía exactamente que era, pero sabía que Syaoran lo sabría.

-Tomoyo… -mi nombre sonaba diferente cuando lo decía él, sonaba amable, suave, pero diferente. Sonaba respetuosa. Cuando lo pronunciaba Eriol sonaba simplemente tierno, dulce, amable… sonaba… especial. Sonreí amargamente. ¿Qué era lo que estaba pensando? -¿Cómo te sientes? –me preguntó amablemente, pero más que amable, cortésmente. Claro… era por cortesía, por respeto. Siempre era así. No se estaba preocupando realmente por mí.

Tome aire, me tranquilice, me obligue a retener mis lágrimas.

Porque dolía, realmente dolía.

Pero si lloraba, me daría cuenta de lo débil que era, me daría cuenta de que en el mundo no había más esperanza.

Entreabrí los labios, sentí que mis ojos se nublaban. Mis labios temblaban. Apreté las sabanas fuertemente.

"No llores, no puedes llorar, Tomoyo" –pensé, me obligue a grabarme esa frase en mi mente a fuego. No podía llorar.

¡No tenía porque! Syaoran le pertenecía a Sakura, era el destino, el destino nadie lo podía cambiar… entonces porqué…

¡¿Por qué mis lágrimas salían tan rápidamente sin que yo pudiera detenerlas?!

Me cubrí el rostro con ambas manos y vi como Syaoran alargaba la mano preocupado.

Empecé a sollozar.

-Me gustas… ¡Me gustas, Syaoran! –estaba perdiendo el juicio lo sabía. Syaoran se paralizó en el momento que dije eso. Ya no lo soportaba. Le grité lo golpeé desesperadamente, ya no sabía qué hacer. Estaba confundida, desesperada. Me estaba volviendo loca. -¡Me gustabas desde la primera vez que te vi!… pero yo sabía que tú querías a Sakura y aun así… me obligue a mi misma a ayudarte… a ayudarlos… a ambos… porque... ¡Yo sabía que era el destino! ¡Me obligué a mi misma a…! –me detuve. ¿Qué era lo que estaba haciendo?

Sentí unos brazos que me rodeaban. Pero no era Syaoran.

-Syaoran… -la suave voz de Eriol inundo mis oídos y me aferre a su pecho como nunca. –Tu prima… tu prima te necesita…

Escuche los pasos de Syaoran y la puerta cerrándose.

Solloce unos segundos más en sus brazos hasta que Eriol me hablo.

-Tomoyo… -me murmuró… esa voz… si esa dulzura, eso era lo que quería. Que dijera mi nombre… que me acogiera en sus brazos… que se llevara todo mi dolor.

Solloce, apreté su camisa blanca fuertemente.

Me beso mis mejillas, mis lágrimas, mi frente, mis cabellos, lo hizo con ternura, con dulzura, me limpió mis lágrimas. Me aferré a él como posesa, como una niña quien acaba de perder a su padre y no se quiere alejar de su cuerpo inerte.

-Tomoyo… ¿tanto lo amas? –me preguntó. No podía ver su expresión, pero deduje que tenía mirada sombría.

Traté de mirarlo, pero no me dejo.

Levanté mi mano temblorosa por el llanto para ponerla en su mejilla. Sentí algo húmedo en ella. Lágrimas.

Sentí sus brazos temblaban y lo miré.

-¿Eriol? –pregunté entre sollozos. Lastimosos sollozos.

Su mirada estaba sombría, lastimada. Sufrida. Pero veía el anhelo en ella, una vez más la nostalgia.

-Tomoyo… ¿Me amarías a mí también como lo haces con Syaoran? –me preguntó mostrándome sus lágrimas.

Se acercó a mí, se tumbó encima de mí sosteniéndose con sus brazos y me miró a los ojos.

-¿Eriol…? –murmuré mientras él se acercaba cada vez más.

-Te ayudaré a olvidar, Tomoyo. –me dijo al oído. –Te amo… te besaré Tomoyo. –sus palabras me estremecieron. No era un pregunta, era una afirmación… y aun a pesar del miedo y la impresión que sentía…

Pero no me moví. No pude hacerlo.

Eriol Hiraguizawa

Me retire en cuanto supe que ya no era necesario allí e inconscientemente había llegado a la habitación de Tomoyo.

Cuando estaba a punto de abrir la puerta había escuchado la confesión entre sollozos de Tomoyo y entre con mirada sombría.

Inventé la primera escusa que se me ocurrió para que Syaoran se fuera de allí.

Me acerqué a Tomoyo y se me rompió el alma al verla llorar de esa forma. Obligándose a reprimir su llanto mientras su cuerpo no la obedecía y respondía de otra forma.

En ese momento quise consolarla… quise que pudiera amarme a mí de la misma forma.

Quería hacerla olvidar a Syaoran, que me amara a mí, solo a mí…

"Que egoísmo Eriol" –pensé o eso creo, no estaba pensando con mucha coherencia.

Cuando me di cuenta, ya estaba llorando. Ni siquiera sabía porque estaba llorando, tal vez porque sabía que estaba siendo cruel, y me estaba aprovechando de una Tomoyo que en otros momentos, jamás se dejaría acorralar como lo estaba haciendo ahora.

Me detuve unos segundos. La miré. Estaba sorprendida, pero no trataba de alejarme, estaba demasiado lastimada para hacerlo. Quería olvidar, lo veía en sus ojos.

Me acerque para probar sus labios y cuando estaba a centímetros de hacerlo me detuve.

Temblaba… ¿de miedo?

Me escondí en su hombro para acallar mis sollozos.

No me quería a mí… la persona a la que estaba viendo no era Eriol Hiraguizawa era Syaoran Li…

¡No era yo!

Apreté las sabanas con fuerza y me quité las gafas y las aventé al suelo. Me incorporé y me cubrí el rostro con las manos, me revolví mi cabello negro.

Me senté al borde de la cama.

-Tomoyo… yo… lo siento.

Si. Lo sentía. No podía obligarla y aprovecharme de ella de esa forma.

Pero tan solo…

Tan solo quería…

Se incorporó y me abrazó sorprendiéndome.

-Escucha, Eriol… yo… ya sabía que Syaoran no me quería… y aun así… dije que me gustaba… -me empezó a decir. –Pero, ¿te lastime? –me puso una mano en mi mejilla temblorosa, me tenía miedo, lo sabía. –Lo siento… -me murmuró mientras lágrimas continuas salían de sus mejillas. –Lo siento…

Acerqué mi mano temblorosamente, no quería lastimarla. Le acaricie sus largos cabellos, le bese sus lágrimas, sus mejillas.

Sentí el sabor salado de las lágrimas… el dolor en ellas.

La acerque por enésima vez a mí, sentí su aroma a lavandas, sentí la suavidad de su piel de porcelana.

-¿Estás bien? –le pregunte después de un largo rato en silencio, cuando ambos nos habíamos callado. -¿Tomoyo…?

-Eriol… ¿me ayudarías a…? –se detuvo y desvió la vista. Tomó aire y me miró directamente a los ojos. -¿Me ayudarías a dejarme a enamorar por ti?

Mia

Me sentía cansada, pero no lo suficiente para tener que dormir en mi caja.

Kaname-sama enfermaba y tenía muchos ataques de tos y hemorragia como esos… y estaba acostumbrada.

Pero esta vez era diferente. Esta vez, el ataque de tos y hemorragia había sido provocado por magia y su mano había sido marcada con "eso".

Nakuru había dado parte de su sangre para despertar la magia de Kaname, y así le había permitirlo vivir.

Pero aun así estaba preocupada. Presentía que algo terriblemente malo estaba a punto de suceder.

Levanté la vista y miré a Ieran-sama que me miraba desde el otro lado de la mesa.

Me acerqué a la taza de té, demasiado grande para mí… Toqué sus bordes con mi mano y tiempo después tomé un poco con una cuchara.

Kerberos y Spinel me miraban. Kerberos comía un panecillo en silencio mientras que Spinel me miraba.

-Kaname ha despertado. –dijo Ieran Li suavemente al tiempo que yo asentía y los demás hacían lo mismo.

Silencio.

El sonido del viento. Las escasas hojas tocando la nieve mientras el viento soplaba. Los copos de nieve cayendo silenciosamente. El llanto de un niño recién nacido a lo lejos. El corazón de un colibrí a cientos kilómetros de distancia.

Todo lo escuchaba, todo lo sentía.

-¿Cómo te sientes? –preguntó la misma voz educadamente mientras yo la miraba.

-Algo cansada… además de eso… estoy bien.

Le sonreí. Me miré mi vestido manchado de sangre.

-Deberías ir a cambiarte.

Yo asentí. Dejé que me cargara en sus brazos y que me ayudara a vestirme.

Elegí un vestido lila y una orquídea para adornar mi cabello.

Unos zapatos lila y trencé mis cabellos rubios cenicientos con listones lilas y unas cuantas perlas en silencio, meditando, sintiendo la mirada negra y dura de Ieran sobre mí. Parpadeé y la miré.

-Gracias por defender a Kaname-sama… gracias por… todo. –dije al punto que caía al suelo. Rompí a llorar. Ya no lo soportaba.

Kerberos en su forma falsa se acercó a mí y me acarició con su mano cariñosamente la cabeza. Spinel Sun me cogió mi mano en señal de apoyo.

No lo soportaba.

Estaba preocupada… angustiada.

Era mi culpa, mi culpa, mi culpa y solo mía.

Era mi culpa…

Por mi egoísmo. Por mí, solo por mí. Porqué Kaname había aceptado el contrato de sangre reduciendo su salud aun más.

Mis lágrimas eran cristalinas, al caer al suelo se hacían cristales y amatistas. Ieran me miraba asombrada y los guardianes también. Pero nadie dijo palabra.

La puerta de la habitación se abrió pero no levanté la vista, conocía esos pasos, conocía esa voz.

-Mia el ángel hecha muñeca, Mia la legendaria piedra filosofal, Mia creada por un alquimista, Mia hija de los Dioses, Mia… Mia… Mia… Mi Mia… -repitió mientras me alzaba y me sentaba en sus brazos.

Mire sus ojos grises llenos de angustia y tristeza, de sabiduría y de sufrimiento.

Puse mis manos en sus negros cabellos suaves, semejantes a la seda.

Las baje a sus mejillas blancas y me escondí en su hombro.

-Kenji Daidouji… -la voz de Ieran pronunció el nombre del padre de los gemelos Daidouji, del esposo de Sonomi Daidouji y... el nombre de el hombre quien me había salvado y me había cuidado hasta… el hombre a quien le estaba más agradecida en todo el mundo.

-¿El padre de Tomoyo? –escuché la voz de Kerberos en su forma real. Sentí como Kenji asentía.

-Entonces usted es el padre de Kaname. –dijo Spinel Sun también tomando su forma real.

Ambos seres mágicos se inclinaron. Ieran Li inclinó su cabeza en señal de respeto.

Me aferré aun más a él.

Syaoran Li

¿Qué le había pasado al mundo de repente?

Yo… es decir YO, Syaoran Li… ¿le gustaba a Tomoyo Daidouji?

Era… increíble…

Es decir, yo amaba a Sakura… de eso no tenía duda… y era gracias a Tomoyo que me había dado cuenta de mis sentimientos, y también era gracias a ella que estaba junto con Sakura felizmente comprometido.

Pero…

Nunca me había imaginado que yo… le gustaba.

No. No… tenía que haber un error…

Levanté la vista y miré fijamente a Sakura. Sus ojos verdes esmeralda mirándome angustiada.

-¿Pasa algo Sakura? –le pregunté procurando que Sakura no notará algo extraño en mí, lo cual fue fácil por lo distraída que era.

Sakura se acercó y se revolvió sus cabellos castaños.

-Meilling… ella… está muy mal… y… es por mi culpa yo…

-Sakura… -la abrace, me aferre a ella como ella se aferro a mi cuando la rechazo Yukito. -¿Por qué no aceptas a Kaname? ¿Qué ha hecho mal para que tu…? –no pude terminar, Sakura empezó a sollozar.

Kaname no había hecho nada malo…

Honestamente, yo ya había notado lo mucho que Sakura lo detestaba y lo mucho que Sakura obedecía y admiraba a la Organización, pero no lo quise creer.

Sakura había cambiado, no era la misma niña inocente de buen corazón de antes, algo la había hecho cambiar, tal vez el mismo tiempo.

Pero yo la amaba, igual o más que antes. Eso jamás cambiaría. Y aún así… si pudiera aceptar tan solo un poco a Kaname… a ese joven de buen corazón con ojos puros e inocentes…

-¡Aléjate de Kaname! ¡No lo toques! –la voz de mi prima interrumpió mis pensamientos y corrí alarmado a el lugar donde se encontraba.

-¿Pero qué…?

-¡Tu despertaste su magia! ¡Tú eres la razón porque esto se haya marcado en su mano! ¡No lo toques!

-Tú fuiste la que no buscó un doctor… -dijo una temblorosa Nakuru desde el suelo, tenía los oídos tapados con sus manos y temblaba. Kaname estaba a espaldas de mi prima mirando a Nakuru angustiado con mirada sombría. -¡Tú fuiste la que…!

-¡Kaname solo será lastimado a tu lado!

-Tú no eres mejor que yo, Meilling…

Miré a mi prima quien retrocedía un paso y luego apretaba los puños y le dedicaba una mirada furiosa, era la primera vez que la veía así… ni siquiera por mí le había dedicado semejante mirada a alguien.

-¿Qué le puede ofrecer una creatura que ni siquiera es humana? ¡Eres una mera imitación de un ser humano!

-¡Meilling! –exclamé incapaz de decir otra cosa.

-Meilling-chan…

No había nadie más que Sakura, Meilling, Nakuru, Kaname y yo en esa habitación.

Los sollozos sombríos y amargos de Meilling resonaron en la sala.

Kaname la acercó a él y le acarició sus largos cabellos.

Nakuru apretó la camisa negra de Kaname como si su vida dependiera de ello.

Meilling se tapó la boca rápidamente arrepentida por lo dicho mientras que largos ríos de lágrimas caían por sus mejillas.

Me acerqué a Meilling para abrazarla pero se soltó.

Le miré sorprendido…

Jamás, jamás en todos estos años me había rechazado.

Cayó de rodillas y se apoyó en la pared.

Se abrazó a sí misma y empezó a sollozar.

Kaname miraba de reojo hacía Meilling, pero sus brazos rodeaban a Nakuru dulce pero fuertemente.

-Meilling… vamos a otro lugar… -le dijo Sakura amablemente.

Meilling negó.

Suspiré.

Antes de que me pudiera mover vi entrar a Toya Kinomoto y cargarla en brazos, quise protestarle en cambio solo atine a decir "cuídala bien, perdona las molestias"

Fije mis ojos en los ojos de Meilling mientras ella pataleaba y golpeaba a Kinomoto.

-¡Suéltame!

-Onii-chan… -la voz de Sakura inundó mis oídos, su voz… su suave y dulce voz…

-Está bien, Sakura… yo cuidare de esta chiquilla. –dijo mientras tomaba una jeringa de su bolsillo e inyectaba a mi prima.

-¿Qué le haz…?

-Tranquilo, mocoso es un sedante. Tu prima es muy ruidosa, ¿sabes?

Le dirigí una mirada de odio, pero aun así le estaba agradecido.

-Enano. –dijo dirigiéndose a Kaname. –La chiquilla le dijo eso a Akizuki por ti... si escogiste a Akizuki en lugar de ella…… deja de jugar con ambas.

Vi como mi amigo apretó a Nakuru más contra sí y como Nakuru se estremecía ante la voz de Kinomoto.

Una vez se hubo ido, abrace a Sakura fuertemente.

¿Qué le había pasado al mundo?

Yukito Tsukishiro

-¡Tiene que haber una forma! –grité desesperadamente dando un golpe en la mesa derramando mi taza de café. Me revolví los cabellos.

Yo no era así, tenía que tranquilizarme.

Suspiré.

-Lo lamentamos, doctor, pero la sangre del paciente es demasiado rara y… -dijo uno de los muchos científicos que se encontraban en esa sala de investigación.

-La sangre de Tomoyo Daidouji… su gemela… deben tener la misma sangre… -exclamó Kaho de repente interrumpiéndolo.

-Sin embargo, Tomoyo Daidouji ya ha perdido mucha sangre… no podemos arriesgarnos a… -dijo otro científico.

Murmullos recorrieron toda la habitación.

-¿Cuánto tiempo nos queda? –le pregunté a Kaho al tiempo que todos se callaban rápidamente.

-Dos… dos horas.

Todos agacharon la cabeza.

-Si experimentamos con la sangre de Yue tal vez…

-Yue es una creatura creada con magia… es lo mismo que con Ruby Moon…

-No… no es lo mismo. –dijo una nueva voz sobresaltando a todos. El hombre entró por la puerta y la cerró.

Todos abrieron la boca sorprendidos y Mia se aferró al hombre como si tuviera miedo de algo monstruoso.

-¿Quién… quién es usted? –pregunté para asegurarme de que lo que veía era real. Esos cabellos negros… esa piel de porcelana…

-Kenji Daidouji, mucho gusto. –dijo sonriendo amargamente, pero alegremente. Esa sonrisa…

-¿A qué se refiere con…?

-Yue es una criatura ancestral creada por Clow, en cambio, Ruby Moon fue creada por la reencarnación de Clow.

-Pero sigue siendo la misma materia la que…

-No. He investigado por años una forma de salvar a mi hijo y por fin… la encontré.

-¿Kaname Daidouji, su hijo podrá…?

-Sí.

Todos sonrieron.

-Espere un momento. Antes que nada… ¿nos explicaría primero, la razón de todo esto? ¿Por qué esos gemelos fueron separados? ¿Por qué la sangre de sus hijos es diferente a la de sus padres?

-Señorita Mitsuki… no tenemos tiempo. –dijo el hombre mirándola fijamente con sus ojos grises. –La vida de mi hijo… corre peligro… -dijo lentamente. Espero por unos minutos antes de continuar. –Cuando llegue el momento… explicaré todo.

Kaho asintió no muy convencida.

Por supuesto, tenía motivos para dudar…

El hombre que no había dado la cara a la sociedad por años aparecía de repente…

-Señor Daidouji… se que le sorprenderá mi pregunta pero esto es de vital importancia… ¿usted… ama a su hijo como para dar la vida por él?

-¿Qué padre no lo haría? –dijo mirándome. Sentí que sus ojos grises estaban a punto de derramar lágrimas, pero solo era una ilusión. Sus manos apretaban a Mia fuertemente como si temiera perder algo realmente importante.

-¿Y su hija, la quiere por igual? Porque me han dicho que usted tenía una relación más cercana con su hijo y…

- Son mis hijos, los quiero a ambos.

-¿Y su esposa…?

Miré expectante la respuesta del padre de ambos gemelos.

Pero no respondió, mantuvo su silencio firmemente con una mirada sombría.

Ieran Li

-No… Kaname me culpara…. Nunca le di el cariño que merecía y Tomoyo… Tomoyo… ¡oh Tomoyo jamás me perdonara por tratar tan fríamente a su hermano!

-Escuché, señora Daidouji. –dije lentamente acercándome a la llorosa mujer. –Sus hijos la necesitan… Kaname… Tomoyo… ambos son unos jóvenes que desean vivir…. Que desean el amor de su madre…

-Kaname jamás me perdonará…

-Kaname es un buen chico… jamás le guardaría rencor a alguien… -tomé asiento a su lado mientras ella me miraba con ojos llorosos.

Yo lo comprendía.

Ese dolor…

Era el dolor de una madre quien sufre por sus hijos.

-Kaname la necesita… Tomoyo también lo hace… Ambos son buenos chicos… y usted lo sabe.

-¡Les hice algo horrible! ¡Fue por mi propio egoísmo que ellos…!

-Solo quería ser feliz… todo mundo lo desea… no es algo malo… desear la felicidad no es malo… ¿Cómo puede ser malo? –me detuve un momento para que reflexionara mis palabras. –Kaname la perdonará… es un buen chico… ya ha sufrido lo suficiente… ¿aun quiere hacerlo sufrir más?

-¡No! ¡No es eso es solo… solo…!

-¿Quiere a su hijo?

-Yo…

-¿Por qué duda?

Se abrazó como si tuviera frío y no me contestó.

Lo comprendía.

El sufrimiento de una madre; pero lo que no comprendía… era su duda.

¿Qué clase de madre dudaría en contestar a esa pregunta?

Tomoyo Daidouji

-Tomoyo… -fue lo único que salió de sus labios.

Puse una mano en su mejilla.

El puso la suya sobre mi mano. Hice una mueca de dolor.

Me apresuré a esconder mi mano.

-Cierto… tu mano brillaba antes de…

-No es nada. En serio no es nada.

Sabía que no me escucharía.

Tomo mi mano y la examinó dulcemente.

En mi mano se había marcado una mariposa con trazos y signos extraños.

Desvié mi vista pero después la volví a fijar al notar que Eriol temblaba.

-¿Por qué tu? –exclamó entre lágrimas. Yo lo miré sorprendida al tiempo que Eriol me abrazaba. -¿Por qué…? ¡Por qué!

A pesar de que no entendía, empecé a llorar.

El solo hecho de ver llorar a Eriol producía ese efecto en mí.

Sentí que me apretaba la mano.

Sus manos…

Siempre tan frías… y a pesar de todo… las sentía tan cálidas.

Se separó de mí y me miró.

Besó mi mano y buscó entre los cajones unas vendas.

Me vendó la mano con ternura y me miró a los ojos.

Esos ojos tan azules… tan hermosos…

Si tan solo me pudiera enamorar de ellos…

Si tan solo pudiera dejar de desear ver unos ojos castaños en los azules de Eriol…

Si tan solo pudiera dejarme enamorar por Eriol…

Podría ser feliz.

Sabía que estaba siendo cruel con él.

Sabía que era una persona horrible por hacerle eso.

Y aunque lo sabía no podía dejar de hacerlo.

Porque yo era egoísta por naturaleza.

Porque quería que la gente me quisiera. Me amara. Y aun a pesar de todo… terminaba sola. Siempre lo hacía.

Kaname me había dejado sola… Syaoran también… Sakura… también.

Al pensar en Sakura y Syaoran mis ojos se nublaron con nuevas lágrimas.

Pero Eriol había dicho que me amaba.

A pesar de que sabía que era egoísta, a pesar de todo había dicho que me quería.

Tal vez Eriol no lo sabía… pero era la primera vez que me había sentido feliz en mucho tiempo. Claro si me lo hubiera dicho en otro momento, le hubiera contestado propiamente.

Pero en ese momento…

Syaoran me había rechazado con su silencio, y aun a pesar de que sabía cuál debía ser su respuesta, su dura y fría respuesta me dolió.

Me dolió más que cuando me dolía en sueños.

"Perdóname mi querida Sakura… perdóname por hacerte esto; perdóname Syaoran por torturarte así; perdóname Eriol… mi ángel por aprovecharme de tus sentimientos para sanar mis heridas, perdóname, perdóname, perdóname"

"Perdóname Dios por no creer en ti…"

No merecía el perdón de Dios. Porqué Dios me había dado la espalda hace mucho, cuando alejó a mi hermano gemelo de mí… cuando lo alejo para salvar solo a él y no a mí…. Me había abandonado desde hace mucho tiempo.

Y yo lo merecía.

Merecía su abandono, merecía su espalda.

No merecía su misericordia, no merecía su perdón, no merecía las lágrimas de la Santísima virgen Maria el día en que me fueran a condenar.

Era una persona horrible.

Y aun así…

Quería ser amada, cuando no lo merecía.

-Eriol… -le dije sabiendo incluso que estaba siendo aun más cruel.

Era una persona horrible sin duda.

-¿Sí? –me dijo amablemente, apretándome ambas manos.

-Bésame.

Notas de autora

¡Hola! Aquí Emi después de un laaaaaaaaaaaaaaaaaaaaargo viaje en busca de inspiración y… ¡aquí estoy!

¡Lo siento! Sé que he tardado mucho para actualizar esta vez… y… etto… creo que lo que quiero decir es… "¿HAY ALGUIEN ALLI LEYENDO AUN?"

He recibido menos reviews… de verdad estoy pensando que me estoy quedando sin lectores…

Pero bueno, muchas gracias a las personas que leen y esperan mis fics.

Muchas gracias en especial a todas las personas que me dedican parte de su valioso tiempo en dejarme un review.

Acepto cualquier crítica, los quiere:

Emiko.